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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2008

Cmo efectuar un cierre en falso y sin controversia tica, o cmo abrir un debate urgente
Del polmico dictamen del presidente Chvez

Carlos Alberto Ruiz Socha
Rebelin


La raz griega polemos significa guerra. De ah viene polmica, palabra frecuente al tratar altisonancias recurrentes en las expresiones del venezolano presidente bolivariano Hugo Chvez. Y una de las formas histricas de aquella, de la guerra, es lo que suele llamarse guerra de guerrillas. Lo sabe muy bien l, no slo como militar, sino como respetado luchador poltico, y lector, seguidor de las estelas de rebeldes, como Bolvar.

Incluso las enseanzas de historiadores conservadores indicaban que tal modalidad corresponde a viejas experiencias, que se remontan a ms de dos mil aos. En diversos y muy dismiles contextos. Algo as como un mtodo, aplicado en diferentes condiciones. No slo obligado, al que han acudido grupos de oposicin o movimientos de liberacin, como sera natural en circunstancias y estructuras de asimetra o desventaja blica. Por las caractersticas del recurso, tambin ha sido una prctica empleada en las estrategias contrarrevolucionarias. Luego el tema, no ms visto desde este agujero en la superficie, tiene una profundidad que no puede examinarse sin estudio, con un plumazo.

Resulta paradjico que el presidente bolivariano de Venezuela clausure por ahora con una simple tachadura lo que est en la historia tan ntimamente ligado a formas de resistencia ante la opresin, la que l mismo combate hoy con dignidad, siendo visto por miles de personas como un heredero, un representante y una viva actualizacin de ese antagonismo que constituye la base procesual de la humanidad. En nuestra hechura como especie, el acopio objetivo de bregas de los de abajo no puede desechar entonces el aprendizaje de siglos de batallas por la humanizacin, con las derrotas ciertas y los recomienzos. Es adems contradictorio que el presidente Chvez, con tan aguda mirada puesta a prueba en otros momentos, diga lo que dijo el pasado domingo 8 de junio. Recin celebrados doscientos aos de la Guerra de Independencia Espaola, cuando en pleno 2008 en la cmoda Espaa muchos escritores e investigadores resaltan el papel de la guerra de guerrillas en la (recurdese que el origen nominal, el del termino, est asociado a esa) gesta de la resistencia frente al dominio y la ocupacin francesa guiada por Napolen. Hasta la familia real espaola conmemor lo que ello supuso, de lo que ahora goza. Somos todos herederos de rebeliones. Tan elemental verdad se nos olvida.

Por qu lo dijo o para favorecer qu? No sabemos bien. Sobre algunos de los alcances de lo expresado, los anlisis de James Petras, Celia Hart, Narciso Isa Conde, Pedro Echeverra, entre muchos otros, llaman con justicia la atencin, se preguntan por las motivaciones y las consecuencias de esas declaraciones desconcertantes del presidente Chvez, y por su inmediata derivacin, felicitada por guerreristas neoliberales de Colombia, como Santos, el Ministro de la Defensa, o por los halcones de Washington. El domingo se dijeron esas palabras y con ellas en la tarde los medios de comunicacin bofetearon a las FARC. Puestas en la nevera, un lunes pueden ser enrostradas a la resistencia palestina; un martes a la iraqu; un mircoles a la saharaui; un jueves a la zapatista; y, quiz, un viernes a la venezolana, la misma que se prepara desde ya.

Muchas son las noticias que rodean el mundo con esa soflama, asemejada al fin de la historia de Fukuyama, tesis ridcula que ha tenido entre otros enrgicos y valientes impugnadores al propio Chvez. Y entre decenas de pginas ledas, una llama poderosamente nuestro inters. El diario espaol El Mundo, que tanto ha despotricado sobre el presidente Chvez y el proceso popular venezolano, como lo ha hecho El Pas y otros de capital espaol, dispuso para cubrir uno y otro foco, una pgina entera (la 32), el da 9 de junio. Un da despus del discurso condenatorio de la lucha de guerrillas en Amrica Latina. En la parte superior destaca el mensaje de Chvez a las FARC: La guerra de guerrillas pas a la historia. Enseguida, en la parte inferior, en igual espacio, hallamos una nota, que bien dicta la esquizofrenia colectiva, de la que hacemos parte. Se refiere bajo el ttulo Gringos, temblad! a cmo se organiza militarmente un componente de mujeres que haran resistencia ante agresiones contra Venezuela. El texto lo enuncia como guerra de guerrillas (ver http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/09/internacional/1212979636.html).

Entonces qu? All eventualmente s y en otros conflictos no? Vale en Venezuela sentar bases materiales, donde hoy no est dominando da a da el Imperio y sus leyes de muerte, sino donde la esperanza alumbra ms. Pero no es vlida como senda de los pueblos, all donde s est arrasando el Imperio con sus macabras estratagemas, donde ha consumado genocidios polticos, donde una voraz oligarqua y el narcoparamilitarismo han sembrado de miserias y corrupcin un pas entero Qu ser de la declaracin del presidente Chvez cuando deba el pueblo de Venezuela defender su futuro? Albert Camus en su conocido libro La Peste, relata las contradicciones y el valor de los hombres envueltos en la pavorosa epidemia, encerrados en una ciudad de la que no podan ni deban escapar, ni de los actos de violencia de los vivos, ni de los entierros de los muertos. As es el mundo, querido presidente Chvez. Usted mejor que muchos lo sabe. Y seguramente no es mejor, ni posible, huir de la peste, como s enfrentarla. Escribi Camus: Poda uno taparse los ojos y negarla, pero la evidencia tiene una fuerza terrible que acaba siempre por arrastrarlo todo Qu medio puede haber de rechazar los entierros el da en que los seres que amis necesitan un entierro?. Esperemos que Venezuela no necesite defenderse, como tantos pueblos lo hicieron siglos atrs, y hoy lo hacen otros, frente a condiciones de injusticia y ocupacin.

Muchas personas y organizaciones han divulgado sus propuestas para regular el conflicto armado en Colombia, en tanto se puede avanzar tambin en una paz que no sea la de los cementerios. Para ser capaces de pensar, fuera y dentro del pas, con otros, el futuro de la rebelin, en s misma un lmite a la opresin, y el futuro de sus lmites (como Camus tambin lo advirti), que son su valor y la superacin, entre real y quimrica, de lo injusto. Con ellas, entre ellas, con ponderacin pero con franqueza, quien esto escribe, y seguro muchos y muchas ms con sus respectivos enfoques, hizo llegar un texto desde el mes de enero del presente ao 2008. En varios ejemplares que deben reposar en gavetas de escritorio o en ordenadores de funcionarios del gabinete de la Presidencia de la querida hermana Repblica Bolivariana. En l ponamos a consideracin elementos tericos y prcticos, humildes pero madurados, para reflexionar desde el derecho, la poltica, la historia, la sociologa y la tica. Hubo un formal acuse de recibo verbal, pero se ha prescindido hasta ahora de la lectura, del debate, que creamos iba a irradiar el camino, cuando se habl en tono vigoroso sobre el reconocimiento eventual de la beligerancia a los insurgentes (11 de enero de 2008). En menos de cinco meses tan sustancialmente han cambiado las cosas?

Supongamos que al final quiz pueda tener alguna razn el presidente Chvez. En lo que no creo hoy que tenga slida base o fundamento alguno es en el modo en que ha despachado la cuestin, que no es cualquier asunto. Su proclama se ha encumbrado como un hecho consumado, sin consultar las implicaciones, los peligros y riesgos que tal malabarismo atrae, lo que tal mutilacin del pensamiento significa para las propias posibilidades de regulacin de la confrontacin, para que sea menos cruenta. No puede dictarse sentencia as, sin conocer cmo ven y viven, y qu piensan, miles y miles de colombianos y colombianas, no slo las personas alzadas en armas, sino quienes no alzados en armas ni siquiera un minuto, hemos hecho propuestas de limitacin de la guerra a partir de caracterizaciones rigurosas y lo ms ecunimes posibles, con anlisis que reconocen y critican determinados modelos de guerra, entre ellos el convencional trasgresor que aloja la guerra sucia desplegada por el Estado, observando as mismo y cuestionando graves procederes de la propia guerra de guerrillas, a partir de la historia y del presente, de ver cmo y por qu surgieron, cmo se han desarrollado o no hacia otros estadios, o hasta qu punto, no porque debamos estar de acuerdo siempre con lo que en su nombre se haga ni ms faltaba!, sino porque estimamos correcto no hacer un cierre ni epistemolgico ni tico, ni por decreto ni por alocucin.

Si el dictamen de Chvez es sentencia sin apelacin posible, quedan en mayor soledad, y todava ms en la mira, tanto los discernimientos acadmicos y exhortaciones de quienes, desde la izquierda desmoronada, no se sienten con pruebas y autoridad moral para dar la estocada, para describir y prescribir la renuncia de determinadas formas de lucha, como quedan estigmatizados y arcaicos los alegatos de juristas y luchadores civiles de base que plantean, entre otras verdades, la rebelin como derecho con obligaciones, para poder postular referentes o parmetros del derecho internacional humanitario aplicable, as como el carcter del delito poltico, que en Colombia se ha concretado dentro de ese modelo de resistencia a un estado u orden de cosas tremendamente injusto. S, en esa dimensin la soledad sera mayor. Pero lo mismo ha pasado en otras pocas y lecciones. Aunque esta punzada fraternal lacera ms, pues se hace sobre heridas jvenes y sangrantes, ya no en la piel de los que estn en armas hoy, sino en el tejido existencial de los que ni siquiera entonces podrn hacerse la pregunta de si tendran esa opcin. Pueblos que sobreviven en el hambre y en el lodo hediondo, pero que estn y son potencia, sin medios. Ahora bombardeados en sus cabezas, entre muchas cosas con las palabras que componen algo as como un epitafio. En la tumba de la memoria se lee que yace muerto como si fuera un crimen, lo que antes se apreciaba como un derecho.

Sin embargo, quiz el pronunciamiento del presidente Chvez puede desencadenar lo contrario: el inicio serio y acreditado, de un escenario de dilogo, de debate, de estudio, de propuesta, por ahora en el plano de interlocutores independientes, para el acompaamiento a iniciativas que aboguen por el cese del dolor injusto, rescatando los que estn cautivos en las selvas y que ya deben volver, tanto como los que estn en las crceles, para que la rebelin ni se amedrente ni se descomponga, para que se construya la paz con justicia social, edificada la salida poltica por el pueblo colombiano, desde abajo, sin tener por qu padecer o cargar con figuras protagnicas como el rey de Espaa (que despus del portazo de la Cumbre de Santiago en noviembre, tan prontamente -otro motivo de desconcierto!- lo vemos invitado por Chvez a una mesa de garantes de un hipottico proceso). Para eso hay que pensar cmo es el conflicto, sus reales contornos, quines estn en l, con qu intereses. Y qu catadura moral tienen los que vierten sus palabras sobre tanta tragedia y utopa. Chvez la tiene, por lo que construye para toda la humanidad, y la tiene para requerir gestos de la guerrilla, que ojal se produzcan, pero no para servir a un tribunal huero que podr tambin fallar contra l, con o sin insurgencias, en la misma tierra legada por miles de hombres y mujeres que combatieron como Bolvar en desiguales condiciones y medios a los ostentados por el enemigo.

Cientos de miles de colombianos/as agradecemos las gestiones desarrolladas para que personas privadas de su derecho a la libertad, estn de vuelta en sus hogares lo ms pronto posible, como fue posible con Clara Rojas y Consuelo Gonzlez, entre otras personas dedicadas a la poltica en un pas como el nuestro, entre saqueadores. Cientos de miles de seres humanos a los que nos duele el conflicto, agradecimos la valerosa iniciativa que formul el presidente Chvez con el respaldo de la Asamblea Nacional, sobre la necesidad de reconocer a las organizaciones guerrilleras colombianas FARC-EP y ELN como insurgentes y no como terroristas, a efectos de cultivar un proceso de paz o de reducir el sufrimiento en la guerra, buscando reglas para limitar las acciones de las partes contendientes a la luz del derecho internacional. Se entendi que el presidente Chvez encaraba as una dura batalla respecto de un crucial asunto no slo relativo al caso colombiano, sino frente a la demanda de lucidez y coherencia para comprender, juzgar y actuar ante lgicas globales dominantes, las cuales han dictado una ciega poltica anti-terrorista que no promueve la justicia y la paz, ni la verdadera seguridad humana, sino que se halla articulada de manera inicua a objetivos que las contradicen, como son aquellos que slo garantizan la racionalidad imperial y neoliberal y el cierre autoritario que nos condena a ms barbarie. Los que reaccionaron contra esa iniciativa, con trofeos en la mano unos meses despus, pretenden terminar de hundir la muy seria propuesta, anegando de ms sangre y desolacin, sembrando todava ms ignominia y enardecimiento guerrerista en los corazones y mentes, por un lado negando el conflicto armado, en lo que constituye expresin del perverso negacionismo, y por otro avivndolo, ya con la violencia estructural, ya con los dispositivos militaristas y represivos.

Pensbamos entonces que elites poderosas apostadas en Colombia o en otros pases, que atacan continuamente a Venezuela, por la irritacin que les causa resultados y compromisos fuera y dentro, a favor de la verdadera humanizacin en las diversas dimensiones, que esos grupos de nuevos dspotas y strapas, aunque contaran con muchos medios gigantescos y pudieran exasperarse con su uso, eran siempre inferiores moralmente, y as se deban ver, a la hora de enjuiciar no slo unos determinados actos de violencia que les afectan, sino todos aquellos crmenes de los que directa o indirectamente son culpables, aunque pusieran en marcha sus intensas campaas de propaganda. No creamos que les fuera posible acallar o censurar siempre el pensamiento crtico y las reflexiones que tienden a crear condiciones y espacios de dilogo y negociacin para la resolucin de conflictos generados por el ms voraz capitalismo y sus mltiples terrores.

Eso mismo seguimos pensando muchos y muchas, tras una comprensin histrica, tica y poltica, que, partiendo de la comprobacin de la obvia calidad poltica de la insurgencia colombiana, permita que sta se regule, que abandone prcticas reprobables, que asuma en la guerra de guerrillas el emplazamiento de los lmites, entendiendo, atendiendo y sosteniendo su conjugacin en la lucha rebelde, caminando con ella hacia una salida poltica negociada al conflicto que otros pretenden negar de forma absurda. Una solucin fundamentada y construida tambin en los principios y logros de la autodeterminacin de los pueblos. La responsabilidad de desarrollar con bagaje la argumentacin tica y poltica, conlleva traspasar esta coyuntura y ver ms all, no blandiendo una sentencia que otros podrn usar con mezquindad, como ya lo estn haciendo apoyados en las palabras del presidente Chvez, sino con un debate apremiante, acrecentado con solidez no slo intelectual sino moral, que recobre no slo los intentos de respuestas honorables a tanto y tan hondo desgarramiento, sino las preguntas ms coherentes por la responsabilidad de los efectos y de las causas de un conflicto que haba podido evitarse con democracia autntica, para la vida y dignidad de todos. Camus nos relata en su magnfica novela, ya citada: Los que se dedicaron a los equipos sanitarios no tuvieron gran mrito al hacerlo, pues saban que era lo nico que quedaba, y no decidirse a ello hubiera sido lo increble. Esos equipos ayudaron a nuestros conciudadanos a entrar en la peste ms a fondo y los persuadieron en parte de que, puesto que la enfermedad estaba all, haba que hacer lo necesario para luchar contra ella. Al convertirse la peste en el deber de unos cuantos se la lleg a ver realmente como lo que era, esto es, cosa de todos Muchos nuevos moralistas en nuestra ciudad iban diciendo que nada serva de nada y que haba que ponerse de rodillas Toda la cuestin estaba en impedir que el mayor nmero posible de hombres muriese y conociese la separacin definitiva. Para esto no hay ms que un solo medio: combatir la peste. Esta verdad no era admirable: era slo consecuente. Quiz estemos, ojal estuviramos, a la puerta de una controversia importante, para saber tambin por qu y en qu condiciones vivieron y viven, lucharon y luchan, murieron y mueren, quienes enfrentaron y enfrentan como lmites rebeldes lo ms infame de esta epidemia de la sinrazn, con muchos menos recursos materiales, pero con ms conciencia, coraje y altruismo que nosotros, apenas espectadores.

A la memoria de Vicky, Diego y Pedrito.

- Carlos Alberto Ruiz es abogado colombiano, autor del texto La rebelin de los lmites. Fue asesor externo de la Comisin Gubernamental para la Humanizacin del Conflicto Armado en Colombia.

 



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