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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2008

Biocombustibles, soja responsable y el modelo de la dependencia

Jorge Rulli


Antes de ayer me llam a casa un periodista ingls, me dio su nombre, el nombre de la persona amiga que lo recomendaba y la agencia para la que trabajaba. Muy bien, le dije, en qu podemos ayudarlo? Me cuenta entonces, con bastante dificultad en el uso del espaol, que esta haciendo una investigacin sobre Biocombustibles y que desea saber si el GRR trabaja en ese tema. Le explico que s, que llevamos una campaa sobre los Agrocombustibles, que puede ir a nuestra pgina e informarse. Me pregunta entonces, si aceptara hacer una entrevista y le respondo que s. Luego me pregunta si nosotros trabajamos con pequeos productores expulsados de sus tierras por los biocombustibles. Le explico que no es exactamente as la situacin argentina, que no son las empresas de produccin de biocombustibles, como tales, las que expulsan campesinos, que en todo caso esos son hechos connaturales al proceso de la sojizacin, hechos dolorosos pero marginales, situaciones que no permitiran comprender por s mismas el modelo de produccin de Agrocombustibles que recin se est iniciando en la Argentina. Aado tal vez, innecesariamente, que, en realidad, hablar de los campesinos y de los aborgenes se ha puesto ltimamente de moda, como una respuesta fcil a la crisis planteada por el campo, pero que es tan solo un escape o acaso, un amparo para la incomprensin de ciertos sectores de la izquierda progresista que demoraron en ver el modelo de monocultivos transgnicos instalado, y que no pueden comprender lo que est ocurriendo. Me pregunta el periodista ingls, si acaso nosotros no defendemos a los campesinos. Le respondo que si, que hemos hecho por ellos lo que hemos podido y que somos solidarios con sus luchas, pero le insisto ya con cierta impaciencia, en que si quiere entender el modelo de produccin de Biocombustibles no es el mejor camino el de comenzar por quienes son expulsados de sus tierras en las zonas de monte del Chaco. Me pregunta qu otras vctimas existen. Le explico que las fumigaciones han impactado de manera devastadora sobre las poblaciones en todo el territorio de la agricultura industrial y que la situacin sanitaria en las zonas sojeras y periurbanas es, desde un punto de vista epidemiolgico, catastrfica. Su desconfianza ahora, se percibe claramente, y entonces sin rodeos, me interpela, dado que no defendemos campesinos, qu pas proponemos Le explico con una paciencia que se agota, en un da particularmente difcil, que s defendemos campesinos y que como GRR proponemos un Proyecto Nacional con recuperacin del Estado, con Justicia Social y Soberana Alimentaria. Su interpretacin me sorprende. Entonces, son nacionalistas, me interrumpe. S, concedo, supongo que puede ser un modo de explicarnos... En ese momento la comunicacin se corta, pero como el nmero queda registrado en el celular cometo el error y la desmesurada cortesa de llamarlo. Me atiende sorprendido y me explica que ha quedado confundido con mis comentarios y que en realidad crea que lo que estaba buscando, eran campesinos o pequeos productores expulsados de sus tierras por los Biocombustibles, que me pide tiempo para pensarlo mejor y se disculpa. Se despide dicindome que volver a llamarme y cuando corta me quedo pensando que, no slo no volver a saber de l, sino que he hecho la experiencia de cmo desde los pases centrales se construyen o nos construyen, modos de pensar y de inteligir nuestra propia realidad. Ellos no quieren que les expliquemos cmo funciona el modelo, ellos lo saben porque lo estn implementando, lo que necesitan ahora extraamente, es el testimonio de sus vctimas, porque registrarlas podra conducir a ponerle lmites ticos a un combustibles que necesitarn imperiosamente, pero que no lo quieren con la carga de mala conciencia que llevara la explotacin desmesurada o el abuso Esa es la globalizacin, an ms compleja de lo que imaginamos. Somos en definitiva el espejo de Europa, un espejo roto, pero espejo al fin

Saben cunto calculan los expertos, que se han llevado en los ltimos aos los exportadores como Cargill y como Bunge, gracias a la corrupcin y a la incompetencia de nuestros legisladores y funcionarios del rea, y por encima de sus ganancias, burlando los controles del estado, apropindose de parte de las retenciones que le sacan al productor y mediante trampas legales que han armado, a veces desde el mismo Senado y que la Secretara de Agricultura ha consentido largamente? Pues, nada menos que cinco mil millones de dlares. S, escucharon bien. Todo el enfrentamiento que tanto nos hizo sufrir a todos e incluyo el humo de las quemazones en las islas, no importa quienes hayan sido los autores, todo ese enfrentamiento est debatiendo mucho menos que la mitad de esa cifra. Fuerte, no? Y a propsito del periodista ingls que pretenda hacerme una entrevista sobre la produccin de Biocombustibles pero con imgenes de campesinos expulsados de sus tierras, me parece que ahora podramos intentar hacer una nueva lectura, no tan solo de l, sino de cmo y de qu manera, se manipula la informacin desde las agencias y de cmo se modela nuestro pensamiento desde las usinas mediticas, para conducirlo hacia zonas en la que no sea riesgoso.

Muchos, durante los doce ltimos aos en que se instal este modelo de produccin de sojas transgnicas, miraron para otro lado y no quisieron o no pudieron verlo. No quisieron o no pudieron verlo, por diversas circunstancias. Porque en esos aos apoyaban las demandas de los desempleados de la agricultura que cortaban las rutas pidiendo mayores planes y adems, aguinaldos para sus planes. Porque estaban haciendo el socialismo en alguna zona urbana a partir de panaderas piqueteras y pequeas empresas subsidiadas por las retenciones a la soja. Porque se encandilaban con aquella consigna supuestamente revolucionaria: piquete y cacerola la lucha es una sola. Porque compartan la idea de progreso o acaso depositaban una cierta fe en las tecnologas transgnicas. Porque visualizaban a los empresarios Urqua y a Grobocopatel como la nueva burguesa progresista que iba a cumplir el sueo de Bolvar; o por lo que fuere... Hoy, esforzndose por volver a situarse existencialmente en este escenario, escenario brutalmente modificado por los cortes de ruta de los agricultores, se aferran como nufragos de los campesinos y de los aborgenes para plantarse frente a la crisis, e intentar responder a aquello que se esfuerzan por entender.

Rodolfo Kusch nos deca en La negacin en el pensamiento popular, queSe conoce la cosa, pero lo que es fundante es la posibilidad de que eso que se conoce entre en el saber. Conocer implica una apertura al mundo, y adems tomar en cuenta lo que ese mundo me ofrece como claro y distinto. Pero esto no tiene sentido si no hay una posicin previa de tipo emocional frente a ese dato, algo que lo totalice y que haga que entre a formar parte de mi horizonte existencial.

Ciertos ambientalistas a su vez, que nos pusieran piedras durante aos en el camino de las denuncias en que estbamos empeados, hoy nos explican desde la ctedra, que los campesinos e indgenas son "rehenes del modelo" y nos recuerdan las victimizaciones que sufren, como si no lo supiramos y no hubisemos denunciado mil veces y en soledad, las devastaciones humanas y poblacionales provocadas por el modelo a lo largo de estos aos, en especial por las fumigaciones y el arrasamiento de los ecosistemas... Si hasta los medios progresistas, y decir esto es casi una banalidad, al menos desde que Magneto comprara Pgina 12 y desde que este gobierno prorrogara en el 2005 por otros diez aos, las licencias concedidas por la ley de Radiodifusin, si hasta los medios que juegan a ser progresistas nos ponen de pronto por delante a los campesinos victimizados y hasta Hebe de Bonafini se preocupa por organizarlos desde la Universidad de Madres. Uno se pregunta, qu es lo que esta pasando? S, qu esta pasando cuando con motivo del prximo primero de mayo Castells y Nina Pelosso convocan a un Frente Obrero Campesino?

Preguntmonos ahora, seriamente cunto le importa a Cargill, a Bunge, a Dreyfus, a ADM y a Vicentn que en este momento de la crisis y cuando el modelo de las corporaciones se expone en toda su horrible desmesura, nos manifestemos nosotros a favor de los pueblos originarios o de los campesinos? Ocurre que al modelo le importa y mucho, que las corporaciones se mantengan invisibilizadas, les importa y mucho que en la crisis no desarrollemos conciencia sobre el modelo de la dependencia, y que tanto en el terreno de la comprensin como en el de la accin poltica, tomemos el camino equivocado. Asimismo, y es duro decirlo, ocurre tambin, que vastos sectores de la izquierda una vez ms, operan como funcionales al modelo corporativo y se aferran de las victimas que existen en la frontera agrcola expansiva, sencillamente porque se quedaron sin discurso, porque no entienden lo que ocurre... y adems, declaran dramticamente que, de eso no se habla, cuando la pgina oficial del progresismo no parece hablar de otra cosa cada da mientras que, pese a lo escandaloso del pillaje corporativo, cuesta hallar un periodista que mencione a los exportadores.

Solamente Cargill y sus socios corporativos, se estaran llevando unos cinco mil millones de dlares anuales robados al pueblo y al Estado argentino, mientras algunos supuestos radicalizados, desde los mrgenes de la accin poltica, denuncian nuestro Estado Nacin.... A quienes sirven denunciando al Estado Nacin en pocas de globalizacin y de cada de todas las regulaciones, en momentos en que imperan por encima de toda ley los mercados internacionales? A quines les hacen el juego?

A lo largo del Paran se levantan inmensas plantas de Biocombustibles que anticipan y que configuran el pas globalizado que tendremos. Junto a cada una de ellas se construyen enormes corrales para engordar millones de cabezas... Los fondos de inversin no dejan de entrar y de comprar tierras Qu queremos hacer nosotros con nuestros reclamos, qu pretendemos con nuestros discursos? Pretendemos que le devuelvan el Plan Social Agropecuario a los campesinos tal como lo tuvieran el ao anterior? Realmente creemos que desde la frontera en expansin del modelo podemos gritar NO PASARAN y que de verdad no pasarn? Por otra parte, queremos que no pasen o queremos un pas ms justo y con la recuperacin del estado para el pueblo y para un proyecto nacional? Me hago estas preguntas porque como GRR estamos en el epicentro de la bomba biotecnolgica montada y activada por las corporaciones, nos estamos esforzando por desarmarla, y lo que vemos es que para muchos, pareciera que la mejor manera de hacer retroceder a las Corporaciones es ponindole lmites y arrancndoles compromisos en defensa del bosque o de los pequeos productores. Esa es justamente la poltica de las mesas redondas que organizan desde Europa los Bancos y las Corporaciones, y donde consensuan con grupos como la WWF del osito panda y en la Argentina con la Fundacin Vida Silvestre y con FUNDAPAZ. Tratan de apaciguar las resistencias de las poblaciones y en especial de los consumidores europeos, generando nuevos mercados certificados en que las producciones de Soja y de Biocombustibles cumplan regulaciones respecto a la defensa de los bosques, de la vida campesina y de supuestos criterios de sustentabilidad. A esas polticas las hemos denominado el maquillaje verde y las hemos denunciado como una mentira y como un modo de aumentar los controles globales y cerrarle el camino a la protesta. Hemos dicho que la Soja es Responsable, pero de muerte, de enfermedades, de despoblamientos del campo y de montar mecanismos de dependencia colonial. En estos mismos das, numerosas delegaciones internacionales de Bancos, supermercados europeos y grandes ONGs, llegaron a la Argentina para impulsar esas mesas redondas en que acostumbran sentar a vctimas y victimarios, legitimando de esa manera sus agronegocios y abriendo nuevos mercados de certificacin y de encubrimiento para sus operaciones de corsarios globales. Han llegado a la Argentina para exponer sus propuestas de presuntas Sojas Responsables en Puerto Madero y con ellas piensan frenar los procesos de lucha y resistencia, para cambiarnos el destino de volver a tener Patria, por un destino de mera factora. Como todos se habrn dado cuenta, las circunstancias, el azar o acaso la divinidad, no estuvieron de su lado. No pudieron elegir peor momento para reunirse, en un Buenos Aires en medio del humo y cuando la sojizacin ha devenido mala palabra para los argentinos. Pero son europeos, y las agendas estaban pautadas desde hace mucho tiempo, los enormes presupuestos acordados y las invitaciones cursadas. No podan retroceder y vinieron a pesar de los malos pronsticos, pero se esforzaron por pasar inadvertidos. No lo lograron, porque los estamos denunciando y lo seguiremos haciendo una y otra vez. Tengmoslo presente: aunque por otros motivos, mucho ms elevados, nosotros tampoco podemos retroceder


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