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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2008

General Bernales: No todos los muertos son buenos

Tito Tricot
Rebelin


Estall en una letana de jirones mbar, dicen, en cielo ajeno, lloran. Y llevan das lamentando la muerte de un polica ejemplar, dicen. Pero, a pesar de la pompa y circunstancia y de los rostros desencajados en medio del fro otoal, la historia verdadera nos acribilla con las muertes del muerto general. Porque, en las alturas de Panam, en ese brutal instante de fuego, se desat la mayor tormenta de estrellas fugaces que se recortaron cristalinas en la cordillera de Nahuelbuta tiendo de ail la lluvia mapuche. Fue un estallido descomunal que estremeci la mirada de Alex Lemun y Matas Catrileo, jvenes mapuche asesinados por los hombres del general Alejandro Bernales. Ellos no supieron de la mesura y humanidad que, dicen, caracterizaba al general; tampoco de la ingente generosidad que, dicen, prodigaba el general, pues la vida se les escabull ineluctablemente enceguecidos por una lluvia de estrellas azules, pero tan brillantes que, a pesar de los esfuerzos de la clase poltica, opacarn para siempre la impecable, dicen, hoja de vida del general. Pero no son slo los polticos, sino que tambin los medios de comunicacin que, concertados en la apelacin al dolor, han ungido como hroe a un general de carabineros que sembr el terror en territorio mapuche cuando fue jefe de la IX zona de Carabineros de la Araucania. Fue el responsable operativo de la poltica de criminalizacin del movimiento mapuche impulsado desde el gobierno de Ricardo Lagos y, como tal, el gestor de la militarizacion de las comunidades consideradas conflictivas. La resultante de dicha poltica fueron los allanamientos masivos, las golpizas a los comuneros, las detenciones arbitrarias, todo en connivencia con la fiscala pblica que formulaba cargos increbles basados en la Ley anti-terrorista.

El mapuche luchaba por sus derechos colectivos como pueblo, el gobierno ordenaba la represin y el general Bernales, obsecuentemente, reprima a hombres, mujeres y nios por el simple hecho de ser indgenas. Como ha sido siempre. Entonces, cuesta entender que se diga sin vergenza que fue un Oficial de profundos valores humanistas y cristianos, que privilegi el trabajo en equipo, el profesionalismo, la integracin con la comunidad y la preocupacin por el bienestar de los carabineros y sus familias. Dnde estaban los valores humanistas entre los helicpteros, las tanquetas y los gases lacrimgenos que aterraban a las comunidades? Dnde estaba la integracin con la comunidad mientras en Temucuicui se realizaban violentos allanamientos en las madrugadas? Dnde estaba el cristiano general cuando a Alex, de apenas 17 aos, le clavaron para siempre al viento con un balazo en la nuca? Dnde cundo a Matas, de meros 23 aos, lo crucificaron sin apelacin alguna a la oscuridad, y cobardemente por la espalda? La respuesta es clara, aunque les duela a los dolientes de uniforme y de civil que lo quieren transformar en santo: estaba dando las rdenes para reprimir a un pueblo digno.

El general del terror

Hoy nos hablan de un oficial cercano a sus hombres, cercano al pueblo llegando, incluso, a calificarlo como el general del pueblo. Sin embargo, el utiliz el terror de manera sistemtica en las comunidades, impuso el miedo y la incertidumbre, viol los derechos humanos de millares de mapuche. Eso, claro, parece que a pocos les importa, pues en el arrebol de la tragedia de Panam, se cantan sus glorias, se hiperbolizan sus virtudes, se minimizan sus defectos y se esconden sus crmenes, porque la vida de un indgena vale menos que la vida de un carabinero. Y, sobre todo, porque persiste una subyacencia racista en la cultura dominante que obnubila los sentidos; pero tambin clasista, ya que este peculiar general del pueblo, no slo se reprimi a los mapuche, sino que a todos los sectores sociales que osaron expresar su disconformidad con el gobierno. De su violencia supieron y sufrieron los estudiantes secundarios y universitarios, los trabajadores subcontratistas del cobre, los pescadores artesanales, los trabajadores forestales y de la salud, entre otros. No obstante, jams hubo banderas a media asta ni se decretaron tres das de duelo nacional por el asesinato de Rodrigo Cisternas, obrero forestal acribillado por carabineros durante una huelga. Ni por Lemun ni por Catrileo. Nunca. Entonces nos asiste la sospecha de que detrs de la urgente iconizacin y canonizacin del general Bernales se esconde el ms profundo racismo chileno. Adems, por cierto, de la entronizacin de una poltica de la desmemoria que se acerca peligrosamente a la impunidad en un pas donde, a pesar de lo que se nos quiere hacer creer, no todos los muertos son buenos.

Tito Tricot (Socilogo / Director del Centro de Estudios Interculturales ILWEN)



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