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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2008

El Presidente Chvez y las FARC: Estado y Revolucin

James Petras
Rebelin

Traducido por Ulises Jurez Polanco y revisado por Caty R. Nota de Rebelion.org: Este texto fue escrito antes de la liberacin de Ingrid Betancourt


Cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chvez, pidi a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que abandonasen la lucha armada y declar que la guerra de guerrillas pas a la historia, segua el rumbo que tomaron en el pasado muchos lderes revolucionarios.

Si nos remontamos al principio de la dcada de 1920, Lenin inst al naciente comunismo turco a sacrificar su independencia revolucionaria para apoyar a Ataturk; su sucesor, Isif Stalin, anim a los comunistas chinos a subordinar su movimiento revolucionario al partido nacionalista liderado por Chiang Kai-shek. Mao Zedong dio prioridad a las coaliciones en las que el Partido comunista de Indonesia se someta al liderazgo del dirigente nacionalista, el general Achmed Sukarno.

Durante los acuerdos de paz franco-indochinos de Ginebra en 1954, Ho Chi Minh acept la divisin del pas e inst a los comunistas de Vietnam del Sur a que pusieran fin a la guerra de guerrillas y trabajaran para reunificar el pas por medios electorales. En el nuevo milenio, Fidel Castro ha declarado que la lucha armada es una cosa del pasado y que, en las condiciones actuales, hay otras formas de lucha prioritarias.

Hugo Chvez ha pedido a menudo a los izquierdistas brasileos que apoyen el rgimen social liberal del presidente Lula da Silva a pesar de su adopcin de la economa de libre mercado en el Foro Social Mundial de 2002. Tambin llam a los movimientos sociales latinoamericanos para que apoyaran a una serie de regmenes pro capitalistas en Amrica Latina, a pesar de su defensa de la inversin extranjera, los banqueros y los agro exportadores de minerales.

Estas experiencias de gobiernos revolucionarios, llamados radicales, que exhortan a sus colegas ideolgicos a colaborar con regmenes no revolucionarios y abandonar la lucha, generalmente han tenido consecuencias desastrosas: el Kuomintang de Chiang Kai-shek traicion al Partido comunista, masacr a la mayora de sus trabajadores y los empuj a las montaas del interior. A la vista de todos, los comunistas indonesios legales y sus simpatizantes y familias sufrieron de 500.000 a un milln de muertes cuando un golpe de la CIA derroc a Sukarno. Los comunistas de Vietnam del Sur que pretendieron participar en la poltica electoral fueron asesinados o encarcelados y, en ltima instancia, los que sobrevivieron se vieron obligados a volver a la lucha guerrillera clandestina.

Los regmenes electorales reformistas que llegaron al poder en Amrica Latina han rescatado el capitalismo de las crisis de los aos noventa, han desmovilizado a la izquierda y han abierto las puertas al resurgimiento de la derecha dura en casi todo el continente.

En el caso de Colombia, al parecer, la Venezuela del presidente Chvez opt por ignorar la experiencia anterior de las FARC de su intento de cambiar la lucha armada por la poltica electoral. Entre 1984 y 1989, miles de guerrilleros de las FARC abandonaron las armas y se adhirieron a la lucha electoral. Los candidatos que fueron elegidos congresistas, hombres y mujeres, fueron diezmados por los escuadrones de la muerte del ejrcito colombiano, los paramilitares y los ejrcitos privados de la oligarqua. Asesinaron a ms de 5.000 lderes y militantes de las FARC. No es realmente sorprendente que Chvez los exhorte a adherirse al proceso electoral colombiano, el rgimen ms sangriento y el violador ms feroz de los derechos humanos de la historia reciente?

Entonces, por qu los lderes radicales que lideraron luchas armadas, una vez acomodados en sus despachos, piden a sus homlogos revolucionarios que abandonen la guerra de guerrillas y participen en procesos electorales en los que tienen posibilidades tan dudosas?

Se han dado varias explicaciones en diferentes momentos para explicar lo que aparece como un U-turn (cambio de sentido) poltico.

La explicacin moral

 

Algunos crticos del U-turn explican el cambio debido a una degeneracin moral: los lderes se convierten en autcratas burocrticos y slo buscan consolidarse en el poder en sus propios pases. Esta es la posicin comn adoptada por la izquierda, la oposicin a las polticas de Stalin en lo que se refiere a las polticas rusas con respecto a la revolucin china. Los defensores de la U-turn en China afirmaron que se trataba del reconocimiento de los nuevos tiempos y las oportunidades objetivas a escala mundial, y argumentaban que la aparicin de la revolucin anticolonial mundial tras la Segunda Guerra Mundial cre una simetra de objetivos entre nacionalistas y comunistas que evolucionara con el tiempo hacia un estado no capitalista.

Esas frgiles alianzas condujeron a la divisin del rgimen y a que surgieran regmenes de hombres fuertes de la extrema derecha, lo que sugiere que este argumento tena una duracin limitada. Aparecieron, y todava siguen apareciendo, numerosas variaciones de las explicaciones de la poltica del U-turn, pero cualquier explicacin histrica estructural tiene que contar con la diferencia entre un movimiento revolucionario camino del poder y un liderazgo revolucionario que ya lo tiene.

En el segundo caso, el estado revolucionario, generalmente, debe lidiar con un ambiente hostil, presiones militares e intervenciones, boicoteos econmicos y aislamiento diplomtico de los estados imperialistas y sus clientes. En este contexto, el rgimen revolucionario o radical tiene una serie de opciones polticas para mejorar su posicionamiento internacional, que van desde el apoyo declarado a los movimientos de oposicin radicales extranjeros hasta intentos de mostrar moderacin, conciliacin y acomodo de los asuntos imperiales. Hay muchos factores que influyen en la poltica exterior de los regmenes revolucionarios. Es probable que se aplique una poltica revolucionaria en los siguiente casos:

1) Los movimientos revolucionarios estn en expansin y auguran un xito temprano, ya sea en derrocar a clientes pro imperialistas o en poner en marcha un gobierno progresivamente favorable.

2) El rgimen revolucionario ha llegado al poder, se enfrenta a una amenaza militar inminente para su consolidacin y el resultado ser todo o nada.

3) El rgimen revolucionario se enfrenta a un slido bloque de oposicin intransigente dirigido por potencias imperialistas que no muestran ninguna voluntad de negociar un acuerdo de convivencia ni estn dispuestas a asumir ningn compromiso.

Por el contrario, los regmenes revolucionarios son ms propensos a renunciar o minimizar los vnculos con movimientos revolucionarios extranjeros en caso de que:

1) No sean definitivas las posibilidades de mantener las relaciones diplomticas y comerciales as como los intercambios e inversiones con los regmenes capitalistas.

2) Los movimientos radicales estn en declive y pierden sus apoyos o son eclipsados por los partidos electorales que prometen el reconocimiento y mejores relaciones.

3) Los cambios socioeconmicos dentro del estado revolucionario evolucionan hacia un acomodo con inversionistas locales o extranjeros emergentes cuyo futuro crecimiento depende de la asociacin con las elites empresariales extranjeras y una disociacin de las fuerzas anticapitalistas radicales.

En la prctica, en diferentes tiempos y lugares, las dos posiciones polares se combinan de acuerdo con una serie de circunstancias atenuantes. Por ejemplo, el rgimen revolucionario puede perseguir una posicin de acomodo con grandes regmenes capitalistas econmicamente importantes, mientras contina apoyando movimientos revolucionarios en pases capitalistas ms pequeos y menos significativos.

En otros casos, el rgimen revolucionario puede disociarse de los movimientos revolucionarios para diversificar sus mercados e intercambios y, al mismo tiempo, seguir expresando una retrica revolucionaria para consumo domstico y para mantener las lealtades de los movimientos reformistas del extranjero.

La poltica exterior, revolucionaria o no, es una prerrogativa del cuerpo diplomtico, que suele tener muchos profesionales que no tienen una postura revolucionaria y son remanentes de tiempos prerrevolucionarios. Su forma de entender la poltica exterior es recurrir a los vnculos y relaciones anteriores con sus homlogos de los pases capitalistas y con las lites empresariales de su pas. Por lo tanto, en general, estn en constante estado de negociacin, inmunes a las dinmicas revolucionarias internas y procuran aumentar al mximo los lazos diplomticos y reducir al mnimo las ligaduras externas con movimientos revolucionarios que comprometen sus relaciones cotidianas con los homlogos extranjeros.

Gobierno y partidos: La solidaridad y los intereses de Estado

Es posible imaginar una situacin en la que un gobierno revolucionario lleve a cabo una poltica moderada de acomodo, mientras que el partido, partidos o movimientos revolucionarios que respaldan al gobierno expresen su solidaridad con partidos y movimientos revolucionarios del extranjero. Esto supone que el estado y el partido se apoyan mutuamente pero son independientes en cuanto a la poltica y la organizacin. Esta dualidad es posible si el partido decide sus polticas a travs de sus propios foros de deliberacin, consultando a sus miembros, y no es una correa de transmisin del estado y su poder ejecutivo.

Por desgracia, en la inmensa mayora de los casos, el estado y el partido tienden a fusionarse, los lderes del partido y de los movimientos sociales de masas toman posiciones en el gobierno, los movimientos pierden su autonoma y se convierten en mecanismos para implementar las polticas estatales. As, las maniobras diplomticas del ministerio de Asuntos Exteriores invalidan los principios de solidaridad revolucionaria del partido y los movimientos, reducindolos a una retrica abstracta intrascendente.

Mientras que el estado post revolucionario tiene la responsabilidad cotidiana de velar por la seguridad, el empleo y el suministro de las prestaciones necesarias al pueblo y, por lo tanto, encontrar formas de lidiar con los regmenes existentes para lograrlo, los partidos y movimientos revolucionarios tienen como uno de sus principales objetivos la profundizacin y extensin de los cambios revolucionarios incluidos en sus programas.

En otras palabras, hay una tensin inevitable entre las razones de Estado y el programa revolucionario de los movimientos de masas. Con la consolidacin del estado post revolucionario, la tendencia que predomina en la clase gobernante es la de estabilizar las relaciones exteriores. Esto incluye dos procesos: limitar al partido revolucionario a un apoyo moral a sus homlogos externos, y su desvinculacin con los movimientos revolucionarios forneos. La retrica revolucionaria, radical e internacional seguir siendo un ritual en los aniversarios de victorias histricas, hroes revolucionarios y denuncias contra los agresores imperialistas inmediatos, mientras se firman todo tipo de acuerdos con los regmenes capitalistas. Cuando los pases capitalistas establecen acuerdos diplomticos, econmicos o polticos con un rgimen revolucionario, ste califica a sus nuevos socios de progresistas que forman parte de una nueva oleada de gobiernos antiimperialistas o independientes. Lo ms sobresaliente de estas nuevas definiciones de los socios capitalistas, econmicos o diplomticos, es que no se basan en ningn cambio estructural, de propiedad o de clase, ni siquiera en cualquier tipo de ruptura de relaciones con los pases imperialistas. El cambio de la etiqueta poltica se produce casi exclusivamente como resultado de la poltica exterior del pas con el rgimen revolucionario.

Venezuela: la paradoja de los cambios revolucionarios y la poltica exterior conservadora

El gobierno de Chvez sigue una poltica practicada por la gran mayora de los lderes revolucionarios o radicales anteriores que se enfrentaron a potencias imperialistas hostiles, adoptando polticas socioeconmicas radicales para debilitar a los aliados internos del imperio, mientras busca aliados diplomticos externos entre regmenes capitalistas reformistas y hasta conservadores. Chvez ha respaldado al rgimen neoliberal de Lula en Brasil (y ha exhortado a los movimientos sociales populares a hacer lo mismo), incluso cuando el ex lder sindical rebaj drsticamente las pensiones de los empleados pblicos, impuso un pacto de estabilidad del FMI y favoreci a los agro exportadores de minerales antes que a los trabajadores rurales sin tierra.

Chvez tambin apoy econmicamente al rgimen de Kirchner en Argentina por medio de la compra de bonos del Estado, incluso cuando dicho rgimen se neg a impugnar las privatizaciones ilegales de la dcada de los 90, mantiene las desigualdades socioeconmicas del pasado y se ha negado a reconocer legalmente a la Confederacin sindical independiente de los trabajadores argentinos (CTA). Para Chvez, el factor clave era la oposicin de Argentina a una intervencin estadounidense contra Venezuela y la negativa a integrarse en el ALCA, promovido por EEUU.

La poltica exterior de Chvez con respecto a Colombia, principal aliado poltico y militar de EEUU en la regin, ha alternado la reconciliacin y el rechazo dependiendo de las amenazas inmediatas a la soberana venezolana. Los puntos de conflicto giran en torno a varias intervenciones flagrantes de Colombia en Venezuela: en 2006, el ejrcito colombiano secuestr, en el centro de Caracas, a un ciudadano venezolano de origen colombiano, representante de las relaciones exteriores de las FARC. Anteriormente, el ejrcito venezolano detuvo a 130 miembros de fuerzas paramilitares armadas colombianas en Venezuela, a menos de 100 kilmetros de la capital. Tras la detencin, Venezuela suspendi brevemente las relaciones econmicas, pero se renovaron poco despus en una reunin amistosa tras un encuentro diplomtico entre el presidente de los escuadrones de la muerte colombianos, Uribe, y Chvez.

Despus, en 2008, cuando Chvez intent mediar en una liberacin de presos y abrir las negociaciones de paz entre las FARC y el rgimen de Uribe, ste lanz un ataque militar asesino contra el grupo negociador de las FARC establecido en la frontera de Ecuador. Frente a la ofensa de Uribe y su violacin de la soberana ecuatoriana en persecucin de la guerrilla, Chvez se vio obligado a denunciar a Uribe, movilizar al ejrcito venezolano y presentar la cuestin ante la Organizacin de los Estados Americanos. Uribe lanz una ofensiva diplomtica argumentando que una computadora de la guerrilla, conseguida durante el ataque, contena pruebas de la relacin de Chvez con las FARC.

Posteriormente, Uribe y Chvez negociaron un acuerdo temporal, sobre la base de un mnimo entendimiento, por el que Uribe se abstendr de futuros ataques militares transfronterizos. En este contexto de espadas en alto y tensiones diplomticas, Chvez opt por denunciar pblicamente a las FARC, poner una distancia entre su gobierno y la izquierda revolucionaria y pedir su desarme unilateral para ganarse la simpata diplomtica de Colombia, Europa y Estados Unidos. Claramente, Chvez crey que podra apaciguar a Uribe para rebajar las amenazas a las fronteras de Venezuela y reducir las probabilidades de que Colombia otorgara a EEUU el uso de su territorio fronterizo como una base de lanzamiento para una invasin.

La decisin de Chvez estuvo profundamente influenciada por el debilitamiento poltico y militar de las FARC en los ltimos cinco aos, el avance del ejrcito colombiano y el clculo de que la eficacia de las FARC como un contrapeso de Uribe iba en picado. En este contexto, Chvez probablemente consider ms importante la distensin diplomtica con la Colombia respaldada por EEUU que cualquier solidaridad pasada o una futura recuperacin tctica de las FARC. En trminos generales, cuando los gobiernos revolucionarios perciben o se enfrentan a una situacin de debilitamiento, movimientos revolucionarios derrotados en el exterior y crecientes amenazas polticas de las potencias imperialistas y sus satlites, es ms probable que construyan puentes diplomticos con regmenes centristas o de derecha. Para lograr el apoyo diplomtico, la medida ms natural para construir la confianza es sacrificar cualquier identificacin con la izquierda radical, incluyendo el repudio pblico a cualquier iniciativa extraparlamentaria.

Desde las crisis econmicas de los noventa, Cuba ha establecido estrechas relaciones econmicas y diplomticas con todos los estados de Amrica Latina (incluida Colombia), se ha opuesto a todos los movimientos de guerrillas y ha renunciado a criticar a los regmenes de centroderecha, excepto a los que le atacan pblicamente como sucedi con clientes de EEUU como el ex presidente Fox de Mxico y su ex ministro de Exteriores Jorge Castaeda, un reconocido portavoz de la CIA y del exilio cubano en Miami.

Conclusin

Los dilemas de los gobiernos revolucionarios giran en torno al problema de administrar el estado, lo que implica maximizar las relaciones econmicas y diplomticas internacionales para desarrollar la economa y defender su seguridad en un orden mundial imperialista, mientras vive en concordancia con su ideologa revolucionaria y solidaridad con los movimientos populares en el mundo capitalista. Los riesgos de la solidaridad disminuyen cuando nuevos regmenes de izquierda llegan al poder o ascienden los movimientos populares. Los riesgos son mayores cuando resurge y asciende la derecha.

El dilema es muy agudo, porque el estado revolucionario y el partido revolucionario estn ntimamente ligados y as se identifican: el partido est dirigido por el presidente del estado y hay coincidencias a todos los niveles entre los oficiales y los miembros del gobierno y del partido, as como las actividades de los ltimos reflejan las prioridades del gobierno. En los casos donde no hay un espacio independiente entre el estado y el partido, los movimientos diplomticos necesarios para las polticas del da a da minan la posibilidad de que el partido (basado en sus principios y deliberaciones internas) pueda actuar independientemente en apoyo de sus homlogos internacionales. Por el contrario, la existencia de un partido revolucionario independiente, que apoya al estado pero tiene su propia vida interna, podra resolver el dilema al darle prioridad a la solidaridad de clase en su poltica exterior. Al rechazar el rol de correa de trasmisin de la poltica exterior del gobierno, el partido revolucionario actuara paralelo al estado, ejerciendo su oposicin al imperialismo y a los enemigos de clase internos, pero sera independiente a la hora de elegir alianzas extranjeras y tcticas.

Dada la diferente composicin de la burocracia y los cuerpos diplomticos de la poltica exterior y de la base de masas radical del partido revolucionario, esta separacin de estado y movimientos reflejara las diferencias polticas y de clases inherentes entre un cuerpo diplomtico formado bajo regmenes reaccionarios anteriores y acostumbrado a modos operativos convencionales y los activistas populares radicalizados, forjados en la lucha de clases y habituados a intercambiar ideas en foros internacionales con revolucionarios del exterior.

Los riesgos de dependencia diplomtica de aliados capitalistas poco fiables y los frgiles acomodos temporales ms arriesgados, tienen que equilibrarse con las ganancias de la solidaridad y el apoyo de partidos y movimientos de masa en la oposicin comprometidos en polticas extraparlamentarias.

Original en ingls: http://petras.lahaine.org/articulo.php?p=1741&more=1&c=1

Ulises Jurez Polanco y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.



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