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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2008

Hannah, Elfride y Martin

Rossana Rossanda
Sin Permiso


Quin de nosotros, lectoras y lectores de Hannah Arendt, no ha experimentado una cierta antipata hacia Elfride, la mujer de Martin Heidegger, nazi y antisemita, quien le impidi vivir abiertamente su pasin por la joven estudiante hebrea , l, tan reprobable como fascinante maestro, ella, tan hermosa e indefensa que beba sus palabras? Y l, que la ase y la besa durante un paseo en el bosque, le enva inmediatamente despus una carta de excusas, pero apasionada. A sta le seguirn otras, a lo largo de una relacin que durara algunos aos. Como todas las cartas de amor, con excepcin de las de los poetas, y an las de estos con reparos, las de Martin no valen gran cosa. Martin no lo es, si bien se deja llevar por las efusiones lricas y quiz hace algunos pinitos con los versos, mientras que las cartas de Ana son las propias de un corazn joven y de una mente joven en sus pasiones primeras. Al ser ambos segn piensa ella- personas especiales, Hannah acepta convertirse en la amante secreta de una comedia burguesa, encontrarse en otro lugar, a escondidas, en alguna ciudad prxima a donde l ha de acudir para este o aquel seminario, tomando trenes diferentes, encontrndose en hoteles apartados. En Friburgo, entre tanto, l le sugiere que ella pase cada noche a las diez por delante de su casa y si ve que hay luz en una determinada ventana eso quiere decir que Martin puede escaparse durante una hora y ella no tiene ms que esperarlo en un determinado banco pblico. Si est a oscuras, paciencia, se vern al da siguiente, o dos o tres despus. Martin est casado y tiene dos hijos, no tiene la intencin de arriesgarse, y Hannah no pretende otra cosa que ser amada, no es una mujer que pusiera nunca pretextos, y sabe que Elfride es, como todas las mujeres, necesaria, no genial, exigente, celosa.

En esta historia Hannah tiene toda nuestra simpata, unida a una cierta compasin por la vileza del genio enamorado y a la conviccin de que Elfride deba ser la tpica bruja. Despus de algunos aos, sin embargo, Hannah se harta, rompe sin escenas y se marcha. Tendr, primero con Gnther, y despus con Blcher ,una vida conyugal libre, una casa para los amigos. Partir en su momento hacia los Estados Unidos, seguir de lejos el compromiso de Heidegger con el Partido nacional socialista, al que se afilia en 1933 junto con su mujer, y despus su acceso al cargo de rector y el famoso discurso, y la prohibicin de que los hebreos, entre ellos Husserl, que le haba dado la ctedra, pudiesen entrar en la biblioteca. Despus, su abandono del cargo, los nazis son demasiado ignorantes, - nico vicio que l les reprocha- y su dedicacin a pensar y a escribir, convencido de la superioridad de su misin. Para lo cual, Elfride ha construido una cabaa en la montaa, en mitad de los bosques, donde el filsofo encontrar el necesario recogimiento, junto a la comodidad de la que ella le provee. Tambin de las casas de la ciudad, primero una, despus otra, ms grande, despus aquella otra para cuando sean viejos, se encarga Elfride, las disea, las amuebla, las surte de todo, domsticos incluidos. Martn estudia , piensa, escribe, ensea y viaja, no se compromete ni se descompromete con el Partido nacional socialista, no tendr jams una palabra de condena por el exterminio de los hebreos, que achaca a la dominacin de la tcnica, convertida en algo decisivo para la vida y para la muerte, contra la amada naturaleza. En su larga correspondencia con Jaspers, Hannah lo juzga sin alegra, sabe que es un gran mentiroso, y an peor que eso. Intrigante sin lmites, cuanto sea preciso, en la academia. Despus sobrevendr la guerra, que pasa sobre la pareja Heidegger sin grandes males, salvo que sus dos hijos son hechos prisioneros en el frente ruso, pero regresarn en el 47 y en el 49. Entre tanto, en 1946, Heidegger es suspendido como docente. La suspensin durar tres aos. En Nueva York , Hannah y su marido se lamentan de que su obra no sea conocida y en 1950, cuando a Hannah se le encomienda una tarea de investigacin sobre el patrimonio cultural hebreo en Alemania, decide ir a encontrase con aquel su viejo amor de Friburgo, para estrecharle la mano. Le escribe: estoy aqu. l le responde invitndola a cenar a su casa. Han transcurrido tantos aos y una guerra, son ahora dos vidas lejanas, Hannah acepta. No sabe que Martin ha credo conveniente informar a Elfride tan solo ahora de aquella historia que haba tenido con ella, y se encuentra en la mesa de una seora muy enfadada que no les ahorra un sermn de reprimenda ni a ella ni a su marido. Ella baja la cabeza. Le ayudar a publicar sus obras en ingls y en los Estados Unidos, le enviar sus libros sin recibir de l una nota de acuse de recibo ni comentario alguno, pero entre ellos, no dejar nunca de haber una correspondencia corts.

Cuando, fallecidos ambos, Mary Mac Carty, que fue amiga de Hannah y gestion su herencia literaria, permite consultar la correspondencia harendtiana conservada en la Biblioteca del Congreso a una joven estudiosa, y sta publica con cierta animosidad la correspondencia juvenil entre ambos, George Steiner ataca acerbamente a Arendt y a su marido, culpables, segn l, de una srdida aventura amorosa y para colmo entre dos hebreos y un nazi. Steiner es de los que no perdona a Hannah Arendt su Eichmann en Jerusaln .

Esta es la historia. Para m, al revs que para Steiner, la figura de Hannah se engrandece con el gesto hacia el Heidegger cado en desgracia. Ella no reniega nunca de su pasin juvenil, de los horizontes que las lecciones de l le haban abierto, sabe que es un gran pensador moralmente nulo. No lo disculpa, lo ayuda. No es frecuente que se tenga la fuerza y la generosidad de Arendt , que son tambin su libertad: no se considera vctima, no sufri, sino que eligi, puede seguir siendo amiga. Se nos puede ocurrir pensar qu tipo de pareja hubieran sido si l hubiese tenido algo de la rectitud de ella. Pero no la tena. Y estaba Elfride.

Acaban de publicarse ahora en Alemania y en Francia las cartas que Martin escribiera a Elfride desde que la conoci hasta su muerte una seleccin a cargo de la sobrina de ella, Gertrud, clara en su mtodo y en su forma (Martin Heidegger, Mein liebes Seelchen!, 2005 Deutsche Verlags-Anstalt, Munich, 2008). No hay reproches, no hablan de poltica, no juzgan la guerra; son, por as decir, antisemitas normales nazis ordinarios-. Pero en las cartas de l y en las pocas notas que las acompaan, Elfride aparece distinta de cmo habamos pensado el hermoso perfil pensativo, el velo blanco de esposa sobre sus cabellos, dulce y decorosa, aqulla sobre la cual toda la tribu har pa. Complicada. Fuerte. Sufrida.

Martin la haba encontrado despus de la guerra, que l no haba pasado en las trincheras sino en un despacho. Elfride Petri es una joven protestante, l es catlico, deba ser ordenado pero haba dejado la teologa por la filosofa. Eso era un problema para sus respectivas familias, por lo que al ao siguiente se casan civilmente, por el rito catlico y por el rito protestante, tres veces seguidas, para acallar la polmica por parte de sus parientes. Estamos an en guerra y la vida es dura y difcil. En 1919 nace el primognito, Joerg. Un ao despus, el segundo, Hermann.

Permanecern juntos desde entonces hasta la muerte, Martin y la almita ma querida, que es como comienzan casi todas las cartas. En italiano [a diferencia del castellano], alma no tiene diminutivos (ni almita, ni almilla, ni animucha, y menos an almuca; la anmula del emperador Adriano (1) no pas a la lengua vulgar). Pero en alemn, s, Seele tiene un diminutivo, seelchen, y se refiere a aquello que se tiene ms adentro, aquello a lo que siempre se vuelve, la Heimat, el almo suelo donde arraigan las races, donde encontramos apoyo y sosiego, lo sagrado y lo esencial: un sentimiento muy germnico. Martin piensa en serio que Elfride es el indestructible fundamento interior sobre el cual puede apoyar su pensamiento que es lo nico que importa , su misin en el mundo. Lo haba decidido tan firmemente que cuando sucede que ella le confiesa, declarndose desgarrada, que tiene una relacin con un mdico amigo de ambos, y del cual est embarazada, Martin despacha el asunto deprisa con un naturalmente, yo lo haba comprendido, me sorprenda que t no me lo dijeses, pero no te sientas desgarrada, l no vale nada, no te preocupes por esto, no perdamos el tiempo hablando de ello. Cuando ella pare en 1920 al hijo del otro, le desea que se restablezca rpidamente, pregunta cmo es el pequen y lo considerar siempre como otro hijo suyo. La paternidad biolgica no le interesa (y no est equivocado) porque ha nacido dentro de ella a quien est ligado y que est a su vez ligada a l, ms all de las contingencias de este gnero. Ser Elfride la que le diga a Hermann en un cumpleaos de adolescente que Martin no es su padre natural, imponindole que no se lo diga a nadie, cosa que l respetar hasta la muerte de sus padres. Es l quien se cuida actualmente de las obras de Heidegger.

No hay, o no han sido hechas pblicas, o Martin las ha tirado, cartas de Elfride a l. Pero cmo se habr tomado ella aqulla su longanimidad de ideas, tan semejante a la indiferencia? Tanto ms cuanto que se percatar pronto de que l miente tanto como vive, y le niega en redondo lo que ella percibe, es decir, que se echaba en los brazos de otras muchas mujeres, ms o menos jvenes y hermosas, pero inteligentes y admirativas de su genio, y ms tarde, preferiblemente de rancio abolengo, princesas o condesas. Le confesar tan solo en 1950, al escribirle tras la visita de Arendt una carta en la cual la llama, y es la nica vez, mi querida mujer, que en cuanto ha alcanzado a los pensamientos ms elevados sobre la absolutidad del ser, aunque est en casa incluso en correspondencia con ella, siente nacer un deseo irresistible, corpreo, carnal por una de aquellas hermosuras. O bien, al contrario, habrn sido ellas mismas la fuente de su creatividad, indispensable, pero a condicin de poder contar con aquel fundamento interno que es ella, Elfride. Por eso, no le haba dicho nunca la verdad. Y despus se sentir aliviado, y continuar, impertrrito, hasta que un ataque lo abata junto a su ltima amante, y Elfride deber ir a recogerlo. Ahora, anotar, estarn juntos hasta el fin de sus das

Entre las cartas de Martin, que ella confa para su publicacin a la sobrina Gertrud, Elfride aade una nota al dorso de una de ellas: es la tpica misiva que enviaba tambin a sus otras numerosas amantes. Quiz no las llamaba a todas almita ma, no las denominaba mi santa, pero, como anota Alain Badiou en la edicin francesa, aquel diminutivo, aquel Seelchen, subraya como siempre la pequeez del otro, en este caso de la preciosa otra, frente a la grandeza de su propio pensamiento. Que tiene como par tan solo el Wesen, el ser, el destino del pueblo alemn. Lo dems es por completo secundario, aun cuando l se sostenga sobre ello. Cunto sea lo que Elfride haya compartido, cunto sea lo que haya padecido, y cul haya sido la fuerza de su indiferencia interior respecto de los golpes que le infliga aquel su inoxidable muchacho, no se puede llegar a saber.

Queda el interrogante sobre la posibilidad de una gran filosofa en una criatura como Martin Heidegger, tan desprovista de percepcin sobre la alteridad. De las mujeres que amaba, de la compaera que haba elegido para s, y de la que tena necesidad; imaginrselo con relacin a los nazis, a la guerra y a los hebreos. Grandsimo pensador ciego como murcilago, es un bello oxmoron.

NOTA T.: (1) animula vagula blandula, hospes comesque corporis mei

 

* Rossana Rossanda es una escritora y analista poltica italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en Espaa la versin castellana de sus muy recomendables memorias polticas: La ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].


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