Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2008

El final del mito del "Estado palestino independiente"

Julien Salingue
juliensalingue.over-blog

Traducido del francs por Caty R.


Si llega un da en el que la solucin de dos Estados se viene abajo y nos vemos obligados a enfrentar una lucha de tipo sudafricano por la igualdad de derechos civiles (que incluya a los palestinos de los territorios ocupados), entonces, cuando llegue ese da, ser el fin del Estado de Israel (Ehud Olmert, Primer Ministro israel)

El objetivo de este artculo es contribuir al recurrente debate de la pertinencia de la consigna del Estado palestino independiente, reactivada desde hace varios meses, especialmente en la opinin pblica y la prensa palestinas y rabes. No pretendo, obviamente, analizar aqu el conjunto de los trminos del debate ni examinar todos sus aspectos e implicaciones. No me extender sobre las razones estructurales que siempre me han convencido de la exactitud de la pretensin de un Estado nico y democrtico en todo el conjunto de la Palestina del Mandato. Se trata ms bien de exponer una parte de las razones coyunturales que indican, desde mi punto de vista y como indica el ttulo del artculo, que hay que reconocer que ha llegado la hora de abandonar definitivamente la consigna del Estado palestino independiente. Quiero precisar, para evitar la clsica acusacin de hablar en lugar de los palestinos, que lo esencial de las consideraciones que expongo aqu es el producto, sobre todo, de conversaciones con muchos habitantes de los territorios palestinos, militantes o no.



Regreso al origen: Un pueblo sin tierra en una tierra poblada

Al contrario de lo que asegura la afirmacin, generalmente admitida, que dice que el conflicto israelopalestino es un asunto complejo, en realidad los datos del problema son relativamente sencillos: la inestabilidad permanente en la ex Palestina del Mandato proviene, en definitiva, de la contradiccin insalvable entre el proyecto sionista de establecer un Estado judo en Palestina y la presencia, sobre esa tierra, de un pueblo autctono que se niega a renunciar a sus derechos nacionales. De la gran rebelin rabe de 1936, originada por la aceleracin de la inmigracin sionista, y de las adquisiciones de tierras por colonos judos, a la violenta dispersin, el pasado 25 de mayo, de una manifestacin contra las expropiaciones debidas a la ampliacin de la colonia de Hashmonaim, en el oeste de Ramalah, y pasando por la gran expulsin de 1947-49, es esta contradiccin fundamental lo que permanece como motor del conflicto.

El proyecto de los dirigentes del movimiento sionista nunca ha sido compartir la tierra de Palestina con los palestinos. De David Ben Gurion, padre fundador del Estado de Israel: La aceptacin de la divisin no nos compromete a renunciar a Cisjordania. No se puede pedir a alguien que renuncie a su sueo. Aceptamos un Estado con las fronteras que se fijan hoy; pero las fronteras de las aspiraciones sionistas son asunto de los judos y ningn factor externo podr limitarlas, a Ehud Olmert, actual Primer Ministro: Cada colina de Samaria y cada valle de Judea forman parte de nuestra patria histrica. () Reivindicamos firmemente el derecho histrico del pueblo de Israel a la totalidad de la tierra de Israel, la dominacin israel sobre toda la Palestina del Mandato britnico permanece como el principal objetivo del conjunto de los dirigentes del Estado judo.

Para llegar, el movimiento sionista tuvo (y todava tiene) necesidad del apoyo de las grandes potencias. Pero este apoyo siempre ha tenido un precio: el Estado de Israel debe tener, al menos en apariencia, los atributos de una democracia. Una segunda contradiccin, ya que inmediatamente aparece la necesidad de preservar, al mismo tiempo, el carcter judo y el carcter democrtico del Estado. La solucin prevista por los dirigentes del movimiento sionista, tras establecer el Estado de Israel, era asegurarse de que la inmensa mayora de los ciudadanos, si no todos, fueran judos. Por lo tanto debieron encontrar rpidamente, antes incluso de la Declaracin de Independencia de Israel en 1948, una solucin al problema palestino, porque saban perfectamente que, al contrario de la mentira que haban propagado a sabiendas, Palestina no era una tierra sin pueblo y que slo la inmigracin no bastara para garantizar la supremaca demogrfica juda.

De la expulsin a los cantones

Slo por el hecho de existir, el pueblo palestino siempre ha sido, y sigue siendo, un obstculo para la realizacin plena del proyecto sionista. De la pura y simple aniquilacin del obstculo (el Plan Dalet y la expulsin de 1947-49) al cerco y el encierro (el Plan Allon de 1967 y el establecimiento de cantones que prosigue en la actualidad), el objetivo permanece: la mayora del territorio y el mnimo posible de palestinos bajo jurisdiccin israel.

Los Acuerdos de Oslo, inspirados en el Plan Allon, participaban de este objetivo: abandonar la gestin de las zonas palestinas ms densamente pobladas a un poder autctono conservando, al mismo tiempo, el control de casi todo el territorio, continuar con los desplazamientos de poblacin y acelerar la colonizacin (el nmero de colonos se duplic en los diez aos siguientes a Oslo). La retirada unilateral de Gaza se inscribe en esta misma lgica, as como la construccin del muro, cuyo trazado delimita los cantones palestinos.

Por lo tanto, ms all de los matices entre los laboristas y el Likud (y hoy el Kadima), o entre los generales y los civiles, hay una clara continuidad en las polticas de los gobiernos del Estado de Israel. Dicha continuidad y la del apoyo que aportan las superpotencias a un aliado de peso en una regin de importantes objetivos geoestratgicos, han producido una realidad insoslayable en cualquier debate relacionado con el posible futuro de la Palestina post Mandato:

- A pesar de la retirada israel del verano de 2005, las fronteras terrestres de Gaza se cerraron casi hermticamente, tanto con Egipto como con Israel. La fachada martima y el espacio areo estn bajo control israel. La asfixia es total y las incursiones y bombardeos son diarios.

- Jerusaln, declarada en 1980 la Capital nica e indivisible del Estado de Israel, ha sido objeto de una poltica especfica de judaizacin y de despalestinizacin. Por otra parte, los barrios palestinos quedan totalmente aislados de Cisjordania por las colonias y el muro. En el marco del proyecto Gran Jerusaln, Israel nunca ha dejado de sobrepasar los lmites municipales de la ciudad hacia el este, integrando los bloques de colonias que, en la actualidad, ocupan ms de un 10% de Cisjordania.




- Cisjordania est seccionada por el Gran Jerusaln, fragmentada en mltiples zonas aisladas unas de otras por las colonias, las carreteras de circunvalacin, las diferentes secciones del muro y los 600 puestos de control israeles. Actualmente, el 40% de su superficie est ocupada por infraestructuras israeles (colonias, carreteras, campamentos militares). Hay ms de 200 colonias y alrededor de 480.000 colonos judos, que se benefician de la expansin del conjunto de las infraestructuras israeles, especialmente las carreteras.


Mientras Gaza est aislada del mundo, Cisjordania no slo est ocupada por Israel, sino integrada en Israel. Cisjordania y la Lnea Verde ya slo existen en los mapas, y la superficie absorbida crece todos los das. As, el plan de cantonizacin se est rematando. La superficie total del Estado de Israel, que incluye el 40% de Cisjordania anexionado de facto e integrado, supone ms de 23.000 km2 frente a poco ms de 3.000 km2 de cantones palestinos aislados cuyos accesos estn bajo control israel (vase el mapa).

Al final del proceso, Israel ejercer su dominio, aproximadamente, sobre el 90% de la Palestina del Mandato, del que se excluir alrededor del 90% de los 10 millones de palestinos. Los cantones de Cisjordania y Gaza (el 10% de Palestina) sern el lugar de residencia de los 4 millones de Palestinos del interior. De acuerdo con Israel, a una nfima parte de los refugiados del exterior se les ofrecer la posibilidad de instalarse en los islotes palestinos. Sin lugar a dudas se acentuar la presin sobre los palestinos del 48 (los mal llamados rabes israeles) para que dejen Israel y vayan, ellos tambin, a reunirse en las reservas.

Esa es la visin que ha servido de hilo conductor, desde 1967, a los principales del establishment sionista desde que comprendieron que la expulsin de 1947-49 no podra repetirse. Una visin que actualmente casi se ha convertido en una realidad.

Negociaciones de dos Estados?

Pero a pesar de todo, dirn algunos, desde 1993 Israel renunci a sus pretensiones sobre el conjunto de la Palestina del Mandato y reconoci la necesidad de buscar una solucin negociada alrededor del compromiso histrico dos Estados para dos pueblos. Esas son, efectivamente, las apariencias, ms all de las que hay que buscar las motivaciones profundas de los dirigentes israeles quienes, presionados por Estados Unidos, demostraron un innegable sentido tctico y dieron la impresin, durante los aos 90 y 2000, de que aceptaban la idea de negociaciones de paz y asuman la consigna de los dos Estados: se podra erigir un Estado palestino, junto al de Israel, al final de un proceso negociado. As dieron la impresin de abrir la puerta a una salida del conflicto, puesto que la direccin del Movimiento Nacional Palestino en nombre del realismo, del pragmatismo poltico y de una voluntad de compromiso, se haba alineado a la solucin de dos Estados desde mediados de los aos 70 y la haba oficializado durante los 80.

Durante los aos 70 y 80, las discusiones entre los partidarios de la solucin de dos Estados y sus adversarios se concentraban, especialmente, en torno a dos de sus principales implicaciones: el reconocimiento de la legitimidad del Estado de Israel como Estado judo y el rechazo, en la solucin propuesta, de la cuestin de los refugiados y los palestinos del 48. Sin embargo se alcanz un consenso relativo en torno a la idea del Estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza en la medida en que entonces se conceba, por la gran mayora de las organizaciones palestinas, como una reivindicacin ms plausible frente a la comunidad internacional y, en consecuencia, ms popular que la liberacin de toda la Palestina, pero sobre todo, sin embargo, como una etapa ms fcil de conseguir, previa a una solucin global.

Esa eleccin tuvo dos consecuencias indirectas e indeseadas: popularizar la amalgama cuestin palestina = Estado palestino y dar a entender que se reunan las condiciones para encontrar un terreno de acuerdo con Israel en cuanto a una regulacin global del conflicto. Pero en realidad los dos Estados de la OLP, y despus de la Autoridad Palestina, nunca han sido los dos Estados de los dirigentes israeles. La realidad sobre el terreno y las condiciones impuestas en las negociaciones no dejan lugar a dudas: de los acuerdos de Oslo al Plan Sharon, pasando por las propuestas de Barak en Camp David, para todos los primeros ministros israeles, el Estado palestino nunca ha significado otra cosa que los cantones, y las negociaciones se utilizan, sobre todo, para asegurar la irreversibilidad de la situacin sobre el terreno, aparentando al mismo tiempo que se busca un compromiso.

Esta evidencia cada vez ms palpable, ha hecho que resurja durante los ltimos aos, y ms todava durante los ltimos meses, el debate, a gran escala, sobre la pertinencia de la consigna del Estado independiente: en la poblacin palestina, en el Movimiento Nacional, en el movimiento de solidaridad, en la prensa rabe y cada vez ms, especialmente por medio de las tribunas de los intelectuales, en la prensa occidental. El debate no elude las cuestiones clsicas (refugiados, palestinos del 48, reconocimiento del Estado judo) pero se actualiza a luz de las dinmicas polticas recientes y las evoluciones sobre el terreno: el fracaso constante de las negociaciones, el derrumbamiento de la rebelin de septiembre de 2000, el fiasco electoral de la direccin de la Autoridad Palestina, identificada desde haca 20 aos con el proyecto del Estado palestino, y, sobre todo, la continuacin de la poltica expansionista de Israel que cada vez divide y reduce ms los territorios supuestamente asignados al Estado palestino independiente.

Abandonar la consigna del Estado palestino independiente

Ms all de las consideraciones tericas (que no voy a desarrollar aqu) del debate, resulta que los argumentos del realismo, el pragmatismo poltico y la bsqueda de la consigna factible y popular, que ya se podan impugnar en los aos 70 y 80, hoy pueden volverse contra quienes los utilizaban anteriormente. En realidad, incluso el sentido de la idea del compromiso posible, es el que debe revisarse a la luz de la poltica concreta y las ofertas israeles de los ltimos aos.

La conquista y el control de Cisjordania no vinieron completar el proyecto sionista, sino que son parte integrante, lo mismo que actualmente Cisjordania es una parte integrante de Israel. Por lo tanto, exigir al gobierno israel que renuncie al control de Cisjordania, en este sentido, no es una posicin moderada o de compromiso. Eso no es, efectivamente, seguir mendigando algunas concesiones, sino exigir claramente el regreso a lo que fue el centro de la poltica israel desde 1967, deshacer lo que el conjunto de los gobiernos israeles ha tardado ms de 40 aos en construir y en realidad abandonar, pura y simplemente, el proyecto sionista de establecer un Estado judo sobre la Palestina del Mandato, cuando estn a punto de conseguirlo.

Podemos preguntarnos qu pragmatismo poltico hay en pedir a Israel que se desplace, indemnice y realoje a casi 500.000 colonos; que abandone infraestructuras que le costaron, desde hace 30 aos, ms de 60.000 millones de dlares (sin contar el Gran Jerusaln); que acepte devolver Jerusaln Este a los Palestinos o que comparta la soberana sobre el conjunto de la ciudad; que tolere en medio de su territorio una carretera que conecte Cisjordania y Gaza o, tambin, que renuncie al control de la frontera con Jordania; todo ello en un contexto donde la movilizacin popular palestina est paralizada y en el que no se ejerce ninguna presin internacional sobre el gobierno israel.

Podemos preguntarnos sobre el realismo de una consigna que ya no tiene base material: Cisjordania y Jerusaln Este, son trminos que actualmente slo tienen un significado terico, puesto que se refieren a entidades que ya no existen porque las ha fagocitado el Estado de Israel. Podemos preguntarnos tambin qu realismo se esconde tras un proyecto sin apoyo popular: en efecto, sobre todo no hay que confundir el apoyo a la vaga pretensin de un Estado independiente, asimilada por una mayora de palestinos con la propia idea de la emancipacin frente a la dominacin de Israel, y cualquier adhesin de la poblacin a un proceso negociado cuyo mayor xito posible sera un Estado de saldo constituido por cantones bajo vigilancia israel, la mitad de ellos habitados por refugiados en condiciones irregulares.

A la vista de las recientes y actuales dinmicas, la consigna del Estado nico y democrtico no es, en este sentido, menos pragmtica o menos realista que la de los dos Estados. Al contrario.

No es menos pragmtica ya que, a fin de cuentas, no exige nada de ms: el abandono del proyecto sionista de establecer un Estado judo. Muchos ex adeptos a la consigna del Estado independiente como etapa previa al Estado nico, actualmente reconocen la inutilidad de una etapa que mantiene la ilusin de compromiso posible entre la existencia del Estado judo y la satisfaccin de los derechos nacionales del pueblo palestino, pero que para alcanzarlo ya necesita reunir las mismas condiciones polticas que las que se necesitan para el establecimiento del Estado nico.

Tampoco es menos realista porque el Estado nico ya existe, del Mediterrneo al Jordn y dotado, entre otras cosas, de un sistema econmico nico (desequilibrado pero unificado), una moneda nica, infraestructuras comunes (carreteras, agua, electricidad) y dos lenguas, el rabe y el hebreo, que ya son, oficialmente, las del Estado de Israel.

Y tampoco es menos realista porque la idea ya est en pleno desarrollo, cada vez tiene ms partidarios dispuestos a defenderla, contribuye a reanimar notablemente el campo poltico palestino, que ha recuperado el debate, y encuentra un eco evidente y fcilmente comprensible entre los palestinos del 48. Podramos ser testigos de nuevas dinmicas de estructuracin y movilizacin de la poblacin palestina y, por extensin, del movimiento de solidaridad, si la consigna desmovilizadora y surrealista, a la vista de las condiciones objetivas, del Estado independiente y viable al final de un proceso negociado se abandonase en favor de la exigencia de la igualdad derechos en un Estado nico para todos los habitantes de la Palestina del Mandato.

A manera de conclusin provisional

No se trata, obviamente, de decir que un simple cambio de consigna sera la clave para un vuelco inmediato de la situacin y una modificacin instantnea de las relaciones de fuerzas. Sin embargo, las recientes evoluciones, las dinmicas en curso y el cariz actual de los acontecimientos indican que las consignas y las estrategias de estos ltimos aos, en el Movimiento Nacional o en el movimiento de solidaridad, necesitan una revisin. Lo que pasa actualmente es lo que explica que el debate sobre la pertinencia de la consigna del Estado independiente haya resurgido bajo una nueva luz.

Tambin deberan incluirse en esa revisin y en esos debates las posiciones de los dirigentes israeles, cuya lucidez es, a veces, bastante desconcertante. As, dejar al propio Ehud Olmert que concluya este artculo, reproduciendo un extracto de una entrevista que concedi a Haaretz en 2003, citada despus a menudo, con mucha razn, por los partidarios de abandonar la consigna de los dos Estados:

Tenemos los das contados. Cada vez ms palestinos ya no se interesan por una solucin negociada de dos Estados, ya que desean cambiar la esencia del conflicto y pasar de un paradigma de tipo argelino a un paradigma de tipo sudafricano; de una lucha contra la ocupacin, como dicen ellos, a un combate del tipo un hombre = un voto que es, sin duda, una lucha mucho ms clara, mucho ms popular y, finalmente, mucho ms poderosa.


Mapas elaborados a partir de los datos de la Agencia de las Naciones Unidas para la Coordinacin de Asuntos Humanitarios (OCHA): http://ochaonline2.un.org/Default.aspx?tabid=8536

Fuente: http://juliensalingue.over-blog.com/article-19921618.html

Julien Salingue es doctor en Ciencias Polticas, profesor en la Universidad Pars 8 y director de cine. Tambin es miembro de la Liga Comunista Revolucionaria francesa y militante del movimiento de solidaridad con Palestina. Como cineasta ha dirigido la pelcula Palestine, vivre libre ou mourir y ha codirigido Samidoun.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.




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