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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2008

Al hilo de las recientes elecciones italianas
Basta la democracia para oponerse a la violencia del capital?

Franco Berardi Bifo
Liberazione

Traducido por Gorka Larrabeiti


As pues, son los smbolos lo que nos da miedo? Nos disgusta que la gente grite Duce, Duce? Dejemos de lado los smbolos y centrmonos en lo esencial: el gobierno Berlusconi de 2008, para los asalariados, ser mejor que el gobierno Prodi. Estar menos subordinado a las rdenes del Banco Europeo y temblequear menos ante los imperativos de la Patronal (Confindustria). Hay quien dice que la derecha italiana es peligrosa. Hasta donde yo llego, el primer Ministro de Asuntos Exteriores que viol el artculo 11 de la Constitucin mandando aviones italianos a bombardear un pas soberano con uranio empobrecido, provocando muerte y enfermedad no slo a los bombardeados sino tambin a cientos de soldados italianos, se llama Massimo DAlema, y en la geografa poltica oficial sera de izquierda. As que, de qu tenemos miedo? Desgravacin de las horas extraordinarias.

El motivo profundo del miedo no es estpido. No lo vemos porque nos servimos de eso que en psicoanlisis se llama remocin. Intentamos no ver el motivo verdadero de nuestro miedo, que es la extensin progresiva de una catstrofe que est azotando la civilizacin terrestre. Intentamos no ver los efectos que el capitalismo liberista ha depositado en el corazn y la mente de la humanidad, en la superficie fsica del planeta, en la consistencia venenosa del aire. Tenemos miedo de la impotencia de la poltica, de la incapacidad colectiva de detener o incluso de frenar el cmulo de la devastacin psicofsica.

Intento sacar conclusiones de mi razonamiento: lo ocurrido en Italia tiene poca importancia. No pasar nada catastrfico. La catstrofe no proviene de quienes han ganado las elecciones; tiene causas ms profundas y ms amplio tamao. De ello hemos de ocuparnos, no del regreso esperpntico de las camisas negras. Por ello, de nada sirve recriminar, ni extraar gobiernos de izquierda que nada hicieron para obstaculizar la violencia del capital. Tampoco vale mucho la pena reagrupar los restos de un pasado no muy glorioso para prepararse a las prximas citas electorales. Quienes piensan en qu pasar en las elecciones de 2013 me hacen rer. No tanto porque en 2013 podra ya no estar aqu, sino porque es probable que ya no exista el mundo. Por lo menos, el mundo tal y como lo hemos conocido en el transcurso de la poca moderna.

Pensemos en la prxima generacin. Crece en medio del ruido blanco de los hipermedios de comunicacin, mientras las estructuras escolares de transmisin del saber se estn derrumbando, no slo por falta de recursos, sino sobre todo, porque la mente docente ya no es capaz de comunicar con la mente discente, debido a un problema de deformidad tcnica, debido a una incompatibilidad de formatos. Afectivamente incapaz de formar comunidad, culturalmente carente de defensas crticas, apartada de toda memoria histrica, la nueva generacin es actualmente vctima de la hiperexplotacin, de la precariedad, de la violencia y el autolesionismo. En los ltimos diez aos el cncer de pulmn se ha multiplicado por tres en la poblacin de las grandes ciudades. Los polvos sutiles y las escorias txicas -peste invisible- difunden la enfermedad en la mayora de la poblacin. El hambre, que en los ltimos cincuenta aos retroceda, ahora vuelve a expandirse para que los SUV puedan seguir contaminando.

Antao decamos que la clase obrera peleaba por sus intereses, y que del resultado de esta batalla dependa el futuro de toda la humanidad. Era verdad. La clase obrera ha perdido y con esa derrota se ha reventado el futuro de progreso de la humanidad entera. Volver a compactar el ejrcito disperso del trabajo es una tarea de la cual no hemos de huir, porque quiz el futuro nos depare una nueva estacin de lucha obrera. Pero la verdadera amenaza es ms radical: por un lado est la libertad humana, por otro, el automatismo catastrfico de la economa capitalista.

Es posible afrontar este problema con los instrumentos de la democracia representativa, y las mitologas de la izquierda histrica? Creo que no.

Hay otros instrumentos que permitan comprender y transformar? Por el momento, no me parece que los haya. La primera empresa es construirlos, no salvar algo del pasado.

Fuente: www.liberazione.it (4-5-08)

Gorka Larrabeiti es miembro de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Este artculo se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor y la fuente.



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