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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2008

Neocolonialismo acadmico en frica

Manuel Domnguez Rodrigo
Pblico


Llevo casi 20 aos investigando en frica el origen del ser humano. He trabajado en Kenia, Etiopa, Uganda, Sudfrica y he hecho de Tanzania mi segundo hogar. En estos aos he trabajado solo, a veces durmiendo a la intemperie en sabanas africanas, he colaborado con equipos estadounidenses y he tenido el privilegio de dirigir el primer equipo de arquelogos ntegramente espaol que estudia nuestros orgenes en el continente donde el ser humano vio la luz por primera vez.

Durante diez aos, nuestro equipo ha sacado centenares de fsiles en las inmediaciones del lago Natron (Tanzania) aportando informacin muy valiosa de los primeros seres humanos y sus hbitos cinegticos. En la actualidad, nuestras preguntas nos han trasladado al lugar que preserva de manera excepcional los yacimientos arqueolgicos ms importantes para reconstruir cmo eran los primeros humanos: la garganta de Olduvai (Tanzania). Dicha garganta, que es para la arqueologa prehistrica lo que la Capilla Sixtina es para el arte, ha sido estudiada durante dcadas por la familia Leakey y en los ltimos 20 aos se ha convertido en coto privado de un equipo de la Universidad de Rutgers liderado por R. Blumenschine.

En nuestra actual investigacin en Olduvai estamos experimentando ms de lo que por desgracia he visto en cada pas africano donde he trabajado: algunos investigadores estadounidenses convierten extensas reas fosilferas (a veces de varios centenares de kilmetros cuadrados) en feudos particulares con los que mantienen posiciones acadmicas hegemnicas durante dcadas. En dichas zonas impiden que cualquier otro investigador pueda acceder, incluso en situaciones de ausencia de incompatibilidad de objetivos, aunque se trate de investigadores nativos. Dada su incapacidad para abarcar reas tan amplias, esto se traduce en que cada ao centenares de fsiles (quin sabe cuntos de homnidos) desaparecen por falta de atencin. Este gesto neocolonial, manifestando que el que tiene los recursos sigue imponiendo su ley sobre lo que es de otros, en este caso, patrimonio primero de los africanos y luego de la humanidad, no es sino una expresin particular de la poltica internacional de un pas que dicta los principios por los que se rige la globalizacin.

Esta conducta neocolonial va emparejada y se nutre retroactivamente de uno de los peores vicios de algunas sociedades africanas: el elevado grado de corrupcin. La investigacin de la evolucin humana en frica est plagada de ejemplos semejantes y muchas otras controversias, que restan apoyo social a una disciplina que es la nica que puede combatir con eficacia al resurgimiento de ideas antievolucionistas y creacionistas disfrazadas de diseo inteligente tan de moda en la actualidad. Algunas de estas historias y pugnas acaban de ser recogidas de manera ejemplar en un libro publicado por una periodista de la revista Science (Ann Gibbons, The First Human, Anchor Books, Nueva York). Sera injusto calificar a cada paleoantroplogo estadounidense de esta guisa; de hecho, nuestro equipo est codirigido por un investigador de la Universidad de Wisconsin (Henry Bunn) que es ejemplo de los muchos investigadores procedentes de EEUU cuya excelencia acadmica y humana he tenido la oportunidad de conocer en mis aos de estancia en aquel pas. Sin embargo, el sistema acadmico estadounidense refleja la feroz competencia, casi darwiniana en su sentido ms denostado, de investigadores cuya supervivencia depende de su productividad cientfica. La productividad slo se consigue con proyectos de investigacin, preferiblemente de primer nivel, y en el campo de la evolucin humana, eso significa buscar homnidos en frica. Una manera de mitigar la competencia es limitar el nmero de competidores y eso se hace reclamando derechos seoriales sobre zonas de gran riqueza fosilfera.

Trabajar en frica es un reto para un investigador espaol. El reto empieza en casa. Primero, la mentalidad de ciertos gestores ministeriales y polticos incentiva el derroche en yacimientos arqueolgicos cuya relevancia es estrictamente parroquial y los recursos disponibles para excavar en yacimientos de envergadura e impacto internacional en el extranjero son irrisorios. Las inversiones importantes en la arqueologa nacional se hacen frecuentemente en yacimientos ms por su inters poltico que por su contenido cientfico. Esta no es una buena poltica para colocar la investigacin arqueolgica espaola en el panorama internacional. Luego, cuando los recursos se conceden, la gestin administrativa de los mismos es surrealista. Yo, en 20 aos de investigacin, jams he podido irme a frica ni una sola vez sin haber echado mano de mi escaso patrimonio, ya que las ayudas llegan siempre mal y tarde. Una ayuda concedida a principios o mediados de un ao, se puede materializar del ministerio a la institucin acadmica a finales del mismo (si hay suerte) y la tramitacin interna de sta se dilata de tal manera que ocurre que el investigador reciba la ayuda al ao siguiente. Luego, a veces gestionar los permisos de investigacin en el pas africano se transforma en un esfuerzo de meses similar al de la gestin de recursos en casa. Y cuando por fin llega uno al campo, adems de preocuparse por los riesgos de integridad fsica (malarias, amebas, escorpiones y serpientes, por no hablar de la fauna grande), le queda enfrentarse al juego sucio de ciertos colegas dotados de mucho ms apoyo financiero y a sabiendas de que sus artimaas mafiosas no se conocern ms all de las zonas recnditas donde los fsiles tienen la mala virtud de preservarse mejor.

A pesar de eso, los que nos dedicamos a esto seguimos y descubrimos, siempre ayudados por la diosa Fortuna, fsiles e informacin que sirve para explicar como nos convertimos en primates tan excepcionales.

Manuel Domnguez-Rodrigo es profesor titular de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid

 


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