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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2008

Propiedad y uso social de la tierra: un debate ausente

Emiliano Bertoglio
Rebelin


Gobierno o campo. Asumir esta dicotoma simplificadora y enrolarse en una u otra fila, equivale aproximadamente a embanderarse en el proyecto de vasallaje que intenta estructurar la gestin presidencial para reproducir su espacio de poder, o apoyar el real crecimiento privado de alguna parte del sector agrario. Para nada ingenuas, estas posturas slo discuten quin se apropia de la renta, pero en ningn momento cuestionan la lgica de produccin privada: no atienden al uso social que podra y debiera hacerse de los medios de creacin de riqueza. Mientras tanto, alguna parte de la izquierda movilizada, de la izquierda intelectual y de organizaciones de derechos humanos, parecen entretenidos en ser orgnicos al gobierno y en no generar disputas ms all del inters corporativo inmediato, quiz buscando rdito poltico propio.

Estado centralista feudal o monrquico por un lado y, por el otro, el desarrollo de latifundios dedicados al monocultivo de especies transgnicas, se instalan en la mesa de debate y / o en el imaginario colectivo de estos das como los nicos dos modos posibles de pensar el progreso del pas.

La controversia acerca de la propiedad y el uso de la tierra no existe, no es formulada de manera seria o no es reproducida pblicamente.

En torno a este eje central, giran muchos otros problemas cuyo abordaje tampoco se escucha: la dependencia comercial hacia empresas como Monsanto o Cargill, la sostenibilidad del modo de produccin actual, la generacin de diversidad productiva, la de cmo lograr la soberana alimentaria del pas, el cuestionamiento al monocultivo de especies modificadas genticamente, la proteccin de bienes naturales (como por ejemplo los bosques nativos) devastados por grupos econmicos dedicados a la agricultura y producidos con la complicidad del Estado nacional, el repoblamiento del campo. Tampoco se polemiza sobre cmo garantizar la produccin de alimentos sanos para toda la poblacin, cmo resignificar la idea de oligarqua (puesto que la oligarqua de hoy no es la misma que la de dcadas atrs), la forma de detener los desalojos de familias campesinas o indgenas, la recuperacin de las identidades regionales, las diferentes formas de entender el espacio de produccin campo (puesto que no son lo mismo las miles de hectreas que trabaja el senador nacional Roberto Urqua, que la pequea parcela que un humahuaqueo cultiva con verduras), etc.

En suma, el planeamiento de una reforma agraria autntica; producida hacia adentro del pas y afectando las relaciones de produccin que en l se dan, pero tambin reformulando la posicin y los roles que asume Argentina en el mundo. Decisiones necesarias para generar, a mediano y a largo plazo, realidades beneficiosas para todos y no slo para el sector terrateniente o para el Estado recaudador.

Resulta interesante escuchar por estos das a Rafael Bielsa, ministro del gobierno que creara el modelo econmico actual, recuperar el anlisis segn el cual el cultivo de la soja genera slo un puesto de trabajo cada quinientas hectreas sembradas. En tanto que la agricultura campesina tradicional produce treinta y cinco puestos genuinos cada cien hectreas [2] .

Curioso que se use esta idea para dar solidez a medidas que probablemente favorezcan al crecimiento de los denominados pooles de siembra que se dice combatir, adems de apuntar claramente a la centralizacin del poder y al antifederalismo [3] .

Llamativo es escuchar a medios, a los mandatarios nacionales, incluso a buena parte de la sociedad, cuestionar a los productores cuando tiran leche que no pueden comercializar debido a las medidas de protesta asumidas desde el sector agrario. Cunta gente pobre, cuntos nios desposedos, comeran con eso que ahora se derrama, as sin ms?, no dudan en moralizar.

Extraa pregunta si se tiene en cuenta que el planteo es olvidado o no formulado en las condiciones normales de un pas que produce alimentos para un nmero muy superior al de su poblacin, pero en el cual ellos poseen un valor financiero como cualquier otro producto de mercado (por ejemplo, un coche de lujo). Los indigentes deben esperar estos momentos nicos de la historia, de anormalidad, en los que los trabajadores se deshacen de sus productos para poder alimentarse?

Ausentes o no reproducidos por los medios, el pas carece de debates serios, fundados, en torno al modo de produccin del campo, acerca de cmo encontrar alternativas para no ser slo productores de materias primas, y de cmo producir alimentos y trabajo para todos [4] .

Es necesario cuestionar, para comenzar, la lgica establecida en lo referente al uso de la tierra concentrada: las superficies que generan alimentos pueden ser propiedad privada, o debieran ser utilizadas socialmente?

Probablemente no se trate slo de la redistribucin ms o menos igualitaria de los espacios productivos entre cientos de pequeos terratenientes, sino de hacer un uso social de los mismos, a manos de quienes los necesiten y adems quieran trabajarlos.

Es fundamental debatir el tema, al menos tericamente y para pensar, para imaginar, para idealizar, para molestar al poder estatuido que reproduce la desigualdad, para planificar opciones

Lo contrario sera dejar intacta, como supuesto vlido, la verdad segn la cual un sujeto puede enriquecerse, en cualquier esfera de la produccin, apropindose del trabajo generado por otro y retribuyndole slo una parte de la riqueza que sus brazos han creado.

Resulta posible pensar un pas diferente, incluyente, nuevo, igualitario, justo, sin revisar las lgicas que ocultan otros intereses? Se puede dejar de reivindicar la importancia de compartir intereses verdaderamente colectivos, de tejer nuevamente lazos de solidaridad que sustenten a la sociedad en tanto conjunto?

Asociado a esto, quines se hacen cargo verdaderamente de estos ejercicios de reflexin? Asumen los sectores que se dicen progresistas una mirada realmente radical, acorde a la coyuntura actual del pas? O se han tornado pragmticos y oportunistas?

Formulados de diferente modo, estos planteos son equivalentes a preguntar por qu quienes supuestamente bogan por una transformacin significativa del orden social, toman como real este pseudoclasismo estatal que no discute efectivamente la formacin de las clases sociales; por qu apoyan un proyecto de clientelismo poltico que a estas alturas ya es monumental [5]

Pero no: eso no se toca, no se lo cuestiona o en el mejor de los casos- las crticas emergentes no son odas.

Es as que la lucha gobierno campo queda reducida a buenos contra malos, a un verdadero o falso, por momentos casi a un Boca vs. River. Y aunque tanto ruralistas como mandatarios nacionales se los disputen diciendo favorecerlos desde su sector, esta construccin dual no contempla en ningn momento a las mayoras, nunca a los desposedos, jams a los nadies, menos an a los ms antiguos moradores de estas tierras.

Mientras tanto, el debate sobre la propiedad compartida y el uso social de la tierra podra acontecer ahora, en las condiciones actuales, o cundo?



[1] Por Emiliano Bertoglio, Lic. en Ciencias de la Comunicacin. 14 de Junio de 2008. Ro Cuarto.

[2] Otros estudios menos elocuentes indican que cien hectreas de soja generan un puesto de trabajo, contra quince del algodn y cincuenta puestos de los ctricos. Estos fueron los datos que refiri en algn momento el Ministro de Economa Martn Lousteau para justificar las retenciones mviles que detonaran el actual conflicto.

[3] La aplicacin de las mencionadas medidas a las exportaciones de algunos cereales, permitirn al Poder Ejecutivo el control y manejo discrecional de gran cantidad de recursos econmicos.

[4] Se hace necesario reflexionar adems sobre otros aspectos. Primero, lo llamativo que resulta or a medios y gobierno agitar con alarma el fantasma del desabastecimiento, por momento mostrado como la nica consecuencia del conflicto. La situacin podra confirmar que para los grupos de poder la sociedad importa en tanto sociedad de consumo, antes que como clase civil poltica. El consumo es condicin para la disciplina social?

En segundo trmino, no debe dejar de llamar la atencin ver en primera fila a algunos de los empresarios e industriales que en Argentina se beneficiaron con las polticas neoliberales de los noventa, celebrando ahora los discursos presidenciales que hablan de redistribucin social

[5] An ms, vale plantear por qu muchos sectores que reivindican el signo de la izquierda, as como organizaciones y movimientos de derechos humanos, siguen siendo orgnicos a un gobierno que bebe de fuentes justicialistas pero que ante algunas manifestaciones de protesta social, amenaza y avanza con sus fuerzas de choque (institucionales o no institucionales). Contradictorio, sobre todo cuando histricamente estos espectros, siempre que fueron autnticos, denunciaron la agresin proveniente de arriba, y cuando a nivel mundial hoy ms que nunca estn claramente orientados hacia la no violencia.



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