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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2008

La humanidad se derrite
Vida sobre la barrera de hielo

Mike Davis
Tom Dispatch/Sin Permiso


Introduccin del editor de Tom Dispatch

Traducida del ingls para Rebelin por Germn Leyens

Para los que no se hayan dado cuenta, tal vez porque no mereci exactamente titulares en primera plana en la mayor parte del pas, James Hansen de la NASA, quien alert por primera vez hace 20 aos al Congreso de EE.UU. sobre los peligros del calentamiento global, volvi a testificar esta semana ante el Comit Selecto de la Cmara sobre Independencia Energtica y Calentamiento Global. Esta vez, present esencialmente una advertencia final sobre el tema. A menos que EE.UU. comience a actuar pronto, seal, se volver poco prctico limitar el dixido de carbono atmosfrico, el gas invernadero producido al quemar combustibles fsiles, a un nivel que impida que el sistema climtico pase ms all de puntos clave que conducen a desastrosos cambios del clima que se disparan dinmicamente fuera del control de la humanidad.

En cuanto a los elementos de un tormenta perfecta, un cataclismo global que se estn configurando, culp en especial a los directores ejecutivos de las compaas de energa fsil [quienes] saben lo que estn haciendo y conocen [las] consecuencias a largo plazo de seguir haciendo cosas como si nada estuviera pasando. Agreg que deberan, a su juicio, ser juzgados por crmenes graves contra la humanidad y la naturaleza... Preveo que testificar contra directores ejecutivos relevantes en futuros procesos pblicos. Es un pensamiento novedoso en la capital de nuestra nacin. Oh! Y mientras lo deca, probablemente debera haber agregado a George W. Bush, Dick Cheney, y su pandilla. Lo que no han hecho (y lo que han impedido que se haga) durante los ltimos ocho aos podra resultar ser su mayor crimen de todos. Hablando de pruebas in flagrante... o es hielo derretido?

Y esto es lo triste, como tantas cosas en estos ltimos aos, la nica manera por la que el calentamiento global ha recibido el ms mnimo respeto en el Washington de Bush es como tema de seguridad nacional. Gran sorpresa. La Armada, por ejemplo, ya realiz un simposio intitulado Operaciones navales en un rtico libre de hielo en abril de 2001; ahora parece que en 2010, o a ms tardar en 2015, podr cumplir su deseo por primera vez, tal vez en un milln de aos, un Ocano rtico sin hielo en el verano y una rebatia por la energa y la riqueza mineral en los polos. Una oficina del Pentgono, haciendo juegos de guerra sobre el cambio climtico en 2004, escribi un horripilante, espeluznante y apocalptico informe sobre un futuro planeta en eterno conflicto en medio de todo tipo de desastres climticos; y slo esta semana, la Comunidad de Inteligencia de EE.UU., las 16 agencias oficiales que juntan material para el gobierno, se sumaron con un sombro nuevo informe: Implicaciones para la Seguridad Nacional del Cambio Climtico Global Hasta 2030.

Como lo indic el informe de 2007 Seguridad Nacional y la Amenaza de Cambio Climtico de la organizacin aliada con las fuerzas armadas, la CNA Corporation, numerosos almirantes y generales se han estado preocupando desde hace bastante tiempo por el tema. Hay que pensar, por ejemplo, en esas bases de EE.UU. a baja altitud, como la isla de Diego Garcia en el Ocano ndico, que podran ser sumergidas. Podra el cambio climtico no solo forzar a millones a huir de tierras bajas inundadas o salinizadas, o de reas de conflictos por recursos cada vez ms escasos, sino iniciar para el Pentgono el proceso de desguarnecer el globo? (El cambio climtico podra comprometer algunas de [nuestras] bases... La prdida de algunas bases avanzadas podra requerir capacidades de aerotransporte y de ataque de mayor alcance, y aumentara las necesidades de energa de las fuerzas armadas.) Basta para que un grupo de mentalidad militar comience a preocuparse.

Ahora, en un impresionante informe desde las primeras lneas de la ciencia, Mike Davis, colaborador habitual de TomDispatch y autor de In Praise of Barbarians: Essays Against Empire [Elogio de los brbaros: Ensayos contra el Imperio], saluda la nueva era geolgica a la que entramos oficialmente, un perodo en el que la humanidad podra simple, y catastrficamente, dejar atrs a la historia. Tom

Bienvenidos al Antropoceno

Mike Davis

"la presente competicin implacable entre mercados energticos y mercados alimentarios, amplificada por la especulacin internacional en mercancas y tierras agrcolas, no es sino una modesta muestra del caos que, a no tardar, prosperara exponencialmente si llegaran a converger el agotamiento de los recursos, una desatentada desigualdad y el cambio climtico. El peligro real es que la solidaridad humana misma, como si de un saledizo de hielo del occidente antrtico se tratara, se quiebre sbitamente y salte hecha aicos, fracturada en mil pedazos."

1. Adis al Holoceno

Aunque ningn peridico norteamericano o europeo haya publicado todava su obituario cientfico, lo cierto es que nuestro mundo, el viejo mundo en el que hemos habitado los ltimos 12.000 aos, se acab.

El pasado febrero, mientras las gras suban la cubierta del piso 141 de la Torre Burj de Dubai (que pronto alcanzar una altura el doble que la del Empire State Building), la Comisin de Estratigrafa de la Sociedad Geolgica de Londres registraba la ltima y ms alta capa histrica de la columna geolgica.

La Sociedad Geolgica londinense es la ms veterana asociacin de cientficos de la Tierra se fund en 1807 y su Comisin acta como un colegio de cardenales en el registro de la escala temporal geolgica. Los estratgrafos rebanan la historia de la tierra tal como est conservada en estratos sedimentarios, jerarquizndola en eones, eras, perodos y pocas marcados por "picos ureos" de extinciones masivas, procesos sbitos de especiacin y bruscas alteraciones de la qumica atmosfrica.

En geologa, lo mismo que en la biologa o en la historia, la periodizacin es un arte complejo y controvertido, y fue el feudo de la batalla ms amarga librada en la ciencia britnica del siglo XIX, la llamada "Gran Disputa del Devnico" entre interpretaciones encontradas de los guijarros grises galeses y la vieja arenisca colorada inglesa. Ms recientemente, los gelogos han disputado enconadamente sobre el modo de perfilar las oscilaciones de los perodos glaciales en los ltimos 2,8 millones de aos. Algunos nunca han aceptado que el ltimo intervalo templado interglacial el Holoceno pudiera distinguirse como una "poca" genuina slo porque coincide con la historia de la civilizacin.

De aqu que los estratgrafos contemporneos hayan fijado unos criterios extraordinariamente rigurosos a la hora de beatificar cualesquiera divisiones geolgicas nuevas. Aunque la idea del "Antropoceno" una poca de la Tierra definida por la aparicin de la sociedad urbana industrial como fuerza geolgica ha sido debatida durante mucho tiempo, los estratgrafos se han negado a reconocer el carcter concluyente de las pruebas aportadas.

Ello es que, al menos en lo que a la London Society hace, esa posicin acaba de ser revisada.

A la cuestin "Estamos viviendo ahora en el Antropoceno?", los 21 miembros de la Comisin contestan unnimemente: "S". Aportan pruebas muy robustas de que la poca del Holoceno el trecho interglacial de clima inusualmente estable que ha permitido la rpida evolucin de la agricultura y la civilizacin urbana termin, y de que la Tierra ha entrado en "un intervalo estratigrfico sin precedentes parecidos en los ltimos millones de aos". Adems del impacto de los gases de efecto invernadero, los estratgrafos mencionan la transformacin antropognica del paisaje que "ahora rebasa en un orden de magnitud a la produccin natural [anual] de sedimentos", la ominosa acidificacin de los ocanos y la inexorable destruccin de biota.

Esta nueva era, explican, viene definida tanto por la tendencia al calentamiento (cuyo anlogo ms prximo podra ser la catstrofe conocida como el Mximo Trmico del Paleoceno-Eoceno, hace 56 millones de aos) como por la radical inestabilidad esperada en las condiciones medioambientales futuras. Con prosa sombra, alertan de que "la combinacin de extinciones, migraciones globales de especies y una substitucin masiva de la vegetacin natural por monocultivos agrcolas estn produciendo una seal bioestratigrfica distintivamente contempornea. Esos efectos son permanentes, porque la evolucin futura se dar a partir de las reservas sobrevivientes (frecuentemente redistribuidas antropognicamente)". La misma evolucin, dicho en otras o palabras, ha sido forzada a discurrir por una nueva trayectoria.

2. Descarbonizacin espontnea?

La coronacin del Antropoceno a que ha procedido la Comisin coincide con una creciente controversia cientfica a propsito del IV Informe de Asesoramiento publicado el pasado ao por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climtico (IPCC, por sus siglas en ingls). Se encarg al IPCC sentar las bases cientficas de los esfuerzos internacionales por mitigar el calentamiento global, pero algunos de los ms destacados investigadores en el rea han terminado por poner en cuestin los puntos de referencia de partida como desatentadamente optimistas, llegando a tacharlos incluso de escenarios fantaseados por un pensamiento desiderativo.

Los escenarios y puntos de referencia habituales se adoptaron por el IPCC en 2000, a fin de construir modelos sobre las emisiones globales futuras y se basaban en distintas "lneas narrativas" sobre el crecimiento de la poblacin y el desarrollo tecnolgico y econmico. Algunos de los escenarios ms importantes tomados por el Panel como punto de partida son bien conocidos por los decisores polticos y por los activistas contra el efecto invernadero, pero muy pocos , fuera de la comunidad cientfica, han ledo realmente o comprendido la letra pequea, particularmente la confianza del IPCC en que una mayor eficiencia energtica vendr, como un producto lateral "automtico", del desarrollo econmico futuro. En realidad, todos los escenarios, incluidas sus variantes ms habituales y descontadas, asumen que al menos un 60% de la reduccin futura de carbono se dar de modo completamente independiente de las medidas adoptadas para mitigar el efecto invernadero.

El Panel, en efecto, se ha jugado el rancho en realidad, el Planeta apostando por un progreso dirigido por el mercado hacia una economa mundial pos-carbono, una transicin que, por implicacin, requiere la creacin de riqueza partiendo de unos precios energticos ms elevados que nos hagan desembocar espontneamente en nuevas tecnologas y en una energa renovable. (La Agencia Internacional de Energa estim recientemente que costara 45 billones de dlares reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en 2050.) Los acuerdos por el estilo del de Kyoto y los mercados de carbono estn pensados casi como un anlogo de las "inversiones de relanzamiento" keynesianas para salvar el hiato entre la descarbonizacin espontnea de la economa y los objetivos de emisiones requeridos para cada escenario. Y mira qu casualidad, eso reduce los costes de mitigar el calentamiento global exactamente al nivel que se considera, al menos tericamente, polticamente posible, segn se explica en el nmero de 2006 de la britnica Stern Review on the Economics of Climate Change y en otros informes de este tipo.

Sin embargo, los crticos sostienen que eso no es sino un acto de fe que subestima radicalmente los costos econmicos, los obstculos tecnolgicos y los cambios sociales necesarios para dominar el crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las emisiones europeas de carbono, por ejemplo, siguen creciendo todava (espectacularmente, en algunos sectores), a pesar de la muy elogiada adopcin, por parte de la UE, de un sistema de cupos de emisin de carbono en 2005. Anlogamente, pocos indicios han podido verse en los ltimos aos de progreso automtico en materia de eficiencia energtica, lo que es el sine qua non de los escenarios contemplados por el IPCC. Aunque The Economist, cmo no, difiere, lo cierto es que el grueso de los investigadores cree que, desde 2000, la intensidad energtica no ha dejado de crecer; es decir, que las emisiones globales de dixido de carbono han mantenido el ritmo, si no lo han rebasado marginalmente, del uso de la energa.

La produccin de carbn, sealadamente, est experimentando un espectacular renacimiento: hasta en eso se ve la sombra espectral del siglo XIX cernindose sobre el siglo XXI. Centenares de miles de mineros trabajan ahora, en condiciones que horrorizaran a Charles Dickens, en la extraccin del sucio mineral que permite a China abrir dos centrales trmicas de carbn por semana. Y las predicciones actuales apuntan a que el consumo total de combustibles fsiles crecer al menos un 55% en la prxima generacin, con unas exportaciones de petrleo que doblarn su volumen actual.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Econmico, que ha elaborado un estudio propio sobre los objetivos energticos sostenibles, advierte de que se necesitar "una disminucin en 2050 del 50% de los niveles de emisin de gases de efecto invernadero a escala global que se daban en 1990", si se quiere mantener a la humanidad fuera de la zona roja del calentamiento desbocado (ms de dos grados centgrados en este siglo, segn la definicin habitual). Sin embargo, la Agencia Internacional de Energa predice que, con toda probabilidad, esas emisiones subirn en ese perodo cerca de un 100%: gases de invernadero bastantes para empujarnos varios puntos crticos ms all de esa zona.

Aun si los acrecidos precios de la energa estn llevando a la extincin a los vehculos 4x4 y atrayendo ms capital riesgo hacia las energas renovables, tambin estn abriendo la caja de Pandora de la ms cruda produccin de crudo en las arenas betuminosas del Canad y en los yacimientos de petrleo pesado de Venezuela. Como advirti un cientfico britnico, lo ltimo que deberamos desear (bajo la espuria consigna de la "independencia energtica) son nuevas fronteras de avanzada en la "capacidad humana para acelerar el calentamiento global" y el retraso de la urgente transicin hacia "ciclos energticos no carbnicos, o, si carbnicos, cerrados".

3. El boom del fin del mundo

Qu confianza hay que otorgar a la capacidad de los mercados para reasignar las inversiones de la energa vieja a la nueva, o, pongamos por caso, del gasto armamentstico a la agricultura sostenible? Estamos sometidos a una incesante propaganda (sobre todo por parte de la televisin pblica), conforme a la cual megaempresas como Chevron, Pfizer Inc y Archer Daniels Midland estn trabajando sin desmayo para salvar el planeta reinvirtiendo sus beneficios en lneas de investigacin y de exploracin que resultarn en combustibles bajos en carbono, nuevas vacunas y cosechas ms resistentes a las sequas.

Segn tan elocuente como espantosamente sugiere la experiencia del actual boom del etanol extrado del grano que ha desviado 100 millones de toneladas de grano del consumo humano para derivarlas sobre todo a los motores de los automviles norteamericanos, el "biocombustible" bien podra ser una eufemismo de subsidios a los ricos y hambre para los pobres. Anlogamente, el "carbn limpio", a pesar de su enftica aceptacin por parte del senador Barack Obama (un campen, tambin, del etanol), no es, hasta el presente, sino un fraude monumental: una campaa de publicidad y cabildeo, por valor de 40 millones de dlares, a favor de una hipottica tecnologa que BusinessWeek ha reputado estar "a dcadas de distancia de cualquier viabilidad comercial".

Adems, hay inquietantes indicios de que las compaas y las plantas energticas se estn desdiciendo de sus compromisos pblicos en favor del desarrollo de tecnologas apresadoras de carbono y de tecnologas para energas alternativas. El proyecto de la administracin Bush "para la galera", FutureGen, ha sido abandonado este ao luego de que la industria del carbn se negara a pagar la parte que le corresponda en la "sociedad emprendedora" pblico-privada; anlogamente, el grueso de las iniciativas del sector privado estadounidense para capturar carbono han sido canceladas hace poco. Entretanto, en el Reino Unido, Shell acaba de desligarse del mayor proyecto mundial de energa elica, el London Array. A pesar de sus heroicas campaas publicitarias, las corporaciones energticas, como las farmacuticas, prefieren la sobresquilmacin del pasto comn, dejando que los impuestos, no los beneficios, sufraguen toda investigacin urgente emprendida ahora con mucho retraso.

Por otro lado, el botn arrancado a los elevados precios energticos sigue fluyendo hacia los bienes races, hacia los rascacielos y hacia los activos financieros. Estemos o no ahora realmente en el Pico de Hubbert el momento en que ha de alcanzarse la cumbre de extraccin de petrleo, termine o no estallando finalmente la burbuja de los precios del petrleo, a lo que probablemente estamos asistiendo es a la mayor transferencia de riqueza de la historia moderna.

Un eminente orculo de Wall Street, el McKinsey Global Institute, predice que, si los precios del crudo se mantienen por encima de los 100 dlares por barril acaban de rebasar los 140, slo los seis pases del Consejo de Cooperacin del Golfo "llegarn a acumular de aqu a 2020 una suma rayana en los 9 billones de dlares". Como en la dcada de los 70, la Arabia Saudita y sus vecinos del Golfo Prsico, cuyo PIB conjunto prcticamente se ha doblado en tres aos, nadan en liquidez: 2,4 billones de dlares en bancos y fondos de inversin, segn una estimacin reciente de The Economist. Con independencia de las tendencias de los precios, la Agencia Internacional de Energa predice que "cada vez ms petrleo proceder de cada vez menos pases, sobre todo de los miembros de la OPEC radicados en Oriente Medio".

Dubai, que saca pocos ingresos del petrleo, se ha convertido en el hub financiero de la zona para este inmenso charco de riqueza, y abriga la ambicin de llegar a competir con Wall Street y la City de Londres. Durante el primer shock petrolfero de los 70, el grueso del excedente de la OPEC se recicl con compras militares en los EEUU y Europa, o se estacion en bancos extranjeros para llegar a convertirse en los prstamos subprime de la poca, que terminaron con la devastacin de Amrica Latina. Tras los ataques del 11 de Septiembre, los Estados del Golfo se hicieron harto ms cautos a la hora de confiar su riqueza a pases gobernados, como los EEUU, por fanticos religiosos. Ahora se sirven de "fondos soberanos" para conseguir una propiedad ms activa en las instituciones financieras extranjeras, mientras que invierten fabulosas sumas procedentes de las rentas petrolferas para transformar los desiertos de Arabia en ciudades hiperblicas, parasos de la compra de objetos de lujo e islas privadas para estrellas britnicas del rock y gnsteres rusos.

Hace dos aos, cuando los precios del petrleo eran menos de la mitad que los actuales, The Financial Times estim que las edificaciones nuevas previstas en la Arabia Saudita y en los Emiratos rebasaban ya el billn de dlares. Hoy, puede que est ya ms cerca del billn y medio, una cifran notablemente superior a la del valor total del comercio mundial de productos agrcolas. La mayora de las ciudades-estado del Golfo estn construyendo alucinantes skylines. La incuestionable estrella en eso es Dubai; en poco ms de una dcada ha levantado 500 rascacielos, y ahora mismo, tiene ocupada a una cuarta parte de todas las gras de altura del mundo.

Este requintado boom del Golfo, que para la celebridad arquitectnica Rem Koolhaas esta "reconfigurando el mundo", ha llevado a los propiciadores del desarrollo de Dubai a proclamar el advenimiento de un "estilo de vida supremo", representado por hoteles de 7 estrellas, islas privadas y yates de clase J. No resulta, pues, sorprendente que los Emiratos rabes Unidos y sus vecinos registren la mayor huella ecolgica per capita del planeta. Al propio tiempo, los legtimos propietarios de la riqueza petrolfera rabe, las masas hacinadas en los airados suburbios de Bagdad, El Cairo, Amman y Jartum, apenas sacan de ello sino un degoteo de puestos de trabajo en los campos petrolferos y de madrassas subvencionadas por los sauditas. Mientras los viajeros disfrutan de sus habitaciones de 5.000 dlares por noche en Burj Al-Arab, el celebrado hotel veliforme de Dubai, la clase obrera cairota causa alborotos en las calles, sublevada por el inasequible precio del pan.

4. Pueden los mercados emancipar a los pobres?

Los optimistas sobre las emisiones, ni que decir tiene, sonreirn de oreja a oreja y traern a colacin el milagro del comercio de las emisiones de carbono. Lo que pasan por alto es la muy real posibilidad de que pueda, en efecto, aparecer un mercado de compraventa de ttulos de emisiones, como se predice, pero que ese mercado no produzca sino una nfima mejora en el balance contable global del carbono, mientras no se disponga de un mecanismo que obligue a reducciones netas en el uso de los combustibles fsiles.

En discusiones populares sobre los sistemas de comercio de derechos de emisin suelen confundirse chimeneas con rboles. Por ejemplo, el rico enclave petrolfero de Abu Dhabi (como Dubai, un socio de la Unin de Emiratos rabes) se jacta de haber plantado ms de 130 millones de rboles, cumpliendo todos y cada uno de ellos con su tarea de absorber dixido de carbono arrebatado a la atmsfera. Sin embargo, ese bosque artificial en el desierto consume gigantescas cantidades de agua de irrigacin producida, o reciclada, por carsimas plantas desalinizadoras. Bien pueden los rboles consentir que Sheik Califa bin Zayed se adorne con una vitola de respetabilidad en las reuniones internacionales, que el hecho puro y duro es que esos rboles no constituyen sino una nsula intensiva en energa, como el grueso del llamado capitalismo verde.

Y llegados aqu, no es ocioso preguntarse: qu, si la compraventa de crditos de carbono y cupos de contaminacin fracasa en punto a rebajar el termostato? Qu, exactamente qu, motivara entonces a los gobiernos y a las industrias globales a juntar fuerzas en una cruzada para reducir las emisiones mediante la regulacin y la fiscalidad?

La diplomacia la Kyoto parte del supuesto de que la totalidad de los grandes actores, una vez aceptadas las conclusiones cientficas del informe del IPCC, reconocern como inters comn supremo el de llegar a controlar el catastrfico curso del efecto invernadero. Pero el calentamiento global no es la Guerra de los mundos, en la que los invasores marcianos se dedican a aniquilar a la humanidad toda, sin distinciones. No: el cambio climtico comenzar produciendo impactos espectacularmente desiguales en distintas regiones y clases sociales. Reforzar, no mitigar, la desigualdad geopoltica y el conflicto.

Como destacaba el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en su informe del ao pasado, el calentamiento global representa sobre todo una amenaza para los pobres y para los por nacer, "los dos grupos humanos con poca o ninguna voz". La accin global coordinada en su favor, as pues, presupone, o bien la toma revolucionaria del poder por su parte (un escenario no contemplado por el IPCC), o bien la transmutacin del inters egosta de los pases y las clases sociales ricos en una "solidaridad" ilustrada que no tiene precedentes en la historia. Desde la perspectiva de un actor racional, el ltimo resultado slo cobrara realismo si pudiera demostrarse que los grupos privilegiados no tienen opcin preferencial alguna de "salida", si la opinin pblica internacionalista condicionara efectivamente las tomas de decisin polticas en los pases claves y si la mitigacin de las emisiones de gases de efecto invernadero pudiera lograrse sin sacrificar drsticamente los desapoderados niveles de vida del hemisferio norte. Ninguna de esas condiciones parece muy probable.

Y qu pasara, si el creciente malestar ambiental y social, en vez de galvanizar heroicos esfuerzos en pos de la innovacin y la cooperacin internacional, simplemente empujara a las elites a intentos an ms frenticos para, atrincheradas, desligar su suerte de la del resto de la humanidad? La mitigacin global, en ese inexplorado pero nada improbable escenario, sera tcitamente abandonada (hasta cierto punto, ya lo ha sido) a favor de una acelerada inversin en la adaptacin selectiva de los pasajeros de primera clase del planeta Tierra. De lo que aqu se tratara es de crear oasis verdes debidamente vallados de prosperidad incrustados en planeta devastado.

Huelga decirlo: habr tratados, crditos de carbono, alivio puntual para las hambrunas, acrobacia humanitaria y, acaso, la conversin plena de algunas ciudades y de algunos pequeos pases europeos a la energa alternativa. Pero el giro hacia estilos de vida fundados en emisiones cero o muy bajas, resultara inconcebiblemente caro. (En Gran Bretaa, construir ahora una eco-casa de "nivel 6" cero carbono cuesta unos 200.000 dlares ms que una casa corriente en la misma zona.) Y resultar an ms inconcebible tal vez despus de 2030, cuando los impactos convergentes del cambio climtico, el pico del petrleo, el pico del agua y 1.500 millones ms de seres humanos en el planeta empiecen posiblemente a estrangular el crecimiento.

5. La deuda ecolgica del Norte

La verdadera cuestin es esta: llegarn los pases ricos a movilizar la voluntad poltica y los recursos econmicos que se precisan para conseguir los objetivos del IPCC o, lo que viene a ser lo mismo, para ayudar a los pases pobres a adaptarse a la cuota inevitable, ya "comprometida", de un calentamiento que se est ahora abriendo paso hacia nosotros a travs de la ralentizacin de la circulacin ocenica?

Ms plsticamente dicho: soltarn los electorados de las naciones ricas su actual fanatismo intolerante y se desharn de los valladares fronterizos para admitir refugiados procedentes de los seguros epicentros de sequa y desertificacin en que se convertirn el Magreb, Mxico, Etiopa y Pakistn? Y los norteamericanos, el pueblo ms pauprrimo si se concepta por su contribucin per capita a la ayuda exterior, se mostrarn dispuestos a aumentarse a s mismos los impuestos, a fin de ayudar a realojar a los millones de seres humanos que presumiblemente se quedarn sin hogar, barridos por las inundaciones que sufrirn regiones megadlticas densamente pobladas, como Bangladesh?

Los optimistas orientados al mercado, una vez ms, apelarn a programas de compra de y compensacin por emisiones de carbono como el Clean Development Mechanism (mecanismo de desarrollo limpio), el cual, sostienen, permitir que fluya al tercer mundo capital verde. Pero el grueso del tercer mundo probablemente prefiera que el primer mundo reconozca el desastre ambiental que ha creado y que asuma sus responsabilidades. Con razn rechazan la idea de que la carga principal del ajuste a la poca del Antropoceno tenga que caer sobre quienes menos han contribuido a las emisiones de carbono y menos beneficios han recibido de 200 aos de industrializacin.

En un sobrio estudio que acaba de publicarse en los Proceedings of the [U.S.] National Academy of Science, un equipo de investigacin ha tratado de calcular los costes medioambientales de la globalizacin econmica desde 1961, manifestados en la deforestacin, el cambio climtico, la sobrepesca, la destruccin de la capa de ozono, la erradicacin de los manglares y la expansin de la agricultura. Luego de proceder a unos ajustes para incorporar las cargas relativas de los costes, lo que descubren es que los pases ms ricos, con sus actividades, habran generado el 42% de la degradacin medioambiental del planeta, habindose hecho cargo de no ms del 3% de los costos resultantes.

Los radicales del Sur apuntarn tambin, y con razn, a otra deuda. Durante 30 aos, las ciudades en el mundo en vas de desarrollo han crecido a velocidad de vrtigo sin ninguna inversin pblica proporcional en servicios de infraestructura, vivienda o salud pblica. En buena parte, eso ha sido el resultado de deudas contradas por dictadores, de pagos forzados por el FMI y de sectores pblicos desjarretados por los acuerdos de "ajuste estructural" impuestos por el Banco Mundial.

Ese dficit planetario de oportunidades y de justicia social queda reflejado en el hecho de que ms de 1.000 millones de personas, de acuerdo con NNUU-Habitat, vivan actualmente en villas miseria; una cifra que, segn se estima, se doblar en 2030. Un nmero igual, si no mayor, sobrevive ms mal que bien en el sector informal (un eufemismo del primer mundo para referirse al desempleo masivo).Y un puro impulso demogrfico traer consigo un incremento de la poblacin urbana mundial cifrado en 3.000 millones de personas en los prximos 40 aos (el 90%, en ciudades pobres): nadie, absolutamente nadie, tiene la menor idea del modo en que un planeta de ciudades miseria, con crisis energticas y alimenticias in crescendo, podr subvenir a la supervivencia biolgica de esa gente, y no digamos a sus inevitables aspiraciones a una felicidad y una dignidad bsicas.

Si lo que llevo dicho parece indebidamente apocalptico, tngase en cuenta que la mayora de los modelos climticos proyectan impactos que, estupefacientemente, vienen a reforzar la presente geografa de la desigualdad. Uno de los analistas pioneros de la economa del calentamiento global, el investigador del Petersen Institute William R. Cline, public recientemente un estudio pas a pas de los efectos probables del cambio climtico sobre la agricultura en las dcadas finales del presente siglo. Aun en las estimaciones ms optimistas, los sistemas agrcolas de Pakistn (prediccin: un 20% de decremento del actual nivel de produccin agropecuaria) y del noroeste de la India (un 30% de decremento) quedarn probablemente devastados, junto con el grueso de los del Oriente Prximo, el Magreb, el cinturn del Shel, el frica austral, el Caribe y Mxico. Veintinueve pases en vas de desarrollo perdern un 20% o ms del volumen de su actual produccin agropecuaria por causa del calentamiento global, mientras que la agricultura en el ya rico Norte recibir probablemente un estmulo de una media del 8%.

A la luz de esos estudios, la presente competicin implacable entre mercados energticos y mercados alimentarios, amplificada por la especulacin internacional en mercancas y tierras agrcolas, no es sino una modesta muestra del caos que, a no tardar, prosperara exponencialmente si llegaran a converger el agotamiento de los recursos, una desatentada desigualdad y el cambio climtico. El peligro real es que la solidaridad humana misma, como si de un saledizo de hielo del occidente antrtico se tratara, se quiebre sbitamente y salte hecha aicos, fracturada en mil pedazos.

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Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. Mara Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mnica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueos, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tarda (Universidad de Valencia, Valencia, 2007). Sus libros ms recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) and Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traduccin castellana en prensa en la editorial El Viejo Topo). Actualmente, est escribiendo un libro sobre ciudades, pobreza y cambio global.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Marta Domnech y Mnima Estrella

http://www.tomdispatch.com/post/174949/mike_davis_welcome_to_the_next_epoch

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1954



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