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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2008

Una cumbre ms

Jorge Gmez Barata
Rebelin


Las cumbres, sobre todo las rituales, aquellas convocadas a plazo fijo, con aos de antelacin, en las que expertos y ministros pasan meses cocinando prrafos para una declaracin que los jefes de Estado despachan de oficio, son aliviaderos necesarios para que el sistema poltico drene ciertas tensiones.

En busca de una representatividad legitimante, las cumbres de jefes de Estado son cada vez ms concurridas, cualidad que se transforma en defecto porque supone considerar agendas ms generales, poco problemticas, aunque menos sustantivas y eficaces.

Al reunir a actores polticos con diferentes enfoques y posiciones polticas, prioridades distintas, alianzas confrontadas, actitudes clasistas diferentes y compromisos nacionales e internacionales propios, las cumbres forman entornos potencialmente conflictivos. En tales circunstancias, para evitar la confrontacin se busca el consenso poniendo sobre el tapete temas globales, enfocados en una tesitura virtualmente acadmica.

Las cumbres presidenciales se preparan con mucha antelacin para que duren poco y sean predecibles. Parte del esfuerzo se consume en acordar las agendas, no para lograr que sean tiles sino para evitar que sean confrontacionales. Para los anfitriones es importante mostrar capacidad de convocatoria y habilidad para armonizar intereses antagnicos. Es delicado decidir quin se sienta al lado de quin y cul es la precedencia en el uso de la palabra.

Resueltos todos los detalles, se trabaja en las sombras, casi de modo conspirativo entrecruzando llamadas telefnicas, cables cifrados y despachando emisarios y embajadores para convencer a unos de que no ataquen o no aludan a otros, no introduzcan temas incmodos y se porten bien. Todo se complica con los pesos completos. La sumisin y la torpeza escal las cimas cuando, en ocasin de la Cumbre de Guadalajara, Vicente Fox, para no importunar a Bush, se atrevi a proponer a Fidel Castro: Almuerzas y te vas.

La mayora de las cumbres se escudan en el socorrido argumento de que no importan las diferencias porque: Es ms lo que nos une que aquello que nos separa. La consigna de Unidad en la diversidad se invoca como si fuera un brete ssamo. Tales ambientes parecen atrezo y los mandatarios, incluso aquellos que no desearan hacerlo, se convierten en histriones. Siempre hay protagonistas, no faltan los que rellenan las gradas y estn los prescindibles convidados de piedra.

De todos modos las cumbres son necesarias, sobre todo para los jefes de Estado realmente trabajadores que aprovechan la oportunidad para, en un mismo viaje y en pocas jornadas, encontrarse con sus homlogos y despachar asuntos importantes y proponer opciones viables y eficaces mecanismos de cooperacin. Los ms consecuentes aprovechan para limar diferencias y esclarecer malos entendidos.

Al amparo de las cumbres se puede negociar con discrecin, en encuentros bilaterales informales, sin los compromisos protocolares que suponen las visitas de Estado y lejos de las cmaras.

La Cumbre Unin Europea-Amrica Latina y el Caribe en la que participan 80 pases y unos cuarenta Jefes de Estado, convocados para examinar: La lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusin y El Desarrollo Sostenible: medio ambiente, cambio climtico y energa, es una sntesis perfecta de las virtudes y las carencias de estos encuentros.

En la presente coyuntura internacional una Europa neoliberal, alineada a Estados Unidos y en franco proceso de derechizacin poltica, poco podr decirle y ofrecerle a los pases de Amrica Latina que rechazan esas opciones y avanzan por caminos que los distancian de tales enfoques, forman la vanguardia poltica del continente y marcan el paso.

Los anfitriones tratarn de administrar los debates para no dar cabida a temas conflictivos y desagradables como: la ineficacia europea y norteamericana para combatir el narcotrfico en sus fronteras, el precio de los alimentos, el hambre, la produccin de agrocombustibles, el proteccionismo agrcola, las tendencias separatistas, el intervencionismo norteamericano en la regin, estilo Plan Colombia, los ecos de la agresin a Ecuador, el sabotaje a las gestiones de Chvez para la liberacin de los rehenes y otros asuntos que pudieran deslucir la cita.

Seguramente Alan Garca preferira que Chvez, Correa, Evo Morales, Lula y otros enfant terribles no estuvieran presente, aunque sin ellos la Cumbre sera como un arroz con pollosin pollo.



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