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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2008

La lucha contra el Apartheid ha empezado de nuevo en Sudfrica

John Pilger
New Statesman

Traducido para Rebelin por Jesus Maria y Mariola Garcia Pedrajas


En su ltima columna para el New Statesman, John Pilger describe como el apartheid econmico se ha convertido en el modelo a seguir en la mayora del mundo y como la resistencia ha empezado de nuevo en el pas donde el apartheid se dijo que era cosa del pasado.

Cuando volv a Sudfrica tras la cada del apartheid, le ped a Ahmed Kathrada que me llevara a Robben Island. Conocido cariosamente como Kathy, Ahmed llevaba gafas oscuras para cubrir sus ojos daados por el resplandor de la piedra caliza que l y Nelson Mandela haban picado durante aos. Me mostr su celda, de un metro y medio por un metro y medio, donde la luz era ardiente, da y noche. Me preguntaba como Ahmed haba salido de un encarcelamiento de un cuarto de siglo como un ser humano sano mentalmente, equilibrado, tolerante y corts. Sus razones incluan las enseanzas de Gandhi y el apoyo de sus seres queridos, pero, sobre todo, estaba la lucha, sin la cual nada cambia.

Este sentimiento de lucha esta de vuelta en Sudfrica. El otro da, conoc al escritor Breyten Breytenbach, que pas ocho aos en prisin durante el rgimen del apartheid. En una charla en el festival de Durban La hora del Escritor evoc los sueos de los grandes luchadores de los movimientos de liberacin Steve Biko y Robert Sobukwe. Cmo vamos a parar este aparentemente irreversible progreso de Sudfrica hacia un sistema totalitario de partido nico? Pregunt.

Es una pregunta que muchos se hacen en un pas que ahora ejemplariza un apartheid econmico impuesto a lo largo del mundo bajo la tapadera de crecimiento econmico y jerga corporativa liberal. Por democracia, lase socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres. Por gobierno y modernidad, lase un sistema de divisin y expolio diseado y aprobado por Washington, Bruselas y Davos un sistema en el cual, segn declara el ministro de finanzas de Sudfrica, Trevor Manuel, los ganadores prosperan. Y habla desde un pas donde la desigualdad y pobreza son descritas como desesperadas, donde el gobierno del ANC(1) ha permitido a las compaas mas voraces del mundo evitar el pago de indemnizaciones por envenenar la tierra y sus gentes, y que ha hecho el primo dejndose convencer por la industria armamentstica britnica para que compre 24 reactores de caza Hawk con un precio de 17 millones de libras cada uno, con diferencia la opcin mas cara, segn un informe de la Cmara de los Comunes.

El Departamento para el Desarrollo Internacional (DfID) britnico ha jugado un papel notorio. Aunque est obligado por ley a no gastar dinero en otros asuntos que no sean la reduccin de la pobreza, el DfID es, en realidad, una agencia de privatizacin que allana el camino para que las multinacionales se hagan con los servicios pblicos. En 2004, el departamento pag al Instituto Adam Smith, un think-tank de extrema derecha, 6.3 millones de libras para planes de reforma del sector pblico en Sudfrica, promoviendo contactos directos entre compaas britnicas y sudafricanas para las cuales el nico inters son los beneficios.

Cuando el maldecido Robert Mugabe se haya ido, a Zimbabwe se le dispensar el mismo tratamiento. Ofreciendo millones de libras de ayuda, el gobierno britnico liderar el retorno del capital, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para restaurar lo que era, mucho antes del naufragio de Mugabe, una de las sociedades ms explotadas y desiguales de frica. El nuevo atraco se perfil el 5 de abril en Reino Unido en la llamada graciosamente Conferencia para el Gobierno Progresista, uno de los legados de Tony Blair, donde los lderes de centro izquierda pretenden ser los gestores de la crisis en vez de, como ocurre con frecuencia, la causa de la crisis. (En 1999, Blair vol dos veces a Sudfrica para promover el escandaloso acuerdo armamentstico actual.)

Se dice que el presidente sudafricano, Thabo Mbeki, ha sido reclutado para deshacerse del obstculo de Mugabe, pero es cauto, sin duda recordando que Mugabe, en su ltima visita a Sudfrica, recibi una ovacin embarazosa por parte de la multitud negra. Esto no fue tanto una aprobacin de su despotismo como un recordatorio de que la mayora de los sudafricanos no ha olvidado una de las promesas irrompibles del ANC que casi la tercera parte de la tierra cultivable sera redistribuida para el ao 2000. Hoy la cifra es menos del 4 por ciento.

Mientras tanto, los desalojos continan, junto con la desposesin en las zonas urbanas, los cortes del suministro de agua y la indignidad presente en todas partes de la mendicidad. Nuestro pas pertenece a todos los que viven en l, dice en su inicio la Carta de Libertades del ANC, proclamada hace ms de medio siglo. Recientemente, la polica sudafricana clculo que el nmero de protestas a lo largo del pas se haba doblado en dos aos a ms de 10.000 al ao. Esta puede ser la tasa ms alta de disidencia en el mundo. Una vez ms, como Kathy, lo llaman lucha.

(1) Congreso Nacional Africano

 

Enlace artculo original:

http://www.johnpilger.com/page.asp?partid=484

 

Jesus Maria y Mariola Garcia Pedrajas son colaboradores de Rebelin. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

 



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