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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2008

El incidente irlands

Mara Vacas Sents
Rebelin



El incidente irlands es el simptico nombre dado por el presidente francs, Nicols Sarkozy, al sonoro no de Irlanda al Tratado de Lisboa. Sarkozy opina que el problema estriba en que el ciudadano no entiende cmo se est construyendo Europa (quizs sea ms bien todo lo contrario), y propone continuar con los restantes procesos de ratificacin para evitar que este rechazo se convierta en una crisis. Pero sucede que el incidente irlands o dificultad aadida como tambin ha sido calificado-, representa mucho ms que un simple escollo, al revelar que Europa camina de una manera y con unos objetivos que no encajan con el sentir y el pensar de buena parte de la ciudadana y, lo que es peor, en contra de sus deseos y aspiraciones, como ya evidenciaron hace tres aos las negativas de Francia y Holanda al fallido proyecto de Constitucin Europa.

Por ms que para algunos analistas las razones del rechazo del 53% de los irlandeses al Tratado de Lisboa se resuman en la negativa de sus habitantes a perder peso en el Consejo de la Unin Europea, debido a que muchas decisiones que se toman por unanimidad lo seran por mayora cualificada; o en el temor a la prdida de privilegios fiscales, ya que su impuesto de sociedades es la mitad que la media de la UE, estos argumentos oficiales son demasiado elitistas para explicar la negativa al Tratado de todo un pueblo, que ha dado una leccin a sus sordos gobernantes, diciendo que as no se construye Europa.

Los resultados del referndum demuestran una vez ms el progresivo alejamiento de la clase poltica de los intereses de la ciudadana. En Irlanda todos los partidos con representacin institucional, salvo el Sinn Fein, apoyaban la ratificacin del Tratado, y de hecho en los ltimos das haban desplegado una intensa campaa para evitar lo que intuan como inevitable. El lder del Sinn-Fein, Gerry Adams, explic que, con su rechazo, al que se sumaban los partidos extraparlamentarios y los sindicatos, representaba a todos aquellos que quieren queremos- una Europa diferente, cuyos pilares bsicos sean la mejora social y los derechos ciudadanos, frente a una propuesta de polticas comunes que slo busca el beneficio econmico, y a cualquier precio, aado yo.

Irlanda ha recibido de Europa unos 55.000 millones de euros en los ltimos 35 aos, ms del doble de su contribucin a las arcas comunitarias desde que en 1973 se incorporara a la CEE. Pero el dinero no es el nico valor, ya que los irlandeses tambin han puesto sobre la mesa variables como la calidad de vida y la esperanza en el futuro, la proteccin y seguridad de los trabajadores o el peligro de la liberalizacin de los servicios pblicos, conceptos ligados al Estado de Bienestar, que en la Unin Europea estn seriamente amenazados.

Europa se ha convertido en un proyecto hueco e institucional, alejado de las verdaderas necesidades de la gente, forjado desde la nica perspectiva de crear un gigantesco mercado de consumidores y servicios. Pero con propsitos y medidas diseadas a la medida de las grandes empresas es imposible entusiasmar a la poblacin; y tampoco se puede transmitir ilusin de progreso cuando las clases medias y bajas perciben claramente que hoy no viven mejor que ayer, mientras asisten atnitas a la paulatina disolucin de sus derechos sociales y laborales con cada nueva Directiva regresiva, de las que la regulacin de la inmigracin, la Directiva Bolkenstein o la ampliacin de la jornada laboral son sintomticos ejemplos.

Hubo un tiempo en que Europa simbolizaba el Estado de Bienestar, la tolerancia, la libertad y la calidad de vida de su poblacin. El sueo europeo andaba de la mano de los derechos individuales, herederos de las revoluciones liberales, a los que se haban sumado las conquistas sociales y laborales, nacidas de las luchas obreras del siglo XIX, que consiguieron, entre otros logros, la semana de las 40 horas de trabajo. Pero hace pocos das, 22 de los 27 ministros de Trabajo europeos -Espaa se ha abstenido- han puesto fin no slo a las 40 horas semanales sino tambin a las 48 horas conquistadas en 1917. Ahora tendr que ser aprobada en el Parlamento de Estrasburgo la Directiva que permite ampliar la jornada de trabajo hasta las 65 horas, y que algunos gobernantes europeos califican cnicamente de un paso adelante, cuando en realidad la explotacin laboral es ms antigua que el mismo mundo, y en ningn caso podra considerarse un avance vital trabajar desde la maana hasta la noche y no ver crecer a tus hijos.

A este atropello a los derechos humanos se suma la aplicacin va jurisprudencia del Tribunal Europeo- del principio del pas de origen, que finalmente no incluy la Directiva Bolkenstein, y que permite que una empresa de servicios pague a sus trabajadores por debajo de lo estipulado en los convenios laborales del pas donde realiza la obra, sometindose slo a las normativas del Estado donde tiene su sede social; o la reciente y vergonzosa Directiva de Retorno de inmigrantes, mediante la cual se podr encarcelar 18 meses a personas cuyo nico delito es tener hambre o buscar una vida mejor.

Irlanda es el nico pas que ha tenido la oportunidad de votar el Tratado de Lisboa y ha dicho que no. Y yo me pregunto: qu pasara si se le diera esa posibilidad al resto de ciudadanos de la Unin Europea?, no se produciran ms incidentes?. Est por ver si nuestros gobernantes seguirn ciegos ante la realidad: el sueo europeo se est convirtiendo en una verdadera pesadilla, de la que muchos quisiramos despertar.

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