Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2008

Una conversacin sobre Manuel Sacristn con el escritor, socilogo y filsofo Jorge Vital de Brito Moreira

Salvador Lpez Arnal (editor)
Rebelin


 

INDICE

CITA: UN JOVEN QUE ESTUDIABA NHUATL (MANUEL SACRISTN, 1979).

  1. BRASIL, MXICO.

  1. CURSOS DE POSTGRADO EN LA UNAM.

  1. SACRISTN PROFESOR
  1. INTERVENCIONES MEXICANAS, MIRADAS HISPNICAS.

  1. LA TESIS DE MAESTRA

  1. AFINIDADES MARXISTAS

  1. LA DIALCTICA.

  1. MARXISMO ECOLOGISTA.

  1. SACRISTN EN LATINOAMRICA.

10. REFLEXIN FINAL

Bibliografa

Noticias biogrficas

Anexo 1: Sacristn sobre B. Russell.

Anexo 2: Mis encuentros con Manuel Sacristn. A. Snchez Vzquez.

Anexo 3: Antologa de textos de Sacristn sobre Ulrike Meinhof

Anexo 4: Apartados del esquema del curso Induccin y dialctica.

Anexo 5: Rudolf Carnap.

Anexo 6: Esquema del curso Karl Marx como socilogo de la ciencia.

Anexo 7: La ltima carta

Anexo 8: Sacristn en Asesinato en el Comit Central.

Anexo 9: Michio Morishima

Anexo 10: Aproximaciones a dos clsicos marxistas: Gramsci y Lukcs

[...] En cambio, en el caso de Gernimo se cruzan dos cosas. En primer lugar, una vieja pasin por las culturas amerindias. Cuando yo era joven estudiaba nhuatl, y saba mi gramtica nhuatl. Tena mi pequeo diccionario confeccionado por m mismo porque en los aos cuarenta no conoca ningn diccionario nhuatl. Con un vocabulario que haba al final de una gramtica y traducciones alemanas e inglesas me fui haciendo el diccionario.

Por una parte, esta vieja pasin y, por otra parte, una motivacin ms positiva: la historia de la agricultura en el mbito amerindio, lo que podramos llamar el ecologismo de las culturas amerindias, que es un curioso ecologismo muy complejo y cuyo estudio evita las ingenuidades de algunas franjas ecologistas tontas europeas. Para decirlo de modo ms brutal: se puede considerar que es pura ecologa el temor de que el sol pueda perder su energa y, por lo tanto, el deseo de mantener la energa del sol puede parecer un pensamiento muy ecolgico, slo que es el pensamiento que causaba las hecatombes bestiales, sacrificiales aztecas, lo ms siniestro de la cultura azteca, aunque ahora a una investigadora de la historia de las religiones se le haya ocurrido la gracia de que los siniestros sacrificios solares aztecas son una muestra de elevado erotismo mstico. Para ese elevado erotismo mstico, si quiere, que se preste ella. El hecho es que aquello eran miles de asesinatos rituales anuales por la preocupacin ecolgica de mantener el sol. Baste este ejemplo para mostrar el punto de complicacin de aquello.

Otro tema que me interesaba mucho era el modelo de cultivo de la agricultura maya, la que, si no origen, se puede considerar el prototipo de todas las culturas agrcolas amerindias, del que yo, en aquel momento -por eso lo estudi con el mayor detalle que pude- no saba si haba que entenderlo como una buena muestra de cultura agrcola distinta de la nuestra, y que no fuera depredadora como lo es sta, o si, en realidad, era todava ms depredadora. Era un sistema de roturacin en rotacin, de donde viene todo el resto amerindio por lo menos en el norte; quizs en el cono sur no. Los ltimos descubrimientos indican eso. Lo que hace el campesino maya es roturar un trozo de bosque. Ah plantaban su maz y sus melones, sus cucurbitceas, durante algn tiempo, unas cuantas cosechas; luego abandonan aquello y pasan a otra zona de bosque y roturan otro trozo de bosque. Esto es muy sabio desde el punto de vista ecolgico, porque, mientas tanto, dice la presentacin eufrica y apologtica de esta agricultura, el bosque se va reproduciendo, reponiendo. Su cultivo no es muy profundo, no trabaja el terreno muy en profundidad, y el bosque renace.

[] Esto me llevaba a plantearme los problemas nuestros, los problemas de la crisis de civilizacin capitalista avanzada en una forma muy radical, en los comienzos. All hay una poblacin que empieza a ser radical, y adems bastante bien documentada. Estn mucho mejor documentados los mayas que la agricultura neoltica en Mesopotamia, por lo menos para alguien que no sea especialista y que lea inscripciones cuneiformes y esas cosas.

ste era un inters positivo: ver qu haba pasado con todo esto, y compararlo con los apaches, los cuales propiamente no tenan agricultura. Tenan un poco de horticultura, todo lo ms, y a temporadas, ni siquiera de manera permanente. Sus maestros, los navajos, s la tenan de modo permanente. Este era un inters positivo, no era slo el inters crtico de contemplar a un grupo humano dejado en la cuneta, en las basuras de la historia y estas cosas. Mientras que los intereses de tipo crtico fueron secundarios. En algn momento s que me pareci oportuno hacer alguna pequea crtica muy de alfiler, muy de detalle. Por ejemplo, defender la locura militar de Gernimo no como una conducta en absoluto loca, sino con sentido comn por lo que tena de mantener la identidad apache. La identidad apache subsiste pero la identidad de otras culturas amerindias, que en principio parecieron ms razonables y no llegaron a la catstrofe de la defensa militar a lo Gernimo, se ha perdido.

Entrevista con Manuel Sacristn (1979) 1

SECCION 1: MXICO, BRASIL

Sacristn imparti dos cursos de postgrado en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM) durante los dos semestres del curso acadmico 1982-1983. Fue entonces cundo lo conoci? Conoca ya su obra?

Lo conoc personalmente cuando vino a ensear en la UNAM durante el perodo acadmico de 1982-1983. En cuanto a su obra, yo casi no la conoca. El nico texto de Sacristn que haba ledo pocos meses antes de que viniera a la UNAM (y sin saber que vena a Mxico) era Russell y el socialismo2, que haba escrito como una especie de eplogo para el libro Russell de A. J. Ayer de la editorial Grijalbo. Era una crtica penetrante al modo en que Bertrand Russell entenda el socialismo de corte marxista. Como mostraba Sacristn, Russell entenda a Marx de forma equivocada. Lo ms convincente de la argumentacin de Sacristn era la manera en que poda sealar -como filsofo de la ciencia- los errores del pensar de Russell. Me dej fascinado simplemente.

Para que se entienda mi fascinacin esclarecer el contexto en el que surga. A Sociedade Humana na tica e na Poltica fue el primer libro de tica y poltica que le cuando era joven. El optimismo y el estilo -ideas claras, escritura precisa- de Russell me entusiasmaron tanto que le todo lo que pude conseguir del filsofo britnico en Salvador, Bahia (Brasil). Algn tiempo despus, escrib un artculo, una pgina entera, para el peridico Tribuna da Bahia con el ttulo A Rebeldia do Jovem Filsofo, en el que trat de analizar su filosofa social. Vivamos tiempos difciles en Brasil en esa poca, cuando la dictadura militar censuraba libros y reprima a escritores y a lectores de orientacin socialista. Por eso tom tiempo conocer filosofas sociales alternativas a la filosofa social de corte liberal-socialista neopositivista de Russell.

En rigor, slo en los finales de los aos 70, cuando fui a hacer el posgrado en Mxico, tuve la posibilidad de conocer la riqueza del pensamiento social inspirado por la filosofa alemana y por el marxismo.

Qu profesores tuvo en la UNAM?

En la UNAM tuvimos la oportunidad de conocer personalmente como estudiantes a Ernest Mandel, a Perry Anderson, a Snchez Vzquez3, a Etienne Balibar, a Atilio Boron, a Pepe Valenzuela, a Ruy Mauro Marini, a Fernando Henrique Cardoso, a Teotonio dos Santos y, naturalmente, a Manuel Sacristn Luzn. Participamos en sus clases y conferencias, estudiamos y discutimos sus textos.

Por cierto, creo que usted me coment una vez que Sacristn asisti a una conferencia de Mandel.

En efecto. Una vez Sacristn asisti a una intervencin de Ernest Mandel sobre las nuevas tendencias de la economa mundial en el capitalismo tardo. Durante la conferencia Mandel hizo referencia al problema de la transformacin del valor en precio y habl de un modo muy elogioso de un joven intelectual marxista/trotskista, cuyo nombre no logro recordar. En su opinin, este joven marxista haba resuelto matemticamente el problema de la transformacin del valor en precio, una importante (y sin duda histrica) cuestin que continuaba siendo debatida dentro y fuera del marxismo.

La siguiente vez que vi a Sacristn le pregunt si le haba gustado la conferencia. Me respondi ms o menos as: Claro, a m me parece que Mandel es uno de los pocos dirigentes marxistas que sabe de lo que habla cuando hace referencias a El Capital de Marx. Luego hablamos de la formalizacin matemtica de la teora del valor de Marx y del problema de la transformacin valor-precio y le pregunt qu opinin tena del trabajo del economista japons Michio Morishima4 en esta rea. Sacristn me coment que l pensaba que era muy bueno, que recoga muy bien lo mucho que haba de formalizable en El Capital de Marx. Crea que uno poda leer y aprender de Morishima si bien uno no deba pensar que en su aproximacin estaba todo El Capital y mucho menos todo Marx.

Prosiga si le parece. Le he interrumpido hace un momento.

Conviene tambin contextualizar que cuando estaba en Mxico ningn profesor de la tradicin marxista de los que conoc quera (o poda) manejar Russell, la filosofa neo-positivista o la filosofa analtica. En mi caso, que vena del Brasil del golpe y la dictadura militar (1964-1986) y donde las obras de Marx, Engels, Lenin, Trotsky estaban prohibidas, qued muy poco de la tradicin marxista que aun poda leerse. Alguna traduccin en portugus de Paul Sweezy o de C. Wright Mills, por ejemplo. Despus del Acto Institucional nmero 5, decretado por los militares contra la sociedad y la cultura brasilea

Acto institucional nmero 5? En qu consisti ese Acto Constitucional?

El Acto Institucional Nmero Cinco fue el quinto de una serie de decretos emitidos por el rgimen militar en los aos siguientes al golpe militar de 1964 en Brasil. Decretado por el Presidente Artur da Costa e Silva el 13 de diciembre de 1968, el Acto Institucional Nmero 5 [AI-5], fue un instrumento de poder que dio al rgimen poderes absolutos y cuya primera consecuencia fue el cierre del Congreso Nacional por un plazo indeterminado.

Entre las atrocidades fascistas del AI-5 figuran: el receso de los mandatos de senadores, diputados y concejales que desagradaban al rgimen; se hizo legal legislar por decreto-ley; autoriz decretar la confiscacin de bienes de los enemigos polticos. Igualmente, el Presidente de la Repblica podra decretar el estado de sitio y prorrogarlo; suspendi la posibilidad de cualquier reunin de tipo poltico; recrudeci la censura, determinando la censura previa que se extenda a la msica, al teatro, al cinema y a la literatura que trataran de asuntos de carcter poltico; suspendi el habeas corpus para los denominados crmenes polticos; comport la prohibicin de reuniones y manifestaciones pblicas de carcter poltico, al igual que la suspensin de derechos polticos. La trasgresin de este acto institucional significaba simultneamente, entre otras cosas, la suspensin del derecho de votar y de ser elegido en elecciones sindicales y la prohibicin de actividades o manifestaciones sobre asuntos de naturaleza poltica.

El perodo posterior al Acto Institucional Nmero 5 fue denominado Os Anos de Chumbo, la etapa ms represiva de la dictadura militar en Brasil, extendindose desde finales de 1968, con la edicin del AI-5 en diciembre de este mismo ao, hasta el final del gobierno del dictador Mdici, en marzo de 1974. Este perodo marc el combate feroz entre la extrema izquierda y el aparato policial y militar del Estado. La expresin Anos de Chumbo, fue usada por la prensa parafraseando el ttulo en portugus de una pelcula de la cineasta alemana, Margarethe Von Trotta titulada Die Bleierne Zeit [Los aos de plomo]5, sobre la represin al grupo revolucionario Baader-Meinhof (Faccin del Ejrcito Rojo) en los aos 70 (A propsito y como es sabido, Sacristn escribi una Nota a la Pequea Antologa de Ulrike Marie Meinhof, de quien haba sido colega en los aos de Munster)6.

Contine si le parece. Hablaba que despus de ese acto institucional

Despus de ese acto institucional, lo ms radical que se encontraba en las libreras brasileas eran las obras filosficas de Bertrand Russell. Por eso pude conocer su libro A Sociedad Humana na tica y na Poltica y por eso pude escribir sobre l. As que cuando llegu a Mxico para estudiar a finales de 1978, yo tena muy poco bagaje de lecturas marxistas, pero trat de leer todo que pude tanto de la tradicin idealista cuanto de la positivista en el marxismo. As que conocer a un pensador como Sacristn que, adems de ser marxista, manejara metodolgica y tericamente la lgica formal, la filosofa neo-positivista y la filosofa analtica, era, simplemente, una cosa fuera de lo comn en aquel contexto.

SECCION 2: CURSOS DE POSTGRADO EN LA UNAM.

Sacristn imparti dos seminarios ese curso acadmico al que estamos haciendo referencia de 1982-1983, uno sobre Karl Marx como socilogo de la ciencia y el otro sobre Induccin y dialctica. El primero cuadra bien con una facultad de ciencias polticas y sociales, pero el segundo parece extrao en un departamento de estas caractersticas. Se siguieron bien esos cursos por parte de los asistentes?

Sacristn era una novedad en el Departamento de Estudios Superiores de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales. Lgicamente la Facultad, preocupada por la formacin de socilogos desde el punto de vista del pensamiento marxista y de las ciencias sociales en general, haba introducido esos cursos de Metodologa avanzada de las Ciencias Sociales para permitir a los estudiantes una cierta intervencin en la realidad desde el punto de vista de lo macro pero tambin desde lo micro. Cuando Sacristn lleg para impartir sus cursos, yo propiamente ya haba concluido los crditos en la rea de Metodologa. Sin embargo, fui a sus clases por el inters que tena en sus planteamientos, en conocer su obra, por su biografa.

Yo dira que el curso Induccin y Dialctica7 cre, en principio, un cierto desconcierto y este desconcierto tuvo que ver no con la dialctica propiamente sino con la induccin. Pues, como sabemos, la induccin y la deduccin son criterios de validacin de la llamada epistemologa de la ciencia normal, de la filosofa analtica y neo-positivista, pero, desde el punto de vista de una ciencia social que quera hacer proyecciones a partir de un conocimiento dialctico -totalizador y concreto- la induccin era ms bien una especie de ncora que no permita que la gente navegara con rapidez. Esta primera falta de entendimiento cre un cierto malestar en algunos estudiantes. Despus de alguna de las clases, recuerdo a algunos compaeros quejndose por tener que estudiar lgica formal o por tener que entender algo de Carnap8, Quine o Karl Popper para poder seguir el seminario.

Eran temas que a ellos no les interesaban porque no les parecan productivos para una actuacin en la historia, para entender la correlacin de fuerzas polticas y sociales, etc. As que para algunos estudiantes fue un poco difcil digerir la primera parte del curso de Sacristn. Pero a medida que fue explicando la relacin entre induccin y dialctica, sus diferencias y sus especificidades, entonces creo que los asistentes fueron absorbiendo mejor el curso que imparta.

Pero, recuerda alguna incomprensin por la presentacin de esas temticas por parte de Sacristn?

Naturalmente. Haba gente que estaba en el curso como oyente y sin compromiso o paciencia suficiente se volvi histrica con la clase. Recuerdo un da en que un individuo (un estudiante dogmtico? Un provocador del PSUM?) lleg a la clase y decidi hacer una larga intervencin sin estar siguiendo el seminario y sin conocer las lecturas. Aquel individuo empez a disentir y al final de su intervencin termin insultando no solamente al Profesor Sacristn sino a toda la clase, pues emita juicios valorativos como que estbamos perdiendo tiempo en aquella clase, y cosas similares. Lgicamente, Sacristn y nosotros nos quedamos sacados de onda y alterados. Por respeto propio, tuvimos que presionar para que el individuo se fuera, lo que sucedi poco despus.

En resumen, yo dira que para m y para otros, el resultado final de las clases fue muy positivo, que las aprovechamos bien. Me gust mucho todo lo que estudi con Sacristn, pero reconozco que, en el principio, hubo resistencia, incluso de mi parte, a esas clases dedicadas a la lgica inductiva y a la deduccin, aunque, como ya mencion, yo era entonces un estudiante que ya tena inters por las cuestiones tericas metodolgicas.

Qu personas se matricularon en esos cursos? Estudiantes? Profesores? Eran todos ustedes personas vinculadas a la UNAM y a facultades de ciencias sociales?

Si me acuerdo bien, la mayora de los estudiantes que estaban en esa clase eran estudiantes de posgrado, de maestra y doctorado, pero principalmente de la maestra de Sociologa y Estudios Latinoamericanos. Tambin algunos compaeros del curso eran profesores hora-clase -como era mi caso- de la Facultad de Economa aunque no habamos defendido an la tesis de maestra. Es probable que hubiera dos o tres personas de la Facultad de Filosofa. Todos ramos de la UNAM pero hubo tambin la visita eventual de algn profesor titular de la UNAM o de otros alumnos y/o profesores de otras universidades, o incluso de otras dependencias de la UNAM fuera de la ciudad universitaria (CU).

Qu recuerda del primero de esos cursos? Si no estoy errado, un artculo largo con el mismo ttulo se public primeramente en Mxico.

S, creo que s, que ese largo ensayo titulado Marx como socilogo de la ciencia9 fue primeramente publicado en Mxico. Era un texto muy importante y me dej muy impresionado pues me pareci que Sacristn haba hecho un gran esfuerzo filolgico y didctico para escribir un texto con una rigurosidad y una claridad meridiana, que permitiera que diferentes personas pudieran leerlo, sin dificultad y en continuidad con su ensayo El trabajo cientfico de Marx y nocin de ciencia10.

Esa era una cosa que uno poda notar siempre en los textos de Sacristn, esa necesidad de expresar claramente todo lo que pensaba, todo lo que escriba. Su estilo facilitaba mucho lo que expresaba no solamente sobre Marx y los marxismos sino sobre otros temas filosficos ms abstractos y ms lejanos al marxismo.

Qu relacin exista en opinin de Sacristn entre la induccin y la dialctica?

A m me parece que Sacristn tena una visin muy documentada, muy sofisticada y muy compleja de la relacin histrica entre induccin y dialctica. Sin embargo, una de las aristas de aquella visin era quela induccin, en sentido estricto, era uno de los requisitos o un mtodo esencial de la ciencia normal para producir conocimientos positivos; que Marx la aprendi de un modo consistente en el estudio de la Economa Poltica clsica (Adam Smith, Ricardo, etc.); que la dialctica era un modo de pensamiento y articulacin muy relacionado con las aspiraciones y objetos epistemolgicos (la totalizacin y la concrecin) de la filosofa alemana (Hegel y Lebnitz) o de la gran ciencia alemana de corte hegeliano puesto que tena funciones heursticas que extrapolaban con mucho las funciones ms reducidas y limitadas de la ciencia normal de su tiempo y de nuestro tiempo.Por eso, Sacristn pensaba que haba en Marx mucho ms que ciencia normal, que haba tambin en Marx una gran ciencia hegeliana que empleaba la dialctica, no como un mtodo cientfico en el sentido de la induccin, sino un modo, un estilo de pensamiento, una forma de articulacin de los conocimientos positivos logrados por la ciencia normal y otros tipos de conocimientos que no pertenecan necesariamente al nivel de la ciencia normal, como valores, etc., para colocarlo en un contexto de actuacin prctica -de un programa de objetivos y medios- para el cambio de la historia, para la realizacin de la emancipacin de la especie humana.

Saban ustedes, los asistentes al seminario, que Sacristn haba estudiado lgica en Alemania y que haba publicado un manual sobre lgica en Espaa a mediados de los sesenta?

En un primer momento no, no lo sabamos. Si alguno de los estudiantes lo supo nunca nos lo dijo. Pero, en la medida en que me iba interesando por Sacristn y por su trabajo intelectual, busqu informacin adicional fuera de clase. Fui a investigar en la Biblioteca Nacional de la UNAM y encontr algunas de sus publicaciones. Fue entonces cuando me di cuenta que Manolo no slo haba publicado traducciones de libros de lgica y de ciencias humanas sino que descubr que l mismo era tambin autor de textos de lgica y de la crtica literaria (Goethe, Heine, Ferlosio)11. Fue entonces cuando empec a leer sus trabajos sobre lgica formal. Fueron esos trabajos que descubr en la Biblioteca Central de la UNAM los que me hicieron consciente de la extraordinaria capacidad enciclopdica que tena Sacristn para estudiar y dominar las varias disciplinas de la ciencia, la filosofa y la literatura.

SECCION 3. SACRISTN PROFESOR

Qu destacara de la faceta de Sacristn como profesor?

Por un lado, Sacristn era un hombre muy serio en las cosas que haca (cuando digo serio, no quiero decir sesudo). Tomaba el conocimiento como una bsqueda hacia la verdad, en el sentido de la bsqueda de una vocacin, de la construccin de una identidad y de una cultura de resistencia anti-burguesa en el sentido gramsciano. Quizs lo tomara tambin incluso como una fe bsica, una creencia esencial que permitira que junto a la bsqueda de la verdad encontraramos tambin la justicia social, si se puede decir de esa manera.

Por otro lado, Sacristn se enfrentaba a las relaciones tericas de una forma extremamente lcida, con mucho rigor y con una capacidad analtica extraordinaria.

Debera tambin aadir que Sacristn nunca me pareci dogmtico o inflexible. Casi todo lo que le pareca importante afirmar, lo trataba de argir por los caminos racionales -fueron lgicos, deductivos, inductivos o dialcticos- que lo haban conducido a aquella afirmacin, y cuando no estaba de acuerdo con el pensamiento de otros tambin sealaba por qu no estaba de acuerdo. No se trataba de afirmar dogmticamente el desacuerdo. Sorprendentemente, conoca el pensamiento del autor criticado de una forma tan detallada que me asombraba, que nos asombraba.

Esos dos elementos de la enseanza de Sacristn, que yo llamara en otro contexto, una gran elaboracin pedaggica y didctica, son los que l empleaba para lidiar con sus clases, con los estudiantes.

Era una persona, por otro lado, muy clida, muy gentil, muy amable, pero siempre muy rigurosa.

La otra cosa que no poda dejar de pensar es que l, para hacer todo ese tipo de trabajo intelectual, tena que pasar mucho tiempo en soledad. Por eso siempre lo vea como una persona muy disciplinada, muy organizada y muy fuerte, una persona mental y emocionalmente muy herclea, para ser capaz de resistir por tanto tiempo en las tareas que se comprometa y realizaba.

Dej alguna huella entre los asistentes? Sabe si alguno de ellos ha seguido sus pasos?

Me es difcil hablar sobre si dej o no huella sobre los asistentes porque tuve que dejar el pas despus de recibir mi diploma. Pesaba sobre m una orden de la Secretaria de Gobernacin (General Espinosa) para salir de Mxico y volver a Brasil inmediatamente.

En lo que a m se refiere puedo declarar que despus de la defensa de la tesis (en la cual la banca [junta] examinadora me brind una mencin honorfica), el profesor Severo Salles, el primer lector de la tesis, el que acept ser mi orientador, para cumplir los trmites burocrticos del Departamento de Ciencias Polticas y Sociales para su defensa, propuso que me quedara en Mxico un ao ms para la publicacin de la tesis, pero yo tuve que decirle que aunque estuviera muy interesado en publicar mi trabajo sobre Manuel Sacristn tena una orden de la Secretaria de Gobernacin para terminar la tesis y salir del pas inmediatamente, o si no ellos me aplicaran el artculo 33. Tambin me acuerdo que le dije al Profesor Severo Salles que yo me senta muy cansado, muy desgastado y que no aguantara continuar en Mxico un ao ms en aquella situacin, porque despus de estar en la crcel de la Secretaria de Gobernacin por problemas polticos vinculados a mi estancia en la Facultad de Economa de la UNAM, despus de habrseme prohibido volver a ensear en la Facultad o de participar en la poltica profesoral o estudiantil; despus de que me amenazaron con el artculo 33, la ley de deportacin, y despus que tomaron mi pasaporte por algn tiempo, yo ya no tena ninguna energa para continuar en Mxico. Dadas esas circunstancias (sobre todo el haber salido de Mxico apresuradamente) yo no podra decir si alguno de los asistentes ha seguido los pasos de Sacristn.

Lo que s puedo aadir es que en aquel momento fui el primero que escribi en Mxico una tesis sobre el pensamiento de Manuel Sacristn. Y luego despus, supe que mi tesis era la primera no slo en Mxico sino quizs la primera en toda Latinoamrica. Hasta el momento no he encontrado ningn dato que contradiga aquella conjetura inicial.

Una aclaracin final: hasta donde yo s, me parece que muchos estudiantes siguieron apreciando y valorando positivamente la contribucin de las enseanzas de Sacristn en Mxico, aunque no estuvieran haciendo directamente lo que Sacristn haba hecho o acaso le hubiera gustado hacer. Algunas personas en Mxico que ahora mismo recuerdo tenan una gran consideracin por los trabajos de Sacristn, eran el clebre profesor de esttica marxista, Adolfo Snchez Vzquez, los miembros de la revista Dialctica Gabriel Vargas Lozano, y Juan Mora Rubio, algunos miembros de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales tales como el profesor Carlos Gallegos, la profesora Mara ngeles Lizn12, Ignacio Perrotini13 y algunos de los alumnos del profesor de posgrado de Economa, Bolvar Echeverra, que impartan clases en la licenciatura de esa Facultad.

Por cierto, creo que una compaera del PRT intervino en las negociaciones para su salida de la crcel.

Efectivamente. Tiempo despus, un colega del Frente Democrtico de la UNAM me inform que Rosario Ibarra, que era en ese tiempo la mxima representante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en Mxico, fue una de las responsables en el proceso de negociacin para mi liberacin de la crcel de la Secretaria de Gobernacin. Ella haba presionado a las autoridades de aquella Secretaria para que me dejaran salir libre.

Si me permite, me gustara aprovechar esta oportunidad para dejar constancia aqu de mi agradecimiento a la combativa lder Rosario Ibarra, en lo que tuvo que ver con mi liberacin.

Sabe si se celebr algn homenaje despus del fallecimiento de Sacristn?

No s si se celebr algn homenaje despus de su fallecimiento porque, como ya mencion en la respuesta anterior, tuve que salir de Mxico y volver a Brasil dos meses despus de recibir mi diploma de maestro en Sociologa, pues tena una orden de la Secretaria de Gobernacin para terminar la tesis y salir del pas inmediatamente. As que, de acuerdo con mis papeles, el 28 de junio de 1985 defend la tesis de maestra, me qued en la ciudad de Mxico hasta el 14 de agosto de 1985, fecha en que recib el diploma de maestro en Sociologa. Despus de recibir mi pasaporte, que hasta entonces estaba retenido, de la Secretaria de Gobernacin, y antes de embarcar para Brasil, hice un viaje para conocer los estados de Oaxaca, Chiapas, la pennsula de Yucatn en Mxico, y desde all fuimos a conocer Guatemala, Living Stone y El Salvador.

El 27 de agosto de 1985 falleci Manuel Sacristn14. Lo nico que an puedo retener de ese perodo fue que el 19 de septiembre de 1985, el da del gran terremoto en la ciudad de Mxico, yo an me encontraba de viaje en Guatemala.

SECCION 4. INTERVENCIONES MEXICANAS, MIRADAS HISPNICAS.

Sacristn fue entrevistado por Dialctica, Naturaleza y Uno ms Uno y creo que lleg a dictar alguna conferencia durante su estancia en Mxico. Recuerda alguna de estas intervenciones?

S, recuerdo muy bien la entrevista de Dialctica, aun tengo la revista con la dedicatoria de Sacristn y tambin conoc la que public para Uno ms Uno15. En mi opinin, la ms importante fue la publicada en Dialctica y fue muy interesante porque Sacristn no slo desmitific todo un conjunto de prejuicios que haba dentro de la prctica del marxismo sino que incluso sostuvo en ella algo que entonces no queramos admitir, que el marxismo haba sido derrotado. Esa entrevista fue hecha por Gabriel Vargas Lozano y Juan Mora Rubio, con preguntas muy precisas. Sacristn habl de un conjunto de problemas tales como la naturaleza de su trabajo como intelectual, sus traducciones para poder comer, sus diferencias con Althusser y compaa, los aspectos de la teora y prctica marxistas que aun seran vlidos en el pensamiento marxista actual, los aspectos que se quedaron anacrnicos y, sobre todo, su gran inters hacia un marxismo vinculado a los nuevos problemas de la sociedad industrial capitalista en aquellos aos de desarrollo que eran los aos 80. l se refera al problema ecolgico y al pacifismo pues estaba sumamente preocupado por la relacin contradictoria entre el desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas y las nuevas relaciones sociales de produccin. Sostena que esas fuerzas no necesariamente tenan que llevarnos a un nuevo milenio, que esas fuerzas productivas, siendo destructivas a un tiempo, seran muy peligrosas para el futuro de la especie, pudiendo comprometer irreversiblemente el proyecto de ascensin de la humanidad del reino de la necesidad al de la libertad. Otro aspecto muy importante para Sacristn era la cuestin del feminismo.

Sacristn vea ahora el marxismo, no solamente como lucha de clases sino que consideraba que ya no era posible pensar el marxismo desconectado de los nuevos sujetos de la historia (aquello que Marx denomin en algn momento como el obrero colectivo), todos ellos dominados y explotados por el sistema capitalista. Por lo tanto, que ya no era posible pensar el marxismo desconectado de la problemtica ecologista, del feminismo o del movimiento pacifista como componentes esenciales de la lucha por la emancipacin de los oprimidos.

Intervino Sacristn en los asuntos polticos mexicanos? Manifest su opinin sobre la izquierda mexicana de aquellos aos?

Nunca hablamos sobre eso pblicamente en las clases, pero una vez lo fui a llevar a la casa en que viva con su esposa16 por el lado del Pedregal, entre la Ciudad Universitaria y la Villa Olmpica, y me pregunt sobre mi experiencia como profesor extranjero en la UNAM. En el camino hice un breve relato personal de la mala experiencia que estaba teniendo debido a las constantes amenazas y ataques verbales que reciba por parte de la direccin de la Facultad (primero de Elena Sandoval y despus de Jos Pepe- Blanco, el director impuesto por la rectora a la Facultad) y su gente, militantes todos del PSUM (Partido Socialista Unificado de Mxico)17. Los ataques se centraban en todos los profesores y estudiantes de oposicin, a todos aquellos que pertenecan al PRT, el partido trotskista, o al Frente Democrtico de Profesores y Alumnos de Economa. Los ataques me golpeaban porque, siendo un estudiante extranjero, yo era el taln de Aquiles de la oposicin en la Facultad.

Sacristn escuch con atencin, con mucho respeto y con mucha simpata, y me contest con una expresin verbal que no recuerdo con exactitud pero pienso que debera ser algo as como no me lo cuentes, ya lo s de lo que son capaces esos seores o ya lo s como trabaja esa gente. No estaba diciendo, necesariamente, que ya haba odo cosas sobre el especfico proceso de represin y amenazas que el PSUM estaba usando por medio de la Secretaria de Gobernacin contra m, pero que ya conoca bien ese tipo de maniobra, de tctica desleal, utilizado por la socialdemocracia, por el eurocomunismo y por otros partidos coligados en Europa.

Cuando llegamos a su casa pas a hablar del comportamiento del PSOE espaol durante y despus de la transicin, su traicin al movimiento obrero, la capitulacin del PCE, el problema de la entrada de Espaa en la OTAN y, retornando a Mxico, dijo, con cierta modestia, que crea que el PSUM no era nada importante para el movimiento obrero y campesino del pas mexicano en aquel entonces y que lo que haca era una especie de usurpacin, una especie de traicin al discurso marxista y gramsciano para continuar en el poder.

Tambin en su casa me relat algunos de los momentos ms dolorosos de su militancia poltica en Espaa, en el PCE y el PSUC. Me habl de su crisis de identidad y de la depresin que le sigui a su retiro del Partido Comunista y de la muerte de su esposa18. Cuando le pregunt si haba buscado ayuda en el psicoanlisis para superar la depresin me dijo que no le haba funcionado. Lo que le funcion, dijo l, fueron algunas medicinas que tom contra la depresin. Mencion en ese momento que unos de los elementos que ms contribuyeron para que l dejara el partido fueron la desorientacin y las constantes mea culpa por parte de sus compaeros de militancia. Mencion tambin su oposicin a la entrada de Espaa en la OTAN y cmo Felipe Gonzlez haba traicionado el movimiento socialista y a los partidos de izquierda y cmo el PCE facilit las cosas siendo cmplice de todo aquello.

Por cierto, nunca hablaron de Cuba?

S, un da tambin hablamos de Cuba. Sacristn me dijo que no consegua explicarse por qu el gobierno cubano no le haba concedido una visa para visitar la isla. La situacin le pareca muy extrao. A m tambin.

En 1986, yo volv a Mxico y desde all -Brasil aun no haba reestablecido las relaciones diplomticas con Cuba- consegu una visa para viajar a la Isla. Eran los das finales de abril. En la salida del avin hacia Cuba, desde la ciudad de Mrida, en la pennsula de Yucatn, el jato de Mexicana de Aviacin explot una turbina en el aire y el avin en llamas empez a descender consiguiendo aterrizar despus de aterrorizar a pasajeros y tripulantes. Esa misma noche, en el hotel, mientras esperaba otro avin para seguir viaje hacia la Isla, bebiendo ron con Israel Pinheiro, un amigo brasileo, para espantar aquel susto desgraciado, me pregunt cmo hubiera reaccionado Sacristn delante de tan extrema situacin.

Qu cree usted que opinara, si pudiese hacerlo claro est, del movimiento zapatista?

En aquel momento el movimiento zapatista aun no exista, pero puedo afirmar que Sacristn estaba, en aquella conversacin, muy contento por tener la oportunidad de viajar a Mxico y conocer su pueblo, su gente y su cultura, sobre todo la cultura indgena.

Sacristn ya me haba comentado en algn momento sobre su admiracin por el hroe indgena apache Gernimo y la traduccin que haba hecho para el libro de Barret sobre la vida del famoso guerrero19. Percib, en ese momento, que Sacristn estaba algo harto, o quizs cansado, de la forma ms o menos convencional en que la izquierda europea estaba respondiendo a los nuevos problemas planteados por el capitalismo. Dentro de ese contexto, es probable que Sacristn estuviera a favor del movimiento zapatista, aunque no estoy seguro que estuviera muy de acuerdo con las formas ambiguas en que, en mi opinin, el zapatismo escamotea la cuestin de la toma del poder.

Les habl en algn momento de la transicin poltica espaola? Si fue el caso, qu posiciones defendi?

Recuerdo que en una ocasin Sacristn no pudo impartir su clase porque tuvo que ir a la clnica para hacerse un examen y un control mdico que coincida con el horario de la clase. Muy concienzudamente, Sacristn decidi reemplazarla, impartiendo la clase el sbado siguiente por la maana. Como yo tena un volkswagen viejo, pero todava rodando, le ofrec llevarlo de vuelta a su casa, a la casa en que viva por el Pedregal. Mientras manejaba bamos platicando y cuando llegamos a su casa, ah estaba su esposa, la sociloga y profesora Mara ngeles Lizn. Me invit a sentarme y ah tuvimos l y yo una larga conversacin generalizada, en donde mencionamos -yo apenas habl, ms bien pregunt y escuch- algunos temas polticos, epistemolgicos y algo que tena que ver con su historia personal, intelectual y poltica. As que el tema de la participacin de Espaa en la OTAN volvi a ser mencionado y esta vez de una forma ms extensa. Entonces, si no lo entend mal a Sacristn, me pareci que describa la transicin como una especie de farsa con resultados polticos desastrosos para la izquierda espaola. En otras palabras, la transicin fue la forma en que el franquismo legitim al rey Borbn, Juan Carlos y las relaciones de poder vigentes, a costadel avance de las luchas del movimiento obrero espaol. De hecho, la transicin no cambiaba esencialmente nada, solamente las apariencias, con la complicidad de Felipe Gonzlez y del PSOE y la connivencia del Partido Comunista de Espaa.

Todo lo anterior haba confundido al movimiento poltico proletario, desmoralizando sus luchas. O sea que, en su opinin, bsicamente hubo un gran retroceso. Fue despus de esa conversacin que me fui dando cuenta de los paralelismo existenciales entre ambos y comenc a considerar la plausibilidad de escribir una tesis sobre el pensamiento marxista de Sacristn.

QUINTA SECCION: LA TESIS DE MAESTRA.

Usted escribi una tesis de maestra en sociologa sobre el marxismo de Sacristn. La primera que se ha escrito si no estoy mal informado. Por qu dio ese paso? Quin dirigi su trabajo?

Como ya dije anteriormente, escrib una tesis de maestra en sociologa sobre el marxismo de Manuel Sacristn y hasta donde pude saber fue la primera tesis que se escribi sobre el pensamiento de Sacristn20. El profesor Severo Salles de Albuquerque fue mi orientador.

Por qu di ese paso? Primero, porque me pareca que haba una gran confusin dentro del movimiento marxista latinoamericano y brasileo en torno al denominado marxismo cientfico de Marx. Como sabemos, la URSS trat de exportar una lectura homogeneizada de Marx que estuviera de acuerdo a sus intereses y condens esta lectura en manuales. Haba una visin muy dogmtica del marxismo en aquellos manuales. Por otro lado, tambin haba una generacin de jvenes estudiantes, militantes, resistentes y combatientes que crean que todo lo que escribi Marx era cientfico y yo, que vena de Brasil, me cuestionaba si vala la pena tanto sacrificio y martirio -represin, tortura, desapariciones, exilio, muerte- en vidas humanas por ideas tan mal asimiladas, tan mal traducidas, tan mal estudiadas y divulgadas, distorsionadas, especialmente al aplicarlas a un contexto latinoamericano. Y por este lado, Sacristn me pareci una luz potente en una estancia bastante oscurecida por el dogmatismo, por el autoritarismo, por la ignorancia en el trato de las ideas y obras de Marx. Sacristn emita vibraciones que mostraban importantes diferencias en relacin a otras lecturas de Marx. Mostraba as caminos para realizar un marxismo ms productivo, ms afn, ms abierto para las ideas y la realidad de nuestro tiempo y de las condiciones histricas nuevas en Latinoamrica.

Entonces, en primer lugar, yo quera esclarecer para m mismo lo que en el marxismo era ciencia, lo que era concepcin de mundo y lo que era programa. Me parecan diferencias importantes, dignas de ser investigadas, para poder ser puestas al conocimiento de los marxistas de mi generacin, pues me parecan cosas diferentes, con status diferentes y con modos de validez diferentes. Sacristn fue entonces, uno de los primeros pensadores que conoc personalmente que estaba trabajando con una visin productiva del marxismo cientfico (y yo no conoca mucho, pues vena de un pas completamente entregado al oscurantismo por la represin poltica, artstica e intelectual de la dictadura militar contra los brasileos). Su pensamiento me pareci ofrecer una lnea, un programa de investigacin, toda una serie de procedimientos por donde empezar de nuevo. En fin, un marxismo ms culto, ms informado y menos lleno de confusin y dogmas.

Por eso di este paso. Pensaba que estaba contribuyendo a esclarecer mejor lo que era el marxismo, cul era su naturaleza y qu tipo de situaciones histricas eran vlidas o no. Eso me pareca una cosa de la mayor importancia, digna de merecer mi energa, mi dedicacin y mi trabajo.

Quin dirigi el trabajo, preguntaba usted.

S, eso le preguntaba.

Escrib la tesis solito. Cuando termin de escribir, necesitaba un buen lector y un profesor con doctorado para ayudarme a hacer todos los trmites acadmicos y burocrticos para poder defenderla en la UNAM. As que el Dr. Prof. Severo Salles de Albuquerque se dispuso a leer la tesis y despus de su lectura me dijo que no tena ningn reparo y que podra funcionar como mi orientador si yo todava lo necesitaba para la defensa. Naturalmente, durante el tiempo en que la estaba escribiendo dese que el propio Sacristn estuviera cercano para dirigirla o cuando menos para que me indicara un profesor de su preferencia, pues nadie en economa o sociologa mostr inters en la orientacin que estaba tomando, o sea un marxismo relacionado con la lgica formal, con la induccin, con la filosofa de la ciencia.

Y, sin embargo, nunca pude tener acceso a Sacristn pues cuando tuve ms o menos claro lo que quera hacer l ya se haba marchado para Espaa. Fue entonces que Alejandro Dabat, un profesor argentino de la Escuela de Economa de orientacin trotskista, me sugiri el profesor Severo Salles, acaso por ser ingeniero, tambin por haber obtenido su doctorado en Francia y ser brasileo como yo, del Departamento de Estudios Superiores de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales.

Aunque sea difcil de resumir en pocas lneas, podra explicarnos brevemente las principales tesis que usted defenda en su trabajo?

La tesis trata del socialismo cientfico y propona una orientacin que aspiraba ubicar de un modo ms consistente el lugar que debera de ocupar la ciencia, la concepcin de mundo y el programa y los procedimientos en el marxismo.

La tesis se centraba en una lectura de los escritos de Sacristn sobre aquellas relaciones y parta de la consideracin (o hiptesis) de que la formacin de los tericos ms notables del socialismo (Marx, Engels, Lenin, Gramsci y Lukcs21) en ambientes influenciados por el idealismo hegeliano haba obstaculizado la necesaria comunicacin entre las ciencias positivas y las teoras marxistas, as como tambin les haba dificultado una comprensin ms adecuada de las diferencias especficas entre la ciencia, la concepcin del mundo y el programa.

La tesis tambin implicaba una valoracin que sealaba, bsicamente, que el pensador marxista que estaba ms habilitado (el ms competente que yo conoca) para diferenciar los planos -ciencia, concepcin de mundo y programa- que existan en el discurso marxista, sus diferentes modos de validez, era el profesor Manuel Sacristn. En aquel entonces me pareci que l era quien tena las repuestas ms lcidas y ms plausibles para tratar la problemtica de estas relaciones. As que todo que pude conseguir de Sacristn en lo que se refera a estas relaciones fue lo que yo trat de investigar.

Me gustara mencionar que tambin quera que mi tesis fuera una especie de breve introduccin a la lectura del pensamiento marxista de Sacristn, dado que me pareci que, debido a los percances de su biografa, sus escritos sobre el tema se encontraban dispersos y fragmentados, y que eran de difcil acceso en aquel momento.

SECCIN SEXTA. AFINIDADES MARXISTAS.

A qu marxistas encuentra ms prximo Sacristn? Existe algn marxista latinoamericano con el que usted crea que se pueda establecer algn paralelismo?

Como ya mencion, Sacristn tena un pensamiento complejo y sofisticado que ofreca un marxismo con muchos lados y aristas. As, me gustara atenerme a slo una de estas aristas.

Si lo tomamos por el lado de su inters por Lukcs y Gramsci, por lo que se llamara su filosofa poltica, hay algunos pensadores en Latinoamrica con los que creo que se podra establecer un parentesco cercano. Para empezar, podemos mencionar al peruano Jos Carlos Maritegui, uno de los primeros pensadores latinoamericanos inspirados por el pensamiento de Gramsci. En Mxico, por otro lado, podra mencionar el pensador espaol exiliado, el profesor Adolfo Snchez Vzquez, que me pareca que tena una concepcin muy cercana a la de Sacristn, o sea, la de entender el marxismo como una filosofa de la praxis. Por otro lado, tenemos en Brasil una generacin de pensadores, como Leandro Konder, Carlos Nelson Coutinho, Michael Lwy, Paulo Freire, etc., que fueron muy estudiosos del pensamiento poltico-filosfico de Lukcs y Gramsci y que, en mi opinin, muestran paralelismo con un lado del pensamiento de Manuel Sacristn.

En qu sentido concibe usted ese paralelismo?

El sentido del paralelismo es que Sacristn tena claro que el marxismo no era slo una teora cientfica contempornea, una que obedeciera los cnones burgueses de la compartimentacin del conocimiento, una teora cientfica normal del mbito de la geometra, la fsica, la biologa, la sociologa, la economa, sino que era un conocimiento que exceda con mucho todo ese discurso limitado y especializado de la ciencia de nuestro tiempo. El marxismo produca conocimientos, valores e intuiciones y ese corpus marxista produca ciencia, filosofa, programa, concepcin del mundo y tambin poesa. Ese corpus tena que ser estudiado de una forma especial para no falsearlo en su totalidad. Sin embargo, tambin era necesario atenerse a las diferencias especficas para no deformarlo.

Es, como deca, desde esa perspectiva lukcsiana/gramsciana de Sacristn -hay que asimilar a Lukcs y a Gramsci sin dejar de hacer una reflexin crtica sobre ellos- que podra trazarse un paralelismo entre Sacristn y los pensadores latinoamericanos mencionados.

Me gustara aadir que, de una manera ms o menos oblicua,tambin veo un cierto paralelismo entre algunos lados del pensamiento de Sacristn y unos pensadores marxistas que trabajan en USA tales como Perry Anderson, Fredric Jameson y James Petras.

SECCION SPTIMA: LA DIALCTICA

Cul cree usted que era su concepto de dialctica? Le parece que hoy en da tiene algn inters su interpretacin?

Yo creo que el concepto de dialctica de Sacristn tiene inters no solamente dentro de la historia de la filosofa en general sino en el caso del marxismo en particular. Naturalmente que era un estudio aun en proceso de desarrollo, o como se dice en ingls work in progress, pero ya en aquel punto estaba dando sus frutos: estaba tan slidamente instrumentalizado -a travs de tantas herramientas filosficas, tericas, lgicas y filolgicas- que es simplemente imposible dar cuenta de la riqueza de su nocin de dialctica en una entrevista.

Dado lo anterior, debo atenerme solamente a algunas de sus caractersticas. A m me parece que Sacristn trataba de separar la dialctica de la lgica formal y la induccin de una forma muy sensata. Para Sacristn, la dialctica era una tradicin del pensamiento filosfico que vena desde los primeros pensadores griegos, que aspiraba a obtener un conocimiento que diera cuenta de la totalidad concreta, cosa que la lgica y la induccin como mtodos de obtener conocimiento formal (a priori) o conocimiento material (a posteriori) no podran ser capaces de proporcionar.

Tambin creo que Sacristn pensaba que no era de mucha utilidad usar la dialctica para producir conocimiento positivo o sustantivo, pues ste no era el mbito para el que estaba capacitada. Para Sacristn, lo que sera ms productivo era que la dialctica partiera de los conocimientos obtenidos por la induccin y a partir de ellos ir reconstruyendo, a travs de la crtica de sus limitaciones, un conocimiento que pudiera dar cuenta de la realidad concreta (anlisis concreto de la situacin concreta) integrando el conocimiento de la ciencia normal a la necesidad de cambiar el mundo social y histrico. En otras palabras, a partir de una concepcin de mundo inmanente, usar el conocimiento cientfico para superar las limitaciones de la ideologa, a travs de la construccin de un programa de medios y fines para la emancipacin social.

Precisamente, hablando de esta categora marxista, un da Sacristn me dijo que de los tericos de quienes haba estudiado la nocin, un autor que haba aportado a sus lecturas era el profesor marxista brasileo Caio Prado Junior.

Qu aristas le parecen ms destacables de su marxismo? En su opinin, en que fuentes de la tradicin bebi?

Como deca, Sacristn es un pensador que tiene muchas aristas, muchos lados, y por lo tanto desde esa primera constatacin, es un pensador que a partir de Marx es capaz de recorrer tradiciones que a m me parecen importantes para el conocimiento de la praxis social. Sin duda hay un lado muy lukcsiano en Sacristn. Este lado que tiene que ver con Hegel y la filosofa alemana. Hay tambin un ncleo muy cientfico en Sacristn que est ligado a su inters por la filosofa analtica y filosofa de la ciencia y por este lado lo relacionara con los marxistas ms ligados al lado lgico y filolgico del marxismo. Pero hay otro lado que yo relacionara ms estrechamente al plano poltico de las luchas de clases y que tiene mucho que ver con el leninismo y con Gramsci.

Yo creo que un lado importante del pensamiento de Sacristn est definitivamente ligado a la filosofa poltica y al quehacer poltico, relacionado estrechamente a la elaboracin de una praxeologa capaz de relacionar teora, ideologa y transformacin social.

SECCION OCTAVA: MARXISMO ECOLOGISTA

El inters de Sacristn por asuntos de ecologa, era frecuente en aquellos momentos en el marxismo latinoamericano? Cmo fueron recibidas sus reflexiones en este campo?

La preocupacin por la ecologa o el pacifismo no era un tema frecuente o usual por aqullos tiempos en la discusin marxista que hacamos en Mxico. Los estudiantes ms combativos estaban interesados en una revolucin en Latinoamrica. Y muchos pensaban que se podra lograr ese objetivo rpidamente a travs de las teoras leninistas o de su adaptacin para la realidad latinoamericana, como en caso de la teora de la dependencia del profesor Ruy Mauro Marini.

Por lo tanto, hasta donde soy capaz de recordar, ni el tema del ecologismo, ni el tema del feminismo, ni el pacifismo, eran temas muy discutidos o desarrollados en Mxico en aquel momento entre la izquierda marxista latinoamericana. Eso no quiere decir que no existieran grupos que pudieran haber estado interesados en esa discusin, pero no llegaban a ser temas corrientes en los ambientes marxistas en los que yo circulaba.

Por mi parte, yo ya tena cierta familiaridad con el tema pacifista por mis lecturas anteriores. Lo conoca en la obra de Bertrand Russell y las reservas del filsofo ingls -aquello que Sacristn denominaba la sensibilidad zoolgica de Russell- hacia la ideologa cientificista-tecnicista y su carrera armamentista, como puede verse en Tendr futuro el hombre y otros ensayos suyos.

Antecedentes de la critica a la ideologa cientificista-tecnicista ya existan tambin en el marxismo (y de una forma ms radical y abarcante que en Russell), aunque yo slo pudiera conocerlos en Mxico a travs de la lectura de textos de la tradicin de la crtica de la cultura, concretamente en Dialctica de la ilustracin de Adorno y Horkheimer. En ese texto clsico tenamos otro modo de conceptualizar la crtica de la razn instrumental -la razn irracional del occidental capitalista- que haba llegado a una etapa tan decisiva de desarrollo destructivo que ya se haba tornado incapaz de proporcionar -ms bien, todo lo contrario- el bienestar o armona entre el ser humano y la naturaleza, y/o entre el ser humano y otros seres humanos. Esta perspectiva que vino a mi conciencia a travs de Bertrand Russell y su sensibilidad zoolgica y de la escuela de Frankfurt serviran para introducir el escepticismo y la desconfianza en el llamado optimismo dieciochesco de Marx y Engels en lo que se refiere al papel que juega la relacin contradictoria entre el papel del desarrollo de las fuerzas productivas (la tecnologa) y las relaciones de produccin en el proceso de emancipacin de la humanidad.

En cuanto al feminismo

Tampoco ese lado era discutido en los ambientes en los que yo me mova y creo que uno de los factores probables de esa limitacin era la existencia, en toda la sociedad mexicana, de un alto grado de machismo militante,

Por lo tanto, que yo sepa, esas tres nuevas orientaciones en la obra de Sacristn realmente no tuvieron, en aquel momento, una mayor trascendencia dentro de la Universidad ni en otros espacios mexicanos que yo conoca.

Por cierto, aos ms tarde, en 1986, estando yo interesado en la interrelacin entre marxismo, feminismo, marianismo y teologa de la liberacin, escrib y defend una tesis doctoral sobre Dictadura militar y oposicin esttica: el marianismo como modo de resistencia cultural en la ficcin de Antonio Callado, en la University of Minnesota, USA.

Igualmente, tiempo despus, rescatando algunas aristas feministas de la tesis doctoral, escrib dos ensayos sobre dos brasileas que marcaron la historia contempornea de Brasil: Menininha de Gantois y Benedita da Silva, para el importante libro Notable Twentieth-Century Latin America Women, publicado en USA por Greenwood Press. 2001.

Qu relacin cree usted que Sacristn postulaba entre las ciencias sociales y las ciencias naturales?

A m me parece que Sacristn trataba de establecer con precisin muchas de las semejanzas y diferencias (las especificidades) entre las denominadas ciencias duras y las ciencias sociales, pero estaba muy preocupado por cierta polarizacin, quizs innecesaria, entre las dos y, sobre todo, por la utilizacin de los conocimientos cientficos para la construccin de futurologas aun ms opresivas que el sistema de dominacin y explotacin actual como puede observarse en la ya mencionada entrevista con la revista Dialctica o en el texto de su comunicacin Sobre los problemas presentemente percibidos en la relacin entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofa de las ciencias sociales22. Dicho eso, creo que Sacristn no estaba dispuesto a renunciar a la metodologa y la epistemologa de las ciencias duras (pues no solamente haba sido producto de muchos aos de trabajo intelectual honrado, sino que adems enseaba su eficacia en las tecnologas de dominio de la naturaleza) para reemplazarla por algn tipo de pensamiento sistemtico (idealista, o romntica) que no fuera fundamentada por aquellos mtodos. As que Sacristn pensaba que lo bueno de Marx era haber trabajado con una amplia nocin de ciencia, tres nociones concretamente, que incorporaba epistemologa, tica y poltica simultneamente, produciendo una obra sistemtica, grandiosa y procesual que sac ventajas de la incorporacin de la gran ciencia alemana de Hegel (en lo que atae a la totalidad y al desarrollo), de la incorporacin de la ciencia normal de su poca (la ciencia de la economa poltica) y de la incorporacin de la ciencia como crtica (que provena de los neo-hegelianos). Los estudios filolgicos de Sacristn lo llevaron a creer de la mayor importancia, para continuar productivamente el legado de Marx,todos esos conocimientos e inspiraciones, capaces de conducir a un programa de transformacin social mucho ms eficaz y deseable que cualquier otra ciencia normal (dura o social) pudiera producir en la actualidad.

Puede hablarse en algn sentido y, si es el caso, en cul- de filosofa marxista segn Sacristn?

Todas las veces que escuch a Sacristn hablar de una filosofa marxista siempre lo hizo en el sentido gramsciano de una filosofa de la praxis. Para Sacristn (admito que no sin cierta ambigedad) caba a la critica filosfica cuestionar proposiciones que provenan de la ciencia pues existan tambin ideologas regresivas formadas a partir de proposiciones cientficas. As que era necesario que el conocimiento cientfico no solo estuviera legitimado por si mismo, por sus propios criterios internos, sino que habra que disponer de otras instancias, habra que disponer de otras categoras que pertenecan a la filosofa como crtica -una inspiracin que, como dije, provena de la tradicin neo-hegeliana- de la sociedad, con objetivos ticamente trascendentes a las finalidades utilitarias de la ciencia normal. Pero esos objetivos trascendentes seran siempre inmanentes a la sociedad humana. Su meta final era emancipar a los seres humanos de la dominacin y explotacin de la sociedad capitalista y la construccin de un modo de produccin socio-econmico que no tuviera la ganancia como su principal mvil y objetivo.

Cree que sigue teniendo inters aproximarse a su obra o bien piensa que Sacristn es un autor superado o algo desfasado?

No, de ninguna manera. A m me parece que Sacristn fue capaz de establecer una visin del marxismo extremamente productiva para lidiar con los nuevos problemas de la sociedad humana en el capitalismo, que podr venir a ser en el presente y en el futuro una de las tradiciones importantsimas para la revitalizacin del marxismo, del socialismo y del comunismo.

Creo que el legado de Sacristn ser cada vez ms notable si entendemos que gran parte del discurso pos-estructuralista, posmoderno o posmodernista fue y es altamente funcional para la produccin y la reproduccin de la globalizacin capitalista (del imperialismo), y si los movimientos sociales ecologistas, pacifistas, feministas son capaces de luchar para retomar el camino de un marxismo revolucionario, cientfico y emancipador.

Tambin es necesario que un conjunto de espejismos, quimeras y mistificaciones fuertemente arraigados en el interior de una izquierda complaciente con los poderes existentes, desaparezcan de la praxis poltica de esos movimientos emancipadores, en la medida en que estemos dispuestos a desconocer esa forma tan laxa o fcil de pensar, muy vigente actualmente y que, en el fondo, no pasa de internalizar los mitos y dogmas que provienen de los idelogos del gran capital pero a los que la llamada izquierda actual, ilusionada por la jaula de oro (que sigue siendo jaula) del capitalismo, est contribuyendo a perpetuar.

As que yo creo que uno de los elementos fundamentales para enfrentarse a todo esto es la generacin de una resistencia intelectual, bien informada, rigurosa, y ese tipo de resistencia no puede ser satisfactoria sin llevar en consideracin el legado del pensamiento y la praxis de Manolo Sacristn, o sea, de una de las tradiciones importantes y decisivas del marxismo y del comunismo del siglo XXI. Un marxismo que deber articular la ecologa, el feminismo y el pacifismo a todos los movimientos globales de resistencia a la dominacin y explotacin del Capital.

Si tuviera que quedarse con algn trabajo en especial, qu artculos o libros de Sacristn destacara?

El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia23 es una pieza digna de estar en una antologa. Es, en mi opinin, uno de los mejores trabajos sobre Marx y el marxismo que he ledo hasta nuestros das. Sin duda es un trabajo magnfico: original, estilo despejado y muy placentero de leer. Es una obra maestra del ensayo marxista.

El otro ensayo extraordinario por la solidez y el rigor filolgico es el que fue publicado en Mxico con el ttulo Marx como socilogo de la ciencia24. Como no ser de otro modo, tengo que incluir tambin el ensayo Russell y el socialismo25 por haber sido, histricamente, mi puerta de entrada para conocer la obra de Manuel Sacristn.

Otro trabajo que es imprescindible en el legado cultural de Marx y el marxismo es La tarea de Engels en el Anti-Duhring26, su presentacin al clsico de Engels (Por cierto, a propsito de su introduccin al Anti-Duhring, una vez Sacristn me coment que si tuviera que rescribir su ensayo sobre Engels lo hara poniendo menos nfasis y dando menos importancia en su texto al tema de la concepcin del mundo).

Desde una perspectiva predominantemente gnoseolgica destacara Verdad: desvelacin y ley27. En el nivel de su aportacin a la crtica literaria mencionara sus ensayos La veracidad de Goethe, Heine, la consciencia vencida y Una lectura de Alfanhu de Rafael Snchez Ferlosio28.

De las entrevistas, la de Dialctica es mi preferida

De la coleccin de libros subtitulada Panfletos y Materiales, los volmenes publicados por la Editorial Icaria, me quedara sobre todo con el primer volumen, con Sobre Marx y marxismo.

Qu destacara usted de la aproximacin de Sacristn a la gnoseologa de Heidegger?29

Yo no soy un conocedor de Heidegger y lo poco que he ledo de l no me parece suficiente para profundizar en esta pregunta. Sin embargo, me gustara hacer una referencia que me parece interesante. Yo he ledo un ensayo de Sacristn (ya mencionado en la pregunta anterior) sobre el filosofo alemn que se refera a las dos nociones de verdad que se podra encontrar en la gnoseologa de Heidegger: verdad como desvelacin, que tendra que ver con la verdad existencial ms ntima de cada uno de nosotros, vistos como individuos, y una nocin ms instrumental, que sera la verdad como ley, como ley cientfica, y por lo tanto como algo exterior a la verdad subjetiva del individuo. Esa comprensin del trabajo de Heidegger por parte de Sacristn me pareci muy interesante y extremamente til para entender uno de los problemas centrales de la relacin ontologa/gnoseologa en el pensamiento heideggeriano.

SECCION 9. SACRISTN EN LATINOAMRICA

Es conocida la obra de Sacristn en los pases americanos de hablas espaola o portuguesa? Por qu cree usted que ha sido tan poco traducido?

Para contestar esta pregunta se hace necesario contextualizar el momento histrico que Latinoamrica estaba viviendo. Alejo Carpentier nos revel que Amrica Latina debera ser vista y representada por lo que hoy se denomina realismo mgico, que se podra describir como la especificidad de coexistencia simultnea de diferentes espacios, tiempos y mentalidades. Lgicamente eso tambin tiene que ver con lo que Trotsky, que vivi y fue asesinado en Mxico, haba denominado el desarrollo desigual y combinado. En este contexto lo primero que puedo sealar es que el pensamiento de Sacristn, por un lado, es el pensamiento de un filsofo que estuvo muy involucrado en las pugnas polticas, econmicas, intelectuales de Europa y, en este sentido, Sacristn traa elementos que eran muy especficos de la situacin europea, aunque podran ser articulados para nuestras formaciones sociales latinoamericanas. En otras palabras, mientras el espacio europeo (por lo menos ese espacio que nosotros llamaramos Europa occidental), era ms o menos homogneo, eso no pasaba, creo, en Amrica Latina.

Segundo: hay que tener en consideracin que somos analfabetos, esto es, que Sacristn estaba muy adelantado para nosotros en cuestiones relacionadas con la filosofa de la ciencia, la lgica general y la cientificidad en el marxismo. En general, en aquellos aos, los supuestos lectores de Marx en Amrica Latina tombamos la lectura de Marx a la ligera. Tambin contribua a esa ignorancia relativa, el peso que tena la orientacin de los partidos comunistas con sus intentos de resolver los problemas de formacin de cuadros con manuales pedaggicos para Amrica Latina. Creo que son factores que contribuyeron al poco conocimiento de la tradicin intelectual de Sacristn. As que yo creo que, en este mbito, el espacio-tiempo estaba lleno de obstculos y prejuicios para una abertura a la obra Sacristn.

Por otro lado, la problemtica de Sacristn en relacin a la lgica y la filosofa analtica, llevaba a los marxistas latinoamericanos a pensar que Sacristn representaba una versin ms radicalizada de Bertrand Russell. Otro factor no menos importante era, en el caso especfico de Mxico de los 70 y 80, que el pas azteca era uno de los centros intelectuales ms importantes de la dispora marxista latinoamericana de la poca. En mi opinin era un centro comparable a la Inglaterra en tiempos de Marx. Mxico era un pas que reciba a los exiliados de toda Latinoamrica y de Espaa tambin -el propio Sacristn me dio a entender que tena familiares suyos exiliados en Mxico30. Por eso el pas azteca estuvo abierto a diversos tipos de orientaciones dentro del marxismo, en aquellos aos, por ejemplo, a tres corrientes predominantes en el pensamiento de izquierda: el eurocomunismo, que legitimaba la prctica de un gran partido reformista, el Partido Socialista Unificado Mexicano (PSUM); luego estaba el PRT, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, que era un partido de orientacin trotskista, y adems un Frente Democrtico que actuaba en el mbito de los trabajadores, los profesores y los estudiantes de la UNAM. Tenamos tambin el pensamiento de profesores independientes que trabajaban en la UNAM, como el profesor de esttica marxista Adolfo Snchez Vzquez, que defenda una filosofa de la praxis revolucionaria. Esas diferentes organizaciones invitaban a la Universidad a tericos de su misma orientacin. As que, mientras profesores como Octavio Rodriguez Araujo o Adolfo Gilly, ligados al trotskismo invitaban a Ernest Mandel, Perry Anderson y muchos otros para dar conferencias en Ciencias Polticas, la Facultad de Economa, ligada al PSUM, invitaba, por ejemplo, a Etienne Balibar para hablar del tomo II (el proceso de circulacin) de El Capital de Marx. En este clima de disputa intelectual, en este clima de lucha doctrinaria por el poder simblico, la figura y el pensamiento de Sacristn no estaban en el centro de la disputa intelectual. En ese sentido, tena poca influencia en ese grupo de jvenes que entre otras cosas queran un pensamiento ms o menos afianzado capaz de proponer una intervencin y transformacin inmediata de la realidad latinoamericana.

As, pues, este conjunto de problemas entre organizaciones, doctrinas, entre instituciones dentro de la UNAM, dentro de las editoriales de Latinoamrica contribuyeron a que el pensamiento de Sacristn se quedara algo rezagado en comparacin con otros, como por ejemplo, la teora de la dependencia que estuvo en moda en esa poca.

Quin formul esa teora?

La teora de la dependencia fue una respuesta terica elaborada entre los aos 50 y 70 por cientficos sociales, principalmente brasileos, argentinos y chilenos, ante la situacin de estancamiento socio-econmico latinoamericano en el siglo XX.

Partiendo de la tesis del destacado economista y socilogo alemn Andre Gunder Frank (quien haba formulado una respuesta terica opuesta a The Stages of Economic Growth: A Non-communist Manifesto de W. W. Rostov), intelectuales latinoamericanos como Fernando Henrique Cardoso, Teotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marini y Enzo Faletto, ampliaron la tesis de Gunder Frank que estableca bsicamente que el desarrollo y el subdesarrollo son las dos caras opuestas de la misma moneda, esto es, los pases desarrollados lograron su crecimiento a costa del subdesarrollo de otras naciones.

En desacuerdo con la teora de las ventajas relativas de comercio internacional de David Ricardo defendida por la CEPAL, la Teora de la Dependencia utiliza la dualidad centro-periferia para sostener que la economa mundial posee un diseo desigual y perjudicial para los pases no-desarrollados, a los que se les ha asignado un rol perifrico de produccin de materias primas con bajo valor agregado, en tanto que las decisiones fundamentales se adoptan en los pases centrales, a los que se ha asignado la produccin industrial de alto valor agregado.

Lo ms irnico es que esa teora de la dependencia se revel llena de limitaciones intelectuales, culminando con el oportunismo y la traicin del ms famoso de sus representantes, el socilogo Fernando Henrique Cardoso, que fue dependentista mientras estaba auto-exiliado (y de quien escuch algunas conferencias en la UNAM), pero cuando fue elegido presidente de Brasil, se transform en un defensor de la tercera va y lo primero que dijo a quienes esperaban una praxis consecuente con la teora fue: olviden todo lo que escrib31.

Sin embargo, delante de tanta traicin, tantos oportunismos y trnsfugas dentro de la izquierda, el pensamiento de Sacristn continua brillando por su honradez, solidez, consistencia y profundidad. Su pensamiento no trata de abarcar todo el mundo real, pero, en las tareas que se ha propuesto -repensar el marxismo con lucidez, rigor y cientificidad teniendo en cuenta sus objetivos emancipadores- es, sin duda, una de las tradiciones no superadas. Es un pensamiento modesto, modesto en el sentido de que no trata de hablar de todo, no trata de abarcar el todo al mismo tiempo, pero que, en lo que se propone, logra resultados con una admirable eficacia intelectual.

SECCION DCIMA: UNA REFLEXIN FINAL

Quiere aadir algo ms?

Bueno, habra tantas cosas que aadir que lo que har es tratar de describir algunos momentos en la evolucin de mi relacin con el profesor Manuel Sacristn tomando como espacio de referencia nuestros encuentros en el saln de clase, en los pasillos de la UNAM despus de sus clases de Induccin y Dialctica y, en la casa en que viva con su esposa en el Pedregal. En otras palabras, intentar hacer aqu un breve retrato de memoria con la esperanza de poder contribuir a ampliar la imagen humana de Manuel Sacristn en mi desarrollo intelectual en el Mxico de nuestros aos.

Naturalmente, como en el caso de la relacin entre el hidalgo Don Quijote y la vaca del barbero, en que este ltimo, para defenderse de la lluvia, la transforma en sombrero y el hidalgo, a su vez, la convierte en yelmo del caballero Mambrino, tratar de ser consciente de las limitaciones de la memoria y de sus ambigedades; que estas evocaciones estarn sujetas a diferentes lecturas que posiblemente extrapolarn las intenciones iniciales del sujeto emisor. De cualquier modo, ese proceso ser algo que -como pasar con cualquier objeto simblico puesto en circulacin transcender a la capacidad de control del productor del discurso y quedar despus a la merced de los lectores del mismo.

Mi primer recuerdo de la figura del profesor Sacristn se refiere al primer da de la clase de su curso Induccin y Dialctica: fsicamente, Sacristn era flaco y de estatura mediana. Tena un rostro proporcional al cuerpo delgado, con una nariz sobresaliente. Algo en su rostro me recordaba una foto de Bertold Brecht32. Sacristn usaba gafas grandes que se dejaban entrever unos ojos que parecan transmitir una vibracin serena, tranquila, quizs algo contemplativa y melanclica. Aunque me pareca que era feliz, era una persona cuya presencia evocaba, por un lado, mucho sufrimiento a la par que mucha resistencia al sufrimiento. Por otro lado, mostraba mucha fuerza de voluntad y un fuerte poder de conviccin. En su primera clase, usaba un pantaln beige con una camisa clara por debajo de un elegante suter color vino. Tambin se vea una lupa colgada de su cuello y, alrededor del pulso, un reloj de pulsera negra. En las manos traa dos libros y unas cuantas fichas que le ayudaron a impartir la clase. En el final de la clase me acerqu a su escritorio para presentarme, darle la bienvenida e intercambiar algunas palabras con l. Tambin era mi intencin darle a conocer, delicadamente, que algunos compaeros y yo estbamos algo desilusionados con los responsables de la propaganda del departamento por la escasa divulgacin que su presencia y sus clases estaba teniendo entre los departamentos de la UNAM. Cuando finalmente pude hablar con l, hice todo lo que haba pensado menos lo ltimo porque otros estudiantes queran hablar con l tambin.

Despus, durante el transcurso de sus clases, fui tomando conciencia de que Sacristn tena carisma y funcionaba -para aquellos con quienes estableci empata- como una especie de padre simblico o de hermano mayor que haba vivido mucho, que haba experimentado muchsimo y que tena un conocimiento de la vida y del mundo, una sabidura, que nos enorgulleca y que nosotros desebamos tener algn da. Quiero remarcar que esto tena que ver nicamente con los estudiantes que se identificaban con Sacristn.

Durante el proceso de asistencia a sus clases y de convivencia con l, me fui dando cuenta de que mi experiencia de vida en aquel momento mostraba un cierto paralelismo, una cierta identidad, con algunas de las experiencias por las que haba atravesado o aun estaba atravesando Sacristn. l era un viajero y un extranjero en Mxico, tal como yo, que haba llegado de Brasil tres aos antes. Sacristn haba experimentado en carne propia la terrible experiencia histrica de la dictadura franquista; por mi parte, yo estaba en Mxico tratando de escapar, por algn tiempo, de la dictadura militar que fue impuesta en Brasil desde 1964, y cuya cotidianidad se torn absolutamente insoportable para m33.

Sacristn era un profesor que el franquismo persigui sistemticamente, impidindole que compartiera en la Universidad los conocimientos de Lgica y Filosofa de la Ciencia para las cuales estaba sumamente cualificado; por mi parte, yo no poda ensear sociologa en las universidades brasileas porque la dictadura militar persegua la carrera de sociologa. Qued claro para m que la dictadura militar no me permitira obtener un empleo estable en la universidad, no slo porque el mercado de trabajo se tornara inhspito bajo la dictadura, sino sobre todo porque mi profesin de socilogo era considerada subversiva por los militares y la Iglesia catlica oficial. Para sobrevivir, antes que pudiera salir de Brasil y llegar a Mxico, fui obligado a trabajar en la selva amaznica donde contraje dos malarias, una hepatitis y una artritis reumatoide.

Por otro lado, Sacristn era un hombre que dedic una parte importante de su vida tratando de hacer poltica desde dentro de las organizaciones obreras del PCE y del PSUC, y sali del partido con un profundo sentimiento de derrota, lo que le llev durante unos aos a una profunda depresin y una seria crisis de identidad, conforme me confes en una conversacin ya mencionada que tuvimos en su casa del Pedregal en Mxico. Por mi parte, el golpe militar de 1964 y la dictadura militar, que perdur durante 22 aos, me dejaron un profundo sentimiento de derrota, la misma que contamin no solamente a los militantes del movimiento popular y del Partido Comunista sino tambin a nosotros, los que pertenecamos al movimiento estudiantil y al Centro Popular de Cultura (CPC) ligado a UNE (Unio Nacional dos Estudantes) del cual form parte en Salvador, Bahia (Brasil) como uno de los miembros ms jvenes. Fue en el CPC de Salvador donde conoc y trabaj con Francisco Assis, Tom Z, Capinam y Glauber Rocha.

Como es sabido, la represin, la censura, la persecucin, la prisin, la tortura, el desaparecimiento, el exilio y el asesinato sistemtico en Brasil nos condujeron a una casi absoluta crisis de identidad y a una profunda, larga y delirante depresin34.

Dicho eso, conviene esclarecer, que no estoy sugiriendo, con estas comparaciones, que la situacin de los brasileos (y la ma) bajo la dictadura militar (1964-1986) tuviera la misma dimensin trgica e infernal que la de los espaoles bajo la dictadura franquista; tampoco estoy sugiriendo que la situacin de crisis personal de Sacristn y la ma fueran equivalentes. Hasta donde pude intuir y entender me pareci que aunque Sacristn haba tenido una larga y profunda depresin, estaba finalmente saliendo de su crisis existencial y poltica, mientras que en mi caso, aunque fuera ms leve, yo todava estaba atollado en ella. Sin embargo, puedo afirmar que estos elementos de identidad jugaron su papel en mi decisin de escribir la tesis sobre su pensamiento.

Para m tambin qued claro que uno de los elementos que tambin me ayudaron en el proceso de identificacin con Sacristn era el lxico, muy oportuno, que l usaba para describir y valorar las caractersticas de algunas estilos de pensamientos -escolstico, dogmtico, devoto, hagiogrfico- que se aplicaban a la situacin de Latinoamrica bajo las dictaduras sudamericanas, y la brasilea en particular (yo vena de una sociedad autoritaria, patriarcal y catlica, clerical y dogmtica que haba echado mano de una dictadura militar fascista para poder integrarse a las nuevas etapas del capitalismo sin perder los valores culturales que provenan de la colonizacin y del dominio portugus). Dentro de este contexto creo que la solidez de la lgica y de la ciencia moderna ofreca para Sacristn (y tambin para m) una de las formas que nos garantizaba un cierto grado de seguridad, de certeza en el pensamiento y en la accin para resistir al pensamiento autoritario de raz religiosa.

Dado que Sacristn se entregaba al objeto de estudio -en este caso el objeto era la lgica formal como criterio de un pensamiento veraz y honrado- con una enorme entereza vital, decid, siguiendo las consideraciones de Marx de que las categoras del pensamiento econmico, de la economa poltica, representaran solamente una etapa histrica en el desarrollo de la especie humana y que seran suplantadas o anuladas en un nuevo modo de produccin, en el reino de la libertad, cuestionar algunas de sus afirmaciones. Plante en la clase de Sacristn la posibilidad de que la lgica y que la epistemologa que estbamos estudiando en el occidente, fueran solamente una forma singular, aunque muy eficiente, de pensamiento que provena de nuestra experiencia del modo de produccin mercantil y capitalista, una forma que tena todo que ver con el dominio, el control y la explotacin de la naturaleza y de los hombres, pero que en una nueva sociedad, la verdaderamente comunista, por ejemplo, la lgica que conocemos como tal sera cancelada, superada, dado que ya no necesitaramos formas de pensamiento mercantiles tan elementales, tan abstractas y tan pobres de concrecin para vivir y producir en una nueva sociedad. Para mi sorpresa, Sacristn atentamente, par su lnea de argumentacin, me mir y dijo alegremente: Es posible, pero no estoy seguro de nada de eso, y desde ahora quiero que quede claro que podemos discutir racionalmente esa posibilidad en el futuro. Luego, sigui dando su clase.

Algunas veces, yo tomaba la iniciativa para expresar un cierto grado de escepticismo, una cierta recusacin por la creencia de que el alto grado de matematizacin en la ciencia moderna fuera criterio infalible del avance de las ciencias y traa a colacin algunos temas de la filosofa de la ciencia que ponan en entredicho aquella creencia. Entre ellos, el descubrimiento de la geometra eclptica, no euclidiana; la crisis de fundamentos de la ciencia moderna; la teora fsica de Einstein como un discurso ms ampliamente veraz que la fsica newtoniana; las afirmaciones de Bertrand Russell de que la Matemtica es la ciencia de que nunca sabemos de qu hablamos, ni siquiera si lo que decimos es cierto; el brillante intento de Russell de establecer la ciencia de la lgica como fundamento de las matemticas; la paradoja del propio Russell, las de Zenn de Elea y la paradoja del cretense con la que Kurt Gdel metaforizaba su famoso teorema de la incompletud, etc. En todas esas situaciones Sacristn siempre se mostr receptivo en la discusin y siempre intervino de una forma abierta, gentil, respetuosa, didctica y, sobre todo con un nivel de informacin y lucidez extraordinaria.

As, me fui percatando poco a poco que el problema de la forma, no solamente en el mbito de la lgica, era una cuestin intelectual imprescindible para Sacristn, desde que le en Mxico su ensayo Una lectura de Alfahui de Rafael Snchez Ferlosio35. La idea de la artificialidad del arte, que ya exista de un modo exacerbado en el sistema de los formalistas rusos y que estaba presente discretamente en aquel texto de Sacristn, me pareci una formulacin casi dialctica en el sentido hegeliano-marxista, aqulla que apunta a la tesis de que el hombre, para satisfacer sus necesidades, venga del estmago o de la fantasa, tiene que trabajar, tiene que luchar, tiene que enfrentarse a la naturaleza y en este proceso de cambiar la naturaleza para satisfacer sus necesidades, el hombre est obligado, objetiva y subjetivamente, a cambiarse a s mismo, a ser artificial, empezando naturalmente por los cambios de sus experiencias, de su percepcin del mundo externo y de s mismo.

Esta formulacin que ensea, repito, la artificialidad y por lo tanto la historicidad de toda produccin de la cultura humana, resultaba muy clara en la conclusin defendida por Sacristn en el artculo indicado donde explicitaba la naturaleza del arte como forma de produccin (Si se me permite, un parntesis, yo creo que los captulos 27, 33, 34, 35 de mi breve novela Memorial da Ilha, sobre todo el captulo 33, expresan una nocin de forma y dialctica muy inspiradas por las semejanzas entre las nociones de forma dialctica contenidas en el trabajo intelectual de Marx, Hegel, Lukcs y Sacristn y recientemente de Fredric Jameson en su extraordinario libro Marxism and Form.)

Pero volviendo a los escritos de crtica literaria de Sacristn, me gustara relatar otra ancdota sobre mi relacin con Manolo. Una noche en Mxico, estando en la Librera Gandhi, encontr una novela espaola: Asesinato en el Comit Central de Manuel Vzquez Montalbn. Decid comprarla y leerla. Despus, interesado en saber si Sacristn la conoca para conocer sus comentarios sobre el contenido/forma de aquella novela policaca, le pregunt si la haba ledo. Para mi gran sorpresa, me contest rpidamente: Te diste cuenta de quin soy en la novela?. No saba qu decirle pues nunca me imagin que Sacristn pudiera ser -como Lukcs, a quien l admiraba-, personaje de una novela. As que volv a leer la novela con toda la atencin posible para darme cuenta de cul era el personaje de Sacristn en el libro. Finalmente pude descubrir, por el lxico, por la crtica a la utopa ingenua y por la referencia burlona y sarcstica de Montalbn a la revista imaginaria Hasta luego, quin era el personaje de Sacristn en la novela36.

Retornando al problema de lo formal en la crtica literaria de Sacristn, me gustara decir que adems de leer los ensayos de l sobre el tema que ya he mencionado, conoc y le despus los ensayos titulados El cnsul de Gian Carlos Menotti El deseo bajo los olmos de Eugene ONeill37. En ambos ensayos, Sacristn destaca muy concienzudamente la utilidad de la forma musical para analizar la composicin de las obras teatrales. En el primer trabajo, utiliza el ensayo The Musical and Dramatic Structure que Sackville-West escribi para la pera Peter Grimes de B. Britten, para hablar de la forma del trabajo de Menotti; en el segundo, menciona dos concepciones de forma teatral (la mondica y la sinfnica) para diferenciar El deseo bajo los olmos (la ms lograda) de las otras composiciones de Eugene ONeill y para justificar su alta calidad artstica. Cito:

Creo justificadas esas denominaciones por el hecho de que la msica est altamente capacitada para dar categoras estticas a las dems artes, por haber gozado ella misma de un cultivo formal incomparable que ha llegado a dar expresin tcnica a estructuras comunes a todas las artes e incluso a cualquier actividad mental.

Todo lo anterior me llevaba a pensar que, quizs tambin porque estudi msica, violonchelo, en Salvador, Bahia (Brasil), y aun continuaba tocando la guitarra acstica, Sacristn tena criterios (formales) muy slidos para elaborar un modelo de crtica esttica y potica para el anlisis en esta rea. En aquel tiempo aun no me haba dado cuenta pero algn tiempo despus comprend que la lectura de sus textos de crtica literaria me llevaron a interesar por la potica de las formas literarias y luego por la propia creacin artstica.

Un ltimo recuerdo que se refiere al problema de lo formal en mi relacin con Manuel Sacristn, sucedi un poco antes de que terminara mi visita a su casa del Pedregal y le dijera hasta luego a l y a su esposa. Un amigo mexicano, doctor en Matemtica por MIT y profesor del Instituto de Matemticas de la UNAM, estando de viaje en USA me trajo el fascinante libro Gdel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid de Douglas R. Hofstadter. Como ya lo haba ledo y me gust mucho se lo ofrec a Sacristn. Manolo me mir con dos ojos llenos de admiracin y emiti una exclamacin: -Oh! espera un segundo- y se meti casa adentro. Volvi con un libro grueso debajo del brazo y me dijo con toda la expresin de felicidad: Ya lo tengo y me lo estoy guardando para leer despus, pues no veo la hora de tener un tiempo libre para disfrutarlo. No necesito decirles que el libro que tena en las manos era la traduccin Godel, Escher, Bach: Una Eterna Trenza Dorada  traducida y publicada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnologa (CONACYT)38.

Es probable que la fragmentacin, la intermitencia, y la dispersin de la memoria despus de esos 25 aos tenga algo que ver con el criterio de la selectividad de los hechos narrados. La falta de tiempo tambin jug su papel en la escasez de los detalles de los eventos evocados. En aquellos aos de finales de la presidencia de Lpez Portillo y de la transferencia del poder para el presidente Miguel de la Madrid, las contradicciones socio-econmicas y el patetismo del Estado y del gobierno mexicanos delante de la crisis econmica nos tenan a todos desorientados. Basta con citar que, llorando, Lpez Portillo nacionaliz la banca mexicana al salir del poder, mientras que Miguel de la Madrid, deshaciendo todo lo hecho, volvi a privatizarla cuando asumi el mando del gobierno mexicano. Las contradicciones tambin se expresaban en otros niveles. Por un lado, el gobierno mexicano, con un fuerte ingreso debido a las exportaciones de petrleo, aceptaba el ingreso a Mxico de polticos e intelectuales perseguidos o exiliados por las dictaduras latinoamericanas; por otro, no les permita ninguna participacin en la poltica mexicana. En ese tiempo circulaban libremente por el pas azteca importantes lideres brasileos que fueron perseguidos por la dictadura. As el ex-gobernador Leonel Brizola (cuado de Joo Goulart, el expresidente depuesto por el golpe militar de 64) y el ex lder de las ligas campesinas, Francisco Julio, vivan all y no tenan mayores problemas. Sin embargo algunos profesores extranjeros de la UNAM estuvieron en la crcel por problemas polticos. Yo mismo tena colegas brasileos, estudiantes de la maestra o doctorado, que rompieron con el Partido Comunista de Brasil (PCB) y que pertenecan o eran simpatizantes de organizaciones clandestinas tales como el MR-8, el PCBR y otras, y hasta donde pude saber nunca fueron encarcelados en Mxico o perseguidos o asesinados por la Operacin Cndor, la misma que asesin, entre otros lderes latinoamericanos, al ex presidente Goulart en Uruguay.

Volviendo a Sacristn, me gustara aadir que toda esa abertura que hubo por su parte hacia el mundo mexicano, un mundo que, de muchas maneras, creaba nuevas inquietudes y posibilidades de enriquecimiento para su pensamiento, estuvo muy relacionado con su matrimonio con la profesora Lizn -l haba dejado explcito que el elemento vital y existencial decisivo de su superacin de la depresin tena que ver con su viaje a Mxico y con su nuevo matrimonio- pues me pareci que Sacristn estaba muy a gusto, disfrutando de todo aquello con entusiasmo.

Cuando se trata de Sacristn, siempre habra informaciones que aadir pero tendremos que dejarlas para otra oportunidad pues el tiempo es un factor imprescindible de nuestra inexorable limitacin. Me gustara sugerir, para concluir, que toda esa vivencia de Sacristn en Mxico, toda esa nueva vida, si l hubiera convivido ms tiempo para lidiar con las diferencias de tiempo, espacio y mentalidades de Latinoamrica; si hubiera tenido ms tiempo para la germinacin, el desarrollo y la maduracin de sus nuevas ideas, hubiera sido capaz de contribuir con mucho para el enriquecimiento de su pensamiento sobre la izquierda revolucionaria latinoamericana. Con su pensamiento marxista muy bien formado e informado, consistente y riguroso, filolgicamente impecable, habra contribuido probablemente a una nueva concepcin de una militancia marxista en su dilogo inevitable con el movimiento ecologista, pacifista y feminista de Amrica Latina y tambin con el movimiento zapatista, el Movimiento Sin Tierra (MST) en Brasil y con el nuevo sujeto revolucionario, el nuevo obrero colectivo de Amrica Latina, de Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Bibliografa.

I. Los ensayos y entrevistas de Sacristn mencionados se encuentran ahora en:

Panfletos y materiales, I: Sobre Marx y marxismo. Icaria, Barcelona, 1983.

Panfletos y materiales, II: Papeles de filosofa. Icaria, Barcelona, 1984

Panfletos y materiales, III: Intervenciones polticas. Icaria, Barcelona, 1985

Panfletos y materiales, IV: Lecturas. Icaria, Barcelona, 1985.

Karl Marx como socilogo de la ciencia. Manuel Sacristn Luzn. UNAM, Mxico DF, 1983.

Gernimo. Historia de su vida. S.M. Barret. Barcelona, Grijalbo. Traducido y anotado por Manuel Sacristn, 1975.

Entrevista concedida a Gabriel Vargas Lozano para Dialctica, n 13 Universidad de Puebla, Mexico, 1983 (ahora tambin en Acerca de Manuel Sacristn. Salvador Lpez Arnal y Pere de la Fuente. Ediciones Destino, Barcelona, 1996).

Ciencia, Concepcin de Mundo y Programa en el Marxismo. Tesis de maestra sobre el marxismo de Manuel Sacristn. Jorge Vital de Brito Moreira. UNAM. Mxico, Abril, 1985.

II. Otros libros y materiales mencionados se encuentran en:

A Rebeldia do Jovem Filsofo. Jorge Vital de Brito Moreira.Tribuna da Bahia. Salvador, Bahia, Brasil, 11/Nov/1972.

Dictadura militar y oposicin esttica: el marianismo como modo de resistencia cultural en la ficcin de Antonio Callado tesis doctoral. Jorge Vital de Brito Moreira. University of Minnesota, USA. Abril,1986.

Notable Twentieth-Century Latin America Women, Menininha de Gantois; Benedita da Silva. Jorge Vital de Brito Moreira. Greenwood Press. USA, 2001.

Democracia made in USA, Parte I, entrevista de Jorge Vital de Brito Moreira. Revista Ideao, 14 UEFS. Feira de Santana. Bahia Brasil. 2004.

Democracia made in USA, Parte II, entrevista de Jorge Vital de Brito Moreira. Revista Ideao, 15, UEFS. Feira de Santana. Bahia Brasil. 2005.

Memorial da Ilha e Outras Fices. Jorge Vital de Brito Moreira. JVBMoreira Edies, Feira de Santana, Brasil, 28, Dez/2007.

Tem Futuro o Homem? Bertrand Russell.Civilizacao Brasileira, Rio de Janeiro,1962 (ahora tambin en castellano: Tiene el hombre futuro? Bertrand Russell. Bruguera, Barcelona. 1982).

Marxism and Form. Fredric Jameson. Princeton University Press, New Jersey, 1974.

Noticias biogrficas

Jorge Vital de Brito Moreira naci en Salvador, Bahia, Brasil. Estudi Ciencias Sociales en la Universidade Federal da Bahia (UFBa) donde complet el bachillerato en 1971. Realiz estudios de postgrado en Sociologa y Filosofa en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM) donde recibi una Mencin Honorfica por su tesis, Ciencia, concepcin de mundo y programa en el marxismo que estudia el pensamiento marxista de Manuel Sacristn Luzn, 1985.

Durante sus estudios de posgrado en la UNAM ense cursos de Economa Poltica y un Seminario sobre la acumulacin capitalista. Complet el doctorado en USA, en 1996, en Hispanic and Luso-Brazilian Literatures and Linguistics en la Universidad de Minnesota con la tesis doctoral Dictadura militar y oposicin esttica: el marianismo como modo de resistencia cultural en la ficcin de Antonio Callado.

Ha enseado literatura brasilea y latinoamericana y estudios culturales en varias universidades de Estados Unidos: en la Universidad de California (San Diego), en Washington University y en la University of Wisconsin.

Jorge Vital de Brito Moreira ha publicado ensayos sobre la obra literaria de escritores brasileos y latinoamericanos -Antonio Callado, Guimares Rosa, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, entre otros- en revistas de Estados Unidos y Brasil como Revista de Estudios Hispanicos, Brazilian Studies Association (BRAZA); Nexos; Ideao; Sociedade e Agricultura. En 2006 public una larga entrevista de anlisis filosfico, socio-econmico y poltico para la revista brasilea de filosofa Ideao. Rescatando el elemento feminista de su tesis doctoral, escribi dos ensayos -sobre Menininha de Gantois y Benedita da Silva- para el importante libro Notable Twentieth-Century Latin America Women, publicado en USA por Greenwood Press.

Es igualmente autor de una novela y una coleccin de cuentos, Memorial da ilha e outras fices (diciembre de 2007), sobre sus experiencias en Brasil, Mxico y Estados Unidos.

Salvador Lpez Arnal es colaborador de El Viejo Topo, www.rebelion.org, Espai Marx y Papeles ecosociales. Ha sido editor de M. Sacristn, Seis Conferencias. El Viejo Topo, Barcelona, 2005 y M. Sacristn, Sobre dialctica, Montesinos, Barcelona, 2008. Es coguionista de los documentales Integral Sacristn dirigidos por Xavier Juncosa.

Anexo 1: Sacristn sobre B. Russell

Breve antologa de textos de Sacristn sobre el coautor de Principia Matemtica.

1. Semblanzas biogrficas

A. Pensador inconformista (1967)

Nacido en 1872, en Trelleck, educado inicialmente en la tradicin del hegelismo ingls (Bradley), Russell es un pensador inconformista (su difundida obra Introduccin a la filosofa de la matemtica, 1903, est escrita en la crcel, condenado por haber acusado al ejrcito norteamericano de ser un instrumento de la represin del movimiento obrero de la poca), crtico, antiespeculativo una vez rebasada su fase platonizante, y cuyo ideal intelectual es la implantacin de la metdica cientfica en filosofa, lo que le aproxima al neopositivismo...

Las ocupaciones literarias de Russell van desde la lgica, hasta la novela, pasando por la teora de la ciencia y del conocimiento, la filosofa social, la poltica y la tica. La obra lgico-matemtica ms importante de Russell (en colaboracin con su antiguo profesor A.N. Whitehead), Principia Mathematica(3 vols. 1910-1913) es sin duda la que ms perdurar y la que le garantiza un lugar de primer orden en la historia de la ciencia y de la cultura...

La ltima frase -reduccin de la aritmtica a la lgica- es expresin del logicismo de Russell. Contando con el supuesto, ya clsico, de que toda la matemtica se funda en la aritmtica, la reduccin de sta a la lgica representaba uno de los logros sintticos ms considerables de una cultura como la contempornea, inveteradamente preocupada por su fragmentacin en especializaciones.

La tesis logicista de los Principia no es compartida por todos los matemticos. Pero hasta hoy no se ha descubierto que sea inconsistente ninguna construccin o demostracin de los Principia...

B. Inters por todos los movimientos de liberacin (1984)

Filsofo, matemtico y socilogo ingls. Desde muy temprana edad vinculado al mundo de la gran academia, miembro de la Royal Society y galardonado internacionalmente. Hombre comprometido con los problemas de su tiempo, despus de la I Guerra Mundial tom parte activa en la defensa de las libertades individuales y de la paz, lo que le cost multas, crcel y destituciones. Presidente electo en la Campaa por el Desarmamento Nuclear; tom parte en el Comit de los Cien (movimiento de desobediencia civil); se interes por todos los movimientos de liberacin y en 1966, tres aos antes de su muerte, constituy un tribunal internacional contra los crmenes de guerra del Vietnam. Lo fundamental en su trabajo filosfico fue su lgica, denominada por l atomismo lgico, punto de partida del Tractatus de Wittgenstein, y uno de los orgenes del positivismo lgico, escuela con decisiva influencia en la filosofa de la ciencia en la primera mitad del siglo.

2. Verdad, creencia y juicio (1953)

La tesis de Russell es, a la letra, que la verdad es una propiedad de creencias y derivativamente de proposiciones que expresan creencias (El conocimiento humano, 187). Ahora bien, la creencia, para un lgico, no puede ser algo misterioso e incognoscible. La creencia que no sea expresa no tiene relevancia para el lgico. Pero Russell aade prudentemente (contra el positivismo lgico) que nada autoriza a identificar los conceptos expresin y expresin verbal. Todo comportamiento, no slo el que consiste en emitir una proposicin, puede ser expresin de una creencia y, consiguientemente, verdadero o falso, correspondiente a un hecho o no...

La gnoseologa de Russell y, en general, toda gnoseologa desligada de la ontologa cifra aquella propiedad, la verdad del juicio, en su correspondencia (Russell) o, en general, en su adecuacin a lo que no es el juicio, sino el ente sobre el que versa... La verdad de la creencia es, para Russell, ms originaria que la del juicio.

3. Oposicin al neopositivismo (1958)

Las posiciones extremas del empirismo en su versin neopositivista son consiguientemente rechazadas por Russell. Generalmente el arma crtica de que se sirve contra ellas es el anlisis: as, rechaza el fisicalismo, negndose a admitir una distincin esencial entre datos totalmente pblicos, datos de la fsica y datos privados. Otras veces se trata de consideraciones menos analticas y ms atentas a las consecuencias filosficas de aquellas posiciones extremas. As, por ejemplo, criticando la tendencia neopositivista a ver lo cientfico slo en lo estructural o formal, en lo sintctico, convencionalmente establecido y puro de aspectos materiales en su coherencia axiomtica, imputa al neopositivismo un abandono de las aspiraciones profundas del empirismo. Platn, que estaba interesado en la astronoma solamente como cuerpo de leyes, deseaba que estuviera completamente alejada de los sentidos; deca que los que estaban interesados en los cuerpos celestes reales que existen seran castigados en la encarnacin siguiente convirtindose en pjaros. Este punto de vista no es hoy da compartido por los hombres de ciencia, pero eso mismo, o algo muy semejante, se puede encontrar en las obras de Carnap y algunos otros positivistas lgicos. Por esa va del argumento ad hominem discurre el ingenio polmico de Russell en formas a veces muy virulentas: la costumbre de considerar el lenguaje supersticiosamente no est an extinguida: En el principio era la Palabra dice la versin inglesa del evangelio de San Juan, y leyendo a algunos neopositivistas lgicos estoy tentado de pensar que su opinin est representada por ese texto mal traducido.

4. Russell y la filosofa.

A. 1965

Russell ha aportado una contribucin excepcional a esta versin tcnica del radicalismo filosfico, a la investigacin bsica o de fundamentos. Pero no se ha limitado su actividad racional a lo fundamentable en el fuerte sentido lgico de la expresin: no se ha encerrado, en tanto que filsofo, en el ciclo de los problemas de la fundamentacin formal, arguye ignorancia querer demostrarlo todo, se ha interesado tambin, y decisivamente, por lo que justifica lo indemostrable, por el fundamento del fundamento. Por eso Russell es un filsofo en sentido directo y no solamente en el sentido mediato en que sin duda le convendra este ttulo por su obra lgico-matemtica. El platonismo de una de sus fases, el biologismo de otras, la discusin permanente de la induccin y de la significacin en toda su obra son otras tantas manifestaciones de la aceptacin, como tema filosfico radical, de todo lo que hay por debajo de las races de los sistemas y de las teoras.

Buscar el fundamento del fundamento es -con esas palabras- la interesante profesin que Heidegger ha decidido, finalmente, reservarse. El filosofar de Russell opera por debajo de los sistemas formales y de las teoras, pero con los mismo medios racionales con que trabajan stos. Y as, mientras su dedicacin filosfica a cuestiones no meramente formales o positivistas le distingue -pese a todo el parentesco- de las diversas formas de positivismo, por otra parte, la negativa, implcita y obvia, a admitir que haya para stas tareas algn pensamiento distinto del crtico, cientfico, racional, le mantiene lejos de la metafsica irracionalista. De este modo la versin russelliana de la bsqueda del fundamento del fundamento de las teoras puede ser otra causa de malestar para el pblico filosfico; Russell es un filsofo de catalogacin molesta: no es positivista y no es metafsico, situacin que los que se sienten irritados por l describiran probablemente as: es positivista y es metafsico.

B. 1970.

Lo notable es que Russell no careca de instrumentos adecuados para trabajar con exigencia en el campo de la filosofa social. Sin duda estaba influido por el error neopositivista de confundir la nocin de pensamiento cientfico, o incluso racional, con la de pensamiento teorizable en sentido fuerte, esto es, formalizable. Pero tambin manejaba, aunque con grados varios de explicitacin, un concepto interiormente diferenciado o articulado de filosofa que le habra permitido trabajar seriamente los temas filosfico-sociales, porque le habra evitado el eclecticismo o incluso escepticismo que produce en el terreno social aquella identificacin formalista, a causa del carcter no demostrativo de la programacin poltica. Werner Bloch apunta tilmente a esa nocin de filosofa a propsito de la comparacin russelliana de Spinoza con Leibniz. Esa comparacin muestra la percepcin por Russell de una componente tica (por lo tanto poltica) en la actividad filosfica, y ello podra haberle suministrado uno de los instrumentos imprescindibles para comprender en qu consiste lo cientfico en materia de filosofa social: en la claridad de la consciencia poltica. Russell ha llegado a escribir una descripcin de la tarea filosfica que responde a su manera a las necesidades de un trabajo serio en el campo social. Atenerse a esa descripcin le habra podido evitar la disculpa de Reply to Criticisms [Respuesta a las crticas]: Ensear cmo se puede vivir sin la certeza y sin estar, por ello, paralizado por la duda es quiz lo ms importante que la filosofa, en nuestra poca, puede todava hacer para aquellos que la estudian. Si se prescinde del tono elegaco -cuya naturaleza de clase, y hasta de grupo, no ser difcil descubrir-, el programa metodolgico est en esas palabras lo suficientemente esbozado como para que sorprenda el que Russell no haya intentado realizarlo con un esfuerzo intelectual parecido, al menos, al que dedic al Enquiry into Meaning and Truth [Investigacin sobre el significado y la verdad], por ejemplo, por no hablar ya de Principia Mathematica.

El carcter divulgador y divagador de los escritos poltico-sociales de Russell explica en parte el que a menudo los lectores (ms o menos decepcionados) zanjen el problema del pensamiento del filsofo sobre esas cuestiones remitindose simplemente a sus tendencias polticas.

5. De nuevo en la calle (1970)

Los posteriores aos de Russell, hasta su muerte, indican que el mayor error poltico de su vida -aquella adopcin de la drasticidad de la guerra fra- obedeci a la misma causa que la posterior regeneracin de su pensamiento poltico prctico. Russell perciba con intensidad mxima -precisamente por su capacidad de ver a los hombres como especie zoolgica- el peligro del armamento atmico. En un primer momento de ofuscacin pens que la nica salida era aceptar un slo seor atmico de todos los hombres -seor que no poda ser sino el que entonces esgrima monopolsticamente el arma- para evitar a tiempo la proliferacin del riesgo. Una vez que la ruptura del monopolio atmico del imperialismo norteamericano y la progresiva manifestacin de la involucin capitalista hacia neofascismos econmico-militares en las principales metrpolis imperialistas abrieron la mirada de Russell hacia los verdaderos problemas pendientes, la misma sensibilidad zoolgica al peligro atmico determin la actitud poltica antiimperialista que le lanz de nuevo a la calle en su vejez y determinar para el recuerdo histrico su amable figura luchadora. Dicho sea de paso, la peripecia poltica de Russell es una buena ilustracin de que la razn, el buen sentido, es histricamente socialista, incluso cuando no tiene mucha profundidad: la razn elemental primitiva, que impone preservar la supervivencia de la especie puede, en una circunstancia excepcional (1945-1950) caer en soluciones no menos elementales. Pero si la historia no se detiene, hasta la racionalidad elemental acaba por ser antiimperialista, y socialista por implicacin .

6. Su principal aportacin al socialismo (1970)

(...) la aportacin ms valiosa de Russell a la formacin de una consciencia socialista y a la comprensin del mundo presente es involuntaria: es la aportacin de su mero ser poltico-social, el significado de Russell no como autor, sino como dato. El pensamiento social de Russell es muy valioso como dato porque es un pensamiento honrado, incluso cuando resulta superficial. El dato Russell est cargado de informacin sobre la situacin del filsofo, el cientfico y el artista (l fue todo eso) en una poca de transicin revolucionaria. Russell revela la desesperacin inicial sobre los valores de la antigua formacin social e, inconscientemente, sobre la posicin de los intelectuales tradicionales...Y revela tambin los momentos vacilantes de debilidad, caractersticos del intelectual consciente de la crisis del nuevo antiguo rgimen, pero sin races orgnicas con el movimiento obrero...Y presenta, por ltimo, en los momentos de recuperacin desde aquella debilidad, la afirmacin de que la funcin del cientfico y del filsofo es democrtica y revolucionaria, que el cientfico debera luchar contra la ascendencia del fascismo, porque esa ascendencia es la rebelin contra la razn.

7. Notas.

A. Consciencia de lo biolgico (1970)

De todos modos, ya la misma consciencia de lo biolgico que se aprecia en el pensamiento de Russell (y no slo a propsito de cuestiones sociales, sino tambin, por ejemplo, en algunas fases de su epistemologa) puede tener consecuencias conservadoras, porque le falta consciencia histrica con la que sintetizarse o complementarse. Esa carencia le hace fijista, degrada a veces la consciencia biolgica en un biologismo fatalista, que considera eternos fenmenos en realidad histricos, como el deseo de dominio y otros instintos.

B. Lo mejor ( 1970)

Russell mismo parece haber sabido que lo mejor de su productiva poltico-social era la accin que emprendi contra la guerra imperialista en sus ltimos aos, particularmente contra los crmenes de guerra (la guerra criminal, dicho con ms exactitud) del imperialismo en el Vietnam. Tal vez por eso tuvo inters en dedicar, en su autobiografa intelectual, un captulo entero a lo que he intentado hacer a propsito de cuestiones sociales. Menos claro es lo que durante muchos aos intent pensar a propsito de ellas.

C. Racionalidad y reduccin neopositivista (1970)

En sustancia da la impresin de que Russell, exclusivamente acostumbrado a la deductividad o teora fuerte, o bien al anlisis homogeneizador propio de la filosofa analtica -un anlisis al que se podra llamar horizontal, sin desniveles en el universo de discurso- no considera consecuentemente (pese a sus declaraciones) objeto de atencin racional lo que pasa entre la filosofa, como l dice, y la poltica, entre la ciencia y la prctica social. Hay en su pensamiento una reduccin neopositivista de racionalidad a deductividad, una separacin estricta de los varios planos de su hostilizado marxismo, pues en la gnesis de ste hay que situar ante todo la reflexin sobre esos intermundia que unen y separan las ciencias unas con y de otras y todas ellas con y de la prctica. Y no es de esperar que Russell, instalado en sus antpodas, tenga muy buena comprensin del marxismo.

Referencias: 1. A.Bertrand A. W. Lord Russell, PM II, pp. 329-331. 1.B. TdG 85. 2. Verdad: desvelacin y ley, PM II, p. 49. 3. Filosofa, Ibid. pp. 157-159. 4. A. Prlogo a la edicin catalana de An outline of Philosophy de Bertrand Russell. Ibid., pp. 322-323. 4. B. Russell y el socialismo,PM I, p. 192-194. 5. Ibid., pp.200. 6. Ibid., pp.227-228. 7. A. Ibid., p. 195. 7.B. Ibidem, pp. 200-201. 7C. Ibid., p. 205.

Anexo 2. Mis encuentros con Manuel Sacristn*

Este texto de Adolfo Snchez Vzquez est incluido en el libro complementario de los documentales dirigidos por Xavier Juncosa, Integral Sacristn.

*

Conoc a Manuel Sacristn en una primera y fugaz visita ma a Espaa a principios de los aos setenta. Ambos colaborbamos con la editorial Grijalbo: l, en Barcelona, como traductor cautivo e incansable dada sus difciles condiciones de existencia y como promotor de algunas publicaciones y colecciones, y yo, en Mxico, como traductor tambin, pero menos cautivo entonces, y como promotor de la coleccin que posteriormente sera teora y praxis. En este primer encuentro auspiciado por Juan Grijalbo, intercambiamos nuestros proyectos, apreciaciones y, con ellas, en el terreno filosfico y poltico, nuestras convergencias y divergencias.

La primera impresin que me produjo Sacristn corresponda en cierto modo a la imagen que de l me haba hecho a travs de sus textos: la imagen de un hombre agudo, incisivo, cortante y lapidario en sus expresiones, parco en lo elogios, pero todo ello con una vena soterrada de bondad e irona. Creo que normalmente de la lectura de la obra de un autor brota cierta imagen que, en muchos casos, queda borrada por su presencia real. No sucedi lo mismo con Sacristn. Entre sus textos incisivos, cortantes, agudos, crticos y su personalidad exista un nexo directo que saltaba a la vista, si bien es cierto que la vena bondadosa e irnica soterrada haba de aflorar con ms fuerza en el trato posterior.

Pasaron algunos aos y la primera ocasin de volver a verlo se dio en Mxico, con motivo del cuarto coloquio nacional de filosofa celebrado en Guanajuato en 1981, en el que l present un trabajo donde mostraba sus preocupaciones ecologistas y metodolgicas recogido posteriormente en el segundo volumen de sus Panfletos y materiales, y que fue publicado tambin aqu, en Mxico, en la revista Dialctica.

Su comunicacin fue acogida con mucho inters. En primer lugar, porque la temtica de la que l se ocupaba en aquella poca no era una temtica muy cultivada, sobre todo en Amrica Latina, y sobre todo despert mucho inters entre los marxistas porque todava en el marxismo de aquellos aos el ecologismo era un asunto por el que prcticamente apenas se transitaba. Sacristn hizo una conferencia brillante que fue bien acogida, con muchos aplausos, con mucho inters. Tengo un recuerdo muy satisfactorio de ello.

Regres poco despus a Mxico, durante el curso acadmico de 1982-1983. Tuve entonces la oportunidad de reunirme con l varias veces y conocer as un aspecto ms clido, cordial y comunicativo de su personalidad que, ms all del crculo de sus allegados en Espaa, permaneca ciertamente oculto. Como es sabido, Sacristn se cas en segundas nupcias en Mxico con M ngeles Lizn.

Precisamente, ese mismo ao volvimos a encontrarnos en Madrid en la Universidad Complutense con ocasin de la celebracin del centenario del nacimiento de Marx. Present all un trabajo, que expuso a partir de notas y fichas, sobre el pensamiento de Marx en sus ltimos aos a travs de su correspondencia. Argument muy sabia y crticamente contra cualquier concepcin determinista de la historia que quisiera presentarse como inspirada en el legado del ltimo Marx.

Recuerdo tambin muy bien de esa conmemoracin otro detalle que pone de manifiesto su coraje, su compromiso poltico, que, desde luego, no haba disminuido en absoluto: en la sesin en la que yo haba de dictar mi conferencia sobre Marx, Sacristn pidi la palabra para proponer una enrgica condena de la invasin de Granada que acababa de producirse unas horas antes. No hace falte que indique la autora del atropello.

Nos despedimos en Madrid para no volvernos a ver nunca ms. Creo que despus de nuestro ltimo encuentro nos sentimos ms cercanos mutuamente, tanto filosfica como humanamente. Conservo una hermosa y dolida carta que me envi a propsito de una colaboracin ma en mientras tanto en la que me hablaba de un trabajo en curso sobre la nocin de dialctica sobre la cual l mismo haba realizado aportaciones de enorme inters.

Creo que su legado fundamental ha sido, por una parte, su contribucin a un marxismo que no debera confundirse con el cientificismo que haba dominado gran parte de la historia del marxismo, y cuyo ltimo representante importante fue Althusser, y, por otro lado, tampoco l consideraba el marxismo como una tradicin abstracta, humanista en un sentido genrico, desvinculada de la accin, de la praxis.

Me parece, pues, que su marxismo, sobre todo en aquellos aos en que lo conoc, representaba un intento muy fecundo de distanciarse primero, y de romper despus, con un marxismo dogmtico dominante entonces, no solamente en los pases llamados socialistas, sino en general en la izquierda. Como yo estaba instalado en el mismo intento, en el mismo proyecto de fundamentar un marxismo crtico, abierto, eso estableci una simpata natural, obvia, por el esfuerzo que estaba realizando Sacristn en direccin a un marxismo tambin antidogmtico.

Refirindome a la etapa ltima de su vida en la que ya estaba con una salud muy deteriorada, y siendo conciente de la gravedad de su estado de salud y de la cercana de la muerte, l segua trabajando, escribiendo, leyendo, pensando en nuevos proyectos. Segua realmente entregado a un esfuerzo intelectual. En ese sentido, creo que puede hablarse del herosmo intelectual de Sacristn

Sacristn puso su pensamiento y su actividad al servicio de la ms noble causa que pueda abrazar un hombre de nuestro tiempo: la lucha contra la explotacin y contra todo tipo de opresin, y a su vez, por la construccin de una sociedad ms justa y ms racional en la que ya no puedan tener cabida, cualquiera que sea el nuevo ropaje con que se cubran, los explotadores y opresores de hombres, mujeres y pueblos. Tal fue la noble causa a la que dedic su vida un gran hombre, un pensador deslumbrante, un filsofo nunca alejado del compromiso ni de la accin*.

Nota editor:

(*) En Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristn, se conservan dos cartas dirigidas por Adolfo Snchez Vzquez a Manuel Sacristn, fechadas el 4 de julio de 1980 y el 23 de enero de 1985. La primera de ellas dice as:

Mxico DF, 4 de julio de 1980.

A Manuel Sacristn, Barcelona.

Querido amigo:

Muy tardamente me he enterado en sta del fallecimiento de tu esposa. Comprendo que, aunque esperado, ha debido ser un golpe muy duro para ti. Cuenta en este trance tan doloroso con mis ms sinceros sentimientos.

Cuando me dispona a escribirte con este motivo, me entero tambin de que, junto a Castilla del Pino, Castell y Vidal Beneyto, se te ha negado una vez ms, pero ahora en forma ms escandalosa, el derecho legtimo a ser catedrtico de la universidad. Es verdaderamente asombroso, a la vez que sumamente indignante, que esto pueda suceder todava en Espaa , auque no debiera sorprender tanto si se piensa en quienes tienen el poder poltico -como ah se dice- en Espaa y, consecuentemente, en el sistema universitario.

Pero de todas maneras no puede uno dejar de sentirse indignado ante hechos de esta naturaleza. Te expreso, pues, en este momento mi ms viva solidaridad y la esperanza de que este entuerto pueda ser deshecho algn da, o sea, cuando decisiones de este tipo no estn en manos de este vergonzoso y cavernario consejo de rectores.

Afectuosamente,

Anexo 3. Ulrike Meinhof (1934-1976) Una breve antologa de textos de Sacristn

Fue empujada

a la demencia

poltica

por los polticamente

normales

y sus normas.

Tan verdad

como que era demente: un clsico ejemplo

se suicidio.

Quien as no lo crea,

acaso cometer

suicidio

como ella.

Si todava pudiera escribir,

ella misma tendra que redactar

el informe definitivo

sobre su muerte

y examinar

las pruebas

y sopesarlas

una a una

y decir

quin

ha cometido

este suicidio.

Erich Fried, Sentencia condenatoria para Ulrike Meinhof.

1. A modo de biografa (1975)

Por su condicin de portavoz asidua, no por los actos ilegales que se le imputan en Stuttgart, es Ulrike Meinhof tan representativa de la trayectoria de la nueva izquierda alemana que ella convocaba en 1962. Ulrike Meinhof naci el 7 de octubre de 1934. Su madre adoptiva, Renate Riemeck es una de las dirigentes ms destacadas de la Unin Alemana por la Paz. En la fase final de la guerra fra estilo Foster Dulles, luchar contra la cual fue el principal objetivo de la Unin, Ulrike Meinhof, entonces estudiante de literatura en la Universidad de Mnster, Westfalia, forma parte de un grupo de accin contra lo que entonces se llamaba La Bomba, y desempea su papel en el Congreso de Berln contra el armamento atmico. Es el ao 1959: en otoo se celebra la entrevista de Camp David entre Eisenhower y Jruschov, que encarrila el acuerdo sobre desarme controlado. Aquel acuerdo no sirvi casi para nada, como sabemos hoy, pero entonces suscit grandes esperanzas. Ese otoo empez Ulrike Meinhof sus columnas en konkret. konkret haba sido hasta entonces un papel muy modesto -a menudo slo cuatro pginas de mquina plana a una sola tinta- que apareci irregularmente y se venda casi slo en las universidades. En la de Mnster, poco, y entre las miradas hostiles de una aplastante mayora negra. Entre las causas de que llegara a ser en algn momento el principal peridico de la izquierda -no slo de la nueva- hay que contar las columnas de Ulrike Meinhof.

Los ejes de esas columnas son durante mucho tiempo la distensin internacional, la lucha contra el rearme y el armamento atmico de la Repblica Federal de Alemania (RFA) y la lucha por la democratizacin del Estado, lucha sentida, en realidad, como resistencia a un proceso de restauracin, que ms tarde Ulrike Meinhof entender como fascistizacin. El primer proyecto de leyes de emergencia, el del ministro Schrder -un cristianodemcrata de derecha (en cualquier pas del sur europeo se le considerara un fascista pobre de ideologa)-, es, en efecto, de enero de 1960. Con el paso de los aos, esos ejes de la actividad periodstica de Ulrike Meinhof se adentrarn en terrenos nuevos, y as, por ejemplo, la campaa por la paz se har con naturalidad campaa antiimperialista. Sus columnas no perdern su orientacin, aunque cambiar algo de tono.

En la primera mitad de los aos sesenta, pese a la frecuencia de acontecimientos polticos preocupantes, las columnas de Ulrike Meinhof se mantienen en un tono animado, tranquilo, que refleja la sensacin de movimiento en desarrollo, de organismo en crecimiento, que tiene por entonces la izquierda alemana estudiantil intelectual. Ulrike Meinhof escribe hasta llamamientos tan sin problemas como ste: Al que pregunte, qu se puede hacer, qu se puede hacer contra las armas atmicas, contra la guerra, contra un gobierno que no negocia [el problema centroeuropeo con la URSS y la RDA], sino que slo se rearma?, se le dir dnde puede apuntarse para la Marcha de Pascua de 1963 (konkret, 4/1963). Y eso que el ao anterior haba habido la crisis de Berln, y que aquel mismo ao se haba presentado (en enero) a la Dieta Federal el segundo proyecto de leyes de emergencia, y que en noviembre sera asesinado el presidente Kennedy. Es verdad que tambin ese 5 de agosto se firm en Mosc el tratado de prohibicin de las pruebas atmicas. Tampoco ese tratado sirvi para mucho, pero todava hoy se comprueba el alivio que supuso, especialmente para los centroeuropeos. La sensacin de alivio da un marco adecuado a la confianza optimista en procedimientos polticos como las marchas de Pascua; la de 1963 se orient especialmente contra el proyecto de leyes de emergencia.

Incluso la ruptura definitiva de la socialdemocracia con la tradicin socialista se poda asimilar sin graves traumas cuando an imperaba un estado de nimo esperanzado, de movimiento progresivo que crece sin roturas (y sin que, por otra parte, la constancia del crecimiento estable de la economa capitalista -del milagro econmico facilite la defensa contra la insinuacin de los valores del sistema). Tras el congreso de Karlsruhe de la SPD, Ulrike Meinhof titula una de sus columnas: El mal menor (konkret 12/1964). El mal menor es la socialdemocracia. No parece dudoso que se fuera en aquel momento el sentir de la mayora de la gente de izquierda en las facultades y las redacciones.

En la primavera de 1965 ocurre algo que se puede tomar como punto crtico en la maduracin de una consciencia antiimperialista en los grandes pases del capitalismo: los bombardeos de Vietnam del Norte por decisin de la administracin Johnson. Muy poco despus empieza a notarse la crisis econmica que alcanzar su punto ms bajo a finales de 1967. Los motivos crticos de los jvenes universitarios norteamericanos encuentran en Alemania un fundamento conceptual bastante ms slido que en otras universidades, a saber, las tradiciones ms o menos intensamente marxistas de centros como el Instituto de Frankfurt o de ctedras desempeadas por socialistas inequvocos, como Abendroth o Hofmann. Es un momento polticamente difcil para la gran burguesa alemana, porque la crisis econmica est agotando el nico prestigio de la Democracia Cristiana de Ludwig Ehrand, dejando a ste en ridculo como economista y socilogo de la sociedad formada. El Partido Socialdemcrata salva la situacin, de acuerdo con su viejo papel en Alemania: en noviembre de 1966 se concluye la gran coalicin entre el SPD y la CDU...La decepcin de la izquierda alemana ante la desaparicin incluso del mal menor es grande. Sobre todo porque ya en febrero de 1967 ese gobierno con socialdemcratas, en vez de clausurar el tenaz esfuerzo de la derecha por conseguir rellenar la laguna de un derecho de emergencia, presenta a la Dieta Federal el tercer proyecto del mismo. Ulrike Meinhof tiene an ocasin de comentar la decepcin con el lenguaje de ritmo largo y discursivo natural en los tiempos de cotidianidad sin sobresaltos, antes de que stos se acumulen en los tensos aos 1967-1969...

2. Autenticidad (1976)

En la prensa semanal ha aparecido errores tontos (aunque a veces malintencionados) ante los que no vale la pena detenerse. Baste con recordar de paso que es falso que el padre de Ulrike Meinhof muriera a consecuencia de una depresin profunda (que habra traumatizado a Ulrike cuando tena cinco aos): muri de una grave enfermedad orgnica, como su madre; que es poco seria la insinuacin de que en sus ltimos tiempos Ulrike estuviera mentalmente alterada por causa de un tumor cerebral, pues el tumor de que se trata le fue operado no recientemente sino en 1962 y el lector tiene en esta antologa muestras de su razonamiento y su percepcin de la realidad de los aos siguientes...

(...) En Ulrike Meinhof no han dejado nunca de vivir las esperanzas que el sesenta y ocho dio a mucha gente que se afanaba desde mucho antes. La vena sesentayochesca de Ulrike Meinhof ha sido tan autntica como lo era todo en ella. Esa autenticidad -en eso no me parece acertada Renata Riemeck- no es nada adolescente...

3. Ir en serio (1979).

En la Meinhof, a m lo que me ha llamado la atencin es que ella no era una intelectual: era una cientfica, iba en serio, quera conocer las cosas. Aunque acabara en la locura; cosa manifiesta que acab en la locura, en la insensatez, como Meinz, como los dems, pero eran gente que iba en serio.

Por ir en serio entiendo no precisamente tener necesariamente ideas ciegas -la ceguera nunca es seria: es histrica, que es distinto- ni tampoco necesariamente ideas radicales. Con las mismas frmulas tericas de Ulrike Meinhof se puede ser perfectamente un botarate. No es nada serio, no se trata de eso. Se trata de la concrecin de su vida, del fenmeno singular. No se trata de las tesis, que pueden ser, por un lado, disparatadas y, por otro, objeto de profesin perfectamente inautntica, a lo intelectual.

(...) En mi ocupacin con Ulrike Meinhof, con el grupo de Baader-Meinhof en concreto, supongo que mi motivacin es doble. Por un lado est el hecho de que yo no puedo evitar ser germanista. Yo tengo mucho amor a la cultura alemana y al pueblo alemn, me interesa mucho todo lo alemn; entre los rojos espaoles, estoy en minora, soy germanfilo al mil por mil...

Una de las motivaciones era sta: entender cosa alemana, cosa que les pasa a los alemanes. Entender cosa que les pasa a los alemanes es entender cosa que me pasa a m, porque tengo un buen elemento de cultura alemana asimilada... Esta motivacin estaba, pero sobre todo la otra, la presente, la consciente, era una motivacin crtica. Intentaba entender la locura poltica del grupo Baader-Meinhof como negativo de la locura satisfecha de los partidos comunistas occidentales. Era otra clase de locura, pero era slo el negativo de la misma locura, de la misma falta de sentido comn.

4. Renate Riemeck: admirable desconocida (1976)

No se trata de hacer ninguna apologa, aunque un homenaje a esta vctima, como a cualquier otra, estara justificado. Pero impide limitarse a ello (y precisamente por fidelidad del recuerdo) la importancia que los problemas entre los que ha vivido Ulrike Meinhof tienen para una poltica revolucionaria. Seguramente por eso la persona que ms conoci a Ulrike Meinhof -su madre adoptiva, Renate Riemeck- crey necesario referirse crticamente a ella en dos ocasiones, la ms reciente ya posterior a su muerte. Slo la debilidad y el aislamiento de la izquierda alemana explican que la admirable Renate Riemeck -animadora y dirigente de la nica resistencia algo popular a la restauracin conservadora en la Repblica Federal durante lo peor de la guerra fra- sea poco conocida por los demcratas europeos. Renate Riemeck registraba en 1972 la consumacin de la onda agitatoria iniciada en Alemania en 1967 y reforzada por los hechos de mayo de 1968 en Francia (La agitacin se ha apagado porque las ideas confusas no hacen un programa poltico y los conceptos nebulosos no tienen fuerza coordinadora) y, sobre ese fondo, describa as la penltima poca de su ahijada, la fase de clandestinidad: Ulrike Meinhof se ha quedado sin tierra bajo los pies. Su visin del futuro corresponde al nivel de consciencia de los adolescentes, que pueden saltarse el presente y despreciar tranquila e inocentemente el pasado. Ulrike habra debido saber de qu hablaba. Para reanimar su viejo amor por el vagabundo Knulp de Hermann Hesse no necesitaba disfrazarse ella misma de vagabunda redentora. No estaba ya en los diecisiete aos, y saba que slo se consigue consciencia revolucionaria cuando se ponen fundamentos racionales y objetivos claros.

Renate Riemeck tiene tanta razn en ese juicio como en este otro que es, adems, un presentimiento (y hasta un epitafio), desgraciadamente acertado, del final de la historia, escrito con cuatro aos de anticipacin: Ahora est (Ulrike Meinhof) frreamente atenazada por el destino del grupo. No lo abandonar sino que preferir morir antes que hacer algo que le parezca traicin. Ulrike Meinhof: la ira contra los males del mundo la empuj a huir de la realidad.

Referencias: 1.Cuando empiece la vista, PM III, pp. 161-164. 2. Nota con la ocasin de una antologa de Ulrike Marie Meinhof (1934-1976), PM I, pp. 310, 311, 312 y 315. 3. Una conversacin con Manuel Sacristn por J. Guiu y A. Munn, AMS, pp. 104-105. 4. Nota con la ocasin de una antologa, PM I, pp. 310-311.

Nota editor:

Dos apuntes. En su conferencia de 1985 Sobre Lukcs 39 , al referirse a Adorno y sus discpulos, Sacristn hizo esta sentida referencia a la directora de konkret, a quien conoci durante su estancia en la Universidad de Mnster entre 1954 y 1956, y de quien, como es sabido, prepar para Anagrama, una Pequea Antologa:

(...) algunos otros personajes, sobre todo uno que a m me conmueve mucho -y supongo que cuando sea muy viejo y ya me est muriendo todava la recordar con dolor- que es Ulrike Meinhof, a la que yo conoc en Mnster, cuando empezaba a ser roja, todava no lo era mucho. Tambin fue alumna de l, de Adorno.

Por otra parte, el abogado defensor de Meinhof, Klaus Croissant, falleci el 28 de marzo de 2002. Jos Comas le dedic la siguiente e inolvidable necrolgica -El Pas, 30/3/2002-, rebosante de comprensin y de aproximacin rigurosa, que sin duda merece una lectura atenta para considerar o no su inclusin en la historia universal de la infamia periodstica:

La biografa de Klaus Croissant, que alcanz notoriedad en Alemania en los aos de plomo como abogado de la llamada Fraccin del Ejrcito Rojo (RAF), el grupo terrorista Baader-Meinhof, es la expresin palpable de la pattica trayectoria de la izquierda alemana posterior a la rebelin de 1968. Procedente de una familia de drogueros de la regin de Suabia, donde elideal de vida se resume en ahorrar para construirse una casa propia, Croissant comenz su carrera como abogado especialista en divorcios. La concluy como defensor, y cmplice, de lo ms granado del terrorismo alemn de los setenta, los Holger Meins, Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin y Andreas Baader. Uno tras otro se suicidaron en la crcel con huelga de hambre, ahorcada o con tiros en la nuca, para simular un asesinato y acusar as al odiado "Estado fascista. El da que muri Meins, Croissant asista a una asamblea y, al recibir la noticia, grit fuera de s, Asesinos!", y se apoy cabizbajo contra la pared. La solidaridad con sus defendidos le llev a convertir su bufete en Stuttgart en un centro coordinador de la banda terrorista en tareas de agitacin, propaganda y trfico de informacin, y tal vez ms cosas, con los presos. Esta actividad le vali un proceso por apoyo a una organizacin criminal. Croissant se refugi en Francia en busca de asilo poltico. No le sirvi de nada. El Gobierno francs lo devolvi sin ms al otro lado del Rin. En 1979 lo condenaron a dos aos y medio de crcel, y cuatro de prohibicin para ejercer la abogaca.

A principios de los ochenta, de la izquierda del 68 ya no quedaban ms que los restos del naufragio y un nuevo proyecto, Los Verdes, el pujante nuevo partido ecopacifista. Data de esa poca la relacin de Croissant con la periodista Brigitte Heinrich, ya fallecida, que lleg a eurodiputada de Los Verdes. Al mismo tiempo, inicia Croissant otra relacin oscura con la Seguridad del Estado (Stasi) de la desaparecida Repblica Democrtica Alemana. Tras la cada del muro sali a relucir este trabajo de Croissant, como informador de la Stasi sobre la izquierda alemana. Esto le vali el odio de sus antiguos compaeros de la izquierda y en 1993 un proceso por espionaje, del que sali con una condena a 21 meses de crcel. En un discurso de defensa de cuatro horas, neg Croissant haber recibido pagos por su actividad y acus a los jueces de querer vengarse por sus ataques al Estado en su poca de abogado de la RAF. Lleg incluso Croissant a sostener: "La tarea de todos nosotros tiene que ser levantar el socialismo sobre nuevas bases". Sus palabras ya no convencan a nadie. Su auditorio era un minsculo grupo en la sala del tribunal. Quedaban lejos los das en que Croissant llegaba a la crcel de Stammheim junto con Jean Paul Sartre para entrevistar a Andreas Baader. Un familiar anunci que Croissant muri el jueves a los 71 aos sumido en el olvido.

Igualmente en otra columna de El Pas de 2003, se anunciaba El cerebro de la terrorista Ulrike Meinhof yace por fin en su tumba (EFE, Berln), p. 6:

El cerebro de Ulrike Meinhof, la fundadora de la Fraccin del Ejrcito Rojo (RAF), muerta en 1976, reposa ya en la tumba de la terrorista, tras haber sido usado para experimentos cientficos sin conocimiento de su familia. Veintisis aos despus de ser hallada muerta en su celda de la prisin de alta seguridad de Stammheim Meinhof fue enterrada de nuevo en Berln, en presencia de sus hijas gemelas y unas pocas personas ms.

La urna con las cenizas de su cerebro fue enterrada en su tumba un mes despus de que la fiscala interviniese en favor de la reclamacin de las hijas. Con ello se cerr un truculento captulo abierto el pasado noviembre, cuando el diario regional Volkszeitung, de Magdeburgo, difundi que el cerebro de la que fue la terrorista ms buscada de Alemania no yaca en su tumba, sino que haba servido a la ciencia sin consentimiento familiar. El rgano le haba sido extrado, por orden de la fiscala, en la autopsia realizada a su muerte por un neurlogo que lo conserv en formol durante 20 aos. En 1997, el neurlogo leg el cerebro a un colega de la Universidad de Magdeburgo, Bemhard Bogerts, que lo examin con intencin de publicar sus resultados en el marco de un estudio comparado entre asesinos en serie para buscar una explicacin cientfica a ciertos comportamientos violentos.

En el caso de Meinhof hall lesiones atribuibles a la operacin a que se someti en 1962 por un tumor en la zona del cerebro que regula las emociones. El estudio concluye que la terrorista, contrariamente al dictamen de la justicia, no era duea de sus actos.

Anexo 4. Apartados del esquema del curso Induccin y dialctica.

Sacristn imparti un curso sobre la induccin durante su estancia en la UNAM mexicana en 1982-83. Las siguientes notas son parte del esquema desarrollado de este curso.

Introduccin.

1. Danken.

2. Sobre todo por la escasa utilidad directa de la (inevitable) actitud filosfica, siempre distinta de la del cientfico positivo.

2.1. Y, en el caso de nuestro asunto, con particular diferencia.

2.1.1. Ejemplos son el uso -ocasional o no- de induccin por Florestan Fernandes, e incluso por Boudon, al hablar de ''Crtica de la induccin sociolgica.

2.2. Ese uso amplio es justificable, pero no es el que se adoptar aqu.

2.2.1. Aqu se usarn los trminos en sentido lgico: lo que se buscar ser clarificacin lgica de induccin y dialctica.

2.2.2. Limitado alcance de la reflexin lgica: Hugo de S. Victor.

3. Un curso es una invitacin a pensar sobre algn asunto.

3.1. Pero es claro que el que lo propone una idea.

3.2. No quiero ocultar la ma, ya que no se trata de filmar una pelcula de entrega y suspensin.

4. Mi hiptesis se forma sobre el fondo de menosprecio de ambos conceptos en una parte considerable de la filosofa de la ciencia del siglo XX.

4.1. Popper, Einstein, Boudon sobre induccin.

4.2. Tantos autores -p.e.- Bunge- sobre dialctica.

5. Mi hiptesis es que induccin y dialctica constituyen, desde el punto de vista de la filosofa de la ciencia, dos zonas de contacto de la ciencia terica con el conocimiento en la cotidianidad, con la prctica", con la "realidad. Zonas vagas y en algo contrapuestas, pero importantes o incluso imprescindibles.

6. Y el curso que propongo consiste en estudiar con cierto detalle problemas y textos clsicos.

6.1. Yo, desde el punto de vista de mi hiptesis.

7.1. Organizacin del curso.

7.2. Comentario de la bibliografa.

Tema II. El problema del fundamento de la induccin.

1. Presentacin clsica del problema: J.S. Mill.

1.1. Toda induccin implica el principio de la uniformidad del curso de la naturaleza.

1.2. Pero ese principio no puede ser el fundamento de la induccin (su explicacin), por peticin de principio.

1.3. Pese a esa clara afirmacin, la exposicin de Mill es muy confusa y acaba por afirmar el crculo:

1.3.1. Empieza por sentar que el axioma de uniformidad no es verdadero absolutamente.

1.3.1.1. Con varios ejemplos, entre ellos el clebre de los cisnes.

1.3.2. Y afirma que eso suele viciar la induccin por enumeracin simple.

1.3.3. Por otra parte, la induccin por enumeracin simple le resulta bsica. Oscuridad casi autocontradictoria: la induccin por eliminacin simple es fundamental e insuficiente.

1.3.3.1. Formulacin explcita de que la induccin por enumeracin simple es bsica.

1.4. La idea de que la induccin por enumeracin simple es el fundamento de cualquier otra (y de todo mtodo cientfico) se refuerza cuando Mill precisa el axioma de uniformidad como principio de causalidad.

1.4.1. Es la ley de causalidad la que posibilita la induccin eliminatoria, porque permite afirmar p V q V r -> s, es decir, s tiene alguna causa.

1.4.2. Siguiendo a Hume, la ley de causalidad no se puede fundar en los casos particulares de causacin.

1.4.3. Tampoco se puede considerar fundada en el instinto, contra Hume

1.4.3.1. Pues un cambio del mundo cambiara la creencia.

1.4.4. La ley se basa en una induccin por enumeracin simple. Mill cree ingenuamente tener en eso la ruptura del crculo vicioso autofundando la induccin espontnea y fundando en ella la cientfica (que no es ninguna induccin).

1.4.4.1. Argumentacin lgica poco convincente.

1.4.4.2. Argumentacin metodolgica, ms interesante.

1.4.4.2.1. De todos modos, es formalmente nula, porque no ve la condicionalidad de la implicacin.

1.5. Es notable que Mill rechace el plano biolgico de fundamentacin -el instinto- al que recurrieron Hume y Russell en alguna de sus fases.

1.5.1. Y de sus ejemplos ms clebres, como el pavo de Los problemas de la filosofa.

2. La recuperacin de la tradicin de Mill por J. Nicod.

2.1. Un siglo despus apareci una reelaboracin hoy clsica de la posicin de Mill, pero clarificada. Escrita en los aos 1920.

2.2. Nicod se enfrenta con una versin extrema de la teora de la induccin eliminatoria: la que funda en ella la enumerativa o repetitiva.

2.21. La teora de la probabilidad de eliminacin de Keynes en A Treatise on Probability.

2.211. En vez de estudiar el cual, he preferido estudiar dos desarrollos que utilizan su idea principal, pero con mucha elaboracin: Nicod y Carnap.

2.3. El desarrollo de Nicod consiste en mostrar tres tesis bajo el supuesto keynesiano de que el modo correcto de tratar el problema de la induccin es hacerlo desde la lgica de las probabilidades:

2.3.1. 1: que la induccin eliminatoria no puede proporcionar una probabilidad infinita, porque requerira un conocimiento perfecto de cada ejemplo o alguna otra condicin especialsima que no se cumple en el mundo.

2.3.2. 2: que la induccin enumerativa no necesita fundarse en la eliminatoria ni, por lo tanto, en los fundamentos de sta.

2.3.3. 3: que tampoco para la induccin enumerativa hay prueba de que pueda suministrar una probabilidad tendente al infinito.

2.4. La agudeza y la originalidad del pensamiento de Nicod (por otra parte poco formalizado) requieren un estudio detallado.

[]

Tema 3: La fundamentacin de la lgica inductiva como lgica probabilitaria por Rudolf Carnap. El sistema de 1950.

3.1. La larga dedicacin de Carnap a la lgica inductiva lo es, aparte de sus elaboraciones matemticas de problemas "internos", a los problemas filosficos de la fundamentacin y al epistemolgico de la validez.

3.1.1. En relacin con su teora de la explicacin.

3.2. Como Nicod, toma como base la idea clave de Keynes (relaciones de confirmacin de Carnap).

3.1.3. Y merece, como Nicod, un estudio detenido, al menos de sus ideas bsicas. Carnap es el autor inductivista por excelencia en la filosofa del siglo XX.

3.2. Liberacin del modelo deductivo.

3.2.1. El esquema reductivo de Lukasiewicz est claramente inspirado en el modus ponens. Lo que muestra es que inducir es practicar un modus ponens no vlido formalmente.

3.2.2. Y desprecia la relacin de q a p, para fijarse slo en la de p a q.

3.2.2.1. Aun admitiendo que el paso de q a p sea imaginativo, no cannico, no se puede negar que tendr algo que ver con la relacin de q a p.

3.2.2.1.1. La primera formulacin de esta observacin se debe a Russell, en su anlisis del caso Scrates es mortal.

3.2.3.La teora de la induccin de Carnap 1950 se basa en el desarrollo analtico y sistemtico de esa nocin, siguiendo a Keynes: la relacin de confirmacin carnapiana, la relacin inductiva de q a p, es la medida en la cual q confirma a p, independientemente de que p implique o no implique a q.

3.2.3.1. En efecto, el uso de la relacin inductiva de q a p no supone siempre la existencia de la relacin deductiva de p a q, es decir, la verdad de p -> q. Esto puede verse examinando la situacin que se da en los principales gneros de inferencia inductiva que distingue Carnap, documentando la justeza de su desprendimiento del modelo deductivo.

Tema 6. Karl Popper sobre induccin.

I. La concepcin bsica

1. Las tesis de Popper sobre la induccin estaban explcitas desde antes de la publicacin de su primera gran obra (1934). Y las novedades son escasas.

2. Esas tesis est ntimamente entrelazadas con las tesis centrales de su teora de la ciencia.

2.1. Lo que se explica porque los problemas de la induccin y de la demarcacin le resultan ntimamente ligados.

2.1.1. El libro indito sobre ambos (1933).

3. Popper ha contado que resolvi mucho antes el problema de la demarcacin (1919-1920) que el de la induccin (1927), y que el descubrir una conexin entre ambos fue lo que le hizo dar importancia al problema de la demarcacin.

4. Presentacin inicial de las tesis sobre induccin, en relacin con el problema de la demarcacin y en polmica con el neopositivismo.

4.1. La carta de 1933 a Erkenntnis.

4.2. La nota de Praga de 1934.

5. La formulacin en la Lgica

5.1. Replanteamiento del problema de Hume" mediante la resolucin del problema de Kant.

5.2. Tesis conjunta sobre demarcacin e induccin.

6. La funcin de la induccin en la epistemologa tradicional queda suplida en la teora de Popper por su visin del mtodo cientfico. As se insertan sus tesis sobre induccin en su teora de la ciencia, desde el principio (1934).

II. Articulacin de la concepcin bsica.

1. Desarrollos crticos.

1.1. Crtica de la idea de repeticin.

1.1.1.Reconstruccin por Popper de la doctrina de Hume: doctrinas de la primaca lgica y la primaca psicolgica de la repeticin.

1.1.2. Crtica de la doctrina de la primaca de la repeticin

1.1.2.1. Argumento de la relatividad del parecido al punto de vista.

1.1.2.2. Argumento de la cualidad de ley (universalidad, estructura).

1.2. Crtica de la versin probabilitaria del inductivismo.

1.2.1. Crtica por regresin al infinito o apriorismo.

1.2.2. Crtica por la nocin de probabilidad: probabilidad y corroboracin.

1.3. Crtica de la "marcha inductiva".

1.3.1. Exposicin del hecho.

1.3.2. Reconstruccin por el grado de corroborabilidad: casi inductividad.

1.3.2. Auto-objecin.

1.3.4. Respuesta.

1.4. Crtica de la idea de abstraccin.

1.4.1. No es posible definir nombres universales a partir de nombres individuales.

1.4.2. Crtica del principio de abstraccin.

1.4.3. Todo universal es disposicional.

1.44. No hay hechos puros de que partir.

1.4.5. Consecuencia anticarnapiana: crtica de la distincin terico-observacional.

2.Desarrollos positivos.

2.1. Preferencia terica y preferencia pragmtica.

2.1.1. Adaptacin de sus tesis al sentido comn.

2.1.2. Preferibilidad terica por el carcter no ad-hoc.

2.1.3. El mtodo crtico establece la preferibilidad terica.

2.1.3.1. Su alcance y limitacin.

2.1.4. Preferencia pragmtica.

2.1.4.1. Los problemas pragmticos de la induccin y las tesis de Popper sobre ellos.

2.1.4.2. Precisin.

2.2. Induccin y carcter necesario de las leyes naturales (ad Kneale).

2.2.1. La tesis de Kneale.

2.2.2. Su aprovechamiento por Popper.

2.3. Nueva insercin de las tesis sobre induccin de Popper en su concepcin madura del "realismo cientfico".

2.3.1. El programa razonable de una epistemologa.

II. Tesis abandonadas.

1. Abandono de la entrada en el tema a partir de la discusin del neopositivismo.

2. Abandono de la primitiva concesin psicolgica.

2.1. En la Lgica.

2.2. En Conocimiento objetivo.

2.2.1. El problema psicolgico humeano de la induccin.

2.2.1.1. Tesis biolgica.

2.2.1.2. Tesis psicolgica.

2.2.1.3. Anlisis

2.2.2. El principio de transferencia.

2.2.2.1. Presentacin autobiogrfica.

2.2.2.2. Presentacin sistemtica.

lV. Dos importantes consecuencias epistemolgicas de las tesis Popper sobre la induccin.

1. La explicacin causal como solucin del problema humeano de la causalidad.

2. La paradoja de Hume y su solucin.

Anexo 5. Rudolf Carnap. Antologa de textos de Sacristn

1. Censura eclesistica (1981)

Cuando yo volv de Alemania en el 56, acababa de salir un excelente manual de lgica de un autor austraco de los que emigraron a Norteamrica, durante la II Guerra Mundial: Carnap, matemtico y fsico muy clebre. Nada ms llegar a Espaa, intent vivir de la traduccin porque el sueldo mensual, entonces, de un adjunto de universidad era de trescientas pesetas. Busqu traducciones, acept lo que me dieron: una porquera pseudo-biolgica y propuse enseguida el texto de Carnap. Me dijeron que volviera, luego me fueron dando largas y el da que fui a entregar aquella porquera, encima de la mesa de Mas (...) estaba el informe de un jesuita censor del obispado, el padre Roig Gironella, y que deca que no se deba publicar aquel libro de lgica porque el concepto de nmero era idealista. No se public. Labor no me comunic que fuera por eso. Este pobre Mas me dijo, disimulando un poco, que no es oportuno... pero era por censura eclesistica (sobre un libro de lgica!). Esto ocurra en los aos cincuenta, que conste.

2. Verificacin y verdad (1958)

La posicin semntica permite a Carnap reelaborar temas tradicionales de su obra y ante todo, el concepto de verificacin, bien distinguible ahora del de verdad. El concepto de verdad es concepto semntico, y se formula segn la tradicin aristotlica recogida por Tarski en la clebre frmula: p es verdadero cuando p. En cambio es claro, que el concepto de verificacin, que menta una operacin, no es semntico, sino pragmtico. Con este anlisis desea Carnap disipar confusin en la materia. Como la verificacin estricta de sentencias empricas no es posible..., el concepto de verificacin debe ser sustituido por el de confirmacin y el concepto de verificado se toma como si fuera lo mismo que verdadero siendo as que la diferencia entre esos dos conceptos se hace obvia partiendo de un anlisis semitico, puesto que el primero es pragmtico y el segundo es semntico. El anlisis da por resultado que mantiene un concepto terico de verdad (propiamente aristotlico), el semntico, frente al concepto sustitutivo de grado de confirmacin que es el normalmente utilizable en la ciencia, pues la eliminacin del primero y su sustitucin por el segundo se basa precisamente en aquella confusin de las instancias pragmtica y semntica. Sobre la base de ese error se crey que el concepto de verdad deba ser sustituido por el de grado de confirmacin.

3. Semitica y concepcin lingstica (1965)

Puede considerarse al lgico polaco-norteamericano Alfred Tarski como fundador de la semntica moderna (...) El mismo Tarski y Carnap sobre todo son los fundadores de la sintaxis lgica... Carnap aade a esas dos disciplinas la pragmtica, estudio de la relaciones entre el lenguaje y quienes lo utilizan, o ms precisamente, de los conceptos que sirven para expresar formalmente esas relaciones (como el concepto de afirmacin-de-un-enunciado). Este autor da el nombre de semitica al conjunto de esas tres disciplinas. Es claro que la semitica formal merecera tambin el nombre de metalgica, puesto que es el estudio metacalculstico de los clculos lgicos...

Rudolf Carnap ha precisado una idea que, junto con otras de Hilbert..., est en la base de la exposicin de la lgica elemental en este libro: la idea de que lo propiamente lgico es una determinada interpretacin semntica de ciertos formalismos, los clculos adecuados para formalizar las ideas de esa interpretacin.

Es notable que con esa idea converjan, aunque sea con otras terminologas y otras intenciones filosficas, sistemas como la lgica combinatoria de H. B. Curry... y la protolgica de P. Lorenzen. En todos esos casos se trata de concebir lo propiamente lgico como algo lingstico, significativo, semntico, justificable mediante un algoritmo pre-lgico en el sentido de puramente calculstico, sin significacin lgicas. Tal vez los primeros en emitir dicha idea, sin la tecnificacin que luego le ha dado Carnap, fueran Hilbert y su discpulo y colaborador Wilhelm Ackermann en sus Grundzge der theoretischen Logik [Elementos de lgica terica].

4. Nuevas soluciones (1958)

Todo su modo de enfocar el tema lleva a Carnap a una nueva solucin neopositivista de problemas clsicos. En toda semntica anterior a esta de Carnap, las expresiones se entendan, segn la interpretacin carnapiana, como nombres de entidades. Y como se recogan tambin las entidades extensionales -extensiones tradicionales: clases- y las intensionales -comprensiones tradicionales, universales, abstractos-, el filsofo pareca encontrarse ante dos tipos de designata para un mismo signo y se procuraba adems el (seudo-)problema de los universales. Pero en la nueva semntica las expresiones no son nombres. Tienen dos aspectos o factores el uno, reducible al otro. La duplicidad no es ms que de perspectiva: la lgica pura habla de intensiones; la aplicada, de extensiones. Para redondear la solucin gordiana o radical del (seudo-) problema de los universales, Carnap demuestra que, adems del lenguaje de una semntica extensional y del de una intensional, puede construir otro tercero y neutral al que son traducibles los dos primeros. Ejemplo (de Carnap): se construye un metalenguaje en el cual, en lugar de las frases "la clase humano" y "la propiedad humana", se usa exclusivamente el trmino "humano" (Desde el punto de vista tradicional podra objetarse que el trmino humano es intensional o sea una comprensin. Pero esta objecin sera mera ignorantia elenchi para Carnap: el trmino humano es simplemente un signo, una determinada mancha de tinta, del metalenguaje neutral. Lo que s puede preguntarse es hasta qu punto no es esto una vuelta a puntos de vista sintcticos.)

Por ltimo, en conexin con su semntica segunda, Carnap sienta las bases de la lgica modal. Estas bases tienen cierto alcance filosfico: Carnap propone definir las clsicas modalidades lgicas mediante una correlacin de las mismas con conceptos semnticos. As, por ejemplo, el modo necesidad estara en correlacin con el concepto semntico de verdad analtica (L-verdad en el simbolismo de Carnap).

5. El desarrollo de la semntica (1968)

Rudolf Carnap evoluciona en ese mismo sentido [en el sentido en que evoluciona el Crculo de Viena] cuando admite, adems del sentido cognoscitivo, un sentido expresivo y otro evocativo de las proposiciones. En el Crculo de Viena, Carnap haba sido uno de los representantes ms radicales del formalismo neopositivista. Lgica y matemtica eran para l por entonces teoras estrictamente sintcticas, calculsticas, carentes de significacin, y hasta el anlisis filosfico era en su opinin un anlisis de estructura, un anlisis sintctico. En los aos inmediatamente anteriores a la segunda guerra mundial Carnap se convence de que adems del anlisis puramente formal del lenguaje necesitamos un anlisis de la funcin significativa del mismo. La teora de la significatividad de los lenguajes, a la que ahora se dedica Carnap, se llama semntica. Carnap dice de ella: si esta teora se desarrolla suficientemente, contiene no slo una teora de la designacin, es decir, de la relacin entre expresiones y sus significados, sino tambin una teora de la verdad y una teora de la deduccin formal.

As convencido de que hay que rebasar la limitacin a la mera consideracin de los aspectos sintcticos del discurso, Carnap no abandona, sin embargo, la importante tesis segn la cual el anlisis filosfico es ante todo un anlisis del lenguaje de los filsofos, de los cientficos y del uso comn. Pero ampla los puntos de vista posibles para ese anlisis, situndolos en el amplio marco de su semitica general: La semitica, teora general de los signos y lenguajes, se divide en tres partes: pragmtica, semntica y sintaxis. Las nociones de esas tres ramas se precisan como sigue:La investigacin de un lenguaje pertenece a la pragmtica si hace explcita referencia a un sujeto lingstico; pertenece a la semntica si se refiere a los designata [significados] del lenguaje, pero no a sujetos; pertenece a la sintaxis si no se ocupa ni de sujetos ni de designata, sino slo de las expresiones mismas. Dentro de la semntica puede distinguirse una investigacin descriptiva (semntica descriptiva) y una investigacin pura (semntica pura), que consiste en el anlisis de sistemas semnticos, esto es, sistemas de reglas semnticas (Anlogamente para la sintaxis.)

En aos posteriores ha seguido elaborando Carnap sus nuevos puntos de vista, ampliando cada vez ms las perspectivas filosficas de la tradicin neopositivista, pero sin ninguna rotura brusca con ella. Todos los mtodos semnticos anteriores a esta ltima fase de la semntica de Carnap tienen en comn, segn ste, el considerar una expresin de un lenguaje como nombre de una entidad abstracta o concreta. Por el contrario, el mtodo aqu propuesto considera un expresin cualquiera no como nombre de algo, sino como poseedora de una intensin y una extensin...

(...) El inters de esas ideas recientes de Carnap, como el inters del prrafo de Hempel antes aducido, consiste en ser una muestra de la evolucin del pensamiento de origen neopositivista, el cual ha pasado en unos cuarenta aos (1927-1967) de la recusacin pura y simple de la mayora de los temas filosficos clsicos a un intento bastante sistemtico de recuperarlos como instrumentos intelectuales, pero sin tener que cargar por ello con el poso metafsico que contienen. Carnap -seguramente uno de los pensadores ms frtiles de la corriente, y de los ms fieles a la inspiracin originaria del Crculo de Viena- se propone en los ltimos decenios superar las limitaciones del neopositivismo clsico -para el cual eran sospechosos de metafsica temas como el de la induccin, la abstraccin, la verdad, etc.- manteniendo las motivaciones esenciales al movimiento. El neopositivista tena por fuerza que usar todos esos conceptos, porque son imprescindibles en el hacer cientfico y en la descripcin de ste, pero no poda ver en ellos ms que expedientes tan necesarios en la prctica de la investigacin y en la exposicin cuanto indeseables en la teora y en la interpretacin filosfica. Los manejaba pues con la conciencia intranquila, como un hombre que en su vida cotidiana hace, con remordimiento, cosas que no est de acuerdo con los altos principios morales que profesa los domingos. La agudeza es de Carnap mismo. Lo que este autor, ya clsico de la escuela o tendencia, intenta en los ltimos aos es devolver al empirista lgico el derecho a trabajar con aquellos conceptos sin necesidad de sufrir remordimientos. El progresivo abandono de la etiqueta neopositivismo, en beneficio de denominaciones como empirismo lgico, filosofa analtica, etc., es una manifestacin externa de la evolucin descrita.

En casi todos los hombres procedentes del Crculo de Viena o influidos por l -Neurath, Feigl, Hempel, Popper, etc- puede discernirse una evolucin emparentada de un modo u otro con la expuesta en el caso de Carnap. Pero la literatura filosfica analtica, antes casi exclusivamente propia del neopositivismo, es hoy ajena, al menos en un importante punto, a la inspiracin originaria de la escuela.

Referencias: 1.Hablando con Manuel Sacristn sobre la traduccin,AMS, p. 171. 2.Filosofa, Ibid., p.147. 3.LE, p. 346. 4. Filosofa, PM II, p. 155. 5.Corrientes principales del pensamiento filosfico contemporneo, Enciclopedia Labor, vol. X, pp. 793-794.

Nota editor:

De una de las carpetas de resmenes depositadas en la BC de la UB, fondo Sacristn, estas observaciones de Sacristn -con el ttulo Notas a Carnap,Einfhrung- sobre Einfhrung in die symbolische Logik. Sin fecha, probablemente sean materiales de estudio previos a la redaccin de su Introduccin a la lgica y al anlisis formal.

1. p. 8. Las conectivas tienen una utilidad para el anlisis de los predicados. Esto est, naturalmente, en relacin con el lenguaje bsico aceptado (podra haberse tomado Studentin como trmino primitivo). Pero, en todo caso, significa que un lenguaje de trminos presenta ya problemas especficos antes de introducir cuantificadores.

2. p. 8. Al presentar el principio de extensionalidad, no hay que decir, como Carnap, que los lenguajes histricos, por no tenerlo, estn mal construidos.

3. p. 9. En las reglas de eliminacin de parntesis da por supuesta la asociatividad de la disyuncin y de la conjuncin.

4. p. 10. Introduce intuitivamente la idea de metalenguaje a propsito de W y F (Tablas).

5. p. 13. La decisin del carcter tautolgico de una frase por reduccin al absurdo equivale a establecer una tabla parcial del enunciado.

6. p. 14. Esto no es ya la tesis neopositivista. Unas condiciones de verdad pueden ser indicadas especulativamente sin verificabilidad. Condiciones de verdad no es lo mismo que condiciones de verificabilidad.

7. pp. 14-18. La discusin general de los L-conceptos, tiene cosas notables: a) se hace en el seno de la lgica de proposiciones, empezando por definir para ella. b) Se amplia enseguida -suponiendo signos cualesquiera- pero con la habilidad pedaggica de usar slo variables sintcticas, sin necesidad de hacer ver al lector que ha rebasado la lgica proposicional. c) La diferencia entre L-W y tautolgico. Las valoraciones contempladas de la tautologa lo son de sus enunciados parciales. Las de la L-W lo son -generalizadamente- de todos los signos valorables. Naturalmente todo el tratamiento es semntico.

8. p. 18. Los primeros teoremas del libro -para definir las condiciones de L-verdad de los conectores- apelan a la teora de conjuntos y su semntica.

9. p. 20. Precisando que el mbito es inverso de los contenidos, estupenda caracterizacin de la imposibilidad de conseguir novedad prctica por deduccin lgica.

10. p. 22. Aqu introduce el concepto de Satz formal, concepto que ha usado y sobre el cual ha definido los L-conceptos.

11. pp. 25-32. Es la exposicin propiamente dicha de la lgica proposicional. Da un montn de tautologas, por recurso a las tablas, y luego define la derivacin, con ese montn de tautologas como premisas.

12.p. 32. Es posible que tenga ventaja introducir conceptos como el de operador intuitivamente. Pero creo que mi procedimiento debe ser una combinacin de Church y Carnap: a) un captulo (el 2: antes va el concepto de la lgica) de anlisis lgico, como Church. b) Pero contado intuitivamente sobre el anlisis del lenguaje cientfico.

13. p.34. Que -> se puede traducir por si-entonces en el caso de implicaciones generales (con (x)), a diferencia de en lgica proposicional. Que la mayora de las leyes de la ciencia son implicaciones generales.

14.p. 35. Interpretacin del artculo determinado en uso abstracto como alle. Extensionalismo positivista.

15. p. 43. En apartado 12, creo que es mucho mejor seguir la idea de Quine -o la de Hermes. Sobre Quine tiene la ventaja formal -y el inconveniente intuitivo- de ir con teoremas.

16. p. 48. En sus teoremas sobre operadores Carnap da en realidad reglas de clculo. Pero estn basadas en la previa definicin de modelos y de transnominacin. En general, demuestra semnticamente todas las reglas.

17. p. 59. La definicin y sus instancias de sustitucin concebidos como L-verdaderas.

18. pp. 75-76. Cuando Carnap indica que los sistemas sin tipos son de resultados innaturales para enunciados no lgicos, se olvida de que eso ocurre siempre.

19. p. 79. Los esquemas axiomticos no son sustituibles por axiomas (usando variables), cuando el sistema incluye la teora de los tipos. Pues tienen que referirse a infinitos tipos.

20. p. 85. Una sencilla forma de dar la idea de .

21. p. 90. La semntica de un sistema no da, para enunciados fcticos, ms que las condiciones de verdad, no la verdad.

22. p. 90. Carnap no construye el sistema semntico encima del sintctico, slo paralelamente.

23. Final de Die Sprache B, p. 96.

Esto puede parecer mentira puesto que ahora, sin duda con los mismos signos predicativos de A, est suprimiendo las variables individuales. Naturalmente, esta notacin da enseguida el lgebra de clases a partir de las tautologas.

21. Estructura de la parte I (Terica) del libro de Carnap.

A. Sprache A: 1. Introduccin. Muy breve. 2.Anlisis lgico. Constantes individuales y predicados. Brevsimo. 3. Lgica proposicional. 3.1.Explicacin conectivas y versin elemental del principio de extensionalidad. 3.2. Tablas veritativas, con introduccin intuitiva de la idea de metalenguaje. 4. L-conceptos. Es un intermedio semntico con la cuestin de contenido y las clases de Stze. 5. Lgica de predicados de 1er grado. 5.1. Con estudio general de las implicaciones generales y ejercicios de traduccin. 5.2. Extensiones e intensiones, con las modalidades recogidas por L-conceptos en el metalenguaje. 6. Formulacin general para cualquier clculo. Da todas las reglas semnticas. Es estupendo y ms sencillo que Hermes. -Es el intermedio semntico como antes. 7. Ampliaciones de la lgica de predicados. 7.1. Definiciones. 7.2. Predicados grados superiores [Estupendo y breve]. 7.3. Identidad, relaciones. 7.4. Isomorfa y estructura.

B. Das sprache B: 1. Introduccin semitica general. Una exposicin muy realista de su semitica. 2. Sistema sintctico. 2.1. Con formulacin muy sencilla, pero formal, de la teora de los signos. Antinomias. Definicin recursiva de Satz formal de B. 2.2. Esquemas axiomticos. Comentarios y reglas. 2.3. Definiciones sintcticas. 3. El sistema semntico B.

C. Sprache C: 1. Exposicin general. Expondr intuitivamente sus conceptos sintcticos y semnticos (L-conceptos). 2. Lgica de clases. Construccin rpida del clculo de clases a partir de la lgica proposicional por el cambio de notacin. Identidad entre expresiones predicativas (clases y funciones). Clara explicacin del problema de los tipos. Extensionalidad. 3. Lgica de relaciones (binarias).

4. Lgica superior y fundamentacin matemticas. 4.1. Definicin por abstraccin del concepto de estructura. Nmeros cardinales. Propiedades estructurales. La estupenda explicacin de las definiciones por abstraccin debe servir para manifestar el carcter fundamental del concepto de relacin. 4.2. Descripciones relacionales. Herencia es tal vez importante. 4.3. Induccin matemtica. La hiptesis de infinitud. 4.4. Series bien ordenadas, conceptos y racionales.

22. 2 parte: Aplicada.

A. Formen und methoden...: - En la breve observacin previa, interesante distincin entre aplicaciones de la lgica: a) Simbolizacin de lenguajes generales. b) Formulacin de sistemas axiomticos particulares.

Tambin de las carpetas depositadas en Reserva de la BC de la UB algunas observaciones de Sacristn sobre R. Carnap, Introduction to semantics and Formalization of Logic. Cambridge, Harvard University Press, 1959.

Vol I. Introduction to semantics.

a. Conceptos semnticos bsicos, primitivos y derivados (1. Verdad. 2. Falsedad. 3. Implicacin [...] 25.Adecuacin para designacin. 26.Sinonimia. 27.Equivalencia de sentencias o clases de sentencias).

b. L-conceptos. 1. Trminos primitivos para los postulados P1-P15 (True, L-True, L-False, L- implicate, L-equivalent; L-disjunct). 2. Postulados. 3. Definiciones posibles de los trminos primitivos en otros sistemas (Verdad de clase sentencial, L-falsedad de sentencia y clase sentencial, L-implicacin de sentencia y clase sentencial,...). 4.Trminos definidos (L-determinado, L-exclusividad, L-completud, L-falsedad, L-comprehensividad,.L-intercambiabilidad; L-perfeccin; L-determinacin.

c. Notas a Semiotic and its parts:

1 (1,V). Lo divertido de ese and consiste en lo siguiente: qu es lo analizado por la semntica pura? Sistemas ya construidos artificialmente? La cosa es trivial. Entonces es la materia prima de la que se toman los elementos para construir los sistemas semnticos. En el caso de la semntica general, lo analizado es el discurso en general. Y esta observacin no queda eliminada por la ortodoxia y trivial explicacin 1.

d. Notas a L-Semantics.

2 (9). Efectivamente, la cuestin no es terminolgica. Pero no slo por lo que dice Carnap, sino, adems, porque tiene debajo el asunto de los designata individuales de las proposiciones formales. Para algunos lenguajes es seguramente impropio, como dice Carnap, considerar a las variables como signos lgicos. Pero para el lenguaje de la lgica, no. Aqu lo descrito es lgica.

3 (15). La nocin de L-verdad en semntica especial no va precedida de ninguna condicin de adecuacin para el concepto, porque se basa en la nocin de verdad y en las reglas del sistema. Lo mismo vale para los dems L-conceptos. Aunque la determinacin se parece a una exigencia de adecuacin.

e. Esquema de Semntica: 1. Sistemas semnticos. 2. Conceptos radicales y sus teoremas. 3. Conceptos semnticos para lenguaje-objeto con variables. 4. Designacin.

d. Esquema de L-Semntica. 1. Prlogo: signos lgicos y signos descriptivos. A. L-Semntica sin L-mbitos. 2. L-concepto en general. 3. L-conceptos en semntica especial. 4. L-concepto en semntica general. 5. Correspondencia entre conceptos semnticos y absolutos. B. L-semntica con L-mbitos. 1. Teora elemental del L-mbito. 2. Definiciones no extensionales de L-mbito. Clases de proposiciones. 3. Teoras extensionales del L-mbito. 4.Semntica general basada en el concepto de L-mbito. 5. Conceptos factuales. 6. Sentencias caractersticas. 7. Contenido lgico.

Igualmente, de un cuaderno negro de anotaciones diversas, estas observaciones sobre Der Logische Aufbau der Welt:

1. La constitucin es lgica por Zurckfhrung a unos pocos conceptos (1). La Z. es Umformung [transformacin] lgica de las proposciones sobre los respectivos conceptos.

2. Los Grundgegenstnde constituyen la Basis del sistema.

3. Usa como sinnimos: ableiten aus; konstituieren aus; zurckfhren auf.

4. Pararelo de esta tarea con la axiomatizacin.

5. Descripcin de la tarea como una fusin de (relacin) logstica (Ru y Wh) y

. Reduccin de realidad a todo (Avenarius, Mach, Klpe, Poincar, ante todo Ziehen y Driesde).

Alusin tambin a Leibniz, math. y char. universalis. Y a Husserl, mathesis der Erlebnine y Meinong, Gegenstandstheorie (p.4).

6. La tesis de la unidad de la ciencia basada en el xito de un intento de constitucin (p. 4).

Anexo 6. Esquema Karl Marx como socilogo de la ciencia

Sacristn imparti en 1980-81 un curso de doctorado en la Facultad de Econmicas de la Universidad de Barcelona sobre Karl Marx como socilogo de la ciencia, base del que posteriormente present en 1982-83, durante su estancia en la UNAM mexicana. De ambos seminarios surgi el escrito Karl Marx como socilogo de la ciencia (mientras tanto 16-17, 1983, pp. 9-56), que inicialmente fue publicado en Mxico, y que fue recogido por Albert Domingo Curto en Lecturas de filosofa moderna y contempornea (Trotta, Madrid, 2007).

El detallado esquema del curso que se adjunta pueden consultarse en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristn.

I. La actitud del estudiante Karl Marx ante la ciencia.

1. Hoy entendemos por sociologa de la ciencia una derivacin, ms que una parte, de la sociologa del conocimiento.

1.1. Constituida hacia la mitad del siglo, principalmente en el marco del funcionalismo: Merton, Barber.

2. El arranque en la sociologa del conocimiento (Mannheim) lleva muy cerca de Marx.

3. Sin embargo, no se puede buscar en Marx en cuanto socilogo de la ciencia.

3.1. Ni detalle con precisin temtica actual (p. e., anlisis de la comunidad cientfica).

3.1.1.Aunque hay en su pensamiento conatos de cosas as y, desde luego, compatibilidad con ellas.

3.2. Ni estudios cuantitativos de tipo moderno.

4. Lo que se puede encontrar es dilucidacin especulativa inicial.

5. De todos modos, la lejana no es tan grande respecto de planteamientos contemporneos. Marx -sobre todo el maduro - aceptara los cuatro valores del cientfico de Merton: universalidad, comunismo, escepticismo organizado, desinters ("De omnibus dubitandum; "Inters desinteresado").

6. Cmo ve Merton a Marx en cuanto socilogo del conocimiento. Segn paradigma de Merton l, 52-53.

7. 1818-1841 (tesis) es el perodo que hoy nos interesa.

8. El padre y la Ilustracin moderada. Cita de Tussy. La qumica para un jurista.

9. Gymnasium 1830-1835.

9.1. Ambiente ideolgico.

9.1.1. Los ejercicios del Abitur.

10. Ambiente universitario: del derecho a la filosofa.

10.1. La polmica Hugo-Thiebaut (Savigny-Gans).

10.1.1.Primera complicacin para un ilustrado idealista

10.1.1.1. Aunque la preparacin de Westphalen.

10.2. La reaccin a la influencia de Hegel: Epigramas.

10.3. La conversin: Carta del 10/XI/1837. Comentarla.

10.4. El criticismo: Ruge en Cornu 88.

10.5. Recapitulacin: Orientacin positiva respecto de la ciencia, en un ambiente de Filosofa de la Naturaleza y dominado en todo caso por la crtica idealista joven-hegeliana*1.

II. La filosofa de la ciencia del joven Marx.

III. Aparicin de un punto de vista sociolgico en los escritos de Karl Marx sobre la ciencia de la dcada de 1840 (I: hasta SF [La sagrada Familia]).

1. Vicisitudes de Marx en 1841-1842; abandono del proyecto acadmico. Rh Z [Gaceta Renana].

2. 1843: Kreuznach y Pars.

3. El periodismo le aproxima a lo emprico:

3.1. Incluso metodolgicamente.

3.2. Y en filosofa y ciencia social.

3.3. Tambin el criticismo se hace ms prctico.

4. Aparece un nuevo Marx, pero en dialctica de continuidad y discontinuidad:

4.1. Persistencia del espritu ilustrado.

4.2. Persistencia de ideas operativas: unidad de la ciencia.

4.3. Persistencia de hegelismo.

4.4. Final del criticismo.

4.5. Y naturalismo feuerbachiano.

5. En este perodo encontramos material de inters realmente sociolgico. Observar, sin embargo, su original complejidad sistemtica:

5.1. Ciencia y sociedad en un contexto bastante metafsico o vago.

5.2. Crtica ideolgica.

5.3. Lo que hoy se llama teora sociolgica de la ciencia.

5.4. Sociologa de la ciencia.

5.4.1. Pero sociologa o economa de la ciencia?

5.4.1.1. La integracin marxiana.

Tema III: Tema 3: Aparicin de un punto de vista sociolgico en los escritos de Karl Marx sobre la ciencia de la dcada de 1840 (II: final).

1. La ideologa alemana (1845-1846).

1.1. Como en todo texto pertinente de Marx, o casi, la combinacin de filosofa de la ciencia o teora sociolgica de la ciencia y sociologa de la ciencia.

1.1.1. Importancia del asunto en una obra como DI [La ideologa alemana]: madurez ya respecto de Feuerbach, no slo de Hegel y neohegelianismo.

1.1.1.1. Y mucha referencia a la ciencia.

1.2. Culminacin anti-hegeliana, pero no tanto anti-Hegel. Ciencia contra especulacin MEW 3, 27.

1.3. Los temas:

1.3.1. La ciencia, fuerza y condicin de la revolucin industrial.

1.3.2. A la inversa, la industria, fuerza de la ciencia.

1.3.3. Influencia de la divisin del trabajo en la ciencia.

1.3.4. Subsuncin de la ciencia natural bajo el capital.

1.3.4.1. Rectificacin del artculo de mt [mientras tanto].

1.3.5. La organizacin de la ciencia.

1.3.6. La ciencia social como reflejo.

1.3.6.1. Es doctrina ya conocida, pero recojo la persistencia de lo importante.

2. En la correspondencia de la poca.

2.1. Proudhon como intrprete cientfico de la pequea burguesa. Carta del 28.12.1846, MEGA 2, III, 2, 79, 37*2.

3. Misere de la Philosophie (junio de 1847)

3.1. La doctrina de Ricardo como representacin ruda de la burguesa: MEW 4, p. 78

3.1.1. Pero la considera ciencia, no apologa.

3.1.1.1. Teora de la sociedad presente.

4. El Manifiesto de 1847-1848.

4.1. La concepcin general.

4.2. El cientfico como asalariado: MEW 4, p. 465.

Tema 4: La sociologa de la ciencia en los manuscritos marxianos de 1857/1859. I: Grundrisse.

1. Es la poca de resultados del "ganz von vorn wieder" [ ].

1.1. l lo pens y dijo respecto de la economa.

1.2. Pero lo fue tambin filosficamente: recuperacin de Hegel desde una madurez que todava no es formal, pero que ya ha cuajado en programa de investigacin.

2. De nuevo filosofa hegeliana de la ciencia: OME 21, 11

3. El esquema hegeliano dialctico-progresista en el que se sita todo, tambin nuestro asunto.

3.1. Ese esquema es anterior.

3.2. Pero se expresa ahora muy hegelianamente: OME 21, 85-86.

4. Marco general de optimismo dialctico en el que se inserta explcitamente "el saber", sobre todo como "saber de la naturaleza, OME 21, 496-497.

5. Ciencia, integracin y desintegracin sociales, fuerzas productivas.

5.1. La visin sociolgica de Marx contempla a la ciencia en relacin estrecha con el resto de la sociedad. No es, entonces, sociologa de la ciencia?

5.1.1. Aparte de la artificialidad de los rtulos.

5.1.2. S lo es, porque la sociologa de la ciencia no tiene por qu limitarse a la ciencia como sociedad, sin duda no ha nacido as: OME 21, 495.

6. La ciencia, explotada por el capital, deja de estar por encima del trabajo y de la produccin de riqueza.

6.1. Marx considera sociolgicamente la ciencia como un aspecto ms -pero particularmente importante- del desarrollo, evolucin o progreso que est tratando. Siempre le ocurre a la ciencia lo mismo que a otras cosas -fuerzas productivas en general- y se encuentra en la misma situacin que esas otras cosas.

6.1.1. Eso no implica repito que las consideraciones en cuestin no sean sociolgicas, no sean sociologa de la ciencia; sino que caracteriza la globalidad del punto de vista (por lo dems, en la fase poco elaborada de hiptesis heurstica). OME 21, 545.

7. La cientificidad del trabajo, condicin del su cambio de cualidad. OME 21, 568.

7.1. El optimismo de Grundrisse ignora an la hiptesis de los hilotas del Capital. OME 22, 97.

7.2. Ese texto se puede entender como valoracin filosfica que vuelve a los inicios, porque habla de liberacin respecto de la naturaleza.

8. La ciencia y la tecnologa en el "paso al comunismo".

8.1. Cientificismo de base socio-econmica y tecnolgica.

8.1.1. Que viene de Hegel! (Seguido).

8.2. Ciencia y ocio: OME 22, 97

8.3. Ciencia, capital fijo (y humano como fijo), proceso vital: sorprendente modernidad del esquema, tan anticipativo que probablemente vale ms para hoy que para su momento: OME 22, 90-92.

9. Peculiar de la sociologa de la ciencia de Marx, tal como cuaja en Grundrisse, es que no se interese slo ni principalmente por la comunidad de los cientficos y las instituciones correspondientes (aunque estudiar eso caera muy bien dentro de su lnea), sino que ve como sociedad cientfica la sociedad moderna entera.

9.1. De ah que haya de faltar la microsociologa de la ciencia.

9.2. Si acaso, hay microsociologa de la ciencia en los anlisis critico-ideolgicos, en especial de la economa poltica.

9.2.1. En la estimacin de su fuerza de comprensin y explicacin que, de todos modos depende segn Marx, de hechos sociales ms amplios.

9.2.2. La distincin entre economistas y "socialistas, que es un rechazo de economicismo y de naturalismo ahistrico. OME 21, 205.

9.2.2.1. Repite la retorcida concepcin de la economa poltica ya presente en la dcada anterior.

Tema 4: La sociologa de la ciencia en los escritos marxianos de 1857-1859. Final: Contribucin a la crtica de la economa poltica.

1. El clebre paso del prlogo de 1859 se puede ver como desembocadura general de los Grundrisse.

1.1. En cuanto desembocadura general, interesa tambin a nuestro asunto. MEGA 100/101.

2. El esquema es ya conocido desde Grundrisse, de modo que

2.1. No hay nada nuevo en substancia.

2.2. Pero hay afirmaciones afinadas y categricas.

2.2.1. En filosofa de la ciencia y en sociologa de la ciencia.

3. En filosofa de la ciencia, dos puntos:

3.1. El problema de los tardos fundamentos de las ciencias. El texto no sugiere causas ideolgicas de la maduracin fundamentadora. MEGA 134/135.

3.2. La ciencia social bsica (economa) como ciencia natural. MEGA 101

4. Puntos de inters en sociologa de la ciencia, adems del esquema general de las fuerzas productivas.

4.1. El trabajo "muy grosero" es el que no comporta ni ciencia ni instrumentos de produccin. MEGA 40.

4.2. La ciencia es una fuerza productiva. MEGA 268.

4.3. La separacin del trabajo y saber procede junto con la separacin entre trabajo y propiedad. MEGA 268.

4.3.1. Lo que confirma la concepcin de la ciencia como fuerza productiva.

4.4. En los esquemas sobre sus cuadernos de extractos Marx da sus fuentes: Smith, Tooke, Hodgskin, Whately, Senior.

Tema 5. La sociologa de la ciencia en los escritos marxianos posteriores a 1859 y anteriores a 1867. El Manuscrito de 1861-1863 (Theorien).

1. Naturaleza del manuscrito.

1.1. La interrupcin por Herr Vogt.

1.2. Cuadernos l-V: continuacin directa de Zur Kritik (conversin de dinero en capital, plusvala absoluta, plusvala relativa: aqu se lanza a la historia de las teoras).

1.3. Cuadernos VI-XV: Theorien.

1.4. Resto menos homogneo (K II y K III).

1.5. Est escrito en tres etapas. Las Theorien en la segunda: Le ocurre a Marx que el renovado estudio para completar histrico-doctrinalmente el tema de la plusvala le conduce a desarrollar teora propia en puntos que crea resueltos y ahora le resultan abiertos. Nada menos que cuestiones como la de beneficio medio y precio de produccin, las referentes a la renta de la tierra, las relativas a las crisis, cuajan ms o menos definitivamente en este manuscrito..." (De mi nota editorial).

2. Con eso se ve que el marco general en que est incluido todo -tambin nuestro tema- en las Theorien es la produccin de plusvala.

2.1. As ocurre: el tratamiento de nuestro tema arranca de la distincin trabajadores productivos-trabajadores improductivos en el capitalismo tal como la ve Marx.

3. Dilucidacin general de la distincin y sus criterios [complejidad].

4. Los intelectuales (sociologa del conocimiento).

4.1. La consideracin de los intelectuales en general y de los cientficos en particular se inserta en el marco dicho.

4.1.1. Pero histricamente.

4.1.1.1. El capitalismo es dbil en la produccin no-material.

4.1.1.1.1. Lo que implica que la ciencia es produccin material. Pero eso lo veremos luego.

4.2. Los antiguos intelectuales son absorbidos como idelogos por la burguesa ya dominante [historicidad concreta].

4.2.1. Lo que no quita que tengan miedo.

4.2.2. Ni implica que todo trabajo intelectual sea ideologa: ideologa y "libre produccin intelectual.

4.3. Insercin de algunos intelectuales en los servicios (como trabajadores improductivos).

4.4. Ciertos intelectuales son parte de la clase dominante: 3 [ya visto].

5. Los cientficos [la ciencia].

5.1. La subsuncin de la ciencia bajo el capital es el ltimo paso de la maduracin del capitalismo.

5.1.1. De paso: notar el pathos no-productivista.

5.2. Desarrollo desigual de ciencia y artes, y prejuicio romntico anticapitalista.

5.3. El comienzo de la ciencia como fuerza productiva se produce bajo el capitalismo ya maduro.

5.3.1. Todava no en Petty.

5.3.2. Ya en la economa clsica y en Marx, de modo ms general en ste.

5.4. La peculiaridad del MP capitalista en la sociologa del saber, de la ciencia, del saber productivo (y no de cualquier saber, pienso, por la Antigedad).

5.5. El precio de la ciencia.

5.5.1. Gratuidad.

5.5.2. Venta por debajo de su valor.

6. El maquinismo est en Theorien en ntima relacin con la ciencia, como ya en Grundrisse.

6.1. Versin de la doctrina completa.

6.2. Pero no hay que creer que la concepcin sea simplista

6.21. El maquinismo, fuerza del capital, y perjuicio del obrero.

6.2.2. El maquinismo no libera: directamente al obrero, sino todo lo contrario

6.2.3. Reconocimiento de que est justificada la hostilidad del trabajador al desarrollo de las fuerzas productivas de su mismo trabajo.

6.3. De todos modos, lo fundamental es el esquema dialctico de la negatividad.

7. El esquema dialctico-negativo: Ese texto da:

7.1. El "fatalismo" dialctico-negativo.

7.1.1. Aunque Monod.

7.2. Y duro reconocimiento de la explotacin implicada.

7.3. La complejidad humanista del "la produccin por la produccin.

7.4. Tampoco aqu hay simplismo.

7.5. Pero su versin del darwinismo, al apoyar el poblacionismo, refuerza su creencia en el esquema dialctico negativo.

8. Las dos almas de Marx: epicreo o estoico?

8.1. Esto es un trozo de filosofa de la ciencia.

8.2. Hay otros en Theorien.

8.2.1. Filosofa y economa

8.2.2. Lo lgico y lo histrico.

9. De todos modos, volviendo al plano sociolgico, la ciencia queda colocada en la visin fundamental del esquema dialctico-negativo.

[SLA: Falta el tema 6]

Tema 7. La sociologa de la ciencia en el libro I de El Capital.

1. El inters es, sobre todo, ver la presentacin de la cuestin en la obra publicada ms madura.

2. En El Capital la ciencia aparece menos que la tcnica. Es natural: la tcnica es ms inmediata a su objeto. En Grundrisse y Theorien la ciencia apareca mucho ms debido a lo reciente, del descubrimiento de la cuestin por Marx y debido a la naturaleza de borrador de esos manuscritos: en un manuscrito se escribe desarrollos no imprescindibles.

3. En sustancia, todo lo que da K I sobre nuestro asunto estaba ya en esos manuscritos.

3.1. Incluso a veces recoge ejemplos: el maestro y el trabajo productivo.

3.2. En general, formula brevemente cosas que en los manuscritos anteriores eran extensas. Ej.: separacin de ciencia y trabajo en el capitalismo.

4. Para el "proceso de produccin del capital", el aspecto principal de nuestro tema, es la relacin entre la ciencia y la produccin. Este aspecto engloba algunas cuestiones de importancia econmica.

4.1. Por ejemplo, la ciencia y los capitales individuales.

4.1.1. La ciencia es gratuita para ellos.

4.1.2. Es independiente de la dimensin del capital.

4.1.3. Comentario: es claro que est suponiendo una investigacin libre y pblica, sin secretos.

4.2. Y la cuestin principal: el maquinismo, captulo 13.

5. El maquinismo es tcnica cientfica. Su influencia en las relaciones de trabajo.

5.1. Comentario: esa influencia lo ser tambin de la ciencia.

5.2. El principio de la explotacin maquinista es la ciencia.

6. La contradiccin dialctica en que se va a apoyar el conocido esquema:

6.1. El lado negativo: la maquinaria rompe incluso la apariencia de contrato entre libres.

6.2. El lado positivo: el maquinismo, abolicin de la adscripcin perpetua del trabajador.

7. Desarrollos:

7.1. La maquinaria (por superacin de la divisin manufacturera del trabajo) es base del socialismo.

7.2. Aplicacin capitalista de la maquinaria y otras potencialidades de ella.

7.3. La confianza en que la maquinaria funciona de otro modo en la sociedad comunista se basa en la consideracin analtica de la cuestin dentro de su sistema terico y econmico.

7.4. Ms anlisis: el maquinismo y la ley de cada tendencial.

8. El anlisis permite una elaboracin amplia de la situacin maquinista capitalista.

8.1. Persistencia de la divisin manufacturera del trabajo.

8.2. Inversin de la relacin trabajador-medio de trabajo.

8.3. Causa: diferencia entre proceso de trabajo y proceso de valorizacin.

8.4. Culminacin de esos males con el maquinismo.

8.5. Papel de la ciencia en todo eso.

9. La lucha obrera y el maquinismo.

9.1. La distincin entre la maquinaria y su aplicacin capitalista.

9.1.1. Polmica de las mquinas y el progreso.

10. Concrecin final del esquema dialctico.

10.1. Concrecin poltica y material.

10.2. Papel de la ciencia.

11. Parntesis: el esquema dialctico no es progresismo acumulativo: OME 41, 102-103.

12. Coda: la excepcional seccin 10 del captulo 13 (Gran industria y agricultura): OME 41, 139-142.

Tema 7 (continuacin): ltimos pensamientos: K II, K III.

1. No hay novedades importantes.

2. Algunas aportaciones:

2.1. La ciencia es incorporacin de fuerzas naturales libres, como agentes, al proceso de produccin.

2.2. La ciencia no le cuesta nada al capitalista.

2.3. Paralelismo ciencia-mquina en cuanto a la relacin costes de produccin-costes de reproduccin.

2.4. Influencia de la ciencia en la composicin orgnica del capital.

Nota: El paso de los Grundrisse.

1. Est en Das Kapital von Geld, a continuacin de su discusin de los vales de trabajo, donde muestra lo utpico de esta presunta solucin, si se supone que sigue vigente el intercambio, el valor de cambio.

2. El asunto que me interesa se va anunciando a partir de esa crtica. Por ejemplo (pp. 75-76.)

3. El esquema dialctico-realista tiene an alguna otra formulacin. Por ejemplo (p. 77).

4. Y ya a poca distancia de eso viene el parntesis en cuestin (pp. 79-80).

Tema 7: ltimos pensamientos (final)

1. Al empezar dir que

1.1. Por una parte, se poda ver a Marx como un iniciador de la sociologa de la ciencia.

1.2. Por otra, que lo que l ha suministrado a una sociologa de la ciencia es slo una primera dilucidacin de ese campo, con algunos desarrollos histricos y analticos, y otros ms especulativos.

2. Los contenidos de esa dilucidacin son

2.1. Un anlisis y una crtica de la ideologa de la ciencia.

2.2. Lo que Merton llamara una teora sociolgica de la ciencia, pero que a m me parece merecer el nombre de sociologa (macrosociologa) de ella.

3. Sobre la ideologa de la ciencia.

3.1. La infamia o el cinismo de la economa poltica.

3.1.1. Pero cinismo y verdad.

3.2. Ausencia de anlisis ideolgico de las ciencias de la naturaleza.

3.2.1. Presente, en cambio, en Engels, para bien y para mal (termodinmica).

3.3. El inters desinteresado.

3.3.1. Nocin inserta a veces en una explicacin sociolgica, por el ascenso o la seguridad de una clase.

3.3.2. Otras veces presentada a palo seco.

3.3.3. Doctrina del ethos estoico de la ciencia.

3.3.3.1. Y el epicreo? Qu sntesis?

4. La macrosociologa de la ciencia (teora sociolgica c).

4.1. La ciencia en el esquema dialctico del cambio social, dentro de las fuerzas productivas.

4.1.1. Marx lo estudia en lo que llama maduracin del capitalismo y en la transformacin socialista.

4.1.2. La nocin aparece muy tempranamente, de un modo general, pero completo.

4.1.2.1. Aunque tiene su exposicin completa en los ms. de 1857/8 y 1861/3.

4.1.3. Se puede suponer vinculacin de esta idea a Ferguson y a los socialistas ricardianos.

4.2. Ciencia, industria y maduracin del capitalismo.

4.2.1. Separacin y fusin de ciencia y trabajo en el capitalismo.

4.2.2. El cientfico como asalariado.

4.3. Ciencia y tecnologa. Maquinismo.

4.3.1. Al ser la ciencia el principio de la tecnologa, sta la clave del maquinismo y el maquinismo la de la gran industria, la ciencia queda situada en una posicin decisiva en el esquema dialctico.

4.3.2. Tambin hay anlisis especficos de mayor o menor importancia.

4.3.2.1. La cientificidad del trabajo, condicin de su cambio de cualidad.

4.3.2.2. La cuestin del coste de la ciencia.

5. Aunque el esquema dialctico es trgico, sin embargo, puede inspirar fatalismo con optimismo histrico.

5.1. No progresismo burgus, sino salto cualitativo.

5.2. La trama hegeliana de eso es evidente, y tiene incluso expresiones de curiosa ingenuidad transcendentalista. Engels a Marx: 21/3/1869.

5.2.1. Por cierto, que ya contra la termodinmica.

5.2.1.1. Lo que me lleva a mencionar una ltima cosa, ya no vivida por Marx.

6. Podolinski.

6.1. Podolinski.

6.2. Martnez-Alier.

6.3. No son las metafsicas "fuerzas productivas", sino

6.3.1. El atesmo ilustrado.

6.3.2. El irracional sentido del sentido csmico.

6.3.3. Hegel.

Anexo 7. La ltima carta

Escrita en Barcelona, el 24 de agosto de 1985, tres das antes de su fallecimiento, creo que es la ltima carta que escribi Sacristn. Flix Novales Gorbea, que haba sido militante del GRAPO, estaba encarcelado entonces en la prisin de Soria.

*

Flix Novales Gorbea

Preso poltico

Prisin de Soria

42071 Soria

Apreciado amigo,

Me parece que, a pesar de las diferencias, ninguna historia de errores, irrealismos y sectarismos es excepcional en la izquierda espaola. El que est libre de todas esas cosas, que tire la primera piedra. Estoy seguro de que no habr pedrea.

Si t eres un extrao producto de los 70, otros lo somos de los 40 y te puedo asegurar que no fuimos mucho ms realistas. Pero sin que con eso quiera justificar la falta de sentido de la realidad, creo que de las dos cosas tristes con las que empiezas tu carta -la falta de realismo de los unos y el enlodado de los otros- es ms triste la segunda que la primera. Y tiene menos arreglo: porque se puede conseguir comprensin de la realidad sin necesidad de demasiados esfuerzos ni cambiar de pensamiento; pero me parece difcil que el que aprende a disfrutar revolcndose en el lodo tenga un renacer posible. Una cosa es la realidad y otra la mierda, que es slo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no slo intelectualmente (Por cierto, que, a propsito de eso, no me parece afortunada tu frase reconciliarse con la realidad: yo creo que basta con reconocerla: no hay por qu reconciliarse con tres millones de parados aqu y ocho millones de hambrientos en Sahel, por ejemplo. Pero yo s que no piensas que haya que reconciliarse con eso).

Sobre la cuestin del estudio de la historia, repito lo que ya te escrib. a principios de septiembre podr hablar con Fontana, que estar aqu, y comentaremos el asunto. No tienes que temer en absoluto que, porque est preso, no te vaya a decir lo que piensa. Fontana es un viejo militante, ahora sin partido, como estn los partidarios de izquierda con los que l tuvo y tiene trato, pero no se despistar al respecto.

Tu mencin del problema bibliogrfico en la crcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fcil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algn nmero de la revista que saca el colectivo en que yo estoy. Peo es muy posible que otras cosas te interesen ms: dilo.

Por ltimo, si pasas a trabajar en filosofa, ah te puedo ser til, porque es mi campo (propiamente, filosofa de la ciencia, y lgica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).

Con amistad,

Manuel Sacristn Luzn

Barcelona

Anexo 8: Sacristn en Asesinato en el Comit Central

Justo Cerdn-Sacristn aparece en Asesinato en el Comit Central (Barcelona, Planeta, 1981) en la pgina 50 como lder 40 , como un prometedor lder que haba asimilado el lenguaje del partido y permita que el partido se reconociese en l. Construye entonces Manuel Vzquez Montalbn un dilogo entre Justo Cerdn-Carvalho que arroja, como l mismo Vzquez Montalbn ha sealado, claros indicios sobre lo que pudo hacer sucedido entre ambos:

-Al menos me he librado del juicio por indisciplina -dijo Carvalho cuando pudo tumbarse en el jergn de la celda que comparta con Cerdn y un obrero de la Maquinista al que le haban roto la clavcula durante los interrogatorios.

-Olvdalo. Ha sido un malentendido.

-A qu me habrais condenado?

-Son tiempos duros, Pepe. Si juzgas duramente la incomprensin de los dems, juzga tambin duramente tu propia incomprensin.

Y algo ms adelante:

-La crcel no es deseable. No te da un certificado de calidad combatiente. Pero es una experiencia necesaria en la vida de un revolucionario. A ti te ha hecho un favor enorme.

-Por qu?

-Tu conducta fuera haba levantado sospechas. Incluso se te vio un da saliendo de Va Layetana y desde arriba me dijeron que te vigilramos, que podas ser un confidente [las cursivas son mas].

Cerdn reaparece ms tarde en la pgina 87 (giro ecologista de Sacristn), pginas 96-97 (en tono irnico), pp. 101 y ss (asuntos bibliogrficos, cena, lenguaje), pp. 111-112 (recuerdos), pero lo esencial sobre la relacin inicial entre ambos est ya apuntado.

A esta desconfianza se refiri tambin MVM en una conversacin con Haro Tecglen para Ajoblanco (coordinada por scar Fontrodona y Jos Ribas, enero 1993, ahora en www.vespito.net): Un da, Manuel Sacristn, en una poca en que yo pensaba que me estaba promocionando, y en realidad me estaba observando ideolgicamente, me habl de la muerte del maqui libertario Quico Sabater... -, y en una entrevista con El Pas de Catalunya, con ocasin de su nombramiento como doctor honoris causa de la Universidad Autnoma de Barcelona.

Anexo 9: Michio Morishima.

Estas son las dos referencias sealadas:

A. Sin crispaciones (1978)

La obra de Michio Morishima es buena representante de un ambiente intelectual exento de las crispaciones de filsofos e idelogos, marxistas o antimarxistas, de hbitos mentales predominantemente literarios. Escribe Morishima: Se puede decir sin exagerar que antes de Kalecki, Frish y Tinbergen, ningn economista, excepto Marx, obtuvo un modelo macrodinmico construido rigurosamente por medio de un mtodo cientfico. [...]. Nuestro acercamiento a Marx es distinto del de la llamada economa marxista [...] Nuestra intencin es reconocer la grandeza de Marx desde el punto de vista de la teora econmica moderna avanzada y, haciendo esto, contribuir al desarrollo de nuestra ciencia. (Michio Morishima, Marxs economics. A dual theory of value and growth [La economa de Marx. Una teora dual del valor y del crecimiento], Cambridge University Press, 1973. Preface.)

B. La grandeza sistemtica de Marx (1978)

Lo mejor que debe Marx a su hegelismo juvenil y a su redescubrimiento de Hegel en los aos 1850 es la virtud caracterstica de su trabajo intelectual, a saber, la globalidad, el programa de una comprensin completa de la realidad social, del todo social. No slo seguidores y continuadores, sino tambin crticos o autores ocupados en la refutacin de las principales tesis de Marx han solido reconocer en la obra de ste una eminente calidad sistemtica, una teorizacin de alcance particularmente extenso y profundo. Lo mejor que la epistemologa de Marx debe a Hegel es su elaboracin de la sentencia de filsofo ya recordada lo verdadero es lo completo.

Entre los estudiosos de Marx poco o nada identificados con su pensamiento filosfico y poltico son, probablemente, Schumpeter y Morishima los que, con estilos muy diferentes, ms han apreciado la grandeza sistemtica del trabajo de Marx. Tambin Joan Robinson.

Referencias: A. El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia, PM I, p. 319, n 1. B. Ibid., pp.342-343.

En el coloquio de esta misma conferencia, se le pregunt a Sacristn si no haba una manera bsica de tratar la estructura econmica de la sociedad capitalista muy influenciada por la economa clsica y por Ricardo, por ejemplo, y en qu aspectos va ms all. En su respuesta, Sacristn hizo referencia a Morishima:

A m me parece que la cuestin que t planteas, a la que yo ya he mencionado porque al citar a [Joan] Robinson te acuerdas que he dicho se puede pensar que venga de Ricardo, a m me parece que, desde un punto de vista de crtica textual, lo que dice la seora Robinson, o lo que acabas de decir t, es operativo. Creo que se puede reconstruir el trabajo de Marx sobre base ricardiana, sin ms, y presentar la herencia ricardiana como la que determina la sistematicidad cientfica de Marx, sus nociones estructurales y dinmicas consiguientemente.

A m me parece que eso es lgicamente correcto. Mi conviccin, que he intentado expresar, es que, en cambio, biogrficamente no lo es. A m me parece que si se intenta reconstruir no su pensamiento vlido, digamos, o ms vlido tericamente, no vlido en el sentido de verdadero o falso, sino en el sentido de consistente, como teora, si no se intenta slo eso sino reconstruir la gnesis de ese pensamiento, yo creo que la afirmacin correcta es que le viene de Hegel, de la sistematicidad hegeliana, del desarrollo, de la Entwicklung, de la dialctica, de la mediacin, de la extraacin, de todas estas cosas que l haba aprendido de Hegel. Y la prueba de que creo que mi tesis es la filolgicamente correcta, no sistemticamente que vale igual esto que t dices, es que al reconstruir, sobre tu lnea y la de Robinson, Marx a partir de la economa poltica clsica, puedes tirar a la basura, que a lo mejor no te perjudica nada, centenares de pginas de Marx. En cambio, con la lectura que yo hago te quedas con todas, tambin con las filosficas y con las ms enrevesadas hegelianamente.

Pero sobre el fondo que te interesa a ti como economista no tengo duda. Es claro que se puede reconstruir sin ni siquiera mencionar a Hegel si se trata de hacer marxismo. Es decir, dicho rpidamente, Morishima no tiene por qu saber que existi un seor llamado Hegel. No ests de acuerdo con esta solucin?

Anexo 10: Aproximaciones a dos clsicos de la tradicin: Gramsci y Lukcs.

En una entrevista de 1979 para la revista El Viejo Topo, publicada posteriormente en 1996, sealaba Sacristn:

Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibicin. A m me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catstrofe. Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci.Cmo va a haber esperanza de nada en la historia de una catstrofe? Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci; yo se lo tengo, desde luego; es un figura muy digna de amor; pero no porque sea una perspectiva de xito del movimiento obrero, sino que como cualquier mrtir es digno de amor.

Junto con Jos M Laso, Jordi Sol Tura y Francisco Fernndez Buey, Manuel Sacristn fue uno de los primeros y principales introductores del pensamiento del revolucionario sardo no slo en Espaa sino tambin en el mbito hispanoamericano (recordemos la publicacin de su Antologa de Gramsci por Siglo XXI, en Mxico, en 1970). Junto con Lukcs y los dos grandes clsicos de la tradicin, Gramsci ha sido uno de los pensadores marxistas que ms ha influido en Sacristn: en su concepcin de la propia tradicin marxista, en su nocin del intelectual comunista, en su compromiso militante, en la importancia que para su accin y su pensamiento poltico han tenido categoras como hegemona, guerra de posiciones o bloque histrico, e incluso en su misma nocin de la filosofa y del filosofar, sin olvidar, claro est, la profunda identificacin de Sacristn con el hacer, con la vida, con la dignidad y resistencia militante, de alguien al que consider un clsico y un revolucionario sin sombras.

La primera aproximacin de Sacristn a Gramsci puede verse en la entrada Filosofa, publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa (actualmente recogida en el segundo volumen de Panfletos y Materiales: Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219). En el apartado Algunas personalidades destacadas, Sacristn incluy a J. D. Bernal, Mao Tse-tung y Antonio Gramsci. A este ltimo dedic las pginas 182-192.

A este trabajo inicial, hay que sumar La formacin del marxismo de Gramsci (1967) (Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona 1983, pp. 62-84), inicialmente publicado en Realidad y Nous Horitzons; la voz del Diccionario de Filosofa editado por Dagobert Runes, y cuya traduccin Sacristn coordin: Gramsci, Antonio (1969) (recogida ms tarde en Papeles de filosofa, op. cit., pp. 414-416), su Antologa (Mxico: Siglo XXI, 1970), en la que destaca no slo la magnfica seleccin realizada, sino su sustantiva advertencia inicial, sus tablas cronolgicas y sus imprescindibles notas de traductor, y el que fuera uno de sus ltimos escritos de mayo de 1985: El undcimo cuaderno de Gramsci en la crcel, presentacin de la traduccin castellana de Miguel Candel de Antonio Gramsci, Introduccin al estudio de la filosofa. Barcelona: Crtica, 1985 (reimpresa en Pacifismo, ecologa y poltica alternativa. Barcelona: Icaria 1987, ed. de Juan-Ramn Capella, pp. 184-206).

Despus del fallecimiento de Sacristn, Albert Domingo Curto ha trascrito, editado y presentado la introduccin interrumpida de su Antologa para Siglo XXI con el ttulo El Orden y el Tiempo, Madrid: Trotta, 1998. Es obligado reconocer el magnfico trabajo realizado por Domingo Curto, as como el documentado texto que abre su edicin: A modo de presentacin (pginas 9-44).

Adems de ello, en tres entrevistas a Sacristn, hay interesantes aproximaciones a la obra de Gramsci: en la de 1977, para Diario de Barcelona: Gramsci es un clsico, no es una moda; en la de 1979 para El Viejo Topo, editada pstumamente, realizada por Jordi Guiu y Antoni Munn (ambas han sido recogidas en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, Los Libros de la Catarata, Madrid 2004, pp. 81-90 y 91-114, respectivamente, edicin de Francisco Fernndez Buey y de Salvador Lpez Arnal) y en la de 1979 para Nous Horitzons (ahora recogida en Intervenciones polticas, Icaria, Barcelona 1985, pp. 280-283) donde Sacristn da cuenta de la importancia del programa gramsciano en el consejo de redaccin de la revista.

En el fondo de Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, puede consultarse adems un cuaderno Gramsci que contiene interesantes anotaciones de lectura sobre la mayora de los escritos del autor italiano, al igual que el esquema detallado de una conferencia de mayo de 1977, impartida en la Facultad de Geografa e Historia de la Universidad de Barcelona con ocasin de la conmemoracin del XL aniversario de la muerte de Gramsci.

En uno de estos cuadernos all depositados, puede verse una nota autobiogrfica de finales de los sesenta en la que se lee:

[...] Durante un cierto tiempo, la vida de mis rentas cientficas fue soportable porque, gracias a la ausencia de perplejidad histrica, o sea, gracias a la conviccin de estar reflejando realidad, me era al menos posible conseguir formulaciones generales que implicaban un programa o un objetivo poltico-cultural y de poltica filosfica. Una pieza tpica de esa situacin es el prlogo al Anti-Dhring. Aos antes lo haba sido el prlogo a Revolucin en Espaa. El mismo prlogo al Heine tiene ese elemento (M.S., profesin traductor, prologuista). El estudio de Gramsci empez todava dentro de esa constelacin. Pero es posible que durante ese estudio empezara a desarrollrseme la perplejidad deprimente sobre el destino del movimiento socialista.

*

En resumen

I. Trabajos de Sacristn

1. Filosofa. Papeles de Filosofa, pp. 186-192 (1958).

2. La formacin del marxismo en Gramsci, 1967 (texto corregido de una conferencia impartida en el Ateneo de Pontevedra: Realidad, Nous Horitzons). Sobre Marx y marxismo (PM I).

3.Corrientes principales del pensamiento filosfico contemporneo, Enciclopedia Labor, volumen X, p. 798 (con prrafos de del artculo de 1958). Breves ampliaciones.

4. Gramsci, Antonio, Papeles de Filosofa, pp. 414-416 (1969). Diccionario de Filosofa.

5. El orden y el tiempo. Edicin de Albert Domingo Curto (Trotta, 1998). Texto de 1969.

6. Advertencia 1969.

7. Gramsci, Antologa. 1970. Presentaciones y anotaciones.

8. Gramsci es un clsico, no una moda. Entrevista con Diario de Barcelona (1977). Acerca de Manuel Sacristn, Entrevistas con Manuel Sacristn.

9. Conferencia Facultad de Geografa e Historia (1977). Esquema. Reserva de la BC de la UB.

10. Notas biogrficas. Entrevista con Jordi Guiu y A. M, Acerca de Manuel Sacristn, pp. 97-130; mientras tanto; Entrevistas con MS.

11. El undcimo cuaderno de Gramsci en la crcel, Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, pp. 184-206 (1985).

+ Anotaciones de estudio. Reserva de la Biblioteca Central de la UB: Notas de lectura sobre la obra de Gramsci preparatorias de su Antologa.

+ Documentacin interna PSUC-PCE.

II. Referencias puntuales:

a) Presentacin de: La proletarizacin del trabajo intelectual. Edicin a cargo de Comunicacin-Barcelona (Gramsci, intelectuales).

b) Conferencia La funcin de la ciencia en la sociedad contempornea. I.B. Boscn, 1981

c) Entrevista con Nous Horitzons, 1979. Intervenciones polticas, pp. 280-285.

d) Coloquio conferencia Sobre Lukcs. 1985

III. Bibliografa sobre Gramsci y Sacristn

a) A modo de presentacin. Albert Domingo Curto, 1997.

b) Gramsci en Espaa, Francisco Fernndez Buey (El origen de este ensayo fue una ponencia presentada en el Congreso de Formia (25-28 de octubre de 1989) sobre Gramsci nel mondo. Una primera versin del mismo se public en Arbor n 530, tomo CXXXV, febrero de 1990; versiones corregidas aparecieron, en italiano, en las Actas del Congreso de Formia, al cuidado de Maria Luisa Righi, Fondazione Istituto Gramsci, Roma, 1995, y en Eric J.Hobsbawm y otros, Gramsci in Europa e in America, al cuidado de Antonio A. Santucci, Roma-Bari, Laterza, 1995).

c) J-R Capella, La prctica de MS. Una biografa poltica, Trotta, 2005.

d) Salvador Lpez Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristn. Destino, Barcelona, 1996 (diversos autores).

e) Salvador Lpez Arnal e Iaki Vzquez (eds), El legado de un maestro. Papales FIM, Madrid, 2007.

En cuanto a la aproximacin de Sacristn a Lukcs, vale la pena destacar los tres trabajos contenidos en Sobre Marx y marxismo, ed citada: Nota necrolgica sobre Lukcs, Sobre el marxismo ortodoxo de Gyrgy Lukcs y el que en mi opinin es uno de los mejores trabajos analtico-marxistas de Sacristn: Sobre el uso de las nociones de razn e irracionalismo por G. Lukcs. En Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa (Icaria, Barcelona, 1987, edicin de Juan-Ramn Capella), puede verse igualmente: Para qu sirvi el realismo de Lukcs?.

En uno de los cuadernos depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, pueden verse estas anotaciones de lectura de Sacristn sobre Historia y consciencia de clase.

  1. Nota de traductor, solapas

I. La presente traduccin de los textos ms clebres de la juventud de Lukcs, los reunidos en el volumen Geschichte und Klassenbewusstsein (Berlin, Der Malik Verlag, 1923), estaba ya dispuesta hace muchos meses, para su incorporacin a la edicin deObras completas de Georg Lukcs realizada por el editor Juan Grijalbo. La publicacin se ha retrasado considerablemente por el explcito deseo del filsofo hngaro de no darla a la luz sin el Prlogo que el lector va a encontrar en la pgina que sigue. Este pequeo incidente que ha afectado al normal curso de produccin del presente volumen documentar la importancia del citado Prlogo para juzgar la actual posicin poltico-filosfica de Lukcs. Sin duda era ocasin suficiente para una pieza as unos escritos que han ocupado vivamente a cuatro generaciones de revolucionarios europeos.

II. Historia y consciencia de clase, reunin de ocho ensayos escritos entre 1919 y 1922, publicada a principios de 1923, fue el primer libro del Lukcs marxista y alcanz una celebridad slo comparable con la de los clsicos mayores de la filosofa y de la filosofa poltica.

Casi ntegramente comprensible como una recuperacin filosfica del marxismo revolucionario en polmica con la tradicin socialdemcrata, Historia y consciencia de clase tiene mucho en comn con la temtica y el estilo mental de otros importantes textos escritos, por los mismos aos, con intencin anloga como son ciertas pginas de Karl Korsch y Antonio Gramsci. Pero la erudicin filosfica y literaria que Lukcs posea ya en sus aos juveniles, admirable muestra del rendimiento que en ese sentido tuvo la vieja Universidad centroeuropea, burguesa y aristocratizante, hace inconfundibles las pginas de Lukcs. Sus grandes conocimientos, valorizados por la pasin intelectual que manifiesta la prosa abarrocada y a veces convulsa del entonces joven filsofo hngaro, facilitaron a su agudeza la introduccin de dos temticas que hoy, al cabo de ms de cincuenta aos, son acaso an ms vivas y, desde luego, ms populares que al aparecer Historia y consciencia de clase: el tema del mtodo del marxismo dialctico y el de la alienacin. ste es objeto del largo ensayo central del libro, La cosificacin y la consciencia del proletariado.

La presente edicin va enriquecida por un prlogo que escribi Lukcs en marzo de 1967. Se trata de una pieza muy instructiva para todo lector, pero muy particularmente para el lector socialista; en ella el filsofo toma posicin ante la obra ms clebre de su juventud. Dicho prlogo termina con las siguientes palabras: no es tarea ma el precisar en qu medida determinadas tendencias correctamente orientadas de Historia y consciencia de clase han producido resultados adecuados, indicadores del futuro, en mi propia actividad y acaso en la de otros. ste es todo un complejo de problemas cuya resolucin dejo tranquilamente al juicio de la historia.

III. Georg Lukcs naci en 1885 en el seno de una familia hebrea ennoblecida en los ltimos tiempos del imperio austro-hngaro. Su primera orientacin filosfica le sita a grandes rasgos dentro de las ciencias del espritu de tradicin neokantiana (Simmel, Dilthey, Max Weber). Ese horizonte filosfico tiene su primera obra de importancia, Die Seele und die Formen (El alma y las formas), celebrada por Max Weber.

Su adopcin del marxismo -a travs del tema hegeliano, marxista y sociolgico-cultural de la alienacin- est en lo esencial consumada en 1919. Ese ao Lukcs es Comisario del Pueblo para la Educacin en el rgimen socialista dirigido por Bela Kun en Hungra. Tras la sangrienta represin del movimiento obrero centroeuropeo por el pre-fascismo alemn y hngaro y por las tropas aliadas, Lukcs vive en Austria, Alemania y la Unin Sovitica. En el detalle doctrinal su evolucin es ms compleja: Geschichte und Klassenbewusstsein, su primera gran obra explcitamente marxista, no le resulta luego plenamente satisfactoria.

Durante toda su estancia en la Unin Sovitica (hasta 1945), as como en las recientes vicisitudes hngaras, Lukcs -criticado por Zinoviev en el V Congreso de la Internacional Comunista- es una complicada figura de pensador, muy independiente y creador y, a la vez, sumamente tradicional en su hegelianismo y en su teorizacin del llamado realismo socialista.

Por la dimensin de su obra, especialmente en esttica y teora del arte, Lukcs es sin ninguna duda, junto con Antonio Gramsci, uno de los dos pensadores marxistas ms considerables de entre las dos guerras mundiales.

  1. Anotaciones de lectura

Sacristn cita en sus notas por la edicin alemana de Der Malik-Verlag 1, Berln, 1923. Se sigue aqu su propia traduccin de 1969 para Ediciones Grijalbo. Doy slo una amplia seleccin de sus observaciones.

I. Prlogo a la primera edicin (Navidades 1922, Viena)

1. Sobre Lenin:

Ese efecto se basa en que Lenin ha llevado la naturaleza prctica del marxismo a un grado de claridad y de concrecin inalcanzados antes; se basa en que Lenin ha salvado ese momento prctico del olvido casi total en que se encontraba y, mediante ese acto teortico, ha vuelto a librarnos la clave de la comprensin correcta del mtodo marxista (p. XLIV).

Es la explicacin del leninismo de todos ellos, tambin de Gramsci.

Observar que en cualquier frase suelta aparece en el Lukcs de entonces la obsesin del mtodo. Esto me lo tengo que aclarar sin dilacin. El metodismo del Lukcs de la poca estaba muy probablemente determinado por el hegelianismo: el mtodo estaba en Hegel y era lo propio de Hegel, en su ncleo racional. Pero haba que rechazar el sistema -que no poda ser sino el de Hegel. El que la sustitucin del metodismo fuera el sistematismo tradicional de los posteriores rusos hace aparecer hoy en la prctica la tendencia de Lukcs entonces. Pero se basa en la suposicin de que todo pensamiento-sustancia es sistema.

II. Qu es el marxismo ortodoxo?, Marzo 1919

1. La clebre expresin, mximamente cresa, de la reduccin a mtodo:

Pues suponiendo, aunque no admitiendo, que la investigacin reciente hubiera probado indiscutiblemente la falsedad material de todas las proposiciones sueltas de Marx, todo marxista ortodoxo serio podra reconocer sin reservas todos esos nuevos resultados y rechazar sin excepcin todas las tesis sueltas de Marx sin tener en cambio que abandonar ni por un minuto su ortodoxia marxista. As pues, marxismo ortodoxo no significa reconocimiento acrtico de los resultados de la investigacin marxiana, ni fe en tal o cual tesis, ni interpretacin de una escritura sagrada. En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al mtodo. Esa ortodoxia es la conviccin cientfica de que en el marxismo dialctico se ha descubierto el mtodo de investigacin correcto, que ese mtodo no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse ms que en el sentido de sus fundadores (pp. 1-2).

a) Lo primero a objetar a este paso clebre es su desastrosa consecuencia respecto de la cientificidad del marxismo, al hacerlo en principio irrefutable por descubrimiento alguno.

b) La segunda objecin debe consistir en reprocharle la completa falta de dialctica de su epistemologa. En efecto, cuando mtodo se usa en un sentido con implicaciones filosficas directas, en un sentido no meramente tcnico-instrumental, es imposible trazar una divisin significativa entre mtodo y doctrina bsica, pues casi sin ampliacin el entendimiento especulativo se hace aqu prctico y viceversa, o sea, los teoremas fundamentales acerca de la realidad (y que, de ser de naturaleza cientfica, han de ser refutables en principio) son, en cuanto al contenido, lo mismo que las reglas generales del mtodo. No tiene sentido separar el mtodo, el marxismo dialctico, de tesis como las siguientes: 1. Los fenmenos sociales no estn regidos para ni son explicables por potencias transcendentes. 2. La categora clase es la abstraccin bsica para la explicacin de los fenmenos histrico-sociales porque las relaciones fundamentales de la sociedad son las de clase (A matizar, por la tesis marxiana del individuo). 3. La consciencia de clase es un elemento de la situacin de clase. Etc.

2. El punto crtico central de este artculo contra Engels es que no es suficientemente dialctico porque no juega a la jerga hegeliana de la identificacin de sujeto y objeto (pp. 3-4). A lo cual se aade la reduccin de la dialctica a la historia:

Esta limitacin del mtodo a la realidad histrico-social es muy importante. Los equvocos dimanantes de la exposicin engelsiana de la dialctica se deben esencialmente a que Engels -siguiendo el ejemplo de Hegel- ampla el mtodo dialctico tambin al conocimiento de la naturaleza. Pero las determinaciones decisivas de la dialctica -interaccin de sujeto y objeto, unidad de materia y prctica, transformacin histrica del sustrato de las categoras como fundamento de su transformacin en el pensamiento, etc.- no se dan en el conocimiento de la naturaleza (p. 5, nota 2).

Si esas determinaciones decisivas no estn pensadas msticamente, se dan tambin en el conocimiento de la naturaleza. Negarlo es muy propio de gente diltheyanizada.

3. La concreta unidad del todo como el tema de la dialctica es una expresin peligrosa, por la palabra todo. Lukcs no tiene la menor sensibilidad para esos peligros (pg. 7) .

4. La peligrosidad de la totalidad concreta se manifiesta muy bien en este caso, curiosamente adialctico:

De este modo se pierde, con la recusacin o la debilitacin del mtodo dialctico, la cognoscibilidad de la historia. Con esto no se trata de afirmar la imposibilidad de describir ms o menos precisamente y sin ayuda del mtodo dialctico personalidades, pocas, etc. de la historia. Lo que ocurre es que de ese modo es imposible la captacin de la historia como proceso unitario (pp. 13-14).

Por supuesto, la formulacin de su concesin est astutamente limitada. Pero la concepcin misma es recusable: dialctico es ante todo el conocimiento asintticamente pleno de lo individual concreto. El lugar epistemolgico de la dialctica es el viejo tpos del conocimiento de lo singular, porque no hay singularidad concreta histrica que sea simple (histrica: social o natural).

5. La parte de razn del punto de vista de la totalidad est esplndidamente formulada:

El conocimiento de la objetividad real de un fenmeno, el conocimiento de su carcter histrico y el de su funcin real en el todo histrico constituyen as un acto indiviso de conocimiento (p. 16).

III. Rosa Luxemburg como marxista, enero 1921

1. Otro punto de arraigo psicolgico real y refutable del punto de vista de la totalidad:

Para el marxismo, pues, no hay en ltima instancia ninguna ciencia jurdica sustantiva, ni ciencia econmica sustantiva, ni historia, etc., sino slo una nica ciencia, unitaria e histrico-dialctica, del desarrollo de la sociedad como totalidad (p. 30).

Pero, por respetable que sea la motivacin, las consecuencias son fatales. Introducen, en efecto, la equivocidad de ciencia a la que parece sucumbir tambin Althusser. Lo mejor es reservar ciencia para las ciencias en sentido moderno y llamar a lo otro conocimiento de lo concreto.

2. En ideologismo desencadenado:

Para el mtodo dialctico todo -sea lo que sea- gira siempre en torno al mismo problema: el conocimiento de la totalidad del proceso histrico. Por eso para l los problemas ideolgicos y econmicos pierden su recproca extraeza y fluyen los unos en los otros (pp. 37-38).

Tal vez la formulacin no sea tan grave como sus consecuencias, hoy conocidas.

IV. Consciencia de clase, marzo 1920

1. Un prrafo y medio en los que atiende al problema de lo concreto segn su punto de vista, plantendolo correctamente pero con abandonos innecesarios:

Es obvio que tambin la ciencia histrica burguesa aspira a investigaciones correctas, y hasta que ella reprocha al materialismo histrico una violentacin del carcter concreto nico de los hechos histricos. Su error consiste en buscar lo concreto en el individuo histrico emprico1 (ya se trate de un hombre, de una clase o de un pueblo) y en su consciencia empricamente dada (psicologa o de psicologa de masas). Y as cuando cree haber hallado lo ms concreto, ha errado del modo ms pleno la concrecin, la sociedad como totalidad concreta: el orden de la produccin en una determinada altura del desarrollo social y la articulacin, por l provocada, de la sociedad de clases. Al ignorar eso, la ciencia burguesa toma como concreto algo plenamente abstracto2 [...] Investigacin concreta significa, pues, lo siguiente: referencia a la sociedad como un todo3 (pp. 53-54).

(1) Es la mejor fundamentacin del punto de vista de la totalidad, en el supuesto de que haya que llamarla todo, y no marco y componente de la concrecin. Lukcs olvida siempre que tambin la concrecin de cada caso es un recorte abstractivo (asntota).

(2) Nocin hegeliana destructiva de lo emprico. No es la nocin de Marx de La ideologa alemana.

(3) Justo: pero no porque lo emprico sea abstracto (jerga hegeliana), sino porque lo emprico, como dice Marx, es el arrendatario, no EL HOMBRE.

V. La cosificacin y la consciencia del proletariado [Escrito para el libro]

1. Practica una distincin tan radical entre cualidad y cantidad que hay que preguntarle de dnde se imagina que procede la primera. Y es natural que esto sea siempre desagradable para los hegelianos, porque, si no se quiere dar en mstica, este problema documenta la fundamentalidad del anlisis atomstico previo a la consideracin estructural (= cualitativa) (p. 124).

2. En la cuestin de divisin del trabajo, racionalizacin y circularidad, Gramsci se distingue muy positivamente de Lukcs, que llega a defender:

la computabilidad del proceso de trabajo exige una ruptura con la unidad del producto mismo, que es orgnico-irracional y est siempre cualitativamente determinada (pp. 129 ss).

Todo este asunto merecera estudio -y recusacin con ella. Porque la ruptura con una unidad es slo el primer (para Lukcs) proceso fruto del principio cosificador de la calculabilidad. Sigue con todos los tpicos universalizantes pasados por Nietzsche-Bergson-Dilthey:

En segundo lugar, esa descomposicin del objeto de la produccin significa al mismo tiempo, y necesariamente el desgarramiento de su sujeto. A consecuencia de la racionalizacin del proceso del trabajo, las propiedades y las peculiaridades humanas del trabajador se presentan cada vez ms como meras fuentes de error respecto del funcionamiento racional y previamente calculado de esas leyes parciales abstractas (p. 130).

Lo cual es esencialmente falso y, en la medida en que es verdad, reproduce una situacin de la ciencia. Luego desarrolla la tesis de que no da lugar a una actitud contemplativa ante el producto y de todo ello pasa a Bergson y Klager:

Con ello pierde el tiempo su carcter cualitativo, mutable, fluyente (pg. 131).

El punto dbil de todas las acusaciones a la moderna divisin del trabajo consiste en que sus autores no ven al artesano o al campesino precapitalista como productos histricos, como cultura: no ven en su armoniosa unidad el fruto de la brutal opresin, de la necesidad y escasez econmicas y de la ignorancia no menos brutal -por lo que hace a toda la sociedad, tambin al noble y al clrigo- acerca de la misma existencia humana. Y as no ven -los crticos reaccionarios- la necesidad histrica de la fragmentacin del hombre, no absorbido por el centro nico, y cargo divino de sentido, del hambre, la enfermedad, el terror, ni ven -los lukcses- la necesidad intelectual de una fuerte restriccin en su faz ideolgica, la progresividad de la intuicin de la autocomprensin del hombre centrado en la ignorancia.

En lnea de ese pensamiento, Lukcs llega a atribuir al capitalismo, como esenciales, rasgos de toda produccin cientfica, por supuesto (y exacerbadamente) de la socialista y de la comunista. As lo hace, por ejemplo, al aplaudir estas palabras de Max Weber: La moderna empresa capitalista se basa internamente ante todo en el clculo [Escritos polticos, 1921, p. 142] (p. 138), cuando lo menos que Lukcs tendra que contraponer a esa apologtica disfrazada es que la empresa capitalista descansa ante todo en la explotacin.

3. Lukcs mismo percibe la relacin de su discurso con el problema de la ciencia, y hace de vez en cuando declaraciones plenamente acertadas en su generalidad, pero a las que falta el reconocimiento bsico de una dialctica racional: que no hay ms elementos para pensar dialcticamente que los ofrecidos por la ciencia, o los que se consiguen racionalmente con la mayor aproximacin posible al modelo de la fundamentacin cientfica.

Un ejemplo de unas formulaciones generales acertadas:

Esa consideracin [desde un punto de vista externo, esto es, no desde el punto de vista de la consciencia cosificada1] revelar (sin ser, por ello un reproche) que cuanto ms desarrollada est una ciencia moderna, cuanto ms plenamente ha conseguido claridad metdica acerca de s misma, tanto ms resueltamente tiene que apartarse de los problemas ontolgicos de su esfera, tanto ms resueltamente tiene que eliminar esos problemas del campo de la conceptualidad por ella elaborada (p. 147).

(1) Adems de la unilateralidad antes sealada, esta crtica general tiene el defecto de identificar la positividad cientfica (y no slo cientfica) con una forma de cosificacin. La metafsica s que trataba de los problemas del ser! y la ciencia metafsica! Hay ms clara consideracin de los problemas del ser que la doctrina de los medios de produccin y el opio?

Por todos esos vicios, tambin hay declaraciones generales profundamente errneas, fundamento de la tesis de la ciencia burguesa (ejemplo: pp. 148-149). De ellas hay que recoger, sin embargo, la naturaleza sobreestructural de la ciencia.

4. Tesis increble: que el nacimiento de la ciencia especializada significa el reconocimiento de la irresolubilidad del problema del todo (p. 164). Lukcs es declarativo y verbal desde su juventud. Lo que el nacimiento de la ciencia moderna significa es la recusacin de la doctrina tradicional del todo.

5. El mismo principio de la prctica queda, en cuanto que aparece, mitificado metafsicamente, porque ha de introducirse y realizarse en la filosofa (declarativismo).

para resolver la irracionalidad de la cuestin de la cosa-en-s no basta con emprender el intento de rebasar el comportamiento contemplativo, sino que, como planteamiento concreto, resulta que la esencia de lo prctico1 consiste en superar y eliminar la indiferencia de la forma respecto del contenido, indiferencia en la cual se refleja metodolgicamente el problema de la cosa-en-s. As, pues, lo prctico no se descubre, como principio de la filosofa, ms que cuando se muestra un concepto de forma que no presente como fundamento y presupuesto metdico de su vigencia esa pureza horra de toda determinacin de contenido, esa pura racionalidad (pp. 171-172).

(1) La esencia de la prctica es terica.

Con esto queda inaugurado el carnaval hegeliano de los conceptos fluidos y fluyentes.

6. Otro esplndido planteamiento de la problemtica esencial de la dialctica:

La gnesis, la produccin del productor del conocimiento, la disolucin de la cosa-en-s irracional, el despertar del hombre sepultado se concentran pues ya concretamente en torno de la cuestin del mtodo dialctico. La cuestin del entendimiento intuitivo (de la superacin metdica del principio gnoseolgico racionalista1) cobra con ese planteamiento forma clara, objetiva y cientfica (p. 191) [segundo subrayado: MSL]

(1) Para que el planteamiento fuera completamente correcto bastara con sustituir principio racionalista del conocimiento por este concepto: renuncia ideolgica conservadora al conocimiento de lo concreto.

Es notable que los mejores planteamientos de Lukcs arranquen del estadio en que Kant dej el problema. Lo que hay que hacer es saltarse a Hegel y volver a empezar (en epistemologa, basndose en Marx praxlogo).

Lukcs, en cambio, sigue la mstica va hegeliana: disolucin de la rigidez de los conceptos (p. 191), la lgica [...] del concepto concreto, la lgica de la totalidad (p. 191). Pero si el concepto es concepto, es rgido, y la lgica de la totalidad est llena de las paradojas -que entonces los lukcses tienen que defender, como Hegel a Zenn.

7. La nota de la pgina 198 (nota 2) permite entender el por qu de su reduccin de la dialctica a la historia:

Con esto se problematiza la lgica misma. El postulado de Hegel segn el cual el concepto es el ser restaurado (Werke [Obras], V, 30) no es posible ms que presuponiendo la produccin real del sujeto-objeto idntico. Si falla este punto, el concepto cobra una significacin kantiano-idealista que se encuentra en contradiccin con su funcin dialctica. Pero el mostrar detalladamente esto rebasa con mucho los lmites de este trabajo (p. 198).

Est claro que ni siquiera para el primer pensamiento metafrico de estilo hegeliano que es propio de Lukcs puede afirmarse el sujeto-objeto idntico para la naturaleza sin anular la ciencia y sin caer en un pampsiquismo general, salvo en el hegelianismo.

Por lo que hace al carcter metafrico del pensamiento de Lukcs: la abstraccin de la teora del proletariado sujeto-objeto idntico de la historia a Marx se basa en la clebre frase juvenil: Wenn das Proletariat [Cuando el proletariado]...

Si nos tomramos en serio tal interpretacin de Lukcs, aadiramos: 1) El proletariado es el sujeto-objeto idntico de la historia. 2) Luego: con el proletariado termina la historia, y no se ve por qu ha de disolverse. 3) Dejando eso aparte: no hay ms realidad histrica que el proletariado. 4) La disolucin del orden capitalista implica la disolucin del proletariado. Luego el orden sovitico sigue siendo capitalista.

8. Es notable que todo su maquiavelismo no le impida dar un esplndido cuadro de una ganancia decisiva de la inorganicidad burguesa: la consciencia de las clases explotadas acerca de su situacin (pp. 219s). Es probable que contenga incluso una exageracin -Desde un punto de vista social objetivo no hay ninguna diferencia decisiva entre un esclavo pensante y un esclavo inconsciente [...] (p. 220)- cuya raz es la vaguedad de este pensamiento dialctico. Lukcs hipostatiza la contradiccin entre la ideologa burguesa de la igualdad y la libertad y la opresin econmica y habla, en vez de ella, de cosificacin. Como si el esclavo no hubiera estado cosificado por el hecho de que el rgimen mercantil no estaba generalizado. Habr, en realidad, algo ms cosificado que un esclavo, jurdicamente (incluso), declarado cosa? Algo falla en esa deduccin de la cosificacin a partir de la mercanca. La fetichizacin es quizs, propiamente, cosificacin ideolgica, destinada a ocultar la bsica, que slo en parte es nueva (burguesa). Pues est claro que tambin se puede hablar de cosificacin (y tambin ideolgica, pero distinta) para la Edad Media. La relacin del dominio del seor se cosifica y fetichiza -ya lo creo- en excelencia innata del seor. Por tanto, sera ms correcto ver las cosas acercando la sociedad capitalista a las anteriores: en todo hay cosificacin de los oprimidos y de la relacin de opresin. En la Antigua, mediante el derecho que cosifica explcitamente el esclavo. En la Edad Media, mediante la sacralizacin fetichista del dominio. En la capitalista, mediante la fetichizacin pseudo-naturalista de las relaciones mercantiles basadas en la coseidad de la mercanca. La organicidad de la sociedad medieval lejos de ser un bien, fue la cobertura ideolgica fetichista de la situacin. La ideologa burguesa por su abandono del fetichismo sensu stricto, a causa del modelo cientfico, posibilita, como dice Lukcs, la toma de consciencia. Marx ha descrito slo la cosificacin y el (metafrico en su propio uso) fetichismo burgueses porque no estaba estudiando los anteriores -y acaso por el peso romntico alemn.

1 La entrevista fue realizada por A. Munn y Jordi Guiu para la revista El Viejo Topo. No lleg a publicarse en su momento por indicacin del propio Sacristn

2 Ahora en M. Sacristn, Sobre Marx y marxismo. Icaria, Barcelona, 1983, pp. 191-228. Para una breve antologa de textos de Sacristn sobre Russell, vase anexo 1.

3 En anexo 2 puede verse una aproximacin de Snchez Vzquez a la obra de Sacristn.

4 Pueden verse sendas referencias al economista japons en Manuel Sacristn, El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia. Sobre Marx y marxismo. Icaria, Barcelona, 1983. Vase anexo 9.

5 Nota JM: El dirigente revolucionario guerrillero Carlos Marighella fue asesinado en 1969 en una emboscada preparada por los militares; El dirigente revolucionario guerrillero Carlos Lamarca fue ejecutado por tropas del Ejrcito brasileo en 1971.

6 Sobre Ulrike Meinhof y Sacristn, vase el anexo 3.

7 El esquema detallado del curso puede verse en el anexo 4.

8 Sobre Carnap, vase el anexo 5.

9 Vase anexo VI,

10 Est recogido ahora en el primer volumen de Panfletos y Materiales, op. cit,

11 Todos estos ensayos de crtica literaria estn recogidos en el tomo IV de sus Panfletos y materiales: Lecturas, Icaria, Barcelona, 1985.

12 Manuel Sacristn se cas, en segundas nupcias, con la profesora M ngeles Lizn, actualmente profesora de Sociologa en la Universidad Autnoma de Barcelona. Vase el documental Sacristn en Mxico. En: Xavier Juncosa, Integral Sacristn. El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

13 Adems de sus intervenciones en el documental citado en nota anterior, puede verse un excelente texto del profesor Perrotini en el libro que acompaa a Integral Sacristn: Del pensar, del vivir, del hacer.

14 Puede verse la que seguramente es la ltima de sus cartas en anexo 7.

15 Ambas estn recogidas en De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas a Manuel Sacristn Luzn. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004. Edicin a cargo de Francisco Fernndez Buey y Salvador Lpez Arnal

16 M ngeles Lizn, entonces profesora de la UNAM..

17 Desconozco la fuente de la inspiracin nominal, pero las siglas recuerdan, obviamente, las del PSUC. Partir Socialista Unificat de Catalunya.

18 Su primera esposa, Giulia Adinolfi, falleci a principios de 1980. Vase el documental Giulia de Xavier Juncosa (Integral Sacristn, ed. Citada).

19 La autobiografa de Gernimo, editada por Barret, con importantes notas de Sacristn, fue publicada en la coleccin Hiptesis de Grijalbo que el mismo Sacristn codiriga con Francisco Fernndez Buey. Est anunciada la publicacin de sus anotaciones, presentacin y textos complementarios por Montesinos en 2009.

20 Puede verse ahora en: University of California San Diego (UCSD): http://roger.ucsd.edu/search?/aVital+de+Brito+Moreira%2C+Jorge/avital+de+brito+moreira+jorge/1%2C1%2C2%2CE/frameset&FF=avital+de+brito+moreira+jorge&1%2C%2C2

Title: Ciencia, concepcin de mundo y programa en el marxismo / Jorge Vital de Brito Moreira. Published 1985

Location Call number Status

SSH 6th Floor HX40 .V48 1985a AVAILABLE

Permanent link for this record: http://roger.ucsd.edu/record=b3610036

Description 177 leaves ; 28 cm

Note(s) Thesis (maestra en sociologa)-UNAM de Mxico, 1985

Includes bibliographical references (leaves 173-177). Photocopy. [S.l. : s.n., 199-?]. Cover title. Subject(s) Sacristn Luzn, Manuel - Socialism Philosophy

Author: Vital de Brito Moreira, Jorge

21 Vase anexo 10: Aproximaciones a dos clsicos marxistas: Gramsci y Lukcs.

22 Recogido en el volumen II de sus Panfletos y Materiales: Papeles de filosofa. Icaria, Barcelona, 1984, pp. 453-467 (en mi opinin uno de los mejores textos filosficos de Sacristn). Es el texto de su intervencin en un Congreso de filosofa celebrado en Guanajuato en 1981.

23 Recogido en Sobre Marx y marxismo, edit citada.

24 Publicado en Mxico y en la revista mientras tanto en 1983, puede verse ahora en M. Sacristn, Lecturas de filosofa moderna y contempornea, Trota, Madrid, 2007 (Edicin de Albert Domingo Curto).

25 Recogido igualmente en Sobre Marx y marxismo, ed. Citada.

26 Ibidem. Est anunciada su reedicin en M. Sacristn, Sobre dialctica, Montesinos, Barcelona (en prensa).

27 Recogido en el volumen II de Panfletos y Materiales: Papeles de filosofa, ed. Citada.

28 Estos tres ltimos en Lecturas, Barcelona, Icaria, 1985.

29 Manuel Sacristn, Las ideas gnoseolgicas de Heidegger, Crtica, Barcelona, 1995 (edicin a cargo de Francisco Fernndez Buey).

30 Efectivamente, familiares republicanos, un hermano socialista del padre de Sacristn. Sobre este punto, vase Xavier Juncosa, Sacristn en Mxico.

31 Nota JM:: Para ms informaciones sobre este punto vean mi entrevista Democracia made in USA para la revista brasilea IDEAO.

32 El profesor, amigo de Sacristn y lgico Jess Mostern hizo un comentario idntico. Vase: Salvador Lpez y Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristn. Destino, Barcelona, 1996.

33 Nota JM: Doy testimonio de esa cotidianidad y sus relaciones con el imperialismo americano en la segunda parte de mi libro Memorial da Ilha y otras Ficces: Aqu hay un relato titulado Peligroso Marginal Armado que se refiere a aquel dursimo perodo de la historia de Brasil.

34 Nota JM: En otro cuento, escrito en espaol, La muerte y el Farolito, segunda parte de mi libro de ficcin referenciado, evoco desde Mxico esa macabra situacin en Brasil.

35 Vase M. Sacristn, Lecturas, ed. Citada.

36 Justo Cerdn es el nombre del personaje. Vase el anexo 8.

37 Ambos en M. Sacristn, Lecturas, ed citada.

38 El inolvidable libro de Hofstadter fue publicado en Espaa por Tusquets con el ttulo: Gdel, Escher, Bach: Un eterno y grcil bucle.

*Este breve escrito est inspirado en un texto de 1986 que elabor para un acto de homenaje a Sacristn en Mxico (publicado posteriormente en Filosofa y circunstancias, Anthropos, Barcelona, 1997, y en mientras tanto, n 30-31, 1987, 115-122) y en la entrevista que mantuve con Xavier Juncosa, durante su estancia en Mxico en 2004, para los documentales de Integral Sacristn.

39 Ahora en M. Sacristn, Seis conferencias. El Viejo Topo, Barcelona, 2005.

40 Jorge Vital de Brito Moreira me ha sealado que la numeracin de mi edicin de Planeta no se ajusta enteramente a las pginas de tu edicin (Planeta de 1981) de la misma novela. Por ejemplo, la referencia que tu haces en Cerdn como lder (Pg. 50), se encuentra en mi edicin en la pagina 45 .Ms adelante, Cerdn aparece en muchas otras pginas de mi edicin: 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86. 87, 88, 89 y 90. Es en la Pg. 78, donde se encuentra el discurso a travs del cual descubr el personaje de Cerdan por la primera vez: -No es por azar que a pronto de entrar en la psicosis...

Es muy probable que Jorge V. de Brito Moreira haya manejado otra edicin de la obra de Manuel Vzquez Montalbn.



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