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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2008

El 12 de junio Irlanda celebra referndum sobre el Tratado de Lisboa
Reidero irlands

Carlos Taibo
La Repblica


Sorprende sobremanera el silencio con que, al menos entre nosotros, se est obsequiando al referendo que, relativo al tratado de Lisboa, debe celebrarse el 12 de junio en Irlanda. Tiene uno derecho a alimentar la sospecha de que al respecto pueden invocarse como poco dos explicaciones mayores: si la primera sugiere que, con incontenible frivolidad, se da por descontado el resultado, la segunda apunta que, vistos los antecedentes, se asume sin dobleces que un eventual no irlands tendr pronta, eficaz y contundente respuesta de la mano de una u otra argucia.

Lo cierto es que las encuestas que han ido difundindose en las ltimas semanas invitan poco a las certezas. Aunque en primera instancia se daba por seguro que el tratado de Lisboa iba a disfrutar de un general apoyo en Irlanda, las posiciones crticas con respecto a aqul han ganado terreno de manera llamativa, y ello hasta el punto de que ningn analista serio se atreve en estas horas a vaticinar el resultado del referendo. Esto es tanto ms significativo conviene subrayarlo cuantas veces sea preciso cuanto que sobre el papel Irlanda es el pas de la Unin Europea que, en los ltimos lustros, mayor provecho ha sacado de la pertenencia a sta. Son muchos los estudiosos que, acaso con poco distanciamiento crtico ante un proceso que exhiba numerosos dobleces, se han acostumbrado a hablar no lo olvidemos del milagro irlands.

Que las cosas no estn nada claras lo ilustra de manera fehaciente el hecho de que, frente a la desidia de los medios de comunicacin, del lado de las instituciones de la UE se aprecia, en cambio, una activa e interesada movilizacin. Su manifestacin ms perceptible en estas horas es un no ocultado ejercicio de cortejo sobre Irlanda encaminado a ofrecer a sta un sinfn de golosinas que permitan salvar con xito el escollo del 12 de junio. Entre ellas despuntan garantas de que no ganar terreno una armonizacin en el impuesto de sociedades que gusta poco a los empresarios locales y, ms an, la decisin de retrasar unos das el debate sobre la reforma del presupuesto comunitario; al amparo de esta ltima se aleja en el tiempo la posibilidad de que se reduzcan ayudas importantes que hasta hoy han beneficiado, y notablemente, a la agricultura irlandesa.

No olvide el lector, por lo dems, cul es el escenario general en el que cobra cuerpo el referendo irlands y cul el tratamiento poltico que est mereciendo el tratado de Lisboa. Uno y otro se ven indeleblemente lastrados por el designio, asumido por la abrumadora mayora de los miembros de la UE, en el sentido de no organizar al respecto referendos. Parece servida la conclusin de que nuestros gobiernos, conscientes de los riesgos que asumiran, muestran un recelo irrefrenable en lo que hace a la perspectiva de una discusin pblica del texto pactado el pasado otoo. Con l se revela tambin, por cierto, el propsito paralelo de ocultar que aqul es en sustancia el mismo que la mayora de los votantes franceses y holandeses tuvieron a bien rechazar en 2005.

Importa recordar, en lo que a esto ltimo se refiere, que han proliferado en los cenculos comunitarios un par de equvocos terminolgicos que dan cuenta de manera cabal de las miserias que rodean al plan B que a la postre se ha abierto camino. As, y pese a la recomendacin realizada en su momento a los responsables de los ejecutivos de la UE, y a los ministros de Asuntos Exteriores, en el sentido de que rehuyesen en todo momento la afirmacin de que el texto promovido en Lisboa en noviembre del pasado ao es en sustancia el mismo que se someti a discusin en 2005, la aseveracin correspondiente es moneda corriente sin ir ms lejos entre los portavoces del gobierno espaol, al parecer todava hoy orgullosos de lo que ocurri al calor del desgraciado referendo celebrado entre nosotros en febrero del ao citado. Agreguemos y vaya el segundo desliz terminolgico que a los responsables comunitarios se les sigue escapando con harta frecuencia lo de tratado constitucional y lo de Constitucin europea a la hora de referirse al texto aprobado en la capital portuguesa.

Nada ms sencillo que arribar a una conclusin sobre lo que tenemos entre manos: aun cuando el silencio meditico rebaja los efectos de lo que ocurre, las elites dirigentes de la Unin Europea nada estn haciendo, antes al contrario, para mitigar la inequvoca mala imagen que arrastra aqulla de un tiempo a esta parte. El proyecto de estas horas, un tanto pattico, es el de una UE que porfa descaradamente en labrar su futuro sobre la base de lo que piensan esas elites sobre la base, digmoslo mejor, de los intereses que blanden poderossimos grupos de presin detrs de los cuales se palpa el aliento de grandes empresas transnacionales y en abierta ignorancia de lo que reclama buena parte de la ciudadana. Quiere uno creer que esto es pan para hoy y hambre para maana, como debe uno adelantar que nunca han tenido mayor rigor, a la hora de explicar la triste realidad que nos ocupa, las palabras que recoge un trecho lo hemos invocado muchas veces de una vieja cancin del grupo vasco La Polla Records: "Polticos locos guan a las masas, que les dan sus ojos para no ver lo que pasa".

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Autnoma de Madrid.



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