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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2008

Amrica Latina
Ataque a la democracia

John Pilger
New Statesman

Traducido por Chelo Ramos


Ms all del ruido y la furia de su conquista de Iraq y de la campaa en contra de Irn, la potencia dominante est librando una guerra poco mencionada en otro continente: Amrica Latina. A travs de testaferros, Washington pretende restaurar y reforzar el control poltico de un grupo privilegiado que se autodenomina clase media, para as endosarles a otros la responsabilidad del gobierno sictico de Colombia y sus mafiosos por las masacres y el trfico de drogas, y extinguir las esperanzas que los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia han hecho nacer entre las masas empobrecidas de Amrica Latina.

En Colombia, el principal campo de batalla, la naturaleza de clase de la guerra es distorsionada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuyo uso del secuestro y el negocio de las drogas sirve de instrumento para desprestigiar a quienes han honrado la historia pica de rebeliones de Amrica Latina, al oponerse al rgimen protofascista de George W. Bush. No se puede responder al terror con ms terror, dijo el presidente Hugo Chvez cuando los aviones de USA asesinaron a miles de civiles en Afganistn despus de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Desde entonces est sentenciado. Pero como todas las encuestas han demostrado, hablaba por la gran mayora de los seres humanos que han entendido que la guerra contra el terror es una cruzada de dominacin. Prcticamente solo entre los lderes nacionales que se enfrentaron a Bush, Chvez fue declarado enemigo, y sus planes de poner en marcha una democracia social independiente de USA, como una amenaza al dominio de Washington sobre Amrica Latina. Todava peor, escribi James Petras, especialista en Amrica Latina, las polticas nacionalistas de Chvez representaban una alternativa en Amrica Latina en esa poca (2000-2003), cuando las insurrecciones y levantamientos populares y el colapso de los gobernantes pro USA (Argentina, Ecuador y Bolivia) aparecan constantemente en las primeras pginas de los diarios.

Es imposible desestimar la amenaza que las clases medias de pases que tienen abundancia de privilegios y de pobreza perciben en esta alternativa. En Venezuela, sus grotescas fantasas de hallarse bajo la frula de un brutal dictador comunista, para citar a Petras, recuerdan la paranoia de la poblacin blanca que apoyaba el rgimen del apartheid en Sudfrica. Como en Sudfrica, el racismo abunda en Venezuela, donde a los pobres se les ignora, se les desprecia o se les menosprecia; en Caracas se refieren peyorativamente a Chvez, que es mestizo, como el mono. Estos insultos necios provienen no slo de los muy ricos, protegidos por sus altas paredes en urbanizaciones llamadas Country Club, sino de quienes aspiran a serlo: gerentes medios, periodistas, relacionistas pblicos, artistas, educadores y otros profesionales que se identifican con todo lo que tenga que ver con USA. Los periodistas de radio, televisin y medios impresos han desempeado un papel crucial, como lo reconoci uno de los generales que intent derrocar a Chvez en 2002. Nosotros tenamos un arma poderosa en nuestras manos: los medios, dijo, sin ellos no habramos podido hacerlo.

Muchas de estas personas se consideran liberales y tienen fcil acceso a periodistas extranjeros que se califican como izquierdistas. Esto no es sorpresa. Cuando Chvez fue elegido por primera vez en 1998, Venezuela no era una de las tiranas arquetpicas de Amrica Latina, sino una democracia liberal que disfrutaba de ciertas libertades, manejada por y para una elite que haba saqueado la riqueza petrolera y dejado las migajas para los millones de invisibles en los barrios. Los dos principales partidos haban celebrado un acuerdo, conocido como Pacto de Punto Fijo, similar a la convergencia de los laboristas y los conservadores en Gran Bretaa, y de los republicanos y los demcratas en USA. Para ellos, la idea de soberana popular era y sigue siendo anatema. Examinemos, por ejemplo. la educacin superior. En la elitista Universidad Central de Venezuela, institucin pblica financiada con fondos pblicos, ms del 90 por ciento de los estudiantes provienen de las clases alta y media. Estos y otros estudiantes de las elites han sido infiltrados por grupos relacionados con la CIA y han recibido grandes elogios de liberales extranjeros por defender sus privilegios.

Con Colombia en la primera lnea del frente, Chvez es el principal blanco de la guerra contra la democracia en Amrica, y no es difcil entender por qu. Una de las primeras medidas que tom Chvez fue revitalizar la OPEP y lograr que el petrleo alcanzara precios rcord, pero al mismo tiempo redujo el precio para los pases ms pobres del Caribe y Amrica Central, us la nueva riqueza de Venezuela para pagar deuda, especialmente la de Argentina, y expuls al Fondo Monetario Internacional de un continente al que haba tenido sometido. Ha logrado disminuir la pobreza a la mitad y aumentar el PIB de manera espectacular. Pero sobre todo, le ha dado a los pobres la confianza necesaria para creer que sus vidas mejorarn.

Lo irnico de todo esto es que, al contrario de Fidel Castro en Cuba, Chvez no representaba una verdadera amenaza para los ricos, que se han enriquecido an ms durante su gobierno. Lo que ha hecho ha sido demostrar que una democracia social puede prosperar y extender los beneficios de la asistencia social a su poblacin pobre, sin los extremos del neoliberalismo, una nocin muy poco radical que el Partido Laborista britnico adopt en una poca. Muchos venezolanos de a pie que no votaron en el referendo constitucional del ao pasado, lo hicieron como protesta porque una democracia social moderada no es suficiente mientras los burcratas sigan siendo corruptos y las cloacas se desborden.

Al otro lado de la frontera, USA ha convertido a Colombia, el vecino de Venezuela, en el Israel de Amrica Latina. Al amparo del Plan Colombia, se han puesto ms de 6 mil millones de dlares en armas, aviones, fuerzas especiales, mercenarios y logstica, en las manos de algunos de los peores asesinos que habitan la tierra: los herederos del Chile de Pinochet y de las otras juntas militares que aterrorizaron a Amrica Latina durante una generacin, y sus muchas gestapos entrenadas en la Escuela de las Amricas de Georgia. No solo los enseamos a torturar me dijo un ex instructor usamericano, los enseamos a matar, asesinar, eliminar. Eso sigue siendo cierto en Colombia, donde organizaciones como Amnista Internacional, Human Rights Watch y muchas otras han comprobado la existencia de terrorismo inspirado por el estado. En un estudio de 31.656 asesinatos extrajudiciales y desapariciones forzosas ocurridos entre 1996 y 2006, la Comisin Colombiana de Juristas determin que el 46% haba sido asesinado por los escuadrones de la muerte de derecha y el 14% por las FARC. Los paramilitares son responsables por la mayora de los tres millones de desplazados internos. La miseria es el producto de la supuesta guerra contra las drogas, cuyo propsito real es eliminar a las FARC. A ese objetivo se ha agregado ahora una guerra de desgaste contra las nuevas democracias populares, especialmente contra Venezuela.

Fuerzas especiales de USA asesoran al ejrcito colombiano para que cruce la frontera, asesine y secuestre ciudadanos venezolanos e infiltre paramilitares en ese pas, para de esta forma someter a prueba la lealtad de la Fuerza Armada venezolana. Lo mismo que hizo la CIA con la Contra en Honduras en la dcada de 1980 para derrocar el gobierno reformista de Nicaragua. La derrota de las FARC se ve ahora como el preludio de un ataque frontal contra Venezuela, si las elites venezolanas, alentadas por la muy estrecha victoria que obtuvieron en el referendo el ao pasado, amplan su base en las elecciones de gobernadores y alcaldes que se celebrarn en noviembre.

El hombre de USA y el Pinochet de Colombia es el presidente Alvaro Uribe. Un informe desclasificado del Departamento de Defensa de Estados Unidos fechado en 1991, revel que Uribe haba trabajado para el Cartel de Medelln y fue amigo cercano de Pablo Escobar", uno de los barones del cartel de la droga. Hasta los momentos, 62 de sus aliados polticos han sido investigados por colaborar con los paramilitares. Una caracterstica de su gobierno ha sido la suerte de los periodistas que han echado luz sobre sus sombras. El ao pasado, cuatro conocidos periodistas recibieron amenazas de muerte despus de haber criticado a Uribe. Desde 2002, al menos 31 periodistas han sido asesinados en Colombia. Otra de las costumbres de Uribe es acusar a sindicalistas y defensores de derechos humanos de ser colaboradores de las FARC. Estas acusaciones son sentencias de muerte. Los escuadrones de la muerte colombianos, escribi Jenny Pearce, autora del aclamado libro, Under the Eagle: US Intervention in Central America and the Caribbean (1982), son cada vez ms activos, pues estn seguros de que el presidente ha tenido tanto xito al poner al pas en contra de las FARC, que no se prestar mucha atencin a sus atrocidades.

Uribe ha recibido el apoyo personal de Tony Blair, lo que refleja el papel que Gran Bretaa desempea en Amrica Latina desde hace mucho tiempo, generalmente en secreto. La asistencia en contrainsurgencia prestada al ejrcito colombiano, metido hasta el cuello en alianzas con los escuadrones de la muerte, incluye entrenamiento del Servicio Especial del Aire de Gran Bretaa (SAS) a unidades como los Batallones de Alta Montaa, acusados repetidamente de cometer atrocidades. El 8 de marzo, el Foreign Office invit a oficiales colombianos a participar en un seminario de contrainsurgencia en el centro de conferencias Wilton Park, en el sur de Inglaterra. Raras veces el Foreign Office ha exhibido manera tan descarada a los asesinos que asesora.

El papel de los medios occidentales se basa en modelos usados con anterioridad, como las campaas que facilitaron la desmembracin de Yugoslavia y el crdito que se otorg a las mentiras sobre las armas de destruccin masiva de Iraq. El ablandamiento de la opinin pblica para facilitar un ataque a Venezuela est en marcha, con la repeticin de mentiras y de campaas de difamacin similares.

La ruta de la cocana

El 3 de febrero, el peridico Observer dedic dos pginas a afirmar que Chvez coopera con el trfico de drogas colombiano. De forma similar a las conocidas mentiras que inventaba para alarmar y relacionar a Saddam Huseein con al-Qaeda, el Observer titula: Descubierto: el papel de Chvez en la ruta de la cocana a Europa. En este artculo se hacen afirmaciones no verificadas, se repiten rumores no corroborados. No se identifican las fuentes. De hecho, el reportero, para tratar de cubrirse las espaldas, escribe: Ninguna de las fuentes con las que habl acusa a Chvez de participar directamente en el gigantesco negocio del trfico de drogas de Colombia. La realidad es que la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito ha informado que Venezuela participa plenamente en los programas antidrogas y la cantidad de cocana que decomis en 2005 es la tercera ms alta del mundo. Incluso el Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaa, Kim Howell, se ha referido a la enorme cooperacin de Venezuela.

La campaa para involucrar a Venezuela en el trfico de drogas ha sido reforzada recientemente mediante informes que aseveran que Chvez tiene una alianza cada vez ms pblica con las FARC (ver Dangerous liasons, New Statesman, 14 de abril). Nuevamente, no hay pruebas, como seala el Secretario General de la Organizacin de Estados Americanos. Por solicitud de Uribe y apoyado por el gobierno francs, Chvez actu como mediador para buscar la liberacin de retenidos por las FARC. El 1 de marzo Uribe abort las negociaciones cuando, con la asistencia logstica de USA, bombarde un campamento en Ecuador y asesin a Ral Reyes, el negociador de ms alto nivel de las FARC. Los militares colombianos dicen que un correo electrnico recuperado de la computadora de Reyes demuestra que Chvez le dio 300 millones de dlares a las FARC. La afirmacin es falsa. El documento solo se refiere a Chvez con respecto al intercambio de rehenes. El 14 de abril Chvez critic duramente a las FARC: ''Si yo fuera guerrilla, dijo, yo no tendra necesidad. Para qu tener una mujer, un hombre que no son soldados. Liberen a los civiles!

Estas fantasas, sin embargo, tienen un objetivo muy peligroso. El 10 de marzo, el gobierno de Bush anunci que haba comenzado el proceso para incluir a Venezuela en la lista de pases terroristas, junto a Corea del Norte, Siria, Cuba, Sudn e Irn, pas este ltimo que est a la espera del ataque del principal estado terrorista del mundo.

Fuente:http://www.johnpilger.com http://www.newstatesman.com/200804240026

Sobre el Autor:

John Pilger es periodista, escritor y documentalista reconocido mundialmente, que comenz su carrera en Australia, su pas de origen, en 1958. Ha sido corresponsal extranjero y corresponsal de guerra desde 1967, durante la Guerra de Vietnam. La guerra a la democracia es su pelcula ms reciente.

Chelo Ramos es miembro de Cubadebate , Rebelin y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.



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