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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2008

La cultura del engao

Boaventura de Sousa Santos
Viso

Traducido por Antoni Jess Aguil y revisado por lex Tarradellas



El ex secretario de prensa del presidente Bush, Scott McClellan, acaba de publicar un libro titulado Lo que pas: dentro de la Casa Blanca de Bush y la cultura del engao en Washington. El furor poltico y meditico que ha causado es el resultado de dos revelaciones: cuando orden la invasin de Irak, la Administracin Bush saba que Irak no tena armas de destruccin masiva (ADM) y orquest una poderosa campaa de propaganda para llevar a la opinin pblica norteamericana y mundial a aceptar una guerra innecesaria; los grandes medios de comunicacin fueron cmplices activos de esa campaa, no slo porque no cuestionaron las fuentes gubernamentales, sino porque encendieron el fervor patritico y censuraron las posiciones escpticas contrarias a la guerra.

Estas revelaciones y las reacciones que han causado tienen implicaciones que las transcienden. Antes que nada, es sorprendente todo este escndalo, pues las revelaciones no traen nada nuevo. Las informaciones en que se basan eran conocidas en el momento de la invasin a partir de fuentes independientes. En ellas me bas para justificar en esta columna mi total oposicin a la guerra que, adems de innecesaria, era injusta e ilegal. Esto significa que las voces independientes fueron estigmatizadas como ideolgicas y antipatriticas, tal y como hoy criticar a Israel equivale a ser considerado antisemita. En 2001, en Egipto, y antes de que la mquina de propaganda comenzara a devorar la verdad, el mismo Secretario de Estado, Colin Powell, dijo que no haba ninguna informacin slida de que Irak tuviese ADM.

Esto me lleva a la segunda implicacin de estas revelaciones: el futuro del periodismo. La mquina de propaganda del Departamento de Defensa se bas en tres tcticas: imponer la presencia de generales en reserva en todos los noticiarios televisivos con el objetivo de demostrar la existencia de las ADM; tener todos los medios de comunicacin bajo observacin y telefonear a sus directores o propietarios a la mnima seal de escepticismo u oposicin a la guerra; invitar a periodistas de confianza de todo el mundo (tambin de Portugal) para ser convencidos de la existencia de las ADM y regresar a sus pases posedos por la misma conviccin belicista. Vimos eso trgica y grotescamente en nuestro pas. La verdad es que en Washington y en todo el pas circulaban en los medios de comunicacin independientes informaciones que contradecan el brainwashing [lavado de cerebro], muchas de ellas provenientes de generales y antiguos altos funcionarios de la Casa Blanca. Por qu no se les ocurri a esos periodistas amigos hacer una verificacin cruzada de las fuentes como les exiga el cdigo deontolgico?

Para el bien del periodismo, algunos de ellos procuraron resistir la presin y sufrieron las consecuencias. Jessica Yellin, hoy en la CNN, y en aquel momento en el canal ABC, confes pblicamente que los directores y dueos del canal la presionaron para escribir historias a favor de la guerra y censuraron todas las que eran ms crticas. Un productor fue despedido por proponer un programa con la mitad de posiciones a favor de la guerra y la mitad en contra. Quien resisti fue considerado antipatritico y amigo de terroristas. Esto mismo ocurri en nuestro pas. Cuntos periodistas no fueron sujetos a la misma intimidacin? Cuntos artculos de opinin contrarios a la guerra fueron rechazados? Y los que escribieron propaganda e intimidaron a subordinados alguna vez se retractaron, pidieron disculpas, fueron cesados? Ellos colaboraron para que un milln de iraques resultaran muertos, decenas de miles de soldados norteamericanos heridos y muertos y para que un pas fuera totalmente destruido. Todo esto ha tenido un precio, no el de la democracia es ridculo concebir como democrtico este estado colonial y ms fracturado que Somalia pero s el del control de las reservas de petrleo del Golfo y la promocin de los intereses del petrleo, de la industria militar y de reconstruccin en la que los dueos de los medios de comunicacin tienen fuertes inversiones.

Para disimular el problema moral de los cmplices de la guerra y la destruccin, un comentador de derechas de nuestro pas se vali recientemente de la ms desconcertante y desesperada justificacin de la guerra: si no haba ADM, por lo menos haba la conviccin de que existan. Ahora el libro de McClellan le acaba de retirar este argumento. De cul se servir ahora? Lo trgico es que la mquina de propaganda contina montada y ahora est dirigida a Irn. Su funcionamiento ser ms difcil y lo ser an ms si los periodistas tienen mejores condiciones para cumplir su cdigo deontolgico.


 

Fuente: http://www.ces.uc.pt/publicacoes/opiniao/bss/201.php

Artculo original publicado el 5 de junio de 2008.

Boaventura de Sousa Santos es socilogo y profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Coimbra (Portugal).

Antoni Jess Aguil es colaborador externo de Rebelin y Tlaxcala. lex Tarradellas es miembro de Rebelin, Tlaxcala y Cubadebate. Esta traduccin se puede reproducir libremente, a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor, al revisor y la fuente.



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