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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2008

La muerte natural de Marulanda

Csar Jrez
Agencia Prensa Rural


Se muri de viejo, tal vez en el momento menos oportuno para las FARC, cuando la guerrilla encaja una cadena de duros golpes y la noticia de su muerte le baja decibeles al escndalo del poder mafioso en Colombia.

Dicen que Marulanda nunca conoci el mar, no le alcanz el tiempo. El albur de la guerra y la aorada por sus enemigos muerte violenta del guerrillero, lo llevaron en la direccin geogrfica contraria, a la altura del pramo, a los ros gruesos y a la espesura de la selva.

Cuentan que cuando Marulanda se enguerriller con los liberales junto a catorce de sus primos no saba leer ni escribir. No haba escuelas ni maestros. Como no las hay todava por el mudo rural en el que transcurre la guerrilla. Se puede leer en alguna de las pocas entrevistas que concedi que su sueo infantil era ser un campesino como lo fueron en su familia.

La historia de un pas con una enorme capacidad para recrear la muerte y la violencia promovida por el mal gobierno convirtieron a Pedro Antonio Marn en Manuel Marulanda, transformaron a un campesino en un guerrero trashumante, a un liberal en comunista y a una persona sin educacin formal en un dirigente poltico capaz de fundar una guerrilla, adems, en un gegrafo de a pie, que sin embargo no conoci fsicamente el Caribe o el Pacfico.

La historia reciente de Colombia ha sido la historia de su vida. Los que lo odiaron dedicaron toda su existencia a rumiar su anhelada muerte mientras se moran ellos mismos en la espera; los que lo aman se han dedicado a narrar su vida impenetrable para la muerte, sus proezas de combatiente, su sueo de una nueva Colombia, hasta convertirlo en un mito legendario. Bandido para unos. La revolucionaria esperanza para otros.

Mientras se mora de muerte natural el ruido de la guerra atronaba la montaa. 526 granadasde mortero y 114 bombardeos areos eran lanzados sobre su presunto paradero, segn el comandante de las fuerzas militares. Nunca le pegaron un tiro.

Se muri de viejo, tal vez en el momento menos oportuno para las FARC, cuando la guerrilla encaja una cadena de duros golpes y la noticia de su muerte le baja decibeles al escndalo del poder mafioso en Colombia. Ahora buscan su cadver por entre la selva para verificarle las heridas mortales y tratar de ganar algo ms en esta guerra.

Pero como escribi Arturo Alape, tal vez la persona de afuera de las FARC que ms conoci a Marulanda, refirindose a los cdigos que enmarcaron la persecucin contra el alzado en armas: "La muerte natural del perseguido sera un duro golpe en el corazn del perseguidor, al tocar las sensibles fibras de su odio acumulado, y dejar sin argumentos su razn de ser, porque se le ha escapado la vctima como se escapa el polvo entre las manosEse ciclo fatal de perseguidor - perseguido, tiene en el rostro de la muerte natural, su ms terrible enemigoEl signo de la persecucin de la muerte en la vida del otro, ha sido herida, cicatriz, tatuaje sobre la geografa y el cuerpo de la reciente historia de Colombia. Cundo terminar este ciclo? La respuesta est en la sangr que fluye en la vida del hombre."

En una de sus ltimas apariciones en televisin, un periodista le pregunta al veterano combatiente sobre la humanizacin de la guerra. La respuesta fue una sntesis filosfica que refleja la visin del guerrero circunstancial: "dgame usted, qu guerra es humana?, la guerra no hay que humanizarla, hay que acabarla."




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