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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2008

El viaje de un presidente mestizo a su pas favorito
Nicolas Sarkozy, Israel y los rabes

Ren Naba
Rebelin

Traducido por Caty R.


A una semana de su toma de posesin como presidente de la Unin Europea, Nicolas Sarkozy viaja de nuevo, el 22 de junio, a su pas favorito, el lugar donde se pronunci el discurso fundador de su doctrina (1), la plataforma de su campaa electoral, el trampoln de su carrera presidencial, el punto inmutable de su coincidencia poltica con Estados Unidos.

Un pas al que Sarkozy no ha dejado de engrandecer y alabar en cada etapa de su conquista del poder y que ha sido un referente incluso en los perodos ms desastrosos de su imagen, como durante su guerra destructora contra Lbano en el verano de 2006 en la que, en lo ms lgido del conflicto envi, como una provocacin, a un emisario reservista del ejrcito; o cuando solicit el dictamen exclusivo del ministro de Seguridad israel, Avi Decheter, para reprimir la rebelin de los barrios urbanos franceses en el otoo de 2005, transponiendo simblicamente el conflicto israelopalestino al territorio francs; y rindindose, en fin, peridicamente, al encantamiento de los salmos de Yad Vachem y al milagro del siglo XX, hasta el punto de que este resuelto atlantista ha llegado ms lejos de lo que esperaban sus ms entusiastas cortesanos y sus asiduos comensales de las camarillas del parisinismo blindado, revelndose como un filosionista exacerbado por el neoconservadurismo estadounidense (2).

Ese pas. es Israel, que celebr, el 14 de mayo de 2008, el sexagsimo aniversario de su declaracin unilateral de independencia, para la que Francia reserv a su presidente la primera visita de Estado de su mandato.

El primer presidente francs mestizo, tal como se proclama, es, sin ninguna duda, el ms pro israel de los jefes de Estado de la historia de Francia; tambin es el dirigente francs ms odioso para la opinin rabe desde Guy Mollet, el ex Primer Ministro socialista, de siniestra memoria, que orden, a travs de su procnsul Robert Lacoste, las salvajadas de Argel, el encargado de la expedicin de Suez en 1956, la agresin tripartita franco-anglo-israel contra Nasser, el jefe carismtico del nacionalismo rabe. Un triste rcord poco envidiable del que sin embargo Sarkozy no ha podido librarse a pesar de que se aplic a borrarlo cuando tom conciencia, albergando la conferencia interlibanesa en la Celle Saint Cloud (julio de 2007) y la conferencia de los pases donantes del futuro Estado palestino (diciembre de 2007); volviendo a entablar relaciones con Siria, condenada al ostracismo por la ceguera pro Hariri de su antecesor y emprendiendo, al galope y en un tiempo rcord, una gira oficial por once pases rabes, la mitad de los estados miembros de la Liga rabe. Una marca nunca igualada por ninguno de sus antecesores.

Nunca un presidente francs despleg tanta energa en torno a los pases rabes (3) y nunca, sin embargo, ningn presidente francs suscit tanta acritud entre los rabes. Significativa de ese estado de nimo es su intervencin ante el Consejo consultivo saud el pasado 12 de enero. Confundiendo seguramente el Consejo consultivo con la Asamblea de los Ulemas, su disertacin sobre las religiones se acogi con una indiferencia corts, mientras los saudes esperaban aclaraciones sobre la poltica del nuevo presidente del primer pas musulmn de Europa occidental por su importancia numrica, que hace del Islam la segunda religin de Francia.

Varios parlamentarios saudes, segn algunos testimonios, ni siquiera se dignaron encender los auriculares de traduccin para entender el alcance de la palabra presidencial. El orador francs al menos se dio cuenta? No, obviamente, arrebatado por su mpetu predicador, su entorno tuvo la posibilidad de alertarle sobre su deriva? No, evidentemente paralizado por la nueva egocracia presidencial. Se puede imaginar que un jefe de Estado de un pas musulmn pudiera pronunciar semejante discurso teolgico ante la representacin nacional francesa? Se puede imaginar por un momento el clamor de indignacin que el imprudente predicador islmico habra suscitado en Francia ante semejante alteracin del protocolo?

Que nadie se confunda. La especial animosidad con la que gratifican los rabes a Nicolas Sarkozy no se debe a sus inclinaciones polticas y afectivas, sino a su propensin a la ofensa. Sus antecesores practicaban una poltica dual, una poltica de apertura con respecto a los mercados rabes en el plano internacional, y una poltica de cierre domstico frente a la poblacin derivada de la inmigracin. Nicolas Sarkozy se desmarc de esa dualidad con una estigmatizacin permanente, unilateral y continua de la alteridad: las barredoras, chusma, degello de corderos en las baeras quedarn grabadas para siempre en las memorias como la cara repelente de una xenofobia institucional transportada a la cima del Estado por el hombre encargado de simbolizar la concordia nacional. El malestar es patente, el mal irremediable y el activismo presidencial ineficaz, aunque se presente con el envoltorio de la diplomacia nuclear.

Que nadie se confunda en esto tampoco. El antisarkozismo de los rabes no es simtrico a la incondicionalidad pro israel del presidente. Otros dirigentes occidentales demostraron un apoyo ms sealado a Israel que el presidente francs sin suscitar tanta repulsin contra su persona. George Bush, probablemente el ms odiado de los presidentes estadounidenses en el mundo rabe, ha sido el primer dirigente occidental que ha viajado a Palestina y el primero que ha llamado ocupacin a la presencia israel y colonias a los asentamientos israeles en los territorios palestinos, sin atascarse con preocupaciones oratorias.

Fue George Bush y no Nicolas Sarkozy, en El Cairo a finales de 2007, quien balbuce las primeras slabas de la palabra colonia antes de rectificar y utilizar el inexpresivo trmino de establecimiento. En el campen del discurso verdico hay prudencias que resuenan como negaciones, o ms bien como revelaciones.

El propio Nicolas Sarkozy lo admite y no oculta ni su incomprensin ni su indiferencia con respecto al universo rabe que conoce poco, que le es extrao (4), llegando incluso a rechazar la expresin poltica rabe como un absurdo, () no es un mundo nico, por lo que debemos concebir y aplicar una poltica adaptada a cada una de las regiones de ese mundo y no dejarnos cegar por una unidad que slo es virtual, escriba en 2001 a pesar de que ya haba ejercido responsabilidades gubernamentales, especialmente en relacin con el presupuesto, en el gobierno de Edouard Balladur en 1993-1995, y por lo tanto, supuestamente, estaba informado de la importancia econmica de los fondos soberanos rabes en el mantenimiento de la competitividad de las empresas francesas en el sptimo puesto de la economa mundial.

Hermosa ilustracin del eurocentrismo de este habitante del gueto del gotha del ostentoso barrio de Neuilly, concentracin de todas las derechas francesas, que se empea en que hay que construir una Unin Europea y al mismo tiempo niega la unidad de los rabes a pesar de que existen ms semejanzas y convergencias culturales, espirituales y lingsticas entre los 20 pases miembros de la Liga rabe que entre los 27 miembros del conjunto europeo; ms diferencias entre flamencos y valones, la vieja Europa y la nueva Europa, catlicos y protestantes, particularmente en Irlanda del Norte, anglfonos y francfonos; y todava ms divergencias entre un aduanero corso, un pescador malts y un fontanero polaco que entre cristianos y musulmanes rabes, sunes y chies, habitantes del Machreq o el Magreb, mucha ms virtualidad que brotes de unidad entre el norte y el sur del Mediterrneo. Un discurso que demuestra, como mnimo, una ignorancia lamentable de las realidades geoestratgicas y revela una postura que no se basa en una visin prospectiva, sino en los prejuicios ideolgicos de un ser compulsivo impulsado por una mentalidad convulsa.

La ofensa vive en este hombre que no puede aparecer por la periferia urbana de Francia, una hazaa para un jefe de un Estado seguro. La ofensa forma parte de l, no como un defecto de juventud, sino como una marca de fbrica que no dej de mostrar a lo largo de su campaa electoral, e incluso despus, al estigmatizar repetida, gratuita y alegremente a los diversos componentes de la abigarrada sociedad francesa.


I - Francia es el nico gran pas europeo que reuni las dos grandes plagas de Occidente de la poca contempornea: la trata de negros y el exterminio de los judos.

La poltica rabe de Francia, que ha buscado la desarticulacin con el apoyo activo de los trnsfugas atlantistas, en particular Dominique Strauss Khan, el nuevo socialista Director del Fondo Monetario Internacional, y Bernard Kouchner, el nuevo belicista ministro de Asuntos Exteriores, ex mdico humanitario de las zonas petroleras (Biafra, Kurdistn, Darfur, Gabn y Birmania), para los rabes consisti, bsicamente, en volar al auxilio de Francia, en dos ocasiones durante el siglo XX, para ayudarla a vencer a sus enemigos, especialmente entre 1939 y 1945, colaborando en su liberacin del yugo nazi por el que una importante fraccin de la comunidad nacional de confesin juda sufri enormemente.

En contrapartida y como pago de la contribucin rabe a la liberacin de la Alsacia-Lorena, Francia amput a Siria el distrito de Alexandretta para cedrselo a Turqua, su enemigo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y achicharr con napalm a los habitantes de Stif, en Argelia, (1945) despus de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), proporcionando a Israel, en la misma lnea, la tecnologa nuclear del centro de Dimona (Negev).

Si actualmente Nicolas Sarkozy puede presidir un pas situado en el campo de la democracia, no se lo debe totalmente a las cruces blancas de los cementerios estadounidenses de Normanda, sino tambin al sacrificio de los quinientos mil combatientes, aproximadamente, del mundo rabe y africano que ayudaron a Francia a liberarse del yugo nazi mientras una amplia fraccin de la poblacin francesa colaboraba con el enemigo. Quinientos mil combatientes en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y otros tantos o ms en la Segunda (1939-1945); entonces no se hablaba de rastreo gentico, pruebas de ADN o emigracin selectiva para su alistamiento, ni de lmite de tolerancia para su sangre profusamente derramada en una contienda que se presentaba ante ellos como una guerra de blancos.

Justificar el rechazo a someterse a un deber de verdad -los argelinos nunca han hablado de arrepentimiento-, con el pretexto de que hubo franceses que amaron Argelia e hicieron cosas buenas constituye, si no ignorancia, como mnimo mala fe o, ms grave, una monstruosidad. Si es cierto que los franceses amaron Argelia, sin embargo, no necesariamente amaron a los argelinos. Para prueba el Cdigo indgena que se aplic durante cien aos a la poblacin autctona, es decir, a la poblacin original del pas. Igual que el Cdigo negro para frica, el Cdigo indgena la ubicaba en una situacin de servilismo, con la prohibicin de hablar su lengua nacional. Lo nunca visto en la historia colonialista mundial.

Ciertamente los colonos tambin hicieron cosas buenas en Argelia. En primer lugar para ellos mismos, raramente para la poblacin argelina, que slo tena acceso de una manera nfima. En cuanto a las bellas realizaciones, todos los dictadores las cuentan en su haber. Hitler y Mussolini pusieron en marcha grandes proyectos de infraestructuras sin que eso los exonere de sus canalladas, tanto desde el punto de vista moral como poltico o jurdico. La argumentacin de Sarkozy, por lo tanto, no es admisible.

Con todo respeto a la nutrida corte de intelectuales que gira en la rbita presidencial, las tres grandes figuras tutelares del siglo XX por su contribucin a la moral universal han sido, hay que recordarlo, tres personalidades del tercer mundo colonizado, el Mahatma Gandhi (India), Nelson Mandela (Sudfrica) y en el espacio francfono el martiniqus Aim Csaire, tres apstoles del pacifismo, una vocacin que resuena como una afrenta para los pases occidentales con su comitiva de nazismo, fascismo, totalitarismo y esclavismo. Y, por doloroso que pueda ser para nuestro amor propio nacional, es forzoso sealar que Francia, en perspectiva, ha sido el nico gran pas europeo que reuni las dos grandes plagas de Occidente de la poca contempornea, las tendencias criminales de la Europa democrtica (5): la trata de negros y la exterminacin de los judos, en contraposicin con Gran Bretaa, que practic la trata de negros exclusivamente, sin participar, en ningn caso, en el exterminio de los judos, y contrariamente incluso a Alemania que concibi y ejecut la solucin final de la cuestin juda, pero sin participacin en la trata de negros.

Por lo tanto el deber de verdad no constituye, segn un anlisis chauvinista, una bufonada comparable a los sollozos del hombre blanco, (6) sino un deber de valenta moral. En este contexto, conviene admitir que si la cuestin juda reviste una importancia especial en Europa, se debe principalmente al hecho de que los dos pases considerados como los ms civilizados de la poca, Alemania y Francia, masacraron a sus propios ciudadanos a causa de su origen tnico religioso. Atrevmonos a decirlo: si los judos hubieran sido cheroquis de Norteamrica; aztecas, incas o guaranes de Amrica Latina; zules, bassas, bamileks, songhais o soniks de frica, o incluso rabes, especialmente palestinos, podemos estar seguros de que Occidente jams habra santificado esa cuestin. La orquestacin de una competicin sobre la memoria de los grandes sufrimientos no depende de quines hayan sido las vctimas, sino que revela la patologa de su autor.

A lo largo del tiempo, Francia ha sido pro rabe de cara a la galera, pero pro israel en la prctica (7). Las reverencias de los dirigentes franceses ante los prncipes rabes no deben llamar a engao. Esas llamativas manifestaciones tienen poco peso frente a Dimona, smbolo de la superioridad tecnolgica y garanta de la hegemona militar absoluta de Israel en el espacio nacional rabe desde hace 60 aos.

 

II - La Unin Mediterrnea: un divertimento. La diplomacia nuclear: una engaifa

Nicolas Sarkozy quiso celebrar el primer aniversario de su entrada en funciones como VI presidente de la V Repblica Francesa conectndolo con una visita oficial a Israel durante la celebracin del sexagsimo aniversario de la declaracin de independencia del Estado hebreo, con el fin de conferir un relieve particular a este acontecimiento y manifestar claramente su autntica ruptura con la postura tradicional de la diplomacia francesa.

Programado en el apogeo de su carrera para constituir una apoteosis de su poder, este viaje se produce, no obstante, en el ocaso de su popularidad, mientras el paisaje, adems, est especialmente alborotado con el ltimo revs diplomtico del campo pro occidental en Lbano, los desaires infligidos a George Bush por los dirigentes de Arabia Saud y Egipto en su ltima gira por Oriente Prximo el pasado 14 de mayo, y las repercusiones judiciales sobre el Primer Ministro israel Ehud Olmert. Este viaje incluso se ha aplazado un mes para evitar un encontronazo con la opinin pblica entre su homenaje a la independencia de Israel y la expropiacin palestina, de la que una gran parte de la opinin mundial, tanto en el mundo rabe como en frica, Asia, Amrica Latina y Europa, responsabiliza a los pases occidentales.

Fuera de combate en la cuestin de la estabilizacin de Lbano y en el bosquejo de las negociaciones sirio israeles, Nicolas Sarkozy aparece como en una va de marginacin, con las alas cortadas a la bsqueda de un nuevo baln de oxgeno; con su proyecto estrella, la Unin Euromediterrnea, maltrecho y su equipo oxidado frente al nuevo curso de la historia de la poltica regional. En consecuencia, el esperado viaje del presidente ha perdido su brillo hasta el punto de aparecer, debido a la excesiva ostentacin de esta amistad, irnicamente incmodo, tanto para el pas anfitrin como para el visitante, e incluso como un hndicap para la diplomacia del mejor amigo francs de Israel.

Con el fin de allanar el camino a este viaje y reconquistar el terreno perdido en el mundo rabe, o al menos aminorar las crticas sobre su insultante alineacin incondicional con la poltica israel, Nicolas Sarkozy se apresur a efectuar una visita relmpago a Lbano, a principios de junio, y a organizar el envo de su Primer Ministro, Franois Fillon, a firmar un acuerdo de cooperacin nuclear civil en Argel el 21 de junio, es decir, la vspera de su visita a Israel. El acuerdo francoargelino prevera la entrega de reactores nucleares del grupo Areva a Argelia y la formacin de personal del centro nuclear de Argel, e implica una segunda vertiente de la defensa.

Con la intencin de aplacar la furia rabe Francia comunic, por otra parte, que Nicolas Sarkozy pasar unas horas en Palestina, seguramente para una foto de apretn de manos con el presidente palestino Mahmud Abbas, una operacin de relaciones pblicas de cara a la galera destinada a crear un falso equilibrio de tratamiento. Y encima le darn las gracias.

Francia no es EEUU. Primera potencia continental de Europa a principios del siglo XX, en un momento en el que Europa era el centro del mundo, Francia, a principios del siglo XXI, ya no es ms que la sptima potencia mundial. Esta relegacin es imputable, seguramente, a la potenciacin de los grandes bloques (China, la India), a la prdida de su imperio y tambin, en buena medida, a los reveses franceses de las expediciones de Mxico (1861-1867) y de Suez (1956) y a los desastres de Sedan (1870), el de 1940 y el de Dien Bien Phu (1954).

A la vista de este balance, el deber de modestia es una medida de salud pblica y el deber de lucidez un imperativo de supervivencia tanto ms necesario en cuanto que los repetitivos gestos displicentes y las declaraciones explosivas aparecen retrospectivamente patticas sobre un asunto extremadamente sensible en el que toda la responsabilidad no es exclusivamente imputable a los rabes y nunca se ha infligido ninguna injusticia al pueblo palestino, a juzgar por las declaraciones premonitorias de los padres fundadores del Estado judo, que medan perfectamente las consecuencias de sus actos.

Si yo fuese un dirigente rabe, jams firmara un acuerdo con Israel. Es normal: Hemos invadido su pas. Existen el antisemitismo, los nazis, Hitler y Auschwitz, pero, qu culpa tienen ellos? Slo ven una cosa: Vinimos y robamos sus tierras. Por qu deberan aceptar eso?, ya manifestaba David Ben Gurion, el primer jefe del gobierno israel, el 18 de julio de 1948, en las semanas siguientes a la declaracin unilateral de independencia del Estado hebreo (8).

Mi percepcin de la coyuntura israel permanece supeditada a otra a la cual soy todava ms sensible; la que se produjo hace algunos siglos, al otro lado del mundo, cuando otros perseguidos y oprimidos fueron a establecerse en las tierras que ocupaba, desde haca milenios, un pueblo todava ms dbil y se apresuraron a aniquilarlo. Obviamente no puedo sentir como una herida sangrante la destruccin de los pieles rojas y reaccionar al contrario cuando hablamos de los rabes palestinos, respondera como un eco el antroplogo Claude Lvy Strauss, en una rplica a Raymond Aron (9) y, ms all, a todos los incondicionales del activismo pro israel.

Un factor agravante es que este enojoso cmulo de circunstancias ocurre en el momento en que Francia se prepara para asumir la presidencia de la Unin Europea y Nicolas Sarkozy, tomando el relevo de Estados Unidos, se dedica a superar la fractura israelorabe en favor de un frente comn antiiran dentro de una Unin Mediterrnea. En este contexto, el proyecto de la Unin Mediterrnea aparece como una desviacin de la lucha destinada a asegurar el espacio nacional rabe, de la misma manera que Afganistn desvi a los rabes de su principal campo de batalla, el combate para la liberacin de Palestina y los otros territorios rabes (el Goln o el sur de Lbano) de la ocupacin israel.

Sellar una Unin intermediterrnea sobre la base de una divisin racial del trabajo, la inteligencia francesa y la mano de obra rabe, segn el esquema resumido por Nicolas Sarkozy en su discurso de Tnez el 28 de abril de 2008, presenta malos augurios para la viabilidad de un proyecto que firma la permanencia de una postura racista en la lite poltica meditica francesa, una postura manifiesta a travs de las variaciones seculares sobre el mismo tema que opone, una vez ms, la carne de can al cerebro director, inevitablemente francs, de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y las ideas de la inteligencia francesa ante el petrleo rabe, retomando el lema de la primera crisis petrolfera (1973): Hay ideas, pero no petrleo.

Por aadidura, la sustitucin de Israel por Irn como el nuevo enemigo de los rabes propondra exonerar a los occidentales de su propia responsabilidad en la tragedia palestina, normalizando la presencia israel en la zona en detrimento del vecino milenario de los rabes, Irn, cuyo potencial nuclear es sesenta aos posterior a la amenaza nuclear israel y a la expropiacin palestina. En este sentido, la diplomacia nuclear de Nicolas Sarkozy aparece como un seuelo. Se presenta como una oferta para crdulos, cuya capacidad nuclear se mantendra de por vida bajo tutela, y cuyo objetivo oculto es absorber el excedente monetario generado por los petrodlares, de la misma manera que los grandes contratos de armamento de las dcadas 1980-1990 picaron en las cajas de las petromonarquas.

Argelia no se equivoca. De las diez centrales que proyecta construir en su territorio, ya ha comprometido una cooperacin con Estados Unidos en este mbito, y proyecta hacerlo tambin con China y Rusia, sin deudas coloniales en la zona, asignando a Francia slo una parte mnima del mercado. Sucede lo mismo con Arabia, que no ha firmado ningn acuerdo militar de envergadura con Francia desde hace diez aos, a pesar de las increbles contorsiones de Nicolas Sarkozy y antes de Jacques Chirac, amigo personal del cachorro de los saudes, el ex Primer Ministro libans asesinado Rafic Hariri.

Sin Qatar, los Emiratos Arabes Unidos y el reino saud, que compran masivamente a Francia, respectivamente aviones y misiles, tanques y misiles, y barcos, la industria armamentista francesa perdera ms de un tercio de sus pedidos y, por consiguiente, se reducira al nivel de Italia o Alemania, mientras que ahora es la tercera en el mbito mundial despus de Estados Unidos.

A imagen de su diplomacia, Francia pierde velocidad constantemente en cuanto a las exportaciones militares, debido principalmente al fallo sistmico de su dispositivo de inteligencia econmico, a la corrosiva rivalidad entre el ex presidente Jacques Chirac y su sucesor Nicolas Sarkozy con respecto al contrato saud Miksa (Ministry of Interior Kingdom of Saudi Arabia) y a los recelos que suscita en los estados rabes la sumisin de la diplomacia francesa al neoconservadurismo estadounidense.

 

III - La apuesta de Nicolas Sarkozy por George Bush y Ehud Olmert, la apuesta de un truhn sobre dos jamelgos .

El celo novato manifestado por Nicolas Sarkozy con respecto a Lbano no debe llamar a engao. La escapada a Beirut no disipa, ni falta que hace, la tenaz sospecha generada por su actitud insolentemente pro israel en la destructiva guerra de Israel contra Lbano de julio de 2006. Muchos en Beirut, Pars, Argel, Damasco, El Cairo, Jartum, Rabat, Sana, Tnez, Tehern, Islambad, Kabul y otras partes, recuerdan el apoyo incondicional que manifest al Primer Ministro Ehud Olmert contra un pas antes considerado protegido de Francia, calificando a Hezbol de movimiento terrorista, pero sin decir ni po sobre la desproporcin de la respuesta, los enormes daos infligidos a las infraestructuras civiles y a la ecologa libanesas ni, finalmente, sobre las repetidas violaciones del Derecho Humanitario Internacional y de las leyes de la guerra por el uso de armas prohibidas, en particular bombas de racimo y antipersonas.

La nueva orientacin rabe de Nicolas Sarkozy tampoco debe engaar a nadie. No es producto de una eleccin libre, sino de una eleccin obligatoria, una eleccin por defecto ampliamente condicionada por el rechazo de Irlanda del Tratado de Lisboa del que Sarkozy fue uno de los principales artfices-, el rechazo de su nuevo amigo libio en cuanto a la cooperacin transmediterrnea y el fracaso de sus mejores aliados, las carantoas de los medios de comunicacin occidentales, los ideales de la civilizacin atlntica, el presidente estadounidense George Bush y el Primer Ministro israel Ehud Olmert.

La apuesta de Nicolas Sarkozy por estas dos personalidades que finalizan sus lamentables mandatos, se revel como la apuesta de un truhn por dos jamelgos, parafraseando la jerga popular. Hasta el punto de que la hiptesis del aplazamiento del viaje de este mestizo a su pas preferido se proyecta por segunda vez desde el principio de su mandato. Hasta el punto de que el presidente sirio Bachar el Assad, por otra parte vilipendiado, pero cuya presencia en la cumbre euromediterrnea de Pars sin embargo se desea ardientemente, aparece, paradjicamente y contra cualquier expectativa, como el redentor de la diplomacia de Sarkozy en pleno naufragio.

Nada ni nadie podra ocultar esta realidad amargamente cruel. Ni la exhibicin de los smbolos de su diversidad, ni la ostentacin de sus bellas guardaespaldas mediticas, ni el frufr de los modelos de Rachida Dati, su ministra de Justicia, el torbellino vitalista de Rama Yade, su Secretaria de Estado de derechos humanos, o el florido lenguaje de su trnsfuga beur favorita, Fadela Amara (10). Con el pretexto de la sinceridad, este hombre, de un solo golpe, denigr a los rabes, insult a los musulmanes y menospreci a los africanos, esos expertos de la repeticin.

A pesar de lo que haga o diga desde ahora, aunque haya conseguido araar algunos contratos nucleares por aqu o una bicoca militar por all, la fractura entre Nicolas Sarkozy y los rabes se consum mucho antes de que el presidente asumiese sus funciones. El descarado desdn que ha demostrado no se le perdonar, ya que es imperdonable este tipo de comportamiento por parte de un jefe de Estado (11); de este jefe de Estado a quien los rabes le son indiferentes pero que, a pesar de todo, requiri a Qatar para engrasar las difciles negociaciones para la liberacin de las enfermeras blgaras de Libia en julio de 2007, y al rey de Jordania para el viaje romntico con la nueva duea de su corazn, antiguamente a la izquierda, en enero de 2008.

El hombre del renacimiento es portador de un discurso anacrnico. El hombre de la ruptura habr sido el hombre de la quiebra de las ilusiones con las que se mecan los rabes y africanos sobre el papel alternativo de Francia en el liderazgo occidental, como contrapunto de la hegemona estadounidense. Bajo el efecto de una democracia de los sentimientos y una poltica de ostentacin meditica de la demagogia, la ilusin de la Patria de los derechos humanos se ha evaporado y Francia se ha desenmascarado: la presidencia de Sarkozy es una presidencia codiciosa, el sarkozismo un combate que llega tarde, una falacia, un anacronismo catrquico, necesario pero saludable, un parntesis de la historia de Francia.

La continuacin le corresponder al prximo presidente, que tendr que hacer frente a la nueva multipolarizacin inducida por la consolidacin del BRIC (12) en el escenario internacional, y renovar las relaciones con frica y el mundo rabe, que actualmente son los principales destinos de los charter de la vergenza, y maana sern los principales yacimientos de la Francofona del siglo XXI, con el fin, si no de prevenir, al menos de amortiguar el impacto de la relegacin inexorable de Francia al dcimo puesto de la economa mundial.

 

Notas

(1) Discurso fundador de Herzliya pronunciado en diciembre de 2005

(2) Le Candidat de Jean Cau, ed. Xnia 2007 (Vevey, Suiza) donde el autor, ex secretario particular del Filsofo Jean Paul Sartre, elabora un cido retrato de los intelectuales franceses, de sus costumbres y sus rituales acartonados.

(3) en ocho meses (de mayo 2007 a enero de 2008), Nicolas Sarkozy visit diez pases rabes: Argelia, Tnez, Marruecos, Egipto, Jordania, Arabia Saud, Emiratos Arabes Unidos y Qatar, y recibi con gran pompa en Pars al coronel Muammar Gadafi (Libia) y al presidente Mahmud Abbas (Palestina).

(4) Libre, de Nicolas Sarkozy, ed. Pocket 2001.

(5) Les penchants criminels de lEurope dmocratique, de Jean Claude Milner, ed. Verdier 2003.

(6) Les sanglots de lhomme blanc, de Pascal Bruckner, Seuil 1983.

(7) Citaremos como ejemplo dos ilustraciones del apoyo subconsciente y multiforme de Francia a Israel, sin mencionar las intervenciones del CRIF (Consejo representativo de las asociaciones judas de Francia, N. de T.) en los poderes pblicos para oponerse al nombramiento de figuras prestigiosas de la diplomacia francesa para puestos de responsabilidades gubernamentales bajo la presidencia de Sarkozy, en este caso Hubert Vedrine, considerado, no pro rabe, que lo es de una manera razonable, sino sencillamente rabe , lo que no es en absoluto.

Hay dos prestigiosos lugares en Pars dedicados a la memoria del antiguo Primer Ministro Israel Isaac Rabin, asesinado por un militante de la ultraderecha israel: la plaza Fontenoy, frente a la UNESCO, y los jardines de Bercy; y la Comisin de gobierno de Pars adopt una resolucin inicial que dedicaba una calle de la capital francesa a Theodore Herzl, el padre del sionismo y terico del Estado judo, mientras que, por el contrario, no hay el ms mnimo sitio dedicado a un dirigente del tercer mundo, rabe, asitico o africano, ni siquiera al colega de Nobel de la Paz de Rabin, Yasser Arafat, el dirigente palestino. La placa conmemorativa de Mehdi Ben Barka, en el VI distrito de Pars, as como el lugar dedicado a Mohammad V frente la plaza del Instituto del Mundo rabe constituyen, en primer lugar, actos de reparacin de Francia por sus crmenes: la desaparicin del jefe de la oposicin marroqu, en 1965, con la complicidad de los servicios franceses y el exilio del soberano de Marruecos durante la guerra de la independencia marroqu.

Sin la menor protesta contra la rastrera colonizacin de Jerusaln y Cisjordania ni contra el encarcelamiento arbitrario de ms de diez mil palestinos, sin embargo Francia se moviliz para la liberacin de Gilad Shalit, un soldado con doble nacionalidad francoisrael detenido por los palestinos mientras serva en el ejrcito invasor en un territorio ocupado contra un pas amigo de Francia; y adems, paralelamente, se autoriza con regularidad al ejrcito de Israel a recaudar fondos en las grandes ciudades de Francia para contribuir al bienestar del ejrcito israel.

(8) Isral et ses tribus: lEtat Hbreu fte ses 60 ans, Courrier international N 913, del 30 de abril al 6 de mayo de 2008.

(9) Un candide en Terre Sainte , pgina 128 de Rgis Debray, Gallimard, enero de 2008.

(10) De lidentit nationale et de quelques beurs de droite en La trempe de Magyd Chrif Actes sud, julio de 2007, un anlisis sin concesiones de la instrumentalizacin de la cuestin de la inmigracin con fines electoralistas.

(11) Sarkozy, Le choc des civilisations et les Musulmans, crnica del corresponsal del diario francs Libration en Bruselas, donde el presidente francs comunica a sus colegas europeos su temor de una presencia musulmana masiva en Europa: http://www.liberation.fr/rebonds/making_of/292179.FR.php

(12) El BRIC representa, en cuanto a la economa, la alianza constituida por las potencias emergentes del siglo XXI (Brasil, Rusia, la India y China), que se extiende en el continente africano a Sudfrica, y que debera constituir un polo de referencia con el fin de hacer contrapeso a la superpotencia estadounidense. De aqu a 2025, el producto interior del BRIC representara, efectivamente, la mitad del PIB del conjunto del G6 (Estados Unidos, Japn, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido); el conjunto de las economas del BRIC debera superar al del grupo de los pases industrializados occidentales hacia 2050. En esa fecha, la clasificacin de las potencias se establecera del siguiente modo: China, Estados Unidos, India, Japn, Brasil y Rusia; se relega a Estados Unidos al segundo puesto y a Japn al cuarto, mientras que Francia, Alemania y Reino Unido se situaran en la parte baja del cuadro de los diez primeros de la clase.

Original en francs: http://renenaba.blog.fr/2008/06/15/p4318013# m ore4318013

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.



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