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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2008

A propsito de la publicacin de Sergio Glvez y Fernando Hernndez
Presas de Franco

Mikel Arizaleta
Rebelin


Meses atrs los editores Sergio Glvez y Fernando Hernndez, con la ayuda, investigacin y trabajo de historiadores que llevan ya escritas muchas pginas brillantes sobre el tema, nos han honrado con la publicacin del libro "Presas de Franco". En seis captulos y una serie de fotografas ilustrativas nos retratan su penar en las prisiones -el principal instrumento de represin-, el penar de aquellas combatientes de la dictadura: "sentadas en los petates o en el santo suelo hay muchas mujeres jvenes, y con ellas un enjambre de nios. Son plidos, delgaditos, muchos de ellos estn llenos de pupas. Estos nios, menores de cinco aos, viven da y noche encerrados, hambrientos, temblando ante las funcionarias, presenciando "sacas", oyendo los fusilamientos al amanecer y todo esto se refleja en su mirada. Tienen una expresin en los ojos que hace dao", relatar Mercedes Nez en el libro Crcel de Ventas.

El captulo 5, dedicado a "Crceles", encierra un apartado titulado "Prisin central de mujeres de Saturrarn (1938-1944)". Quiere ser un aperitivo y resumen breve de un prximo libro, ya semiterminado, sobre la crcel de Saturrarn del archivero de la parroquia Ntra. Sra. de la Asuncin de Mutriku, Xavier Basterretxea Burgaa, y la profesora de la Escuela Lea Artibai de Markina-Xemein, Arantza Ugarte Lopetegi. Se habla de la represin y de la resistencia femenina a la dictadura franquista, que tuvo un carcter especfico. Las represaliadas por el franquismo sufrieron por rojas y por mujeres.

Una orden publicada el 29 de diciembre de 1937 dispuso que los edificios del Seminario de Saturrarn (Mutriku-Gipuzkoa) se convirtieran en Prisin Central de Mujeres. "Estos edificios del seminario, donde instalaron a las mujeres y que haban servido de cuartel a las tropas republicanas, anarquistas, nacionalistas y luego a las fascistas, se encontraban en un estado lamentable: los techos hundidos, las paredes sucias y agrietadas, los cristales rotos, las tuberas atascadas y sin mobiliario. Las presas que llegaron a lo largo de los primeros meses de 1938 se encontraron con este panorama desolador y con una frrea disciplina impuesta por las monjas de la Merced, que se encargaban del orden interior de la prisin", cuenta la presa gallega Isabel Ros.

Las 120 mujeres y los 57 nios/as, que murieron en esta prisin entre 1938-1944 vctimas, entre otras cosas, del hambre, del tifus, de la bronquitis, difteria y sarampin, nos hablan de la bestial dureza de aquella crcel franquista y de dictadura, de la que tan slo queda en pie "algn trozo de pared y dos placas", que nos recuerdan que all se alz una prisin de inhumanidad y castigo para mujeres, en la que colaboraron con maltrato e ira de su Dios de cruzada 25 monjas de la Merced y un cura de la santa Iglesia catlica, apostlica y romana. Carmina Merodio recuerda: "No queran que comiramos para mantener a los cerdos, que luego los vendan. Al director y a la superiora sor Mara Arnzazu Vlez de Mendizabal les echaron de all porque cogan hasta la comida de los nios, la leche condensada, y todo lo vendan fuera". La alimentacin era mala y escasa: un bollo de pan para todo el da, una pastilla de chocolate para el desayuno, caldo con alguna patata para la comida y lentejas para la cena. Los vveres que traan las presas quedaban confiscados y se trasladaban en grades canastas a la cocina de las monjas, que traficaban con el dinero y la comida de las reclusas y de sus hijos. Asuncin Rodrguez Pulgar sostiene en una entrevista que "las monjas especulaban con la comida. Vendan en estraperlo la comida de las presas. Arroz, sacos de azucar... los sacaban por el monte de noche hacia Galdona". Las malditas monjas de las crceles de la dictadura espaola, que tanto dao hicieron a presas y a nios!

Segn el padrn del Ayuntamiento de Mutriku en 1940 en la prisin de Saturrarn haba 1.666 personas: 4 oficiales de prisiones, 53 militares, 25 monjas, 1 sacerdote y 1.583 reclusas, y segn relato de Josefa Garca Segret hubo momentos que llegaron a concentrarse unas 1.700 presas. Pudieron ser ms de 2.000 las mujeres que, en algn momento, padecieron el tormento de esta crcel.

Como nos recordaban en Sartaguda el 10 de mayo, muchas mujeres recibieron por aquel entonces y aos posteriores un castigo ejemplar e inaudito: muchas fueron hacinadas en crceles inmundas, tratadas como alimaas, se les rap la cabeza, se les oblig a beber aceite de ricino, fueron paseadas por calles, caminos y plazas para sentir el escarnio de los vecinos mientras se iban cagando por las patas. La menstruacin se convirti en un problema, "obtener agua caliente para limpiar un pao higinico en pleno invierno no era gratuito sino moneda de cambio, humillacin y chantaje... La menopausia precoz fue ridiculizada por monjas y funcionarias, presentada y atribuida a un castigo -probablemente divino- merecido por su condicin poltica".

El 30 de marzo de 1940 el Ministerio de Justicia public una Orden disponiendo: "las reclusas tendrn derecho a amamantar a sus hijos y a tenerlos en su compaa en las prisiones hasta que cumplan la edad de tres aos". Luego les arrebataban los hijos a aquellas madres, que sangraban de dolor y pena. Para muchas fue la puntilla. Segn cifra proporcionada por el Gobierno en 1944, 12.000 fueron los nios, hijos de presas, arrancados de sus madres. Siguiendo las tesis del comandante Antonio Vallejo Njera haba que segregar y separar a los hijos de las madres para salvarles de ellas y reeducarles, porque "las rojas y marxistas eran psicpatas antisociales", un grupo de descerebradas. No les suena esta jerga en nuestros das cuando desde determinados medios u organismos se habla de los/las militantes de ETA o, como otros dicen, de la banda terrorista ETA? Naturalmente, Vallejo Njera interviene tambin en los campos de concentracin Nazis de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy que tambin en el estado espaol y muchas otras naciones "civilizadas y demcratas" del mundo se sigue denigrando, humillando y chantajeando a los presos y presas polticos, quiero rendir con estas lneas un recuerdo agradecido a aquellas mujeres que, por alzarse contra la dictadura, nos ensearon dignidad desde una crcel de muerte y oprobio, la de Saturrarn de Mutriku. Y me ronda por la cabeza una pregunta inocente, por qu fue y sigue siendo esta crcel de mujeres tan desconocida para tantas gentes del entorno?
 


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