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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2008

La problemtica del sujeto y los desafos para la teora de la educacin

Jorge Luis Acanda
biblioteca.filosofia.cu


El concepto de educacin es ms amplio que el de enseanza. No apunta slo al aprendizaje de conocimientos, sino al anlisis del conjunto de todas las estructuras e instituciones que condicionan la formacin de la subjetividad de las personas, sus procesos de socializacin e individuacin, el desarrollo de sus potencialidades y capacidades. El objetivo de la educacin, entendida en esta acepcin abarcadora, es el de contribuir a la formacin de seres humanos imbuidos de aquellos valores que consideramos positivos. La siguiente formulacin de Federico Mayor es indicativa al respecto: Educar es ms que informar e instruir; es forjar la mente y el carcter de un ser humano y dotarlo de autonoma suficiente para que alcance a razonar y decidir con la mayor libertad posible, prescindiendo de influencias ajenas, de tpicos y lugares comunes. Es fomentar el desarrollo de una vida espiritual propia y diferenciada, de gustos y criterios autnticos. [1]

Es evidente que esta concepcin sobre la educacin parte de un supuesto que convencionalmente podemos llamar filosfico: asumir al individuo como un ente dotado de la capacidad de actuar, de determinar racionalmente los objetivos y modos de su actividad, y de conformarse a s mismo en la medida en que conforma su entorno. Actividad, racionalidad y auto-creacin son tres principios bsicos sin los cuales sera imposible fundamentar una teora de la educacin. Los mismos que se han intentado expresar en forma sistematizada por la filosofa con la categora de sujeto desde hace ms de 300 aos. La problemtica del sujeto, por lo tanto, resulta ser un punto de confluencia entre la teora de la educacin y el pensamiento filosfico. Esta confluencia encontr clara expresin en la Ilustracin, que se pens a s misma como un movimiento filosfico encaminado al perfeccionamiento del individuo y la sociedad. La definicin presentada por Kant es bien clara al respecto: Ilustracin es la liberacin del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su propia inteligencia sin la gua de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisin y valor para servirse de s mismo de ella sin la tutela de otro. Sapere aude! Ten el valor de servirte de tu propio conocimiento! Este es, pues, el tema de la Ilustracin. [2] Las similitudes entre este pasaje de Kant y el anteriormente citado de Federico Mayor, pese a los dos siglos que separan a sus autores, demuestran que la pretensin a la madurez [3] del individuo (entendida como autodeterminacin racional) se ha mantenido como un principio irrenunciable, que funciona como elemento comn que articula la reflexin filosfica con la educativa, y convierte al tema del sujeto en un aspecto de comn atencin.

Kant reformul la filosofa en trminos de teora crtica precisamente al redefinir el objeto de estudio de la filosofa en torno a la problemtica del sujeto. La famosa revolucin copernicana, operada por este pensador a fines del siglo XVIII, implic la conviccin de que la filosofa, para dejar de ser especulacin, tena que centrar su reflexin en el anlisis de las condiciones de posibilidad y los lmites de las facultades racionales del sujeto. Desde entonces, la problemtica del sujeto se convirti en el centro de una reflexin filosfica de nuevo tipo.

Pero el sujeto no es slo bien comn a la filosofa y la teora de la educacin. En los ltimos aos, el recurso al sujeto forma parte sustancial no slo del universo conceptual de ciencias sociales como la psicologa y la tica, sino tambin de la teora poltica y del discurso poltico de izquierda. Desde este se invoca la necesidad de que las masas populares se conviertan en sujetos polticos y sociales, de contribuir a la estructuracin de estos sujetos, etc. Curiosamente, sin embargo, ahora que el trmino sujeto, que fue creado por la filosofa, goza de una aceptacin y utilizacin que la trasciende a ella e incluso al campo del pensamiento terico, existe otra vertiente de la produccin filosfica contempornea que lo rechaza, acumulando sobre l todo tipo de acusaciones. Las as llamadas teoras de la postmodernidad impugnan la categora de sujeto, identificando este instrumento conceptual con el pensamiento totalitario y con prcticas polticas represivas y uniformizadoras. Por qu este ataque desde la filosofa (o por mejor decir, desde una cierta filosofa) al sujeto, y qu consecuencias tiene para esa pretensin a la madurez, tan cara a la teora crtica y a la teora de la educacin?

 

La problemtica del sujeto en la teora crtica.

La categora de sujeto es el resultado ms significativo de la filosofa moderna. Entendemos por filosofa moderna la que surge a fines del siglo XVI como expresin especfica de los intereses de la naciente burguesa. Al crear la figura conceptual del sujeto, esta filosofa manifestaba su rechazo a la ideologa clerical-feudal y su interpretacin del hombre como ser pasivo y subordinado a un orden invariable por divino. Con el trmino sujeto se quiso expresar la capacidad activa y transformadora del ser humano, el carcter racional de su actividad y su pensamiento. Ms que hablar de la categora de sujeto, debemos referirnos a la problemtica del sujeto, pues en este concepto se anudan e interrelacionan un conjunto de temas fundamentales del filosofar moderno, tales como la cuestin de la razn y la racionalidad, de la actividad y la prctica, de la totalidad y de la enajenacin.

La concepcin de Descartes puede ser tomada como paradigmtica de la interpretacin clsica del sujeto que se fij inicialmente en la filosofa moderna: el sujeto como ente autocentrado, incondicionado, omnipotente, transperente, absolutamente racional. La filosofa moderna estableci como cometido el estudio de la relacin de apropiacin cognoscitiva del objeto por el sujeto. Kant marc un hito al destacar que para poder aprehender la esencia de ese proceso, era preciso abandonar la concepcin cartesiana del sujeto autocentrado para reflexionar sobre los elementos que condicionan la actividad gnoseolgica del individuo. Con ello elev la reflexin filosfica sobre el sujeto a un estadio superior. La filosofa para poder realizar su cometido, tena que convertirse en filosofa crtica. Hegel retom esta idea, y la concretiz an ms. A diferencia de Kant, que entenda las estructuras que condicionaban la actividad racional del hombre como estructuras a priori, existentes desde siempre en la razn humana, Hegel las interpret como estructuras histricas, que cambiaban con la evolucin de la sociedad. Esas estructuras histricas condicionaban no slo la actividad cognoscitiva, sino toda las formas de subjetividad social. El programa filosfico hegeliano constituy un parteaguas en la historia del pensamiento terico: la filosofa crtica deba estudiar la totalidad de los modos de objetivacin de los individuos para poder aprehender las determinaciones esenciales de sus formas de subjetivacin. Toda la historia posterior de la filosofa ha sido un debate en torno a la pertinencia o no de este programa, y de sus vas de realizacin.

Marx asumi este programa, y lo desarroll reformulando los trminos de su planteamiento. Destac el carcter no slo histrico, sino tambin social de las estructuras condicionadoras de la actividad humana. Entendi esta actividad no slo como actividad espiritual, sino como actividad material, como prctica, y coloc la interpretacin dialctico-materialista de la produccin en el centro de su teora. Esas estructuras sociales que condicionan la actividad humana son, a la vez, resultado de esta. Al producir su vida material, los hombres establecen entre ellos una red de relaciones sociales, que condicionan a la vez sus formas de subjetividad. Esas relaciones sociales son tanto (y simultneamente) relaciones de los hombres con los objetos (relaciones objetuales) como relaciones de los hombres entre s (relaciones intersubjetivas). Con esto, se transit un escaln decisivo en la conceptualizacin crtica sobre el sujeto: en primer lugar, se pas de la concepcin sobre El Sujeto (con mayscula y en singular) a la conceptualizacin sobre los sujetos (en minscula y en plural); en segundo lugar, la superacin de la trascendencia y a la vez la despersonalizacin de la imagen del sujeto. Marx no entendi al sujeto como un principio ideal (al estilo del Espritu Absoluto hegeliano) ni lo identific con el individuo. Los sujetos no son simplemente los individuos, entendiendo por tales a entes dados de una vez para siempre, creadores demirgicos de la realidad, sino los individuos entendidos como nudos de relaciones sociales, productos a la vez que productores, creadores de esas relaciones sociales a la vez que objetos de la accin de esas fuerzas.

La teora marxiana signific un momento importante en el ataque a la concepcin cartesiana del sujeto autocentrado, pero ataque que se mantuvo dentro de los marcos de una teora crtica que se entenda a s misma no como negacin sino como superacin de los objetivos de la filosofa moderna y de la Ilustracin. Albrecht Wellmer destaca otros tres embates importantes al cartesianismo en la cuestin del sujeto: la crtica psicoanaltica, la crtica lingstica y la crtica a la razn instrumental. [4] Todas estas crticas intentaban superar la especulacin en la interpretacin del sujeto, concretizar su conceptualizacin, pero no negar su importancia como instrumento terico. Pero en los ltimos decenios se ha manifestado en la filosofa otro tipo de embate, dirigido no a la interpretacin cartesiana del sujeto, sino al rechazo total de este concepto - o por mejor decir, a la problemtica expresada en forma concentrada en el mismo.

 

El ataque de las teoras de la postmodernidad.

Postmodernidad y postmodernismo son conceptos muy utilizados en la actualidad. Comnmente se entiende por postmodernismo a un conjunto de proposiciones, valores o actitudes que, independientemente del grado de su validez terica, no puede negarse que existen y funcionan ideolgicamente como parte de la cultura, la sensibilidad o la situacin espiritual de nuestro tiempo. [5] El rechazo a la totalidad y a los grandes relatos, el culto al fragmento y a la diferencia, los usos del desorden, la irona, el relativismo, la actitud ldica, el desnimo, son rasgos de esta sensibilidad. A qu se debe la existencia y difusin de esta situacin espiritual? Para algunos, el postmodernismo se corresponde con la existencia de una nueva poca, la postmodernidad, por la que entienden a un perodo histrico distinto a la modernidad en el sentido de que los nuevos tiempos se sustraen a la lgica de desarrollo que imperaba en aquella.

Para poder dirimir si realmente la existencia del postmodernismo como fenmeno cultural implica la muerte de la modernidad y la existencia de la postmodernidad, es preciso aclarar el concepto de modernidad. Aqu encontramos dos interpretaciones diferentes. Una, muy extendida, arranca de Weber, y se afianz en una lectura selectiva de las ideas expresadas por Adorno y Horkheimer en Dialctica de la Ilustracin. Entiende a la modernidad exclusivamente como racionalizacin creciente, normalizacin y dominio de estructuras sociales represivas, como expansin ilimitada de una racionalidad hostil al individuo. Pero esta es una interpretacin unilateral, que toma en cuenta solamente un aspecto de la modernidad. Considero ms adecuada una segunda lnea interpretativa, que arranca con Hegel y se continu con Marx, y ms recientemente con pensadores como Karl Polanyi, Anthony Giddens y Alain Touraine [6] , y en la que se entiende a la modernidad tomando como punto de partida su ambivalencia y su tensionalidad interna. La modernidad es entendida como la poca histrica que se abre con el desarrollo del modo de produccin capitalista y que tiene como su acta de nacimiento a la Ilustracin y a la Revolucin Industrial. La lgica de la explotacin capitalista impone el carcter dual de la modernidad: por un lado impone la racionalizacin y por el otro provoca el desarrollo de la subjetividad.

Es evidente que podemos negar la existencia de una poca postmoderna, animada por una lgica diferente a la del capitalismo. Como convincentemente argumenta Giddens, no vivimos el fin de la modernidad, sino la agudizacion de sus caractersticas y contradicciones. [7] Es interesante apuntar que el mximo difusor del concepto de postmodernidad, el francs J. F. Lyotard, ha destacado siempre que entiende la postmodernidad no como una poca histrica posterior y diferente a la modernidad, sino como un fenmeno cultural dentro de la modernidad. En 1987 afirm que ...el trmino postmodernidad es un falso nombre, un seudnimo que tom inicialmente de los arquitectos italianos y de una determinada corriente de la crtica literaria norteamericana. ... Yo dira que se trata de algo que ha estado siempre inscrito en la modernidad... Y un ao ms tarde agregara: La postmodernidad no es una nueva edad, sino la reescritura de algunos de los rasgos de que se reclama la modernidad, y ante todo de su pretensin de fundar su legitimidad en el proyecto de liberar a la humanidad como un todo a travs de la ciencia y la tecnologa. Excepto que, como ya he dicho, este reescribirse a s misma lo viene practicando la propia modernidad desde hace mucho tiempo. [8]

Esta segunda cita me parece importante. Ms all de su valoracin sobre el carcter de la poca actual, las teoras de la postmodernidad rechazan a la modernidad (y en ocasiones proclaman su fin) debido al fracaso de su proyecto de liberacin de la humanidad mediante el alcance de la autonoma racional. El concepto de sujeto, punto central de ese proyecto, es tambin vrtice en el que concentran sus ataques. Las ideologas de la modernizacin cifraron en el despliegue de la capacidad cognoscitiva y productiva del sujeto la garanta del advenimiento de una sociedad mejor. Pero ocurri todo lo contrario: el desarrollo de la ciencia y la tcnica no trajeron la felicidad, sino la destruccin y la alienacin del individuo. Las teoras postmodernas se consideraron legitimadas a proceder a la demolicin de todas aquellas nociones mayestticas (tales como las de Verdad, Sujeto, Fundamento) que han protegido siempre los flancos de los discursos y las prcticas totalitarias. Al rechazar estas ideologas, procedieron a impugnar lo que consideraban los fundamentos conceptuales de la represin, olvidando que estas figuras conceptuales, tratadas y entendidas de otro modo, constituan tambin los pilares tericos de cualquier proyecto liberador. Snchez Vzquez ha sealado que el carcter de las teoras de las postmodernidad se capta sobre todo a travs de aquello que rechazan, [9] y hace un recuento de sus negaciones fundamentales: ellas niegan el proyecto de emancipacin, a los que califican de metarrelatos carente de legitimacin; niegan el concepto mismo de fundamento, planteando la imposibilidad de fundamentar racionalmente cualquier proyecto de reconstruccin de lo social; por ltimo, descalifican la accin, con lo que niegan al sujeto, pues el sujeto es accin (y viceversa) y proclaman la muerte del sujeto.

Al proclamar la muerte del sujeto, las teoras de la postmodernidad continan los ataques de las corrientes del postestructuralismo francs al sujeto. Pero aqu es preciso hacer dos salvedades. En primer lugar, las numerosas teoras producidas en Francia entre fines del cincuenta y mediados de los setenta de este siglo, y denominadas convencionalmente como estructuralismo y postestructuralismo, tenan como objetivo retomar una idea tan vieja como la teora crtica misma: destacar el carcter condicionante de las estructuras sociales objetivas sobre la actividad de los hombres. Al atacar al sujeto, buscaban impugnar (con mayor o menor fortuna) una utilizacin de esta figura conceptual que estaba presente y reinante en las ciencias sociales (sobre todo la historia), que asuma al individuo como sujeto constituyente transhistrico. [10] Pero no todo el estructuralismo o postestructuralismo asumi las posiciones irracionalistas que fueron despus tpicas de las teoras de la postmodernidad. Y esta es la segunda salvedad hacia la que quiero llamar la atencin. Alex Callinicos ha destacado con toda razn que con el trmino postestructuralismo agrupamos dos lneas distintas pero relacionadas de pensamiento. Una, textualista, representada por Derrida, que estudia solamente las prcticas discursivas y que considera que los discursos constituyen al sujeto (con lo que el sujeto termina siendo una simple invencin narrativa), y otra, llamada postestructuralismo mundano (concepto que Callinicos toma de Edward Said) que estudia la articulacin de las prcticas discursivas y las no discursivas, y que tiene su ms conspicuo representante en Michel Foucault. [11] Las teoras de la postmodernidad son herederas solamente de la primera forma, textualista, del postestructuralismo.

Es preciso destacar el carcter esencialmente reaccionario y desmovilizador de la actividad transformadora que tienen las teoras de la postmodernidad. La critica postmodernista absolutiza el potencial destructivo de la modernidad. No tienen en cuenta que las crticas que se le hacen a la modernidad arrancan de la ambivalencia de esta, de su carcter liberador a la vez que instrumentalizador. Su rechazo al concepto de sujeto (y a toda la problemtica asociada a la misma) se apoya en procesos reales: la disolucin de la subjetividad, la fragmentacin del individuo, provocadas por la modernizacin capitalista, la divisin del trabajo y la disolucin de la individualidad por la cosificacin de su existencia. Pero slo tienen en cuenta el aspecto alienante de la modernidad, olvidando sus elementos constructivos de subjetividad.

 

La superacin del planteamiento postmoderno.

Pero afirmar el carcter unilateral de la ideologa postmoderna no nos autoriza a ignorar la significacin de su rechazo a la modernidad y sus consecuencias para la interpretacin del sujeto. Es preciso asumir crticamente su crtica de la modernidad, y no desecharla a la ligera. Por eso es importante hacer la distincin entre postmodernismo, como fenmeno espiritual, y las teoras de la postmodernidad, como rechazo a la modernidad desde la derecha. David Harvey seal que es preciso entender al postmodernismo como una forma de cultura, como una sensibilidad y una prctica social que a la postre dimanan de las caractersticas del nuevo capitalismo multinacional. [12] Por su parte, Jameson situ al posmodernismo dentro de la reestructuracin general de la cultura que se ha producido con el desarrollo del capitalismo tardo, como nota dominante de una cultura capitalista avanzada que ha tematizado aspectos crticos de la vida moderna. [13] Despojndola de su falsa auto-percepcin, el postmodernismo puede sernos til para el desarrollo de la tematizacin del sujeto. Como afirma Zygmunt Bauman, ... la condicin postmoderna puede ser descrita, de una parte, como una modernidad emancipada de la falsa conciencia, y de la otra, como una nueva clase de condicin social marcada por la institucionalizacin de los rasgos que la modernidad - en sus diseos y prcticas directivas - ha tratado de eliminar y, al no poder lograrlo, ha pretendido ocultar. [14]

Si bien las concepciones del postmodernismo han de ser tenidas en cuenta en tanto expresan el rechazo a una lgica cultural que impone la homogeneizacin desde arriba, y como forma de concientizacin del carcter unilateral y opresivo de los procesos de modernizacin capitalista, es indispensable destacar que ellas carecen, por s mismas, del vigor suficiente para servir como fundamento para articular una teora de la educacin que, por su adecuacin a las nuevas demandas de nuestro momento histrico, permita eslabonar estrategias efectivas no ya de mera resistencia a aquella lgica cultural, sino de construccin de una contrahegemona eficaz. Cmo entonces establecer con ellas esa relacin de rechazo a la vez que de utilizacin de sus momentos racionales? Axel Honneth propone un mtodo para dialogar con las teoras sociales postmodernas: tomar seriamente sus contenidos referidos al diagnstico de la era presente, pero confrontndolos crticamente con el sistema de referencia normativo dentro del cual describen y evalan los nuevos procesos. [15] Honneth destaca que ellas observan correctamente las tendencias de desarrollo, pero estas slo pueden ser entendidas si se abandona la perspectiva postestructuralista. Las teoras sociales postmodernas reaccionan ante todo a los cambios que se han efectuado en los ltimos aos en la infraestructura comunicativa de las relaciones intersubjetivas, cambios que conducen a la anomia y la alienacin humanas. Estas teoras mantienen el diagnstico pesimista propuesto por Adorno y Horkheimer en Dialctica de la Ilustracin. Pero, paradjicamente, le conceden a la diagnosticada combinacin de erosin cultural y prdida individual de autenticidad una interpretacin positiva, y a menudo afirmativa. Esto se debe a que analizan estos procesos sobre el trasfondo de lo que Honneth llama un concepto esttico de libertad personal, de corte tpicamente nietzscheano. Ven en la desintegracin de todas las formas hasta ahora existentes de cohesin (familia, patria, identidad tnica, etc.) la posibilidad de un despliegue de las peculiaridades individuales, que han sido reprimidas por aquellas formas tradicionales de identidad. Ven en la destruccin de los lazos sociales humanos hasta ahora existentes, la posibilidad de expansin de la libertad del individuo. La referencia a Nietzsche por parte de Honneth no es casual, pues como acertadamente seala, esta interpretacin se basa en una idea de la auto-creacin individual influida fuertemente por las concepciones de aquel filsofo alemn.

Es indudable que las formas tradicionales de identidad contienen elementos que traban el desarrollo libre de la subjetividad individual, y que los procesos de ruptura de las mismas provocados por el despliegue del capitalismo ejercen en este sentido una influencia positiva, pero no es menos cierto que los seres humanos no pueden encontrar formas liberadoras de recomposicin de su identidad exclusivamente en si mismos y en sus procesos individuales de apropiacin esttica de la realidad, sino nicamente en la reconstruccin efectiva de sus lazos sociales con formas de vida colectiva signadas no por la asimetra y la dominacin, sino por la justicia y la igualdad. Por ello es preciso remontar el fundamento conceptual de estas teoras postmodernas, y repensar las complejas relaciones entre sujeto, individuo y subjetividad.

La cuestin filosfica decisiva debe entonces plantearse as: cules conclusiones han de extraerse del hecho de que el ser humano no puede seguirse entendiendo como sujeto completamente autodeterminado? A esta pregunta solo es posible encontrar una respuesta adecuada si se abandona el rechazo absoluto de las teoras postmodernas a la modernidad y se tienen en cuenta los procesos contradictorios, pero orgnicamente vinculados que ella trajo aparejados para el despliegue de la subjetividad. Las crticas justas a los efectos alienadores de los procesos de modernizacin capitalista no nos pueden llevar a ignorar el carcter dialctico de la modernidad y a abandonar la problemtica del sujeto. Ni la renuncia al sujeto ni el retorno a la concepcin acrtica del mismo que lo asuma como ente transhistrico son soluciones sostenibles. Es preciso tematizar al sujeto apoyndonos en dichas crticas, en vez de en contra de las mismas. Cmo ha de ser este replanteamiento de la cuestin del sujeto?

 

Los desafos para una retematizacin del sujeto.

Cornelius Castoriadis escribi una vez lo siguiente: El sujeto no tiene que regresar, porque nunca ha partido. Siempre ha estado ah, no como substancia, sino como cuestin y como proyecto. Pese a toda la artillera conceptual desplegada en su contra por el irracionalismo postmoderno, la centralidad de la problemtica del sujeto sigue siendo, ahora como antes, principio irrecusable de toda reflexin animada por la pretensin de madurez, pretensin sin la que, a su vez, es impensable, desde la poca de la Ilustracin, una teora que tenga por objetivo la liberacin del ser humano. Para una teora de la educacin que incorpore el impulso crtico presente en la reflexin sobre el hombre y su mundo, el planteamiento del tema del sujeto es elemento constitutivo. Pero no puede asumirse en la forma clsica, entendiendo al sujeto como substancia, es decir, como ente dotado de significacin por s mismo, autocentrado y transhistrico. Pero el rechazo a esta interpretacin del sujeto (que arranc con Marx y continu con el psicoanlisis, la lingstica, la crtica a la razn instrumental y las bsquedas del estructuralismo y el postestructuralismo) nos puede conducir, si no es tomada adecuadamente, por tres sendas equivocadas. Una es la tomada por la ideologa de la postmodernidad, que concluye rechazando la problemtica del sujeto. Una segunda va es la de aquellos que, intentando evitar el abismo postmodernista, dan un rodeo evadiendo a la teora crtica y retoman la figura del sujeto fuerte, del sujeto-substancia. Por este camino slo llegamos a los fundamentalismos, tanto de derecha como de izquierda. Como los extremos siempre se tocan, es una posicin comn, irnicamente, tanto al neoconservadurismo contemporneo como a ciertas posiciones de un romanticismo revolucionario caracterizadas acertadamente por Heinrich Schfer como izquierda cartesiana. [16] La tercera senda errada es la que pudiramos bautizar como la de la desmedulacin del sujeto. Se asume la figura del sujeto, pero se le identifica sin ms con el individuo. Se trata tambin de una salida falsa, que tiene sus races en la actual eclosin individualista que el propio desarrollo del capitalismo provoca. Se hace coincidir la muerte del sujeto con la apoteosis del individualismo. Se despide al homo politicus y se intenta sustituirlo por el homo psychologicus. Una posicin que, en esencia, coincide con la concepcin estetizada del individuo sobre la que nos alertara Honneth.

El reto entonces se nos presenta as: Cmo recomponer la figura del sujeto y de su autonoma sin que ello implique el regreso a una metafsica de la subjetividad? No pretendo dar una respuesta exhaustiva y definitiva a esta cuestin (no creo que nadie pueda ni desee darla). Pero en la medida en que conozcamos como no se puede enfrentar adecuadamente este desafo, ya hemos avanzado un trecho importante. Como afirmara Marx en 1842, la verdadera crtica ... no analiza las respuestas, sino las preguntas. [17] Y lo hace problematizando la pregunta, convirtindola en una serie de cuestiones que han de servir como puntos de partida para una reflexin siempre abierta e inacabada, como desafos al pensamiento. Identificar los desafos ya es un primer paso hacia su adecuado planteamiento.

Una primera cuestin apunta a la necesidad de diferenciar entre sujeto, subjetividad e individuo. Es un momento indispensable, si queremos evitar lo que ms arribe denomin como desmedulacin del sujeto. Todo individuo tiene subjetividad, pero no todo individuo es un sujeto. Una interpretacin no positivista, sino dialctica del sujeto, tiene que asumir el contenido de esta categora como funcin y expresin de una totalidad (en este caso, la totalidad social), no como ente fijo, conformado de una vez, identificable con un conjunto rgido de caractersticas o propiedades, cosificado, asumido como substancia, sino como plasmacin fluida y cambiante de un sistema de relaciones sociales caracterizada por su capacidad de accin y de autoproduccin. Ni el sujeto es algo situado por encima del individuo y de la historia, ni es el individuo. Precisamente la intencin de la filosofa crtica y de una teora crtica de la educacin ha de ser la de revestir a todo individuo con la capacidad de ser sujeto, es decir, de conformar consciente y autnomamente su vida, capacidad de la que usualmente no disfruta, o lo logra slo en un sentido muy limitado. Es preciso reconstruir la subjetividad de modo tal que incluya esos poderes trascendentes al individuo como condiciones constitutivas de la individualizacin y a la vez como resultados de la interaccin de los individuos. La autonoma de los individuos ha de entenderse no en oposicin a, sino como forma organizacional particular de las fuerzas sociales que, por otro lado, condicionan su subjetividad. Ello implica la necesidad de desarrollar un concepto de sujeto basado en una teora de la intersubjetividad [18] (lo que, por otra parte, no es otra cosa que continuar el programa marxiano, aunque algunos no quieran admitirlo).

Una segunda cuestin se desprende de la anterior. Si los individuos no logran ser autores autnomos de sus vidas, ello se debe a que determinados objetos sociales asumen el papel de sujetos, y conforman la vida de las personas, alzndose ante ellos como entes cosificados que los dominan y los subyugan. En esta direccin se mueven las ideas formuladas por Jrgen Habermas en su opsculo Las tareas de una teora crtica de la sociedad, publicado en 1981 a manera de conclusiones en su extenso libro Teora de la Accin Comunicativa. Si bien no comparto los elementos fundamentales de la teora habermasiana, creo que las tareas que all se sealan siguen siendo esenciales. Fundamentalmente son cuatro, que presento brevemente: necesidad de especificar el concepto de reificacin; realizacin del anlisis de los potenciales de resistencia a la reificacin de la conciencia; diferenciar los potenciales emancipatorios de los potenciales de resistencia; reflexionar sobre la construccin de constrainstituciones que desarrollen esos potenciales. Estas cuatro tareas giran en torno al problema de la cosificacin de la realidad social y de la conciencia del sujeto, y la necesidad de establecer constelaciones de relaciones sociales que no se limiten a resistirse a la dominacin, sino que sean capaces de enfrentarse adecuadamente a esta, estableciendo y ampliando espacios que, usando una terminologa gramsciana, podemos calificar de espacios de contrahegemona. La referencia que hago aqu a Gramsci no es casual, sino porque creo que las concepciones de Gramsci sobre la hegemona y la construccin de la contrahegemona contribuyen, mucho mejor que las teoras habermasianas, a cumplimentar estas tareas.

Establecer con claridad el perfil de la autonoma del sujeto constituye un tercer desafo a tener en cuenta. Ello slo es posible si se toma el principio de la intersubjetividad - tal como se apunt ms arriba - como elemento rector de la reflexin sobre el sujeto. Es preciso romper con un pensamiento de corte identificador, que busca definir al sujeto identificndolo con un correlato ontolgico dado, fijo, transhistrico (el individuo, el espritu absoluto, la etnia, la nacin, etc.), y aprehenderlo - desde una perspectiva dialctica - como un sistema de relaciones sociales. La esencia social de las relaciones en las que existen los individuos viene dada porque estas son relaciones con objetos y relaciones con otros individuos a la vez. Este a la vez no significa una mera coincidencia espacial y/o temporal, sino una unidad orgnica. Los individuos se relacionan entre si no en forma directa, sino mediada. Mediada por las relaciones que establecen con objetos. Objetos que no son cosas (aunque las apreciemos como tales) sino el producto de la actividad de los individuos, y en tanto tales expresan la subjetividad socialmente existente y no son ms que la cristalizacin del sistema de relaciones sociales que condiciona esa subjetividad social. Esos objetos, expresin de la intersubjetividad social, funcionan a al vez como elementos mediadores y condicionadores de esa intersubjetividad y de las subjetividades individuales. Objetos reificados y reificadores, condicionarn la existencia de un modo de subjetividad social que obstruya el camino hacia la consecucin de la autonoma, objetivo esencial de la teora crtica (filosfica o educativa, a estas alturas de la reflexin ya esa distincin no es esencial). Es en este punto donde los aportes tericos de Gramsci y de Foucault - dos autores que, pese a sus diferencias epocales, de historias de vida, etc., tienen muchos puntos en comn [19] - devienen indispensables. Tanto la teora de la hegemona como la del saber/poder confluyen en el inters de entender a los individuos no como elementos dados de antemano, sino siempre como resultados - nunca definitivos - de procesos histricos particulares. Es preciso entender el episteme hegemnico desde el que se condiciona nuestra subjetividad. A la luz de estas concepciones, y de la propia experiencia histrica de este siglo que termina, pensar a los sujetos como intersubjetividad y precisar el perfil de su autonoma significa necesariamente reconsiderar el modo clsico en el que, hasta ahora, entendamos la relacin entre educacin y estructuras de poder. El ser humano se objetiva a travs de un conjunto de prcticas, discursivas y no discursivas. Estas prcticas estn siempre mediadas por instancias de verdad, estructuras que valoran, le dan un sentido y una orientacin a las diversas formas de objetivacin de la persona. Esas instancias de verdad son la esencia del poder, y por lo tanto de su reproduccin. Estas tesis constituyen una importante plataforma para reflexionar en torno al tan llevado y trado tema de las identidades. Con toda razn, hemos hecho de la cuestin de la identidad un tema central en nuestra lucha contra un modo de dominacin que no es slo econmico, sino sobre todo cultural. Pero debemos tener en cuenta que la tarea de fondo no es la de defender las identidades ya existentes, sino la de reconstruirlas en consonancia con un proceso liberador y desenajenante. La teora crtica ha de contribuir al esfuerzo de producir nuevas formas de subjetividad, irreductibles a los efectos de la dominacin, lo que implica desprenderse de las formas de subjetividad (y por ende de identidad) que las instituciones enajenantes (el Estado, el mercado capitalista, etc) impusieron a los individuos, reproblematizando las tcnicas de produccin de las identidades. Y ello conduce a un cuarto desafo, que voy a identificar utilizando el concepto acuado por Douglas Kellner: la necesidad de la repolitizar a la teora crtica, [20] tesis con la que apuntaba a la necesidad de superar el dficit poltico que ha aquejado a la teora crtica y desarrollarla en el sentido de la realizacin de anlisis concretos que tributen a la formacin de constelaciones de prcticas liberadoras.

Como sealara Alain Touraine, la superacin de la dominacin total exige la movilizacin de sujetos totales. Una teora crtica educativa que trabaje en el sentido de enfrentar los desafos sealados no puede menos que proporcionar una significativa contribucin a este objetivo.

 

Notas
[1] Prlogo de Federico Mayor a La educacin superior en el siglo XXI. Visin de Amrica Latina y el Caribe. Ediciones CRESALC / UNESCO. Caracas, 1997, pg. 7.

[2] Ver de este autor su texto Qu es la Ilustracin?, en: Immanuel Kant, Filosofa de la Historia, Fondo de Cultura Econmica, Madrid, 1989, p. 25.

[3] Concepto que tomo de Hans Heinz Holz. Ver de este autor su artculo Zeichen der Gegenaufklrung, en: Manfred Buhr (ed), Enzyklopdie zur brgerlichen Philosophie im 19 und 20 Jahrhundert, Bibliographisches Institut, Leipzig, 1988.

[4] Vase: Albrecht Wellmer, La dialctica de la modernidad y la postmodernidad, en: Modernidad y Postmodernidad, compilacin de Josep Pic, Alianza Editorial, Madrid, l992; en especial de la p. 116 a la 131.

[5] Adolfo Snchez Vzquez, Posmodernidad, posmodernismo y socialismo, en: Revista Casa de las Amricas, ao 30, nr. 175, julio-agosto 1989, p. 137.

[6] Para un conocimiento de las concepciones fundamentales de esta segunda lnea interpretativa sobre la modernidad consltese: Karl Marx: El Manifiesto Comunista y los Grundrisse; Karl Polanyi, La Gran Transformacin; Alain Touraine, Crtica de la Modernidad; Anthony Giddens, Consecuencias de la Modernidad; Marshall Berman, Todo lo slido se disuelve en el aire.

[7] Ver: Anthony Giddens, Consecuencias de la modernidad, Alianza Editorial, Madrid, 1993.

[8] Citado en: Jos Luis Pinillos, El corazn del laberinto. Crnica del fin de una poca. Espasa Calpe, Madrid, 1997, p. 227 y 243.

[9] Adolfo Snchez Vzquez, ob. cit., p. 140-141).

[10] El Prefacio escrito por Louis Althusser en marzo de 1963 a su libro Por Marx es altamente ilustrativo del significado que para la poca revesta el rechazo al Sujeto (con mayscula). Ver: Louis Althusser, Por Marx, Edicin Revolucionaria, La Habana, 1965, p. 9-28.

[11] Vase: Alex Callinicos: Postmodernidad, post-estructuralismo, post-marxismo?, en: Josep Pic (comp.), Modernidad y Postmodernidad, Alianza Editorial, Madrid, 1992.

[12] Vase: David Harvey, The Condition of Postmodernity, Basil Blackwell, Londres, 1989.

[13] Lase el ya clsico artculo de Frederic Jameson El postmodernismo o la lgica cultural del capitalismo tardo, publicado en la revista Casa de las Amricas, nr. 155-156, marzo-junio de 1986.

[14] Citado en: Jos Luis Pinillos, ob cit, p. 313.

[15] Axel Honneth, The Fragmented World of the Social. Essays in Social and Political Philosophy, State University of New York Press, 1995, en especial de la p. 220 a la 230.

[16] Lase su muy interesante artculo en el volumen colectivo Perfiles Teolgicos para un Nuevo Milenio, editado por Jos Duque, DEI, San Jos de Costa Rica, 1997.

[17] En: Marx-Engels-Werke, Ergnzungsband 1, Berlin, p. 379.

[18] Vanse adems de los ya citados Honneth y Touraine, las reflexiones de Alain Renaut (La era del individuo, Destino, Barcelona, 1993). Tambin el volumen colectivo compilado por Manuel Cruz Tiempo de subjetividad, Paids, Barcelona, 1996.

[19] En ocasin de celebrarse en junio de 1999 el 15to aniversario de la muerte de Foucault, la Ctedra de Estudios Antonio Gramsci de La Habana celebr un taller cientfico en el que los puntos de contacto entre la obra de ambos pensadores ocup parte importante de la atencin. Prximamente sern publicadas las memorias de dicho taller.

[20] Douglas Kellner, Critical Theory, Marxism and Modernity, The Johns Hopkins University Press, Baltimore , 1989, especialmente el captulo 8.



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