Portada :: Ecologa social
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2008

El legado txico del Pentgono
Qu tiene tu agua?

Jeffrey St. Clair y Joshua Frank
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


El mayor contaminador de EE.UU. no es una corporacin. Es el Pentgono. Cada ao el Departamento de Defensa produce ms de 750.000 toneladas de desechos peligrosos ms que las tres mayores compaas qumicos en conjunto.

A pesar de todo, gran parte de las fuerzas armadas sigue exenta del cumplimiento con la mayora de las leyes medioambientales federales y estatales y la Agencia de Proteccin Ambiental de Estados Unidos (EPA), el socio en el crimen del Pentgono, trabaja duro para que no cambie la situacin. Durante las ltimas cinco dcadas el gobierno federal, los contratistas de la defensa y la industria qumica han unido sus fuerzas para bloquear protecciones de la salud pblica contre el perclorato, un componente del combustible para cohetes del que se ha mostrado que afecta el crecimiento y el progreso mental de nios al hacer estragos en la funcin de la glndula tiroides, que regula el desarrollo del cerebro.

El perclorato, sales derivadas del cido perclrico, se ha estado filtrando de literalmente cientos de plantas de la defensa y de instalaciones militares en todo EE.UU. La EPA ha informado que el perclorato est presente en suministros de agua potable y de agua subterrnea en 35 Estados. El Centro de Control de Enfermedades y estudios independientes tambin han mostrado de modo abrumador que el perclorato existe en los suministros de alimentos, la leche de vaca, la leche humana. Como resultado, todo estadounidense tiene un cierto nivel de perclorato en su cuerpo.

Actualmente slo dos Estados, California y Massachusetts, han fijado un mximo permisible de nivel de contaminante para el perclorato en el agua potable. Pero la EPA no sigue la iniciativa de estos Estados. En el ro Colorado, que suministra agua para ms de 20 millones de personas, los niveles de perclorato son elevados. El perclorato prevalece sobre todo en el Sudoeste y en California como resultado de la gran cantidad de operaciones militares y de contratistas de la defensa en la regin.

En 2001, la EPA estim que la responsabilidad econmica total para la limpieza de instalaciones militares txicas excedera 350.000 millones de dlares, o sea cinco veces la responsabilidad econmica de la Ley Superfund para la industria privada. Pero el gobierno federal ha sido complaciente y ha permitido que el perclorato corra sin control por los suministros de agua de EE.UU. Esta negligencia y la falta de supervisin reguladora ha dejado libres al Pentgono, a la NASA y a los contratistas de la defensa para que fijen sus propios niveles, reduciendo los elevados, pero necesarios, costos para restaurar las aguas subterrneas.

Aunque la situacin se ha hecho calamitosa en los ltimos aos, fue el gobierno de Clinton el que no hizo lo suficiente, ni de lejos, para comenzar a limpiar esas instalaciones y ciertamente no mantuvo un control estrecho sobre cmo el Pentgono gastaba el dinero que recibi. Durante los aos noventa, el Departamento de Defensa gast slo 3.500 millones de dlares al ao en la limpieza de instalaciones militares txicas gran parte de ello en estudios, no trabajo real. En 1998, la Junta Revisora de la Ciencia en la Defensa [Defense Science Review Board], un comit federal asesor establecido para suministrar asesora independiente al secretario de defensa, consider el problema y concluy que el Pentgono no tena una poltica de limpieza medioambiental clara, objetivos o programa, lo que condujo al abogado Jonathan Turley, que tiene la Ctedra Shapiro de Derecho de Inters Pblico en la Universidad George Washington, a calificar al Pentgono del primer rufin medioambiental de la nacin.

Si pueden gastar un milln de dlares en un misil crucero, parece bastante ridculo que no estn dispuestos a gastar 200.000 dlares para ver si nuestros alimentos estn contaminados con combustible para cohetes, dice Renee Sharp, analista en el Grupo de Trabajo Medioambiental [Environmental Working Group]. Pero si el programa de Clinton fue lamentable, el plan de Bush ha sido categricamente mezquino.

Mientras Bush increment los gastos generales del Pentgono en miles de millones de dlares, el gobierno ha recortado simultneamente su programa de remedio del medio ambiente. Adems, el plan de defensa de Bush ha demandado nuevas series de cierres de bases para conformar ms eficientemente a las fuerzas armadas. La eficiencia es usualmente una palabra que oculta como se esquivan las reglas ecolgicas.

Estas instalaciones militares, que en total tienen ms de 20 millones de hectreas, forman parte de los legados ms insidiosos y peligrosos dejados por el Pentgono. Estn llenas de fragmentos txicos de bombas, municin sin estallar, desechos peligrosos bajo tierra, vertederos de combustible, fosos abiertos repletos de escombros, residuos de quemas y s: combustible de cohetes. Un memorando interno de la EPA de 1998 advirti del amenazador problema: Si se mide por hectreas, y probablemente si se mide por la cantidad de instalaciones, los campos de tiro y las municiones enterradas representan el mayor programa de limpieza en EE.UU.

Cuando una instalacin llega a contaminarse demasiado, el Pentgono prefiere simplemente clausurarla y entregarla a otra agencia federal. Durante las tres ltimas dcadas, el Pentgono ha transferido ms de 6.500.000 hectreas, a menudo con poco o ningn remedio. Las antiguas reas de bombardeo han sido convertidas en refugios silvestres, parques urbanos y estatales, campos de golf, basureros, aeropuertos y centros comerciales.

La grave contaminacin de ros, suelos y del agua subterrnea es un problema en casi cada campo de entrenamiento militar. Los sitios estn frecuentemente saturados de metales pesados y de otros contaminantes as como de armas sin estallar. La lista de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de municiones no estalladas abandonadas en muchos sitios de entrenamiento se lee como un catlogo para un rico depsito de armas en Oriente Prximo: granadas de mano, cohetes, misiles teleguiados, proyectiles, morteros, granadas para rifles, y bombas.

Pero el gobierno ha hecho todo lo posible por encubrir su legado letal. En 2002 el Pentgono, los contratistas de la defensa y los fabricantes de perclorato persuadieron a los editores de una prestigiosa revista para que reescribieran un artculo sobre los efectos para la salud del producto qumico sin la autorizacin o el consentimiento del autor. Luego, en 2005, la Casa Blanca llen un panel de la Academia Nacional de Ciencias, que fue establecido para evaluar los riesgos para la salud del perclorato, con consultores pagados por la industria del combustible para cohetes, quienes, lo que no sorprende, recomendaron que los niveles de exposicin fueran fijados a muchas veces por sobre las dosis ms bajas recomendadas por numerosos estudios independientes de investigacin.

El perclorato suministra un ejemplo clsico de un sistema corrupto de proteccin de la salud, en el que contaminadores, el Pentgono, la Casa Blanca y la EPA han conspirado para bloquear protecciones sanitarias a fin de proteger los presupuestos, tratar de ganar favores polticos, y resguardar los beneficios corporativos, dijo Richard Wiles, Director Ejecutivo del Grupo de Trabajo Medioambiental, al Comit del Medio Ambiente y de Obras Pblicas del Senado el 7 de mayo, durante una audiencia realizada por la presidenta del comit, Barbara Boxer (demcrata de California), quien propugna estndares nacionales de seguridad para el perclorato en el agua potable.

Todas las piezas requeridas para apoyar protecciones fuertes de la salud estn en su sitio, dijo Wiles. Es una pesadilla de proporciones picas que el Departamento de Defensa y sus contratistas, hayan gastado 50 aos y millones de dlares tratando de evitarlas, en lugar de encararlas de frente.

---------

Jeffrey St. Clair es autor de Been Brown So Long It Looked Like Green to Me: the Politics of Nature and Grand Theft Pentagon. Su libro ms reciente: Born Under a Bad Sky, ser publicado esta primavera. Para contactos escriba a: [email protected]

Joshua Frank es autor de Left Out! (Common Courage Press) y co-editor, con Jeffrey St. Clair, de: Red State Rebels: Tales of Grassroots Resistance in the Heartland (AK Press).

http://www.counterpunch.org/stclair05122008.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter