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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2004

La obra terica y la vida militante de uno de los grandes marxistas contemporneos recibe el reconocimiento de la Revolucin Cubana
Snchez Vzquez: Del pulso ardiendo a la razn apasionada

Roberto Fernndez Retamar
Rebelion


Agradezco el honor de que me hayan pedido estas palabras con motivo del merecidsimo otorgamiento por mi Alma Mater, la Universidad de La Habana, del ttulo de Doctor Honoris Causa al Profesor Adolfo Snchez Vzquez. Sin embargo, de inmediato debo aadir que he aceptado la tarea tomando en consideracin los muchos aos de amistad fraternal que nos unen, y sobre todo cuanto a lo largo de esos aos he aprendido de l, pero conciente de que, dado que la filosofa est lejos de ser mi fuerte y en cambio Adolfo Snchez Vzquez es uno de los ms altos representantes actuales de la disciplina en nuestra lengua, tendrn que perdonarme un acercamiento que no podr encontrarse al nivel de su notable tarea.

Dicha tarea, lo que no siempre es suficientemente conocido, no comenz por la filosofa, y ello me anima a detenerme, con razones para hacerlo, en ese comienzo. Aunque nacido en Algeciras, en 1915, la formacin inicial de Snchez Vzquez ocurri en Mlaga (llamada entonces Mlaga la roja, segn ha contado l mismo) y estuvo encaminada por dos vas: la poltica y la poesa, a las que se entreg con ardor. An era un adolescente cuando abraz la causa comunista y escribi sus primeros poemas, uno de los cuales fue publicado en la revista Octubre, que animaban Rafael Alberti y Mara Teresa Len. Comunista seguira siendo toda la vida, y en su pas natal, que habra de llevar siempre en lo ms hondo de su corazn, dirigi revistas antes de estallar el 18 de julio de 1936 la Guerra Civil y durante ella, y combati, por ejemplo, en las batallas de Teruel y del Ebro. Tras esta ltima, en el ocaso de la guerra, logr pasar a Francia. Atrs dejaba sus races, su familia, su novia, muchos de los primeros, inolvidables amigos. Y dejaba tambin un libro de poemas indito, El pulso ardiendo, que haba escrito entre Mlaga y Madrid (adonde se haba trasladado para estudiar en la Facultad de Filosofa y Letras de su Universidad) en vsperas de iniciarse la tragedia, y cuyos originales, que se dispona a publicar Manuel Altolaguirre, no pudo llevar consigo y dio por perdidos. Muchas veces ha sido contado que gracias al general Lzaro Crdenas, a la sazn presidente de Mxico, cuyo gobierno auxili cuanto pudo a la agredida Repblica Espaola, Snchez Vzquez pudo trasladarse a aquel pas en el primer barco, el Sinaia, que llevaba all desterrados espaoles. Entre sus ms cercanos compaeros de viaje se encontraban dos poetas: Pedro Garfias, surgido con el ultrasmo, por lo que fue amigo del joven Borges, e inconsolable siempre por no haber aparecido, injustamente, en la famosa antologa de Gerardo Diego; y Juan Rejano, coetneo y compaero entraable de Adolfo, por quien siento particular gratitud, pues en el suplemento cultural, que diriga, del peridico mexicano El Nacional, public los primeros poemas mos que veran la luz fuera de mi pas, hace cincuenta y dos aos. Ambos, Snchez Vzquez y Rejano, fueron los primeros oyentes del poema de Garfias Entre Espaa y Mxico, que compuso en el barco y de donde son estos versos:

Qu hilo tan fino, qu delgado junco

de acero fiel nos une y nos separa

con Espaa presente en el recuerdo,

con Mxico presente en la esperanza. [...]

Espaa que perdimos, no nos pierdas;

gurdanos en tu frente derrumbada,

conserva a tu costado el hueco vivo

de nuestra ausencia amarga

que un da volveremos, ms veloces,

sobre la densa y poderosa espalda

de este mar, con los brazos ondeantes

y el latido del mar en la garganta.

Y t, Mxico libre, pueblo abierto

al gil viento y a la luz del alba,

indios de clara estirpe, campesinos

con tierra, con simientes y con mquinas;

proletarios gigantes de anchas manos

que forjan el destino de la Patria;

pueblo libre de Mxico:

como otro tiempo por la mar salada

te va un ro espaol de sangre roja,

de generosa sangre desbordada.

Pero eres t esta vez quien nos conquistas,

y para siempre, oh vieja y nueva Espaa!

El poema manifiesta con intensidad dos creencias de los viajeros. Por una parte, la certidumbre de un regreso rpido a Espaa; por otra, la idealizacin de un Mxico admirable por muchas razones, pero que no corresponda al diseo del poeta. La llegada del barco a Veracruz, el 13 de junio de 1939, fue descrita as por Snchez Vzquez: En el puerto nos esperaba la acogida entusiasta de veinte mil jarochos (trabajadores en su mayora), as como los clidos saludos del licenciado Garca Tllez, secretario de Gobernacin y representante personal del general Crdenas y del licenciado Vicente Lombardo Toledano, secretario general de la poderosa CTM (Confederacin de Trabajadores de Mxico). Desembarcamos entre aplausos y vtores. Pero aade: Al hacerlo, estrenbamos una nueva e incierta vida: la del exilio.

La primera de las creencias expresadas en el poema de Garfias (un da volveremos, ms veloces) iba a revelarse tristemente falsa. Sobre ello escribira Snchez Vzquez muchas pginas dolorosas. En cuanto a la segunda creencia, sin ser Mxico el pas soado en aquel poema, lo mejor de su pueblo ofreci a los recin llegados, que venan de perder una contienda pica de resonancias mundiales, ocasiones de trabajar con decoro y de paso enriquecer considerablemente la vida cultural del pas. Aquellos que ya tenan una obra realizada fueron acogidos por instituciones como la Casa de Espaa en Mxico, que se volvera El Colegio de Mxico. Otros, como Snchez Vzquez, por su extrema juventud, apenas haban iniciado su faena, que habran de desarrollar de este lado del Atlntico, no siempre con facilidad. Pronto, sin embargo, l se vincul a notables revistas del exilio, como Romance y Espaa Peregrina, y Octavio Paz le public unos sonetos en su revista Taller. Una felicidad particular le depar el saber que Altolaguirre, al llegar a Mxico, haba trado consigo los originales de El pulso ardiendo, que Adolfo crea perdidos. El libro se public en 1942 en Morelia, gracias a la generosidad de amigos de esa ciudad. Es obra de verdadera y rigurosa poesa, propia de un integrante de la generacin de Miguel Hernndez, con algn eco suyo y de poetas de ms edad como Emilio Prados y Pablo Neruda, pero sin perder la voz autntica. No es extrao que Adolfo evoque con cario Morelia. All se cas con Aurora Rebolledo, el amor de toda su vida, que haba conocido en Espaa. All les naci su primer hijo, nombrado como l. All comenz a estudiar en serio, por su cuenta, filosofa, a fin de ensearla. Trasladado ms tarde a la Ciudad de Mxico (donde naceran sus otros hijos, Juan Enrique y Mara Aurora), adems de acometer labores esforzadas, como traducir incansablemente de varias lenguas, logr realizar en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico, a la que se vinculara el resto de su vida, estudios de letras espaolas y luego de filosofa. A los primeros lo llev su condicin de poeta, que no iba a abandonarlo (en una entrevista llam a la poesa su amante secreta); a los segundos, su voluntad de dar una base terica seria a su posicin poltica. Pero en lo que toca al marxismo, estuvo obligado a ser autodidacta. Un papel determinante tuvo en su existencia el haber sido nombrado en enero de 1959 profesor de tiempo completo en la UNAM, lo que le permiti disponer de cierto tiempo libre para la investigacin y ofrecer sin cortapisas cursos y seminarios de los que iran naciendo sus primeros textos filosficos. As que si como poeta haba sido precoz, no lo fue como filsofo. Lo que no lamenta, pues piensa que de haber publicado textos filosficos en aos anteriores, ellos hubieran sido ejemplos del marxismo esclerosado que a partir del estalinismo se haba convertido en hegemnico. Y ya para 1959 Snchez Vzquez haba iniciado su distanciamiento de esa versin deformada del marxismo. En su ensayo de 1985 Vida y filosofa, Adolfo se refiri a las lneas esenciales de su evolucin: La experiencia personal acumulada en mi prctica poltica junto con la que pude conocer, haca ya largos aos, desde fuera pero cerca del Partido Comunista Mexicano, me predisponan a adoptar una nueva actitud terica y prctica. Toda una serie de acontecimientos me llevaron a adoptarla efectivamente: las revelaciones del XX Congreso del PCUS, en un primer momento; el impacto de la Revolucin cubana, que rompa con esquemas y moldes tradicionales, despus, y, por ltimo, la invasin de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia. En un proceso gradual, que arrancaba de finales de la dcada de los cincuenta, me vi conducido no ya a buscar cauces ms amplios en el marco del marxismo dominante, sino a romper con ese marco que no era otro que el de la visin estaliniana del marxismo, codificada como marxismo-leninismo. Desde entonces me esforc por abandonar la metafsica materialista del Diamat, volver al Marx originario y tomar el pulso a la realidad para acceder as a un marxismo concebido ante todo como filosofa de la praxis.

Numerosa y sumamente rica ha sido la obra filosfica de Snchez Vzquez. Ramn Xirau (quien prologara el ao pasado la ms extensa y actualizada antologa de ensayos de Adolfo: A tiempo y destiempo) llam al autor, en 1980, el ms original de los pensadores marxistas en Mxico, y afirm de su obra: Presenta tres facetas: 1) su intento por encontrar una esttica marxista fundndose en los textos de Marx y presentando la mejor antologa de esttica marxista que existe en cualquier lengua; 2) convertir en categora filosfica la praxis en el libro acaso ms original de Snchez Vzquez (Filosofa de la praxis), y 3) anlisis abierto de la obra de Marx y de Lenin, sealando en ellas elementos de lo que el marxismo ha llamado frecuentemente utopa.

Mucho se enriqueci la produccin de Snchez Vzquez, lo que hace imposible mencionar en estas pginas sus cuantiosos ttulos. Pero querra llamar la atencin sobre dos puntos. Uno es que la mencionada antologa A tiempo y destiempo (que esperamos que sea republicada en Cuba) abarca en sus ms de seiscientas pginas siete partes: Vida y Obra, Literatura, Cuestiones artsticas, Filosofa, Marxismo y Socialismo, Ideologa y Utopa, Exilio. Es evidente el amplio radio de temas por los que Snchez Vzquez se ha interesado, y el hecho de que entre ellos se encuentran la literatura y las cuestiones artsticas. El segundo punto se relaciona con lo anterior. Pues no pocos de sus primeros textos filosficos tienen que ver con aspectos estticos, y soy de los que atribuyen el hecho, al menos en gran parte, a que su condicin de poeta sigui viva en l y es una de las races fundamentales de cuanto ha hecho. Como dijera Aurora de Albornoz, no est de ms reparar en [...] que, quien con tanta lucidez enfoca los problemas estticos, quiz es porque antes de objetivarlos los ha vivido. Mara Dolores Gutirrez Navas ha ido ms lejos, al escribir: El pulso ardiendo es, a pesar de su brevedad, una temprana expresin de la tesis que muchos aos ms tarde su autor formalizara en sus estudios de esttica, la del arte como actividad creadora del hombre.

Me limitar a mencionar varias obras vinculadas a Cuba que revelan la originalidad de su pensamiento esttico, basado en los propios textos de Marx y no en la versin teratolgica que engendr al llamado realismo socialista: su ensayo Ideas estticas en los Manuscritos econmico-filosficos de Marx, que en 1963 fue republicado en la revista Casa de las Amricas, a cuyo frente no me encontraba todava; la conferencia Esttica y marxismo, que en 1964 le solicit para ser impartida en la Unin de Escritores y Artistas de Cuba y apareci en la revista Unin; el ciclo de conferencias que ofreci ese mismo ao en esta Universidad de La Habana, en el cual abord entre otros temas los conceptos fundamentales de la esttica marxista; la ms resonante, la publicacin en 1965 de su libro Las ideas estticas de Marx, pronto reeditado en Cuba; la serie de conferencias sobre Problemas fundamentales de una esttica marxista ofrecida en la Universidad de Oriente en 1968; su ponencia Vanguardia artstica y vanguardia poltica, presentada ese ao en el Congreso Cultural de La Habana y publicada en la revista Casa de las Amricas. Todas esas obras tuvieron importante repercusin en nuestro pas, y sin duda incidieron en su poltica cultural. De modo que si Snchez Vzquez ha podido decir que la Revolucin Cubana influy en su pensamiento, tambin es verdad que ese pensamiento prest servicios que recordamos muy bien en defensa de una lnea esttica que mantenamos en momentos de intensa lucha ideolgica.

Aunque por razones personales que creo comprensibles he insistido en la temprana vocacin potica de Snchez Vzquez, y en cmo ella aliment sus preocupaciones estticas, no es dable olvidar que la otra vocacin temprana de Adolfo es la poltica, en su ms amplio sentido. Y si en su combatiente juventud se entreg a ella con apasionamiento y valor, pero sin una base terica suficiente, en su destierro mexicano, a medida que se adentraba en estudios filosficos, fue dndole cada vez ms esa base terica que echaba de menos. l considera que su aporte mayor en este orden, y en general la obra suya que estima fundamental, es Filosofa de la praxis (1967), sobre todo en su segunda edicin, de 1980, profundamente revisada y ampliada.

Sin duda hay un hilo conductor entre sus estudios de esttica marxista y sus otros estudios de naturaleza poltica. Y ese hilo remite a las Tesis sobre Feuerbach de Marx en que ste subraya el valor activo de la subjetividad y seala como misin de la filosofa no solo interpretar el mundo, sino sobre todo transformarlo. Si en el arte ello supone un nfasis en su carcter creador, en la poltica implica poner en primer plano la praxis. Significativamente, en libro que estoy leyendo mientras escribo estas lneas (Ernesto Che Guevara. Otro mundo es posible, que el ao pasado public Nstor Kohan), donde Snchez Vzquez es citado en varias ocasiones, se dedica un amplio captulo a El Che Guevara y la filosofa de la praxis. La alusin al Che no es azarosa, pues se sabe cunto significa este hombre superior para Snchez Vzquez, quien ha contado con entusiasmo cmo pudo conocerlo personalmente en su primer viaje a Cuba, en 1964. Tres aos despus, a pocas semanas de la muerte heroica del Che, Snchez Vzquez me envi, para el nmero que dedic a la criatura excepcional la revista Casa de las Amricas, su trabajo El socialismo y el Che, con que el ao 2000 iniciara su libro El valor del socialismo. Tanto para el Che como para Adolfo sus posiciones, de modo creciente, implicaran un rechazo de lo que iba a llamarse el socialismo real. Es harto sabido que tempranamente, en 1965, el Che lo hizo en textos como su Discurso de Argel y El socialismo y el hombre en Cuba, que sin duda encontraron una receptividad particular en Snchez Vzquez. Ello supuso inevitablemente polemizar a favor de un marxismo que ha sido llamado abierto, y no es sino el verdadero; y, de modo consecuente, rechazar lo que se pretenda ofrecer como encarnacin de aqul y era en verdad una deformada caricatura del mismo. No sera honrado que no reconociera que Snchez Vzquez, quien con tanta constancia ha defendido la Revolucin Cubana, no dej de criticar momentos de ella. Y una prueba de su admirable lealtad es que el trabajo suyo en que lo hiciera lo ley aqu en Cuba, en el Taller Cultura y Revolucin convocado por el Ministerio de Cultura y la Casa de las Amricas en enero de 1999. Se trata de La Revolucin cubana y el socialismo, publicado primero por la Casa de las Amricas e incluido despus en el mentado libro El valor del socialismo, donde, segn sus propias palabras, se sostiene la tesis de que el socialismo cubano, no obstante sus orgenes martianos y sus peculiaridades, haba acabado por insertarse en el modelo del socialismo real, insercin rectificada despus con cambios que deben conducir no al capitalismo sino al verdadero socialismo. Ms que discutir si la entrada de Cuba en el CAME y otros hechos infelices, que provocaron el enrgico y necesario proceso de rectificacin, equivalan a la insercin de Cuba en el modelo de socialismo real, lo importante aqu es destacar la permanente adhesin de Snchez Vzquez a la causa revolucionaria cubana, sean cuales fueren las reservas que pudo tener en alguna ocasin. Por otra parte, me es halageo citar estas lneas que nos hiciera llegar Adolfo cuando en 1995 la revista Casa de las Amricas lleg a su nmero 200: justo es reconocer que esta colaboracin [ma en la revista] ha contado siempre con las condiciones de libertad y tolerancia que me permitan atenerme en mis escritos a una visin del socialismo y del marxismo que no podan identificarse, respectivamente, con el socialismo real y con el marxismo ideologizado que lo justificaba. Por nuestra parte, al unirnos al homenaje que se le rindi en Mxico al llegar a sus ochenta y cinco frtiles aos, dijimos entre otras cosas: En Adolfo hemos encontrado siempre un ejemplo de rigor, de probidad intelectual, de firmeza sin tozudez, de indagacin perpetua; y un compaero y amigo de todas las horas. No en balde en 1989 se le confiri la Medalla Haydee Santamara. Trajo a Amrica el aliento de la Espaa mejor, y aqu lo fundi con las mejores esencias americanas y universales. Su nombre evoca ya los de Gramsci o Maritegui. Ha sido y es un orgullo tenerlo entre nosotros.

Constituye un acto de elemental justicia que nuestra Universidad de La Habana otorgue su Doctorado Honoris Causa a este autntico maestro, que despus de la trgica guerra espaola logr rehacer su vida y enriquecer su pensamiento en el Mxico hermano; que reconoce con nobleza lo que debe a la Revolucin Cubana, donde volvieron a orse expresados en su idioma los ideales de su valiente mocedad; que rechaz al socialismo real impuesto en Europa, pero tras la escandalosa cada de aqul ratific sus creencias de siempre, al punto de concluir su ilustrador ensayo Vida y filosofa con estas hermosas palabras con que voy a terminar: Muchas verdades se han venido a tierra; ciertos objetivos no han resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y, sin embargo, hoy estoy ms convencido que nunca de que el socialismo vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo no obstante lo que en l haya de criticar o abandonar sigue siendo la teora ms fecunda para quienes estn convencidos de la necesidad de transformas el mundo en el que se genera hoy como ayer no solo la explotacin y la opresin de los hombres y los pueblos, sino tambin un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. Y aunque en el camino para transformar ese mundo presente hay retrocesos, obstculos y sufrimientos que, en nuestros aos juveniles, no sospechbamos, nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra juventud, hemos anhelado.



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