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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2008

El espejismo de los agrocombustibles

Florent Marcellesi


Por el mundo entero la caresta de los carburantes est provocando graves problemas econmicos y sociales. En Espaa, donde el gasleo se ha encarecido en un 21% durante 2008, los pescadores han comenzado paros parciales y huelgas indefinidas. En el Reino Unido los transportistas protestan en el centro de Londres y hasta en Indonesia las manifestaciones se multiplican frente a la fuerte reduccin de las ayudas a la gasolina. Mientras tanto, el presidente del Gobierno francs tiene que admitir impotente ante los transportistas, pescadores y agricultores galos unidos por este mal trago energtico: Tengamos la valenta de decirlo a los franceses: no va a mejorar. Dicho de otra manera, la economa mundial donde se agudiza la diferencia entre oferta y demanda de combustibles fsiles y donde el techo del petrleo se perfila como inminente se adentra en una crisis energtica global, dura y duradera.

Frente a esta cruda realidad y sin entrar a valorar las medidas a corto plazo (reduccin del IVA, exencin de Seguridad Social, Fondo europeo de ayuda, etc.), llegan las propuestas de alternativas a largo plazo. En este concierto de aciertos y despropsitos, destaca una, por simbolizar una vez ms la huida hacia delante del sistema desarrollista: los agrocombustibles. Se sabe de sobra que la solucin no radica fundamentalmente en la bsqueda de nuevas quimeras tecnolgicas, sino ms bien en cambios estructurales de nuestros modos de produccin y consumo. Sin embargo, en sociedades no dispuestas a negociar su modo de vida, los agrocombustibles despiertan un gran inters. En este marco, la Unin Europea se fij en 2003 como objetivo que el 5,75% de todo el transporte basado en energas fsiles deber ser sustituido por biocombustibles antes de 2010. Este entusiasmo inicial por el nuevo Eldorado energtico se vio fuertemente enmendado por el Parlamento Europeo en noviembre de 2007. En una resolucin sobre comercio y cambio climtico, ste solicit que se subordinara todo acuerdo sobre la compra de biocarburantes a clusulas relativas al respeto de las superficies devueltas a la biodiversidad y a la alimentacin humana. A pesar de este recordatorio, la Comisin Europea sigue vislumbrando el objetivo del 10% de biocombustibles en los transportes para el ao 2020.

En estos cuatro aos, gracias a la labor de denuncia y sensibilizacin de los grupos ecologistas tanto a nivel social como poltico, no hemos podido sino darnos por enterados. Los agrocombustibles tal y como estn siendo planteados en una economa productivista y del crecimiento ilimitado son nefastos para el medio ambiente y provocan una crisis alimentaria de envergadura mundial. Ya se conoce el papel negativo que desempean los cultivos energticos especficos en la prdida de biodiversidad, destruccin de ecosistemas, deforestacin, conflictos territoriales o aumento de los gases de efecto invernadero. Por otro lado, mientras la produccin de maz para agrocombustible aumentaba en un 500% en Estados Unidos, el precio del maz bajo el efecto conjunto del cambio climtico, de la produccin de carne y de la produccin de agrocombustibles se encareca en un 130%, provocando una crisis social profunda para todas las poblaciones cuya alimentacin descansa en estos productos bsicos. Mientras el agrnomo ecologista Ren Dumont ya nos adelantaba en los aos setenta que el modo de desarrollo productivista nos llevara a la hambruna, Jean Ziegler, el relator especial de la ONU para el derecho a la alimentacin, postul en 2007 que la produccin masiva de biocombustibles es un crimen contra la humanidad.

Por si no fuera poco, los agrocombustibles tambin tienen una consecuencia directa sobre los derechos humanos. Tomemos el ejemplo de Brasil, principal promotor a escala internacional del etanol como alternativa a la gasolina a partir de caa de azcar. En este pas que aspira a ser potencia regional y mundial, la industria de la caa de azcar es el sector del agronegocio que ms creci en 2005, hasta alcanzar en 2006 ms de 425 millones de toneladas en 6 millones de hectreas de tierra. Este crecimiento ha sido posible gracias a la fuerte apuesta del Gobierno brasileo y personal de Lula por el etanol como agrocombustible del que hoy se consume un 85% en el mercado interno y del que se exporta un 15% (principalmente a Estados Unidos). En este afn de asentar una nueva matriz energtica basada en el etanol, Lula ha realizado alianzas polticas que sorprenden en un sindicalista histrico. En Brasil lo apoyan los grandes terratenientes, como el gobernador del estado de Mato Grosso principal productor de etanol de este estado, mientras en el extranjero afianza relaciones estratgicas con gobiernos poco proclives a la transformacin social y ecolgica, como Estados Unidos o Mxico. La diplomacia del etanol se convierte en la principal arma comercial y geopoltica de Brasil.

En este contexto, la caa de azcar histricamente utilizada para producir azcar y alcohol de cachaa se convierte en el monocultivo ms potente de Brasil. Su inexorable crecimiento acapara tierras destinadas a la reforma agraria, en detrimento de los pequeos campesinos y productores, y por otro lado se impone a otros monocultivos como la soja y el eucalipto. De hecho, este avance del monocultivo de caa empuja los otros monocultivos as como el ganado hacia la Amazonia. Esta dinmica se traduce pues en una especulacin de tierras, una deforestacin feroz, un ataque directo al pulmn verde amaznico, el desplazamiento forzado de poblaciones indgenas y las adquisiciones irregulares de tierras (el grilagem), que llevan a frecuentes violaciones de derechos humanos a manos de las milicias privadas de los terratenientes (en otros pases de Latinoamrica destaca el triste papel de los paramilitares).

Ms an, el monocultivo de caa recuerda a los peores momentos de los latifundios latinoamericanos, cuyo desarrollo slo se haca posible a travs de la explotacin de una mano de obra sometida. Es lo que denuncia la ONG brasilea Rede Social de Justia y Direitos Humanos, que remarca que en pleno siglo XXI el trabajo esclavo se ha generalizado de nuevo en las plantaciones. En este proceso la servidumbre econmica es central: las polticas laborales aplicadas por los productores de caa (grandes familias brasileas o, cada vez ms, empresas transnacionales) buscan la dependencia total del trabajador, atndolo a la tierra a travs de deudas que nunca podr reembolsar. Por ejemplo, los trabajadores son generalmente migrantes trados por intermediarios (los llamados gatos): ellos les adelantan el pago del viaje que, por su coste elevado, nunca podrn sufragar con los frutos de su trabajo. En las plantaciones se remunera con alrededor de un euro la tonelada de caa cortada y se estima que un trabajador corta un promedio de 10 toneladas de caa al da. Esto significa que para cobrar el salario mnimo brasileo (160 euros al mes) los trabajadores tienen que dar 30 golpes de machete por minuto durante ocho horas de trabajo diario Por lo tanto, para conseguir una remuneracin mnima y nunca garantizada, los accidentes de trabajo son frecuentes: principalmente golpes de machete, dedos cortados, mutilaciones, etc., sin contar la contaminacin por quemas de tierra o la insalubridad de los dormitorios colectivos. Slo en el estado de Sao Paulo, en los dos ltimos aos murieron 25 trabajadores de puro cansancio.

Frente a unas polticas energticas que atacan el medio ambiente, provocan crisis alimentarias y vulneran los derechos humanos, es importante tener las ideas claras. Mientras que los biocarburantes provenientes de los residuos de biomasa pueden representar a veces una buena opcin (por ejemplo, biodisel procedente de aceites usados), es un imperativo tico, social y medioambiental rechazar los agrocombustibles que entran en competencia con las tierras cultivables (comer o conducir?) o ponen en peligro las reservas de agua, los bosques o la biodiversidad. Adems de trabajar por una reduccin del consumo de combustibles fsiles y exigir una moratoria sobre el objetivo europeo del 10% de biocarburantes para el ao 2020, tambin es importante privilegiar la produccin local y descentralizada de biocarburantes ante la importacin. Con estas cuantas reglas de juego bsicas, podremos volver a plantearnos las soluciones a largo plazo frente a la crisis energtica que condicionar de ahora en adelante nuestras vidas.

*Florent Marcellesi es Coordinador estatal de Jvenes Verdes
[email protected]
http://www.jovenesverdes.org/



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