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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2008

La reflexin reciente de James Lovelock obligara a abandonar posiciones bsicas del movimiento ecologista?

Jorge Riechmann
Rebelin

Prefacio del libro de Eduard Rodrguez Farr y Salvador Lpez Arnal, Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energa nuclear en la salud y el medio ambiente. El Viejo Topo, Barcelona, 2008.


Hace algunos meses se public la versin castellana del ltimo libro del cientfico britnico James Lovelock (nacido en Letchworth, Hertfordshire, en 1919), La venganza de la Tierra. La teora de Gaia y el futuro de la humanidad (Planeta, Barcelona 2007; original ingls de 2006). Esta publicacin vino precedida por algunas resonantes entrevistas donde el creador de la hiptesis Gea (o Gaia) manifestaba su apoyo a la energa nuclear, lo que fue inmediata y mediticamente explotado por el lobby pronuclear, tan activo en todo el mundo desde hace dos o tres aos.

Se trata de un libro que vale la pena leer y debatir, y que no dejar de sembrar inquietudes tambin entre los y las activistas del movimiento ecologista--. As, recientemente una de estas personas me escriba: Yo ya conoca las ideas de J. Lovelock, pero su ltimo libro (La venganza de la Tierra), que se considera una especie de testamento, me obliga a revisar mis convicciones y la orientacin de mi actividad como militante ecologista (pienso que, unas y otra, muy prximas a las tuyas y en general a las de Greenpeace). Qu piensas de la teora de Gaia y cmo interpretas a da de hoy (tal como evoluciona nuestro mundo) las posturas tal vez demasiado optimistas o ingenuas de los partidos verdes? De verdad esto tiene arreglo sin variar nuestro discurso? China, India, el boom tan peligroso de los biocombustibles no son tremendas presiones sobre Gaia que la humanidad va a pagar muy pero muy caras? No deberamos tomar mucho ms en serio a Lovelock, aunque detestemos la energa nuclear y nos horrorice la perspectiva de sustentarnos de alimentos sintticos?1 Me consta que este tipo de interrogantes estn asaltando a mucha gente con alta sensibilidad hacia los problemas ecolgicos y medioambientales. Nos obliga la reflexin de Lovelock a revisar nuestras convicciones bsicas?

Vaya por delante que, en mi opinin, siempre hemos de estar revisando nuestras creencias y compromisos en funcin del nuevo conocimiento que vamos adquiriendo: pero, en mi caso, La venganza de la Tierra no me induce a amar la energa nuclear. Quiz lo primero que habra que recordar es que Lovelock, aunque ha tenido una notable y benfica influencia en la formacin de la conciencia ecologista moderna, no es lo que en los clsicos trminos gramscianos llamaramos un intelectual orgnico del movimiento. Vale decir: lo leemos con provecho, pero no es uno de los nuestros en el sentido en que lo pueden ser Barry Commoner en EE.UU., o Jos Manuel Naredo en Espaa. As, por ejemplo, no es que Lovelock haya cambiado ahora de posicin sobre la energa nuclear, y descubra sus bondades acuciado por la necesidad urgente de descarbonizar nuestras economas (para hacer frente al calentamiento climtico): l ya defenda lo nuclear, en contra de las bien fundadas posiciones del movimiento ecologista, en los grandes debates ecosociales de los aos setenta del siglo XX2.

Comparto buena parte de sus anlisis en La venganza de la Tierra, pero no las soluciones que propone. La cuestin de fondo es que l lo da ya casi todo por perdido: da por perdida la batalla para hacer frente a la gravsima crisis ecolgico-social que padecemos. Lovelock es uno de quienes piensan que el desarrollo sostenible hubiera sido una buena idea para ponerla en prctica hace cuatro o cinco decenios3, pero que ahora ya es inevitable una catstrofe de dimensiones enormes.

Est convencido de que, de aqu a pocos decenios, la poblacin humana ser diezmada por la catstrofe climtica, y slo quedar un resto de humanidad viviendo en condiciones bastante lamentables en unas pocas zonas todava habitables del planeta, alrededor del Crculo Polar rtico4. En esas condiciones, tras haberse perdido la batalla por una humanidad libre en una Tierra habitable (segn el clsico lema de la revista mientras tanto, fundada por Manuel Sacristn y Giulia Adinolfi en 1979, el mismo ao que Lovelock publicaba su primera versin de la hiptesis Gea en forma de libro: Gaia, a new look at life on Earth) y plantearse slo una supervivencia en malas condiciones, el cientfico britnico propone extremar los rasgos prometeicos de la tecnociencia: alimentos sintticos procedentes de la industria qumica y biotecnolgica, electricidad a partir de la energa nuclear de fisin...

Yo no creo que todo est perdido hasta ese extremo. No es imposible que suceda lo que l teme --es decir, que nos metamos en esas etapas de calentamiento climtico rpido y descontrolado que seran devastadoras--, pero tampoco lo sabemos hoy por hoy: eso puede suceder o no. Depende, precisamente, de lo que la generacin hoy en el poder, y la siguiente, hagan y dejen de hacer. Si furamos capaces de yugular con relativa rapidez las emisiones de dixido de carbono y los dems gases de efecto invernadero, quiz lo peor de ese calentamiento climtico pueda evitarse. Entonces seran posibles tambin otras transformaciones ecolgico-sociales ms profundas, en esa lnea biomimtica que evoco en mis libros5, y que tienden hacia una sociedad ms penetrada de naturaleza.

Actualmente, nuestra situacin se ensombrece cada da ms: tambin reflexiono sobre ello en un librito reciente, Vivir (bien) con menos6. Lovelock tiene razn cuando advierte que para vivir como vivimos, somos demasiados7. Creo que el movimiento ecologista, o parte de l, no transmite a la sociedad con suficiente nfasis la gravedad de la situacin (por otra parte, ante cualquier advertencia de este tipo el reproche de "catastrofismo" salta antes de que quien advierte haya terminado de cerrar la boca). El discurso "sustitucin de energas fsiles por energas renovables" es ingenuo o engaoso si no se advierte enseguida que las primeras no pueden proporcionar la cantidad de energa, y la densidad energtica, a la que nos han acostumbrado las segundas. Pero la energa nuclear de fisin no es la solucin: las buenas razones de la argumentacin ecologista de los aos setenta no han perdido vigencia.

Por otra parte, si Lovelock tuviese razn, lo que se seguira de su anlisis no es la conveniencia de construir centrales nucleares en Espaa, sino hacerlo quiz en Finlandia o en Noruega8. Y podra tener sentido intentarlo para aquella microhumanidad diezmada tras la catstrofe --porque las reservas de mineral de uranio fisionable son escasas--, pero desde luego no cabe pensar en garantizar un suministro electronuclear a base de uranio a la abundante poblacin humana de hoy en da9.

La teora Gea (o Gaia), segn la cual la Tierra es como es en particular, acogedora para la vida gracias a la actividad transformadora de la misma vida (en definitiva, a la capacidad de autorregulacin del sistema Tierra, con sus componentes orgnicas e inorgnicas), es crecientemente aceptada como buena ciencia, de lo cual hemos de congratularnos. Y ms all de eso ha contribuido, indudablemente, a orientar las convicciones medioambientales de mucha gente, desde su divulgacin en los aos setenta del siglo XX. De ella se desprende una potente intimacin al cambio ecosocial radical: pero no ninguna intimacin a construir reactores nucleares.

Galapagar (Madrid), 23 de julio de 2007

1 Correo electrnico de Miquel Coll, 11 de julio de 2007.

2 l mismo lo recuerda en La venganza de la Tierra, op. cit., p. 138.

3 Textualmente: Si volvisemos doscientos aos atrs, cuando slo ramos mil millones de personas habitando el planeta, podramos habernos salvado con las energas renovables, la agricultura biolgica, las medicinas alternativas y todo lo dems y no hubiese importado. Podramos haber hecho lo que hubisemos querido, pero ahora tenemos que pagar el precio de haber aumentado la poblacin hasta seis mil millones. Ejercemos tanta presin sobre la Tierra que nos vemos obligados a recurrir a la tecnologa [Lovelock est pensando en alimentos sintticos y energa nuclear] para alimentarnos y mantenernos (entrevista televisiva en 2004; puede consultarse en http://www.eduardpunset.es/charlascon_detalle.php?id=9).

4 En otra entrevista, en 2006, Lovelock declaraba: El verdadero problema es que la gente no se ha hecho cargo de la situacin medioambiental, y entonces Gaia est hacindose cargo de ella, por as decirlo. El deterioro ha ido demasiado lejos y ahora el sistema est movindose rpidamente hacia uno de esos momentos crticos. Vamos a vernos reducidos a quiz 500 millones de humanos, tan poco como eso, 500 millones de humanos viviendo all arriba, en el rtico. Y tendremos que empezar de nuevo. Hace 100 50 aos hubiera sido posible hacer algo, pero a estas alturas ya no hay manera de detener el proceso. Yo creo que dentro de la ciencia del clima todo el mundo sabe que ya es demasiado tarde. Es como ir dentro de un bote y estar demasiado cerca de una catatara. Por mucho que remes, no podrs evitar la cada. Y ahora lo mismo: no se pueden parar las fuerzas naturales que mueven el planeta. A veces pienso que estamos igual que en 1939, cuando todo el mundo saba que iba a empezar una guerra mundial, pero nadie se daba por enterado. Entrevista de Rosa Montero en El Pas, 7 de mayo de 2006.

5 Sobre todo en Jorge Riechmann, Biommesis, Los Libros de la Catarata, Madrid 2006.

6 En colaboracin con Manfred Linz y Joaquim Sempere; Icaria, Barcelona 2007.

7 La venganza de la Tierra, op. cit., p. 114.

8 El propio Lovelock lo tiene claro (aunque sus defensores en el lobby pronuclear se entregan a la comodidad de olvidar esta parte de sus tesis): Lo fundamental es conservar nuestra civilizacin, de la misma manera que la civilizacin romana se conserv en los monasterios durante la poca oscura. Sin duda, vendr una nueva poca oscura, y los supervivientes necesitan una fuente de energa. Y, por ahora, la nica fuente suficiente que puede proporcionar electricidad y alimentos y calor a los supervivientes en su retiro rtico es la energa nuclear... (entrevista en El Pas, 7 de mayo de 2006).

9 Sustituir todos los combustibles fsiles empleados en la generacin elctrica para el 2030 requerira construir unos 4.700 reactores de 1 GWe, es decir, un reactor cada dos das durante los prximos 25 aos. Habra que incrementar la extraccin de uranio de las 45 kt/ao actuales a ms de 700 kt/ao y en 60 aos supondra consumir ms de 40 millones de toneladas de uranio, cuando las reservas localizadas son slo de 3,2 millones y las hipotticas y especulativas no llegan a otros 11 millones de toneladas. Marcel Coderch, Energa nuclear, agona o resurreccin?, eplogo a Anna Cirera/ Joan Benach/ Eduard Rodrguez Farr: tomos de fiar? Impacto de la energa nuclear sobre la salud y el medio ambiente,, Los Libros de la Catarata, Madrid 2007, p. 132.



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