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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2008

Entrevista al fsico, filsofo y activista poltico Jean Bricmont
Por una izquierda que sea, a la vez, radical y realista

Pablo Rodrguez
Drapeau Rouge


Pablo Rodrguez entrevist esta semana para la revista belga Drapeau Rouge al fsico, filsofo y activista poltico Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, sobre los retos y los atolladeros de la izquierda poltica en nuestros das.

Jean Bricmont, profesor de fsica terica en la Universidad Catlica de Lovaina, pertenece al gnero de los cientficos comprometidos con los grandes debates de nuestra poca. Autor de varias obras, entre ellas un Cahier de lHerne consagrado a Noam Chomsky, nos ofrece en la entrevista que sigue, con su caracterstica mezcla de impertinencia y lucidez, algunas reflexiones a propsito de la izquierda y de las opciones de sta en las luchas polticas de nuestro tiempo.

Cinco aos despus de las primeras y gigantescas manifestaciones que se desarrollaron por todo el mundo contra la guerra de Irak, ahora nos encontramos con que apenas unos centenares de personas enterquecidas en manifestarse contra ese crimen. Cmo se explica usted tal evolucin?

Siempre es muy difcil explicar fenmenos sociales. No disponemos de teoras cientficas sobre ese tipo de cosas. Mi impresin es que la desaparicin del comunismo ha coincidido con la desaparicin de toda izquierda real, incluso de la izquierda que, en la poca en que exista el comunismo, se identificaba con modelos muy distintos del de la URSS. De manera que, de consuno, han desaparecido tambin cualquier combate real por la paz y cualquier combate antiimperialista, lo mismo que toda perspectiva socialista. No queda sino la exportacin de la democracia y de los derechos del hombre al extranjero, lo que, durante la guerra fra, constitua precisamente el objetivo proclamado por la derecha; y en el plano interior, una lucha contra un fascismo en buena medida imaginario y contra los discursos polticamente incorrectos (antifeministas, racistas u homfonos), luchas el carcter fantasmagrico de las cuales no hace sino reforzar a la derecha, porque a la mayora de las gentes no les gustan ni los peligros imaginarios ni la intimidacin.

Tiene la izquierda, sus intelectuales o sus aparatos polticos, una responsabilidad especfica en esa resignacin?

La tendra, si existiera. Pero dnde est? Las ms veces, lo que se llama la izquierda, digamos, su rama institucional, se propone hacer lo mismo que la derecha, a veces, un poco menos brutalmente, a saber: en el plano interior, liberalizar, y en el internacional, ingerirse en los asuntos internos de otros pases, y de hecho, secundar a los EEUU. En lo que hace a la izquierda llamada radical, se caracteriza por un irrealismo extremo, una actitud casi religiosa que se traduce en consignas como otro mundo es posible (sin molestarse en precisar qu mundo ni, sobre todo, cmo construirlo) o papeles para todos (es decir, en la prctica, abolir pura y simplemente todas las fronteras) por oposicin a las regularizaciones parciales que hay que sostener en lo posible. Cuando la LCR anuncia la construccin de un gran partido anticapitalista en Francia, una de las principales consignas con las que empapela los muros es regularizacin de todos los sin papeles, consigna, acaso, moralmente justa, caritativa, generosa, etc., pero en la que mal puede adivinarse una dimensin anticapitalista.

Constatamos, en cambio, que el Tibet suscita una movilizacin casi planetaria...

S, al menos entre las elites intelectuales y mediticas. Lo que viene a ilustrar una vez ms la inversin de prioridades de una buena parte de la izquierda. Ya no controlamos a China. La poca de las concesiones y la diplomacia de los caones se acab. Nada que podamos hacer puede forzarles a cambiar su poltica en el Tibet (y dejemos ahora de lado la cuestin de si esa poltica es buena o mala). No se enviarn tropas al Tibet (eso espero), ni se proceder a bombardear a China, que es un pelito ms fuerte que Serbia. Lo nico que podra tener algn efecto, a medio o largo plazo, sera convencer a los chinos de que ya no tenemos pretensiones imperialistas sobre esa regin del planeta. Pero toda la agitacin sobre el Tibet da exactamente la impresin contraria, por lo que, de hecho, no consigue sino daar la causa tibetana. Esa agitacin (como la que le precedi en Birmania) tiene por slo efecto el de reforzar la buena conciencia de Occidente (nosotros, al menos, respetamos los derechos humanos) y el de facilitar que nos despreocupemos de cosas de las que somos ms directamente responsables, como los problemas ecolgicos incluida la derivacin de recursos alimentarios a la produccin de biocarburantes, Irak o Palestina. En vez de entender eso, y de oponerse a este tipo de discursos que no son, en el fondo, sino una forma de exaltacin nacionalista (en la que Occidente ha reemplazado a los Estados nacionales de antao) tan vieja como el mundo (denunciar con gran indignacin los crmenes reales o supuestos de los dems y no hablar demasiado de los propios), el grueso de la izquierda actual lo que hace es sumarse al coro, pidiendo a los gobiernos occidentales una mayor intervencin en los asuntos internos chinos, cuando la nica cosa que les impide hacerlo a esos gobiernos y que no parece preocupar gran cosa a esta izquierda es una forma de realismo y de saludable conciencia de las relaciones de fuerza.

Qu perspectivas ve usted para las fuerzas antiblicas en los EEUU, es decir, en el seno del pas agresor? Percibe usted matices significativos al respecto entre los candidatos presidenciales, y en particular, entre Obama y Hillary Clinton?

En una eleccin, hay que distinguir tres cosas: lo que desea el electorado cuando vota por X, lo que X quiere hacer y lo que X puede hacer una vez electo, dadas las relaciones de fuerza. Si X=Obama (el nico caso interesante), quienes le apoyan quieren sin duda un cambio claro, tanto en el plano interior como en el plano internacional. Algunos de sus discursos son impresionantes (incluso a la izquierda de una parte de la izquierda europea). Para ser un poltico norteamericano, Obama es muy poco maniqueo, mientras que los dems, un poco al estilo de nuestra izquierda europea con China, ven sus conflictos con el resto del mundo como un conflicto entre el Bien y el Mal. Lo que Obama pretenda, lo ignoro, ero de lo que se puede estar seguro es de que no es una especie de Chvez agazapado, capaz de revelarse como un radical una vez electo. Por ltimo: qu puede hacer, si resulta elegido? Un presidente no es un dictador, y yo no veo en modo alguno cmo podra, en lo tocante al Oriente Medio, por ejemplo, cambiar gran cosa en la poltica norteamericana de apoyo sistemtico a Israel: porque el peso estructural (en el Congreso, en la intelligentzia y en los medios de comunicacin) de los grupos de presin sionistas bloquea cualquier cambio. Y en lo atinente a poltica interior, se encontrar tambin con la presin de los lobbies industriales, con la independencia estructural de los mercados financieros (creada por las reformas realizadas durante el perodo Clinton, si no antes) y con la total sumisin de los medios de comunicacin y de los intelectuales a los dogmas neoliberales. La democracia es una hermosa cosa, a condicin de no hacerse demasiadas ilusiones sobre lo que quiere decir esto: s, se puede vender [la revista] Drapeau Rouge, y decir ms o menos lo que a uno le venga en gana en charlas de caf. Pero de ah a creer que la poblacin puede realmente gravitar, merced a su sufragio, sobre las decisiones que la afectan, hay un gran trecho que ms vale no franquear. El principal problema que planteara la eleccin de Obama es que los pronorteamericanos de Europa conseguiran una magnfica oportunidad para librarse a una campaa apologtica de la Norteamrica antirracista, multitnica, etc.

La Europa oficial acaba de clausurar, con el reconocimiento de la independencia de Kosovo, la dinmica de enfrentamientos que ella misma haba propiciado en 1992 al reconocer la independencia de Croacia y de Eslovenia. Sin embargo, la UE se presenta por doquiera como el instrumento de la paz por excelencia. Cmo hay que entender la impunidad en esos abusos del lenguaje? Tienen todava sentido los trminos polticos?

Nunca hay que oponerle al poder la incoherencia de su propio discurso, o el hecho de que no respete en la prctica sus propios valores, sino considerar esos discursos como una mistificacin permanente y tratar de que otros compartan esta actitud. Dicho esto, en lo que hace a Kosovo, yo creo que buena parte de los dirigentes europeos se dan cuenta de que les han pasado una patata caliente, es decir, un estado mafioso que ser un pozo sin fondo de miles de millones que irn a nutrir trficos varios. Pero les resulta difcil protestar, porque seran inmediatamente atacados por los defensores de los derechos humanos, y tambin porque lo que est pasando es la consecuencia inevitable de la guerra de 1999; porque, como han dicho Kouchner y Miliband, la poltica exterior de la Unin Europea naci en los Balcanes. (1)

Palestina, el Lbano, las poblaciones iraques se hunden ante nuestra indiferencia en un indecible sufrimiento. Durante todo este tiempo, nuestros gobiernos y nuestros medios de comunicacin vertebran sus discurso en torno a los propsitos del presidente iran o en torno a las extravagancia y calaveradas de tal o cual poltico. No estamos siendo testigos del comienzo de un neototalitarismo meditico capaz de manipular sin lmite aparente a las opiniones pblicas?

En lo que hace al presidente iran, hay que recordar que l no ha llamado a la destruccin de Israel, sino que se ha limitado simplemente a citar el deseo de Jomeini de que el rgimen que ocupa Al Qods (Jerusaln) se borre de la pgina del tiempo (2), lo que, aparte de ser visiblemente ms potico, es de todo punto conforme a los valores occidentales que abogan por cambios de rgimen por doquiera. Cuando se les plantea la cuestin (cosa que muy pocos periodistas occidentales se avilantar a hacer), los iranes ponen como ejemplo de borra regmenes la caa de la URSS y los derrocamientos del Sha y de Sadam... Por lo dems, qu proponen en el caso de Palestina? Un referndum sobre su estatuto en el que participaran todos los habitantes actuales de esta regin, pero tambin los palestinos expulsados en 1948 y sus descendientes. Curiosamente, esta proposicin es ignorada por los adoradores de la democracia en China y de la autodeterminacin de los pueblos en el Tibet.

En lo que hace al neototalitarismo meditico, no creo en semejante cosa; por lo pronto, si creyera en ella, no perdera el tiempo escribiendo para Drapeau Rouge u otros sitios. Es verdad que, en general, hay que considerar a los medios de comunicacin como enemigos y no como amigos (hecha, claro est, la importante salvedad de muchos periodistas), pero no son invencibles: Chvez tiene a los medios de comunicacin en contra, pero no ha dejado de ganar muchas elecciones. El referndum constitucional de 2005 en Francia fue apoyado por los medios de comunicacin, pero fue rechazado por la poblacin. La idea de que los medios son invencibles, muy extendida entre la izquierda, permite alimentar un derrotismo estructural amalgamado a esperas escatolgicas: la espera de una catstrofe ecolgica global, o la espera de nuevas invasiones brbaras procedentes del tercer mundo, la cual, a menudo, viene a reemplazar al mito de la revolucin proletaria. Esa amalgama es sntoma y causa, a la vez, de nuestra impotencia.

Carecemos de iniciativas urgentes para contrarrestar ese estado de cosas y no tener que resignarnos al rgimen de pax americana?

Es evidente que no podemos sustituir a los ciudadanos norteamericanos a la hora de oponernos a las guerras norteamericanas (como no podemos resolver el problema del Tibet). Pero podemos dejar de alinearnos con los EEUU (y con Israel). El primer objetivo de una izquierda de verdad tendra que ser juntar todas las fuerzas que se oponen a esa alineacin. Esas fuerzas son numerosas, pero andan dispersas, a derecha e izquierda, y estn harto menos organizadas que las fuerzas proamericanas. Pero, huelga decirlo, no se trata de hacer de la Unin Europea una nueva potencia a la par con EEUU. El mundo no tiene necesidad de una segunda Norteamrica. Demasiados europeos que desean la independencia ven esa independencia, precisamente, un proceso recreacin de una segunda Norteamrica, de otra superpotencia, armada hasta los dientes y en ademn de constante hostilidad hacia el resto del mundo; y a medio plazo, sosteniendo una carrera de armamentos con los Estados Unidos.

El papel, tan posible como necesario, de Europa ha de ser muy otro. Hay al menos tres cosas que la historia del siglo XX ensea, o debera de ensearnos, a los europeos: es ms fcil empezar una guerra que terminarla; la nocin de guerra preventiva es inaceptable; la descolonizacin nos ha arrebatado el control de la mayor parte del planeta. Sea lo que fuere lo que pensemos de China, de la india, de Rusia, del mundo musulmn, de frica o de Amrica Latina, el hecho es que tenemos que vivir con el resto del mundo, no contra l. Lo que debera llevarnos a reforzar la diplomacia y la negociacin, en vez de la amenaza y el ultimtum.

Por lo dems, y este es un combate en el que debera empearse con denuedo la izquierda, hay que dejar de secundar un modelo socio-econmico (norteamericano), cuyo aparente xito depende de un sobreendeudamiento crnico imposible de imitar, porque va ligado al papel predominante jugado por el dlar. Adems, el costo humano en trminos de desigualdad, de tasa de encarcelamiento, de despilfarro, de psimo nivel de la enseanza y de inseguridad social del modelo americano y de su perpetua carrera armamentista no puede subestimarse. A redropelo de ese modelo, hay que profundizar el modelo europeo de bienestar social, que da primaca, no a nuestra competitividad aproada a los beneficios, sino a las necesidades de nuestros propios trabajadores, de nuestros enfermos, de nuestros jubilados y de nuestros nios. Es preciso fundar la cohesin social en la igualdad y en la seguridad de la existencia.

Y a su tiempo, hay que volver a plantear la cuestin del socialismo del siglo XXI, como dira Chvez. Pero sin tratar de imitarle. El gran error del socialismo del siglo XX, al menos entre la izquierda radical, ha sido el de confundir el socialismo con el desarrollo acelerado de pases poco desarrollados como la URSS o China; luego, haber disputado sin fin sobre la cuestin de quin haba traicionado qu y a quin haba que apoyar en regiones del mundo sobre las que no tenamos la menor influencia. Hay que volver a plantear la cuestin de lo que podra ser el socialismo en pases capitalistas desarrollados como los nuestros. Empezar por defender la independencia de Europa respecto de EEUU, y salvar lo que an se pueda de nuestro modelo social sera un buen comienzo.

Pero todo eso significara una revolucin cultural en las mentalidades de la izquierda. Basta de amalgamar utopas, por deseables que fueren (un mundo sin fronteras), y poltica ! Y basta de jugar a la culpabilizacin, acusando gratuitamente a la derecha de ser racista, fascista, sexista, etc. ! La derrota del socialismo cientfico ha dado pie a un nuevo socialismo utpico que no es sino un atolladero. Independientemente del fracaso de la URSS, porque ese fracaso no ha mostrado que Marx estuviera equivocado cuando, en la Ideologa alemana, criticaba el idealismo y el utopismo.

Hay que salir de un discurso puramente moral, a fin de empezar (de nuevo) a hacer poltica. Eso presupone una amplia movilizacin de intelectuales capaces de investigar y proponer, como hizo la derecha cuando estaba debilitada, una serie de medidas concretas, a corto y a medio plazo, ms o menos realistas, pero hechas con un espritu radical (socialista). Slo as lograr la izquierda recuperar su crdito y reconstruir una forma de hegemona intelectual como la que se dio en la postguerra. Visto el estado de confusin intelectual y de abatimiento que impera actualmente, se dira que un proyecto as es imposible; pero, como se deca en mayo del 68, exijamos lo imposible !

NOTAS: (1) Le Kosovo, une affaire europenne, por Bernard Kouchner y David Miliband, Le Monde, 6 septiembre de 2007. (2) Vase http://www.mohammadmossadegh.com/ne... para una discusin de la traduccin por parte de un iran opositor del rgimen.

Jean Bricmont,miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO,es profesor de fsica en la Universidad de Louvain la Neuve, Blgica. Es miembro del Tribunal de Bruselas. Su ltimo libro acaba de publicarse en Monthly Review Press: Humanitarian Imperialism (Traduccin castellana en prensa en la Editorial Viejo Topo, Barcelona). Es sobre todo conocido en el mundo hispano por su libro coescrito con el fsico norteamericano Alan Sokal Imposturas intelectuales (Paids, 1999), un brillante y demoledor alegato contra la sedicente izquierda acadmica relativista francesa y norteamericana en boga en los ltimos lustros del siglo pasado. Una larga entrevista poltico-filosfica a Bircmont puede verse en el Nmero 3 de la Revista SINPERMISO en papel (mayo de 2008).

Traduccin para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench y Ricardo Timn



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