Portada :: Iraq
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2008

David Kilcullen, artfice de la doctrina contrainsurgente en el pas ocupado
Estados Unidos tiene su propio Dr. Strangelove en Iraq

Tom Hayden
The Huffington Post

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


En lo ms lgido de la Guerra Fra, Stanley Kubrick cre el personaje de un cientfico notoriamente demente, el Dr. Strangelove, cuya pasin era lanzar bombas atmicas. Ahora est apareciendo en los medios y en el interior de Beltway [*] una fascinacin cada vez mayor hacia un nuevo Dr. Strangelove, cuya pasin es imponer una ciencia enloquecida para combatir a la contrainsurgencia en Iraq.

Su nombre es David Kilcullen, acadmico australiano y veterano del ejrcito, a quien Thomas Ricks, del Washington Post, describi una vez cono el asesor-jefe del General David Petraeus sobre la doctrina contrainsurgente que subyace en el incremento de tropas en Iraq.

En 2004, Kilcullen defendi un denominado programa Phoenix global en un oscuro peridico del ejrcito, Small Wars. Para los no iniciados o despreocupados con la historia, Phoenix fue un programa, en gran parte extraoficial, de detencin, tortura y asesinato aplicado a decenas de miles de survietnamitas a quienes los informantes haban identificado como integrantes de la infraestructura civil del Vietcong. La operacin qued tan desacreditada que el Congreso estadounidense la denunci y la anul tras las vistas llevadas a cabo en la dcada de 1970.

Pero Kilcullen dice ahora que el programa Phoenix fue injustamente calumniado y que actualmente sera un xito. Tan inflamada fue su defensa en algunos crculos que cogi y revis el documento de 2004 y renombr el programa Phoenix como Desarrollo revolucionario.

Adems, defiende una ciencia social armada en la que antroplogos y toda una fauna de psiquiatras jugaran un papel clave a la hora de explotar las vulnerabilidades fsicas y mentales de los detenidos [1].

El largo artculo de George Packer en el New Yorker describa a Kilcullen como un ser encantador, excntrico y una especie de genio aislado. Parece ser adems que, los crculos culturales de Washington de los think tank dedicados a temas de seguridad nacional, se le considera un personaje familiar y amigable

Su fan ms reciente en los medios es David Ignatius, del Post, quien inform de una sesin informativa que Kilcullen ofreci en una sesin privada en el Centro de Estudios Estratgicos Philip Merrill. Fue un debate sobre cmo salir de Iraq quedndose dentro, expresada en la frmula Kilkullen: Des-escalada abierta, desorganizacin secreta [2]. Kilcullen defiende que la presencia de tropas estadounidenses es tan inmensa que es contraproductiva y que slo sirve para inflamar las sensibilidades iraques. Lo que se necesita es combinar la retirada de las tropas de combate estadounidenses con las operaciones negras especiales para cazar terroristas, ms las operaciones especiales blancas de entrenamiento de tropas empotradas con las fuerzas de seguridad iraques, haciendo que unas tribus se vuelvan contra otras all donde sea posible. La guerra secreta es el futuro: a largo plazo, necesitamos abaratar costes, ser silenciosos y dejar pocas huellas. Y, podra haber aadido, permaneciendo fuera de las pantallas de televisin y de las primeras pginas de los peridicos.

A lo que Kilkullen se refiere es a una especie de guerra basada en el engao que entra en contradiccin con la democracia misma, con sus instrumentos en los medios de comunicacin crticos, con la vigilancia del Congreso y con la divulgacin pblica de los costes que supone en sangre, impuestos y honor. Dice que, a nivel militar, la clave est en asegurar a la poblacin civil frente a los insurgentes, en Vietnam del Sur mediante aldeas estratgicas, en Iraq a travs de las comunidades cerradas con controles, altos muros, alambradas elctricas, huellas dactilares, escner de retina y listados de la poblacin casa a casa. Mientras tanto, hay que cazar y matar cuando sea necesario a los insurgentes, y detenerlos indefinidamente sin cargos en campos de prisin controlados o mantenidos por los estadounidenses, sin que puedan tener contacto con abogados, periodistas, observadores de los derechos humanos o miembros de sus familias. En la mayora de los casos, no hay acusaciones contra ellos. El General de Divisin Antonio Taguba, que dirigi la investigacin en Abu Ghraib, ha sugerido ms de una vez que en esos campos se est perpetrando un rgimen sistemtico de tortura. Ah no estaran incluidos los lugares secretos de las entregas de la CIA ni las prisiones secretas de Bagdad bajo control del Ministerio del Interior de Iraq aunque financiadas por EEUU, como anteriormente haba informado el New York Times.

Naturalmente, en la guerra de contrainsurgencia no es fcil trazar la distincin entre civiles y resistentes. Adems de los que ya murieron asesinados, hay estimaciones bastante realistas de que son alrededor de 100.000 detenidos los que se pudren actualmente en ese tipo de instalaciones en Iraq y Afganistn, con muy pocos cargos, por no decir ninguno, contra ellos. Esas instalaciones son incubadoras de futuras insurgencias. La pasada semana, por ejemplo, tras una larga huelga de hambre, 1.100 detenidos escaparon de una crcel afgana una vez que los talibanes volaron sus muros. El plan del Pentgono es construir un nuevo centro de detencin permanente en cuarenta acres con un presupuesto de 60 millones de dlares. Sera mucho ms conveniente que ese dinero se gastara en abogados que atiendan a los actuales e indefensos detenidos.

Esas son las enmascaradas realidades que subyacen tras la casi sensual descripcin de una fuerza residual ms ligera, ms pequea y ms hbil del resumen de Ignatius acerca del escenario Kilcullen.

Cmo es posible que la nacin que un da tuvo los mejores peridicos llegue virtualmente a santificar y a ofuscar el significado real- de esas doctrinas militares como si no hubiera otras alternativas? Es imposible de entender. Pero la aceptacin carente de sentido crtico, e incluso la promocin, de la contrainsurgencia como una alternativa racional y realista ante el statu quo o la retirada, colocan al Times y al Post mucho ms prximos a la misma operacin de manipulacin de las noticias del Pentgono de lo que han revelado ltimamente. Desde el reclutamiento de tropas de 2002 a la invasin de 2003 al actual giro hacia la contrainsurgencia, los medios dominantes rara vez han publicado ni siquiera crticas antibelicistas de dirigentes protestando contra la poltica militar estadounidense Muy al contrario, ambos, el Post y el Times publican con regularidad los puntos de vista de impenitentes neoconservadores sin tan siquiera experiencia militar. Las nicas voces vlidas antibelicistas parecen ser las de antiguos militares o funcionarios de la Casa Blanca que se han vuelto contra sus antiguos empleadores. El espectro de la pgina editorial est recayendo en aquellos que cuentan con informacin privilegiada en el espacio de centro-derecha. Como consecuencia, la frontera salvaje de la blogosfera ha explotado como el nico espacio donde disentir, con o sin documentacin. Los dos lados opuestos en el debate sobre Iraq estn ahora habitados por mundos separados, al haber sido expulsadas las voces antibelicistas de los medios dominantes por adoptar prematuramente tal condicin o por no encontrarse entre los asistentes a lugares como el Centro de Estudios Estratgicos Philip Merrill.

En la era del Dr. Strangelove, el socilogo C. Wright Mills descarg su rabia contra los intelectuales de la seguridad nacional como realistas de ideas descabelladas. Pocos se dieron cuenta entonces [o ahora] de que nuestras vidas y futuro estn en peligro a causa de la naturaleza desequilibrada de nuestro dilogo nacional, incluido el inmenso abismo entre el reportaje estadounidense y el del resto del mundo.

Pondr fin la eleccin de Barack Obama en noviembre a la monotona de sentido nico del debate sobre la seguridad nacional? Fervientemente lo deseo as. Obama parece estar a favor de la retirada de las tropas de combate y de la diplomacia con Irn en vez de la destruccin. Obama y John McCain parecen tener puntos de vista totalmente opuestos sobre Iraq. Pero a un nivel ms profundo, Obama parece estar dirigindose hacia la trampa de la contrainsurgencia: planeando dejar detrs una fuerza residual ms ligera, ms pequea y ms hbil en un pramo de detenciones preventivas, gulags secretos y asesores del tipo David Kilcullen. Si los medios y la gente no aciertan a reconocer, evaluar y debatir este futuro probable durante la campaa presidencial, vamos a tener que enfrentarnos con algo que no queramos y que se sita ms all de la tragedia o de la farsa.

Enlaces con artculos referidos en el texto:

[1] http://www.newyorker.com/archive/2005/07/11/050711fa_fact4?currentPage=2

[2] http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2008/06/18/AR2008061802635.html?hpid=opinionsbox1

N. de la T.:

[*] Beltway: denominacin de la carretera que circunvala Washington

Enlace:

http://www.huffingtonpost.com/tom-hayden/meet-the-new-dr-strangelo_b_108288.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter