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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2008

El bumern neoliberal

Joseph Stiglitz
Clarn / Project Syndicate

La idea de que los mercados se corrigen a s mismos y asignan por s solos de manera ms eficiente y equitativa los recursos estuvo en la base de las crisis de la dcada pasada y vuelve a mostrar su inconsistencia de cara a los riesgos actuales de la economa mundial.


El mundo no ha sido piadoso con el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepcin fundamentalista de que los mercados se corrigen a s mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven bien al inters pblico. Ese fundamentalismo del mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganoma y al llamado "Consenso de Washington" en pro de la privatizacin y la liberalizacin y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflacin.

Durante un cuarto de siglo ha habido una pugna entre los pases en desarrollo y est claro quines han sido los perdedores: los pases que aplicaron polticas neoliberales no slo perdieron la apuesta del crecimiento sino que, adems, cuando s crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamente a quienes se encuentran en la cumbre de la sociedad.

Aunque los neoliberales no quieren reconocerlo, su ideologa sali reprobada tambin en otro examen. Nadie puede afirmar que la labor de asignacin de recursos por parte de los mercados financieros a finales del decenio de 1990 fuera estelar, en vista de que el 97% de los inversores en fibra ptica tardaron aos en ver la salida del tnel; pero al menos ese error tuvo un beneficio no buscado: como se redujeron los costos de la comunicacin, la India y China pasaron a estar ms integradas en la economa mundial.

Pero resulta difcil ver beneficios semejantes en la errnea asignacin en masa de recursos a la vivienda. Las casas recin construidas para familias que no podan pagarlas se deterioran y se destruyen, a medida que millones de familias se ven obligadas a abandonar sus hogares en algunas comunidades y el gobierno ha tenido que intervenir por fin... para retirar las ruinas.

En otras, se extiende la plaga. De modo que incluso los que han sido ciudadanos modlicos, han contrado prstamos prudenciales y han mantenido sus hogares, ahora se encuentran con que los mercados han disminuido el valor de sus hogares ms de lo que habran podido temer en sus peores pesadillas. Desde luego, hubo algunos beneficios a corto plazo del exceso de inversin en el sector inmobiliario: algunos americanos (tal vez slo durante algunos meses) gozaron de los placeres de la propiedad de una vivienda y de la vida en una casa mayor de aquella a la que, de lo contrario, habran podido aspirar, pero, con qu costo para s mismos y para la economa mundial!

Millones de personas van a perder sus ahorros de toda la vida, al perder sus hogares, y las ejecuciones de las hipotecas han precipitado una desaceleracin mundial. Existe un consenso cada vez mayor sobre el pronstico: la contraccin ser prolongada y generalizada.

Tampoco los mercados nos prepararon bien para unos precios desorbitados del petrleo y de los alimentos. Naturalmente, ninguno de esos dos sectores es un ejemplo de economa de libre mercado, pero de eso se trata en parte: se ha utilizado selectivamente la retrica sobre el libre mercado... aceptada cuando serva a intereses especiales y desechada cuando no.

Tal vez una de las pocas virtudes del gobierno de George W. Bush es la de que el desfase entre la retrica y la realidad es menor de lo que fue durante la presidencia de Ronald Reagan. Pese a su retrica sobre el libre comercio, Reagan impuso restricciones comerciales, incluidas las tristemente famosas restricciones "voluntarias" a la exportacin de automviles.

Las polticas de Bush han sido peores, pero el grado en que ha servido abiertamente al complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha estado ms a la vista. La nica vez en que el gobierno de Bush se volvi verde fue cuando recurri a las subvenciones del etanol, cuyos beneficios medioambientales son dudosos. Las distorsiones del mercado de la energa (en particular mediante el sistema tributario) continan y, si Bush hubiera podido salirse con la suya, la situacin habra sido peor.

Esa mezcla de retrica sobre el libre comercio e intervencin estatal ha funcionado particularmente mal para los pases en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de los Estados Unidos y Europa. Sus agricultores habran podido competir con sus colegas americanos y europeos, pero no podan hacerlo con las subvenciones de los EE.UU. y de la Unin Europea.

Como no era de extraar, las inversiones en la agricultura en los pases en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aument. Quienes propagaron ese consejo equivocado no tienen que preocuparse por las consecuencias de su negligencia profesional. Los costos habrn de sufragarlos los de los pases en desarrollo, en particular los pobres.

Este ao vamos a ver un gran aumento de la pobreza, en particular si la calibramos correctamente. Dicho de forma sencilla, en un mundo de abundancia, millones de personas del mundo en desarrollo siguen sin poder satisfacer las necesidades nutricionales mnimas.

En muchos pases, los aumentos de los precios de los alimentos y de la energa tendrn un efecto particularmente devastador para los pobres, porque esos artculos constituyen una mayor proporcin de sus gastos. La indignacin en todo el mundo es palpable. No es de extraar que los especuladores hayan sido en gran medida objeto de esa ira. Los especuladores afirman no ser los causantes del problema, sino que se limitan a practicar el "descubrimiento de precios" o, dicho de otro modo, el descubrimiento --un poco tarde para poder hacer gran cosa sobre ese problema este ao-- de que hay escasez.

Pero esa respuesta es falsa. Las perspectivas de precios en aumento y voltiles animan a centenares de millones de agricultores a adoptar precauciones. Podran ganar ms dinero, si acaparan un poco de su grano hoy y lo venden ms adelante y, si no lo hacen, no podrn sufragarlo, en caso de que la cosecha del ao siguiente sea menor de lo esperado.

Un poco de grano retirado del mercado por centenares de millones de agricultores en todo el mundo contribuye a formar grandes cantidades. Los defensores del fundamentalismo del mercado quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a un fracaso del gobierno. Se ha citado a un alto funcionario chino, quien ha dicho que el problema radicaba en que el gobierno de los EE.UU. debera haber hecho ms para ayudar a los americanos de pocos ingresos con su problema de la vivienda.

Estoy de acuerdo, pero eso no cambia los datos: la mala gestin del riesgo por parte de los bancos de los EE.UU. fue de proporciones colosales y con consecuencias mundiales, mientras que los que gestionaban esas entidades se han marchado con miles de millones de dlares de indemnizacin. Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales.

Si no estn bien a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien. El fundamentalismo neoliberal del mercado ha sido siempre una doctrina poltica al servicio de ciertos intereses. Nunca ha recibido una corroboracin de la teora econmica, como tampoco --ahora ha de quedar claro-- de la experiencia histrica. Aprender esta leccin puede ser el lado bueno de la nube que ahora se cierne sobre la economa mundial.


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