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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2008

Una ltima oportunidad para la civilizacin
El momento definidor para el cambio climtico

Bill McKibben
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


El cambio climtico en la forma de un modelo cambiante de las precipitaciones globales ya parece estar afectando al planeta de maneras significativas. Un ejemplo es la masiva sequa que ya dura casi una dcada en la regin vital productora de trigo de Australia, que ha sido un factor importante en el vertiginoso aumento de los precios de la harina en todo el globo, y con ellos del precio del pan, llevando a la desesperacin y a disturbios por alimentos en todo el planeta.

Un informe del Bur de Meteorologa en Australia deja en claro que, a pesar de recientes fuertes lluvias en la frtil regin agrcola del este de Australia, se necesitaran aos de lluvias por sobre lo normal para eliminar los prolongados dficits [de agua] en la regin. El informe luego agrega esta nota inquietante: La combinacin de un calor rcord y de una sequa generalizada durante los ltimos entre 5 y 10 aos en grandes partes del sur y del este de Australia no tiene precedentes histricos y es, por lo menos en parte, un resultado del cambio climtico.

Hay que pensar un poco en esa frase no tiene precedentes histricos. Excepto cuando se trata de invenciones tecnolgicas, no ha formado parte de nuestras vidas durante estos ltimos siglos. No tiene precedentes histricos. Hay que prepararse, est a punto de llegar a ser un lugar comn en nuestro vocabulario. El sudeste de EE.UU., por ejemplo, estuvo durante los ltimos aos, inmerso en una sequa que por fin est disminuyendo que no tiene precedentes histricos. En otras palabras, no haba nada (repito: nada) en los registros histricos que sirviera de gua para lo que iba a ocurrir.

Ahora bien, es verdad que la revolucin industrial, que condujo a la descarga de gases invernadero a la atmsfera en cantidades sin precedentes histricos, tampoco tiene, en cierto sentido, precedentes histricos, pero la mayora de los eventos naturales a diferencia, digamos, de la actual inmensa fusin de hielos en el rtico ha tenido precedentes. Ha formado parte del registro histrico. Esa era la era de la historia amenaza sin embargo, con ceder ahora el paso a un perodo capaz de exceder a la historia en s, de excedernos a nosotros mismos.

El planeta, en su larga existencia, puede haber experimentado los extremos por venir, pero no nosotros. Puede que el planeta no est en peligro porque cuenta con millones o decenas de millones de aos para recuperarse, a diferencia de gran parte de la vida sobre su superficie, pero nosotros s lo estamos.

Cuando se piensa realmente en eso, la historia es la humanidad. Es suficientemente comn que se hable de algn personaje histrico o experimento fracasado que es tirado al basurero de la historia, pero y si tambin se van la historia y ese basurero,...bueno, a dnde vamos? Qu somos, realmente, sin nuestros antecedentes? Una vez que hemos ido ms lejos, ms all de toda la experiencia que hemos reunido, escrito, y archivado desde que esas primeras rayas fueran hechas en tablillas de arcilla en las tierras del Tigris y del Eufrates, - que ahora estn siendo despojadas de su patrimonio cultural aparecen por lo menos dos preguntas sin respuesta: Una vez que la historia muerde el polvo, dnde quedamos nosotros? y quines somos?

Dejo la palabra al incansable ecologista Bill McKibben, con su deseo ardiente de detenernos justo antes del precipicio de la era post-histrica. Tom

El mundo a 350

Una ltima oportunidad para la civilizacin

Bill McKibben

Para los estadounidenses, convencidos por su constitucin de que siempre habr un segundo acto, y un tercero, y otra vuelta para volver a intentarlo y, si es necesario, un pequeo arrepentimiento y un perdn pblicos y un Comienzo Totalmente Nuevo incluso para nosotros, el mundo parece ahora mismo como si estuviera en las ltimas.

No hablamos solo de economa. No son nuestros primeros soponcios. Es que la gasolina a 4 dlares el galn significa que se nos acaba, por lo menos la materia barata sobre la que se construy nuestra catica sociedad. Sucede cuando tratamos de convertir granos en gasolina, se disparan los precios de una barra de pan y provocan disturbios por alimentos en tres continentes. Es que todo est tan inextricablemente vinculado. Es que de repente parece que esos sombros tipos del Club de Roma quienes, ya en los aos setenta, hablaban una y otra vez de los lmites del crecimiento, pueden haber tenido razn.

De repente no es amanecer en EE.UU., es crepsculo en el planeta Tierra.

Hay un nmero un nmero nuevo que subraya con fuerza el problema. Quizs sea el nmero ms importante sobre la Tierra: 350. Como en partes por milln (ppm) de dixido de carbono en la atmsfera.

Hace unas pocas semanas, el ms destacado climatlogo de EE.UU., Jim Hansen de la NASA, someti un documento a la revista Science junto con varios co-autores. El extracto que llevaba adosado argumenta que y nunca he ledo un lenguaje ms fuerte en un documento cientfico si la humanidad desea preservar un planeta similar a aquel en el que se desarroll la civilizacin y a aquel al cual se ha adaptado la vida sobre la tierra, la evidencia paleoclimtica y el actual cambio del clima sugieren que habr que reducir el CO2 de los actuales 385 ppm a un mximo de 350 ppm. Hansen cita seis puntos crticos irreversibles masivos aumentos del nivel del mar e inmensos cambios en los modelos pluviomtricos, entre ellos que sobrepasaremos si no volvemos pronto a 350; y podra ser que ya hayamos dejado atrs al primero de ellos, a juzgar por la insana fusin del hielo del rtico del verano pasado.

Es una diagnosis dura. Es como si el doctor te dijera que tu colesterol es de lejos demasiado alto, que si no lo bajas de inmediato, te va a dar un ataque. As que tomas una pldora, abandonas el queso y, si tienes suerte, vuelves a la zona de seguridad antes de sufrir una lesin coronaria. Es como si se viera que el tacmetro entra a la zona roja y se supiera que hay que sacar el pie del acelerador antes de que se oiga ese estruendo en el frente de tu coche.

En este caso, sin embargo, es an peor porque no estamos tomando la pldora y estamos dndole al acelerador y fuerte. En lugar de reducir la velocidad, estamos echndole lea, literalmente. Hace dos semanas llegaron las noticias de que el dixido de carbono atmosfrico haba pegado un salto de 2,4 partes por milln el ao pasado hace dos dcadas, iba subiendo apenas a la mitad de esa velocidad.

Y, repentinamente, llega la noticia de que la cantidad de metano, otro potente gas invernadero, que se acumula en la atmsfera, ha comenzado tambin a aumentar inesperadamente. Al parecer, nos las hemos arreglado para calentar el extremo norte lo suficiente como para comenzar a fundir inmensos trozos de permafrost y masivas cantidades de metano atrapado debajo comienzan a borbotar.

Y no hay que olvidar que China est construyendo ms plantas energticas; India est a la vanguardia con el coche a 2.500 dlares, y los estadounidenses estn pasando a televisiones del tamao de parabrisas que chupan combustible an ms rpido.

Y ah estamos. Hansen no dijo slo eso, que si no hacemos nada nos estamos metiendo en un buen lo; o que, por si todava no sabemos lo que es mejor para nosotros, estaramos ciertamente mejor bajo 350 ppm de dixido de carbono en la atmsfera. Su frase fue: ... si queremos preservar un planeta similar a aquel en el que se desarroll la civilizacin. Un planeta con miles de millones de personas que viven cerca de esas lneas costeras tan inundables. Un planeta con cada vez ms bosques vulnerables. (Este ao, un escarabajo, alentado por temperaturas ms elevadas, ya se las arregl para matar 10 veces ms rboles que en ninguna infestacin previa en el extremo norte de Canad.

Esto significa que hay mucho ms carbono camino a la atmsfera y aparentemente condena a la ruina los esfuerzos de Canad por cumplir con el Protocolo de Kyoto, lo que ya est en duda por su decisin de comenzar a producir petrleo para EE.UU. de las arenas bituminosas de Alberta.)

Somos los que iniciamos el calentamiento; ahora el planeta comienza a hacerse cargo de la tarea. Se funde todo el hielo del rtico, por ejemplo, por ejemplo, y repentinamente el hermoso escudo blanco que refleja hacia el espacio un 80% de la radiacin solar entrante, se convierte en agua azul que absorbe un 80% del calor solar. Retroacciones semejantes van ms all de la historia, aunque no en el sentido en el que pensaba Francis Fukuyama.

Y nos quedan, en el mejor de los casos, slo unos pocos aos para evitar algo para invertir la direccin. El cientfico y economista indio Rajendra Pachauri, quien acept el ao pasado el Premio Nobel en nombre del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climtico de la ONU (IPCC) (y quien, a propsito, obtuvo su puesto cuando el gobierno de Bush, por comando de Exxon Mobil, removi a su predecesor): Si no hay accin antes de 2012, ser demasiado tarde. Lo que hagamos en los prximos dos a tres aos determinar nuestro futuro. Es el momento definidor.

Se supone que en los prximos dos o tres aos las naciones del mundo negociarn un tratado sucesor del Acuerdo de Kyoto. Cuando llegue diciembre de 2009, se supone que jefes de Estado convergern en Copenhague para firmar un tratado un tratado que entrara en efecto en el ltimo momento plausible para respetar los lmites ms bsicos y cruciales del CO2 atmosfrico.

Si hiciramos todo correctamente, dice Hansen, podramos ver que las emisiones de carbono comienzan a caer de un modo bastante rpido y los ocanos comienzan a extraer parte de ese CO2 de la atmsfera. Antes de fin de siglo incluso podramos ir en camino hacia 350. Podramos detenernos justo antes de algunos de esos lmites crticos, como Correcaminos frenando justo antes de llegar al borde mismo del precipicio.

Ms probable, sin embargo, es que seamos los Coyote porque hacer todo correctamente significa que los sistemas polticos en todo el mundo tendran que tomar pasos enormes y dolorosos ahora mismo. Significa que no haya ms centrales elctricas a carbn en ninguna parte, y que haya planes para cerrar rpidamente las que ya estn en actividad. (Las centrales elctricas a carbn que operan tal como se espera que lo hagan son, en trminos de calentamiento global, tan peligrosas como las plantas nucleares que se funden.) Significa hacer que las fbricas de coches produzcan el prximo ao hbridos eficientes, tal como hicimos que produjeran tanques en seis meses cuando comenz la Segunda Guerra Mundial. Significa que los trenes se conviertan en una prioridad absoluta y los aviones en un tab.

Significa que se tome cada decisin prudentemente porque tenemos tan poco tiempo, tan poco dinero, por lo menos en relacin con la tarea que se nos presenta. Y lo ms duro de todo: significa que los pases ricos del mundo compartan libremente recursos y tecnologa con los ms pobres, para que puedan desarrollar vidas dignas sin quemar su carbn barato.

Es posible una vez lanzamos un Plan Marshall, y podramos hacerlo de nuevo, esta vez en relacin con el carbono. Pero parece poco probable en un mes en el que el presidente nos ha instado, una vez ms, a hacer perforaciones en el Refugio Nacional de la Vida Silvestre del rtico. Es difcil de imaginar en un mes en el que la atrayente frase vacaciones del impuesto a la gasolina lleg alegremente a nuestro vocabulario, (aunque fue alentador ver que el truco de Clinton no persuadi a muchos votantes). Y si es difcil imaginar sacrificios aqu, imaginemos a China, donde la gente genera per capita un cuarto del carbono que producimos nosotros.

A pesar de todo, mientras no sea imposible, tenemos el deber de intentarlo. De hecho, es algo como el deber ms obvio que los seres humanos hayan enfrentado.

Acabamos de lanzar una nueva campaa: 350.org. Su nico objetivo es difundir este nmero en todo el mundo en los prximos 18 meses, a travs del arte y la msica y jaleos de todo tipo, en la esperanza de que impulse esas negociaciones post-Kyoto hacia la realidad.

Despus de todo, esas negociaciones son nuestra ltima posibilidad; no podemos lograrlo apagando una bombilla de alumbrar a la vez. Y si esta campaa 350.org es un pase desesperado, bueno, a veces esos pases llegan a destino.

Tenemos una cosa a nuestro favor: Este nuevo instrumento, la Red que, por lo menos, permite que nos imaginemos algo como un esfuerzo global desde la base. Si Internet fue hecho para algo, fue para compartir este nmero, para hacer que la gente comprenda que 350 representa un tipo de seguridad, un tipo de posibilidad, un tipo de futuro.

Las palabras de Hansen fueron bien escogidas: un planeta similar a aquel en el que se desarroll la civilizacin. La gente indudablemente sobrevivir en un planeta sin 350, pero es posible que la civilizacin no lo haga, porque todo el mundo estar tan preocupado enfrentando las interminables consecuencias no intencionadas de un planeta sobrecalentado.

La civilizacin es lo que crece en los mrgenes del esparcimiento y la seguridad provistos por una relacin factible con el mundo natural. Ese margen no existir, por lo menos no durante mucho tiempo a ms de 350. Es el lmite que enfrentamos.

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Bill McKibben es un profesor visitante en Middlebury College y cofundador de 350.org. Su libro ms reciente es The Bill McKibben Reader.

Copyright 2008 Bill McKibben

http://www.tomdispatch.com/post/174930/bill_mckibben_the_defining_moment_for_climate_change



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