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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2008

El futuro de America Latina y el Caribe: O integracin o retroceso regional

Osvaldo Martnez
Cubarte

El tema de la integracin regional es el ms abarcador y trascendente para interrogar al futuro de los latinoamericanos y caribeos


Para comenzar expreso mi conviccin de que Amrica Latina avanzar en su hasta ahora lenta y zigzagueante integracin regional y lo har no tanto por el convencimiento

derivado de la lectura de miles de pginas sobre las ventajas y la necesidad de la integracin- de que es la integracin el camino adecuado para funcionar mejor en la economa y la poltica mundial, sino por el ms poderoso de los instintos, el de conservacin

El tema que nos propone el panel nos introduce en el ejercicio de la futurologa, la aventura intelectual ms ardua, arriesgada y no pocas veces desconcertante.

La futurologa nos coloca ante dilemas tales como cul debe ser el horizonte temporal de nuestra audacia intelectual: el prximo mes, ao, dcada o siglo?, y tambin el difcil equilibrio entre el anlisis desapasionado y las preferencias presentes en las escalas de valores y las ideas en las que creemos. Slo un robot sera capaz de hacer un diseo de futuro sin introducir deseos o visiones emanadas de la ideologa que compartimos.

Es el tema de la integracin regional el ms abarcador y trascendente para interrogar al futuro de los latinoamericanos y caribeos, y el tema central en el trabajo de la FLACSO.

Para comenzar expreso mi conviccin de que Amrica Latina avanzar en su hasta ahora lenta y zigzagueante integracin regional y lo har no tanto por el convencimiento -derivado de la lectura de miles de pginas sobre las ventajas y la necesidad de la integracin- de que es la integracin el camino adecuado para funcionar mejor en la economa y la poltica mundial, sino por el ms poderoso de los instintos, el de conservacin, al hacerse cada vez ms evidente que sin integracin, sin plasmacin e integracin real de las excelentes posibilidades tericas que siempre ella ha tenido, Amrica Latina y el Caribe podran reducirse a un simple concepto geogrfico. Ms an tratndose de un mundo donde a los tradicionales polos de poder norteamericano y europeo, hay que agregar a China, India y otros pases del sudeste asitico como Corea del Sur, Indonesia, Malasia que estn creciendo ms rpidamente que Amrica Latina y avanzando ms en los procesos reales de la integracin.

El instinto de conservacin no es aqu una simple reaccin primaria, sino que es la nica opcin estratgica-poltica que el entramado internacional, la necesidad interna de desarrollo y las propuestas de integracin procedentes del Norte, le dejan a la regin antes que aceptar la consolidacin de una existencia sumida en el retraso y la atomizacin.

Lo expresado hasta aqu no es una declaracin de optimismo a ultranza o de creencia obligada en un final feliz.

Es cierto que en Amrica Latina la fragmentacin y las discrepancias abundan, que el crecimiento del comercio en su variante de libre comercio no ha implicado mayor, sino menor integracin, que el crecimiento econmico se acompaa de una esencial enfermedad de inequidad social, que la democracia electoral al uso provoca en la opinin pblica escaso entusiasmo porque la inequidad social y la manipulacin del poder econmico la vacan de contenido, y que la inflamada retrica integracionista se simultanea con conductas desintegradoras, pero no obstante, en su intrincada complejidad, la regin avanzar en su integracin consigo misma. La integracin regional es al mismo tiempo la nica estrategia defensiva y la nica estrategia de desarrollo a que podemos asirnos los latinoamericanos en los inicios del siglo 21.

Varias razones condenan a la regin a integrarse. Ellas tienen ms capacidad decisoria que centenares de libros y miles de seminarios dedicados a teorizar sobre la necesidad y ventajas de la integracin y por supuesto, mucho ms que los abundantes convenios, tratados y declaraciones que juran y prometen la integracin desde hace casi dos siglos.

Una de esas razones es el fracaso inocultable de los esquemas de integracin comercialistas, sin estrategias de desarrollo social e incluso sin sensibilidad hacia ste, sin proyectos compartidos en la energa y la infraestructura, que van surgiendo y mal viviendo entre 1960 y la actualidad. Esquemas que tomaban como criterio de avance el crecimiento del comercio intrarregional, aunque en no pocas ocasiones el mayor crecimiento era del comercio intrafiliales de transnacionales y se explicaba por estrategias corporativas ms que por avances reales en la integracin.

Esos esquemas eran apenas percibidos por los pueblos, ocupados en la supervivencia del da a da, mientras el proceso de integracin se dilua en reuniones tcnicas interminables sobre los procedimientos para rebajar aranceles o remover obstculos tcnicos al comercio.

Estos esquemas (ALALC, MCCA, Pacto Andino) surgidos durante los aos de influjo cepalino, hicieron sus dbiles intentos de sustitucin de importaciones y desarrollo hacia dentro, para caer despus bajo la oleada neoliberal que impuso la nocin de que la riqueza haba que encontrarla exportando hacia el mercado mundial (lase Estados Unidos y Europa), abriendo las economas a las transnacionales, privatizando al mximo y abandonando la regulacin del mercado para dejar que ste lo resolviera todo de la mejor manera posible.

Si la integracin cepalina qued muy por debajo de lo necesario, la integracin neoliberal fue ms una desintegracin de lo poco que se haba logrado integrar. Sin polticas reales de complementacin productiva, sin proyectos compartidos en la energa, la infraestructura, el desarrollo cientfico-tecnolgico, sin mecanismos de solucin de controversias, con los mercados abiertos mientras los mercados del Norte continuaban selectivamente cerrados, la integracin neoliberal consisti en lo esencial en una competencia irracional por exportar todos hacia Estados Unidos y Europa, mercancas similares e incluso iguales.

El regionalismo abierto con que la CEPAL acept el neoliberalismo, fue ciertamente abierto pero muy poco regional en tanto concertacin y complementacin al interior.

Otra razn es que la variante extrema neoliberal de integracin propuesta por el gobierno de Estados Unidos, la que podra llamarse ALCA-TLC, ha quedado paralizada despus de ser rechazada por un conjunto significativo de gobiernos (en especial Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia). Esta variante ha quedado congelada como un resultado de la oposicin de los movimientos sociales que articularon una campaa anti ALCA, la oposicin de los gobiernos mencionados por la percepcin de que el ALCA-TLC es slo funcional a los intereses de sus proponentes y porque la experiencia de ms de una dcada de aplicacin de este modelo en su variante precoz TLCAN no provoca entusiasmo por seguir la suerte de Mxico, con su agricultura arruinada, su industria reducida a maquila, su extendida pobreza e inequidad y la convulsa realidad social atravesada por las guerras de narcotraficantes y la endeblez del sistema poltico.

La variante ALCA-TLC ha perdido el impulso que pareci tener cuando convoc a 34 pases a ingresar en ella, y extensos sectores sociales la identifican como la propuesta para la integracin de Amrica Latina y el Caribe como apndice subordinado de la economa de Estados Unidos.

Otra razn que debe empujar hacia la integracin aunque en forma paradjica, es la relativa bonanza regional en cuanto a crecimiento de sus exportaciones de commodities y alto precio de ellas en los aos ms recientes.

Pudiera pensarse que la bonanza reciente sera un buen estmulo para la integracin, pero no creo que ella sea factor impulsor de la integracin, sino ms bien la fragilidad de esa bonanza y la necesidad regional de defenderse ante la crisis sistmica global que tenemos ante nosotros, seran las razones que haran moverse a la integracin.

Esta bonanza de precios es lo opuesto a las tendencias tradicionales al deterioro de los trminos de intercambio, pero su significado es paradjico, porque no se basa en la fortaleza, sino en la debilidad.

No hay altos precios en las exportaciones porque se trate de productos del conocimiento expresivos de alto desarrollo cientfico, sino que hay altos precios de las vulnerables commodities o productos bsicos que ahora -a diferencia de casi siempre- tienen altos precios pero stos se deben a las maniobras especulativas de mercado que a su vez expresan no la buena salud, sino la grave enfermedad de un sistema muy seriamente entrampado y abocado a una crisis tal vez indita.

Sera un error creer que esta crisis sistmica es una crisis financiera ms de esas que van y vienen.

Ella amenaza la coyuntural bonanza econmica regional, tiene potencial para hacer de la bonanza una severa crisis y pone de relieve la necesidad regional de amortiguar la crisis con el estrechamiento de las relaciones de cooperacin intrarregional y el rescate del mercado interno regional, disminuido por la muy desigual distribucin del ingreso.

La crisis que ya se toca con las manos hace ms fuerte que nunca los argumentos en favor de la integracin regional, pues resulta muy difcil imaginar cmo en forma individual, aislada, los pases latinoamericanos y caribeos pueden hacer algo ms que lamentarse frente a ella.

La crisis en curso tiene al menos cuatro ingredientes peculiares y amenazadores:

No se trata de otra crisis cclica de la que el capitalismo ha sorteado por decenas a lo largo de casi dos siglos, a partir de 1825, cuando Carlos Marx comprob la ocurrencia de la primera crisis econmica capitalista.

No es siquiera la repeticin de la crisis ms profunda y recordada en la historia del sistema: la de 1929-33, que ha quedado grabada en la Historia como la Gran Depresin.

Ms que otra crisis cclica, lo que ahora tiene lugar es un sistema de varias crisis con sinergia entre ellas, una crisis sistmica, global, como corresponde a la primera crisis de la poca de la globalizacin avanzada.

Nunca antes ocurri la presencia simultnea de crisis financiera, crisis energtica, crisis alimentaria y crisis ecolgica. Esta combinacin de crisis diversas y en esencia la misma, no es un pronstico catastrofista, sino la realidad que ya vivimos.

Unirse para enfrentar esta conmocin, parece una conducta obvia de elemental defensa frente a los desafos globales. Hacerlo en mejores condiciones valindose de la integracin es la nica estrategia posible, pues el slvese quien pueda en poca de la globalizacin avanzada y de las inmensas distancias entre desarrollados y subdesarrollados, sera una conducta suicida.

La regin ahora vende sus productos bsicos a altos precios, pero la bonanza tiene pies de barro y se apoya en terreno tan movedizo como la especulacin del capital financiero, que la hace espoleado por la crisis y al mismo tiempo echando lea al fuego de ella.

En efecto, las grandes masas de capital especulativo, alimentadas por la desregulacin financiera de las ltimas dcadas, expulsadas del sector informtico y del sector inmobiliario por el estallido de las burbujas financieras que en esos sectores ellas crearon, encontraron valores refugio en los alimentos y el petrleo. En el petrleo operaban desde dcadas atrs, aunque no en la proporcin actual. En los alimentos encontraron un nuevo nicho para especular, que no exista apenas unos cinco aos antes.

Los granos bsicos han aumentado de precio 88% desde marzo de 2007. El trigo ha aumentado de precio 181% en tres aos. La leche en polvo ha triplicado su precio en aos ms recientes. La calidad ms popular de arroz de Tailandia se vendi a 198 dlares por tonelada hace 5 aos y por 323 dlares hace un ao. En abril de 2008 el precio lleg a 1000 dlares. En Hait el precio de mercado de un saco de 50 kilos de arroz se duplic en una semana a fines de marzo de 2008.[1]

Sabemos que la produccin agrcola est siendo afectada por el cambio climtico y tambin que en fechas recientes las inundaciones en territorio de Estados Unidos, en especial en el estado de Iowa, provocan descensos en la produccin de alimentos, pero las estadsticas globales de produccin no muestran que se haya producido un colapso en la produccin agropecuaria capaz de explicar tales aumentos de precios en un corto perodo.

No se ha producido tal colapso y ni siquiera un descenso apreciable en la oferta alimentaria. El problema alimentario mundial, con sus 854 millones de hambrientos oficiales registrados en la estadstica internacional, sigue siendo la injusta y desigual distribucin de los alimentos, la cual se basa en la no menos injusta y desigual distribucin del ingreso, y se expresa en el contraste entre la obesidad convertida en grave enfermedad en el Norte y en las oligarquas del Sur, y hambre crnica en grandes masas de poblacin en el Sur e incluso en sectores sociales pobres del Norte.

La relacin entre oferta y demanda mundiales de alimentos no es la relacin entre produccin de alimentos y necesidades de ellos, sino entre produccin y demanda solvente ejercida por los que pueden pagar.

Sobre la produccin de alimentos pende hoy la grave amenaza del cambio climtico y de todo el paquete de irresponsabilidad ecolgica derivado del sometimiento de la naturaleza al lucro de mercado. Se trata de tendencias alarmantes que cuestionan la base depredadora del sistema en el que la ganancia empresarial compite con la proteccin ambiental y como regla, la ganancia empresarial tiene prioridad.

Pero aun no se refleja esto en un colapso de la produccin alimentaria que pueda explicar una escalada de precios como la actual.

Los biocombustibles o agrocombustibles representan un factor que empuja al alza de los precios con su insensible propsito de alimentar los automviles de los pases desarrollados con combustible extrado de cultivos alimentarios, pero siendo perversa la relacin que ellos establecen entre precio del combustible y precio de los alimentos, no es ste todava un factor que pueda explicar el estallido de los precios. La FAO calcula que los biocombustibles son responsables aproximadamente de un 10% de los incrementos de precios.

Entonces, cul es el factor determinante en el alza de precios de los alimentos?

Es la especulacin con los alimentos, lo que equivale decir la especulacin para obtener ganancias apostando por el hambre.

En reciente comparencia ante Comisiones del Senado de Estados Unidos, el seor Michael W. Masters, directivo del fondo de cobertura de riesgo (hedge-fud) Masters Capital Management, analiz el papel determinante de los llamados inversores institucionales (fondos de pensiones pblicos y privados, fondos de salud, fundaciones universitarias y otros) en el precio de los alimentos.[2]

All se revela que ahora, estos inversores concentran mayor participacin en la especulacin con contratos a futuro de alimentos, que cualquier otro participante en ese mercado.

Estos especuladores distribuyen su dinero entre las cotizaciones a futuro de 25 commodities, en correspondencia con los ms utilizados ndices en ese mercado: Standard and Poors, Goldman Sachs Commodity Index y el Dow Jones-AIG Commodity Index. Ellos se vieron forzados a replegarse en la crisis financiera 2001-2002, al estallar la burbuja especulativa en el sector de la informtica.

Encontraron en el mercado de commodities a futuro un nuevo activo capaz de ofrecer nuevo escenario para la especulacin.

En 2003 haban slo 13 mil millones de dlares procedentes de inversores institucionales operando en el mercado de productos bsicos, pero en marzo de este ao 2008 la cifra haba aumentado a 260 mil millones de dlares y los precios de los 25 productos mencionados haban aumentado 183% en esos cinco aos.

Se ha creado un crculo virtuoso para los especuladores que es un crculo vicioso para los consumidores, porque a medida que entra al mercado de futuros ese flujo de dinero, el mercado se expande y los precios crecen, pues se compra a futuro para obtener ganancias procedentes de precios que sern ms altos y a su vez los precios se hacen ms altos porque hay creciente demanda de contratos a futuro.

En la mencionada comparencia ante Comisiones del Senado se expres que en los primeros 52 das de operaciones del mercado los inversores institucionales inyectaron ms de mil millones de dlares diarios, lo que contribuye a explicar los extraordinarios incrementos de precios a principios de 2008.

Lo que ocurre con los precios de los alimentos es una aberracin del sistema. La especulacin desenfrenada crea burbujas financieras que estallan como siempre, entre otras cosas, porque la economa real creadora de valores, de valores de uso y de plusvalores, se reduce relativamente y hace ms agresivos y encarnizados a los especuladores, hasta el extremo de convertir el mercado de alimentos de un mundo hambriento, en un casino de juego especulativo.

No son entonces los latinoamericanos los principales beneficiarios del shock de precios de los alimentos, ni son ellos sus causantes, ni tiene relacin alguna con inexistentes fortalezas agrcolas de la regin, aunque algunos de sus pases son exportadores importantes de alimentos y en general, la regin podra hacerlo en gran escala.

El alza especulativa de precios de los productos bsicos es tan voltil como la especulacin misma y puede derrumbarse fcilmente si la crisis sistmica contina avanzando.

Otro ingrediente a considerar es que la crisis ocurre cuando la brecha entre economa real y burbuja especulativa global es mayor que nunca antes, cuando la desregulacin financiera neoliberal ha generado episodios especulativos como la titularizacin de deudas inmobiliarias convertidas en activos a partir de crditos concedidos a insolventes (crditos subprime).

Las deudas convertidas en ttulos de valor negociables como los llamados CDO (Collaterized Debt Obligations) o titularizacin de deudas ya anteriormente titularizadas, son instrumentos de composicin apenas conocida y total opacidad, difundidos por el mercado financiero globalizado, portadores de valores podridos a consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria. Ellos estn actuando como minas que explotan sbitamente en manos de sus tenedores, en medio del campo minado que semeja ese mercado.

El prximo estallido pudiera encontrarse en la titularizacin de deudas a partir de las tarjetas de crdito, pues la cartera de deuda de las tarjetas de crdito de los consumidores estadounidenses es superior a 2,5 millones de millones de dlares.[3]

Es revelador que en los ltimos meses el trmino colapso es mencionado con frecuencia en publicaciones emblemticas de Estados Unidos. El 20 de marzo fue publicado por Paul Craig Roberts un texto titulado El colapso de la potencia americana y el 27 de marzo The Economist public un artculo llamado Esperando el armagedn dedicado a la ola de quiebras empresariales.[4]

El sistema se encuentra enredado en su propia red de contradicciones.

Para intentar salir de la crisis financiera el gobierno de Estados Unidos utiliza los clsicos y desgastados instrumentos reanimadores: inyecciones de liquidez, rebaja de la tasa de inters, rebajas fiscales a los ricos y salvataje de instituciones financieras en quiebra como la nacionalizacin del banco Northern Rock y el remate de Bear Sterns.

Las inyecciones de liquidez alimentan la inflacin que se perfila ya como la sombra amenazadora per se sobre la economa de Estados Unidos. Y no solo aumentan la inflacin que es ya la ms elevada en los ltimos 16 aos en ese pas- sino que hacen caer an ms al dlar, lo que a su vez retroalimenta la inflacin.

La inflacin tiene un potente motor impulsor en el alto precio del petrleo.

Para intentar escapar a ese alto precio se ha puesto en prctica la falsa solucin de los biocombustibles, pero ellos aumentan el precio de los alimentos, que es otro factor poderoso que alimenta la inflacin.

A su vez, altos precios de los alimentos y del petrleo tienen en la especulacin el factor ms influyente en su alza, pero la especulacin en estos productos bsicos es una respuesta patolgica del sistema en busca de ganancias mediante la creacin de burbujas financieras que se han formado huyendo del estallido de otras burbujas anteriores. Tratando de encontrar altas ganancias especulativas el sistema especula con petrleo y alimentos, con lo que fortalece el txico de la inflacin que lo daa profundamente.

Algo similar ha ocurrido con las rebajas de impuestos a los ms ricos. Tal decisin supona que el resultado sera mayor inversin, pero lo ocurrido ha sido bien diferente: no ms inversin, sino ms consumismo, ms deudas y ms especulacin divorciada del sector productivo.

Existe en Asia una capacidad de produccin creada para exportar hacia Estados Unidos y Europa que podra convertirse en sobreproduccin carente de demanda ante la contraccin del mercado en esos dos polos.

La crisis sistmica en curso podra derivar -si la contraccin del crdito contina avanzando y lesiona a fondo a la demanda- en una combinacin indita de crisis de sobreproduccin, debido a las capacidades que en Asia quedaran sin demanda, de subproduccin (de petrleo, de tierras frtiles, de agua, de aire limpio) y de subconsumo en razn de la pauperizacin y escasa presencia en el mercado de no menos de 2, 500 millones de seres humanos. [5]

No es sostenible indefinidamente el desequilibrio extremo de la economa de Estados Unidos. Su enorme dficit fiscal (430 mil millones de dlares) y comercial (815 mil millones) en unin de su deuda pblica de 9,5 millones de millones de dlares y su gasto militar de 1,1 millones de millones, se tragan cual gigantesca aspiradora, el 70% de las corrientes netas de capital para financiar tales dficits, sostener el consumismo endeudado en ese pas y mantener al dlar como centro y beneficiario de un insostenible sistema monetario internacional, el que sobrevive en virtud del equilibrio del terror financiero, pero tiene vida limitada. No es infinita la capacidad de Estados Unidos para seguir funcionando como comprador de ltima instancia.

Para la integracin latinoamericana la crisis sistmica en curso refuerza el necesario recurso defensivo que aquella significa frente a un episodio que ser muy difcil sortear con una regin balcanizada.

Se ha producido una vigorosa reaccin en contra del proyecto ALCA-TLC cuyo significado es la integracin funcional a la estrategia de Estados Unidos.

La integracin regional no puede ser una absurda construccin autrquica encerrada en si misma, pero es positivo que un grupo significativo de gobiernos haya rechazado la frmula ALCA-TLC, reconociendo que Amrica Latina debe insistir en la bsqueda de un modelo de integracin que incorpore experiencias de otras regiones, pero sea pensado por los latinoamericanos y para los latinoamericanos.

O inventamos o perecemos dira Simn Rodrguez y Jos Mart lo expresara con bella exactitud: Injrtese en nuestras repblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repblicas.

El grupo de gobiernos que rechaza la frmula ALCA-TLC (Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Cuba) desarrollan una activa bsqueda de vas de integracin mediante proyectos que apuntan a superar dficits acumulados en la integracin como el abastecimiento y el ahorro energtico, la infraestructura compartida, la coordinacin de polticas macroeconmicas, la construccin de instrumentos financieros alternativos como el Banco del Sur, e incluso -como ocurre en la Alternativa Bolivariana para la Amrica (ALBA)-, la cooperacin en la eliminacin del analfabetismo, en la extensin de servicios de salud a los pobres, la formacin de mdicos e instituciones de salud, la creacin de instrumentos mediticos propios como Telesur, la coodinacin de polticas y proyectos culturales.

El ALBA, calificada a veces en forma peyorativa como proyecto ideolgico es tan ideolgico como lo son todos, pero sus resultados en menos de tres aos de vida incluyen lo mencionado anteriormente y tambin la complementacin productiva mediante la creacin de empresas grannacionales, la creacin del Banco del ALBA y el diseo de un plan de seguridad alimentaria para hacer frente a los altos precios especulativos de los alimentos y expandir la produccin agropecuaria.

Otras frmulas de integracin como UNASUR, MERCOSUR, CARICOM, Asociacin de Estados del Caribe o viejos esquemas como la ALADI hacen bsquedas afanosas y a veces confusas en el camino hacia la integracin, pero sta se mueve hoy a un ritmo superior que escasos aos antes.

Tiene especial importancia que entre los gobiernos que rechazan la frmula ALCA-TLC se encuentren Brasil, Argentina y Venezuela.

Brasil, el peso pesado de la regin, antao poco inclinado a la integracin regional e incluso ms interesado en otras regiones que en Amrica Latina, ha adoptado posiciones integracionistas a partir de la comprensin por el gobierno y las empresas brasileas de que slo integrado con su entorno natural latinoamericano, podra ese enorme pas realizar su potencial de desarrollo.

Sus acciones recientes incluyen la participacin en el Banco del Sur, la propuesta de crear un Consejo de Defensa Suramericano disputndole a Estados Unidos el mercado militar y llevando la integracin al escenario militar en el que no ha existido concertacin regional, sino algunas estriles confrontaciones armadas y la concertacin desigual con Estados Unidos para negociar la permanencia o instalacin de bases militares y efectuar maniobras conjuntas. Tambin el gobierno de Brasil ha propuesto la creacin de una Universidad Federal de Integracin regional en Foz de Iguaz y la accin de mayor hondura: el estudio del idioma espaol en las escuelas brasileas.

Argentina con su capacidad para producir alimentos, Venezuela con la mayor riqueza energtica en la regin, junto a Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba, a las cuales podra unirse Paraguay con su nuevo gobierno popular, le dan a este grupo -inexistente hace menos de una dcada- una apreciable capacidad para abrir otra diferente va de integracin.

Por supuesto, el signo de la integracin regional lo dar el viejo topo de la historia: la lucha de clases. Ser el arte de la poltica actuando en el cambiante y relativamente flexible escenario delimitado por las posibilidades objetivas el que decidir el signo poltico de la integracin.

Por el momento, los pases que rechazan la frmula ALCA-TLC se oponen al proyecto desintegrador que propone Estados Unidos, introducen paliativos de sensibilidad social en una poltica econmica heredada que es manejada con cautela, sin grandes transformaciones en las relaciones de propiedad, abriendo espacios para las empresas de capital nacional y prestando atencin a los grandes temas ausentes en los viejos esquemas de integracin: la energa, la infraestructura, las instituciones financieras propias.

Hace apenas una dcada los gobiernos latinoamericanos entendan la integracin regional como la creacin de un gran mercado. Hoy un grupo importante de gobiernos la entienden como la creacin de una gran nacin.

Dos grandes temas estarn presentes entre los ms importantes en el curso futuro de la integracin regional.

Uno es la gran deuda social acumulada con los pueblos. La deuda de pobreza, inequidad, injusticia social. ste ser probablemente el tema que marcar el ritmo de avance de la integracin. Ella avanzar al ritmo que marque la cura de la enfermedad de desigualdad social latinoamericana, la que a su vez deja sin contenido a las democracias electorales que proclaman la igualdad de participacin y representacin poltica erigidas sobre una brutal desigualdad econmico-social.

Sociedades equitativas en trminos de acceso al ingreso, al trabajo, la educacin, la salud, la cultura, podran hacer de la integracin regional lo que nunca ha sido: un tema que conecte con la vida concreta de los latinoamericanos y se instale en su imaginario como un valor positivo. Hasta ahora la integracin no ha sido para ellos ms que retrica discursiva o remotas noticias de remotas reuniones de remotos tecncratas discutiendo rebajas de aranceles comerciales.

Otro tema de gran importancia se coloca en el mbito de la cultura.

Por supuesto que las culturas nacionales latinoamericanas y caribeas ofrecen una fabulosa base para el intercambio cultural, pero se trata de algo ms que un simple intercambio entre culturas ricas y diversas. Se trata de avanzar en una integracin que sin dogmatismo y panfleto, defienda los valores culturales de nuestros pueblos frente a la globalizacin de la banalidad, la comercializacin a ultranza de la cultura, la penetracin de la frivolidad y que tambin se arme con instrumentos mediticos de eficacia artstica, capaces de expresar las realidades regionales con pupila y odos propios.

Amrica Latina y el Caribe tienen abundantes recursos naturales y humanos que pueden representar para ella lo que el carbn y el acero fueron en el arranque de la integracin europea, aunque no se trata de copiar esta integracin estructurada en torno a antiguas metrpolis coloniales. La Comunidad Europea del Carbn y el Acero puede tener en Amrica Latina versiones contemporneas que sean ncleo impulsor originario como lo fue aquella. La regin puede aprovechar sus fortalezas disponibles en cuanto a petrleo y gas, agua, alimentos, biodiversidad, por mencionar algunas de las que despiertan la codicia de las transnacionales.

En una visin de ms largo alcance y plazo, la integracin deber llegar a dotarse de una organizacin de concertacin y gobierno poltico que incluya como expresin de elevada madurez- la supranacionalidad, e incluir a todos los latinoamericanos y caribeos hablantes de una u otra lengua en algo como una Organizacin de la Unidad Latinoamericana y Caribea. A esta etapa superior de concertacin poltica se llegar por un proceso de avances en justicia social, de desarrollo econmico y de respeto a la diversidad.

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[1] Michel Chossudovsky: La crisis global: alimento, agua y combustible. En www.rebelin.org

[2] Michael W. Masters: Testimony of Michael W. Masters. Managing Member/Portfolio Manager. Masters Capital Mangement, LLC before the Permanent Subcommittee on Investigations Committee on Homeland Security and Governmental Affairs. United States Senate. May 20, 2008.

[3] Francisco Sobern: La crisis financiera internacional. Revista del Banco Central de Cuba. Ao 11. No. 1. Pg. 3

[4] Jorge Beinstein: El hundimiento del centro del mundo. Mayo[email protected]

[5] Francois Chesnais: Alcance y rumbo de la crisis financiera. Publicado en la Revista Carrerouge/La breche en cuyo nmero de diciembre 2007-enero 2008 se public este trabajo traducido para la revista Herramienta No.37. Marzo

Ponencia presentada en el panel sobre Perspectivas de futuro para Amrica Latina y el Caribe, en evento organizado por FLACSO, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y la Fundacin Carolina.



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