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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2008

La islamofobia, etapa superior del antisemitismo
Quines son los antisemitas del siglo XXI?

Fernando Arjovsky
Contracultural


Un debate actual

La reciente polmica suscitada por las declaraciones del Papa, sobre el Profeta Mahoma, con sus repercusiones en todo el mundo rabe y musulmn, as como otros hechos recientes como el impasse del rgimen israel en su invasin al Lbano y yendo a nuestro pas, las acusaciones de antisemitismo contra sectores importantes de la izquierda argentina por parte de intelectuales del sistema, polticos derechistas y la prensa burguesa, nos mueven a todos quienes estamos por la liberacin de trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo, a una campaa de desagravio y respuesta contra la tergiversacin histrica.

El trmino antisemitismo es muy polmico. A menudo se esgrime como un insulto equivalente a lo que antes se denominaba judeofobia, es decir, odio hacia los judos. Aun hoy los partidarios incondicionales del Estado de Israel, de su poltica interior y exterior, acusan con frecuencia a los crticos de dicho Estado de antisemitas, pretendiendo sugerir que los crticos de dichos Estado lo hacen por judeofobia racista. Demostraremos sin embargo que los antisemitas reales son quienes gobiernan en la Casa Blanca (el imperialismo norteamericano) y en Israel (los sionistas) y sobre todo (aunque suene a ms de uno paradjico) todos aquellos que agitan con histeria el fantasma de un nuevo antisemitismo, esta vez proveniente parte de rabes y musulmanes.

El odio a los judos no es nuevo en la historia, eso es cierto, tiene un fundamento muy arraigado en el mundo cristiano e incluso en la Europa antigua pagana. Sin meternos a considerar las causas de dicho odio durante siglos, causas religiosas, econmicas y sociales entre ellas, debemos aclarar ante todo que lo que s es nuevo es el trmino antisemitismo. El trmino antisemitismo fue inventado en el siglo XIX por un nacionalista alemn llamado Wilhelm Marr, quien declaraba que el problema con los judos ya no era su religin como en los siglos anteriores, sino su raza, e inclusive el problema del determinismo biolgico que haca que el judo fuera antes que nada esencialmente judo. Nada que haga el judo (convertirse al cristianismo, hablar alemn, etc, etc.) poda alterar su naturaleza perversa. Esta formulacin aparentemente novedosa se inscribe en un contexto donde los fillogos, y los orientalistas, acompaando la expansin colonial europea sobre Oriente Medio, haban descubierto las familias lingsticas. De esta manera se agrup al hebreo, al rabe, al fenicio, al arameo, al siraco, etc, como lenguas semticas, en oposicin a las lenguas indoeuropeas, que habran nacido en la antigua Persia de la mano de los arios y cuya culminacin civilizada es el idioma germnico, todo lo cual deriv en teoras raciales al respecto. Los judos alemanes y otros judos europeos, a partir de entonces fueron tratados como extranjeros en su propio pas, como semitas procedentes de Canaan-Israel-Palestina, y considerados una raza inferior. Toda esta mitologa iniciada por diversos intelectuales y agitadores alemanes y franceses, como Drumont iba acompaada de una justificacin econmica y poltica. Los judos eran tildados simultneamente de especuladores burstiles y de agitadores comunistas. La situacin social secular de los judos, ya desaparecida, ayud a darle cierto barniz de realidad al mito. Nos referimos en este caso a la seleccin social que transform durante siglos a los judos de Europa en un pueblo clase de comerciantes y usureros, papel en que en parte han jugado por una tendencia histrica intrnseca (en Palestina los antiguos hebreos al igual que los fenicios eran comerciantes) como por una tendencia extrnseca (dado que en el cristianismo se prohiba el prstamo a inters los judos fueron obligados a hacer esto por los cristianos)

Es evidente que el nacionalismo de los Marr o los Drumont ya no era un nacionalismo progresivo, como aquel que fue el fundamento ideolgico de la burguesa ascendente y se basaba en la conquista de un mercado interno y la superacin de las barreras feudales (esto es la tendencia a hermanar etnias y clases diversas en un estado nacional comn con una tendencia a la homogeneidad ante todo lingstica) sino un nacionalismo de tinte racista, supremacacista blanco, fundamento ideolgico del naciente imperialismo y de la expansin europea sobre Africa y Asia. El hecho de que los judos ashkenazes (provenientes de Europa Central y Oriental) tuvieran con frecuencia la tez blanca e incluso rasgos germanos o eslavos, no importaba a los antisemitas que estaban empeados en excluir a los judos a toda costa e impedir su asimilacin. Por el contrario, la invisibilidad aparente del judo lo converta en un enemigo an ms peligroso, capaz de infiltrarse en la Nacin Alemana y contaminarla de impura sangre semtica.

Es en este contexto que nace el sionismo poltico, como reaccin frente al antisemitismo europeo cada vez ms violento que tuvo su corolario en el caso Dreyfuss (el oficial francs de origen judo acusado calumniosamente de espa aleman y traidor). El proyecto sionista deriva como su nombre lo indica de Sin, colina de Jerusaln y sinnimo con frecuencia de la ciudad santa del judasmo. Su precursor ideolgico fue Moses Hess, filsofo alemn, quien en su Roma y Jerusaln proclamaba el retorno de los judos a su antigua patria (Palestina/Israel) como smbolo del advenimiento de la promesa mesinica, y como respuesta a la persecucin de los judos por los gentiles. Pero el sionismo poltico alcanz su notoriedad con Theodor Herzl, un judo viens asimilado que estaba en Pars en el momento del caso Dreyfuss. Periodista y organizador de talento, Herzl tom en sus riendas la formacin de la Organizacin Sionista Mundial, una organizacin cuyo objetivo era crear un Estado Nacional Judo. Sus folletos ms importantes fueron El Estado Judo y Altneuland (Vieja-Nueva Tierra). A diferencia de muchos intelectuales europeos de extraccin izquierdista o democrtica, como Emile Zol quien escribi su Yo acuso frente al caso Dreyfuss y quienes iniciaron una campaa militante contra el antisemitismo, Herzl y sus compaeros consideraban intil toda campaa contra el antisemitismo. Para el doctor Leo Pinsker, uno de los promotores del sionismo La judeofobia es una enfermedad; y como enfermedad congenita, es incurable.

Es decir, los sionistas aceptaban al antisemitismo como una reaccin natural de los pueblos europeos frente a la existencia de una dispora juda importante en el Viejo Continente. Como judos asimilados potencialmente, los primeros sionistas de Europa Occidental comenzaron a dudar de la posibilidad, e incluso de la deseabilidad de una completa asimilacin a los pueblos que vivan, dado que encontraban prejuicios y barreras contra los cuales no tenan el coraje de luchar. Esto se explica por la base social del sionismo pionero perteneciente a la burguesa semi-asimilada de Europa occidental, temerosa de perder sus posiciones adquiridas en sus pases. La actitud consiguiente hacia los judos de Europa Oriental, los Ostjuden, era de un desprecio mezclado con el paternalismo. Haba que evitar a toda costa la emigracin de los judos este-europeos a Alemania, a Francia, a Inglaterra, que al aumentar el peligro del antisemitismo y la xenofobia amenazaba las posiciones de la burguesa juda de estos pases, logradas por el impulso de la revolucin Francesa. Nada mejor entonces que asociarse a los antisemitas europeos en su proyecto de sacarse a sus hermanos del Este de encima y llevarlos lo ms lejos posible, a la tierra de sus ancestros, Palestina/Israel.

El sionismo coincidi desde siempre con los puntos de vista de las potencias imperiales del momento, sin importar que a su frente estuvieran antisemitas notorios. En palabras de Herzl, seremos la avanzada de Europa frente a Asia, un bastin de la civilizacin frente a la barbarie. La meta del sionismo fue siempre crear y despus defender un estado occidental-blanco en el mundo rabe-oscuro. Vale decir liberar a los judos europeos del estererotipo semita, convirtindolos en una Nacin dentro de las Naciones [europeas]; irnicamente el sionismo constituy, pese a sus declaraciones contra la Asimilacin, la ms paradjica de las asimilaciones, y como veremos luego, la peor. Los judos europeos (tan despreciados, por primitivos, orientales semitas) por primera vez se convertiran en verdaderos europeos en el Cercano Oriente.

Una realidad que tanto sionistas como antisemitas obvian concientemente es que los judos no constituyen una raza. La mayora de los judos ashkenazim de Europa del Este descienden en gran medida de eslavos convertidos al judasmo mediante el proselitismo que el reino turco khazar, convertido al judasmo en la Alta Edad Media, hizo entre pueblos que dominaba y que le rendan tributo. Basta ver un judo polaco con aspecto de eslavo y compararlo con un judo yemenita con aspecto semita o con un judo negro etope, para demostrar que la raza juda es un mito, y como todos los mitos creados y que se prolongan un mito interesado. La idea entonces de los judos del mundo tienen un ancestro en comn o que descienden de Abraham o de los antiguos hebreos, por lo tanto, no resiste el menor anlisis.

Por otra parte es poco sabido, pero bastante probable que los palestinos actuales, tanto musulmanes como cristianos desciendan de los antiguos hebreos, convertidos al Islam en su mayora durante la conquista rabe. Por lo tanto el mito sionista pangermanista de la sangre y el suelo basndose en un pasado ancestral que se remonta a 2000 aos atrs se cae solo, por lo cual si un pueblo tiene derecho a la tierra de Canan- Palestina-Israel, es el pueblo rabe autctono que fue despojado y expulsado por los sionistas mediante una planificada limpieza tnica y que mantiene una presencia ininterrumpida en el lugar.

Cuando los sionistas emulan a los cruzados con la diferencia de que los primeros establecen una especie reino europeo secular en Palestina, debemos recordar que actan con una tpica arrogancia antisemita, la misma con la cual los cruzados cristianos masacraron a las comunidades judas y musulmanas de Tierra Santa. La misma arrogancia y el mismo desconocimiento acompaan la tan difundida falsedad de la cultura judeo-cristiana, cuando la religin juda y la cristiana son incompatibles en casi todos los aspectos y hay ms similitud entre el judasmo y el Islam que entre el judasmo y el cristianismo. Esta creencia en una cultura judeo-cristiana occidental en oposicin binarica al Islam y a Oriente est tan difundida entre los intelectuales, universitarios e incluso tericos de la izquierda que no perciben que se trata de un mito orientalista tendiente a demonizar el Islam, luego de que la cada del stalinismo y el fracaso del nacionalismo burgus panarabista, convirti a esta religin de opio de los pueblos para expresar la frase tan mal entendida de Marx, en factor de protesta contra el orden social existente.

La explotacin del Holocausto

Los sionistas explotan el genocidio de los judos sufrido en la II Guerra para justificar sus acciones. Pero como dice acertadamente Pierre Vidal Naquet: que una ideologa [en este caso, el sionismo] se apodere de un hecho, no suprime la verdad de este ltimo. Ahmadinejad, al igual que muchos musulmanes indignados, supone que negando la realidad del Holocausto, suprime la necesidad de crear un Estado sionista en Palestina, cuando en realidad el Estado sionista no se justifica ni an despus del genocidio. Es evidente que los Palestinos, que nunca persiguieron a su minora juda no tienen por que pagar el precio por el asesinato planificado de los judos europeos. Por otro lado hay que recordar que la ideologa sionista con su pretensin de conquistar la Palestina rabe precede al Holocausto; Auschwitz y Treblinka fueron una aparente victoria ideolgica de los sionistas sobre sus adversarios judos, ya sean judos practicantes, o socialistas y comunistas de extraccin juda. Decimos una aparente victoria ideolgica porque el genocidio aparentemente les dio la razn: los judos no pueden vivir en la Dispora normalmente. Por eso vemos a los sionistas especialmente a travs de la Guerra de los Seis Das justificar sus pretensiones de extensin de su territorio bajo el pretexto de que los rabes quieren tirar a los judos al mar.

Ya el mismo nombre de Holocausto aplicado al genocidio nos parece incorrecto, es transformar al crimen no slo en algo santificado, sino tambin excepcional e incomparable con crmenes anteriores. Este trmino polmico fue aplicado por Elie Wiesel quien pronto se transform en un sionista devoto. En el Tanakh Holocausto es un Sacrificio, como el de Abraham al cordero en lugar de su hijo Isaac. Llamar Holocausto al crimen sin precedentes de los judos europeos, es volver incomprensible la matanza, es rodearla de una aureola de necesidad divina, y es justificar en ltima instancia todo lo que hagan los dirigentes sionistas para prevenir al pueblo judo de un Segundo Holocausto. As el derecho bsico al retorno de los palestinos a sus casas de donde fueron expulsados hace medio siglo, es negado porque hay que prevenir un Segundo Holocausto. La destruccin del Estado sionista, que presupone acabar con el estatus privilegiado de apartheid donde los judos europeos tienen todas las riendas, es comparado por la burguesa juda y los burgueses cristianos y la opinin publica mundial, a un segundo Holocausto.

Consecuencias catastrficas de la explotacin del Holocausto

As como el antisemitismo europeo fue el catalizador para el asesinato planificado no slo de seis millones de judos, sino tambin de gitanos, comunistas, y pueblos eslavos, de la misma manera el antisemitismo euro-sionista-norteamericano del siglo XXI prepara la invasin (previa demonizacin) de cualquier pas islmico que pueda resistirse a sus pretensiones. Sabemos que el Islam poltico no era demonizado cuando se trataba de combatir a las hordas de ateos comunistas en Afganistn, cuando Israel financiaba el Hamas para combatir a la OLP, o cuando los Hermanos Musulmanes de Egipto eran apoyados contra el nacionalismo laico panarabe de Nasser. Por el contrario luego, del fracaso del nacionalismo de contenido burgus en combatir consecuentemente al imperialismo, las banderas del antiimperialismo pasaron a tener un contenido religioso, que en el mundo musulmn es un signo de identidad mayor que en la Europa secularizada. Irnicamente nunca se caracteriz a los musulmanes albanokosovares o bosnios de fundamentalistas. Mientras estos grupos sufran una limpieza tnica de parte de Milosevic, similar a la cometida por el naciente Estado de Israel contra los palestinos, es irnico ver como islamfobos de cubierta progresista o democrtica justificaban las acciones de los guerrilleros kosovares, mientras que condenaban a los guerrilleros palestinos. Claro, en el caso de los albanokosovares se trataba de musulmanes blancos. Aqu tambin se hace patente el antisemitismo. Como sostiene Edward Said:

Poco despus de la guerra de 1973 [la del Yom Kippur], los rabes empezaron a perfilarse como una gran amenaza. Aparecan constantemente dibujos que mostraban a un sheij rabe de pie al lado de un surtidor de gasolina. Estos rabes, no obstante, eran claramente semitas; sus agudas narices de gancho y su malvada sonrisa bajo el bigote recordaban (a una poblacin no semita) que los semitas estaban detrs de todos nuestros problemas. En este caso el problema era principalmente la escasez de petrleo. El nimo popular antisemita se transfiri suavemente del judo al rabe ya que la figura era ms o menos la misma. [Orientalismo, Edward Said]

La conclusin que se desprende de todo ello es que quienes hoy proclaman a los cuatro vientos por encima de todo la lucha contra el antisemitismo, y en nombre del dicha lucha defienden el enclave israel, son los promotores de un neoantisemitismo mucho ms peligroso todava que el anterior. Porque ahora se trata de la defensa y la apologa del imperialismo democrtico y laico y sus masacres en Medio Oriente y en Asia Central. Si anteriormente fueron ejecutados 6.000.000 de judos en nombre de la pureza racial y el antisemitismo abierto, hoy se bombardea poblaciones civiles, se condena poblaciones enteras al hambre, todo ello en nombre de la democracia y de abortar un Segundo Holocausto. Con el cinismo que los caracteriza los civilizadores le cierran el camino a los que se civilizan, cuando quieren luchar contra la colonizacin los llaman antisemitas. Aquellos judos que quieran combatir al antisemitismo sinceramente deben enfilar sus armas intelectuales, ideolgicas y polticas contra el Estado sionista que usurpa el nombre de Israel. La emancipacin de los judos hoy est profundamente ligada la emancipacin de la sociedad israel con respecto al sionismo




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