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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2008

Cronopiando
Europa y la migracin

Koldo
Rebelin


Adems de convertir a los emigrantes en delincuentes, como acaba de disponer la Unin Europea, y condenar a la crcel las legtimas aspiraciones de los seres humanos de mudar el hambre de esperanza, hay algo que puede hacer Europa para evitar el bochorno de que alguien vaya a recordarle su historia, alguien que, obviamente, an ignore que la desvergenza nunca se sonroja.

Y no me refiero a la posibilidad de acoger a cierta cantidad de emigrantes: deportistas de lite, profesionales cualificados o desesperados dispuestos a convertirse en soldados de las humanitarias guerras que libran por el mundo Europa y Estados Unidos.

De hecho, esta solidaria prctica viene ejercindose desde hace tantos aos que ni memoria queda. En Estados Unidos, por ejemplo, hay ms mdicos nigerianos que en la propia Nigeria. Y parecidos destinos han seguido millones de profesionales para los que siempre los muros que separan a Africa del Estado espaol, o a Estados Unidos de Mxico, o a Israel del mundo, reservan una puerta.

A pesar de las denuncias que, en este sentido, ha venido haciendo Cuba, para la pretendida legalidad y derecho estadounidense y europeo, las compensaciones por la formacin de profesionales, as sean deportivos, slo son buenas y vlidas dentro de las propias fronteras, a este lado del muro.

Bastara repasar los nombres de atletas espaoles para confirmar hasta qu punto son frecuentes apellidos tan castizos como Dusayev o Smidakova. Y no son slo esos recursos humanos los que logran superar las alturas de los muros migratorios y alcanzar fama y dinero al otro lado.

El llamado tercer mundo, que todo lo debe y lo paga, tambin es despojado por nuestras benemritas empresas de sus recursos minerales, energticos, de sus recursos acuferos y madereros, de todo cuanto tenga un mnimo valor. Hasta de los microbios.

Se denunciaba tras la VIII Reunin sobre Diversidad Biolgica en Brasil los saqueos que, en nombre del progreso, llevan a cabo pases como Estados Unidos, especialmente, en Africa. Y bastan al respecto, algunos ejemplos de los que recoga entonces el peridico vasco Gara. Los jeans desteidos, tan de moda entre los adolescentes, deben su decolorado aspecto a las enzimas de un microbio que se come el tono azul de los pantalones. La compaa Genencor, con sus oficinas en Silicon Valley, descubri a principios de los aos noventa ese microbio en el lago keniano de Nakuru. Desde entonces, el gobierno de Kenia trata, intilmente, de que se le pague parte de las patentes sobre ste y otros microbios.

El Convenio sobre Diversidad Biolgica, firmado por ms de 180 pases, reconoce los derechos de los estados a beneficiarse de la comercializacin de sus recursos biolgicos, pero las grandes compaas farmacuticas, cosmticas y biotecnolgicas siempre encuentran un espacio abierto en los muros para ir y venir impunemente.

Un informe del Instituto Norteamericano Edmons y el Centro Africano para la Bioseguridad denuncia que la firma Bayer desarroll su medicamento Glucobay contra la diabetes, a partir de un microbio recogido en el pantano de Ruiru, tambin en Kenia. El producto le ha generado a Bayer 218 millones de euros pero Kenia no ha recibido un centavo.

En un extenso y documentado reportaje, Joseba Vivanco describa para Gara la hipcrita impunidad con que se maneja el primer mundo y sus compaas, vulnerando, incluso, sus propios acuerdos y leyes. Plantas de Tanzania, como la impatiens usambarensis de cuya patente se ha apropiado la firma suiza Syngenta que no paga derechos; productos contra los hongos elaborados con el estircol de las jirafas de Namibia, en manos de multinacionales que no rinden cuentas a nadie; remedios contra la impotencia sexual basados en semillas del Congo, que hacen millonarias a algunas compaas estadounidenses y europeas, pero que no satisfacen sus deudas, son slo algunos de los casos denunciados.

Y quedan, como remate de tan singular y absoluto saqueo, todos los organismos crediticios, fondos financieros, bancos y burstiles emporios, que junto con los Estados que los amparan, multiplican las deudas y los deudos de un tercer mundo que ya no se sostiene y que junto a tanta secular rapia, debe escuchar y agradecer, adems, nuestras civilistas proclamas en relacin a la convivencia y la igualdad, nuestros sesudos discursos sobre el tico ejercicio de la poltica, nuestras filosficas disquisiciones sobre la moral, nuestras brillantes propuestas para el desarrollo.

Pero slo una cosa, en verdad efectiva, puede hacer el primer mundo por el tercero, slo una medida puede adoptar que, realmente, sea til.

Y no hablo de condonar las viejas y las nuevas deudas, no, que se cobre hasta los intereses; no hablo de aumentar las ayudas en crditos y asistencia, no, que no haya ms ayudas; y ni siquiera es preciso que, desde la buena voluntad de tantos, impulsemos la solidaridad con el tercer mundo, no, tampoco es necesario, que no les llegue una donacin ms.

Lo nico que el primer mundo puede hacer por el tercero es seguir extendiendo los muros que ha creado, para que cada da sean ms los kilmetros de muro que nos separen y mayor su altura. Y agregar ms barreras, ms alambradas, ms vigilantes y candados, hasta separar an ms a Amrica de Estados Unidos, y poner un desierto de distancia entre el sur de Europa y Africa., hasta que no quede en el muro un hueco, un simple resquicio, una sola ranura por la que se pueda cruzar al otro lado, ni el campesino latinoamericano ni el latifundista espaol, ni el cirujano etiope ni el hospital estadounidense, ni el jornalero senegals ni la multinacional suiza.

Para que as, lejos de nuestro expoliador ejemplo, ese tercer mundo crezca y se desarrolle como buenamente pueda, con sus propios recursos y sus propios bienes y sus propios microbios, consciente de que, en el peor de los casos, por muy mal que le vaya, siempre estar a tiempo de reeditar nuestra ruina moral y econmica.



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