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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2008

Transformaciones de la cantidad en calidad
El partido-campo

Daniel Cadabn
Rebelin


El multitudinario acto que el 25 de mayo los productores rurales realizaron a las orillas de Paran, en la ciudad de Rosario, result inevitablemente una cucharada de tierra, intragable para el kirchnerismo.

La masividad de la concentracin, en torno al Monumento a la Bandera, logr eclipsar la minscula concentracin oficialista, que el pejotismo del conurbano bonaerense realiz en Salta capital.

Tan contundente fue la movilizacin poltica en Rosario que tuvo una inesperada derivacin: la presidenta Cristina- Kirchner se qued sin palabras para improvisar su discurso, para la prxima ser mejor que las escriba.

Atrapado en la parlisis y en la descomposicin que el conflicto campero le provoca en sus propias filas, el gobierno puso en concurso su propia capacidad de movilizacin para evitar lo inevitable: porque el acto rural del 25 de mayo amenazaba con transformarse en un punto de inflexin; que terminara por demostrarle a la sociedad, que se haba consumado la perdida de la ofensiva poltica por parte del oficialismo junto a una importante porcin de poder.

Esta parlisis es la explica que el kirchnerismo dejara hacer durante todo este tiempo a las entidades agrarias y que, por toda poltica, se limitara a ir acompaando la situacin con un cambio de discurso diario.

Para muchos que opinaban que el oficialismo mantuvo, durante los ms de 70 das que ya lleva el conflicto, un juego poltico que apuntaba al desgaste del paro agrario, en medio de una estrategia ms general destinada a convencer a la poblacin de que el aumento de precios tenia sus responsables en los piquetes chacareros, les queda comprender que, en realidad, la estrategia poltica del gobierno estaba surcada por la ms pura paraplejia.

Fue recin el domingo 25 de mayo, por la noche en que el oficialismo decidi pegar el barquinazo Qu conseguimos hasta ahora con la postura dialoguista? pregunt el ex-presidente Nstor Kirchner a la plana mayor de funcionarios del gabinete, reunidos en Olivos, Nada, excepto que estos tipos sigan creciendo En esta lucha no hay lugar para tibios agreg.

Si se aprecian de conjunto los sucesos y la series de sucesos que vienen siendo recogidas por las paginas de los diarios en los ltimos dos meses se podra concluir que, de un modo violento, han irrumpido en la superficie de la situacin poltica el complejo entramado de una crisis entre fracciones que se disputan el ingreso nacional; adems, de que a partir de la etapa abierta el 25 de mayo en Rosario, estos estertores aparecen traducidos en el plano poltico.

Un partido, partido

El kirchnerismo apel al reflotamiento del pejotismo histrico, con la conviccin de haberle encontrado la vuelta a la recreacin de los mecanismos necesarios de dominacin y disciplinamiento poltico, que acten como un dique de contencin a una crisis que fluye por todos los poros.

La idea de volver al conocido y viejo recurso de la reedicin de un partido partido, entre patotero y burocrtico, muestra a las claras la imposibilidad de un sector de la burguesa argentina para dotarse de una estructura poltica innovadora y reformista

-tanto en la forma como en el programa- que se asentara sobre los espectaculares recursos econmicos que se fueron acumulando en estos ltimos cinco aos.

Nada de esto; el kirchnerismo no pudo hacer pie entre los trabajadores, ni entre los sectores medios apremiados por la pobreza, ya que nunca abandon las afelpadas oficinas de las centrales obreras burocratizadas. Por el contrario, desde el principio, fue un gobierno que enfrent los reclamos obreros y populares con el viejo discurso burgus de que estos atentan en contra de la institucionalidad.

Recaudador insaciable, el gobierno se vio en la obligacin de recostarse en los mismos mecanismos de disciplinamiento que histricamente laboraron en defensa del estado: las patotas de la burocracia sindical y las fuerzas de represin armada. La actuacin de estas fuerzas en la mayora de los conflictos de trascendencia nacional, Las Heras, Francs, FUBA, Santa Cruz; ya es lo suficientemente conocida por la sociedad como para seguir ahondando en una descripcin de la misma.

Si algo ha caracterizado kirchnerismo en la ltima etapa, ha sido una falta de visin dialctica de los acontecimientos, con lo cual, el oficialismo se priv de ver y de interpretar el hecho poltico y la dinmica de la crisis que acompaa la derrapada de su poltica econmica, que hasta ahora, muestra en el proceso inflacionario slo la punta de un iceberg que se alza como un ndice amenazante de un descalabro ms general.

De haber realizado un balance de los consecuentes cambios que acompaaron los ltimos meses de la gestin de Nstor y de estos primeros cinco desastrosos meses de la gestin de su esposa, el gobierno se hubiera hecho conciente de los cambios que sacudieron las cantidades econmicas, de las que tanto se jactaban, para transformarlas en eminentemente polticas.

Mientras las encuestas y los ritmos de crecimiento econmicos lo siguieran favoreciendo, el kirchnerismo despreci la dialctica histrica, dejndola reservada a los cenculos de intelectuales. Para el progresismo kirchnerista, la dialctica es un conjunto de estupideces de marxistas y de pensadores que se niegan a entender que es la economa (estpido) lo que regula el animo de la gente.

De la cantidad a la calidad

Los intelectuales proK han puesto de moda un nuevo concepto: Las medidas de las entidades agrarias son destituyentes.

El concepto de destituyente es una salida de compromiso para afincarse mas cerca de una realidad social donde la opinin pblica rechaza, en una enorme mayora, el mote de golpistas que el gobierno intenta encajarle a las manifestaciones agrarias.

En definitiva, destituyente, viniendo del oficialismo, es un concepto conciliador, negociable, un intento de decir sin aclarar que puede llenar de entusiasmo a la tropa de intelectuales oficialistas, pero que no termina convenciendo a nadie.

El documento oficial, del pejota reconstruido, retoma esta concepcin para ampliarla.

El Partido Justicialista dice- ante el antidemocrtico ataque que con nimo destituyente y falta de respeto a la voluntad popular se ha hecho a la Presidenta y a los Gobernadores, se ve en la obligacin de fijar claramente su posicin poltica".

"No es que sorprenda que tales actores, en nombre de la defensa del campo, incurran en esa prctica, que no hace ms que retrotraernos a jornadas de 1930, 1955 y 1976, cuando aquel nimo destituyente fructific en golpes de estado, siempre argumentado en contra de acciones de los gobiernos elegidos por el pueblo, para culminar apoyando planes como el de Martnez de Hoz".

Es decir, queda claro que para el pejotismo, destituyente es un concepto que se comporta como prembulo al llamado golpista, sin ser un intento directo de golpe tradicional y en regla; pobre intento de plantear una amenaza en contra del orden constitucional, cuando en realidad, la denuncia recae en el agotamiento de un rgimen de poder, fundado en la cooptacin de voluntades con un generoso reparto de las reservas.

Sin embargo, difcilmente las condiciones polticas sean favorables a una aventura golpista destituyente tradicional y en regla.

La insistencia del oficialismo, para explicar que de lo que se trata este conflicto, es que hay sectores que rememoran las viejas prcticas videlianas y que atentan en contra de un gobierno nac & pop no superan la crtica. Esto por dos razones: la primera es que gran parte del campo burgus nacional e internacional (la UIA y la burocracia sindical, entre otros) que auspiciaron el golpe de estado genocida del 76, hoy por hoy, apoyan al gobierno de los Kirchner. La segunda, porque el gobierno de Cristina-Kirchner no tiene un carcter ni nacional ni popular.

Asistimos, eso si, a una crisis poltica de naturaleza destituyente, en el sentido de que un sector de la burguesa agraria, que ha sabido ganarse para su lado al conjunto de poblaciones del interior y mantener como rehn al conjunto de sectores polticos opositores al gobierno, muestra sin impedimentos ni vergenza la crisis que corroe a la administracin del estado.

Crisis poltica

Los vaivenes de la coyuntura econmica han dado lugar a la aparicin de un frente comn entre algunos sectores acomodados del campo, que comienzan a discutir la repartija de las rentas entre las clases poseedoras, el presupuesto del Estado, la poltica monetaria, el volumen y la propiedad del comercio exterior, etc. cuestiones que ejercen una influencia directa sobre el futuro poltico del kirchnerismo. La novedad de toda esta situacin la encontramos, no en la discusin sobre las retenciones mviles. De hecho, los capitalistas viven discutiendo todo el tiempo sobre asuntos econmicos relativos al reparto de los erarios pblicos; la novedad est en la dimensin poltica que ha tomado esta discusin abriendo una crisis en el frente patronal de enormes dimensiones.

El partido-campo

Que estas cuestiones, de aqu en ms, adopten la fisonoma de una nueva formacin poltica (del campo) esta por verse, todo depender de la dinmica que tomen los acontecimientos y de la superacin de las contradicciones que recorren el partido-campo.

En principio, las 300 mil personas que participaron de acto fundante de este partido agrario reclamado por el diario La Nacin, no forman una base homognea con el programa recitado desde el escenario rosarino.

Ni la anulacin de las retenciones mviles, ni el supuesto enfrentamiento entre unitarios y federales alcanza como un programa que vaya a unificar las voluntades de las ciento de miles de personas presentes. Tampoco la crtica, por ms despiadada que sea, a los modos polticos de la seora presidenta. La condicin de posibilidad para la formacin de un partido campo pasa, en primer lugar, por vencer al gobierno en la puja distributiva. En trminos de Buzzi ganar o ganar.

Ganar o ganar plantea una serie de inconvenientes que van, desde el enfrentamiento de los piquetes chacareros con las posturas dialoguistas sostenidas por la UIA, la iglesia y el periodismo oficial; hasta el enfrentamiento fsico con la gendarmera y los grupos de choque que disponga el pejotismo. En este enfrentamiento no hay lugar para tibios, dijo Nstor Kirchner.

Por otra parte, el frente patronal organizado por las entidades agrarias comienza a mostrar fisuras en su unidad sin principios; Coninagro comenz a pedir la escupidera, reclaman "la no politizacin de las posiciones, el discurso o las decisiones que se tomen", lo que en buen romance significa que los piquetes no tengan capacidad de decisin y que las discusiones no salgan de los carriles reivindicativos que dieron origen a la protesta: la renta agraria.

Desde hace un tiempo atrs, tambin la Sociedad Rural viene reclamando la moderacin de los discursos y hasta el propio Buzzi y De Angeli salieron apresuradamente a desdecirse de lo dicho, inflamados por el sentimiento patritico, ese 25 de mayo.

En tanto los piquetes han vuelto a las rutas. El criterio que aparente prima es el de un gauchaje moderado dispuesto a la no-perturbacin de los bienes y haciendas ajenos y a la no interrupcin del derecho democrtico a transitar por las rutas nacionales.

El problema es que el kirchnerismo especula, en su ofensiva antitibia, conque estos sectores no se animaran a sacar los pies del plato, ni a destruir produccin acumulada.

Si esto se cumple, el oficialismo aunque desgastado volver a recuperar parte de la ofensiva poltica perdida, caso contrario la crisis poltica crecer en intensidad.



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