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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2008

El legado de Auschwitz

Eduardo Subirats
La Jornada


Los reiterados tributos oficiales a las vctimas de los campos de concentracin europeos, creados durante la Segunda Guerra Mundial, pareciera que iban a poner un fin a su lgica del genocidio. A comienzos del siglo XXI es difcil creer que sea ste el caso. Las guerras de los Balcanes, las atrocidades que se sucedieron en frica y en las guerras de Irak y Afganistn sealan ms bien una espantosa regresin histrica. Las masacres y genocidios, los desplazamientos de millones de humanos, el confinamiento masivo en campos de concentracin o de refugiados y, no en ltimo lugar, los movimientos migratorios provocados por la pobreza y la destruccin ecolgica no han cesado de multiplicarse.

Segn los datos facilitados por el Committee for Refugees and Immigrants de Estados Unidos, en el ao 2006 existan en el mundo 33 millones de personas involuntariamente desplazadas de sus hbitats originales. De ellos, 21 millones los constituyen las llamadas personas internamente desplazadas, es decir, relocalizadas dentro de sus propias fronteras nacionales. Los 12 millones restantes son refugiados que han hudo a segundos pases en busca de seguridad poltica y econmica.

Sudn y Colombia se mencionan como ejemplos de desplazamientos internos promovidos por la violencia militar, con cifras que alcanzan hasta los 5 y 3 millones de refugiados, respectivamente. La crisis humanitaria ms reciente la brinda Irak con un milln 700 mil desplazados internos y ms 2 millones que han abandonado el pas.

Oficialmente estas movilizaciones son temporales. Pero en pases como Colombia, el regreso a sus hogares de los desplazados, que son indgenas y mestizos en su mayora, es imposible, puesto que sus tierras oficialmente abandonadas son apropiadas legalmente por corporaciones y organizaciones militares. Existen ms de 2 millones de afganos en campos y refugios provisionales desde hace ms de 20 aos. La cifra rcord la configuran los palestinos: 3 millones de desplazados hace medio siglo. El nmero de estos llamados refugiados perpetuos en el mundo asciende a un total de 8 millones. Y estas cifras no hacen sino multiplicarse de ao en ao al amparo de lucrativas guerras y trfico de personas.

En las declaraciones oficiales, los campos de concentracin del nacionalsocialismo del siglo pasado se condenan y consagran como un evento nico en la historia de la humanidad, cuyos motivos, mtodos y objetivos escapan a la luz de la razn. Implcita o explcitamente se atribuye su responsabilidad a voluntades perversas y patologas racistas.

Sin embargo, los genocidios industriales del siglo XX no constituyen un hecho aislado. Las minas y las mitas coloniales de la Amrica espaola constituyen un paradigma histrico de racionalizacin militar de un sistema etnocida de produccin. Las cifras del genocidio colonial americano son imprecisas. Pero los clculos ms conservadores las sitan en torno a las decenas de millones.

El trfico internacional de esclavos africanos constituye un prefacio srdido a los genocidios europeos del siglo XX, con cifras asimismo escalofriantes. El propio nombre de campos de concentracin fue acuado por el colonialismo britnico en frica del Sur antes de que lo esgrimiera el imperialismo alemn.

Tras estos crmenes contra la humanidad existen, sin lugar a dudas, voluntades enfermas. Pero sus procesos genocidas estn atravesados por la limpia racionalidad que define la acumulacin de capital, la expansin de mercados y la concentracin de poder y riqueza. Aproximadamente la mitad de las vctimas de los campos de concentracin nazis eran campesinos eslavos, gitanos y comunistas que la mquina militar devoraba a lo largo de su expansin hacia el este.

Su exterminio estaba ligado a un principio econmico: racionalizar la produccin agraria, liberndola de sus trabas precapitalistas. Una de las razones que justificaban la elimina- cin de los guetos judos de Europa central eran sus formas de vida tradicional, resistente a la economa de mercado y a las exigencias de la industrializacin agraria. Estos genocidios esgrimieron asimismo un principio de seguridad: sus vctimas eran potenciales insurgentes contra el sistema que las desalojaba de sus ciudades y sus tierras.

Aunque jurdica y mediticamente se contemple como una realidad aparte, el flujo migratorio masivo de nuestros das obedece a los mismos principios: la expansin territorial de poderes corporativos, crecientes desigualdades econmicas y sociales entre las naciones ricas y las regiones neocoloniales, la degradacin ambiental y la violencia. Sus cifras son asimismo turbadoras. En Europa existen 83 millones de inmigrantes legales y un nmero indeterminado, entre 4 y 7 millones, de denominados sin papeles. En Estados Unidos la cifra oficial de estos inmigrantes no legalizados asciende a 12 millones.

En lugar de confrontar las causas de este desorden global, los intereses econmicos y militares que lo sostienen, los lderes mundiales han optado por la criminalizacin de sus vctimas y la militarizacin de sus conflictos. El propio concepto de inmigrante ilegal es una construccin tan arbitraria. El trmino fue acuado por el colonialismo britnico para combatir una indeseada inmigracin de judos a Palestina en los aos de su persecucin nazista en Alemania. Las frases sobre la amenaza que estos inmigrantes representan para el mercado laboral, su viciosa asociacin con el crimen organizado y las retricas de su no integracin nacional encubren el efectivo desmantelamiento de los derechos humanos a escala global.

Los campos de detencin y concentracin, y la militarizacin de los movimientos migratorios generados por las guerras, la miseria y el expolio no son precisamente una solucin a estos dilemas. Son parte del problema. Slo la confrontacin transparente de la creciente extorsin econmica de las regiones ms ricas del planeta por poderes corporativos multinacionales, de las causas reales del deterioro ambiental, y de los trficos de armas y humanos, y slo la implementacin de autnticos programas de desarrollo sustentable podra poner un punto final a esta lgica del genocidio: el legado de Auschwitz. Pero la condicin primera para poder encontrar una solucin a estos dilemas es su debate pblico.

(Este artculo ha sido censurado por El Pas, de Madrid, en el momento en que los lderes europeos administran la expulsin de millones de inmigrantes ilegalizados.)


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