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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2008

Las claudicaciones de la izquierda

Carlos Pars
Publico


Pocas cosas en el mundo actual me parecen tan sorprendentes como la contradiccin interna que la poltica abriga. Por una parte el manifiesto fracaso del capitalismo para resolver los graves problemas sociales de la humanidad y, por otra, la creciente ceguera para percibir este fracaso y reaccionar ante l. Es la que denunciaba Saramago en su lcido Ensayo sobre la ceguera? Y en esta ceguera se mueve a tientas una izquierda que ha perdido el vigor de sus grandes convicciones, aquellas con que se ergua anunciando la posibilidad de un mundo mejor.

Cuando me he referido al fracaso del capitalismo no aluda, ciertamente, a sus beneficiarios. El orden actual, con toda su injusticia, constituye un enorme xito que corona triunfalmente sus luchas, especialmente virulentas desde los ochenta, bajo la direccin de la trinidad Reagan, Thatcher, Wojtyla. Ni pienso slo en la actual crisis mundial. Las peridicas crisis forman parte de la dinmica del capitalismo, como ya vi Marx.

Pensaba en el panorama desolador, que, en medio de un enorme desarrollo cientfico y tcnico, se extiende ante nuestros ojos, cuando contemplamos la sociedad planetaria, con los mil millones de seres humanos que sufren el flagelo del hambre, en el Tercer Mundo, y en las bolsas de miseria del Primero, y con muchos ms que llevan una vida inhumana. Y que, cuando tratan de huir de la miseria, se encuentran con los muros levantados por el Primer Mundo. Todo ello mientras no faltan alimentos, sino las medidas que, permitan desarrollar su produccin y distribucin, obstaculizadas por los intereses de las multinacionales. Hace ya aos Ren Lenoir lo documentaba en su lcido libro Le Tiers Monde peut se nourrir. Y Susan George explicaba que la raz del hambre mundial no se encuentra sino en el precio especulativo de los alimentos. Hoy el Primer Mundo, ms preocupado por el funcionamiento de sus vehculos que por el hambre, ha descubierto los biocombustibles. Pero, como recientemente explicaba Ziegler, con la cantidad de maz que es precisa para llenar el depsito de un coche se podra alimentar, durante un ao, no a la nia de Rajoy, pero si a un nio o nia mejicanos.

Y pensaba en los hirientes contrastes que en el mundo industrial se dan entre las clases sociales. Segn el economista Stiglitz, a finales del siglo XX el nmero de pobres aument en cien millones, al mismo tiempo que la renta mundial total creca segn un promedio del 2,5. Todo un fracaso del devotamente cantado desarrollo, que obliga a pensar, ms all de los lugares comunes que se han impuesto a las mentes. Porque a la incapacidad para contemplar la realidad se une la asuncin de los ms viejos tpicos de la derecha, triunfantemente lanzados por los beneficiarios del actual orden, y asimilados por polticos y pensadores que se consideran progresistas y por las resignadas multitudes, incapaces de luchar por una sociedad mejor. Recordando el concepto de hegemona ideolgica de Gramsci hemos de reconocer que la derecha se ha impuesto en este terreno de combate, del cual es preciso desplazarla.

El primero y decisivo de estos victoriosos tpicos es la afirmacin de que no existe ms manera de organizar la vida econmica y social que la representada por el capitalismo. Incluso mentes tan crticas y documentadas como la de Vidal Beneyto mantienen que no cabe otra posibilidad sino escoger entre las diversas formas del capitalismo, representadas por Europa, por EEUU y por China, pronuncindose a favor del modelo europeo. Pero en la realidad de la Unin Europea se acusa un creciente deterioro de los avances con que la socialdemocracia, aun sin tratar de eliminar el capitalismo, pretenda hacerlo algo ms habitable mediante medidas sociales de proteccin a los ms desfavorecidos. Un exponente de ello es la propuesta de la jornada de sesenta y cinco horas, en que culmina la agresin a los trabajadores que Lidia Falcn ya expona lcidamente en su libro, Proletarios del mundo, rendos!

Hoy da nuestro presidente del Gobierno Central ha declarado que no piensa tomar ninguna medida que suponga una intervencin en el mercado. La idea de que el mercado est gobernado por un mano mgica que produce el universal beneficio es otro de los grandes tpicos difundidos por la derecha que falsean la realidad. Ya hace muchos aos Einaudi demostr cmo los oligopolios dominaban el espacio mercantil y, en nuestros das, cada maana nos sorprende la noticia de una fusin de grandes empresas, llamadas a aumentar a nuestra costa sus beneficios, imponindose en el mercado.

La libertad que la Revolucin Francesa reclamaba para el ciudadano y Olimpia de Gouges exiga para la ciudadana, la que Marx vindicaba cuando afirmaba que el libre desarrollo de cada uno es condicin del libre desarrollo de los dems, se ha convertido, hecha caricatura esperpntica, en libertad de la empresa para incrementar sin lmite sus beneficios, falta de control social. Y al mismo tiempo se extiende la mitologa de la privatizacin, que en nuestra Comunidad madrilea bajo la direccin de Esperanza Aguirre, trata de arrollar la sanidad y la enseanza pblicas y arrinconar a la Universidad abierta a toda la poblacin. Y en una prctica ampliamente extendida se convierte en externalizacin de servicios que aumentando costes, slo benefician a las empresas privadas.

Hace tiempo escrib que la izquierda, tras sus derrotas, estaba presa del sndrome de Estocolmo. Y, sin embargo, nunca sus ideales y su proyecto han sido tan necesarios. Como afirmaba Rosa Luxemburgo, socialismo o barbarie. Y hoy nos invade la barbarie.

* Carlos Pars es filsofo y escritor. Su ltimo libro es Memorias sobre medio siglo



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