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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2008

Una nueva primavera afgana

Txente Rekondo
Rebelin



La primavera suele ser la estacin propicia para intensificar la guerra en Afganistn. Las condiciones del duro invierno dan paso a unos meses donde las condiciones son idneas para el movimiento de los grupos rebeldes y para el transporte de su material armado.

El ataque del pasado domingo, que algunos analistas no han dudado en calificar como ?audaz?, parece ser un claro sntoma de una nueva fase en la resistencia afgana. Nadie duda de que con la llegada de la primavera asistamos a una nueva ofensiva de la red que conforman las diferentes organizaciones armadas que pretenden expulsar a las tropas de ocupacin extranjeras y derrocar al gobierno de Karzai. En esta ocasin, parece que a los ataques suicidas y con coches bomba, se van a aadir tambin acciones contra importantes figuras del actual gobierno, as como contra la lnea de abastecimiento principal para las tropas de la OTAN, que pasa por la frontera con Pakistn.

El atentado de Kabul ha servido adems para mostrara que la mayor parte del pas es el campo de batalla  y que la influencia de la oposicin se presenta en todas partes, ms all de su plaza fuerte en las zonas del sur. Su capacidad para sortear hasta dieciocho controles de seguridad, en un acto que haba sido preparado con antelacin y minuciosidad por parte de Karzai y sus aliados, y acercarse al mismo tiempo a escasos quinientos metros del presidente afgano, de importantes parlamentarios y cargos polticos, as como la propia representacin de la OTAN, pone de manifiesto la determinacin de la resistencia afgana para lanzar ?ataques precisos contra objetivos de renombre?. Si el pasado mes de enero el ataque contra el hotel Serena ya apuntaba en esa direccin, el atentado del domingo puede servir de reforzamiento para las citadas tesis.

La otra pata de los ataques talibanes, la obstruccin de las lneas de abastecimiento que la alianza occidental mantiene a travs de Pakistn , sobre todo en la regin tribal de Khyber, por donde debe pasar cerca del setenta por ciento de dichos apoyos materiales tambin se ha mostrado recientemente. As, el ataque y destruccin el pasado veinticuatro de marzo de veinte camiones cisterna que transportaban gas en Torkham, seguido de la voladura de un puente en la carretera Indus el uno de abril, ha obligado a la OTAN a negociar con Rusia una ruta alternativa para proveer a sus tropas, aunque Mosc tan slo permitir el paso de material no militar y el tiempo necesario para llegar a Afganistn se ver sensiblemente incrementado.

Tambin se han producido estos meses algunos reveses  para las filas de la resistencia afgana. La desercin de un aliado en la zona fronteriza con Pakistn ha obligado a las fuerzas talibanes a medir con cautela las alianzas en algunas regiones y evitar un desgaste o un posicionamiento hostil en esas mismas zonas. Para contrarrestar estas situaciones, se busca la colaboracin puntual con los llamados ?talibanes pakistanes?, aunque ambas fuerzas tienen objetivos diferentes, y ambas buscan el cambio de sistema en sus respectivos pases.

A pesar de todo, fuentes prximas a los talibanes han sealado a diferentes medios de comunicacin de la regin que para el mes de mayo, un nmero importante de tropas talibanes estarn desplazadas en Afganistn, y sin duda alguna, los meses de mayo y junio sern ?muy calientes para los ocupantes?.

Adems cuentan con un importante apoyo de la poblacin local, cansada de promesas incumplidas desde Kabul, de ataques indiscriminados de las tropas extranjeras y de un sentimiento de inestabilidad que las fuerzas taliban parecen poner fin. As se deduce al menos de las declaraciones de habitantes de las zonas controladas por las fuerzas de la resistencia afgana. Esas mismas fuentes sealan que la forma de operar de estas fuerzas en relacin a la poblacin viene siendo muy similar a los das previos al triunfo taliban hace algunos aos, con ?un sistema administrativo paralelo al gobierno central y funcionando como un estado dentro del propio estado, cubriendo el vaco de Kabul?.

Por su parte las fuerzas de la coalicin liderada por Estados Unidos tambin estn inmersas en una compleja balanza a la hora de disear su estrategia. Ms all de algunas declaraciones frvolas, negando cualquier capacidad de accin a los rebeldes afganos, los analistas militares de la coalicin buscan frenar la sangra de las mal llamadas ?vctimas colaterales?, que no hacen sino aumentar los apoyos a las fuerzas de la resistencia, ante el rechazo que generan los bombardeos indiscriminados por parte de la poblacin local. Adems, de buscar operaciones ms pequeas, tambin han puesto en marcha una campaa para restar apoyos a los talibanes, sobre todo en las zonas tribales y fronterizas de Pakistn. Esta partida del nuevo Gran Juego les ha dado algunos frutos, pero la reaccin de las fuerzas talibanes contra los que colaboran tampoco se ha hecho esperar, y varios jefes tribales catalogados de colaboracionistas han fallecido recientemente en dos atentados.

Las fuentes militares de la coalicin occidental sealan la contradiccin que debe afrontar su estrategia. Ya que siendo conscientes de la necesidad de ampliar el nmero de efectivos militares para mantener la campaa contra una resistencia cada da ms audaz y mejor preparada, la mayora de pases de la citada coalicin no se muestra dispuesta a incrementar su despliegue militar. Por otra parte, hay otro factor que afecta fundamentalmente a los militares estadounidenses y que tambin juega en contra de las tropas de la OTAN, y es el alto nmero de muertes en sus filas, adems de heridos y ?afectados por la guerra? que deben abandonar Afganistn.

Finalmente, cabra sealar otro escenario de enfrentamiento e intereses que pasa bastante desapercibido a los medios occidentales. El pulso camuflado o no que mantienen dos potencias regionales como India y Pakistn para hacerse con la influencia del gobierno actual o del futuro escenario es tambin un importante sntoma de inestabilidad. De momento, India y el gobierno de Karzai han estrechado los lazos, lo que ha permitido a la primera tener hasta cuatro consulados y una embajada en el pas, y participar en el proyecto de reconstruccin fallido de Afganistn. Por su parte, Karzai ha tensado la cuerda contra su vecino pakistan, pidiendo a las tropas de la OTAN que cesen sus ataques contra la poblacin afgana y centren sus esfuerzos en acabar con al llamado ?santuario pakistan?.

Las alianzas internacionales, regionales y locales siempre han caracterizado, junto a los posteriores enfrentamientos del mismo carcter, la historia de Afganistn. El diseo en su da de lo que se vino a denominar Gran Juego parece que est teniendo continuidad en nuestros das. De momento todos los esfuerzos por acabar con la resistencia afgana y estabilizar la situacin del pas han resultado un sonoro fracaso. Las redes clnicas y tribales, importantes sectores de poblacin que se ven agraviados por la actuacin extranjera o del gobierno local, la que ven como un mero ttere de los primeros, traficantes de drogas, cada vez mayores segmentos de la juventud abocados al paro, e incluso los oportunistas de turno, conforman una realidad muy compleja y cuyo dinamismo impide prever soluciones a corto o medio plazo. Los intentos mediadores y negociadores se han visto obstaculizados por intereses ligados a esa misma realidad, y el panorama que se avecina para los prximos meses es muy similar al que ya ha vivido Afganistn en las recientes primaveras, aunque como dicen algunos, este ao la temperatura seguir aumentando, y los primeros que pueden sufrir esa ?ola de calor? sern las tropas lideradas por Estados Unidos y sus aliados locales. En los prximos das asistiremos por tanto a un incremento de los ataques y sobre todo a una materializacin de la nueva estrategia taliban.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)


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