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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2008

Tratado de Lisboa
La Unin Europea no sabe cmo poner orden en el gallinero

Josu Juaristi
Gara

La Unin Europea est inmersa en un autntico caos desde el referndum irlands. Y las declaraciones de sus principales mandatarios no han hecho sino alimentar la confusin. Los todava Veintisiete iniciaron anoche en Bruselas un Consejo Europeo de crisis, aparentemente con un nico objetivo: ganar tiempo, al menos hasta octubre.


Pero ganar tiempo (comprar tiempo, decan ayer algunos medios digitales del entorno comunitario) no ser suficiente. La Unin Europea necesita poner orden en el gallinero que es hoy. Pero ni la Comisin, ni el Parlamento, ni mucho menos el Consejo, trabajan en esa lnea. Curiosamente, la mayora de sus representantes se han puesto de acuerdo en un discurso que es ya una constante: el desprecio a la voz y al voto de los ciudadanos, hasta el punto de que el luxemburgus Jean-Claude Juncker, poltico de peso en el entramado comunitario, recrimin pblicamente a Merkel y Sarkozy por menospreciar a los votantes irlandeses al declarar que el proceso de ratificacin del Tratado de Lisboa continuara pese al rechazo irlands.

El no de los irlandeses y las contradictorias declaraciones posteriores de los lderes europeos han creado una confusin notable, que el Consejo Europeo de Bruselas difcilmente podr disipar. La cumbre arranc ayer marcada por estas dudas:

Puede la UE hacer caso omiso del rechazo irlands? No, ni puede ni debe, aunque ninguna de estas dos consideraciones han importado nunca a los dirigentes europeos. Es conocido que las reformas de los tratados slo pueden entrar en vigor si todos y cada uno de los estados lo ratifican. Tcnicamente, el Tratado de Lisboa est muerto.

Entonces, qu opciones tiene la Unin? No muchas, y ninguna realmente de su agrado. De entrada, ni los 26 pueden echar a Irlanda ni Irlanda puede pedir al resto que siga como si no hubiera pasado nada, ya que eso supondra un enorme desprecio hacia sus propios conciudadanos. Pero muchos de los 26 ya han pedido seguir, de momento, como si no pasara nada, algo que Juncker y otros han criticado y que ex eurodiputados como Jens-Peter Bonde han calificado de acto criminal e ilegal. Otros, con ms humor, opinan que Merkel tambin podra pedir que se celebre de nuevo el partido que su seleccin perdi en esta Eurocopa con Croacia.

1.- Plan B. Se ha hablado mucho de si lo tienen o no. Siempre hay uno, aunque nunca lo reconocern (queda feo -es que tenan otro mejor y no nos lo han contado?- y refleja poco convencimiento con el anterior). La cuestin clave es que el Tratado de Lisboa era, en realidad, el plan B del que fuera rechazado en referndum por franceses y holandeses.

2.- Cambiar el texto. Cambiar lo que de facto ya es el plan B no tiene mucho sentido. Con esta ya es la segunda Conferencia Intergubernamental (sistema de negociacin utilizado por los estados para reformar los tratados) seguida que concluye en fracaso. La anterior experiment con la Convencin de Giscard D'Estaing para presentar un rostro supuestamente ms cercano a los ciudadanos (intento fallido, porque las aportaciones externas moran en el oscurantismo del Presidium), y esta ltima repiti el habitual esquema opaco y secretista. Adems, entre los actuales gobiernos de los Veintisiete ya no hay mucho margen para negociar las dos grandes cuestiones: el nuevo reparto de poder (especialmente en el Consejo de Ministros, pero tambin en la Comisin y Parlamento europeos) y, relacionado directamente con esto, el sistema de toma de decisiones (mayoras cualificadas, unanimidad, minoras de bloqueo...). Estos temas se pactaron en las dos ltimas negociaciones, y cost tanto hacerlo que reabrir el meln podra ser muy arriesgado para la propia Unin.

3.- Pactar concesiones para Irlanda y convocar otra consulta. Algo habitual. Concesiones se han negociado muchas veces; de hecho, con Dinamarca se hizo tras Maastricht y con Irlanda tras Niza, y la Unin est bien surtida de clusulas de salvaguarda de todo tipo. El objetivo sera garantizar (en la medida de lo posible) un resultado afirmativo en un segundo referndum. Pero no se hizo con Francia y Holanda y, adems, los irlandeses han hablado claro en esta ocasin. Y seguira siendo una alternativa arriesgada. Por otra parte, parece que la UE necesita con urgencia que el nuevo entramado institucional entre en vigor (por una cuestin, por ejemplo, de eficacia), y un segundo referndum significara perder mucho tiempo.

4.- Echar a los irlandeses. Una tentacin para aquellos que los consideran unos desagradecidos (por todo el dinero que han recibido de Bruselas y bla bla bla), pero choca con las propias normas de la Unin y tampoco es una opcin muy presentable. Podran haber, desde luego, frmulas para suavizar esta cuarta posibilidad: una de ellas contemplara aplicar el Tratado de Lisboa a los restantes 26 (siempre que quienes an no lo han ratificado lo hagan, claro) y mantener a Irlanda con un estatus especial; otra frmula implicara que Irlanda saliera temporalmente del proceso de integracin europeo hasta que hiciera sus deberes.

5.- Ir, descaradamente, hacia una Unin de distintas velocidades. De hecho, la actual Unin a Veintisiete ya camina (o cojea) a distintas velocidades: tanto en cuestiones de moneda como en temas de defensa, colaboracin policial y judicial, o incluso en cuestiones de derechos de circulacin o trabajo. As que quienes alzan la voz para criticar que varios estados puedan avanzar en la integracin a mayor velocidad que el resto o bien son unos hipcritas o simplemente temen quedarse eternamente en una segunda o tercera velocidad. El actual modelo de Unin puede soportar el alcance o dimensin de las actuales disparidades, pero el modelo no aguantar que un grupo se constituya en una vanguardia que exija un esquema institucional distinto. En ese caso estaramos ante otra cosa, y no slo ante el actual Objeto Poltico No Identificado. Pero, aunque la opcin de las cooperaciones reforzadas ha ido concretndose cada vez ms en las sucesivas reformas de los tratados, probablemente sea demasiado prematuro an considerar seriamente esta opcin. Es muy posible que, finalmente, sea el propio tamao de la Unin la que provoque, en un futuro prximo, una ruptura desde dentro. Especialmente si el proceso de ampliacin no queda congelado, como pretenden algunos.

Cmo se resolver el conflicto entre los votantes europeos y sus lites? Se trata de un conflicto evidente, tanto por los fracasos cosechados en los ltimos referndums celebrados como, sobre todo, por la bajsima participacin ciudadana en las elecciones al Parlamento Europeo (que, conviene no olvidarlo, debe renovarse dentro de un ao). La pregunta, quizs, debera formularse de este otro modo: Extraen la Unin y sus estados miembros alguna conclusin o enseanza de esta enorme brecha entre poder y ciudadanos? Seguramente s, otra cuestin es que quieran abordarla. Y el euro (con sus ventajas, pero tambin con sus desventajas, especialmente por haber permitido el desaforado descontrol en los precios) ya no es suficiente para sostener la idea europea. Y el que la UE se conozca cada vez ms tampoco garantiza que el afecto hacia ella aumente en la misma proporcin, porque en igual medida saltan a la palestra caractersticas negativas inherentes al actual modelo comunitario: burocracia exagerada, dficit democrtico (el Parlamento gana capacidad de codecisin -siempre que Lisboa entre en vigor, claro-, pero el poder de los estados sigue siendo definitivo) y oscurantismo en la toma de decisiones. Un dato: cerca del 85% de las leyes comunitarias se pactan a puerta cerrada en 300 grupos de trabajo ms o menos secretos. Y otro dato ms, cuando menos curioso: el primer ministro irlands reconoci, tras la consulta, que no haba ledo el Tratado de Lisboa. La cuestin es que la UE no quiere plantearse a s misma las preguntas correctas, y en lugar de ello parlotea sobre si Irlanda debe hacer o no un segundo referndum.

Qu puede suceder en el Consejo Europeo de Bruselas? Como hemos apuntado, la Unin intentar ganar tiempo, entre mensajes ambiguos hacia Irlanda y llamamientos a proseguir con el proceso de ratificacin para no dar la impresin de que su esqueleto institucional sigue bloqueado. Para ello, la ratificacin de Gran Bretaa les ha venido al pelo, puesto que podrn reivindicar que sigue vivo. Pero todos se citarn para el Consejo Europeo informal de octubre. Hoy abordarn otros temas, para justificar la cumbre, como la crisis financiera y el precio de carburantes y alimentos. Pero est por ver que sean capaces de ir ms all de las tpicas actitudes voluntaristas en su afn por hacer ver que la UE es an til. Tambin hablarn de ampliacin, pero desde la premisa de que no estn para muchas aventuras. Y probablemente habr un guio hacia Cuba.

Tres dilemas para terminar: Es una catstrofe para el actual modelo de Unin el no irlands? S. Estn en crisis? Desde luego. Habr solucin en octubre? Maybe...

Algunos datos esclarecedores

Analizar la relacin entre el escrutinio de las urnas y la configuracin parlamentaria es a veces muy esclarecedor. Tres ejemplos relacionados con los tratados de la Unin: el voto del no en Irlanda discrep con todos los diputados del Dail, excepto 2; el 55% de los franceses vot contra el 90% de sus parlamentarios hace dos aos; en Holanda, fue un 62% contra el 80% del Parlamento; y en Dinamarca el no venci al deseo del 90% del Parlamento. J. J.



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