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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2008

El papel de Argentina en la crisis alimentaria mundial actual

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Desde hace aproximadamente un ao se estima que por lo menos en 37 pases se han registrado trastornos sociales por la enorme caresta de los alimentos. Fundamentalmente la duplicacin repentina y a veces la triplicacin de los precios al consumidor de los dos alimentos ms bsicos de la humanidad, el arroz y el trigo, han desatado manifestaciones callejeras de indignacin y protesta que en algunos casos, como Hait, ha significado el asesinato de gente hambrienta, significativamente a manos de fuerzas de ocupacin extranjera. [1]

Los porqus del hambre mundial

Se mencionan varios factores como desencadenantes de tales incrementos en el mercado mundial: alguna sequa gigante, el aumento de consumo indio y chino, la presencia en concurrencia de los bio-agro-necrocombustibles que disputan, ahora para los autos, las tierras para cultivo de alimentos para humanos, la economa-casino, que se ha ido desarrollando cada vez ms, dedicada a compras-a-futuro, mtodo que indudablemente es muy proclive a la especulacin y que por lo tanto empuja a los alimentos (y a todos los productos) a un alza constante, enloquecida, ajena a la vieja estructura de costos.

Hablando de las secuelas del hambre en el mundo, Martn Caparrs en un artculo motivado por una visita suya al frica, Gracias al hambre (Etiopa, 21/5/2008), aparecido en el boletn-e Comcosur (Montevideo, 25/5/2008) aporta una valiosa mirada al problema mostrando el no del todo elegante papel que le cabe a la Argentina en la coyuntura del hambre generalizada y provocada no por la ausencia de alimentos sino por su caresta.

Caparrs seala crudamente que nosotros, los argentinos, vivimos del hambre. Y resea el grado brutal de hambre que existe en varios pases, una enorme cantidad ubicados en lo que se llama el frica negra, que proveen el mayor caudal de una estadstica que habla de 25 mil seres humanos muertos al da; son ms de mil por hora, 17 por minuto. Caparrs insiste con datos que procuran hacer conciencia sobre algo que resulta bastante alejado de la cotidianidad argentina (aunque en el invierno anterior pasamos mediticamente por la muerte por hambre y desnutricin de varios miembros de etnias originarias en el norte argentino).

Va de nuevo, nos dice Caparrs: son, en los diez segundos que usted tarda en leer esta frase, mi estimado, tres hambrientos menos. En un pas como Etiopa, con 75 millones de habitantes, hay 15 millones que estn todo el tiempo al borde de la hambruna. A veces caen: entonces vemos 42 segundos terribles en la tele, chicos raquticos con panzas como globos, madres ramitas secas estirando la mano como quien ya no espera [].

Caparrs va ms all y describe implacable el proceso de ensimismamiento que, pese a internet y a la globalizacin comunicacional, parece afectar a la Argentina: el mundo es una mquina hipercompleja e integrada, por ms que los argentinos actuales hayan decidido hacerse tanto ms provincianos ciegos que sus padres y olvidarlo: hacer como si no existiera. O, por lo menos, como si no importara.

El hambre no es joda. Las cifras transcriptas lo testimonian. En Hait se han hecho populares una galletas de tierra arcillosa cocida que por ser salobre engaa el estmago de los haitianos ms empobrecidos. Alguien pesc el negocio con unas tierras del centro del pas, zona de Hincha. [2]

En Somala, la crisis golpea por muy distintos lados: hay un gobierno establecido mediante ocupacin, igual que en Hait, desconocido por muchos, una crisis monetaria en parte incentivada por la falsificacin de la moneda nacional y una suba de precios tal que en un ao se duplicaron los que menos aumentaron y se cuadruplicaron los que ms. A fines de 2007 se estimaba en un 20% a la poblacin (diez millones de habitantes) en situacin de hambruna, en marzo, con el encarecimiento, un milln ms de pobladores cay en la indigencia y se teme la cada de otro milln de sufrientes en lo que resta del ao. Mientras tanto, EE.UU. bombardea regularmente el pas so pretexto de luchar contra algo, pero con la precaucin de no poner pie en tierra despus del tropezn sufrido en su ltimo desembarco. [3] Ningn pas puede funcionar si entre un tercio y la mitad de su gente pasa hambre de modo estructural, sostenido

En Hait o en Somalia vemos claramente los daos, la destruccin brutal, que la occidentalizacin, la modernizacin, provoca en sociedades ajenas, subalternizadas.

El papel de Argentina

Caparrs desnuda el mecanismo de esa ganancia argentina sobre la base del hambre mundial. Por su importancia lo citaremos in extenso:

Y nosotros ganamos con esos aumentos. Nos hacemos los boludos, no queremos verlo: nuestra prosperidad le est costando carsima a millones y millones de personas. La Argentina sali de la crisis gracias al aumento del precio de los granos: por estos precios, millones se mueren de hambre. O sea: las ganancias tan legtimas por las que discuten encarnizados los presidentes K y el campo producen sufrimientos espantosos. No digo que sea a propsito. No, por favor. Nosotros pasbamos por ah cuando los chinos decidieron empezar a comer y las leyes del mercado hicieron que los precios subieran y las leyes del mercado hicieron que millones no pudieran comprar ms comida y se murieran pero a m por qu me miran, yo hago mi trabajo, yo defiendo lo mo y trato de venderlo lo ms caro posible porque as son las leyes del mercado y yo justo estaba ah, qu culpa tengo.

Y bien: la situacin real es todava ms espantosa, mucho ms espantosa que lo ya descrito por Caparrs. No es exactamente que nosotros pasbamos por ah como aquel que ve luz y entra. Queda en pie el deslinde radical con toda teora conspiracionista segn la cual los sojeros hambrean, cuando en realidad lo nico que quieren es hacer negocio.

Una correccin, empero, basada en dos precisiones: primero, que los sojeros no slo quieren hacer negocios sino adems hacer como que hacen obra, patria o como usted quiera llamar a sus proyectos de ogros filantrpicos, bastante opuestos a los soados por Octavio Paz, y segundo porque el origen de este escabroso rol que juega hoy Argentina no es tan argentino como parece.

Argentina made in USA

Dennis Avery ha sido por aos un alto funcionario del USDA, Ministerio de Agricultura de EE.UU., y se presenta como analista agrcola Senior del Departamento de Estado. Con la candidez caracterstica de tanto estadounidense explica en la introduccin a su libro Salvando el planeta con plsticos y plaguicidas, [4] que estaba escribiendo otro [libro] que trataba sobre la importancia del libre comercio para la agricultura estadounidense. Su ltima frase es reveladora de toda una poltica: preservar el suministro de vveres por parte de EE.UU. a pases que vayan perdiendo as su soberana alimentaria.

Claro que siempre con las mejores intenciones: frente a una sequa por ejemplo, ir en auxilio con la ley 480, regalar cereales un ao, dos, y cuando los agricultores locales no puedan ya no recuperarse de la sequa sino de la competencia con los granos introducidos solidariamente por EE.UU. con precios de dumping, es decir, cuando se ha logrado debilitar la soberana alimentaria y se ha desarrollado la dependencia dem, entonces s, iniciar el negocio con precios en alza.

EE.UU. se ha especializado, usando los alimentos como arma geopoltica en ir estableciendo en tantos pases como sea posible el rgimen que Devinder Sharma con lucidez ha caracterizado como del-barco-a-la-boca: la poblacin tiene que aguardar lo que va llegando al puerto para poder comer. Mayor esclavitud alimentaria es difcil de imaginar. Sobre todo porque, durante milenios, todos los pueblos aprendieron a alimentarse a s mismos. Razn elemental: si no lo hacan, no sobrevivan.

Observemos, al pasar, que el libro cuya introduccin hemos estado glosando, Salvando el planeta con plsticos y plaguicidas, tiene un ttulo que es de por s toda una plataforma ideolgica y estratgica.

La teora econmica del eurocentrismo encontr una superacin cientfica a aquella vieja, tradicional, soberana alimentaria: la ley de las ventajas comparativas por la cual cada comarca, cada estado, debe dedicarse exclusivamente a lo que mejor produce; esa optimizacin econmica permitir agrandar la torta mundial de productos y por lo tanto permitir que todos reciban ms. Oh, maravillas de la ciencia econmica.

Como sabemos, para los idelogos, cuando la realidad choca con la teora peor para la realidad. Y as hoy tenemos un mercado ms globalizado que nunca, adaptado a la ley de las ventajas comparativas como nunca antes estuvo el planeta, y sin embargo, cosa curiosa, hay casi mil millones de seres humanos que se acuestan con hambre cada da o que ni duermen por el hambre o que literalmente mueren de hambre. La dependencia alimentaria tensiona y hace sufrir cada vez a ms gente.

En la introduccin ya citada dice Avery que su tarea desde el Hudson Institute es comunicarles a los productores agrcolas [estadounidenses] que ellos podan ayudar a alimentar al Asia. Tal vez porque los indios y los chinos jams aprendieron a alimentarse paradjico para tratarse del continente por lejos ms poblado del orbe; bastante ms de la mitad de la poblacin humana mundial vive, se alimenta, se ha alimentado por milenios, en Asia

Obviamente, la pretensin de que EE.UU. alimente al mundo es un poco excesiva. Pese a sus excelentes praderas y extensin, no alcanza.

Argentina y EE.UU.: gran tndem con piloto automtico o yanqui?

Pero el seor Avery tiene sus soluciones. Que en rigor, debemos entender como polticas pblicas de EE.UU. puesto que Avery es todo menos un lbero, un marginal o un intelectual autnomo. Por Avery nos enteramos de los planes que tiene el USDA para la India. El Ministerio de Agricultura de EE.UU. confeccionando la poltica de la India en su zona rural? Es indudable que ese Ministerio piensa por todos nosotros, dios no nos libra ni nos guarda. Avery nos informa de los planes que a mediados de los 90 tena el USDA para el campo indio, compuesto entonces por unos 500 millones de campesinos: reducir esa poblacin, rural, a 50 millones en diez aos. Esto, para modernizar el pas, consigna sagrada si las hay.

Es curioso el afn bienhechor de ciertas presencias. En el siglo XVIII, por ejemplo, Inglaterra desmantel prcticamente toda la actividad textil india (para favorecer la propia) y logr as postrar al pas en un estatuto de vasallaje. Cuando el subcontinente indio sufre todava la secuela de aquella ayuda, a fines del s. XX, es EE.UU. el que quiere ayudar ahora a la India desmantelando toda su estructura agraria Hasta donde sabemos, el plan del USDA no se ha concretado, al menos con la radicalidad presentada por Avery: en el 2002, la poblacin rural india todava superaba a su poblacin urbana (totalizando la poblacin del estado ms de mil millones de seres humanos).

Qu papel desempea Argentina en la teora de las ventajas comparativas, a la que son tan afectos los voceros del clan sojero argentino?

Avery nos lo seala bastante claramente. Nos lo sealaba as en 1995, en el momento del despegue de la soja transgnica en Argentina y las consiguientes cosechas que van a ir estableciendo un rcord cada ao sobre el anterior. Cuando el conocidsimo jurisconsulto y hombre de derecha Carlos Menem desmantela todos los organismos pblicos del pas y entrega la poltica agraria a Monsanto, que es como decir, relaciones carnales mediante, a EE.UU. Nos comenta Avery: Solamente en EE.UU. y Argentina hay suficiente superficie fuera de produccin (debido a polticas oficiales) como para alimentar a otros 1500 millones de personas. (ibd., p. 123)

Avery nos muestra as como se unen las praderas norteamericanas y las pampas argentinas en una poltica mundial.

El horror que escudria Avery a lo largo de su libro es a la poltica de autoabastecimiento de alimentos. Es decir, que haya ms y ms sociedades venciendo la pesadilla del-barco-a-la-boca. Porque eso perjudicara a EE.UU y a Argentina. Con semejante poltica quedaran torpemente ociosas ms de 40 millones de hectreas de las mejores tierras agrcolas del mundo ubicadas en pases como EE.UU. y Argentina, y se obligara al mismo tiempo a los productores agrcolas de Asia a roturar hasta el ltimo rincn de tierra disponible. (ibd., p. 286).

Las explicitaciones de Avery nos permiten visualizar mejor el papel de Argentina en la poltica mundial de alimentos llevada adelante por EE.UU.

En EE.UU., cuando en 1999 un grupo de objetores a los trmites de aprobacin de las tcnicas transgnicas lleva a los tribunales a la FDA y transitivamente a Monsanto y otras corporaciones por el ejercicio de mtodos considerados viciados (o viciosos) para tales aprobaciones, [5] el presidente de EE.UU., a la sazn Bill Clinton, establece el fast track, para dar el visto bueno a los alimentos transgnicos sin tantos miramientos legislativos ni judiciales. El argumento fue lapidario: tales alimentos constituyen parte de la seguridad nacional de EE.UU. De ms est aclarar que Clinton no hace referencia alguna a la seguridad nacional argentina. El golpe de mano de la Casa Blanca constituye una excelente demostracin de cmo se conciben los alimentos como arma.

Alimentos como armas de destruccin masiva

Un arma de destruccin masiva, como bien los definiera Paul Nicholson, de Va Campesina. [6] Los alimentos son mucho ms que una mercanca. [] La poltica de ayudas en EE.UU. y Europa, orientada a la exportacin, es destructora de la capacidad productiva [] la revolucin de la biotecnologa ahonda los procesos de exclusin [] la produccin agraria se est concentrando en unas pocas regiones del planeta. Se destruyen las economas locales y el mundo rural se empobrece [].

Suena conocido? Es exactamente la situacin argentina. Aqu se concentra la produccin, se acenta la exclusin, porque los monocultivos industriales constituyen una agricultura sin agricultores (un tractorista por cada 500 ha. de soja alcanza). Y all detrs, pica el USDA planeando el mundo entero y a sus pies!

Con lo cual, aquel sano rechazo a las interpretaciones conspiracionistas que ilustrara Caparrs necesita un ajuste: hay concilibulos, hay resoluciones que pasan por encima y afuera de la gente y que marca profundamente sus destinos. Que las hay, las hay.

Por eso, hay que darle una vuelta de tuerca a lo explicitado por Caparrs. Es todava peor. Somos los elegidos para hambrear al mundo (y de paso hambrear un poco adentro, pero poco, porque en Argentina corre guita, mucha guita).

Y el gobierno, los gobiernos, hasta ahora, contentos. Porque administraban una masa excedente, producto de la exportacin, como pocas veces antes.

Sojizacin: por fin mala palabra

No sabemos porqu, en un momento, en marzo de este ao, este gobierno K, descubri la sojizacin. Que lleva por lo menos diez aos. Pero s sabemos que gracias a esa focalizacin, empezamos a socializar unas cuantas verdades.

Ya no se puede tapar el cielo con un harnero. Algo que por una dcada, gracias a una oportunista ceguera, funcion.

Tal vez podamos empezar a pensar nuevamente. Eppur si muove.



* Docente de la Ctedra Libre de Derechos Humanos, Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista y editor de la revista semestral futuros del planeta, la sociedad y cada uno.

[1] Recordemos que en Hait, luego de deponer por las armas a su presidente electo, Jean Aristide, las fuerzas militares de EE.UU. delegaron la custodia del proceso a los ejrcitos del Cono Sur americano, a travs, por supuesto, de una disposicin aprobada por la ONU, que crea el MINUSTAH compuesto por fuerzas militares y policiales de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Fue precisamente en el rea bajo la custodia del ejrcito uruguayo que se asesin en marzo a por lo menos cinco o seis haitianos.

[2] Vase el conmovedor relato de Hecmilio Galvn, El espejo haitiano, alainet.org.

[3] En la lucha proclamada contra el terrorismo islmico, EE.UU. hizo un desembarco muy publicitado en los 90 sobre la base de que Somalia careca de estado y de fuerzas militares regulares. Confiados en una superioridad militar aplastante contra bandas islmicas, el ejrcito estadounidense procur hacer una operacin de RR.PP., para poner orden y brindar alimentos a la desmembrada Somalia. Sin embargo, alguna de las tales bandas les tendieron una celada en la cual 18 marines fueron muertos para sorpresa de los invasores que desandaron prestamente el camino.

[4] Editado en Argentina por la Cmara de Sanidad [sic] Agropecuaria y Fertilizantes, Buenos Aires, 1998, aunque el trabajo de Avery fue hecho y financiado en EE.UU. por el Hudson Institute, Indiana. El nombre de la Cmara, ligeramente defectuoso en castellano, en que debera llevar una segunda preposicin de antes de fertilizantes, tal vez pague el precio a una traduccin apurada, no ya slo de frases sino hasta de instituciones...

[5] Nos referimos a la coalicin de organizaciones ambientalistas, religiosas y polticas Alliance for Bio-Integrity (Biodeception: How the Food and Drug Administration is Misrepresenting the Facts About Risks of Genetically Engineered Foods and Violating the Laws Meant to Regulate Them [Biodecepcin: cmo la FDA falsifica los riesgos de alimentos transgnicos y viola las leyes que se suponen deben regularlos].

[6] Entrevista publicada en castellano en futuros, no 6, invierno 2004.



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