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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2008

Argentina: inflacin, agronegocios y crisis de gobernabilidad

Jorge Beinstein
Rebelin


Hacia mediados de Junio la confrontacin entre el gobierno y las asociaciones patronales del campo pareca haber llegado a un punto de ruptura total, pero no fue as, pocos das despus las aguas se calmaban. La presidente decida transferir al Parlamento la decisin final sobre los impuestos a la exportacin de productos agrcolas, es lo que esperaban los empresarios rurales para levantar su lockout que empezaba a desgastarse rpidamente al igual que la popularidad del gobierno. Fue el fin provisorio de ms de cien das de enfrentamiento luego de los cuales, como dicen ahora algunos politlogos, Argentina ya no es la misma. La imagen de la presidenta haba llegado a un nivel de deterioro solo comparable con el del ex presidente De la Rua en diciembre de 2001, sus convocatorias a la movilizacin en apoyo al gobierno haban enardecido en su contra a las clases altas y a sectores crecientes de las clases medias. Por su parte los ruralistas haban extendido su influencia unificando detrs de ellos al conjunto de la oposicin de derecha y a vastos sectores de las clases medias rurales y urbanas, en este ltimo caso incluso a grupos medios-bajos afectados por un proceso inflacionario que a lo largo de los ltimos meses ha deteriorado su nivel de vida. Sin embargo su radicalizacin los llevaba a un callejn sin salida, especialmente en el caso de la pequea burguesa agraria prospera, una suerte de nuevos ricos furiosos ante las cargas fiscales que enturbiaban sus expectativas de ganancias abundantes y ascendentes. La intransigencia extremista a que haban llegado en sus exigencias era de hecho una convocatoria al golpe de estado, en el pasado tal vez su deseo se hubiera podido materializar, pero ahora, a un cuarto de siglo del fin de la ltima dictadura militar, la capacidad de intervencin de las Fuerzas Armadas es casi nula, su degradacin institucional y la lpida moral que pesa sobre ellas llamada genocidio hace impracticable esa posibilidad. La otra alternativa golpista era la de una pueblada de derecha (una suerte de 2001 al revs) amplificada por los medios de comunicacin y finalmente manipulada por un sector del sistema institucional (judicial, parlamentario nacional, gobiernos provinciales, etc.). Pero los dirigentes de las derechas poltica y rural no estaban dispuestos a intentar semejante aventura, en primer lugar porque el actual gobierno ms all de su imagen progresista ha respetado integralmente al sistema neoliberal dominante heredado de los aos 1990 y en consecuencia ncleos decisivos del poder econmico no apoyaran de ninguna manera el desalojo de la presidenta. En segundo trmino porque ese hecho habra abierto una suerte de caja de pandora, un desorden general que unido al ms que probable hundimiento de las clases populares acorraladas por el alza de los precios de los alimentos podra haber generado una avalancha muy extendida de protestas sociales. Y finalmente porque hacia mediados de junio pese a la persistente agitacin de los medios de comunicacin la popularidad del derechazo mostraba serios signos de deterioro, el alza de precios y la amenaza de desabastecimiento comenzaban a producir reacciones hostiles hacia los ruralistas provenientes de importantes sectores de las clases medias y bajas. Las asociaciones tradicionales de la burguesa terrateniente como la Sociedad Rural que a lo largo del conflicto haban mantenido un perfil relativamente moderado presionaron con fuerza para desacelerar la protesta. Los nuevos ricos del mundo agrario (pequeos y medianos rentistas y agricultores) fueron de hecho la masa de maniobras del bando de los agronegocios, se creyeron sujeto de una suerte de cruzada gaucha contra el estado-ladrn que les quera cobrar tributos extraordinarios. Por debajo de las escarapelas y banderas patrias se mova azuzada por las clases altas una clase media agraria mezquina que pretenda apropiarse de una parte sustancial del botn de super ganancias del negocio exportador.

Sin embargo sera un grueso error limitar el fenmeno a ese aspecto socioeconmico, el abanico civil movilizado contra el gobierno fue mucho ms amplio, se extendi a las ciudades, cobr mpetu en los grandes conglomerados urbanos incorporando a importantes sectores medios la mayor parte de ellos sin vnculos materiales directos con el mundo agrario.

Es cierto que en los barrios acomodados de Buenos Aires, por ejemplo, la vanguardia de los cacerolazos fueron las cacerolas de tefln esgrimidas por los ricos acompaados por nostlgicos de la ltima dictadura militar, pero el movimiento se extendi a las zonas de clase media y fue visible la simpata despertada en sectores importantes de clase media urbana baja.

La desestabilizacin

Las movilizaciones promovidas por el gobierno se realizaron a fuerza de aparato, el clima entre los trabajadores fue de apata o indiferencia y en ciertos casos de repudio no muy entusiasta a la derecha, el activismo pro gubernamental a veces autocalificado como anti oligrquico fue claramente minoritario.

Un factor decisivo del ascenso opositor en las capas medias y de alejamiento respecto del oficialismo en las clases bajas (donde la presidenta hizo su mejor cosecha de votos en 2007) es la inflacin que ha deteriorado rpidamente los ingresos reales de los asalariados.

Actualmente la derecha poltica y su paraguas empresario sealan a la inflacin como el enemigo principal a combatir para lo cual vuelven a levantar las tradicionales recetas neoliberales centradas en el llamado enfriamiento de la economa alcanzado a travs de la reduccin del gasto pblico y del freno a los salarios. El resultado sera un rpido incremento de la desocupacin y la precarizacin laboral y el achicamiento de la demanda de las clases bajas pero no de los beneficios empresarios que se mantendran o aumentaran gracias al descenso de los costos salariales reales. Con menores gastos el Estado podra preservar el supervit fiscal sin necesidad de aumentar los impuestos lo que beneficiara obviamente a empresarios y clases altas en general. All se detiene la ofensiva liberal, porque segn ellos el Estado debera seguir interviniendo en el mercado cambiario acumulando dlares y sosteniendo as un dlar artificialmente muy alto lo que permitira mantener o aumentar los altos ingresos en pesos de los exportadores industriales y agropecuarios. En este esquema econmico la gobernabilidad solo podra ser sostenida con dosis crecientes de represin social y con la consolidacin del bloque reaccionario (clases altas y medias) tal como se ha ido conformando en los ltimos meses. Pero ambas condiciones son de muy difcil obtencin, las bases populares han cambiado mucho desde la dcada pasada, la experiencia de 2001-2002 marca un punto de inflexin casi irreversible. Si se impone la opcin neoliberal la generalizacin y radicalizacin de las protestas populares conformara un panorama de alta turbulencia al que seguramente se incorporaran sectores intermedios que afectados por la concentracin de ingresos abandonaran sus delirios elitistas para volver a mirar con simpata a los de abajo.

Por su parte el gobierno trata desde hace algo ms de un ao de enfrentar la inflacin con medidas puntuales que no consiguen frenar el proceso. Desde el ocultamiento de la realidad manipulando las estadsticas hasta los acuerdos de precios sectoriales pasando por toda clase de negociaciones con grupos empresarios y burocracias sindicales, fue desplegado un complicado juego destinado ahuyentar el clima inflacionario preservando la alianza social y meditica que haba sido la base de la gobernabilidad desde 2003.

El gobierno tema que dicha alianza se rompiera desde abajo, desde el espacio de los trabajadores debido a la persistente degradacin de los salarios reales pero se rompi por arriba, desde el mundo de los agronegocios, desde las capas sociales ms beneficiadas por la estrategia econmica kirchnerista desatando una ola reaccionaria cuya magnitud y radicalidad sorprendi a todos, al gobierno por supuesto pero tambin a sus instigadores directos, los dirigentes empresarios rurales.

La aplicacin de impuestos o retenciones mviles a la exportaciones agrcolas, que apuntan centralmente a las ventas externas de soja no constituyen una medida fiscalista, el estado dispone de una amplia variedad de fuentes tributarias alternativas y cuenta con un supervit fiscal considerable, su objetivo es el sistema de precios, la inflacin empujada por la repercusin interna del alza internacional de los precios de los productos agrcolas. Midi muy mal las posibles repercusiones de la medida pero quien las midi bien?, ni los dirigentes patronales agrarios, ni los medios de comunicacin que los apoyan, sospechaban la ola de protestas que se desatara y mucho menos la rpida conformacin de una masa social reaccionaria cuyo volumen y dinamismo no tiene precedentes en el ltimo medio siglo. Par encontrar algo parecido deberamos retroceder hasta 1955 cuando un enorme bloque de clases medias y altas apoy (impuls) al golpe militar antiperonista, tambin en ese entonces como ahora salpicado con brotes racistas contra los pobres.

Inflacin, capitalismo realmente existente y agronegocios

El proceso inflacionario no es el resultado de un supuesto recalentamiento econmico sino de una combinacin de factores internos y externos cuya convergencia desborda tanto al oficialismo como a su oposicin de derecha.

Desde el angulo de los costos productivos, la inflacin internacional hizo subir los precios de una amplia variedad de insumos importados, esa tendencia se vio reforzada por la poltica de dlar alto en beneficio de los exportadores.

Pero un factor decisivo ha sido la carrera entre salarios y beneficios empresarios. Tomando como base las estadsticas oficiales los salarios reales cayeron en promedio un 30 % en 2002 y comenzaron a recuperarse al ao siguiente, hacia 2007 ya se encontraban casi en el nivel de 2001, antes del desplome, pero eran todava inferiores a los de mediados de los aos 1990.

Tenemos que tomar en cuenta tendencias de largo plazo como las del crecimiento de la tasa de desocupacin y de la concentracin de ingresos, las mismas fueron avanzando lentamente desde mediados de los aos 1950 a travs de un movimiento zigzagueante expresin de la puja entre los sindicatos y las empresas, el golpe militar de 1976 aceler su marcha que adquiri mayor velocidad en los aos 1990. En 2001-2002 se produjo el derrumbe de los salarios y del gasto pblico en trminos reales pero desde 2003 la recomposicin econmica produjo un gradual incremento de la ocupacin que creci cerca del 20 % entre 2003 y el primer trimestre de 2007, de los salarios reales (crecieron algo ms del 30 % en el mismo perodo) y de la participacin de los trabajadores en el Ingreso Nacional: 23 % en 2003 y 28 % a comienzos de 2007 aunque todava inferior a la de 2001 prxima al 31 % , todo esto siguiendo las estadsticas oficiales (1). Es muy probable que dichas estadsticas exageren las cifras positivas, adems la recomposicin salarial fue muy despareja, sin embargo resulta evidente que entre 2003 y 2006, el perodo de gloria del kirchnerismo, las tres variables arriba mencionadas aumentaron. Frente a ello el conjunto de la clase capitalista aprovech en una primera etapa los bajos salarios reales para acumular beneficios festejando la expansin general de la demanda interna. Pero cuando entre fines de 2006 y comienzos de 2007 los salarios reales comenzaron a aproximarse a los niveles de 2001 los empresarios reaccionaron tratando de revertir la situacin; comerciantes, industriales, productores agropecuarios, etc., fueron aumentando los precios de sus productos. Desde su punto de vista los aumentos en los precios de insumos y de los salarios estaban comprimiendo margenes de beneficios hasta niveles inaceptables, para ellos 2001-2002 (al igual que 1976) marcaba un hito histrico irreversible.

La primera oleada inflacionaria fue suave y pudo ser absorbida por el conjunto de la poblacin (incluidos los asalariados) y las relativamente pequeas retracciones iniciales de la demanda en las clases bajas fue ms que compensada por incrementos paralelos en la demanda de las clases superiores. Ms adelante la reconcentracin de ingresos (paralela al deterioro de los salarios reales) impulso con mayor fuerza el fenmeno de inflacin de demanda proveniente de los sectores medios-superiores y altos.

El empujn final lo produjo la aceleracin del alza de los precios internacionales de los productos agrcolas repercutiendo sobre el sistema interno de precios (y sobre las expectativas de superbeneficios en las clases altas y medias del mundo rural).

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Como ya lo seal el gobierno cuyo negocio principal es la gobernabilidad, madre del poder poltico y de todos los negocios oficiales, reaccion tratando de imponer retenciones mviles a las exportaciones agrcolas partiendo de la base de que sus precios futuros, en un horizonte previsible, sern cada vez ms altos. Fue a la vez una medida defensiva y preventiva que provoc el amotinamiento ya conocido lo que a su vez aceler el proceso inflacionario.

En uno de sus primeros discursos, al iniciarse la protesta rural, la presidenta seal estar en contra de la lucha de clases, lo expres como una suerte de principio doctrinario irrenunciable; como lo estamos viendo se podr estar a favor o en contra pero la lucha de clases existe. El fundador de su movimiento sola repetir hace varias dcadas una y otra vez que la nica verdad es la realidad, queda abierto el debate acerca de si se trataba o no de un principio doctrinario o sobre el significado filosfico del concepto de realidad , etc., pero no podr negarse que constitua un llamado a la sensatez y a la desacralizacin de fantasas irracionales, por ejemplo (si nos situamos en la Argentina actual) la ilusin respecto de un capitalismo armnico, estable, aunque subdesarrollado y crecientemente dominado por los agronegocios (inmersos en una avalancha de superganancias especulativas) y en medio de una formidable crisis global.

La larga marcha del parasitismo financiero

Los agronegocios aparecen hoy como la cabeza, el rea ms prospera del capitalismo argentino, la agresividad de sus huestes, su tono autoritario ha llevado a diversos grupos y comunicadores pro gubernamentales a calificar al fenmeno de renacimiento oligrquico, de resultado de la reprimarizacin econmica, de retorno al viejo sistema agroexportador sobre el que la aristocracia terrateniente colonial asent su poder hace algo ms de un siglo, desplazado despus por la industrializacin y el primer peronismo.

Esa imagen oculta el carcter claramente financiero de los agronegocios y en consecuencia su pertenencia al movimiento global de financierizacin ascendente desde hace cuatro dcadas que ha terminado por establecer su hegemona sobre la economa mundial. La masa total de fondos que circulan en sus redes especulativas se aproxima a los mil millones de millones de dlares (equivalente a casi 16 veces el Producto Bruto Mundial), solo los negocios con los llamados productos financieros derivados, registrados por el Banco de Basilea,rondan los 600 millones de millones de dlares. Esta hipertrofia parasitaria ha impuesto su sello subcultural a las ms variadas actividades productivas tanto en los pases centrales como en los perifricos, es una de las causas decisivas de la inflacin internacional (cuyo pilar fundamental es obviamente la explosin del precio del petrleo) y la principal fuente nutricia de la depredacin ambiental planetaria.

Dicha tendencia, expresin de decadencia civilizacional, atrap a las sociedades latinoamericanas hace ya mucho tiempo. El inicio de la declinacin de la economa argentina suele establecerse en el segundo lustro de los aos 1970, durante la dictadura militar, cuando emergi dominante el sector financiero como cabeza de un sistema ms vasto de actividades especulativas que fue dejando en un segundo plano a los sectores productivos, principalmente la industria. Entre 1976 y 1981 el sector industrial creci apenas un 2% en trminos reales, mientras el financiero lo hizo en casi 150% (2).

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En Argentina el nacimiento de la hegemona financiera, que desde el comienzo asumi formas mafiosas, apareci como resultado del agotamiento y descomposicin del proceso de industrializacin (subdesarrollada) evidente desde fines de los aos 1960 cuya ms alta expresin poltica fue el primer gobierno peronista (1945-55). Dicho proceso nunca haba podido superar el viejo esquema agroexportador, con el que coexisti de manera inestable y confusa: dependa para funcionar de las divisas de las exportaciones provenientes del sector rural, lo que determinaba una debilidad estratgica fundamental en su insercin internacional. Esto prosigui hasta mediados de los 1970, en un contexto de interminable sucesin de golpes y contragolpes de Estado y asociaciones intersectoriales de las que participaban las transnacionales que iban ocupando posiciones, los acreedores externos, los industriales ms o menos "nacionales", los intereses de la alta burguesa rural y comercial, los sindicatos, etc., en una suerte de eterno "empate" donde ningn sector consegua prevalecer de manera durable. En los hechos se iba produciendo poco a poco la recolonizacin del aparato econmico argentino (a travs de la deuda externa, las inversiones extranjeras, el debilitamiento comercial) al mismo tiempo que se concentraban los ingresos y se degradaba el Estado. Este retroceso general debilitaba, quebraba una tras otra las zonas de proteccin econmicas, institucionales y sociales, transformando al capitalismo local en su conjunto.

La dictadura instalada en 1976 produjo un cambio cualitativo, marcado por la avalancha especulativa, la cada salarial y la apertura importadora salvaje, coincidente desde la especificidad perifrica argentina con el proceso global de dominacin financiera.

El predominio de los agronegocios debe ser visto en consecuencia como la resultante (la ms reciente degeneracin socioeconmica nacional) de ese movimiento externo-interno, la dinmica del mundo rural argentino de hoy es inexplicable sin la introduccin de trminos como pool de siembra, fondo fiduciaro o rentista rural. Por otra parte su auge es el producto del alza acelerada de los precios internacionales de los productos agrcolas: componente de la crisis mundial del capitalismo, resultado del agotamiento tecnolgico de la modernizacin agrcola convertida en mega depredadora de recursos naturales, generadora de hambrunas en vastas zonas subdesarrolladas, desestabilizadora de economas centrales y perifricas.

De todos modos la cultura financiera de los centros dinmicos del sistema rural argentino no significa la presencia de una nueva burguesa borrando por completo las viejas races oligrquicas. El proceso histrico ha sido mas complejo, las antiguas clases dominantes agrarias fueron mutando en las ltimas dcadas, sobre todo desde los 1990, algunos sectores desapareciendo del escenario, otros adaptndose con dificultades y finalmente los ganadores incorporndose de manera plena a los nuevos tiempos, asocindose con los recin llegados por lo general especuladores, estructuras financieras locales y transnacionales (en numerosos casos es casi imposible diferenciar estas dos ltimas categoras). Hoy cuando observamos a la lite dirigente de la economa agraria encontramos viejos apellidos de la aristocracia rural combinados con personajes surgidos de los negocios rpidos de la era neoliberal, grupos financieros globales, etc. A este proceso de financierizacin han ingresado amplias capas de la clase media agraria en tanto socias de los nuevos emprendimientos o como rentistas.

Por otra parte no deberamos oponer de manera esquemtica los nuevos comportamientos a la antigua cultura oligrquica, muchas veces sealada errneamente como poco-capitalista, atrasada desde el punto de vista del desarrollo burgus. Desde sus orgenes en el siglo XIX la lite pampeana estuvo impregnada de una gran dinmica comercial-financiera, su carcter colonial le otorg una identidad internacional (pro europea), diversific sus negocios en el rea urbana donde por lo general resida, etc.

En consecuencia su ltima mutacin hacia los agronegocios de alta tecnologa no signific el ingreso a un mundo totalmente nuevo sino ms bien el salto cualitativo de procesos recientes y tambin de otros muy lejanos en el tiempo.

Crisis de gobernabilidad

La economa mundial, con centro en los Estados Unidos, va ingresando en una situacin caracterizada por la combinacin de inflacin y desaceleracin productiva. El desorden inflacionario global lleg para quedarse seguramente durante mucho tiempo, acunado por la hipertrofia financiera, empujado por el alza incesante de los precios del petrleo, los alimentos y la commodities en general.

Los agronegocios actuales son entre otras cosas negocios inflacionarios, impulsados por (e impulsando) corridas especulativas internacionales (e intranacionales), golpes de mano y operaciones de corto plazo en procura de superganancias, acumulaciones veloces de liquidez destinada a ser reinvertida en ese rubro o en otros. La depredacin de todo lo que se les cruza en el camino (recursos naturales, estructuras sociales, etc.) es una componente esencial de su comportamiento. En el caso especfico argentino es posible afirmar que el clima cultural prevaleciente a comienzos de esta dcada (bien abonado por el perodo menemista) estaba perfectamente preparado para esa avalancha capitalista global, el gobierno de los Kirchner ahora victima del fenmeno lo alent desde su llegada porque lo consider un factor decisivo de la prosperidad econmica que aseguraba la estabilidad institucional. Los records de exportaciones agrcolas (es decir el ascenso triunfal de los agronegocios) era presentado desde el oficialismo como ejemplo de xito empresario de la nueva Argentina donde la acumulacin de reservas dolarizadas, las altas tasas de crecimiento del PBI y el enriquecimiento de los poderosos solan ser asociadas a la integracin social, la recuperacin de salarios y empleos y la consolidacin de la convivencia republicana.

Al parecer el progresismo haba por fin encontrado la frmula de la cuadratura del crculo: subdesarrollo capitalista prospero con inclusin de los de abajo y democracia representativa. Pero la fiesta dur menos de un lustro, los agronegocios fueron acumulando poder econmico, meditico y poltico y en el primer semestre de 2008 ya estuvieron en condiciones de exponer su podero y avanzar hacia una super concentracin de ingresos.

Al hacerlo deterioraron gravemente no solo a la gobernabilidad progresista sino a la gobernabilidad en general: la inflacin descontrolada y la irrupcin de una masa social reaccionaria muy agresiva y extendida con claros brotes protofascistas puso al desnudo la debilidad del rgimen poltico, su insuficiente legitimidad. De manera aparentemente inesperada ha comenzado la ensima de crisis de gobernabilidad de la historia argentina, la misma no ha sido originada por el derrumbe econmico sino por la prosperidad (agroexportadora), su contexto internacional esta sobredeterminado por la crisis estanflacionaria global, la burguesa ganadora que la ha desatado difcilmente podr transformar su dominio econmico en un sistema integral y durable de control poltico de la sociedad, su ascenso es desestabilizante. De todos modos no parece preocuparle demasiado el futuro en general y mucho menos el futuro de la democracia virtual argentina, su obsesin es acumular grandes beneficios lo ms rpido posible, su mundo es el del corto plazo y se corresponde con la vorgine nihilista de los centros financieros del planeta.

Mientras tanto el gobierno y la totalidad de los grandes medios de comunicacin insisten en que Argentina se encuentra ante una gran oportunidad para enriquecerse gracias al ascenso vertiginoso de los precios de los alimentos, el hecho de que el mismo sumerja en el hambre a centenares de millones de seres humanos no parece motivar en ellos ninguna reaccin tica. Su pequea racionalidad amoral les impide percibir desde una visin racional ms amplia la catstrofe hacia la que se encaminan mientras contabilizan sus ganancias extraordinarias, al zambullirse en el mar turbulento del rea ms inestable de la economa mundial con sus precios zigzagueantes y sus estampidas financieras.

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(1), Eduardo M. Basualdo, La distribucin del ingreso en la Argentina y sus condiciones estructurales, Memoria Anual 2008, Centro de Estudios Legales y Sociales, Argentina.

(2), Jorge Beinstein, Crisis de rgimen en Argentina. Pujas internas en la dirigencia, descontento social, Le Monde Diplomatique, el diplo, nmero 22, abril 2001.



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