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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2008

Sobre la reciente antologa potica de Enrique Falcn
Palabras para un tiempo herido

Antonio Crespo Massieu
Rebelin


Hablamos de poesa. Hablamos del peso de las palabras, de su incongruencia, de la perplejidad que nos provoca su inexactitud, su decir inconcluso, sus balbuceos, sus aproximaciones, sus fracasos. La imposibilidad de decir la belleza del mundo, su ternura o de ser el grito, el aullido, la exacta expresin de un dolor desmesurado.
De esto nos habla la cita de John Berger que Enrique Falcn ha querido que casi abriera su libro Para este tiempo herido 1 (y digo casi, pues tras el ttulo figura la memoria del amigo ausente): por eso causan dolor las palabras y por eso tambin ofrecen una salvacin. En dilogo, en correspondencia exacta con esta cita inicial, los primeros versos del libro (su prtico, el poema que antecede al primer poema) nos dicen que el mundo es como una piel (dispuesta a acoger la caricia, el temblor, la salvacin) y tambin / como una herida (el inaceptable y repetido dolor que atraviesa la historia, que nos alcanza y nos llega a palabra, grito, exigencia de no silencio). Pero tantas veces el mundo es una piel herida. Es carne martirizada, doliente, felicidad abolida, negada por la historia. Negada tambin por la palabra? Tal vez no, tal vez la poesa (digo esta de la que hablamos, la que ahora vamos a escuchar) es rescate de piel, de caricia, memoria salvada para edificar un futuro (presente ya en el poema) de esperanza. Por eso los ltimos versos del libro (que no sus ltimas palabras) continan el poema inicial y nos dicen: y / : / tambin / como una siembra. Por eso importan las palabras. Lo que se nombra (y tambin lo que se calla, los silencios, las complicidades) por eso sirven, no son nunca inocentes (aunque rescaten la inocencia), son necesarias (aunque sean intiles, como la poesa, como tantas cosas imprescindibles).

Y as la poesa de Enrique Falcn nace, se mueve, en los mrgenes de la historia, para un tiempo de incertidumbre, contra todo descanso, en la intemperie del deseo: se despeina para las matanzas () como para decir de pronto y as expresarlo yo -Nosotros 2. yo. Nosotros. Reparemos en este yo con minscula que de inmediato se hace, se dice, Nosotros. La identidad de quien habla en los poemas se quiebra en mltiples voces, en un nosotros que desmorona la afirmacin de un yo esttico, seguro de si mismo, de su diccin, de su mundo propio. El sujeto potico se fragmenta en una multitud de voces (tambin, claro est, en una voz personal, ntima, propia pero que no es exclusiva y por ello no es autosuficiente: se va descubriendo o perdiendo, dudando o afirmando, al juntarse a las otras), son voces que se abren paso en el poema como fragmentos, astillas, rescoldos, ecos heridos de un mundo herido. En el eplogo el poeta nos dice: Mientras nuestra suerte comn no sea entendida como un asunto tambin personal no cabr un lugar para la esperanza. Y lo que uno escribe a la intemperie del mundo debera dar por qu no? tambin cuenta de ello (p. 82).

Ese lugar para la esperanza en que las fronteras entre privado-pblico desaparecen, en que lo ms ntimo se configura frente a los otros (en tenso dilogo con el otro), la voz propia nace como exigencia de respuesta y acoge otras voces para ser ella misma al desconocerse, al escucharse en otras, y as se construye en el poema plantada a mitad de los conflictos del lenguaje y la resurreccin de lo que todava resiste (p.29).

El lenguaje (y volvemos al principio, o acaso estamos siempre en l) como lugar de conflicto. Cmo decir lo no decible, cmo encontrar una lengua otra que no sea la materna, cmo cuestionar la realidad (lo que nos imponen como real) y no cuestionar tambin el lenguaje, cmo no poner tambin en crisis el lenguaje si nombramos desde un mundo en crisis. Toda la obra de Enrique Falcn es una constante indagacin sobre los lmites del lenguaje, una poesa que se sita siempre al borde del precipicio, en un vrtigo que disloca la sintaxis, rompe el verso; funambulista en inestable equilibrio entre lo no decible, lo abocado al sinsentido y la construccin de un texto que expresa, que dice y comunica, todo el sinsentido la del mundo que habitamos.

Fragmentacin del yo, multiplicidad del sujeto(s) potico(s), con-fusin de tiempos, espacios, discursos (lo potico, pero tambin lo discursivo, las citas incorporadas). En palabras de Antonio Mndez Rubio, referidas a La marcha de los 150.000.000, un decir que nos desubica, que nos cambia de sitio como una brisa incmoda, un lenguaje, una potica que es incendio y mutilacin del sentido que avanza (con nosotros) 3; un sentido que se mutila, se cercena, se incendia y, sin embargo avanza, crea un nuevo sentido, progresa, crece en el texto (aunque este progreso no es lineal ni se deja atrapar por ley alguna de causalidad; al contrario se crea por yuxtaposicin, superposicin de fragmentos, fusin de voces, tiempos, espacios) y nos reclama, nos lleva tras s, incorpora al lector en el proceso de bsqueda, destruccin, construccin de sentido.

Una lengua no materna, intil porque dice lo no decible: tu cancin ser cancin para jams nombrarte / para jams decirte / (en una lengua intil) lo estril de tu canto (p. 31). Entre escombros, sabiendo que la prefiguracin utpica se encuentra en el fragmento en aquello que () contiene lo infinito utpico, lo que no tiene lmites, lo eternamente vivo 4. Entre (desde) las aristas de todo lo nombrado llegan al poema las voces ausentes; dicen su muerte, su decretado silencio, se juntan, se hacen plural, se conciertan, se con-funden. Al yo que se ha perdido en el nosotros (y por eso se encuentra y se afirma de una manera otra) y tambin al lector. Llegan: Los que aqu murieron / te abrirn las manos con su pan encendido (p.30). Y hay que decir, es precisin inexcusable en tiempos de obscena comercializacin del sufrimiento ajeno que llegan con la limpieza intacta de su inocencia: nadie usurpa su voz, nadie (y, menos que nadie, el yo potico que se ha retirado para dejar espacio, para que otros comparezcan) traiciona a los ya traicionados. Hay aqu un pudor exquisito, una clara conciencia de lo que nunca puede hacerse. El poeta nos lo recuerda en sus Cuatro tesis de mayo: sera una indignidad por mi parte escribir en su nombre, que eso de ser voz de los sin voz no deja de ser un paso ms (aunque no el ms terrible) en el pisoteo de la gente cuya dignidad ya est, de por s, pisoteada (p.83). Que nadie testifique por el testigo, que nadie lo suplante.

Pero entonces desde dnde hablar, con qu voz que no sea traicin pues, respete el silencio de las vctimas; que no mercantilice o reduzca a tosca conmocin sentimental el horror; palabra que nada suplante y que acoja, como obligacin misma de su decir, el silencio; que sea borde, intersticio, hueco de lo no dicho. Como veis, estamos de nuevo en el alambre, con todo el vrtigo de la historia y sus catstrofes y el peso de la palabra, caminando en el vaco con la sola prtiga de la dignidad y la verdad. As avanza la poesa de Enrique Falcn, y nosotros con ella, sin renunciar a la palabra que no suplanta al testigo ni al ausente, sino que nace como respuesta a una interpelacin; pues el silencio (la no palabra, la amnesia, el olvido) sera ms culpable.

Porque este nombrar, este hacer (o dejar hacer) que comparezcan en el poema los fragmentos rotos de lo real, las vidas deshechas, silenciadas, es siempre en el lmite (all dnde nace la poesa) una decisin moral y poltica. Rescatar todos los fracasos, lo perdido, lo inconcluso, para erguir la esperanza y preservarla del enemigo. El casi ltimo poema del libro, significativamente titulado Rendicin de la lengua, lo abre Enrique Falcn con una cita de las Tesis de filosofa de la historia de Walter Benjamn; una cita que, ampliada aunque tambin incompleta, dice as: El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza slo es inherente al historiador que est penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarn seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer 5. Porque el miedo a la suplantacin no justifica nuestro silencio.

En el lmite, desde el respeto a una inviolable dignidad herida, hay que buscar como hace la poesa de Enrique Falcn la palabra capaz de restituir de la herida una gramtica del espanto, que nos permita decir la muerte sin ahogarnos y que acoja, en su humildad, en la conciencia de su fracaso, de su imposibilidad, el hueco donde se aloje el silencio que quiere nombrar. Porque tampoco los muertos estn seguros ante el enemigo, no podemos (son versos del poema Escribir despus de Auschwitz) conceder ms victorias pstumas a Hitler: / la claudicacin de nuestra esperanza, / nuestro olvido de las vctimas (p.61). Despus de Auschwitz es posible la poesa. Lo que tal vez no sea posible (o lo que en todo caso es indecencia) sea escribir poesa sin el peso de las vctimas gravitando sobre nuestra palabra.

 

Hablemos entonces del lugar (o del an no lugar) donde se cumple la esperanza. Hablemos de resurreccin. Enrique Falcn cita a Fernando Belo y su Lectura materialista del evangelio de Marcos. Y en este poema, en este Domingo regresan; un arcngel sucio los despierta; en este domingo del pan compartido, en esta lenta maana que cante en vuestros dedos, vosotros sois la muerte que dios ha revivido. Y se inclina la injusticia en la sed que resiste. Regresan, y abren la boca, y suben por las arterias de este yo que se pierde para ser voz de muchos a pleno pie de tumba. Estn: son ciertas las maanas que arrastran la memoria / de nuestros muertos juntos, tan repletos de ramas, / y cierto lo que dicen, que viven todava, / que brindan por nosotros con un cuenco en la mano (p.50-51). Llegan y son multitud: Ya han venido los nios, los / 150.000.000 / con sus cabelleras de risa y su pnico de luces (p.32). Porque lo que nos dice esta resurreccin es que no es cierta la victoria ni la lengua del Amo (p.51).

Por eso cesa el tiempo (es decir, su linealidad) y se abre el instante del acontecimiento, la suspensin de la historia, la contraccin de lo sucesivo; es un tiempo otro abierto a todas las posibilidades. Un tiempo donde una voz (la del yo potico) se pierde para ser muchas otras: ste ha sido yo (p.33), (as se descoyunta la sintaxis en el poema): a vosotros me he unido desde antes de nacer (p.35). Confusin de tiempos sobre la que se construye el poema 68: soy, nacer, tuve, extrajeron, sacaron, soy, entierran, quiero, poseer, nacer锅 Slo desde esta ruptura del pasado (con este hacer presente la memoria, vivirla, atravesarla, llegarla a nuestro ahora estremecido) alcanzaremos el futuro: Con mis labios atravieso la historia nia de los desposedos. Y el poema concluye: Soy el primer hombre en decirte hermano" (p.38-40). Como sucede en ese hermoso poema de amor aunque, pienso ahora, todo el libro es un poema de amor titulado Hoja de conquistas (anttesis de algunos patticos poemas-hojas de conquista que tal vez nos vengan a la memoria): las mujeres, las nunca regresadas, las nunca visibles / todas ellas las mujeres que me llegan con todos sus cansancios, / todas, en sigilo: las amantes. Pausa, verso final, posesivo en cursiva: y mis camaradas (p.62-63). El yo, ausente (?) en todo el poema, aparece para abarcar con la doble fraternidad del posesivo y el sustantivo.

Presencia de los ausentes, citacin de los desaparecidos, rescate de todo lo acontecido. Lo que Walter Benjamn formula, en la 3 de sus Tesis de Filosofa de la Historia, de esta manera: El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeos, da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Por cierto, slo a la humanidad redimida pertenece plenamente su pasado. Esto significa que slo ella, en cada uno de sus momentos, puede citar su pasado. Cada uno de los instantes que ha vivido se convierte en una cita en la orden del da, y ese da es justamente el ltimo 6. Es ste el sentido de la rememoracin en W. Benjamn, una idea de la historia y de las vctimas no clausurada, abierta, hecha exigencia poltica de rescate, de no olvido. La exigencia de que cada vctima del pasado, cada intento emancipatorio, por humilde y pequeo que haya sido, quedar a salvo del olvido y ser citado en la orden del da, esto es, reconocido, honrado, rememorado 7. Y Enrique Falcn nos dice: es que abres el futuro / y recoges sus vctimas para ya no olvidarlas (p.67); en un poema en que, por cierto, se cita a Moltmann hablando de este final de la historia que nada tiene que ver con Fukuyama; el final de la historia del que nos hablan Benjamn o Ernest Bloch, que deca que la utopa es el rescate de lo inacabado.

Esta rememoracin abre el futuro porque niega as lo vea Adorno la necesidad objetiva de un progreso si no es a travs de un retorno a las posibilidades malogradas del pasado para actualizarlas. Resurreccin, restitucin, redencin. Revolucin. Estas posibilidades malogradas, este rescate de lo inacabado, este hacer presente lo que habra podido ser y no fue, este volver a reunir lo demasiado pronto y lo demasiado tarde, es frente a la historia como hecho consumado afirmar el momento poltico del acontecimiento, la contingencia, la posibilidad (siempre intempestiva) de lo no acontecido. Lo que Daniel Bensad expresa as: Slo hay acontecimiento autntico, cuando se alcanza el punto crtico en que la memoria se une con la espera, cuando la experiencia va al encuentro de los hechos por venir (...); la idea moderna de revolucin aparece como un punto de sutura entre necesidad histrica y contingencia del acontecimiento 8.

Hablamos entonces de revolucin. El regreso de las vctimas, la exigencia de su rememoracin, es tambin abrir el futuro, pues es saber que otro futuro era posible, que el pasado no estaba escrito, que la posibilidad de la justicia estaba entonces como lo est ahora abierta. El ya no olvido de las vctimas nos emplaza a negar en el acontecimiento el gran relato dictado por los poderosos, la justificacin como inevitable de todo lo sucedido. Slo si sabemos que el mundo pudo cambiar de base, podremos de nuevo tararear la cancin casi olvidada y decir: el mundo puede cambiar de base, el mundo va a cambiar de base 9. Es el momento de lo posible.

De qu hablamos entonces. Hablamos de poesa, hablamos de revolucin, decimos el necesario encuentro de la memoria y la esperanza. Porque leemos poemas como un grito reventando mis llagas en las llagas del mundo (p.67); pero en el aullido, en la herida, se nos abre la esperanza. Esta palabra memoria atravesada por la historia nos habla de el reparto de la tierra y la / necesaria expropiacin del pan, o su conquista, / porque el propio jirn del vuelo ha predicado tu nombre en las matanzas (p.43). Memoria y esperanza, piel y herida, amor e ira. Avanzamos.

Avanzamos en este libro: Viernes, Sbado, Domingo. Domingo abierto a la esperanza, a la siembra. Domingo del hijo dueo del tiempo, dueo de los posibles que vendrn, de un gesto sin fro, del sueo ya imposible de los padres que con l se cumplir. Hemos avanzado del in memoriam con que se iniciaba el libro a este Juan que sabemos (y es una certeza, la luminosa certidumbre de la esperanza) que es, y sobre todo ser, y tal vez nosotros con l, dueo del tiempo 10.

La poesa de Enrique Falcn es compromiso con la verdad. Y, ms all del eplogo, las Notas finales dan cuenta del destino de los poemas, de su carcter militante, ofrecido a quienes resisten, a quienes saben que no es cierta la victoria ni la lengua del Amo.

Al final de lo que se trata es, ni ms ni menos, que de pronunciar nosotros para el cautiverio y la esperanza en una lengua que no sea la materna (p.77). Escuchemos estas palabras. Porque la vida, pese a todo, importa y con ella resistimos, porque aqu se te invita a levantarte. Porque, nos dice E. Falcn: Por detrs del precipicio, / clarea urgente el canto de la espiga / desde el suelo que sois todos vosotros (p.65).

Escuchemos, ms necesaria que nunca la poesa, su poesa, ms necesaria que nunca la revolucin, nuestra revolucin. Porque clarea urgente el canto de la espiga. Al borde del precipicio escuchemos lo que nace con sus palabras.

(texto de presentacin del libro de E. Falcn en la Sala Youkali,Madrid 14 de junio, 2008)

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1 Enrique Falcn, Para un tiempo herido (antologa potica 1998-2008), ediciones Amargord, Madrid, 2008.

2 Enrique Falcn, Para un tiempo herido, p. 29. Todas las referencias a poemas de Enrique Falcn hacen referencia a esta edicin. A partir de ahora, para aligerar las notas, indicar tan slo el nmero de pgina a continuacin de la cita.

3 Enrique Falcn, La marcha de los 150.000.000 (1.El saqueo; 2.Los otros pobladores), Germania, Valencia, 1998, p. 7. La cita es del prlogo de Antonio Mndez Rubio: Incendio y mutilacin del sentido que avanza (con nosotros).

4 Jos A. Gonzlez Casanova, Mahler. La cancin del retorno, Ariel, Barcelona, 1995, p. 198.

5 Walter Benjamn, Discursos interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1973, traduccin de Jess Aguirre, p. 180.

6 Walter Benjamn, op. cit. p. 178.

7 Michael Lwy, Walter Benjamn. Aviso de incendio, Fondo de Cultura Econmica, Buenos Aires, 2002, p. 64.

8 Daniel Bensad, Resistencias. Ensayo de topologa general, El Viejo Topo, Madrid, 2001, p. 162-163.

9 Que el mundo pudo cambiar de base nos lo recuerda, en este ao de nostlgicas y triviales conmemoraciones, un libro del todo recomendable: Manuel Gar, Jaime Pastor y Miguel Romero, 1968. El mundo pudo cambiar de base, ediciones La Catarata, serie Viento Sur, Madrid, 2008.

10 En la dedicatoria que abre la ltima seccin del libro, p. 59.



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