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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2008

Diferentes amenazas, diferentes estrategias

Jess Garca Pedrajas
Rebelin


La diferente visin que tienen las potencias hegemnicas a escala mundial de la situacin en los continentes ms amenazados por su poltica, Amrica Latina y frica, conlleva la necesidad de adoptar diferentes estrategias en los distintos entornos, con el fin de seguir controlando la situacin.

Frente a la gran amenaza que supone para ellos el conjunto de gobiernos progresistas y soberanistas, elegidos por el pueblo, en varios pases latinoamericanos; la oligarqua mundial se plantea la necesidad de que el mismo caso no se repita en un continente tan pleno de riquezas energticas como es frica. El caso de gobiernos democrticos (en ningn caso pueden recibir el apelativo de regmenes) como Venezuela, Ecuador, Bolivia o Paraguay preocupa al poder y le hace adoptar dos lneas de accin: por una parte, eliminar, de un modo u otro, los procesos de reforma en dichos pases, incluso a costa de golpes militares, boicots econmicos, etc. Por otro lado, se hacen el firme propsito de evitar que surjan nuevos casos, sobre todo aquellos que supongan ejemplos a seguir en zonas del planeta que adolecen, en su mayor parte, de gobiernos valientes (adems de capaces de resistir las presiones econmicas y polticas de los organismos internacionales); ste es el caso del continente africano.

La amenaza se hace mayor si tenemos en cuenta los contactos entre gobiernos de ambas regiones para colaboracin econmica, ayudas a la educacin o la sanidad, suministro de energa a bajo costo para superar la dependencia energtica de las multinacionales que, en muchos casos (el ejemplo ms claro es Nigeria) son esclavos del petrleo o el gas natural extrados de sus propios territorios. Se estn realizando diversas cumbres econmicas y polticas que no pueden menos que asustar a los poderes globalizadotes mundiales, ante la magnitud de los acuerdos que puedan adoptarse y las graves consecuencias para sus ya repletas arcas.

En Amrica Latina ya se ha elegido la estrategia central para desestabilizar la regin, con el fin de provocar la cada de los gobiernos soberanistas o, eventualmente, permitir una accin militar humanitaria: se trata, como bien es sabido, de la balcanizacin del continente o, ms bien, de aquellas regiones implicadas ms directamente en los procesos reformistas, no es casualidad que, entre el mosaico de naciones surgidas tras la independencia, en una zona con tan amplia densidad de tan diversas naciones, los procesos independentistas (que all reciben apelativos cariosos como independientes, autonmicos, liberadores, etc. mientras que aqu son tachados de terroristas) se estn produciendo, principalmente, en los tres pases que se han situado al frente de las reformas: Venezuela, Bolivia y Ecuador.

El concepto de desestabilizacin vara, eso s: para los gobiernos democrticos consiste en cualquier injerencia externa en su poltica interior, para las multinacionales y los gobiernos que las apoyan o las sirven, se trata de cualquier poltica interna de un gobierno soberano que interfiera con sus intereses econmicos.

La eleccin, por otra parte, de agregados, asesores y otros cargos en Amrica Latina por parte de EEUU provenientes de la regin de los Balcanes acenta el sentimiento de que la situacin pretende repetirse en aquellas naciones que no se cian a las directrices econmicas (esto es, tambin polticas) del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y, en general, aquellas instituciones pblicas o privadas que controlan los mercados mundiales.

La situacin en frica es muy distinta y, por tanto, la estrategia que se adopta tambin lo es: la intervencin militar (ya la cobertura de silencio que la cubre por parte de los mass media) es, todava, la mejor herramienta para controlar incipientes movimientos de reforma; las excusas para dichas intervenciones varan desde la solucin de crisis alimentarias, la lucha contra gobiernos terroristas o la pacificacin de zonas en conflicto que, en general, suelen albergar ingentes recursos naturales. Es evidente que en el continente africano la situacin es mucho peor que en Amrica Latina, estas intervenciones no parecen posibles ahora en pases como Ecuador o Bolivia, no a menos que se encuentren motivos en forma de incidentes fronterizos como el caso de los bombardeos de Colombia en territorio ecuatoriano, an as, la presencia meditica en estos pases hace que se encuentren en el centro de la poltica mundial y, por ende, hacen ms complejos y sofisticados los mecanismos de intervencin

La nula presencia en los medios (incluidos los espaoles) de gobiernos africanos que adoptan medidas valientes como es el caso de Malawi, enfrentado a las polticas criminales de ajuste estructural del Banco Mundial y el FMI, hace que sea muy difcil la extensin a otras regiones de procesos de reforma en otros pases de la regin; las masacres militares se disfrazan de intervenciones humanitarias, con la complicidad de los mass media, y se hace tarea casi imposible llegan al fondo de las razones de los conflictos as como discernir los factores endgenos de las crisis producidas en estos pases de aquellos impuestos desde el exterior con el fin de facilitar una intervencin posterior.

Como ya hemos repetido, la esperanza para el continente africano debe venir de la capacidad para tender puentes hacia Amrica Latina, hacia los gobiernos que all resisten y luchan por un reparto equitativo (al menos no tan desigual) de la riqueza, aunque sea al precio de enfrentarse con los que la detentan casi en exclusiva. La tarea nos es fcil porque, como suele ocurrir al inicio de un movimiento, las fuerzas de reaccin suelen ser muy agresivas con el fin de que dichos movimientos no cobren fuerza y se extiendan, dando a conocer a los pueblos alternativas posibles a las psimas condiciones de vida en las que sobreviven.



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