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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2008

La izquierda latinoamericana en el gobierno: sujeta a la hegemona neoliberal o construyendo una contrahegemona popular?

Roberto Regalado
Rebelin


Amrica Latina se adentra en una nueva etapa de su historia, en la cual, por primera vez, partidos, movimientos, frentes y coaliciones de izquierda, en los que convergen las ms diversas corrientes polticas e ideolgicas, ocupan, de manera estable, espacios institucionales dentro de la democracia burguesa, cuyo funcionamiento se extiende, tambin por primera vez, por casi toda una regin donde, salvo excepciones como Uruguay o Chile, desde la independencia de Espaa y Portugal, predominaron la dictadura y el autoritarismo.

Aunque hay procesos que lo prenuncian entre ellos las transiciones que pusieron fin a la mayora de las dictaduras militares de seguridad nacional implantadas desde 1964 y el auge de la lucha popular en pases como Brasil, Uruguay y Mxico y hay procesos que marchan a la zaga como la firma en 1996 de los Acuerdos de Nueva York que dieron por terminada la insurgencia en Guatemala y la persistencia del conflicto armado en Colombia, cuya solucin negociada es cada da ms imperiosa, el momento del cambio de etapa o cambio de poca, como algunos prefieren llamarlo, se ubica entre 1989 y 1992.

Los acontecimientos internacionales que inciden en lo que podemos definir como una transformacin radical de las condiciones en las que se desarrollan las luchas populares en Amrica Latina, son la cada del Muro de Berln, en diciembre de 1989, smbolo de la restauracin del capitalismo en Europa oriental, y el desmoronamiento de la URSS, en diciembre de 1991, que marca el fin de la bipolaridad mundial. En nuestra regin, el inicio de la unipolaridad se manifiesta mediante la invasin a Panam (1989), la derrota de la Revolucin Popular Sandinista en Nicaragua (1990), la desmovilizacin de una parte de los movimientos guerrilleros en Colombia (1990 1991)1 y, como colofn, en la firma de los Acuerdos de Chapultepec (1992), que concluyen doce aos de insurgencia en El Salvador, pas latinoamericano donde esa forma de lucha alcanzaba por entonces el mayor desarrollo e intensidad.

En esencia, entre 1989 y 1992 se cierra la etapa histrica abierta por el triunfo de la Revolucin Cubana, el 1ro. de enero de 1959, caracterizada por el flujo y reflujo de la lucha armada revolucionaria, y por la implantacin de las dictaduras militares de seguridad nacional que actuaron como punta de lanza de la violencia represiva del imperialismo norteamericano, y se inicia la actual, en la que predominan la combatividad de los movimientos sociales en la lucha contra el neoliberalismo y los avances electorales obtenidos por la izquierda, a los que se dedican estas lneas.

Si se toma como punto de partida la eleccin mexicana del 6 de julio de 1988, la primera de la historia reciente en la que un candidato presidencial de izquierda, Cuauhtmoc Crdenas, tuvo a su alcance el triunfo del cual fue despojado mediante el fraude, se aprecia que durante los primeros diez aos, entre 1988 y 1998, los avances electorales se circunscribieron a los gobiernos municipales y provinciales, y las legislaturas nacionales. Por solo mencionar los casos ms conocidos: en Mxico, Crdenas fue derrotado en las elecciones presidenciales de 1988, 1994 y 2000; en Brasil, le ocurri lo mismo a Luiz Incio Lula da Silva en 1989, 1994 y 1998; y, en Uruguay, a Lber Seregni en 1989 y a Tabar Vzquez en 1994 y 2000. Entre otros factores, ello obedece a que los poderes fcticos tenan entonces la capacidad de neutralizar el creciente rechazo al neoliberalismo, con campaas de miedo basadas en el supuesto de que la eleccin de un gobierno de izquierda provocara intolerables represalias del capital financiero transnacional. No es casual que el primer triunfo de un candidato presidencial de izquierda ocurrido en esta etapa, el de Hugo Chvez en la eleccin venezolana del 6 de diciembre de 1998, se produjese en medio de un colapso institucional que impidi a la oligarqua apelar al miedo o a cualquier otro recurso para evitarlo.

A veinte aos de la eleccin mexicana de 1988 y a diez de la eleccin venezolana de diciembre de 1998, cualquiera que sea el criterio para definir qu es un gobierno de izquierda o progresista, sea el ms estrecho o el ms amplio, el resultado no tiene precedente en la historia. Debido a que la problemtica aqu abordada se manifiesta en todo gobierno que se considere incluido en una de esas dos clasificaciones, en este texto se emplea un criterio muy flexible, que si bien no refleja la opinin del autor, ello no afecta, sino por el contrario, ayuda a desarrollar su hiptesis.

En primer lugar, es preciso mencionar a Cuba. Al aproximarse a su 50 cumpleaos, la Revolucin Cubana es el acontecimiento ms trascendente de ese medio siglo latinoamericano. Su triunfo abri una etapa de luchas de la izquierda que abarc tres dcadas. Su resistencia a partir de 1991 demostr que era posible construir y defender un proyecto de pas a contracorriente de la avalancha neoliberal. Con un balance de aciertos y errores sin duda alguna muy favorable, Cuba se encamina al relevo de la generacin fundadora de la revolucin, con la meta pendiente de alcanzar el desarrollo econmico, con el reto de satisfacer las siempre crecientes necesidades y expectativas que crea el desarrollo social y, sobre todo, con plena confianza en el socialismo.

Adems de Cuba, de acuerdo con una definicin muy amplia de izquierda y progresismo, los triunfos de candidatos presidenciales ubicados dentro de ese espectro son los de Hugo Chvez en Venezuela (1998, 2000 y 2006), Ricardo Lagos en Chile (2000), Luiz Incio Lula da Silva en Brasil (2002 y 2006), Nstor Kirchner en Argentina (2003), Martn Torrijos en Panam (2004), Tabar Vzquez en Uruguay (2004), Evo Morales en Bolivia (2005), Michelle Bachelet en Chile (2006), Daniel Ortega en Nicaragua (2006), Rafael Correa en Ecuador (2006), Cristina Fernndez en Argentina (2007), lvaro Colom en Guatemala (2007) y Fernando Lugo en Paraguay (2008). Aunque este anlisis no incluye al Caribe anglfono, es preciso mencionar que tres gobiernos de esa regin encajan en los parmetros sealados: los de Dominica, Guyana, y San Vicente y las Granadinas. Tambin es necesario destacar los resultados electorales obtenidos en 2006 por los candidatos presidenciales Carlos Gaviria en Colombia, Ollanta Humala en Per y Andrs Manuel Lpez Obrador en Mxico. Pese a que los dos primeros no fueron electos, y a que el tercero fue despojado de la victoria, los tres tuvieron desempeos extraordinarios en sus respectivos pases. Finalmente, esperamos confiados que a la lista de presidentes de izquierda se sume en 2009 Mauricio Funes, el candidato del Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional de El Salvador.

A partir de las condiciones existentes en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y de los fines que se proponen sus actuales mandatarios, cabe sealar que en estos tres pases se desarrollan transformaciones radicales del statu quo mediante procesos constituyentes, lo cual no ocurre en el resto de los casos. El rasero ms comn para cuestionar las credenciales de izquierda de unos u otros de los gobiernos mencionados en el prrafo anterior es que, en mayor o menor medida, mantienen la poltica neoliberal heredada y priorizan las relaciones con el capital financiero transnacional. Algunos, incluso, estn sujetos a tratados de libre comercio con los Estados Unidos. Si asumimos que el neoliberalismo es el capitalismo real de nuestros das, que dispone de mecanismos transnacionales de dominacin para impedir la ejecucin de reformas nacionales de izquierda o progresistas, y que ninguno de esos gobiernos ha roto con este sistema social al margen de si existen o no condiciones para ello, y de si esa es o no su meta, concluiremos que esa crtica tiene una base objetiva.

Los espacios institucionales que ocupan los nuevos gobiernos de izquierda y progresistas se abrieron con los condicionamientos derivados de la interaccin entre cuatro elementos, tres de ellos positivos y uno negativo. Los elementos positivos son: 1) el acumulado de las luchas populares libradas durante toda su historia y, en particular, durante la etapa 1959 1989, en la cual, si bien no se alcanzaron todos los objetivos que esas fuerzas se haban planteado, ellas demostraron una voluntad y una capacidad de combate que oblig a las clases dominantes a reconocerle los derechos polticos que les estaban negados;2 2) la lucha en defensa de los derechos humanos, en especial contra los crmenes de las dictaduras militares de seguridad nacional, que forz la suspensin del uso de la violencia abierta y grosera como mecanismo de dominacin; y 3) el aumento de la conciencia, la organizacin y la movilizacin, social y poltica, registrado en la lucha contra el neoliberalismo, que establece las bases para un incremento sin parangn de la participacin electoral de sectores populares antes marginados de ese ejercicio poltico. Como contraparte, el factor negativo es la imposicin del Nuevo Orden Mundial, que restringe an ms la independencia, la soberana y la autodeterminacin de las naciones del Sur. Fue, precisamente, la apuesta a que podra someter a los Estados nacionales latinoamericanos a los nuevos mecanismos supranacionales de dominacin, la que, en primera y ltima instancia, movi al imperialismo norteamericano a dejar de oponerse de oficio a todo triunfo electoral de la izquierda, como haba hecho histricamente.

En efecto, los triunfos electorales de la izquierda latinoamericana no son resultado exclusivo de factores positivos o negativos, sino de la interrelacin de unos y otros. Interpretarlos solo como un producto del acumulado de las luchas populares, o solo como un reajuste en los medios y mtodos de dominacin capitalista, sera igualmente unilateral. Lo primero conduce a un triunfalismo injustificado: a pensar que la izquierda lleg al poder o que su inclusin en la alternancia democrtico burguesa es la meta final. Lo segundo conduce a una negacin igualmente injustificada: a pensar que la dominacin imperialista es infalible o a exigir a los actuales gobiernos de izquierda o progresistas que acten como si fuesen producto de una revolucin.

La situacin latinoamericana se comprende mejor si apelamos al concepto de hegemona. Amrica Latina transita por un proceso anlogo al ocurrido en los pases capitalistas ms desarrollados a partir del ltimo cuarto del siglo xix. Ese proceso es la sustitucin de la dominacin violenta por la hegemona burguesa. El nacimiento de la democracia burguesa, entendido como el establecimiento de la hegemona burguesa, fue el resultado de la interaccin entre las conquistas arrancadas a la burguesa por los movimientos obreros, socialistas y feministas, y las reformas polticas que la propia burguesa necesitaba realizar en funcin de los cambios en el proceso de acumulacin derivados del surgimiento de la gran industria. De forma anloga, hoy asistimos en Amrica Latina a un proceso de sustitucin de los medios y mtodos ms brutales de dominacin por una nueva modalidad de hegemona burguesa, en el que tambin interactan las conquistas arrancadas a la clase dominante y las reformas que esta ltima necesita hacer.

Las caractersticas de la implantacin de la hegemona burguesa en Amrica Latina son: 1) se produce en una regin subdesarrollada y dependiente, como parte de un proceso de concentracin transnacional de la riqueza y el poder poltico, y no como en la Europa de fines del siglo xix y las primeras seis dcadas del xx, en pases beneficiados por un desarrollo econmico, poltico y social capitalista basado en la explotacin colonial y neocolonial, que les permiti acumular excedentes y redistribuir una parte de ellos entre los grupos sociales subordinados; y 2) la ideologa hegemnica es el neoliberalismo, no como en el Viejo Continente, donde ese proceso estuvo influenciado por el liberalismo poltico emanado de la Revolucin Francesa. Estas caractersticas marcan una diferencia fundamental con el concepto gramsciano de hegemona. En las condiciones estudiadas por Gramsci, la hegemona abra espacios de confrontacin dentro de la democracia burguesa que los sectores populares podan aprovechar para arrancarle concesiones a la clase dominante, pero la hegemona neoliberal abre espacios formales de gobierno con el objetivo de que no puedan ser utilizados para hacer una reforma progresista del capitalismo.

Nada ms lejos del propsito de este texto que demeritar los triunfos electorales de la izquierda latinoamericana o hacer pronsticos fatalistas. Por el contrario, tal como Gramsci estudi la hegemona burguesa de su poca y llam a construir una contrahegemona popular, de lo que se trata es de hacer hoy lo propio. Conscientes de que es imposible e indeseable volver atrs la rueda de la historia,3 hay que definir dnde estamos para empujarla hacia adelante.

El problema planteado es complejo, entre otras razones, porque no encaja en los patrones conocidos de revolucin y reforma. Los gobiernos de esta nueva hornada de izquierda nacen y actan en condiciones diferentes a las que lo hicieron los gobiernos surgidos de las vertientes histricas del movimiento obrero y socialista mundial: la que opt por la revolucin socialista y la que opt por la reforma socialdemcrata del capitalismo. La izquierda que hoy llega al gobierno en Amrica Latina no destruye al Estado burgus, ni elimina la propiedad privada sobre los medios de produccin, ni funda un nuevo poder, ejercido manera exclusiva por las clases desposedas. En sentido contrario, tampoco puede construir una rplica del Estado de Bienestar, del que hace aos abjur la socialdemocracia europea, que lo haba asumido como propio.

La izquierda latinoamericana accede al gobierno acorde con las reglas de la democracia burguesa, incluido el respeto a la alternabilidad, en este caso con la ultraderecha neoliberal que, desde la oposicin obstaculiza, y si regresa al gobierno revertir, las polticas que ella ejecuta, por benignas que sean. Sin embargo, en ciertas circunstancias, el asunto no es solo la alternabilidad con la ultraderecha neoliberal, sino que para llegar al gobierno y para gobernar la izquierda se siente obligada a establecer alianzas con fuerzas ubicadas a su derecha. Y, adems, en ocasiones, la cuestin tampoco radica nicamente en la alternabilidad y las alianzas externas, sino en que dentro de los propios partidos, movimientos, frentes y coaliciones de izquierda hay corrientes socialistas, socialdemcratas y de otras identidades, que tienen discrepancias sobre cunto respetar y cunto forzar los lmites del sistema de dominacin.

No tendra sentido que este texto concluyese con un juicio del autor sobre en qu medida uno u otro de los actuales gobiernos de izquierda est sujeto a la hegemona neoliberal y en qu medida est construyendo una contrahegemona popular. En ningn caso habra una respuesta qumicamente pura. Por cuanto se adentran en un terreno inexplorado, lo esencial es que cada partido, movimiento, frente y coalicin que participa en esos gobiernos, se plantee esta interrogante de manera permanente.



Para mayor informacin sobre este tema, consltese:

Roberto Regalado: Amrica Latina entre siglos: dominacin, crisis, lucha social y alternativas polticas de la izquierda (edicin actualizada), Ocean Sur, Melbourne, 2006 (276 pp.).

______________: La izquierda latinoamericana en el gobierno, Contexto Latinoamericano no. 3, Mxico D. F., 2007, pp. 7 24.

______________: Encuentros y desencuentros de la izquierda latinoamericana: una mirada desde el Foro de So Paulo, Ocean Sur, Mxico D. F., 2008 (301 pp.).

______________: Los gobiernos de izquierda en Amrica Latina, Ocean Sur, Mxico, 2008 (52 pp.).


En: www.oceansur.com

www.oceanbooks.com.au



1 Se refiere a la desmovilizacin del Movimiento 19 de Abril (M 19), en marzo de 1990, y del Movimiento Guerrillero Quintn Lame, del Partido Revolucionario de los Trabajadores y de parte del Ejrcito Popular de Liberacin, estos tres ltimos en febrero de 1991.

2 Por solo citar un ejemplo, sera impensable que la izquierda fuese la segunda fuerza poltica en El Salvador, y que su candidato a la eleccin presidencial de 2009 tenga posibilidades reales de triunfar, si la Revolucin Popular Sandinista no hubiese estremecido a todos los regmenes dictatoriales de Centroamrica, y si el Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional no hubiese desarrollado la fuerza poltico militar que, mediante los Acuerdos de Chapultepec, de enero de 1992, convirti en fuerza poltico electoral.

3 Carlos Marx y Federico Engels: El Manifiesto del Partido Comunista. Obras Escogidas en tres tomos. Editorial Progreso, Mosc, 1972, t. 1, p. 120.



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