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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2004

Pensiones pblicas: la dignidad en el mercado o la torpeza del trilero

Fernando Lpez Castellano
Izquierda y futuro


Desde hace algn tiempo y con cierta frecuencia, desde las instituciones, foros econmicos y medios de comunicacin se pronostica la agona financiera del sistema pblico de pensiones y la necesidad de reformarlo o, en ltima instancia, privatizarlo. La idea comienza a tomar fuerza a partir de la orga especulativa[1], iniciada con la explosin del capital financiero no regulado tras el final del sistema de Bretton Woods, y con las medidas de adaptacin de las economas al nuevo marco competitivo, que incluan el recorte del Estado del Bienestar[2]. A la solidaridad le suceda un nuevo valor, el aziendalismo, por utilizar la afortunada expresin del escritor Claudio Magris, y cuyo ms conspicuo representante es la OMC. En esta lnea, el Acuerdo General para el Comercio de Servicios (AGCS), pretende transformar en mercancas todos los componentes de la vida humana, incluyendo como objeto de comercio la salud, la educacin o el medio ambiente.

El propsito de inocular en la opinin pblica un enfermizo temor al futuro, que conduzca a la suscripcin de fondos de pensiones privados, no deja de tener cierta analoga con un juego callejero de apuestas fraudulentas que no faltaba en ninguna feria, el trile. El trilero, que as se llamaba el tahr, diriga un juego consistente en adivinar en qu lugar de tres posibles se encontraba una pieza manipulada. En torno a la mesa iban concentrndose curiosos y algunos de ellos intentaban acertar y hacerse con el magro premio, pero siempre terminaban perdiendo su esculida bolsa.

Para certificar la crisis del sistema pblico de pensiones, lo que vale decir, la garanta de una vida digna tras la jubilacin, y justificar su mercantilizacin, nuestro trilero parte de un argumento demogrfico. La conjuncin de la cada de la tasa de fecundidad, que reduce las posibilidades de crecimiento econmico futuro, y la mayor esperanza de vida, que aumentar la duracin de la jubilacin, derivar en un aumento de la tasa de dependencia. De seguir con el actual mtodo de financiacin, basado en las cotizaciones sociales, la carga pesara de forma creciente sobre una poblacin activa cada vez ms reducida y la quiebra financiera sera inevitable.

Los ms moderados invocan a la reforma urgente del sistema universalista actual, basado en la equidad intergeneracional, con medidas que afectan a la dinmica demogrfica y al modo de financiacin. Entre las primeras, se baraja retrasar la edad de jubilacin obligatoria, o fomentar la inmigracin; entre las segundas, mejorar la gestin y cambiar los parmetros de funcionamiento del modelo vigente, tales como endurecer las condiciones de acceso (aumentar las cotizaciones y el plazo de cotizacin), y reducir la cuanta de las prestaciones[3]. Una propuesta ms radical es la consistente en pasar a un sistema residualista, dotando al mercado de un mayor protagonismo como institucin de provisin, en detrimento de la Seguridad Social. Unos, mediante la implantacin inmediata de un sistema de capitalizacin, en el que cada individuo planifique su propia pensin. Otros, mediante una transicin parcial y no traumtica hacia ste[4]. Para apoyar tales propuestas se proyectan escenarios macroeconmicos que auguran un incierto futuro y que evocan las reacciones de Malthus y otros economistas decimonnicos contra lo que denominaban, despectivamente, la falacia de la beneficencia[5].

El apoyo doctrinal en la demografa combina lo que Vilar llamara poblacionismo instintivo y una suerte de trampa malthusiana remozada. El "poblacionismo instintivo" data de la poca mercantilista e identificaba la potencia del grupo con el nmero de hombres que lo integraban, de ah la incidencia sobre la poblacin en la creencia de que ejercera de motor de la actividad econmica: su aumento estimulaba la industrializacin y el comercio nacional e internacional[6]. La trampa posmalthusiana consistira en establecer un nuevo crculo vicioso, en el que la relacin entre poblacin y recursos se plantea en trminos de pensionistas y fuentes de financiacin del sistema. En otras palabras, la amenaza econmica que supone un excesivo nmero de bocas a alimentar, es sustituida por el peligro de la falta de productores[7].

Tal planteamiento incurre en un doble error conceptual. En primer lugar, no es posible la identificacin entre poblacin y actividad econmica en sociedades industriales, donde el envejecimiento poblacional y el mayor gasto que supone, se compensa ampliamente con los avances tcnicos y el aumento de la productividad y la reduccin del paro. En segundo lugar, se parte de la idea de que la poblacin es una variable independiente de la organizacin social de la produccin. Si, por el contrario, se entiende que el excedente de poblacin es estrictamente relativo, y que depende del nivel de desarrollo econmico y social, el debate se centrara en determinar las pautas de distribucin del producto social generado. Otro de los efectos del catastrofismo demogrfico[8] es que lleva a propuestas de migraciones de sustitucin, sin tener en cuenta que tal inmigracin requerira jvenes en continua renovacin, porque los viejos cobraran pensiones, y el gasto social adicional que generara.

El modelo no contempla la posibilidad de desligar la financiacin de las cotizaciones sociales y trasladarla a los Presupuestos Generales del Estado, o, dado que el sistema descansa bsicamente en el trabajo, la potestad legislativa para instrumentar polticas de fomento del empleo. El problema no est en la tasa de natalidad sino en la capacidad de generar empleo, en la calidad del empleo, y en la organizacin del trabajo. De otra parte, prolongar la vida laboral y adelantar la incorporacin al mercado de trabajo exigen actuaciones sobre el mercado laboral y la poltica social. A todo lo dicho, conviene aadir que en una economa abierta como la actual, sin restricciones a los movimientos de capital, nada garantiza que el ahorro acumulado en los fondos de pensiones privados se invierta en el pas que lo genera, y que no huya al exterior. Tampoco pueden descartarse quiebras de aseguradoras y entidades financieras privadas que, en ltimo caso, saneara el Estado. Esa suerte de capitalismo gris, constituido por los fondos de pensiones, est envuelto en la inestabilidad, la irresponsabilidad y el derroche de los mercados financieros mundiales, y, a la vez, es el causante, en gran medida, de las turbulencias de la economa mundial[9].

En ltima instancia, tanto el mtodo de reparto como el de capitalizacin son dos frmulas de un mtodo de adquisicin de derechos sobre la produccin futura que intentan evitar la problemtica derivada de la discontinuidad entre trabajar y no hacerlo, y dependen totalmente de una gestin eficaz. Sustituir un sistema por otro planteara problemas de transicin, tendra importantes repercusiones polticas y sociales y un elevado coste financiero. Y, lo que es ms importante, su adopcin significara abolir los derechos adquiridos por la generacin que constituy el fondo, lo que sera un expolio sin precedentes, impensable si se tratase de anular la deuda pblica, que no deja de aumentar. En Espaa se decreta la quiebra del sistema pblico de pensiones cuando existe un compromiso social y poltico, materializado en el Pacto de Toledo, aprobado el 6 de abril de 1995, por el Pleno del Congreso de los Diputados, y se cuenta con un sistema de Seguridad Social solvente hasta 2015 o 2020, cuyo saldo viene compensando el dficit estatal y engrosando el fondo de reserva de las pensiones, hasta superar las previsiones ms optimistas[10].

Como ya se intua, la invocacin genrica a la demografa como responsable del futuro de las pensiones, no poda justificar la movilizacin partidista a favor de capitalizacin, y pronto agot su productividad poltica y meditica. Era, pues, necesario proponer otra causa que la legitimase y se esgrimi la rentabilidad de los fondos privados, pretexto fallido, al cabo, porque sta estaba disminuyendo. Urga seguir satanizando al sistema pblico y se volvi a apelar a las tendencias y a dibujar un sombro horizonte, pero la realidad es testaruda y los anlisis empricos se rebelan contra los agoreros. En este trile, todas las piezas estaban manipuladas, y el trilero qued en evidencia.

Utopa liberal y teora econmica se haban conjurado para conformar una descripcin cientfica de la realidad y un proyecto poltico que llegara a pensarse como el nico posible[11]. Pero, un tema como el de las pensiones afecta a la sociedad en su conjunto y responde a una pauta poltica y social de distribucin de la renta. Si se quiere una sociedad justa y equitativa, hay que garantizar la dignidad de las personas mayores mediante la salud y la proteccin social y fomentar su participacin plena en la vida econmica y social, mediante la solidaridad entre las generaciones. En definitiva, se trata de consolidar los sistemas de proteccin en los pases ms desarrollados y sentar las bases para su implantacin en los ms pobres.

Fernando Lpez Castellano es Profesor de Historia de las Ideas y del Anlisis Econmico de la Universidad de Granada.



[1] Arrighi, G., El largo siglo XX, Akal, Madrid, 1999.

[2] Krugman, P., El internacionalismo "moderno". La economa internacional y las mentiras de la competitividad, Crtica, Barcelona, 1997, y Stiglitz, J. E., El malestar en la globalizacin, Taurus, Madrid, 2002.

[3] Gonzlez-Pramo, J.M., De recortes y de reformas en el Estado de Bienestar: el papel de la gestin pblica, en Santiago Muoz Machado, Jos Lus Garca Delgado, Lus Gonzlez Seara (drs), Las estructuras del bienestar en Europa, Escuela Libre editorial/Cvitas, Madrid, 2000, pgs.525-554, Herce, J.A., Un problema generacional, El Pas, 25/05/03, y Jimeno, J.F. y Dolado, J. J., Errores recurrentes en el debate sobre las pensiones, El Pas, 19/7/2003.

[4] Jos A. Herce y Vctor Prez Daz (directores), La reforma del sistema pblico de pensiones en Espaa, Estudios e Informes nmero 4, La Caixa,1995; Herce, J.A., Sosvilla Rivero, S., Castillo, S., Duce, R., El futuro de las pensiones en Espaa: hacia un sistema mixto, Estudios e Informes nmero 8, La Caixa, 1996; y Prez Daz, V., Alvarez Miranda, B., Chuli, E., La opinin pblica ante el sistema de pensiones, Estudios e Informes nmero 10, La Caixa, 1997.

[5] Lpez Castellano, F., y Ortiz Molina, J.: El origen de las propuestas sobre proteccin social: el debate sobre las Leyes de Pobres 150 aos despus, en Juan Torres Lpez (coord.): Pensiones pblicas y maana qu?, Ariel, Barcelona, 1996, pgs.195-210

[6] Vilar, P., "Crecimiento econmico y anlisis histrico" en Crecimiento y desarrollo, Ariel, Barcelona, 1983, pg.52.

[7] Schumpeter, J. A., Capitalismo, socialismo y democracia, Orbis, Barcelona, 1988, Tomo I, pgs.158-160.

[8] Duque, I.: Catastrofismo demogrfico, Le Monde Diplomatique, junio 2000.

[9] Blackburn, R., El nuevo colectivismo: reforma de las pensiones, capitalismo gris y socialismo complejo, New Left Review, n.2/2000, pgs.21-82.

[10] Milln Pereira, J.L., La de las pensiones pblicas: la rebelin de los argumentos, en Juan Torres Lpez (coord.): Pensiones pblicas: y maana qu?, Ariel, Barcelona, 1996, pgs.79-107, y Rodrguez Cabrero, G., La reforma del sistema pblico de pensiones en Espaa. CSIC, Documentos de trabajo (UPC 02-13), 2002.

[11] Bourdieu, P., Contrafuegos, Anagrama, Barcelona, 2003, pg.136



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