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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2008

Las maniobras de Estados Unidos recuerdan a la historia imperialista britnica
Bush est tratando de imponer un estatuto colonial clsico a Iraq

Seumas Milne
The Guardian

Traducido del ingls por Beatriz Morales Bastos


Se tratara de lo que se tratara la guerra de Iraq, se nos dijo que, tajantemente, no se trataba del petrleo. Tony Blair afirm que esa idea era una teora conspiratoria. Se trataba de democracia y dictadura, de armas de destruccin masiva y de derechos humanos, pero no tena nada que ver con el petrleo. Donald Rumsfeld, entonces secretario de Defensa, insisti en que, literalmente, no tena nada que ver con el petrleo. Cuando Alan Greenspan, ex-presidente de la Reserva Federal estadounidense, escribi el pasado otoo: Todo el mundo lo sabe: en gran medida la guerra de Iraq tiene que ver con el petrleo, se le trat como si fuera un anciano caballero que lamentablemente hubiera perdido el sentido.

Este argumento ser mucho ms difcil de mantener a partir de la semana que viene cuando cuatro de las mayores corporaciones petrolferas del mundo occidental firmen, tal como est previsto, los contratos para renovar la explotacin de las vastas reservas petrolferas de Iraq. Inicialmente, estos contratos sern por dos aos para incentivar la produccin de los mayores campos petrolferos de Iraq. Pero los cuatro gigantes de la energa (BP, Exxon, Mobil, Shell y Total) no slo escribieron ellos mismos los contratos con el gobierno iraqu, lo que es una prctica inslita, sino que, segn se ha informado, tambin se aseguraron el derecho a ser la primera opcin de mucho ms lucrativos contratos de produccin a treinta aos que se espera se firmen una vez que se apruebe la ley [iraqu] del petrleo patrocinada por Estados Unidos, que permite que occidente se apropie totalmente del petrleo iraqu la adquisicin total [del petrleo] por parte de occidente. El Gran Petrleo est de vuelta y con fuerza.

En lo que se refiere a la propia ocupacin de Iraq la historia es parecida. Lo ltimo que haba en la mente de cualquiera cuando enormes cantidades de tanques entraban en Iraq era un control permanente de Iraq por parte de Estados Unidos, por no hablar de la recolonizacin de este pas. Se trataba de que finalmente los iraques tuvieran una oportunidad de dirigir sus propios asuntos en libertad. Pero cinco aos despus George Bush y Dick Cheney estn apretando las tuercas al gobierno iraqu instalado en la Zona Verde para que firme un acuerdo secreto de una ocupacin militar definitiva que de hecho reducira a Iraq a ser a largo plazo un Estado vasallo.

En abril me filtraron el borrador de este acuerdo marco estratgico cuya objetivo es sustituir a finales de este ao el mandato de Naciones Unidas existente. En The Guardian se publicaron detalles de este documento (incluyendo la autorizacin indefinida a Estados Unidos para llevar a cabo operaciones militares en Iraq y detener a individuos cuando se necesario por imperativas razones de seguridad) procedente de una fuente situada en el centro del gobierno iraqu. Desde entonces se ha ido desvelando mucho ms acerca del acuerdo del estatuto de fuerzas que quiere imponer el gobierno estadounidense, incluyendo ms de 50 bases militares estadounidenses, el control total del espacio areo iraqu, la inmunidad legal para militares y empresas privadas de seguridad estadounidenses, y el derecho a llevar a cabo acciones armadas por todo el pas sin consultar previamente al gobierno iraqu.

Esto va mucho ms lejos que otros acuerdos similares que Estados Unidos tiene por todo el mundo y constreira a Iraq con un estatuto permanente de pas ttere. Como es lgico, ha producido un gran revuelo en el pas y a una oposicin en Estados Unidos, donde el Congreso no votar sobre el acuerdo porque el gobierno estadounidense ha decidido no llamarlo tratado.

Pero esto evoca tambin poderosos recuerdos en Iraq que ya ha transitado antes por este camino. Despus de que Gran Bretaa invadiera y ocupara Iraq durante la Primera Guerra Mundial, impuso un tratado sorprendentemente similar a su gobierno ttere en 1930 como preparacin para la independencia nominal del pas. Exactamente igual que en la versin de Georges Bush, Gran Bretaa se adjudic a s misma bases militares, el derecho a llevar a cabo operaciones militares y la inmunidad legal para sus fuerzas, aunque los nuevos poderes estadounidenses y las restricciones a la soberana iraqu que se proponen ahora van incluso ms lejos que lo que se propona en aquel tratado colonial de antes de la guerra.

A este sentimiento de renacimiento imperialista hay que aadir que las cuatro compaas petrolferas que ahora se preparan para volver triunfalmente a Iraq eran los socios originarios en la Compaa de Petroleo Iraqu a la que en los aos veinte Bran Bretaa dio va libre para apropiarse de la riqueza iraqu en un acuerdo extraordinariamente explotador. El tratado anglo-iraqu y aquellas amargamente injustas concesiones petrolferas dominaron la poltica iraqu durante dcadas y alimentaron revueltas, alzamientos y golpes de Estado hasta que la monarqua fue derrocada, las tornas se volvieron para las compaas petrolferas y el nacionalista radical General Qassim se deshizo de los britnicos en 1958.

El 50 aniversario de la Revolucin de 1958 se conmemora oportunamente en el mes que viene. Pero Bush y Cheney perecen estar cada vez ms decididos a forzar la privatizacin del petrleo iraqu por medio tanto de su acuerdo de seguridad como de la estancada ley [del petrleo] antes de las elecciones estadounidenses. Hay indicios de que, a pesar de la intensa oposicin iraqu, una combinacin de tcticas de mano dura, de sobornos y de una leve atenuacin de las exigencias estadounidense ms extremas puede garantizar el paquete imperialista completo.

Cuando a principios de este mes Bush contradijo al primer ministro iraqu Nouri al-Maliki acerca del acuerdo de ocupacin y predijo: Apostara a que vamos a llegar a un acuerdo con los iraques, son como si supiera de lo que hablaba, lo mismo que como cuando hace dos semanas explic que tena confianza en que, despus de todo, Gordon Brown no iba a reducir la cantidad de tropas britnicas en Basora de acuerdo con el calendario establecido. Entre tanto, el ministro de Asuntos Exteriores iraqu, Hoshyar Zebari, parece de pronto igual de confiado acerca de los progresos de la ley del petrleo porque los estadounidenses son muy agudos.

Quiz estn todos empezando a creerse la propaganda de la administracin Bush de que la oleada [de tropas] ha sido un xito y que Iraq est empezando a arreglarse, a tiempo para las elecciones estadounidenses, como afirmaba la semana pasada la noticia de portada de The Economist. Se sigue dando demasiada importancia al descenso de vctimas estadounidenses y de ataques de la resistencia a los niveles de 2004, a pesar de que se reconoce ampliamente que los factores que hay detrs de este descenso son contingentes y precarios. Otro punto de vista parecera perverso dada la carnicera de slo los ltimos das (incluyendo siete soldados estadounidenses muertos desde el fin de semana y un coche bomba en Bagdad que asesin a 65 personas), lo mismo que el mordaz informe de esta semana de la oficina estadounidense encargada del recuento de vctimas acerca de las afirmaciones de progresos en Iraq hechas por la administracin.

Lo que es seguro es que si se hace tragar al pueblo iraqu el proyecto de Bush de imponer un gobierno extranjero definitivo en Iraq y de apropiarse de su petrleo, aumentar la resistencia y el bao de sangre. Por supuesto, es verdad que Estados Unidos y Gran Bretaa no invadieron Iraq slo por su petrleo. Lo que trajo la catstrofe a Iraq y un enorme peligro a Oriente Prximo y al resto del mundo fue una proyeccin del poder estadounidense en la zona del mundo ms sensible estratgicamente, con el petrleo en el centro de ello. Por esa razn la lucha para restablecer la independencia de Iraq es una cuestin que atae a mucho ms que a sus fronteras: es una necesidad global.

Enlace con el original: www.guardian.co.uk/commentisfree/2008/jun/26/usforeignpolicy.usnationalsecurity



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