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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2004

Para un dilogo inconcluso sobre El socialismo y el hombre en Cuba

Roberto Fernndez Retamar
Rebelion


El compaero Roberto Fernndez Retamar no necesita presentacin. Colaborador habitual de la Ctedra de Formacin Poltica Ernesto Che Guevara y de Rebelin, ha tenido la amabilidad de enviarnos este valiossimo material sobre el pensamiento del Che Guevara. All dialoga fraternalmente con el comandante Guevara, su compaero, mientras reflexiona sobre uno de los textos clsicos y centrales del marxismo a nivel mundial: El socialismo y el hombre en Cuba. Un texto que no slo debera estudiarse entre los crculos militantes sino tambin en todas las Universidades. Lo hace como siempre deberan hacerlo los marxistas: sin formalismos rgidos, sin pedantera, sin falsas obediencias burocrticas, sin obsecuencia de ningn tipo. Simplemente, con lealtad y compaerismo. Exactamente como peda el Che, quien no dudaba en publicarle en su propia revista (por ejemplo Nuestra Industria) a aquellos compaeros con los cuales l discrepaba en alguna discusin puntual.

Este texto ha sido publicado recientemente en Argentina en el volumen de Roberto Fernndez Retamar que lleva por ttulo Cuba defendida [Buenos Aires, Editorial Nuestra Amrica, 2004. pginas 178-191]. En el mismo volumen podrn encontrarse otros textos de Fernndez Retamar sobre el Che Guevara, incluyendo Leer al Che, la presentacin de la antologa Che Guevara Obra revolucionaria publicada en Mxico. [Nota de la Ctedra Che Guevara]

 

 

Como he contado varias veces, por el honor que ello me signific, a mediados de marzo de 1965 tuve la excepcional ocasin de coincidir con el Che en un viaje en avin de Praga a La Habana, que result ser el ltimo que l hiciera abiertamente a Cuba; y tambin la ocasin, menos excepcional, de que el avin, uno de aquellos Britannia de Cubana que ya eran viejsimos, se rompiera al llegar a Shannon, Irlanda. Tena daada una pieza por cuyo reemplazo haba que esperar. Ello me dio la oportunidad de pasar unos das y noches conversando casi incesantemente con el autor de Pasajes de la guerra revolucionaria. No slo conversamos: nos intercambiamos materiales de lectura. l me dio, escrita a mquina, la carta a Carlos Quijano conocida como El socialismo y el hombre en Cuba; yo a l, mi ensayo Mart en su (tercer) mundo, que no haca mucho haba publicado la revista Cuba Socialista. Tras leer su carta, le expres mi acuerdo con lo esencial del texto, pero tambin algunas discrepancias, y el Che me inst a hacerlas pblicas. Le respond, con palabras ms rudas pero equivalentes, que no crea que nadie en Cuba se atreviera a editar mis discrepancias con el hroe de Santa Clara (as se conoca entones, por antonomasia, al Che). Yo, me respondi. Record cmo le interesaba polemizar: incluso haba creado una revista en su Ministerio de Industrias con ese solo fin. Muchos aos ms tarde, gracias al libro del compaero Orlando Borrego Che, el camino del fuego (La Habana, Ediciones Imagen Contempornea, 2001), conoc ms sobre esa actitud suya. Cuando Borrego nos autoriz a publicar en la revista Casa de las Amricas (No. 223, abril-junio de 2001), tomada de ese libro, la carta a la amiga Sol Arguedas escrita por Borrego, pero con aadidos fundamentales del Che, por lo que en la revista aparecieron ambos como autores de una carta que titulamos Respuesta a Dnde est el Che Guevara?, se pudo leer de puo y letra del Che: si se negara el derecho a disentir en los mtodos de construccin (lucha ideolgica) a los propios revolucionarios se crearan las condiciones para el dogmatismo ms cerril. Debemos convenir en que los criterios opuestos sobre mtodos de construccin son el reflejo de actitudes mentales que pueden ser muy divergentes en ese punto, pero plantendose honestamente el mismo fin. A tales puntos de vista me acojo para leer en pblico por vez primera, hoy 4 de junio de 2003, al inicio del homenaje que se rinde al Che con motivo del 75 aniversario de su natalicio, la carta que sigue, y de la cual di a conocer copia a la compaera Aleida March. En su momento se la mand, con destino al Che, a su secretario, el compaero Manresa, junto con un poema mo donde, de alguna forma, prosegua mi dilogo con el Che, esta vez centrndome en la tesis de que en las pocas de transicin como la que atravesbamos y atravesamos y que tanto preocupaba al Che, vivimos hombres de transicin. En el ttulo original, el poema mencionaba al comandante Guevara, pero al cabo, por razones que espero comprensibles, en vez del nombre del Che, puse el de un poeta cubano entonces todava injustamente casi olvidado, Jos Zacaras Tallet, quien haba escrito el notable poema Proclama, que justificaba involucrarlo en mis versos.

 

El envo result en vano. El Che, a quien ya me haba dirigido tambin en vano solicitndole colaboracin para la revista Casa de las Amricas, se haba marchado de Cuba, lo que yo ignoraba, a pelear en otras tierras del mundo. A su magnfica memoria dedico esta lectura de lo que, desgraciadamente, result un dilogo inconcluso.

 

* * *

 

La Habana, 14 de mayo de 1965

Ao de la Agricultura

 

Comandante Ernesto Che Guevara,

Ciudad.

 

Compaero comandante:

 

Tal como le promet cuando me dio usted la oportunidad de leer por vez primera su carta a Carlos Quijano, el director del semanario Marcha, le estoy expresando por escrito algunas opiniones sobre ese trabajo, de tanta importancia para nosotros.

 

En primer lugar, le ratifico mi acuerdo con la gran mayora de las cosas que usted dice all. En algunos casos, ese acuerdo es todava mayor ahora, lo que quiz se deba a que esta nueva vez no le el trabajo en un avin ni en un hotel de aeropuerto, sino en el campo, en el momento de reposo que tenamos al medioda los compaeros de la Escuela de Letras y Arte que habamos ido a cortar caa por dos semanas. Pero sobre esos acuerdos no es necesario insistirle: primero, porque sera redundante; y adems, porque es poco lo que s sobre muchas de esas cuestiones. Desde luego, no es fcil separar tajantemente unos temas de otros, y en algn punto es probable que roce zonas lmites.

 

Le dije entonces que usted es de los primeros en abordar con criterio marxista militante ciertos problemas de lo que en la jerga de los filsofos se llama antropologa filosfica. Con gusto me extendera sobre ello. Pero, por las razones apuntadas, voy rpido a lo que, profesionalmente, me atae ms en su trabajo; a lo nico sobre lo que tengo un conocimiento y sobre todo una experiencia un poco por encima de lo normal; y adems, a la nica verdadera discrepancia: me refiero a algunas observaciones sobre el arte y los artistas en Cuba.

 

Usted ha dicho con respecto a los problemas artsticos, cosas que representan positivos pasos de avance. Pienso, por ejemplo, en su enjuiciamiento de lo que ha sido llamado realismo socialista, resultado, afirma usted, de un dogmatismo exagerado. Nosotros hemos eludido, aade, ese error, el del mecanicismo realista, pero hemos cometido otro de signo contrario: y ello, por no haber comprendido la necesidad de la creacin del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo xix, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. Y ms adelante: La reaccin contra el hombre del siglo xix nos ha trado la reincidencia en el decadentismo del siglo xx. Ahora bien: la rpida identificacin del siglo xx con la decadencia no es enteramente correcta. Cuando en 1948 surgi la ciberntica en los Estados Unidos, en la Unin Sovitica se apresuraron a fulminarla, ya que proviniendo del capitalismo, que no era sino pura decadencia, ella no poda ser a su vez sino un producto decadente. Hoy, la ciberntica est hasta en la sopa en la Unin Sovitica, como en todos los pases desarrollados del mundo. No podemos tomar nuestros deseos por realidades, ni dejar de reconocer el carcter complejo y contradictorio de un sistema que marcha hacia su ruina, pero en cuyo seno hay ya, como no puede menos de ser, grmenes del futuro. De dnde saldra el futuro, si no? El futuro no sale de s mismo, sino del presente. Ocurre algo relativamente similar en cuanto al arte, que no hay que separar exageradamente de la ciencia, aunque a nadie escapan las diferencias evidentes, sino, por el contrario, ver en algunos aspectos en relacin con ella, como en lo tocante a la amplitud de bsqueda y experimentacin que ambos requieren. Hay decadencia, por supuesto, pero no todo es decadencia. Concretamente, hay que separar lo que en el arte producido en el seno de las sociedades capitalistas es decadencia, de lo que es vanguardia. Esto es lo que nos ha sealado un pensador marxista italiano, Mario de Michelli, en su libro de 1959 Las vanguardias artsticas del siglo xx que sera muy interesante dar a conocer a nuestro pueblo, como hicimos con el libro de Fischer La necesidad de arte:

 

Esta es la situacin que da origen a gran parte de la vanguardia artstica europea: al abandonar el terreno de su propia clase, y al no encontrar otro en el cual trasplantar sus races, los artistas de la vanguardia se transforman en desarraigados. Sin embargo, mezclar en un juicio apresurado esos artistas con el decadentismo verdadero, sera un error. Desde luego, no son pocas las experiencias del vanguardismo que coinciden seriamente con las del decadentismo, o forman parte de l; pero existe en la vanguardia un espritu revolucionario (que es su espritu verdadero) que de ningn modo se puede liquidar tan apresuradamente. La existencia de este espritu se hace evidente cada vez que un verdadero artista de la vanguardia encuentra con las races un terreno histrico nuevamente favorable; o sea, un terreno capaz de devolverle la seguridad de que la nica salvacin consiste en la presencia activa dentro de la realidad, y no en la evasin.

 

Si no comprendemos esta distincin entre lo que es decadencia, seal de cosa moribunda, y lo que es vanguardia, obra de rebelda y acaso anuncio parcial del porvenir, no nos ser dable explicarnos que muchos la mayora de los artistas de vanguardia, estticamente hablando, sean tambin de vanguardia en el orden poltico: pienso, por ejemplo, en el mayor pintor del siglo, Pablo Picasso, cuya evolucin artstica, poltica, humana en general, es ejemplar: su actitud favorable al arte africano, cuando joven, implicaba ya una censura al colonialismo, que en sus salones oficiales mostraba un arte convencional, mientras a nombre del fardo del hombre blanco oprima a pueblos capaces de crear belleza, y de influir sobre los propios pases capitalistas en su plstica y en su msica. Ese mismo Pablo Picasso pintara despus el impresionante Guernica con los instrumentos que la vanguardia puso en su mano; y adherira finalmente al Partido comunista, no como una rectificacin, sino como una culminacin de su vida de rebelda y creacin. De rechazar los mdulos estticos de la burguesa decadente, a denunciar con energa en su obra el crimen nazifascista en Espaa, y militar luego en el partido de vanguardia de la clase obrera, la lnea es una. Otro tanto puede decirse de los poetas mayores que el continente latinoamericano haya dado en este siglo: Csar Vallejo y Pablo Neruda, para acercarnos a una rbita ms nuestra. Y en los propios pases socialistas, no han estado artistas provenientes de la vanguardia entre los ms altos creadores que haya ofrecido ese mundo? De la vanguardia provenan Mayacovski, Eisenstein, Meyerhold, los constructivistas, la plyade magnfica que asombr al mundo a raz de la gran Revolucin de Octubre en Rusia. Slo las amargas vicisitudes que vivira despus su patria, nica y heroica nacin socialista durante largos y duros aos, y ese dogmatismo exagerado que en su aislamiento segreg el pas, y sobre el que ha hablado usted, pudieron dar al traste con ese movimiento y por cierto que tambin con la vida de algunos de sus protagonistas. Alguien tan poco sospechoso de desviaciones procapitalistas como Stalin, fue quien calific a Mayacovski de primer poeta de la era sovitica. Y Mayacovski es un representante ejemplar de artista de vanguardia, en el orden esttico, al servicio de la revolucin. Por su parte, la Repblica Democrtica Alemana tuvo el privilegio de contar con el dramaturgo ms creador de nuestros aos: Bertolt Brecht. Jams abjur Brecht de la vanguardia artstica que l encarn admirablemente. Volvi a su patria en el momento de la construccin del socialismo, y su obra, su ejemplo, su tradicin revolucionaria son celosamente mantenidos all.

 

Todo verdadero artista de vanguardia, lejos de identificarse con la decadencia del mundo capitalista, rechaza ese mundo podrido, con sus crmenes, sus convenciones, su codicia, su hipocresa. Incluso el arte de aquellos artistas de vanguardia cuyo desarrollo poltico no est al mismo nivel que su desarrollo esttico, ayuda a combatir al mundo de ayer y desgraciadamente, en parte de hoy y anuncia, en forma que no podemos prever, algo del mundo y del arte de maana. Pero, desde luego, no hay que engaarse sobre este ltimo: el arte de maana lo harn los hombres de maana. Si nosotros les hacemos su arte, qu es lo que van a hacer ellos? El siglo xxi har el arte del siglo xxi. Nosotros, el de nuestro siglo. Y si ese arte nuestro, necesariamente de trnsito, rechaza lo que hay que rechazar y anuncia lo que hay que anunciar, los hombres de maana encontrarn en l alguna utilidad y alguna belleza. Pero harn otro arte, por supuesto.

 

Me he extendido sobre estas generalidades, porque nos ataen. Lo que usted llama nuestra reincidencia en el decadentismo del siglo xx no es tal: muchos de nosotros tambin rechazamos el decadentismo, pero no podemos dejar de admirar la vanguardia: sabemos que ella es el pasado, pero tambin sabemos que de ella est saliendo ya, al contacto con la gran realidad presente, el arte nuevo. En la medida en que nuestro arte haya podido formar parte de eso que se llama vanguardia, no podemos sino asentir cuando leemos en De Michelli (y perdneme que lo cite por segunda vez, subrayando algunas lneas):

 

Desde luego, no son pocas las experiencias del vanguardismo que coinciden necesariamente con las del decadentismo, o forman parte de l; pero existe en la vanguardia un espritu revolucionario (que es su espritu verdadero) que de ningn modo se puede liquidar tan apresuradamente. La existencia de este espritu se hace evidente cada vez que un verdadero artista de la vanguardia encuentra con las races un terreno histrico nuevamente favorable; o sea, un terreno capaz de devolverle la seguridad de que la nica salvacin consiste en la presencia activa dentro de la realidad, y no en la evasin.

 

Cmo no reconocer esto no hablo del aspecto cualitativo, sino de la direccin, del sesgo general, en muchos (o al menos en algunos) de los nuevos narradores, los nuevos poetas, los nuevos dramaturgos, los nuevos cineastas, los nuevos dibujantes, los nuevos artistas de la Cuba nueva?

 

Cuando usted aborda la situacin especfica de Cuba en este aspecto, comienza por afirmar que la desorientacin es grande (lo que no creo que sea aplicable slo a Cuba, ni slo al arte en Cuba, donde en todos los rdenes se busca, se experimenta, de acuerdo con ese mtodo con que trabaja la naturaleza y a veces la misma historia, y que es llamado ensayo y error). Despus aade que no hay artistas de gran autoridad que a su vez tengan gran autoridad revolucionaria. Supongo que esos artistas de gran autoridad sean aquellos que disfrutan de reconocimiento mundial por la calidad de su obra, en verdad magnfica. En otras palabras: se trata de Alejo Carpentier, Nicols Guilln, Ren Portocarrero, para mencionar a unos cuantos, provenientes todos, desde luego, de la vanguardia. Por lo menos habra dos cosas que decir sobre ellos. En primer lugar, que cualquiera de ellos podra vivir cmodamente fuera del pas: si no lo hacen, si incluso varios han venido a residir aqu, es porque se sienten plenamente identificados con nuestra revolucin (en la teora y en la prctica), cuyas alegras y cuyos riesgos comparten. Por otra parte, la edad promedio de estos compaeros est entre cincuenta y sesenta aos. Es esa la edad promedio de los compaeros de gobierno? Evidentemente, no. Es menester ver a esos compatriotas que disfrutan de gran autoridad artstica como clsicos vivientes ms bien que como hombres que vayan a actuar dinmicamente en este momento; a pesar de lo cual, lo hacen, contribuyendo en alguna medida a orientar nuestra vida cultural.

 

Pero al ir a considerar a la generacin actual la que es coetnea de los compaeros del gobierno, la situacin, segn usted, es ms grave. Lo nico que puede hacerse con ella es impedir que... dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas generaciones. Al principio del prrafo, usted haba dicho que la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original: no son autnticamente revolucionarios. He subrayado la palabra muchos, la cual haca esperar que junto a ellos haba otros que s eran autnticos revolucionarios. Pero ms adelante, ya se ha pasado a una generalizacin que acaba por englobar a toda la generacin actual.

 

Es eso as, Comandante? Es decir, es cierto que 1) La nueva generacin de escritores y artistas tiene un pecado original. 2) Ese pecado original consiste en que no es autnticamente revolucionaria. 3) La nica tarea que los compaeros del gobierno pueden realizar con esa generacin es de naturaleza negativa: impedir que esa generacin, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las generaciones ms jvenes?

 

Vamos por parte: en primer lugar, hemos entrado en el difcil terreno de las metforas, donde no siempre es posible saber lo que quieren decir rectamente las palabras, o lo que el autor quiere que ellas digan. El pecado original, como concepto, proviene de la tradicin judeocristiana, e implica una tara de la cual no es responsable aquel que la sufre, y que nunca podr ya quitarse de encima. No le parece a usted que para un revolucionario marxista no hay pecado original alguno, y que el hombre, en primer lugar, es responsable slo de sus actos, y en segundo lugar, puede con esos actos modificar ciertas condiciones, revolucionar lo exterior y revolucionarse l mismo? No estamos condenados de antemano, como crean los calvinistas. Podemos transformarnos, hacernos otros, mejores. No lo ha hecho el pueblo de Cuba? No somos nosotros parte de ese pueblo? Una segunda metfora viene a asestarnos nuevo golpe, y a quitarnos toda esperanza: pretender tales cambios en nuestra generacin (es decir: en los intelectuales y artistas que vendran as a ser quiz los nicos que no pueden aspirar a cambiar en este pas) es intentar injertar el olmo para que d peras. La metfora proviene esta vez del refranero castellano, y si la entiendo bien quiere decir proponerse un imposible, ya que nunca un olmo ha dado peras.

 

Aqu pasamos al segundo punto: ese pecado original consiste en que muchos escritores y artistas cubanos entre los que luego se encuentra, sorpresivamente, toda la generacin actual, sin excepcin alguna no son autnticamente revolucionarios. Cuando le la primera parte, asent: en efecto, muchos escritores y artistas cubanos no son autnticamente revolucionarios, y esto ha dado lugar a no pocas confusiones. Por cierto que esto les es aplicable a todas las actividades y profesiones del pas: muchos de los que las practican no son autnticamente revolucionarios. Sin embargo, he insistido en otras publicaciones, de aqu y del extranjero (precisamente en Marcha, por ejemplo), en que, en cuanto profesionales, el caso de los escritores y artistas dista mucho de ser el ms grave en este sentido: comparativamente, se han ido de Cuba muchos ms mdicos, ingenieros, abogados, profesores, etc., que escritores y artistas. En cuanto a los que han quedado en el pas, claro que puede decirse de unos y otros que muchos no son autnticamente revolucionarios; pero tambin que otros s, o al menos que aspiran sinceramente a serlo.

 

Al principio, deca, asent. Cuando vi la alusin ensancharse hasta abarcar a toda la generacin actual, sin distincin alguna, ya no pude asentir. De compaeros que han fundido sus vidas personales con la de la revolucin, y quieren correr su propio destino; de compaeros que estuvieron, como milicianos, donde se les orden estar cuando Playa Girn y cuando la Crisis de Octubre; de compaeros que sirven no slo con su trabajo artstico, sino con otros trabajos, a la construccin del socialismo (cuando muchas veces podran recluirse en sus casas slo para escribir ficcin o pintar); de compaeros que han ido con satisfaccin al trabajo voluntario; de compaeros muchos de los cuales podran tambin vivir cmodamente fuera, y han preferido y preferirn siempre vivir en su patria revolucionaria; de compaeros cuya obra intelectual y artstica, por su inquebrantable voluntad de servir con ella a la revolucin, es presentada a veces por enemigos, y hasta por amigos tibios, como simple repeticin de consignas que en realidad son experiencias que han vivido y viven entraablemente; de compaeros que sienten orgullo en militar en las filas de la revolucin cubana, que ellos creen tener el derecho de llamar tambin nuestra revolucin: de esos compaeros, comandante Guevara, puede decirse algo ms que ese no son autnticamente revolucionarios. Por ejemplo: puede decirse que aspiran a ser autnticamente revolucionarios. Es decir, lo que se dice de nuestro pueblo todo, del que formamos parte con entusiasmo.

 

Que nos queda mucho, muchsimo por hacer? Quin puede dudarlo? Que entre aspirar a ser autnticamente revolucionario y serlo de veras media un espacio grande? Bien lo sabemos. Que los escritores y artistas que vengan despus, formados ya enteramente por la revolucin, deben ser mejores? Si as no fuera, la vida no valdra la pena de ser vivida; la revolucin no valdra la pena de ser hecha. Mis hijos deben ser mejores que yo; los suyos, mejores que usted. Y no slo en cuestiones de arte. Pero eso, slo si nosotros hacemos nuestra tarea. Y nuestra tarea, en todos los rdenes, slo podemos hacerla nosotros, no pueden hacrnosla otros. No podemos cruzarnos de brazos (o quedar histricamente engavetados o sobrellevados) porque los que vengan luego van a ser mejores, ya que entonces los que vengan luego sern peores.

 

Que hay muchos conflictos en nosotros? Por supuesto. Los hay en todo el pueblo de Cuba. No puede ser de otra manera. En sicologa, usted lo sabe mejor que yo, se llama conflicto ms o menos a lo que en otras disciplinas sociales se llama contradiccin. Quin negar que hay contradicciones en Cuba? Quin negar que hay conflictos en nosotros? La contradiccin es el motor de la vida histrica tanto como de la vida personal. Frantz Fanon, que adems de gran terico de nuestros pueblos era siquiatra, y que usted conoce quiz mejor que nadie en Cuba, escribi: El conflicto no es sino el resultado de la evolucin dinmica de la personalidad. Aunque es indudable que en algunos casos esos conflictos llevan a resultados catastrficos, no pueden ser vistos otros en sentido positivo, como testimonios de esa evolucin dinmica, y de la insercin en la vasta problemtica de nuestra revolucin? Los que estn de espaldas a ella, los que se niegan a esa experiencia dramtica, hermosa, cancelan o sustituyen esos conflictos: slo los que la viven entraablemente los conocen. Intentar prescindir de ellos no puede sino llevar a esa falsa evaporacin de conflictos que se dio en el realismo socialista, y cuyos resultados negativos usted ha censurado lcidamente. Por qu esperar en nuestros artistas una actitud cuyas consecuencias lamentable se han rechazado en otros artistas? Las contradicciones existen, los conflictos existen, y no pueden ni deben ser evadidos. Hasta ahora, lejos de pervertir a todos nuestros artistas jvenes, lo que en realidad sera inconcebible, han ido llevando al grupo ms original, creador y valioso, a una fusin de obra y vida con la revolucin. Su enjuiciamiento severo, vlido sin duda para una parte, no puede ser extendido a todos, como es natural. Vea usted lo que de algunos de ellos ha dicho ngel Rama, el crtico de Marcha, publicacin que ha de merecerle respeto, pues a ella envi usted su trabajo:

 

A ellos les ha correspondido una tarea de transformacin potica de las ms difciles y considerables: descubrir, con un instrumento culto y afinadsimo, las nuevas zonas de la multitudinaria vida cubana, pasar de una lrica subjetiva a una lrica que engrane hombre privado y vida revolucionaria en un solo trazo creador. Un poco la experiencia de los futuristas rusos, en particular de Mayacovski, y que, por hacerse por primera vez en espaol, tiene una enorme importancia, y es, por muchos conceptos, una experiencia que toca a la Amrica inminente. [Se trata de poetas] cuya honestidad artstica y cuya devocin a la causa revolucionaria son innegables, y que por lo mismo son excelentes testigos de los cambios de una lrica renovada.

 

Y Enrique Anderson Imbert, el mejor historiador viviente de la literatura hispanoamericana, y un amigo de nuestra revolucin, escribi:

 

En Cuba, la revolucin de Fidel Castro y la implantacin de un rgimen de tipo comunista cre, entre los poetas, un nimo nuevo. Aun aquellos que antes de la revolucin se haban distinguido por la finura de su lirismo personal, ahora aprendieron a cantar los temas de la colectividad, sintindose parte del radicalsimo experimento poltico.

 

Yo dira que los espritus ms alertas y revolucionarios del mundo entero han sabido reconocer esto, as como la importancia de la gran libertad concreta de creacin que hay en Cuba, sin que vayamos ahora a pretender de golpe una densidad cultural comparable a la de un pas desarrollado.

 

La viceburguesa cubana ech a un lado, como trastos, a nuestros escritores y artistas. Nuestra revolucin ha hecho de sus escritores y artistas hombres integrados al proceso histrico, lo que no puede sino llenarnos de alegra y responsabilidad. En vez de considerarnos olmos estriles para siempre, nos ha considerado trabajadores de la patria socialista. Como todos los trabajadores, tenemos todava mucho que aprender, mucho que hacer, mucho que mejorar. Estamos dispuestos a ello y claro que no hablo slo por m, aunque tampoco pueda hacerlo por todos. Eso supone proponerse (y proponernos) metas positivas, no slo negativas, en ese orden.

 

Usted dir que he escrito muchas pginas para comentar unas cuantas frases. Es cierto: pero ello es un testimonio de la importancia que tienen para nosotros no slo su vida sino tambin su pensamiento; si es que cabe separarlos, que no lo creo. No suelo prodigar elogios ni usted suele tolerarlos, pero todo cuanto usted hace nos merece la mayor atencin. Su trabajo se ha propuesto una tarea esencial: contribuir a hacer ms inteligibles los logros y las metas de nuestra revolucin, los cuales, por remitir a una sociedad nueva, remiten sobre todo a un hombre nuevo. Creo que el mejor modo de demostrar el inters que tiene para nosotros su empeo es comentarlo, repensarlo, conversarlo, incluso cuando no estemos enteramente de acuerdo en algn punto, como ha sido aqu el caso. Adems, le haba prometido estas lneas. Ojal no hayan sido demasiadas.

 

Reciba tambin nuestro saludo, si usted me lo permite, como un apretn de manos o un Ave Mara Pursima.

 

Patria o Muerte.

 

Roberto Fernndez Retamar

 




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