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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2008

Cmo fabricar una crisis global

Walden Bello
La Jornada



Cuando cientos de miles de personas se manifestaron en Mxico el ao pasado contra un incremento al precio de la tortilla, muchos analistas culparon a los biocombustibles. A causa de los subsidios del gobierno estadunidense, los granjeros de ese pas dedicaban ms hectreas al maz para etanol que para alimento, lo cual dispar los precios. Esta desviacin del uso del maz fue sin duda una causa de la elevacin de precios, aunque probablemente la especulacin de intermediarios con la demanda de biocumbustible tuvo mayor influencia. Sin embargo, a muchos se les escap una pregunta interesante: cmo es que los mexicanos, que viven en la tierra donde se domestic el maz, han llegado a depender del grano estadunidense?

La erosin de la agricultura mexicana

No puede entenderse la crisis alimentaria mexicana sin considerar que en los aos anteriores a la crisis de la tortilla la patria del maz fue convertida en una economa importadora de ese grano por las polticas de libre mercado promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y Washington. El proceso comenz con la crisis de deuda de principios de la dcada de 1980. Mxico, uno de los dos mayores deudores del mundo en desarrollo, fue obligado a implorar dinero del banco y del FMI para pagar el servicio de su deuda con bancos comerciales internacionales. El precio de un rescate fue lo que un miembro del consejo ejecutivo del BM describi como intervencionismo sin precedente, diseado para eliminar aranceles, reglamentaciones estatales e instituciones gubernamentales de apoyo, que la doctrina neoliberal identificaba como barreras a la eficiencia econmica.

El pago de intereses se elev de 19 por ciento del gasto federal total en 1982 a 57 por ciento en 1988, en tanto el gasto de capital se derrumb de 19.3 a 4.4 por ciento. La contraccin del gasto gubernamental se tradujo en el desmantelamiento del crdito estatal, de los insumos agrcolas subsidiados por el gobierno, los apoyos de precio, los consejos estatales de comercializacin y los servicios de extensin.

Este golpe a la agricultura campesina fue seguido por uno an mayor en 1994, cuando entr en vigor el Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN). Aunque dicho tratado consideraba una prrroga de 15 aos a la proteccin de productos agrcolas, entre ellos el maz, pronto comenz a fluir maz estadunidense altamente subsidiado, lo cual redujo los precios a la mitad y hundi al sector maicero en una crisis crnica. En gran medida a causa de ese acuerdo, Mxico se ha consolidado como importador neto de alimentos.

Con el cierre de la entidad gubernamental comercializadora de maz, la distribucin de importaciones maiceras de Estados Unidos y del grano nacional ha sido monopolizada por unas cuantas comercializadoras trasnacionales, como Cargill. Eso les ha dado tremendo poder para especular con las tendencias del mercado, de modo que pueden manipular y magnificar muchas veces los movimientos de demanda de biocombustibles. Al mismo tiempo, el control monoplico del comercio domstico ha asegurado que una elevacin en los precios internacionales del maz no se traduzca en precios significativamente ms altos a pagar a los pequeos productores.

Cada vez resulta ms difcil a los productores mexicanos de maz eludir el destino de muchos otros pequeos productores en sectores como arroz, carne de res, pollo y cerdo, quienes se han venido abajo por las ventajas concedidas por el TLCAN a los productos subsidiados estadunidenses. Segn un informe del Fondo Carnegie de 2003, las importaciones agrcolas de EU han dejado sin trabajo a 1.3 millones de campesinos, muchos de los cuales han emigrado al pas del norte.

Las perspectivas no son buenas, pues el gobierno mexicano contina en manos de neoliberales que desmantelan sistemticamente el sistema de apoyo al campo.

Creacin de la crisis del arroz en Filipinas

Que la crisis global de alimentos se origina en la restructuracin de la agricultura por el libre mercado resulta ms claro en el caso del arroz. A diferencia del maz, menos de 10 por ciento de la produccin mundial de arroz se comercializa. Adems, en el arroz no ha habido desviacin del consumo hacia los biocombustibles. Sin embargo, en este solo ao los precios se han triplicado, de 380 dlares por tonelada en enero a ms de mil dlares en abril. Sin duda, la inflacin deriva en parte de la especulacin de los crteles mayoristas en una poca de existencias escasas. Sin embargo, el mayor misterio es por qu varios pases consumidores de arroz que eran autosuficientes se han vuelto severamente dependientes de las importaciones.

Filipinas ofrece un triste ejemplo de cmo la restructuracin econmica neoliberal transforma un pas de exportador neto a importador neto de alimentos. Es el mayor importador mundial de arroz. El esfuerzo de Manila por asegurarse provisiones a cualquier precio se ha vuelto nota de primera plana, y las fotos de soldados que resguardan la distribucin del cereal en comunidades pobres se ha vuelto emblemtica de la crisis global.

Los trazos generales de la historia de Filpinas son similares a los de Mxico. El dictador Ferdinando Marcos fue culpable de muchos crmenes y malos manejos, entre ellos no llevar adelante la reforma agraria, pero no se le puede acusar de privar al sector agrcola de fondos gubernamentales. Para paliar el descontento de los campesinos, el rgimen les otorg fertilizantes y semillas subsidiadas, impuls mecanismos de crdito y construy infraestructura rural. Durante los 14 aos de su dictadura, slo en uno, 1973, se tuvo que importar arroz debido al extenso dao causado por tifones. Cuando Marcos huy del pas, en 1986, haba 900 mil toneladas mtricas de arroz en los almacenes del gobierno.

Paradjicamente, los siguientes aos de gobierno democrtico vieron encogerse la capacidad de inversin gubernamental. El BM y el FMI, actuando por cuenta de acreedores internacionales, presionaron al gobierno de Corazn Aquino para que diera prioridad al pago de la deuda externa, que ascenda a 26 mil millones de dlares. Aquino accedi, aunque los economistas de su pas le advirtieron que sera intil buscar un programa de recuperacin que sea consistente con el pago de la deuda fijado por nuestros acreedores.

Entre 1986 y 1993, entre 8 y 10 por ciento del PIB sali de Filipinas cada ao en pagos del servicio de la deuda. Los pagos de intereses en proporcin al gasto gubernamental se elevaron de 7 por ciento en 1980 a 28 por ciento en 1994; los gastos de capital cayeron de 26 a 16 por ciento. En suma, el servicio de la deuda se volvi la prioridad del presupuesto nacional.

El gasto en agricultura cay a menos de la mitad. El BM y sus aclitos locales no se preocupaban, porque un propsito del apretamiento del cinturn era dejar que el sector privado invirtiera en el campo. Pero la capacidad agrcola se erosion con rapidez, el riego se estanc, y hacia finales de la dcada de 1990 slo 19 por ciento de la red caminera del pas estaba pavimentada, contra 82 por ciento en Tailandia y 75 por ciento en Malasia. Las cosechas eran anmicas en general; el rendimiento promedio de arroz era de 2.8 toneladas por hectrea, muy debajo de los de China, Vietnam y Tailandia, donde los gobiernos promovan activamente la produccin rural. La reforma agraria languideci en la era posterior a Marcos, privada de fondos para servicios de apoyo, que haban sido la clave para las exitosas reformas de Taiwn y Corea del Sur.

Como en Mxico, los campesinos filipinos enfrentaron la retirada en gran escala del Estado como proveedor de apoyo. Y el recorte en programas agrcolas fue seguido por la liberalizacin comercial; la entrada de Filipinas en la Organizacin Mundial de Comercio (OMC) tuvo igual efecto que la firma del TLCAN para Mxico. La membresa en la OMC requera eliminar cuotas en las importaciones agrcolas excepto arroz, y permitir que cierta cantidad de cada producto ingresara con bajos aranceles. Si bien se permiti al pas mantener una cuota en importaciones de arroz, tuvo que admitir el equivalente a entre uno y 4 por ciento del consumo domstico en los 10 aos siguientes. De hecho, a causa del debilitamiento de la produccin derivado de la falta de apoyo oficial, el gobierno import mucho ms que eso para compensar una posible escasez. Esas importaciones, que se elevaron de 263 mil toneladas en 1995 a 2.1 millones en 1998, deprimieron el precio del cereal, lo cual desalent a los productores y mantuvo la produccin a una tasa muy menor a la de los dos principales proveedores del pas, Tailandia y Vietnam.

Las consecuencias del ingreso de Filipinas a la OMC barrieron con el resto de la agricultura como un tifn. Ante la invasin de importaciones baratas de maz, los campesinos redujeron la tierra dedicada a ese cultivo de 3.1 millones de hectreas en 1993 a 2.5 millones en 2000. La importacin masiva de piezas de pollo casi acab con esa industria, en tanto el aumento de importaciones desestabiliz las de aves de corral, cerdo y vegetales.

Los economistas del gobierno prometieron que las prdidas en maz y otros cultivos tradicionales seran ms que compensadas por la nueva industria exportadora de cultivos de alto valor agregado como flores, esprragos y brcoles. Poco de eso se materializ. El empleo agrcola cay de 11.2 millones en 1994 a 10.8 millones en 2001.

El doble golpe del ajuste impuesto por el FMI y la liberalizacin comercial impuesta por la OMC hizo que una economa agrcola en buena medida autosuficiente se volviera dependiente de las importaciones y margin constantemente a los agricultores. Fue un proceso cuyo dolor fue descrito por un negociador del gobierno filipino durante una sesin de la OMC en Ginebra: Nuestros pequeos productores agrcolas son masacrados por la brutal injusticia del entorno del comercio internacional.

La gran transformacin

La experiencia de Mxico y Filipinas se reprodujo en un pas tras otro, sujetos a los manejos del FMI y la OMC. Un estudio de la Organizacin de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin (FAO) en 14 pases descubri que los niveles de importaciones agrcolas en 1995-98 excedieron los de 1990-94. No era sorprendente, puesto que uno de los principales objetivos del acuerdo agrcola de la OMC era abrir mercados en pases en desarrollo para que absorbieran la produccin excedente del norte.

Los apstoles del libre mercado y los defensores del dumping parecieran estar en extremos opuestos del espectro, pero las polticas que propugnan producen el mismo resultado: una agricultura capitalista industrial globalizada. Los pases en desarrollo se integran en un sistema en el que la produccin de carne y grano para exportacin est dominada por grandes granjas industrializadas como las manejadas por la trasnacional tailandesa CP, en las que la tecnologa es mejorada continuamente por avances en ingeniera gentica de firmas como Monsanto. Y la eliminacin de barreras tarifarias y no tarifarias facilita un supermercado agrcola global de consumidores de elite y clase media, atendidos por corporaciones comercializadoras de granos como Cargill y Archer Daniels Midland, y minoristas trasnacionales de alimentos como la britnica Tesco y la francesa Carrefour.

No se trata slo de la erosin de la autosuficiencia alimentaria nacional o de la seguridad alimentaria, sino de lo que la africanista Deborah Bryce-son, de Oxford, llama la descampesinacin, es decir, la supresin de un modo de produccin para hacer del campo un sitio ms apropiado para la acumulacin intensiva de capital. Esta transformacin es traumtica para cientos de millones de personas, pues la produccin campesina no es slo una actividad econmica: es un modo de vida milenario, una cultura, lo cual es una razn de que en India los campesinos desplazados o marginados hayan recurrido al suicidio. Se calcula que unos 15 mil campesinos indios han acabado con su vida. El derrumbe de precios por la liberalizacin comercial y la prdida de control sobre las semillas ante las empresas de biotecnologa son parte de un problema integral, seala Vandana Shiva, activista por la justicia global: En la globalizacin, el campesino o campesina pierde su identidad social, cultural y econmica de productor. Ahora un campesino es consumidor de semillas y qumicos caros que venden las poderosas corporaciones trasnacionales por conducto de poderosos latifundistas y agiotistas locales.

* Versin reducida del artculo a publicarse en la edicin de The Nation (Nueva York) el 2 de junio. Se reproduce con permiso del autor.

** Walden Bello es analista y ex director ejecutivo del instituto de investigacin y activismo Enfoque en el Sur Global, con sede en Bangkok.

Traduccin: Jorge Anaya.


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