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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2008

El complejo militar-industrial, la derecha cristiana, y los medios liberales
Triunfo de la locura

Edward S. Herman
zcommunications

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Al pblico en EE.UU. no le gusta lo que sucede y todo un 81% piensa que el pas va en la direccin equivocada. Pero no parece que haya gran cosa que el pblico pueda hacer al respecto. Hubo una opinin generalizada de que la eleccin de 2006 fue una votacin contra la guerra de Iraq, pero los victoriosos demcratas no emprendieron ninguna accin de importancia para detener de la guerra o por lo menos para hacer un alto, y menos an, abolir los ataques de Bush contra el gobierno constitucional, y han dejado a cargo al impotente y desacreditado Gran Decididor, con un flujo permanente de fondos adicionales para escalar la guerra de Iraq.

An mas espectacular ha sido que Bush-Cheney parecen estar en camino hacia una guerra contra Irn, y los demcratas, mientras hacen unos pocos reproches, en realidad han dado a Bush-Cheney una base casi legal para atacar a Irn, al remover Pelosi de la ley de financiamiento de la guerra en Iraq una clusula que exiga que Bush obtuviera la aprobacin del Congreso antes de comenzar una guerra contra Irn, y al votar unnimemente los demcratas en el Senado por la ley Kyle-Lieberman que declar organizacin terrorista al Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islmicos, un segmento del ejrcito iran. Hay numerosos otros indicios de un posible ataque de EE.UU. contra Irn en los prximos meses por parte del gobierno impotente la remocin del almirante William Fallon del puesto de jefe del Comando Central y su reemplazo por el perrito faldero de Bush David Petraeus; el reciente nfasis de Petraeus-Crocker sobre la presunta participacin de Irn en la guerra de Iraq; el refuerzo adicional de las fuerzas navales de EE.UU. en el Golfo Prsico; advertencias abiertas de que el ataque militar constituye una opcin bajo consideracin (Ann Scott Tyson, "U.S. Weighing Readiness for Military Action Against Iran," Washington Post, 26 de abril de 2008); el financiamiento por el Congreso de ms bombas revienta-bnkeres y ms bombarderos para transportarlas todos sin una reaccin seria del Partido Demcrata o preocupacin y oposicin de los medios de informacin y de la comunidad internacional. El jefe de la ONU, Ban Ki-Moon, est muy molesto por las acciones represivas de China en Tibet, pero no dice nada sobre la posibilidad de otro supremo crimen internacional contra Irn, la forma de accin que fue el principal enfoque de la Carta de la ONU bajo la cual se supone que acte Ki-Moon.

Abundan otras dificultades. Las guerras en Afganistn y Pakistn continan y crecen, con la determinacin de EE.UU. y de la OTAN de imponer su versin de estabilidad en esos lejanos pases. Los israeles siguen expandiendo asentamientos y siguen tiranizando despiadadamente a la poblacin de la franja de Gaza, con un apoyo incesante de EE.UU. y la comunidad internacional. Las potencias occidentales (sobre todo EE.UU., Gran Bretaa, Francia, e Israel) trabajan todas hacia la mejora de sus armas nucleares y slo apoyan de un modo muy selectivo el Tratado de No Proliferacin, adaptndose a las acciones de EE.UU. hacia la guerra con Irn; y siguen aumentando los presupuestos y las ventas de armas. El crecimiento econmico de China e India y el avance hacia combustibles basados en etanol han ayudado a elevar el precio del petrleo y de los alimentos, amenazando una importante crisis de escasez de alimentos en todo el globo. La desigualdad de ingresos sigue progresando dentro y entre pases bajo el rgimen del neoliberalismo (es decir, una guerra de clases avanzada). No se ha tomado ningn paso importante para encarar el desafo del calentamiento global y, de hecho, la industria del carbn y centrales elctricas a carbn se expanden en China y otros sitios. Finalmente, el crecimiento basado en el endeudamiento y en la especulacin en EE.UU. ha producido una crisis financiera y econmica, que no ha sido resuelta, dentro y fuera de ese pas, y el que no se haya agregado ninguna regulacin nueva para limitar el mercado del casino financiero es de mal agero para la estabilidad futura.

Podra argumentarse, sin embargo, que hay muchas esperanzas en el desprestigio del gobierno Bush-Cheney y su eventual reemplazo por un gobierno demcrata en 2009. Esta esperanza podra ser engaosa o por lo menos seriamente exagerada. No reconoce que los problemas y amenazas se basan en hechos estructurales que no sern alterados por los resultados de la eleccin y que son realmente discernibles en el propio proceso electoral. Un hecho es el poder del militarismo de EE.UU., centrado en el complejo militar-industrial (MIC, por sus siglas en ingls), incluyendo al Pentgono, al vasto ejrcito de contratistas (47.000 contratistas de primera lnea, ms de 100.000 subcontratistas, segn un clculo), a su base de apoyo en el resto de la comunidad de negocios y financiera, y a los empleados del MIC pero que se extiende al lobby de Israel estrechamente relacionado, a la derecha cristiana y a la derecha y a los medios derechistas y a gran parte de los medios liberales de informacin. Adems, la concentracin en aumento permanente de los negocios, los medios, los ingresos, y la riqueza ha ayudado a normalizar una creciente desigualdad y ha hecho que cualquier accin populista sea difcil de realizar considerando su inaceptabilidad para la elite dominante del poder. Esta centralizacin de la riqueza y del poder ha ayudado a plutocratizar an ms el proceso electoral, ya que todo candidato o candidata est hasta el cuello en obligaciones financieras hacia elementos del poder que quieren un mayor presupuesto militar y guerras y que se opondrn a cualquier cambio de rumbo serio del programa de redistribucin hacia arriba de Bush.

Hillary Clinton y Barack Obama no han propuesto recortes en el presupuesto militar o una reduccin de las bases en el extranjero, ni ningn programa importante de redistribucin, y es evidente que ninguno de los dos est dispuesto a luchar arduamente contra los grupos de presin de las compaas aseguradoras y de la industria farmacutica respecto a la reforma de la atencin sanitaria. Ninguno da mucho peso al fortalecimiento del movimiento sindical como base opositora. Recordemos que Bill Clinton iba a poner a la gente primero, pero se inclin rpidamente ante el mercado de valores y luego ante el lobby del libre comercio. l y Gore no hicieron literalmente nada progresista en el frente medioambiental. Bajo su gobierno la poblacin carcelaria aument vertiginosamente y lo mismo sucedi con la burbuja del mercado burstil (y la desigualdad). Los demcratas no reaccionaron cuando Bush realiz sus primeros ataques contra el movimiento sindical terminando con las restricciones sobre la adjudicacin de contratos gubernamentales a firmas antisindicales, prohibiendo huelgas en la industria aeronutica, limitando el uso de cuotas sindicales para apoyar a candidatos polticos, etc.

Los obstculos estructurales para un cambio favorable a la gente en una plutocracia con medios concentrados y anti-populistas son formidables. Si eligen a Obama o a Clinton tendran que gastar muchas energas y capital poltico para garantizar que no son demasiado progresistas a los crculos dominantes (mercado de valores, grandes donantes, MIC, medios corporativos). Iniciativas importantes para poner a la gente primero requeriran muchsima organizacin y presin de las bases que seran difciles de preparar despus de lo que cost conseguir que se eligiera a un demcrata. Tambin habra que superar la obstruccin al progreso de los conservadores econmicos y otros elementos conservadores en el Partido Demcrata que desde hace tiempo dificultan que ese Partido acte con unidad y haga algn avance progresista.

Pueden los demcratas llegar a ganar la prxima eleccin presidencial? Es ciertamente lejos de ser seguro, siendo que los demcratas mantuvieron una costosa contienda en las primarias, mientras John McCain ya se beneficiaba del prejuicio ya institucionalizado de los medios de informacin a favor de los candidatos republicanos y derechistas (vea Eric Boehlert: Lapdogs: How the Press Rolled Over for Bush [Perros falderos: como la prensa se volc a favor de Bush], 2006; David Brock y Paul Waldman: Free Ride: John McCain and the Media, 2008; FAIR: "Media Hold McCain, Obama, to Different Standards," Media Advisory, 14 de marzo de 2008).

La capacidad de los Veteranos del Swift Boat [lancha rpida] por la Verdad de daar, con una ayuda crucial de los medios, las posibilidades polticas del veterano de la Guerra de Vietnam John Kerry en 2004 mientras los mismos medios enterraban efectivamente cualquier crtica del historial de George W. Bush como evasor de la Guerra de Vietnam y desertor de la Guardia Nacional, es un testimonio atemorizante de la capacidad del proyecto comn de los medios derechistas para mantener el gobierno en manos del partido de la guerra y la desigualdad. Hillary Clinton y Obama podran presentar an mejores blancos que John Kerry para la satanizacin por parte de los socios de ese proyecto.

Hemos abandonado el mundo de la MAD destruccin mutua asegurada, y entrado al mundo ms all de MAD de Bush-Cheney y los cinco oficiales de alto rango de la OTAN que recientemente presentaron un manifiesto subrayando la necesidad de rescatar una opcin de primer golpe nuclear para impedir la guerra nuclear. La guerra nuclear se ha hecho ms practicable, en parte, porque con la desaparicin de la Unin Sovitica ha llega a ser posible que se piense en la utilizacin de armas nucleares sin la posibilidad de una represalia nuclear masiva. Si EE.UU. o Israel utilizan armas nucleares contra Irn, un Irn sin armas nucleares no puede tomar represalias equivalentes. Puede haber repercusiones desagradables y peligrosas, pero tal vez menos aterradoras que un golpe nuclear de vuelta.

Pero la guerra nuclear tambin ha llegado a ser ms probable debido a la militarizacin de EE.UU., la proyeccin del poder, la guerra real extendida a todo el globo bajo la cobertura de una supuesta guerra contra el terror y un alarmismo deliberado. El choque de civilizaciones es esencialmente una guerra de EE.UU. y de sus aliados contra el Tercer Mundo, y el 11-S suministr el Pearl Harbor deseado, para justificar la nueva cruzada. Esto ha ayudado a reducir las barreras morales contra la barbarie; contra los asesinatos masivos; la provocacin de dolor y de devastacin en las crecientes filas de los enemigos. La guerra continua, los informes diarios sobre asesinatos y torturas, y el alarmismo, han endurecido, y al mismo tiempo atemorizado a la gente, haciendo que se ajuste ms fcilmente a modos de asesinato que antes estaban fuera de las reglas comnmente aceptadas. El increble torrente de propaganda sobre una amenaza nuclear iran contra pases que realmente poseen grandes arsenales de armas nucleares ha alimentado la histeria que llev incluso a politiqueros liberales a proclamar que debemos mantener abiertas todas las opciones y que si Irn, que no posee armas nucleares, llegara a lanzar un da una bomba nuclear contra Israel obliteraramos a Irn alimentando de manera estpida y gratuita el espritu de violencia que alienta el recurso a armas nucleares por parte de los que las poseen.

El fin de la Unin Sovitica abri una nueva era de triunfalismo estadounidense y la creencia por parte de las elites de EE.UU. de que pueden proyectar su poder y remodelar el mundo segn los intereses de EE.UU. sin encontrar gran resistencia. Una caracterstica de esta perspectiva fue el punto de vista de que se poda ignorar a Rusia como potencia con legtimos intereses geopolticos que seguira o debiera seguir los dictados de EE.UU. o que podra ser fcilmente coaccionada a someterse. Esto lo apoyaron los aos de Yeltsin por su docilidad: era virtualmente un agente de EE.UU. desde adentro. Fue celebrado en EE.UU. como reformador porque, con consejo y presin de EE.UU., destruy lo bueno as como lo malo en el sistema anterior, someti a Rusia a una terapia de choque que llevaba al colapso econmico y social, patrocinada por un sistema econmico oligrquico altamente concentrado, basado en el robo; elimin el gobierno parlamentario y estableci la base para un nuevo autoritarismo. (Para leer una buena descripcin, vea Failed Crusade, 2000, Part 1 de Stephen Cohen).

El sucesor elegido por Yeltsin, Vladimir Putin, detuvo las reformas, aument el papel del gobierno en la economa, limit en algo el poder de los oligarcas, y abandon gradualmente la poltica de Yeltsin de mansedumbre y servilismo ante las exigencias polticas de EE.UU. Esto result en gran parte gracias a una serie de actos hostiles hacia Rusia que sugirieron que en lugar de ser considerada como socia de EE.UU., Rusia estaba en la lista de objetivos potenciales para un cambio de rgimen. Estos incluyeron el cerco agresivo estadounidense de Rusia con nuevas bases militares en las fronteras rusas, el estmulo para cambios de rgimen en Georgia y Ucrania, y la expansin de la OTAN a los Estados blticos y Europa Oriental, en violacin de una promesa hecha a Gorbachov, cuando la Unin Sovitica acept permitir que Alemania Oriental se uniera a Occidente, de que se abstendran de alguna accin amenazante.

EE.UU. tambin acos a Rusia en su guerra de bombardeo contra Serbia en 1999, y ms recientemente al separar a Kosovo de Serbia, contra la fuerte oposicin de Rusia. EE.UU. ha estado mejorando su arsenal nuclear, gastando ahora ms de 6.000 millones de dlares en la renovacin y mejora de su armamento nuclear (ms que el promedio anual gastado durante la Guerra Fra), y ha incorporado oficialmente armas atmicas y la guerra nuclear como parte de sus operaciones normales de planificacin para la guerra, suministrando opciones militares crebles al hacer frente a objetivos potenciales, y Rusia es nombrada como un tal objetivo en la Revisin de la Postura Nuclear 2002 del Pentgono.

En este contexto EE.UU. ha propuesto la colocacin de interceptores antimisiles en Polonia y Checoslovaquia, supuestamente como proteccin contra posibles ataques con misiles nucleares de Irn, que no tiene armas nucleares. Vladimir Putin ha objetado enrgicamente contra este plan por constituir una amenaza para la seguridad nacional de Rusia. Las objeciones de Putin suenan crebles y racionales ante el contexto de acciones hostiles de EE.UU., la idiotez de la nocin de que Irn pueda plantear una amenaza con misiles nucleares para Polonia o Checoslovaquia (o EE.UU.) y el hecho de que tales misiles cerca de la frontera rusa podran facilitar un primer golpe de EE.UU. contra Rusia un pas nombrado como objetivo potencial en 2002.

Pero en la era de la locura triunfante, Putin es visto como empeado en posturas estridentes y distrayendo la atencin de su propio bandidaje en casa (New York Times), aunque el Times reconoce que los planes a los que objeta Putin son algo descaminados y absurdos, en gran parte porque todava no se ha demostrado que los misiles sean factibles. Pero es divertido ver con qu meticulosidad el New York Times contribuye a esta locura. Entre otras cosas, a Putin ahora lo llaman dictador, quien ha emasculado a tal punto las instituciones democrticas que se desarrollaron en los aos noventa que es evidente que tiene poca confianza en su pueblo. ("Exit, Russian Democracy," 27 de noviembre de 2007). Es verdad que las instituciones democrticas de Rusia estn en mal estado, pero recayeron a esa condicin bajo el reformador Yeltsin, a quien el Times prodig permanentes elogios, incluso mientras destrua las condiciones para una verdadera democracia y lanzaba a la mayora de su pas a la pobreza. Pero lo hizo con polticas que agradaban a EE.UU., una contrarrevolucin desde arriba hecha sin consultar o mostrar la menor confianza en su pueblo o preocupacin por su bienestar. Sirve a EE.UU. y te conviertes en reformador, mientras que, si no cooperas con EE.UU. aparece una nueva preocupacin por la democracia.

El Times no reconoce que la colocacin de misiles en Polonia y Checoslovaquia constituya algn tipo de amenaza para Rusia. Los editores declaran que no nos tragamos las lgrimas de cocodrilo de Mosc porque un puado de interceptores representan una amenaza para el inmenso arsenal de Rusia. ("The Poles Get Cold Feet," 30 de diciembre de 2007). Por supuesto los editores no preguntan por qu EE.UU. se molest tanto por los misiles rusos en Cuba a comienzos de los aos sesenta, que difcilmente podan amenazar al inmenso arsenal de EE.UU., y tampoco preguntan cmo EE.UU. reaccionara actualmente ante una colocacin por Rusia de un puado de interceptores en Venezuela. Jams se les ocurre tampoco que una colocacin inicial de misiles puede ser ampliada en el futuro.

Los editores tampoco cuestionan jams la afirmacin de que los misiles en Polonia y Checoslovaquia apuntaran a la amenaza iran. Es una triple locura, ya que Irn no tiene ninguna arma nuclear y no la tendr durante mucho tiempo, si algn da la llega a tener, y si sucediera no habra motivos para que Irn las apuntara contra Polonia o Checoslovaquia. Apuntarlas a Israel o EE.UU., excepto como una accin defensiva desesperada, sera suicida. Pero el Times no puede admitir algo semejante, porque los belicistas de EE.UU. e Israel han declarado que Irn, sin armas nucleares, es una amenaza existencial que no tiene derecho a autodefensa, y un buen rgano propagandstico como el New York Times debe estar de acuerdo con esta satanizacin y una supuesta amenaza- Esto exige que no se cuestione, e incluso que se apoyen locuras convenientes y, siguiendo una gran tradicin, se contribuya al hacerlo a la marcha hacia la prxima agresin de EE.UU. e Israel.

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Edward S. Herman, profesor emrito de finanzas en Wharton School, Universidad de Pensilvania, ha escrito extensamente sobre economa, economa poltica, y los medios de informacin.

http://www.zcommunications.org/zmag/viewArticle/17795



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