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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2008

65 horas semanales y mviles explosivos

Pascual Serrano


Mientras los ministros de Trabajo de la Unin Europea aprobaban la ampliacin de la jornada laboral a 65 horas semanales, en la localidad donde vivo los vecinos distribuyen folletos advirtiendo del peligro de recoger telfonos mviles abandonados porque pueden ocultar una bomba de ETA con dinamita.

Creo que esta escena ilustra mejor que ninguna otra la victoria del proyecto poltico y meditico que tena como objetivo grabar en las mentes ciudadanas la psicosis terrorista y evitar cualquier crtica, reivindicacin o ni siquiera el intento de comprender la realidad. Se desplazan de la mentalidad del individuo necesidades o deficiencias no resueltas, se aceptan limitaciones a la libertad en aras de la anhelada seguridad y se convierte al individuo en ms conformista en la medida en que adopta la psicologa de animal amenazado y atemorizado.

Somos muchos los que llevbamos tiempo advirtiendo que, independientemente de quien estuviera detrs de atentados terroristas o acciones armadas, el poder haba encontrado el patrn psicolgico perfecto que terminara con ciudadanos pidiendo policas, guardias civiles, militares, vigilantes jurados, controles de carretera, de aeropuerto, en la recepcin de los hoteles, en las grandes autopistas, en la carreteras comarcales, cmaras de vigilancia slo en el Reino Unido hay 42 millones de cmaras de circuito cerrado de televisin-, control de los correos electrnicos

Hemos llegado a una sociedad que, obsesionada con asedios yihadistas, mafias procedentes de Europa del Este y nacionalismos desesperados, ve con tranquilidad tres guardias jurados en el control de equipajes de una estacin de tren aunque no haya ningn operario que ayude a una anciana a subir al vagn. En el supermercado no nos importa que falten cajeras o cajeros- mientras comprobemos que existan vigilantes a la salida que garanticen nuestra seguridad.

El pasado mes particip el da de San Isidro en una especie de romera popular de un pueblo de Castilla donde todos los vecinos de una localidad de mil habitantes pasaban el da en el campo. La ambulancia de la Cruz Roja estuvo presente para atender cualquier necesidad apenas unas horas, pero durante toda la jornada hubo tres vehculos de la Guardia Civil. La ambulancia, adems, debe ser pagada por el Ayuntamiento y se nutre de profesionales voluntarios mientras que la Guardia Civil, como todos sabemos, forma parte de la plantilla del ministerio de Defensa. La sensacin de terror creada, paradjicamente, por las polticas antiterroristas ha provocado que la ciudadana pida y pida presencia de fuerzas de seguridad sin pensar si sus necesidades son otras. Los poderes pblicos lo saben y optan por aparentar polticas eficaces con medidas y agentes del orden innecesarios. De ah que con toda seguridad los vecinos protestaran ms por el cierre de un cuartel de la Guardia Civil que por un ambulatorio. La humillacin de la incautacin de mi espuma de afeitar o una pequea botella de agua mineral antes de subir a un avin no solamente no indigna, sino que crea la sensacin de que nos estn protegiendo nada menos que del viajero que se sienta al lado. El prjimo se ha convertido en un peligro que los cuerpos de seguridad neutralizan mediante la incautacin de su botella de agua mineral. Sera una locura pretender unirme a l para protestar contra el aumento de la jornada laboral si hasta pido que lo desarmen para que me acompae en el avin.

Si la psicosis terrorista permiti en Estados Unidos que el resultado de las elecciones presidenciales de 2001 fuese un tema menor comparado con la cruzada contra el terror en la que estaban inmersos, cmo no va dejar a un lado en Europa algo tan irrelevante como el nmero de horas a trabajar cada semana, para centrarnos en la vigilancia de telfonos mviles itinerantes que se emboscan a la espera de incautos a los que explotarles mediante la carga de dinamita que portan? Atrs queda la regulacin de la Conferencia General de la OIT en Washington de octubre de 1919 que estableci el convenio por el que se limitaban las horas de trabajo a ocho diarias y cuarenta y ocho semanales. Hay que modernizarse.

Naomi Klein en su magnfico libro La doctrina del shock, ya explica cmo ha llegado a la conclusin de que la paz ha dejado de ser pretendida por los gobernantes y los grandes grupos empresariales. La situacin de que no poda haber prosperidad econmica en medio de la violencia y la inestabilidad ha quedado atrs. El psicpata modelo econmico al que nos hemos abocado ha desarrollado toda una infraestructura de negocio en torno al terror y la inseguridad. No slo se trata del tradicional beneficio de los fabricantes de armas, hablamos de enormes ganancias para el sector de seguridad de alta tecnologa, aseguradoras que se lucran del miedo, servicios de vigilancia hasta el infinito. Si el ndice Dow Jones baj en 2001 tras los atentados del 11-S, el Nasdaq subi siete puntos tras las bombas en el metro de Londres. Adems el terror paraliza reivindicaciones laborales, desplaza los controles sobre los gobiernos y multinacionales e inhibe propuestas ciudadanas de regeneracin democrtica. En este momento el fin de la amenaza terrorista y la estabilidad mundial sera un desastre econmico y poltico para gran parte de consorcios y gobiernos.

La expresin reaccionaria de que no es bueno cambiar de caballo cuando se est cruzando el ro se ha vuelto ms eficaz que nunca en la actual situacin de psicosis mundial. Cmo vamos a movilizarnos contra el aumento de la jornada laboral si estamos a punto de morir por la onda expansiva de un mvil que han dejado Bin Laden y la guerrilla colombiana de Tirofijo con el asesoramiento de ETA.

Pascual Serrano es periodista. Acaba de publicar Medios violentos. Palabras e imgenes para el odio y la guerra. Mayo 2008. El Viejo Topo.





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