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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2008

Trichet y el voto de la abuela irlandesa

Rubn Martnez Dalmau
Rebelin


Hace un par de aos, en un seminario de expertos sobre el fracaso de la Constitucin Europea al que fui gentilmente invitado, escuch de un colega casi amigo- la crudeza del discurso elitista que ha prodigado en la construccin europea, con salvedades, desde sus inicios. A quin se le ocurre convocar un referndum sobre el Tratado?, preguntaba indignado el profesor, despus de haber despotricado largo y tendido sobre el no francs, consciente adems como era de que la consulta francesa no era necesaria segn la legislacin del pas vecino. Yo no dejara que mi abuela votara sobre el futuro de Europa continu el catedrtico- Qu va a saber mi abuela sobre Europa?. Como ya es historia, el ltimo coup de force de Chirac sali torcido, cosas que pasan cuando se pregunta a las abuelas. Tampoco las abuelas irlandesas se han quedado calladas, y en Irlanda ha vencido la decisin de negar la aprobacin del Minitratado, que no era otra cosa que una puerta de atrs para endosar la Constitucin Europea a grandes rasgos-. Nadie ha dicho que la democracia tenga que ser aburrida.

Lo nico que le agradec a mi compaero durante la cena es que hubiera sido sincero con lo que muchos otros pensaban, pero no decan. El colega dio en la diana. Qu saben los ciudadanos de Europa como para tomar decisiones sobre su futuro? La verdad es que conocen bien poco, y desde ese punto de vista es tentador actuar con la honestidad de mi colega. Es un tema de tcnicos, djennos decidir a nosotros, y no se preocupen; estn en buenas manos. Las manos de aquellos que, por ejemplo, fueron tan duchos que, siguiendo a pies juntillas el informe realizado por todos los gobernadores de los bancos centrales europeos, decidieron con el Tratado de la Unin Europea (Maastricht, 1992) qu nivel de autonoma deba tener el Banco Central Europeo, actualmente el nico banco realmente independiente del mundo. Y que ahora, en plena crisis econmica, se lamentan por ello.

Pero el regao a los ciudadanos europeos sobre dnde se ubican y qu les supone la Unin no es del todo justo. Si en las clases de la universidad cuesta que los alumnos entiendan la diferencia entre el Consejo de la Unin, el Consejo Europeo y la Comisin Europea, o que comprendan en qu mbitos el Parlamento Europeo es o no codecisor, o que sepan diferenciar entre una directiva y un reglamento, cmo se le puede exigir este conocimiento al ciudadano de a pie, poco motivado en general por aquello que le es lejano? Los constructores de la Unin Europea que tenemos tuvieron que lidiar con la dinmica europea contra los recelos de los Estados, y vrselas con personajes y voluntades de todo tipo. Quizs en un momento histrico poda comprenderse el oscurantismo y la lejana de las instituciones, la complejidad de su creacin, el hecho de que las cosas no pudieran disfrutar de toda la transparencia, porque no poda refregarse por la cara de los Estados lo que hoy en da es una obviedad: que una buena parte de las decisiones que nos incumben, y que determinarn nuestro futuro, se toma en instancias europeas. Por ejemplo, la tasa de inters que pagamos por nuestras hipotecas, condicionada directamente por las declaraciones puntuales del seor Trichet.

Por ejemplo, quin sale beneficiado de la afirmacin del Presidente del Banco Central Europeo sobre la posibilidad de que ms adelante se suban los tipos de inters? Es obvio: los banqueros. Sin que el Banco Central les haya aumentado una milsima el precio al que les venden el dinero, sorpresiva y, para ellos, agradablemente, le han colocado en bandeja de plata la oportunidad de cobrar ms por el dinero que prestaron. Ms dinero para las bancos, menos dinero para los hogares, empeados hasta las cejas en hipotecas hereditarias. Puede el Sr. Trichet ser cuestionado por los Estados u obligado a dimitir? Institucionalmente, no. El Banco Central Europeo, capacitado para imponer sanciones o legislar, y directamente responsable del tipo de inters en la zona euro, es independiente de cualquier frmula institucionalizada de control democrtico.

De todo esto surge una evidencia: que la Unin Europea que los europeos quieren no es la Europa que tenemos. De ah las sorpresas de los ltimos aos, en pases fundadores del proceso europeo, como Francia y Holanda, que valientemente votaron en contra de lo que los partidos, los representantes, las instituciones y todo el que pasaba por all les rogaba. Y de ah el temor ante la victoria de un no en el referndum irlands, que finalmente se ha producido. Los irlandeses, que tienen la suerte de poseer una de las constituciones ms democrticas de Europa que se lo pregunten a los alemanes, que en cinco dcadas han sido incapaces de convocar el referndum para votar la suya- contaron con la oportunidad de decidir acerca de la Europa que quieren, aunque a todas luces y no es la primera vez- la campaa institucional ha sido radicalmente a favor de una de las dos opciones.

El problema de si se vota o no, por suerte, est superado en Irlanda, mal que le pese a muchos y, en particular, a mi colega. La victoria del no en el nico referndum convocado (no caba otra posibilidad, porque el sistema constitucional irlands lo requiere) ha supuesto un revs casi peor que el fracaso de la Constitucin Europea. Aquellos que con evidente miopa ven en la posicin negativa del pueblo irlands hacia el Tratado de Lisboa un sentimiento antieuropesta tendran que preguntarse ahora votaran en estos momentos las abuelas de Europa a favor de un banco central europeo independiente, si tuvieran la oportunidad de reconsiderar la decisin? Ojal el segundo fracaso de la reforma de los tratados sirva para que los europestas se den cuenta de que el avance democrtico del proceso europeo slo puede realizarse con legitimidad, participacin, y tambin con el visto bueno de las abuelas.


Rubn Martnez Dalmau es Profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de Valencia. Autor de La independencia del Banco Central Europeo (Tirant, 2005).

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