Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2008

Cicln en Birmania, terremoto en China

Naomi Klein
The Nation


Cuando llegaron las noticias sobre el catastrfico terremoto en Sichuan, me acord de Zheng Sun Man, un activsimo ejecutivo de seguridad con el que coincid en un reciente viaje a China. Zheng dirige la Aebell Electrical Technology, una empresa radicada en Guangzhou que fabrica cmaras de vigilancia y sistemas de megafona para venderlos al gobierno.

Zheng, un licenciado de 28 aos con adiccin a los mensajes por telefona mvil, estaba decidido a convencerme de que sus cmaras y sus megfonos no se usaban contra los activistas a favor de la democracia ni contra los organizadores de los trabajadores en las fbricas. Sirven para la gestin de los desastres naturales, me explic Zheng, ejemplificando con las tormentas de nieve antes del Ao Nuevo Lunar. Durante esa crisis, el gobierno consigui servirse de la informacin procedente de las cmaras instaladas en las vas de los ferrocarriles para transmitir el modo de enfrentarse a la situacin y para organizar la evacuacin. Vimos cmo el gobierno central pudo dirigir desde el norte las situaciones de emergencia en el sur.

Evidentemente, las cmaras de vigilancia tienen tambin otros usos, como ayudar a imprimir psters con los rostros de los activistas tibetanos ms buscados. Pero no le falta cierta razn a Zheng: nada amedrenta ms a un rgimen represivo que un desastre natural. Los Estados autoritarios gobiernan con el miedo y por la va de proyectar un aura de control total. Cuando, de repente, ofrecen la impresin de andar cortos de personal, de estar ausentes o de carecer de organizacin, sus sbditos pueden cobrar peligrosamente coraje. Hay que tener eso en mente cuando se observa el esfuerzo de dos de los ms represivos regmenes del planeta China y Birmania para responder a sendos desastres devastadores: el terremoto de Sichuan y el cicln Nargis. En ambos casos, los desastres han revelado una grave debilidad poltica de esos regmenes, y las dos crisis tienen potencial para brotes incendiarios de furia poltica harto difciles de controlar.

Cuando China construye y levanta edificios, los residentes tienden a callar respecto de lo que todo el mundo sabe: que los desarrollistas acostumbran a saltarse los cdigos de seguridad y que los funcionarios locales aceptan sobornos para silenciarlo. Pero cuando China se derrumba incluidas al menos ocho escuelas, la verdad tiene una va de escape. Mirad todos esos edificios. Tenan la misma altura, pero por qu cay el segundo?, preguntaba en Juyuan un familiar desolado. Una madre en Dujiangyan declar al Guardian: Los funcionarios chinos son demasiado corruptos y malvados... Tienen dinero para prostitutas y amantes, pero no para nuestros hijos.

Que los estadios olmpicos hayan sido construidos a prueba de terremotos, es pobre consuelo. Cuando estuve en China, no era fcil encontrar a quien criticara la torrentada del gasto olmpico. Ahora, una muchedumbre de mensajes en los principales portales electrnicos hablan de derroche y llaman inhumana la continuacin de los relevos de la antorcha olmpica.

Pero nada de eso puede compararse con la rabia despertada por los sucesos de Birmania, en donde los supervivientes del cicln han apaleado al menos a un funcionario local, indignados con su incapacidad para distribuir el socorro. El gobierno militar birmano ha emitido docenas de comunicados atribuyndose el mrito de suministros procedentes de pases extranjeros. Y segn ha terminado por verse, ha hecho ms incluso que arrogarse mritos: en algunos casos, se ha apropiado de las ayudas. Segn un informe del diario Asia Times, el rgimen habra distrado cargamentos con alimentos para distribuirlos entre sus 400.000 soldados. El motivo que subyace a ese comportamiento revela la amenaza que el desastre representa para la existencia misma del rgimen. Se dira que los generales estn obsesionados con un miedo casi patolgico a la divisin en sus propias filas... si no se da a los soldados prioridad en la distribucin de la ayuda y no consiguen alimentos por s mismos, crece la probabilidad de motines. Mark Farmaner, director de la campaa de ayuda a Birmania en el Reino Unido, confirma que antes del cicln los militares estaban ya lidiando con una ola de deserciones.

Este robo de alimentos, de escala relativamente pequea, sirve para fortalecer a la junta militar de cara a un golpe de mucha mayor envergadura: el que tiene lugar a travs del referndum constitucional, en cuya celebracin a cualquier precio no han dejado de insistir contra viento y marea los generales. Tentados por unos precios altos, los generales birmanos han exprimido la abundancia natural del pas, despojndolo de piedras preciosas, maderas nobles, arroz y aceites. Mas, por beneficioso que ello resulte, el general Than Shwe sabe que no podr resistir indefinidamente las exigencias de democracia.

Copiando una pgina del libro de instrucciones del dictador chileno Augusto Pinochet, los generales han confeccionado una Constitucin que permite elecciones, pero garantizando que ningn gobierno futuro tendr jams poder para perseguirles por sus crmenes u obligarles al reintegro de su mal adquirida riqueza. Como bien dice Farmaner, tras las elecciones, los dirigentes de la junta militar trocarn las botas por los trajes. Y, ahora el cicln viene a ofrecerles una ltima y enorme posibilidad de negocio: bloquear la llegada de la ayuda al fertilsimo delta de Irrawaddy monta tanto como condenar a muerte a centenares de miles de campesinos arroceros (el grueso de ellos, miembros de la etnia Karen). Segn Farmaner, esas tierras pueden acabar en manos de hombres de negocios compinchazos con los generales (emulando el despojo de tierras en los frentes de playa que tuvo lugar en Sri Lanka y en Tailandia tras el Tsunami asitico). Eso no es incompetencia; ni siquiera demencia. Es limpieza tnica al estilo laissez-faire.

Si la junta militar birmana logra evitar el amotinamiento y consigue esos objetivos, ser en buena medida gracias a China, que viene bloqueando con gran diligencia todos los intentos de la ONU para intervenir humanitariamente. Dentro de China, en donde el gobierno central se esfuerza denodadamente por mostrarse compasivo, las noticias de esa complicidad resultaran explosivas. Las recibirn los ciudadanos chinos? Es muy posible, desde luego. Hasta ahora, Beijing ha mostrado una tremenda determinacin a la hora de censurar y controlar toda forma de comunicacin. Pero, despus del terremoto, el conocido Muro de Fuego encargado de censurar Internet est fallando de mala manera. Los blogs proliferan salvajemente, y hasta los reporteros de los medios de comunicacin estatales se avilantan a informar de las noticias.

Esta es acaso la mayor amenaza que los desastres naturales representan para los regmenes represivos. Para los dominadores chinos, nada ha resultado ms crucial en punto a mantener su poder que la capacidad para controlar lo que las gentes ven y escuchan. Si pierden esa capacidad, ni cmaras de vigilancia ni megfonos les servirn de gran cosa.

Naomi Klein es autora de numerosos libros, el ms reciente The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter